CAPÍTULO 7

Me Usaste.


La noche de trabajo junto a Matt fue sumamente extraña luego de que Mimí tuviera la excelente idea de salir corriendo de su departamento sin dar mayores explicaciones.

El rubio trató en lo más posible el tener el menor contacto con ella, simplemente le hablaba para decirles cosas indispensables relacionadas con el trabajo, tales como: "pásame esa botella por favor", "te toca sacar la basura", "te solicitan en la mesa 3". Y a pesar de que limitó el contacto significativamente con ella al momento de hablarle, no lo hacía en mal tono, no la miraba feo, ni nada por estilo. La castaña tenía la impresión de que el rubio no se había enojado por su conducta, pero era obvio que si le había dolido.

La chica no pudo evitar sentirse culpable en todo momento por lo que pasó, pero es que simplemente al ver a Matt acercándose cada vez más a su rostro, el cerebro se le bloqueó, sintió congelarse por horas mientras observaba como su amigo achicaba cada vez más la distancia entre ellos. Y casi llegando al punto de no retorno sus alarmas internas se encendieron ¿iba a besarse con su amigo de años? Eso no podía ser correcto. Así que, la única idea que pudo llegar a su mente en fracciones de segundo fue la de huir. Y sí, visto en retrospectiva sabía que había hecho mal, pero al momento fue lo único que se le ocurrió, claro que ahora se arrepentía por ello.

No le gustaba ver a su amigo tan serio, es decir, Matt de por sí siempre era serio, pero con ella y con Sora la situación cambiaba, el chico se abría un poco más. Tampoco le agradaba el hecho de verlo distraído, incluso había confundido un par de veces varios pedidos. Mucho menos soportaba que sólo le hablara para pedirle cosas relacionadas al trabajo.

La situación tenía que cambiar. Y tenía que cambiar en ese mismo instante.

Se acercó hacia donde estaba el rubio, el cual se encontraba lavando unas copas.

Matt, ¿podemos hablar? Preguntó tímidamente.

Estamos hablando Respondió de manera neutra, pero sin mirarla.

Cierto miró hacia un lado Mira, quiero decir que, sobre lo que ocurrió hacer algunas horas... yo, lo siento mucho. No debía pararme y salir corriendo como si nada sin importarme lo que tú pudieras...

No tienes por que disculparte La detuvo en su discurso.

Yo siento que debo hacerlo Insistió.

El chico suspiró y dejó a un lado su labor para mirar de frente a la chica.

Mira Mimí, tú no debes pedir disculpas. Fui yo el que estuvo mal, no debí de actuar tan apresurado, pero es que Desvió la vista hacia un lado tú... tú me gustas... un poco lo había dicho ¿y ahora qué seguía?

Matt, yo titubeó y de nuevo las ganas de correr se apoderaron de ella, pero esta vez no escaparía, o bueno, intentaría no hacerlo.

No tienes por que decir nada Dijo al observar que la chica se había tensado ante su relevación No te estoy pidiendo que seas mi novia, ni nada por el estilo. No voy a exigirte que nazca de la noche a la mañana en tí un sentimiento hacia mí. Pero quería que lo supieras.

La castaña seguía callada ¿qué se supone que dijera? Ahí fue cuando se le ocurrió una idea.

Mañana es mi día libre Soltó sin más ¿Qué tal si vamos al cine?

Era cierto que ella nunca había pensado en él como algo más que un amigo, pero eso no quería decir que estuviera totalmente cerrada de mente. Ya anteriormente le había dado la oportunidad a muchos chicos de ganarse su corazón ¿Por qué no darle una oportunidad a Matt? A la final quien sabía, quizá las cosas resultaban bien.

Eso sí, le pidió a su amigo que fuera a un ritmo más despacio con ella, debían empezar a conocerse de una forma diferente. Y no prometía nada al respecto, pero seguirían saliendo a ver como se daban las cosas.

Entonces sin presiones Comentó el chico sonriendo.

Sin presiones Repitió Mimí a medida que estiraba su meñique en señal de que harían una promesa.


..

Días Después.

Rubí llevaba dos semanas sin ver a Tai en el club y aunque ella misma le había dicho que debía dejar de buscarla, dejar de ir al club, y cosas por el estilo, no podía evitar cada noche mirar entre el público, con la vaga esperanza de verlo, decepcionándose luego cuando no lo encontraba.

Pero esa noche fue diferente, esa noche él si estaba entre el público y ella sabía perfectamente por qué estaba ahí…era por su culpa.

~ FLASHBACK ~

Como Sora se habían visto todos los días, tomaban café, como se les había vuelto costymbre, conversaban y hacían algo diferente cada día. Desde cantar en alguna calle de Tokio por dinero con el que después compraban algunas golosinas; ir a alguna feria para subirse a las distintas atracciones; molestar a los mimos en la calle; hacerles bromas a la gente; patinar sobre el hielo; ir a karaokes; fingir ser alguien más durante toda la tarde: hasta regalar abrazos en el parque de Tokio.

Día tras día observaba como su amigo se iba soltando más, disfrutando de su vida y olvidándose un poco del trabajo. Su puesto en la empresa ya no significaba todo para él y Sora no dejaba de sentirse bien consigo misma al ver como afectaba en la vida de él. El apuesto Tai volvía a dejar salir a flote el carácter alegre y jovial que según le contó tenía cuando era adolescente y vivía en Odaiba. Y a ella le encantaba verlo así, feliz, despreocupado y relajado en la vida.

Ese sábado había sido maravilloso para ella, ya que había pasado todo el día al lado de su guapísimo amigo. En la mañana hicieron un picnic en las áreas verdes del parque de Tokio. Almorzaron en casa de Tai, quien gentilmente se ofreció a preparar una comida que a ella le pareció exquisita.

Ya luego, Sora había propuesto una actividad que hizo que al moreno se le subieran todos los colores a la cara. La chica le sugirió ir a un Onsen (*) mixto, ya que a pesar de que el chico llevara años viviendo en Tokio, jamás había ido a bañarse en uno. Sora solo pudo contener su carcajada luego de un rato, cuando le informó a su amigo que no se bañarían desnudos, conocía uno donde a las personas se les permitía usar traje de baño.

— Anda Tai, sal ya — Animó al chico, el cual permanecía detrás de una roca. — Prometo no acosarte luego de haberte visto en traje de baño — Rió.

El moreno salió mirando hacia el suelo, le intimidaba bastante la situación: él y Sora, ambos en traje de baño, dándose una ducha en aguas termales. Agradecía de todo corazón que el lugar estuviera lleno de gente por todos lados. Suposo que al ser invierno la idea de relajarse en agua caliente era sumamente actrayente.

Alzó su mirada y se quedó estático ante la imagen que tenía ante sus ojos, nunca se hubiera imaginado que la pelirroja pudiera lucir tan increíblemente atractiva en aquel bikini amarillo.

Por su parte Sora se maldijo en aquel momento, de todos los lugares que hubiera podido haber visitado con él, a ella se le tuvo que ocurrir proponer ir a un onsen. ¿Es que acaso le gustaba torturarse? Porque ahora tenía a un súper apuesto Tai frente a ella, dejando ver su marcado abdomen, y por si fuera poco mirándola de esa manera tan insinuante. De repente le pareció casi imposible cumplir la promesa de no acoso que había hecho hace tan sólo segundos.

Permanecieron en el lugar alrededor de una hora, en la que jugaron con el agua, se relajaron, hablaron sobre mil cosas y sorprendentemente para Sora, pudo resistir las ganas de no devorar a Tai cuando en más de una ocasión sus pieles se rozaron levemente.

Al salir, notaron que la temperatura fuera del lugar no era del todo acogedora, de hecho había descendido un par de grados a como estaba cuando ellos llegaron, haciendo que ambos se cobijaran más en sus abrigos. Definitivamente se habían acabado los días de buen clima y se acercaba la primera nevada del invierno.

Caminaron hacia un café para tomar algo caliente que le llegara a los huesos. Fue entonces cuando el mundo en el que ella creía vivir se desmoronó. Frente a la cafetería donde ya había entrado Tai, estaba Davis, pero no estaba solo, estaba con una rubia, esbelta y alta a quien le sostenía las manos y le robaba besos cada dos por tres.

Sora sintió hervir su sangre de pura rabia. ¿Cuánto tiempo pensando que él era un buen chico? que merecía a alguien que lo quisiera, temiendo romper con él, resistiéndose a todos los momentos en que podría haber intentado algo con Tai, aguantándose las ganas de tirársele encima en las aguas termales. Alejándose del único hombre que podría aceptarla por completo, siendo Sora y siendo Rubí ¿Y por quién? Por él, por ese imbécil que la engañaba.

Ganas no le faltaron de cruzar la calle y romperle la cara por maricón. Oh sí, definitivamente lo que había entre ellos se había acabado y se sentía la más idiota del planeta por no haberlo hecho antes, por dilatar el momento de la ruptura. ¡Ese pobre diablo no merecía tanta consideración! ¡Tanta fidelidad por tanto tiempo! Como Rubí había tenido oportunidades con hombres increíblemente apuestos y siempre se había negado por respeto a su novio. Y con Tai, con el excelente Tai pasó lo mismo. Bien, su novio valía una mierda, se podía podrir en el infierno.

Más enojada de lo que había estado alguna vez en la vida, entró al café. El moreno la miró extrañado, pero no preguntó nada. Esperó hasta que ella le dijera algo, cosa que no hizo.

Sora seguía centrada en su enojo. ¿Hacía cuánto que ese maricón le ponía los cuernos? Huy, le picaban las manos por plantarle una buena cachetada a él y a la zorra con la que andaba.

Para calmarse pidió un chocolate caliente con mucha azúcar y un trozo de pastel. Si tanta azúcar no la calmaba, quizás debería ir a comprar zapatos o plantarle un buen beso apasionado a su acompañante.

— ¿Estás bien? —terminó por preguntar él cuando pasó el tiempo y ella seguía con esa expresión asesina.

—Sí, sí. Sólo vi algo desagradable. No tiene importancia.

Y no la tenía. Nada que tuviera que ver con Daisuke tenía algún tipo de relevancia, ahora menos que nunca.

Con el pasar de los minutos, ella logró relajarse un poco. Incluso pudo volver a sonreír y bromear con Tai. Pero no fue el azúcar lo que la calmó, fue la mirada achocolatada de él, esa sonrisa dulce y despreocupada, ver la manera en que su pelo castaño se movía cuando él inclinaba la cabeza a un lado, la forma en que sus ojos se achicaban cuando reía, ver como se movían sus manos para darle énfasis a sus palabras. Observarlo era absorbente y fascinante. ¿Cómo hacía para ser tan divinamente irresistible?

— Mira esto — Le dijo él mostrándole una foto en su celular — Kari me la pasó anoche por e-mail, son ella y su esposo T.K con mi sobrinita Arika — Se veía tan tierno hablando de su familia, de cómo los extrañaba.

Hablar con él hizo que se le olvidará por completo el asunto de Davis.

Salieron del café dos horas después, cuando ya él tenía que irse a su casa y ella al club. Caminaban amenamente por la calle, hablando de cualquier cosa, porque con él no era difícil entablar conversación. Además el chico ya estaba acostumbrado a cualquier tipo de excentricidad que ella pudiera decir y le seguía la corriente, haciendo que ambos se rieran largos ratos por ello.

Estaban cerca de la intersección donde normalmente se separaban para seguir sus caminos cuando él se detuvo para ver las artesanías de un comerciante ambulante muy abrigado. Ella se quedó en la esquina esperándolo con una sonrisa dibujada en el rostro. A los pocos minutos él volvió trayendo algo en el bolsillo de su abrigo.

—Pásame tu mano —pidió y ella hizo caso.

Entonces abrió su mano y en su palma había una pulsera tejida, en distintos tonos de rosa con pequeñas piedrecillas decorándola. Era delicada, fina y muy femenina. La ató a su muñeca con mucha delicadeza. Ella sintió que el corazón se le oprimía con ternura por el gesto de él.

Sin soltarle la mano, la miró a los ojos y ella sintió que se perdía en aquellos encantadores ojos chocolate. Su corazón empezó a latir frenético dentro de su pecho, amenazando con escapar por su boca con cada bombeo. Sentía que la piel, ahí donde él la tocaba le cosquilleaba.

Él inclinó su rostro ligeramente hacia el de ella. Por costumbre, Sora se alejó un poco, pero por el rabillo del ojo vio que Daisuke se acercaba. Toda la rabia por lo que había visto hace no tanto tiempo resurgió en su interior. Él la había engañado, descaradamente, mientras ella luchaba contra la tentación día a día. No era justo. Simplemente no era justo.

Él sólo verlo acercándose la hizo tomar la decisión. Ya no estaba con Davis, no le debía fidelidad a nadie, por lo que no tenía porque seguir reprimiendo sus deseos.

Volvió toda su atención a Tai que seguía con el rostro inclinado hacia ella, con la pregunta en sus ojos. Sora sonrió y se puso de puntillas para alcanzar los labios de él. Un sencillo y casto toque que desató una tormenta en el interior de ella. La calidez de esos labios la atraparon sin una promesa de liberarla algún día. Se sentía mucho mejor de lo que habría imaginado.

Él posó las manos en su cintura, pegándola a su cuerpo al mismo tiempo que empezaba a mover sus labios sobres los de ella en un sensual y decadente juego que comenzó a afectar los latidos de su, de por sí, errático corazón. Ella se aferró a su cuello y aumentó la velocidad del beso. Entreabrió ligeramente la boca en una invitación a que él profundizara el beso, cosa que hizo sin demora.

Sora escuchó el tenue gruñido que brotó de la garganta de él justo antes de que el beso se volviera más hambriento y necesitado. Pero en ese momento también se escuchó un grito a su lado.

— ¡SORA TAKENOUCHI! — Escucharon los dos, separándose rápidamente, pero él no alejó las manos de la cintura de ella— ¿Qué se supone que estás haciendo con ese idiota?

—No es un idiota, se llama Tai y es mi amigo —defendió ella con una sonrisa satisfecha.

— ¡No se supone que beses a tus amigos cuando tienes novio! —gritó nuevamente Daisuke, haciendo que mucha gente volteara a mirarlos. Ella sintió como el cuerpo de Tai se tensaba y se alejaba del suyo.

— ¿Ah si?No se supone que engañes a tu novia con una fulana rubia y después tengas el descaro de reclamar. ¡Idiota! — Espetó ella— Además, yo no te he engañado, terminamos en el mismo momento en que te vi con esa zorra hace unas horas.

Daisuke la miró rojo de furia, dirigió otra mirada amenazante a Tai, pero volvió a centrar todo el peso de su ira otra vez en ella.

— ¿Hace cuánto que me engañas? —inquirió él con voz tensa, ignorando lo que ella le había dicho.

—Ya te dije: no-te-en-ga-ño —habló lentamente, como si estuviera dirigiéndose a un retardado mental—. Terminamos hace horas, sólo que tú no te habías enterado aún porque estabas muy ocupado con la yegua esa. Nunca te engañé, siempre te fui fiel, imbécil, aun cuando no te lo merecías. Debí terminar contigo hace años.

—Eres una…

—No te atrevas a insultarme, Daisuke, —advirtió— que cuando yo te vi a ti, engañándome de verdad, no te dije nada. Ahora, vuelve con esa oxigenada a ver si ella te aguanta con tu problemita en la cama. No todas las mujeres manejan bien la insatisfacción ¿sabes?.

Sin esperar alguna respuesta por parte de su ex novio, se dio media vuelta y se encaminó hasta donde estaba Tai, varios pasos alejado, mirando todo con ojos de horror. Ella le sonrió, dispuesta a abrazarlo y retomar el momento donde habían sido interrumpidos.

—Tai, ¿qué te parece si vamos…?

—Me usaste —interrumpió él, mirándola con reprobación, como si no la conociera—. Tenías novio y me besaste, pero no porque quisieras hacerlo, sino porque querías pagarle con la misma moneda. Me usaste como si fuera cualquier cosa para desquitarte con tu novio.

—No… no es así, Tai. Deja que te explique bien…

— ¡No! — Volvió a interrumpirla— Me quedó claro con lo que escuché, no necesito ninguna explicación. Es que… Sólo es que nunca te creí a ti capaz de algo así.

—Tai, por favor escúchame —rogó ella, pero él negó con la cabeza.

—No puedo creer que me usaras de esa manera… Pensé que al menos me considerabas tu amigo. Eres… eres despreciable, Sora.

Él se dio media vuelta antes de que ella pudiera decir algo, se alejó rápido a grandes zancadas. La pelirroja sentía que sus ojos ardían y algo le comprimía el corazón dolorosamente. Quería correr hasta alcanzarlo y obligarlo a que la escuchara, hacerle entender que no lo había usado realmente, que no era como él creía, pero en el fondo sabía que tenía un poco de razón porque si no hubiese visto que el estúpido de Davis se acercaba, probablemente no le hubiese dado el beso, al menos no hasta estar oficialmente soltera nuevamente.

Ay no, se había equivocado de una manera horrible con Tai. No sería raro que él la odiase toda su vida después de aquello. Por tonta e impulsiva había alejado a un hombre que valía la pena, a quien podría contarle su secreto sin que la juzgara por su trabajo durante las noches.

Se abrazó a sí misma, odiándose por haber actuado de manera tan idiota. Empezó a caminar a su departamento, pero con cada paso sentía que el corazón se le retorcía más y más, dificultándole la respiración y nublándole la visión. Sabía que cuando llegara a casa se quebraría, enojada consigo misma por tonta.

Pero no tuvo mucho tiempo para odiarse, porque su amiga Mimí la arrastró al club diciéndole que había una reunión de personal antes de abrir.

Después de la reunión habían empezado a trabajar. Cerca de la medianoche salió por tercera vez al escenario y fue cuando lo vio entrar. Sabía que estaba ahí por su culpa, por lo que había hecho horas atrás, pero esa noche no era Sora, era Rubí y él no estaba enojado con la bailarina. Quizás pudiera hacer algo al respecto, ayudarse a sí misma.

~ FIN DEL FLASHBACK ~

Sonrió mientras lo veía acercarse a la orilla del escenario.

—Volviste —ronroneó ella con su falso acento francés, cuando lo tuvo cerca—. Hace mucho que no te veía, y ya te extrañaba.

—Sí, bien, estaba perdiendo mi tiempo con alguien que no lo merecía.

Sintió que le apuñalaban el corazón al oír esas palabras y por unos segundos su sonrisa se tambaleó.

—Bueno, —habló ella— esta noche nos pondremos al día, muchachote.

Tai veía como Rubí bailaba en el escenario, demostrando elasticidad y fuerza sin olvidarse de esa sensualidad que lo volvía loco, pero sólo podía pensar en Sora. No podía creer lo que había hecho. No era tanto lo que había hecho en sí, sino que fuera ella quien lo había hecho. Eso le había lastimado, que alguien a quien tenía tan alto le decepcionara de esa manera. Nunca, nunca se hubiese imaginado que su amiga sería capaz de algo semejante, de jugar con los sentimientos de alguien, de utilizar a otra persona para sus fines egoístas.

No estaba seguro por qué había ido a Cabaret, sólo sabía que quería dejar de pensar en la pelirroja, dejar de recordar ese beso y cuanto lo había decepcionado lo que ocurrió después, y no se le ocurrió nada mejor que ir a ver a Rubí, pero al llegar ahí se dio cuenta que cambió una obsesión por otra. Porque así era, si no era Sora, era Rubí la que gobernaba su mente.

Se recostó aún más en el sofá y se obligó a dejar de pensar en Sora y a concentrarse en la stripper. Se veía arrebatadora con ese diáfano y pequeño traje blanco con plumas que iba a juego con su antifaz y distaba tanto de su peluca negra.

Rubí bailaba lentamente al ritmo de Baker Street, versión instrumental, de Gerry Rafferty. Se contorsionaba en torno al tubo plateado y de a poco la sangre en las venas de Tai empezaba a correr con más velocidad y más caliente. Ver a esa mujer bailando era una perdición para él, pero ya estaba ahí, sin posibilidad de alejarse.

Ella se arrastró por el escenario, en lentos y felinos movimientos hasta llegar a él. El moreno se acercó al borde donde estaba ella, quien lo tomó por el cuello de la remera y haló de él hasta quedar ambos frente a frente.

— ¿Qué te parece otro baile privado, guapo? —Inquirió ella en un susurro y con el acento francés menos marcado— El último fue muy corto, ¿no crees?

Y claro que había sido corto, pero intenso. Y no estaba de más la idea de aceptar. Posiblemente no terminaría en nada, pero de seguro lo haría olvidarse por completo del mal rato con la pelirroja en la tarde.

—Me parece una buena idea.

No sabía por qué ya no tartamudeaba con ella o se ponía nervioso. En parte, sospechaba que era porque se había relajado más, compartiendo y pasando tiempo con Sora. Se había dado cuenta de muchas cosas, entre ellas, que debía disfrutar la vida que sólo había una y no debía ser desperdiciada. Así que disfrutaría de la oportunidad que se le presentaba.

Ella le regaló una radiante sonrisa y volvió al centro del escenario para hacer un último salto que lo dejó con la boca abierta. Esa mujer realmente tenía fuerza en las piernas y brazos, sin olvidar la elasticidad. Todo en ella la hacía una bomba sensual.

Una vez que terminó se acercó con su lento y sexy movimiento de caderas hasta él y bajó del escenario. Le tomó la mano y sin perder esa sonrisa cargada de promesas lo guió al mismo lugar de la vez anterior. Cruzaron el umbral y ella cerró la puerta. Estaban solos.

—Vamos, siéntate y relájate que no te voy a morder… —lo miró como si estuviera meditando sus palabras— Y si lo hago, no te va a doler, te lo aseguro — Sonrió pícaramente.

Él soltó un bufido, una mezcla entre risa y sorpresa, por lo que había dicho, pero luego sacudió la cabeza y se acomodó en un sofá de los que había ahí. Era una habitación de tamaño regular, con varios sofás amplios de cuero negro, paredes de rojo carmesí con telas de terciopelo. En el centro otro tubo en el que ella dio un par de vueltas antes de acercársele.

— ¿Te gustó el baile de hace poco? —preguntó ella inclinando la cabeza hacia la puerta para indicarle que se refería al que recién había hecho.

—Por supuesto —respondió él con una sonrisa—. Me impresiona la fuerza que hay que tener para hacer esas cosas.

Ella soltó una suave carcajada que puso de punta todos los vellos de su cuerpo.

—Es uno de los mejores ejercicios que puede encontrar una mujer. ¿Te cuento un secreto, Tai? —le preguntó ella mientras se sentaba sobre su regazo y le acariciaba lentamente el cabellos. Él asintió para que continuara—. Yo aprendí a bailar de esta manera por simple curiosidad, porque escuché que era una excelente manera de mantenerse en forma y quise probarlo. Tiempo después resultó siéndome útil.

Ella le sonrió dulcemente y acercó su nariz al cuello de él para aspirar lentamente.

— ¿Por qué trabajas aquí, Rubí? —pregunó él. Ella se tensó y se quedó congelada donde estaba.

—Porque necesito el dinero y aquí pagan bien. Además es divertido. Pero no hablemos de esto —pidió y él asintió, aun cuando tenía mucha curiosidad sobre ella.

Arrastró su nariz por la piel detrás de su oreja y depositó un lento y húmedo beso en la base de su cuello, en el punto justo donde terminaba el cuello de la remera que llevaba esa noche. Luego se alejó para mirarlo a los ojos y entrechocar sus narices, acercando sus labios a los de él pero jamás tocándolos.

Entonces se puso de pie y se alejó de nuevo al tubo. Tai estuvo tentado de ponerse de pie e ir a buscarla, pero en cambio, se quedó sentado y la miró.

Ella empezó a bailar, sensualmente y sólo para él. Si antes había creído que era sexy, no la había visto bailar sin inhibiciones. Su corazón bombeó acelerado en su pecho, empujando su sangre más al sur, pero trató de mantener la cabeza fría, aun cuando era muy difícil.

La chica se alejó de la barra de acero en el centro de la habitación para acercarse de nuevo a su admirador y bailarle. Se volvió a subir a su regazo, pero manteniendo una distancia corta. Bailaba sobre él.

Al moreno le costaba tragar y los labios se le secaban con demasiada rapidez, sentía la lengua pesada en su boca y le picaban las manos por tocarla, cosa que no pudo resistir por mucho tiempo.

Alzó las manos para tomarla por la cadera y ella se dejó caer sobre él soltando una suave carcajada.

— ¿Te das cuenta que si estuviera disfrazada de maestra de escuela tendría que castigarte por no dejar las manos en su lugar? —ronroneó ella en su oído.

—Pero no eres una maestra —le recordó él.

—No, no lo soy… soy tu bailarina —entonces comenzó a besarle el cuello.

Tai sentía como sus músculos se tensaban cada vez que ella posaba sus labios sobre su piel. Apretó con más fuerza el agarre sobre sus caderas, pegándola más contra sí. Las manos de la chica lo acariciaban suavemente por sobre la ropa, en la espalda, el pecho, se enredaban en su pelo. No estaban quietas, era como si quisieran abarcar más de lo que podían.

En un momento, ella se alejó para mirarlo a los ojos. Él respiraba agitado, tenerla cerca afectaba todo su organismo. Entonces ella bajó su rostro y no pudiendo aguantar sus instintos capturó sus labios con los suyos.

Al principio él no reaccionó, estaba desconcertado por el actuar de la chica, pero finalmente cayó en cuenta de lo que estaba pasando e hizo algo al respecto. La abrazó con más fuerza, pegándola cada vez más contra su propio cuerpo y le devolvió el beso con toda la intensidad del momento. Con la lengua se abrió paso entre sus labios para besarla profundamente, exigiéndole hasta el alma.

Ella comenzó a frotarse contra el cuerpo de él, terminando de despertar a su virilidad que gritaba su nombre. Ella carcajeó sobre sus labios cuando se dio cuenta de lo que estaba causando y se frotó más fuerte y rápido, llevándole al borde, para que perdiera el control.

El moreno la besó con desesperación, hambriento y necesitado de esa mujer. La alzó para acostarla sobre el sofá y ponerse encima de ella, sin separar sus labios ni una sola vez. No podía tener suficiente. Su sabor… oh, su sabor lo volvía loco. Era único, pero a la vez le resultaba familiar.

Siguió besándola como si no hubiera mañana, acariciándola, recorriendo sus curvas con avidez. Ella lo abrazó con sus piernas, pegándolo al centro de su cuerpo y él se sintió muy bien ahí, demasiado bien. Escuchó como ella soltaba un suave gemido y fue eso como una droga para él, una droga que no tardó en hacerse adictiva.

Algo lo había poseído, jamás antes había actuado con tal desenfreno al estar con una mujer, pero en ese momento no era consciente de sus pensamientos, sólo de la chica bajo su cuerpo.

Sentía como ella se aferraba a su espalda, colando sus manos bajo la remera y enterrando las uñas en su piel. Y no le importó si le dejaba marcas, si le dolía. Tan sólo quería sentir que ella perdía el control también.

Dejó su boca para besarla en el cuello, para sentir el sabor de su suave piel y dejárselo grabado a fuego en su memoria. No, no podría olvidar su dulce sabor, la calidez de su piel, su delicioso aroma, una mezcla entre perfume y una esencia natural a vainilla.

—Tai —gimió ella en su oído, aferrando los cabellos de su nunca con una mano—… Tai.

Le encantaba oírla decir su nombre, hacía que un escalofrío lo recorriera por completo.

—Tai —volvió a gemir.

El pantalón le apretaba incesantemente, causándole dolor, así que él se lo desabrochó, con la colaboración de su compañera en ese momento, para así lograr liberar un poco la presión.

Llevó sus manos hasta los pechos de la bailarina, la cual una vez más volvió a gemir al sentir el tacto de las manos del chico.

En ese mismo instante, la puerta se abrió y un hombre entró a carcajadas con una bailarina acompañándolo.

Ellos se quedaron congelados donde estaban, volviendo a la realidad lentamente.

Tai se movió primero, abrochándose el pantalón disimuladamente, se sentía algo incómodo por la pulsante erección. Rubí lo siguió, riéndose nerviosa por la situación en la que los habían encontrado, mientras él sentía que era el momento más embarazoso de su vida.

Quienes los observaban eran una rubia platinada de largas piernas y exagerado busto al lado de un robusto empresario de cabellos plateados y unas prominentes entradas en la frente. Los miraba con las cejas alzadas y una sonrosa lasciva en los labios. Tai inclinó la cabeza como saludo, pero no dijo nada.

Rubí lo tomó de la mano y lo sacó de ahí, arrastrándolo a otro rincón del club y cuando estuvieron solos estalló en carcajadas, pero él estaba serio.

—Quiero verte —le dijo sin titubear y ella lo miró extrañada.

—Me estás viendo.

—No. Me refiero a que quiero verte fuera del club. Llevarte a algún lado… —se interrumpió cuando la vio negando con la cabeza— ¿Por qué?

—Porque yo no existo afuera— Habló despacio — Lo que ves acá —hizo un movimiento con los brazos para abarcar todo el club— sólo existe aquí, en Cabaret.

—Entonces déjame ver a la chica que está detrás del antifaz.

Ella volvió a negar con la cabeza, él la miró extrañado.

—No quieres ver a esa mujer… no por ahora, te lo aseguro —agregó antes que él dijera algo—. Tú y yo podemos vernos cuantas veces quieras, pero sólo acá. Ya te dije, yo no existo fuera de estas paredes.

El castaño se quedó mirándola, pensando en sus opciones. Quería seguir viéndola, pero no quería que fuera en aquel club. Deseaba saber quién estaba tras el antifaz, pero no iba a obligarla.

—Nos veremos acá entonces —porque era eso, o no verla, y él no quería alejarse de Rubí, mucho menos después de lo que había pasado con Sora. La bailarina era la única que lo hacía sentir vivo además de la pelirroja.

—Nos vemos entonces —dijo ella y se puso de puntillas para darle un dulce y corto beso en la comisura del labio.

Entonces se marchó con el vaivén de sus caderas, dejándolo sólo en ese rincón del club.

Rubí llegó al camerino con la respiración agitada y a paso acelerado. Lo que había pasado no se suponía que debía pasar. Todo se le había salido de control porque ella no había logrado resistirse a él.

Se suponía que debía bailarle y tratar de hablar con él, preguntarle por qué había dicho eso de "estar perdiendo el tiempo", de esa manera hablar al respecto y tratar de hacerlo entender de su conducta con Sora. Se suponía que valiéndose de su alter ego tenía que ayudarse a sí misma, no revolcarse con él en un sofá y olvidarse del resto del mundo. Pero con sólo probar sus labios, el control se fue a un lugar muy, muy lejano.

Se dejó caer en el asiento frente al espejo y se sacó el antifaz y la peluca. Miró detenidamente su reflejo. Ese día había hecho bastantes estupideces. Primero, besar a Tai cuando había visto a Davis, haber actuado tan impulsivamente sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Y después, perder el control cuando debía arreglar el primer error. Ese, sin dudas, no era su día.

Al menos sabía que él volvería, que tendría otra oportunidad de hablar con él, de arreglar las cosas. Era bueno saber que tener otra identidad por las noches podía servirle para algo más además de ganar dinero.

Se tocó los labios suavemente con el dedo índice, reviviendo la sensación de aquel beso abrazador y frenético que la había llevado al borde de la locura. Había tenido algunos novios en su vida, se había enamorado —o había estado muy cerca de ello— un par de veces, pero nadie, nadie jamás, la había hecho sentir de esa manera, nadie había encendido su cuerpo como lo había hecho Tai con ese beso. Nunca había experimentado semejante pasión en tan breve lapso de tiempo. Había algo cuando él la tocaba, una pequeña explosión en su interior que iba quemándola a velocidad presurosa.

Aún podía sentir el calor de las manos de él sobre su piel, aún podía saborear su beso, aún sentía su aroma envolviéndola. Quién sabía hasta donde hubieran llegado de no haberlos interrumpirlos estrella con ese hombre. De seguro habrían llegado hasta el final porque mientras estaba bajo su cuerpo, mientras sentía su peso encima, no quería que acabara, no quería que se alejara. Lo quería ahí, hasta el final, aun cuando no fuera… adecuado ni correcto.

Se giró para no ver más su reflejo con los ojos brillantes por la pasión de hacía unos minutos, para no ver sus labios rojos e hinchados por el beso salvaje que había compartido con Tai, para no ver sus mejillas sonrojadas por el calor de la lujuria. No quería más recordatorios que su mismo corazón aun latiendo acelerado y las imágenes que se repetían una y otra vez en su mente.

Segundos después, entró Mimí al camerino donde ella se encontraba. Tenía ambas cejas enarcadas, porque por más que lo intentaba, era incapaz de elevar una sola. Su mirada color miel pedía a gritos respuestas.


..

Notas de la Autora:

Quiero empezar diciendo algo, en el capítulo pasado puse una canción y dije que se la imaginaran en una melodía suave, por que el ritmo original de la canción no pegaba con el asunto y blablá... Bueno resulta que indagando en youtube vi que sacaron la misma canción versión balada ._. pero NO me gusta waaa... ¿Y esto qué tiene que ver? Nada, pero quería decirlo .

Ahm, otra cosa, el capítulo pasado NO ME EQUIVOQUÉ al subirlo grrrr... Fue FF el que andaba con error -.-' Supongo que ley del kharma... Haz cosas malas y te pasaran cosas malas = Haz esperar a tus lectores y FF te mentará la madre.

Y bueno, centrándome en el capítulo.

Por fin pasó aquí lo que todos esperábamos =D pero lamentable e irónicamente los resultados fueron distintos a los deseados u.u y es que Sora la cagó al hacerlo de esa manera...

* Daisuke es un patán.

* Sora es una tonta.

* Sora y Tai se BESAN =O.

* Tai y Rubí se ponen calientes.

* Mimí y Matt seguirán saliendo.

* Mimí no puede alzar una ceja... Yo tampoco (?)

* Y los Onsen son: baños de aguas termales procedentes del subsuelo volcánico de las islas japonesas, donde la gente se baña desnuda u.u. Los separan por sexos, pero también hay mixtos ;)

Y por último: Muuuuchísimas gracias a uds. mi bellos, preciosos, amorosos y tiernos lectores que me alegran la existencia con un review *.* SON LOS MEJORES.

Leeen, Shio, Faty, Graaavi, Roow Bennet xD, hyoca, stefy, johita, alice y a Menny (Ahora que descubrí que eres tú =D)

Besitos para todos y para todas =$

Lau,-