Los personajes de Yuri On Ice no me pertenecen, sólo escribo de ellos por diversión.
Disculpen la demora, espero disfruten de la lectura.
NOTA: La parte entre lineas y en cursiva se trata de un flash back.
BESO DE DEMENTOR
— Una no es ninguna.
Dijo Leroy cuando le ofreció una lata de cerveza que tenía en su refrigerador. Yuri el olfateó inseguro de lo que estaba a punto de hacer, pues ya antes de que se bajara del auto su hermano lo había mirado demasiado serio diciendo que tenía estrictamente prohibido beber cualquier cosa que le ofrecieran en esa fiesta.
Jean lo miraba con diversión y se esperó hasta que el menor se llevara el envase a la boca. Un sabor amargo, muy desagradable que lo hizo deformar su rostro en una mueca. Leroy soltó una carcajada divertido y se alejó satisfecho.
—Aun eres un niño, hadita —fue lo último que pronunció antes de perderse entre la multitud.
¿Qué si hirió su orgullo? Sí, lo hizo.
—Estúpido simio.
La enorme casa de Jean se llenó rápido, la música ya estaba a todo volumen y los envases de bebidas alcohólicas se divisaban en cada rincón de la casa. ¿Así que...esa era la diversión? Tal vez él todavía era joven para comprenderlo.
Pero ¿Dónde estaba Viktor y el kazajo?
Su hermano había desaparecido cuando se reunió con su desagradable novia. Para él Viktor era lo suficientemente molesto como para que a eso le añadieran una noviecita fresona y presumida.
Son tal para cual.
Mas...a Otabek ni siquiera lo vio antes de que los invitados comenzaran a llegar. En fin, ni que le interesara demasiado lo que estuvieran haciendo esos simios. Claro que, si hablaba de los fines científicos para su bitácora, los necesitaba a ambos.
A los pocos minutos de permaneces sentado en las escaleras, donde tenía vista panorámica de todo el lugar, ya no le pareció tan interesante. Por un lado, veía a Chris conversar con un grupo de chicas guapas que no parecían de la ciudad, no le extraño observarlas muy sonrientes e interesadas en lo que sea que el suizo les estaba platicando; no muy lejos de ahí sus ojos atraparon a Leroy, bebiendo sin parar con un grupo de personas en lo que parecía un juego de resistencia alcohólica.
De solo verlo le dieron nauseas, sin embargo, la cerveza que tenía en la mano era su tercera. Él no iba a ser llamado niño tan fácilmente otra vez.
«Como que me llamo Yu...Yuri Plisets-»
Antes de darse cuenta, se encontraba en el baño del primer piso vaciando con dolor todo su estómago. Aquello solo podía significar una cosa, su baja tolerancia al alcohol y también el inicio de lo que podía llamar "sentirse ebrio", tan solo al mirarse al espejo pudo observar la ligera caída de sus parpados y el perceptible tinte rosado sobre sus mejillas.
Fuera de ahí, se sentía bien...tan bien para alguien que acababa de vomitar, Una vez enjuagó su boca salió de ahí tropezando con una persona.
—Discúlpame —dijo arrastrando las palabras ¿qué sucedía con su voz? Se escuchaba extraño.
—¿Te sientes bien? —el menor enderezó su cabeza lo más que pudo y lo que vio le gustó.
«Mierda, hace calor»
Un chico de tez morena, ojos amatista, cabello castaño, alto...fuerte a primera vista. No era de la escuela, tampoco recordaba haberse topado con él por la calle, el recordaría a alguien así, vaya que lo haría.
—¿Y tú eres...? —preguntó tragando saliva luego de ver una linda sonrisa adornando el rostro del chico desconocido.
—Me llamo Michele. Por cierto, no parecer tener la edad suficiente para estar en un lugar como este, ni mucho menos para que estés bebiendo.
—Ya no me agradas —esas palabras le recordaban a Viktor y a su padre, mucho más a su padre pues...a pesar de todo el tipo no las había pronunciado como un regaño.
En fin, empujó levemente el hombro del moreno, pero se tambaleó un poco al avanzar.
—No me has dicho tu nombre —¿Es normal que Yuri haya sentido una pequeña sensación de excitación cuando Michele le habló al oído y lo sujeto por la cintura?
«Es el alcohol, eso hace en las personas, las vuelve súper sensibles. Recuerda al abuelo Nikolai, él se ponía a llorar viendo el retrato de la abuela»
—Yuri P-Plisetsky, un gusto—respondió alejándose lo más que pudo de ese tipo—. Tengo que irme, ya sabes, soy joven para esto y quizá tampoco debería hablar con desconocidos.
—Perdona si te ofendí, es que no pareces estar bien.
El menor entrecerró los ojos en busca de otras intenciones, Yuri no podía confiar tan rápido en alguien, aun si era apuesto como Michele...sin embargo, no se veía tan peligroso y hasta cierto punto era amable.
—No, bueno sí. Te perdono si me regalas un dulce de menta —el aludido volvió a sonreír provocándole un semi paro cardíaco que, gracias a dios, logró disimular muy bien.
«Es el alcohol, es el alcohol y yo soy demasiado joven».
—Hecho.
Buscando entre sus bolsillos, Michele le ofreció un chicle, era mejor que nada y no soportaba la idea de estar hablando con un olor hediondo en su boca producido por su vomito.
—Gracias —musitó—. Por cierto, no te había visto por aquí...y yo creo que ¿eres nuevo?
—Se puede decir que sí, me mude para continuar mis estudios aquí —respondió.
—Eso pensé, l-lo digo porque tu acento es diferente —Yuri no quería que malinterpretara sus palabras o que se sintiera ofendido—...pero no es malo, para nada, es un ruso extraño. Quiero decir que es bueno, es un ruso muy bueno.
—Eres bastante lindo —fue la respuesta de Michele que lo hizo sonrojarse al instante. Su rostro seguramente estaba de un rojo intenso.
«Tenía que ser estúpido, es el alcohol».
— ¿Cuántos años tienes?
— ¿Cuántos tienes tú? —arremetió molesto por la idea de que al responder lo considerara un niño.
—Tengo dieciocho.
—Casi dieciséis —respondió Yuri—. Además de que esta mañana crecí un centímetro, pronto dejaré de verme como un niño.
—Ya veo...
Quedaron en silencio dejando que la música se hiciera de repente más fuerte. Quizá Yuri debió mentirle, decirle que tenía dieciocho años, que era legalmente mayor para tomar y para estar en una fiesta como esa. No obstante, ese no era él, Yuri Plisetsky no vivía de las apariencias, él no necesitaba mentir a alguien para agradarle...él no era como Vanya.
—Tengo que irme —repitió ya más sobrio.
Soltó una queja cuando las primeras luces de la mañana invadieron toda su habitación. Mierda, había olvidado cerrar las cortinas.
Tardó alrededor de diez minutos en decidir que era hora de levantarse, quizá luego le pediría a su madre que sellara las ventanas de su habitación o que las sustituyera por unas más pequeñas. Sí, eso era lo más razonable.
Una vez sentado al borde de la cama permaneció otros cinco minutos ensimismado y aun adormilado observando la linda alfombra roja que se sentía tan suave bajo sus pies. De no ser porque recordó que su habitación no tenía alfombra, fue como se dio cuenta de que...evidentemente no se encontraba ahí.
«Yo... ¿Dónde carajos estoy?»
—¡Buenos días, hadita! —como acción de reflejo cubrió su cuerpo semidesnudo con las sabanas.
«Más importante aún ¿Dónde está mi ropa?»
—No lo molestes tan temprano.
Ahora que lo piensa, no le fastidia que lo vean golpeado o que presencien como su madre lo trata como un bebé, sin embargo, que lo observen en ropa interior es otra cosa, es la muerte misma. Y por supuesto, lo último que esperaba ver al despertar era el rostro de Leroy y de Altin por la mañana cuando se encontraba recién levantado. Jean estaba tan sonriente que a Yuri le daban ganas de lanzarle el jarrón que estaba junto a la cama, pero lo más seguro es que fuera demasiado costoso y él no deseaba endeudarse de por vida. Por otro lado, Otabek estaba tan inexpresivo como siempre, mas no dejaba de observarlo.
«Por favor que no tenga saliva en la cara».
—¿Has dormido bien? —preguntó Jean paseándose por el lugar, después de todo era su casa, aunque a Yuri le incomodaba su presencia— Todavía no he ido a visitar a Viktor porque...él está ahorita con su novia, no quiero interrumpir nada y lo más probable es que sigan durmiendo o eso espero.
La poca información que le arrojó su cerebro adormecido, fueron vagas imágenes de él bebiendo en la fiesta de Leroy, también había una de él vomitando en el baño y...una conversación con un desconocido, ni siquiera podía enfocar bien su rostro.
Que increíble es el poder del alcohol para provocarle amnesia mañanera.
—Yo no recuerdo muy bien...—admitió inconscientemente, luego de unos segundos, su declaración le avergonzó, ya que no esperaba decirlo frente a los amigos de su hermano y darles más motivos para burlarse de él.
—No sé lo que estabas haciendo antes de que cayeras noqueado con tres cervezas—informó Leroy sabiondo y despreocupado—. Luego de eso te trajimos a que descansaras y Otabek fue la victima que llamó a tu madre para decirle que no iban a llegar a casa.
Yuri suspiró resignado y miró en dirección al aludido, no obstante, este parecía haber encontrado una cosa más interesante que él, pues miraba de forma indiferente lo que había fuera de la ventana hallada a su costado.
Debía admitir que se sentía un poco culpable por haber dejado que Otabek tuviera que enfrentar a su madre, seguro que no fue fácil convencerla o persuadirla, sin embargo, que lo hubiera conseguido decía mucho de ese simio.
«Quizá no es tan idiota como pensaba».
— ¿C-Cómo la convencieron?
— Beka le dijo la verdad — Yuri estaba seguro de que su expresión era de terror y la carcajada que soltó Jean lo confirmó. Decirle que Yuri estaba tomando, lo más probable es que Maryanne habría llegado en ese instante para llevárselo e internarlo en un centro de rehabilitación para alcohólicos.
—Que estabas durmiendo y que nadie aquí estaba en condiciones de manejar para llevarte a casa. Se quedó tranquila cuando le aseguré que llamarías en cuanto despertaras —terminó Otabek y salió de la habitación sin mirarlo de nuevo.
«Retiro lo dicho, sigue siendo un idiota incomprendido».
—Si...bueno, creo que deberías llamarla, puedes usar el teléfono de aquí si quieres, también...sugiero que te des un baño—le guiñó el ojo luego de abandonar la habitación.
Era verdad que debía llamarle a su madre, pero antes necesitaba un baño para despertar por completo.
A decir verdad, seguía asustado. El no tener síntomas de resaca le confirmaba lo que Jean había dicho, Yuri no tomó mucho; aun así, el hecho de que todavía no volvieran a él todas sus memorias de la noche anterior, lo tenía demasiado desconcertado.
Él...no había hecho nada malo ¿o sí?
Sacudió su cabeza dejando que el vapor caliente del agua llenara la habitación del baño.
«Por supuesto que no. No hay algo de lo que pueda avergonzarme. Ni disculparme o...arrepentirme».
Cuando enfocó su vista sobre el espejo de cuerpo completo que tenía ese costoso baño, lo vio, una marca morada sobre sus clavículas.
Casi se cae de espaldas.
La piel le ardía por donde sea que lo tocaran y aunque al principio estaba asustado, ahora estaba disfrutándolo, no quería que se detuvieran. Si bien, a pesar de que parte de su razón le decía que algo estaba mal, la parte de su libido suplicaba seguir siendo tocado.
Después de todo, nunca alguien lo había hecho sentir de esa forma.
—Por favor...—suplicó audible— Por...
Fue callado con un beso, Yuri no tenía experiencia en ese campo y se sintió avergonzado por haber sido torpe, tenía miedo de que él se decepcionara y se detuviera. Pero no lo hizo, las caricias no se detuvieron e incluso se colaron por debajo de su pantalón.
Dios, se estaba poniendo duro y necesitaba deshacerse de ese problema.
—No, espera...— el tipo se alejó de su boca y ahora repartía suaves besos y lamidas a lo largo de su cuello, Yuri se movió de forma que el otro tuviera mejor acceso—Espera...
—Lo sé —fue la respuesta del otro—. Tranquilo...
«¿Un...sueño?»
La sensación de hormigueo en sus labios le hizo pensar lo contrario. La sombra que no pudo reconocer... ¿era él? Aun sonrojado, decidió dejarlo pasar mientras se concentraba en tallar su cuerpo con furia. Alguien lo había tocado, alguien lo había besado y esa sensación de revoloteo en su estómago no se iba mientras recordaba.
Maldito alcohol, maldito él por responder a la provocación de Leroy.
Luego del rápido baño se dispuso a marcar al teléfono de su casa. Su madre no demoró en responder y eso le confirmó lo preocupada que debió haber estado ayer por él.
—¿Yura?
— Hola mamá —saludo intentando oírse alegre— ¿Cómo amaneciste?
— No tan bien mi bebé, tu padre tuvo me tuvo que dar una pastilla para dormir porque no podía conciliar el sueño, ¿te trataron bien? —ni siquiera le dio el tiempo para responder—. El amigo de Viktor me dijo que ya estabas durmiendo, pero no pude quedarme tan tranquila sabiendo que mi pequeño podría ser atacado por alguna chiquilla borracha aprovechándose de tu indefenso estado.
El menor bufó por lo gracioso que sonaba el comentario de su madre.
Él atacado por una chica, jamás iba a suceder, a menos de que ella pudiese crearle una erección mientras dormía, lo cual también era imposible.
—¿Bebé? Respóndeme, por favor.
—Sí, sí...Tranquila, yo...me aseguré de ponerle seguro a la habitación por dentro.
—Menos mal mi hadita, los estaré esperando para comer.
—E-Está bien, te veo más tarde.
Yuri nunca había estado en la casa de Leroy por lo que no sabía muy bien a donde dirigirse, así que no le quedó más remedio que deambular por la casa hasta que encontró las escaleras en donde recordaba había estado tomando.
Una vez entrando a la sala, su hermano Viktor parecía estarlo esperando. A Yuri le sorprendió verlo tan repuesto después de semejante desvelada, lo que no lo tomó desprevenido fue la mirada asesina que le dedicó. El menor no esperaba un enfrentamiento tan inmediato, mas ¿qué otro remedio le quedaba?
—Espero te hayas divertido mucho porque es la última vez que me acompañas —el menor roló los ojos cansado, seguro que no, ni le quedaban ganas de volver y...cometer tonterías—. Mamá seguro se muere si se entera que su bebé se ha emborrachado en una fiesta rodeado de desconocidos.
Estaba por replicar, pero cerró la boca. Cierto...él no conocía a nadie.
—No soy su bebé —masculló apenas audible.
«¿Olvidas que te llamó bebé hace solo unos minutos?» Preguntó su inconsciente.
—Lo que sea, causaste muchos problemas —fue su turno de observar a Viktor como si tuviera tres cabezas.
«¿Qué problemas?, ¿Qué hice aparte de besar a un desconocido?, ¿Acaso lo viste?»
—Yuri ni siquiera recuerda, Viktor —habló seguramente Chris o Leroy, el menor no pudo reconocer el tono de voz porque estaba forzándose a recordar lo que demás que había hecho—. Déjalo tranquilo, no hay remordimiento si él no sabe y te recuerdo que a su edad tu hiciste cosas peores o acaso tengo que recordarte cuando...
—¡Bien! Bien...— respondió su hermano más tranquilo—. Recoge tus cosas que nos vamos.
—No es como si hubiese traído mucho, calvo idiota—chistó regalándole una de sus más asesinas miradas.
El camino de regreso no pudo ser tan tedioso, odiaba demasiado ver a Vanya acariciar la pierna de su hermano mientras este conducía, ¿acaso no se daban cuenta de que los estaba viendo? Sí, Yuri tenia ojos y oídos para su desgracia. Y lo que más le fastidiaba de estar en el mismo auto que esos dos, era que la rubia estaba muy consciente de su presencia en los asientos traseros y las caricias, los besos súper apasionados en cada alto y esas pobres insinuaciones verbales significaba que buscaba fastidiarlo.
—Nos vemos Vitya —ella se despidió una vez aparcaron en una pequeña y agradable casa, todo lo contrario, a la persona que vivía ahí.
«He aquí el beso de un dementor».
Si no vomitó en ese preciso instante fue un milagro.
—¿Nos podemos ir ya? —preguntó lo más molesto que pudo.
—Lo siento, cariño. Te veo luego —le sorprendió que Viktor aun pudiera hablar.
Asqueroso.
Divagando entre sus pensamientos de regreso a casa, la sensación de que lo que había ocurrido fue irreal seguía presente. No obstante, la marca morada en su clavícula lo confirmaba ¿no? Yuri no podía permaneces tranquilo sin saber de quien se trataba, el rostro de esa persona estaba borrosa y su voz apenas la podía recordar.
Que gran problema.
