CAPITULO 7

"Las náyades"

Todos estaban a la expectativa de lo que ocurría en el manantial, del agua emergieron cinco figuras femeninas que se ubicaron en cada una de las rocas de superficie plana que se encontraban en la orilla. Tenían el pelo plateado, piel blanca y ojos mas grandes de lo normal de un color azul intenso, parecían tener dos piernas pero en vez de pies unas aletas se movían agitando la superficie del agua.

-¿Por qué están aquí insolentes humanos? – dijo una de ellas observando a cada uno de ellos deteniéndose en Marin que se encontraba aun acostada en el piso – un momento… tu no eres humana…

-¡Una sirena! – dijo otra Náyade.

-¡porque estas aquí sabes que esta prohibido! – dijo dirigiéndose a Marin, pero ella no reaccionaba.

La Náyade empezó un cántico igual de hermoso que el primero, no eran palabras tan solo hermosos sonidos. En ese momento Marin abrió los ojos.

-¿te encuentras bien? – le pregunto Ginebra.

Marin estaba conciente mas no podía ponerse de pie, asintió con la cabeza tranquilizando a sus amigas.

-Andrina… ¿que es lo que te trae al manantial de las Náyades?

Todos se quedaron perplejos cuando la náyade la llamo de distinta forma, Marin tenia una actitud completamente seria e inexpresiva mirando directamente a los ojos de la náyade.

-¿Por qué conoces mi nombre?¿quien eres?

-Andrina… no puedo creer que no sepas quien soy… mi nombre es Zaida y soy dueña de este manantial… lugar donde tu padre nos obliga a pasar la eternidad por ser una raza menos evolucionada y salvaje… que no somos dignas de estar en el océano junto a ustedes… o… debería decir… estamos encerradas porque somos una amenaza para todas las de tu tipo.

El resto de las náyades que habían permanecido en silencio rieron malévolamente ante el comentario de Zaida. Mientras el grupo se mantenía atento a la conversación de los seres marinos.

-y porque has traído a toda esta bola de cirqueros… ¿acaso ya no puedes hacer las cosas tu sola?

-¡oye! Ya basta… mejor vele bajando a tu tonito… - dijo Sei poniéndose de pie y sacando su espada amenazando a Zaida.

-incompetente ser… estas tan llena de buenos sentimientos que me repugnas…

-¡te voy a enseñar a cerrar la bocota! – dijo Sei alzando la espada para atacar con la burlona mirada de la náyade encima.

Jack que había permanecido observando cauteloso la situación camino hasta Sei y le detuvo la mano antes de que hiciera cualquier movimiento.

-no hay porque pelear amor… - le dijo a Sei con una sonrisa para después voltear a ver a Zaida.

-¿Quién eres tu?

-¿yo querida? Soy el Capitán Jack Sparrow… pero para una mujer tan hermosa como el mismo mar soy Jack… - dijo quitándose su sombrero y haciendo una reverencia – y permíteme presentarte a parte de mi tripulación… Marin o Andrina como gustes llamarla, Sei, Ginebra, Will y Elizabeth… hemos venido en busca de un tesoro muy preciado.

-lo sabemos… pero no les será tan fácil recuperarlo…

-oh… entonces ya aceptaste que podemos recuperarlo, aunque no será fácil ¿verdad?

-hay un precio… el ultimo hombre que estuvo aquí nos dio hermosas joyas por guardarle cierto objeto.

-Luka… era tan lindo es una lastima que Andrina lo matara…

-¡cállate Ligia! – le ordeno – así es Andrina… Luka estuvo aquí y nos pidió que le guardáramos un objeto reflejante… si nos dan algo que supere lo que trajo Luka en esa ocasión les daremos la oportunidad de recuperarlo.

-¿pero que será aquello que nos habrá de apartar del manantial por un minuto para que el objeto ustedes puedan recuperar? – dijo otra de las náyades sentada encima de la roca,

-tienen un minuto para ofrecerme algo que me convenza de dejarlos buscar en mi manantial.

De la misma forma que llegaron las náyades saltaron al agua y desaparecieron en las profundidades. Jack rápidamente se reunió con todos.

-¿Qué rayos fue eso? – dijo Sei guardando su espada

-¿Cómo pudiste hacer un trato con ellas tan fácilmente? – pregunto Ginebra.

-hay algo que tienen en común todas las mujeres sin importar su raza o especie… y es que no pueden resistir el encanto de hombres como yo…

-deja de decir tonterías y mejor hay que ver que le podemos dar a Zaida y nos larguemos de aquí con el maldito espejo – dijo Elizabeth.

-¿Joyas? – pregunto Will

-y de donde las sacamos en este momento – contesto Jack.

-¿armas? – dijo Sei.

-no… ellas no las necesitan su magia es muy poderosa… - respondió Marin

-ya se… tu pajarraco pacheco – Jack señalo el silbato que Ginebra tenia en el cuello.

-sobre mi cadáver – respondió de fría manera.

-vamos, Marin ayúdanos ¿que es lo mas valioso para una náyade? Tu las conoces mejor – le dijo Sei.

-el mar… siempre quieren regresar al mar.

Jack bajo la mirada a donde estaba Marin aun acostada pues la debilidad le abarcaba el cuerpo, su vista se detuvo en un conjunto de adornos marinos que traía ella amarrado al cinto.

-les daremos esto… - dijo Jack tomándolo y mirando con curiosidad.

-¿eso funcionara? – pregunto Sei.

-pues espero porque las pescaditas están a punto de salir del agua…

Una vez mas el agua se movió violentamente y las náyades saltaron a sus lugares que habían ocupado hacia un momento.

-¿bien? ¿Qué es lo que me tienen?

Jack camino hasta Zaida y le entrego la colección de Marin. Todas las náyades nadaron hasta su lado para admirar los objetos que les estaban prohibidos obtener directamente.

-¿es suficiente? ¿Cuánto tiempo tenemos? – dijo Jack sonriendo.

-esta bien… aquello que buscan esta en el fondo del manantial… pero he de decirles que hay terribles corrientes submarinas si alguna de ellas los llega a atrapar no saldrán vivos... – dijo Zaida.

-bien tripulación… ¿quienes vamos a ir a nadar? – dijo Jack

-quienes no Jack… quien… solo dejaremos que uno de ustedes entre al manantial…y considérese afortunado… pues nuestro manantial es sagrado.

-¿nos das un minuto? – dijo Jack regresando hasta Marin.

-creo que la mas apta de ir eres tu… ¿como te sientes? ¿Crees que puedas nadar?

-¡ella no puede ir que no ves lo débil que esta! – le dijo Sei.

-Sei… soy la única que puede nadar mas tiempo y mejor que todos ustedes… debo ir yo – respondió Marin quien se trato de incorporar pero la poderosa magia de las náyades que la mantenía inmóvil era muy poderosa y no puso hacer mas que el intento.

-no podrás hacerlo… - dijo Ginebra – debe ir alguien mas… yo podría ir.

-no… lo haré yo – interrumpió Will – ella me salvo la vida, se que no es lo mismo pero le ayudare a recuperar su espejo.

-¡Will no! ¡solo es un tonto espejo! – grito Elizabeth.

Will se puso de pie y quito su chaleco, camisa, botas y armas, Todos lo siguieron hasta la orilla del manantial.

-yo iré… - le dijo a Zaida.

-que valiente muchacho… adelante puedes ir cuando quieras – dijo Zaida ofreciendo el manantial con su mano.

-¡no Will! Es una locura – decía Elizabeth tratando de detenerlo

-oye…. ¿cállate quieres? El ya tomo su decisión – dijo Sei mirándola.

-estaré bien – Will le dijo a Elizabeth justo antes de hacer tres grandes inhalaciones y arrojándose al agua clara del manantial.

Elizabeth cruzo los brazos indignada por la acción que Will había acabado de hacer mientras masculla palabras volteando la cabeza para evitar ser vista.

-Alguien de aquí tiene muy malos pensamientos… - dijo Zaida mirando a su alrededor – mis náyades no son… yo ya los conozco… pero… ah ya se quien es…

La náyade detuvo su mirada en Elizabeth formando una malvada sonrisa en su rostro, como si hubiera descubierto un gran tesoro.

Mientras tanto Will buceaba a lo mas profundo del manantial, la presión del agua comenzaba a ser molesta en sus oídos y ocasionalmente escuchaba horribles gritos en su mente, el aire se le estaba agotando cuando vio un pequeño cofre de metal, miro por todo el fondo en busca de algo que se pareciera a un espejo pero solo estaba el cofre, lo tomo con ambas manos y comenzó a subir, las fuerzas se le estaban agotando y parecía que no podría alcanzar la superficie… en ese momento sintió como una fuerte corriente lo estrello contra la pared del manantial dejando caer el cofre que volvía a hundirse, en un rápido movimiento nado de regreso volviendo a sujetarlo.

En la superficie la preocupación de todos era evidente pues el muchacho llevaba bastante tiempo sin oxigeno.

-creo que tendremos en nuestro manantial otra cosa a demás de estas piezas marinas… - dijo burlonamente Zaida.

-¡ahí viene! – dijo Sei arrodillándose en la orilla seguida por Jack y Elizabeth.

Will apareció en la superficie tomando una gran bocanada de aire, nado con dificultad hasta la orilla donde estaban esperándolo.

-¡agarren el cofre! - ordeno Jack sosteniendo tanto a Will como al cofre para evitar que ambos se hundieran. Sei sujeto el cofre poniéndolo a salvo para después ayudar tanto a Jack como Elizabeth a sacarlo del agua que respiraba con dificultad.

-¡lo consiguió! – dijo Ligia al lado de Zaida

¿Cómo pudo hacerlo? – dijo otra náyade.

Zaida que miraba incrédula la escena guardaba silencio mientras apretaba su puño.

-¡Nadie… nadie se lleva un tesoro que les fue dado a las náyades! – grito llena de enojo haciendo que su cabello se elevara en el aire.

Will estaba poniéndose su ropa y botas con la ayuda de Elizabeth mientras Jack llevaba el cofre hasta Marin sorprendiéndose cuando vio lo que estaba ocurriendo entre las náyades.

-aaah… Marin… ¿que tanto daño puede hacer una náyade enojada?

-mucho… ¿porque? – dijo sin entender y volteando a ver a Zaida.

-me lo imagine… ¿Will? Mas vale que te pongas esas botas ya… toma… - le dio el cofre a Ginebra y comenzó a levantar a Marin para ponerla de pie – Sei ayúdame, algo me dice que saldremos corriendo de esta…

El agua del manantial comenzó a agitarse nuevamente, las paredes de piedra que los rodeaban empezaron a cuartearse y el flujo de la cascada volvió a desaparecer.

-hay que salir de aquí antes que Zaida comience a cantar o estaremos muertos – dijo Marin ya de pie con ayuda de Jack y Sei.

-¡no hay salida!

-¡la cueva por donde entramos no esta! – dijo Ginebra con el cofre en las manos.

-¿Dónde esta tu pajarraco cuando se le necesita? – dijo Jack mirando a su alrededor en busca de alguna salida.

-¡Por la cascada! – grito Sei.

Ahora que el agua había desaparecido había un camino para salir del manantial, esa agua debía de provenir de algún lado del exterior de esas altas paredes de piedra. Solo que había un problema, pues las náyades no iban a permitir que ellos pasaran por ahí.

-necesitamos distraerlas o no podremos salir – dijo Elizabeth.

-es lo primero inteligente que te oigo decir… yo lo haré ustedes váyanse, los alcanzare después – Ginebra le dio el cofre a Will y soplo en el silbato que tenia al cuello.

-¿estas segura? – dijo Marin

-si… tengo un plan… ustedes váyanse…

Ginebra saco la daga de su cinto y espero a que todos empezaran a caminar en dirección de la cascada, Ligia la segunda al mando de las náyades se puso en su camino para evitar que subieran por el camino que había quedado ante la ausencia de agua.

-tengo un plan… claro espero que funcione… - dijo para si misma, respiro profundamente y lanzo con todas sus fuerzas la daga en dirección de la náyade, el filo de la navaja se incrusto en el cuello de la náyade haciéndola caer dejando el paso libre para subir y salir de ahí.

-¡¿como te atreves! ¡Ustedes tontas muévanse y no dejen que se vayan de la isla con ese cofre!– las tres náyades restantes se sumergieron en el agua y desaparecieron dejando a Zaida y Ginebra solas.

-Aeris… ¿donde rayos estas? – dijo en voz baja Ginebra cuando observo con terror que la náyade levitaba sobre el agua y comenzaba a caminar en dirección a ella.

-¿sabes el castigo por matar a una náyade?

-no la verdad es que no y no me importa… - dijo mientras caminaba hacia atrás hasta toparse con la pared de piedra.

-La que asesina a una náyade debe convertirse en una de nosotras no eres la mejor opción pero es lo que mereces por tu atrevimiento… - Zaida levanto ambas manos y dos esferas de agua subieron desde el manantial para formarse detrás de ella – para eso debo limpiar tu vida pasada con esta agua de manantial… no te preocupes el impacto te matara al instante y renacerás como una náyade.

Ginebra observo como las esferas de agua tomaban una forma perfecta, que aguardaban a ser lanzadas en su contra, Zaide movió las manos en dirección de su enemiga haciendo que las esferas salieran disparadas hacia ella, cerrando los ojos espero a que el impacto terminara con su vida, pero el sonido de Aeris se hoyo como eco en el manantial, las esferas de agua impactaron a Ginebra pero ni siquiera la derribaron.

-pero que demonios… - dijo Ginebra empapada por el agua que le arrojo Zaida - … sabe a… sabe a… - decía mientras probaba el sabor del agua que había en sus labios.

-¡Mi agua de iniciación que es lo que le pasa! – Zaida gritaba sin entender porque el agua que le había arrojado no había hecho efecto.

Una vez más hizo dos grandes esferas con agua cristalina del manantial, pero al lanzarlas contra Ginebra estas se tornaban de colores y perdían su forma perfecta.

-ahora es cuando… - Ginebra corrió hasta la orilla donde Ligia aun estaba con la daga en el cuello, cuando la retiro de su cuello se extraño que no había sangre solo agua salía de la herida de la náyade.

Zaida hacia lo mejor que podía pero sus esferas siempre al ser arrojadas por el aire cambiaba de colores y deshacían perdiendo su fuerza inicial.

-hasta luego Zaida… ¡espero que disfrutes de tu nuevo poder! ¡Lanzas unas esferas de agua cambiante! – Ginebra observo que Aeris estaba parado esperándola en el paso de la cascada, sonrió para ella misma y comenzó a subir para escapar de ese lugar.

Mientras tanto Jack, Marin, Sei, Will y Elizabeth corrían entre la selva en dirección al mar que seria el único lugar que estarían a salvo, las náyades estaban manipulando su entorno para ponerles toda clase de trampas y obstáculos para impedirles salir.

-¡Corran! ¡corran! - decía Jack, pero llevando casi cargando a marin no era muy sencillo.

Después de correr por toda la isla al fin podían ver el final de la selva y el horizonte donde se observaba la densa neblina por la que habían cruzado en el perla.

Cuando estaban a punto de salir una liana avanzo rápidamente desde atrás en dirección de Elizabeth. Ginebra que venia corriendo unos metros atrás agarrada de una pata de Aeris que la ayudaba a dar saltos mas largos observo la situación se apresuro aun mas y se lanzo en contra de Elizabeth derribándola al suelo, pero salvándola de la liana que seguramente la habría atrapado.

-¿es que no puedes fijarte que es lo que viene detrás de ti? – le dijo Ginebra poniéndose de pie y corriendo a la orilla de la isla donde estaban los demás. Will se regreso a ayudar a Elizabeth que seguía derrumbada en el suelo.

-que bueno que regresaste… siempre supe que podrías hacerlo – le dijo Jack

Estando todos en la orilla de la isla debían tomar una rápida decisión, saltar y estar a salvo en el mar o esperar y pelear con las náyades que habían adquirido forma de espíritus de la selva y les acechaban esperando su movimiento.

-no podemos saltar Marin no podría nadar… - dijo Sei

-si puedo… solo deben alejarme mas de esta isla y el hechizo se romperá.

Todos se miraron entre si y en un común acuerdo saltaron hacia el mar, el vértigo de la caída se sintió durante todo el descenso, lo único que les quedaba era esperar que no hubiera ni una piedra con la que se pudieran hacer daño.

Los cinco entraron al agua a gran velocidad hundiéndose en el salado océano. Todos nadaron lo mas rápido posible a la superficie, una vez que todos observaron que se encontraban bien comenzaron a nadar hasta el bote que continuaba amarrado en una piedra no muy lejos de ahí.

-es un milagro que hayamos salido ilesos… - dijo Ginebra subiendo al bote y ayudando a los demás.

-bueno… Elizabeth ya tenia experiencia en caídas de este tipo, ¿aye? – dijo Jack con una sonrisa que desapareció ante la mirada de fastidio de la chica.

El regreso al perla negra fue mas tranquilo, estando en el océano no había forma que las náyades les hicieran daño.

-¿no lo vas a abrir? Es lo que has querido desde que te conocí… – pregunto Sei

-prefiero esperar a abrirlo con calma en el perla y salir de los territorios de las náyades.

-¡bien dicho! – dijo Jack – cuando nos libremos de esto podrás hacer lo que quieras con tu lindo espejo.

Los piratas que habían aguardado en el perla los ayudaron a subir de vuelta al barco, quienes sentían curiosidad por lo que había dentro del cofre que Marin llevaba en la mano.

-¡Jack! ¡los vimos saltar que fue lo que paso! – pregunto Gibbs cuando Jack subió al perla.

-pequeñas complicaciones que fueron superadas satisfactoriamente… por favor enfile esta hermosa nave lejos, muy lejos de aquí y lo mas rápido posible.

-¿pero y la neblina?

-he dicho rápido entre mas rápido salgamos de aquí mejor.

Los piratas comenzaron a elevar anclas para partir, las velas se desplegaron y el perla comenzó a tomar velocidad en dirección de la densa neblina, esta vez la cruzaron en mucho menos tiempo pues sabían que no había nada contra lo que pudieran estrellarse.

-¿lo abrirás ahora? – pregunto Ginebra. Todos se habían reunido en el camarote de Jack para evitar sorpresas por parte de la tripulación.

Marin no respondió tan solo comenzó a quitar el seguro ante la curiosa mirada de los presentes, esperaba con ansias ver su hermoso espejo adornado con joyas preciosas y finos acabados en oro y plata incrustados en el nácar.

-¿que? – dijo Marin cuando abrió por completo el cofre y sacando su espejo. No había joyas, ni oro ni plata, tan solo era la parte reflejante, no estaba el resto.

-lo sabia… un espejo común y corriente… - dijo Elizabeth saliendo del camarote de Jack.

-No… no… no puede ser… ¡donde esta el resto! – dijo Marin buscando en el cofre.

-¡que pasa! – pregunto Jack.

-¡Esto es solo una parte! Mi espejo se compone de dos partes la parte reflejante que guarda toda clase de maldad y la parte brillosa que guarda todo lo contrario si no están juntas no hay equilibrio ¡por lo tanto es solo un espejo!

-¿en donde esta la otra parte? – pregunto Sei

-creo que tu ex… fue bastante listo – dijo Jack – si quería hacerte la vida imposible esta es una forma muy efectiva… guarda la parte de la maldad con las náyades que odian a las sirenas y la parte valiosa se la lleva el para disfrutar del dinero que pueda obtener vendiéndola.

Marin continuaba mirando incrédula la parte de su espejo, sin prestar atención a lo que decía Jack.

-me dijiste que la brújula me llevaría hasta mi espejo…

-y eso fue lo que hizo… en teoría ese es tu espejo… lo demás son adornos.

-podemos seguir buscando – dijo Sei

-si amor, pero para eso necesitamos provisiones y este barco se esta quedando sin ellas.

-querrás decir sin ron… - dijo Will

-aye, eso mismo – Jack miro los mapas que había en su escritorio y localizo el puerto mas cercano. Se trataba de un puerto regido por la Corona de Inglaterra seria un peligro llegar a reabastecer el perla ahí, pero era el único puerto en leguas.

-¿estas seguro de querer reabastecer ahí? – pregunto Will

-aye… solo será unas horas… estaremos en Port Dorobia al anochecer, además creo que a tu mujercita le gustara que los deje ahí, pueden pedir ayuda para regresar a Port Royal fácilmente.

El viaje hacia Port Dorobia seria relativamente corto pues esa misma noche llegarían, Marin seguía sin decir palabra desde que había descubierto con desilusión que su esperanza de volver al mar había desaparecido al encontrar solo una parte de su espejo.

-lo encontraremos no te preocupes – le dijo Sei tratando de animarla.

-Jack ha dicho que después de reabastecer podremos seguir buscando… - Dijo Ginebra sentándose a su lado en la cubierta del barco.

Pero Marin parecía no escuchar a sus palabras en su mente se preguntaba si ese era el precio que debía pagar por haber amado a un humano.

Una vez mas las tres se quedaron dormidas en la cubierta del barco el cansancio acumulado a lo largo del día hicieron su efecto y no se percataron que habían arribado a Dorobia. Todas dormían placidamente cuando los gritos de Gibbs las despertó abruptamente.

-¡Leven anclas, icen velas malditos piratas holgazanes! – les ordeno a la tripulación - ¡debemos salir en este momento!

Las chicas se pusieron de pie cuando sintieron que el barco se movía pero no veían a Jack por ningún lado.

-¿Qué rayos sucede? – le pregunto Sei a Gibbs que estaba detrás del timón - ¿Por qué nos vamos tan pronto?

-¿Dónde esta Jack? – pregunto Ginebra

-¿y Will? ¿Porque nos vamos si Will no ha regresado? – grito Elizabeth saliendo del camarote de las bodegas.

-los capturaron… estábamos haciendo un trato para conseguir el ron a menor precio cuando un grupo de solados reconocieron a Jack, tratamos de huir todos pero no pudimos… solo yo logre escapar… ¡maldición! ¿Quién iba a pensar que aun existía la orden de arresto por parte de la East India Trading Company?

El perla se alejo del puerto de Dorobia y se perdió en la oscuridad del océano.

-no podemos quedarnos con los brazos cruzados hay que salvarlos o los colgaran al amanecer… - dijo Sei.

-Aye, por eso regrese al barco – dijo Gibbs – debemos salvar a Jack y a Will.

-¿pero como lo haremos? – pregunto Ginebra.

-hay que idear un plan e ir por ellos – fueron las primeras palabras de Marin en toda la tarde – aun debo encontrar el resto de mi espejo.

Todos se miraron entre si, era casi media noche y tan solo tenían cinco escasas horas para rescatarlos, debían regresar a Dorobia en bote para no llamar la atención de los soldados, entrar en la prisión y después regresar a salvo al perla, todo antes del amanecer y sin que nadie se diera cuenta.

-¿alguna idea? – pregunto Gibbs a las chicas.