Rurouni Kenshin y todos sus personajes son propiedad de Nobuhio Watsuki.
Hermano gemelo: peor rival!!
Capítulo 7: Recuerdos de Hokkaido
La nieve caía lentamente sobre todos los presentes. Una criatura lloraba mientras se tapaba los ojos con las manos. Pero ella no era la única.
— Onii-chan…— todos los demás lloraban. Ese al que estaban enterrando había sido su camarada, amigo y hermano por muchos años. Cuando un Oniwabanshuu perecía, el resto del grupo se entristecía. Sólo había uno que no estaba llorando. Él era el encargado de mantener a salvo a esa gente, y eso incluía animarlos cuando las cosas estaban difíciles. Sonreír y bromear ayudaba en eso. Llorar no. Koichi dio un paso al frente y, colocando su mano sobre la cabeza de la niña que estaba llorando la muerte de su hermano, dijo:
— No llores, Sakura-chan. A tu Onii-chan le parte el corazón que estés sufriendo tanto por él.
— ¡Koichi-sama! — la niña se tiró a los brazos de Koichi sin dudarlo. Él tenía ese algo que hacía que todos se sintieran seguros, y abrazarlo y recibir su abrazo, sólo aumentaba la sensación de calma que brindaba. Koichi siguió consolando a la niña, hasta que ya el frío de Hokkaido obligó a los Oniwabanshuu a retirarse a sus casas.
— Tenemos un grave problema, Koichi-sama. — dijo un joven. Sakura y casi todos los Oniwabanshuu ya estaban llegando a sus casas. Sólo Koichi y otros tres hombres se quedaron atrás para hablar de la situación, mientras veían cómo sus compañeros se retiraban a las chozas de la aldea que ellos mismos habían fundado. — Haruhi es el cuarto joven que muere por culpa de la tuberculosis. Tenemos que hacer algo, porque aún hay muchos niños enfermos, y los adultos también están comenzando a enfermarse.
— Lo sé, Hayate-kun. — Koichi miraba a las personas de la aldea. Algunos tosían un poco, y muchos se frotaban los brazos. — Pero no sabemos de nadie que venda medicina en esta época de hambruna. Lo único que podemos hacer por el momento es…
— …proteger nuestra tierra para mantener alimentados a los nuestros. — concluyó el muchacho. — Es que me siento algo inútil. ¿En verdad sólo podemos hacer eso? Koichi-sama, ¿por qué no le pide a su hermano que…?— uno de sus compañeros le metió un codazo entre las costillas a Hayate. El joven primero miró con una mueca al ingrato de su amigo que lo había golpeado pero, al ver que éste señalaba con la mirada a Koichi, Hayate entendió. — Lo siento, Koichi-sama…no era mi intención.
— Está bien. Creo que el Okashira podría ayudarnos, pero ni siquiera los Oniwabanshuu en Kyoto saben dónde está. Ya mandé a preguntar por él, pero nadie me puede dar razón. ¿Dónde se habrá metido ese idiota? — Hayate y los demás miraron con algo de culpa y tristeza a Koichi. Éste tenía la mirada perdida entre la aldea de los Oniwabanshuu y fingía no darle mucha importancia al asunto, pero sabían que se ponía algo triste cuando se mencionaba a su hermano. — Prepárense para la guardia de esta noche. Hoy les toca a ustedes.
— ¡Sí, señor! — respondieron en tono militar y Koichi les sonrió como respuesta. Después de eso, el muchacho comenzó a caminar solo hacia la aldea. Sabía que sus compañeros esperarían a que se marchara, probablemente para hablar de él.
»Koichi suspiró con amargura. ¿Y si no estaba haciendo un buen trabajo? Bueno, DEFINITIVAMENTE no estaba haciendo un buen trabajo, porque ya cuatro de los suyos habían muerto, y él no pudo hacer nada al respecto. Cuatro jóvenes, Oniwabanshuu nacidos en Hokkaido, producto de los matrimonios entre los mismos Oniwabanshuu que él había entrenado en los últimos años... Estaba pensando seriamente llamar a reunión para darle el puesto de líder a otro. ¿Es que no veían que él no sabía qué demonios hacer y que la impotencia lo deprimía? No, por supuesto que no. Se había esmerado mucho en ocultarlo. ¡Por Dios!, él era Koichi Shinomori. El ninja más apuesto, inteligente y amable de todo Hokkaido. Se suponía que era el encargado de cuidarlos a todos ellos, y darles ánimos a las familias que habían perdido a uno de los suyos.
Por supuesto que nadie lo culpaba de lo que estaba ocurriendo, pero nadie entendía por lo que él estaba pasando. Esos Oniwabanshuu eran lo único que tenía. Después de ellos, no había nada más. Su búsqueda del amor verdadero había sido infructuosa, así que ya lo había decidido: si Dios lo había hecho casi perfecto, salvo en lo más elemental, que es la capacidad de ser verdaderamente amado por una mujer, pues entonces se quedaría solo. Él podía dedicarle la vida entera a los Oniwabanshuu, y no sentirse mal al respecto. Pero, ¿y si todos los Oniwabanshuu se morían? Se sentiría solo…
Koichi volvió a suspirar con amargura. No hacía falta que los Oniwabanshuu se murieran para que se sintiera solo. En ese momento, se sentía abandonado en más de una manera. Aunque amaba a todos esos Oniwabanshuu, y sabía que ellos también lo amaban a él, en realidad estaba solo. No había nadie que pudiera comprenderlo. Como la pequeña Sakura, todos se sentían a salvo llorando en frente de él porque él lograba consolarlos. ¿Pero a él quién lo consolaba? Nadie. Y eso, más la situación por la que estaban pasando, en verdad lo deprimía. Se sintió ridículo de repente. Había hecho hasta lo imposible para no dejar que sus amigos vieran qué tan afectado estaba, pero al mismo tiempo deseaba que lo notaran y le dieran ánimos a él.
Koichi se detuvo por un instante para estirarse un poco. Cuando entrara a la aldea, debía tener en su cara la mejor de las sonrisas. Después de todo, sin él y su bella sonrisa la cosa parecía estar peor de lo que verdaderamente estaba. Pensó en algo para sonreír: su casa. Sipi….al fin iría a dormir un poquito. Esa noche no le tocaba hacer guardia para proteger la tierra, así que podría descansar un poco. ¡Ah, el sueño! Preciado tesoro que el Cielo envió para que los hombres tuvieran una razón para rezar por la noche…
— KOICHI-SAMA!!
— ¡AAAAAAAAAAAAA! — gritó Koichi mientras saltaba hacia atrás. — Ka-ka-ka…¡Kaito-kun!
— Ah, Koichi-sama…. ¿Otra vez en la luna? — Kaito miró a Koichi de reojo. No era la primera vez que veía a su líder actuar de esa forma. A veces, cuando Koichi creía que estaba solo, en su rostro se dibujaba una expresión de tristeza. Eso hasta que se detenía, usualmente unos 20 metros antes de entrar a la aldea, para aclarar su mente, y su cara adquiría una expresión verdaderamente ridícula. Todos los Oniwabanshuu habían notado ese hábito, pero es que se veía tan…ridículo, que mejor no le decían nada. No querían molestarlo con trivialidades como esa…en especial porque el muchacho era vanidoso, y detestaba no verse bien.
— Oh, Kaito-kun… ¡Casi me matas del susto! ¿Qué pasa? — Kaito bajó la mirada con pena, y eso significaba que quería pedirle un favor a Koichi. — Puedes pedirme lo que quieras, Kaito-kun. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. — Kaito tomó aire. No quería presionar a Koichi, pero sabía que lo mejor era informárselo de una vez, antes de que se enterara por las malas.
— Mi familia y yo…estamos enfermos. — Koichi sintió como si le echaran un balde de agua heladísima encima. ¿También Kaito? Él ya era el onceavo adulto afectado por la enfermedad. — Por eso yo…
— Tienes razón. — dijo Koichi mientras ponía su mano sobre la frente de su compañero. — Tienes una fiebre ligera, pero no por ello debes arriesgarte. Apenas está comenzando, así que lo mejor es que vayas a dormir. Tú y toda tu familia deben mantener reposo.
— No es tan grave. Aún puedo aguantar para esta noche…
— No, para nada. — dijo Koichi mientras negaba rotundamente con la cabeza. — Hoy cubriré tu turno en la guardia, y yo les llevaré la cena a ti y a tu familia esta noche. No quiero que salgas, ¿entendiste? — Kaito miró con pena a Koichi. Sólo le quería avisar que se estaba comenzando a enfermar, pero no quería que su líder cubriera su turno. El pobre Koichi no había podido dormir bien en cuatro días, y con la muerte del cuarto Oniwabanshuu debía de andar con el ánimo por el suelo. — Y no te preocupes por mí— dijo Koichi mientras adquiría una posición soberbia—. Ya lo he dicho antes: yo no me enfermo porque Kami-sama quiere mucho a sus obras más maravillosas, y además de los miles de dones que me ha dado, también me otorgó una resistencia divina. — a Kaito le salió una gran gotota detrás de su cabeza. Es que en verdad que Koichi tenía sus salidas…pero al menos lo hacía reír.
— Gracias, señor.
— Sí, ya lo sé, ya lo sé: ¡soy lo máximo!, jo, jo, jo…— después de reír un rato juntos, Kaito se fue para su casa, y Koichi para la suya. Mientras caminaba por la aldea, Koichi repartía sonrisas a sus compañeros, y ellos se las devolvían agradecidos.
»Pero, cuando cerró la puerta tras de sí, las sonrisas se esfumaron. Koichi vivía solo en una casa que estaba más lejos de las demás. Los Oniwabanshuu con los que creció, y a los que entrenó, se habían casado entre sí, o encontrado esposo o esposa en Hokkaido que aceptaban la forma de vida de los ninja. Pero, para su desgracia, Koichi era el único que estaba soltero. Todos los demás tenían su familia, pero a él nadie lo recibía cuando llegaba a su casa. Cuando entraba, sólo veía un futon y un espacio para el fuego.
— Bueno, al menos me dan de comer, porque ya sería el colmo que yo me tuviera que preparar algo…— Koichi se dejó resbalar por la puerta. Tenía tantos deseos de llorar. Pero, en lugar de ello, tomó aire y buscó entre sus cosas, hasta dar con un paquete de cartas. — Otra vez, sin noticias de él… Hannya-kun, te estás atrasando mucho. — Koichi tomó la última carta que había recibido y la leyó en silencio.
"Querido Koichi-sama:
¿Cómo ha estado? Yo muy bien, y todos aquí estamos de maravilla. Hyottoko, Beshimi y Shikijo le mandan saludos. Escuchamos que en Hokkaido están pasando por momentos difíciles, y francamente esperamos enviarles ayuda pronto. En lo personal, desearía estar ahí para ayudar con apoyo emocional, o trabajando mientras ustedes se recuperan. Quizá podamos enviar algo de dinero cuando terminemos con esta misión. Aunque, para ser sincero, no me gusta el trabajo que tenemos ahora.
Aoshi-sama está bien. Estamos sorprendidos: de entre todos, lleva un récord, pues es el único que no se ha enfermado en estos años. A él ni un pequeño resfriado lo pesca, así que supongo que usted estará satisfecho con estas noticias. Le han ofrecido varios trabajos, pero creo que ya se lo había comentado antes en otras cartas. Pero, como siempre, los trabajos sólo se los ofrecen a él. Nosotros le hemos dicho millones de veces que debería tomarlos. Apenas es un chiquillo de 26 años (sin ánimos de ofender, Koichi-sama), y está en la flor de la vida. Debería aprovechar para formar una buena vida, él que puede. Pero no. Lo ha dicho muchas veces. Dice que jamás nos abandonará. Por supuesto, todos le estamos muy agradecidos, pero a veces nos sentimos mal. Él cree que no nos damos cuenta, pero sabemos que se preocupa mucho por nosotros. Somos una carga para él, y ha decidido hacerse cargo de nosotros aunque su deber terminó hace un buen tiempo. Lo único que deseamos es que sea feliz.
Supongo que ahora quiere saber dónde estamos. Bueno, estamos en Tokyo, realizando un trabajo. La verdad es que no nos gusta lo que hacemos, pero es lo único para lo que Beshimi, Hyottoko, Shikijo y yo somos buenos. Ahora estamos trabajando para Kanryuu Takeda que es (y no se vaya a molestar por esto), un traficante de opio. En serio, Koichi-sama, no se enoje con Aoshi-sama. Él no tiene la culpa de que tengamos este trabajo. Muy a su pesar lo aceptó, pues era lo único en lo que los demás podíamos participar. Como ve, su hermano ha estado haciendo un excelente trabajo, ya que ha cuidado a los Oniwabanshuu permanentemente.
Aoshi-sama aún no sabe que le envió estas cartas. ¿Está seguro de que no quiere comunicarse con él? Creo que sería bueno. ¡Son hermanos, por Kami-sama! Ya los dos están bastante grandecitos como para seguir sin dirigirse la palabra, y su consejo como hermano mayor podría influir para que Aoshi-sama corte lazos con Kanryuu. Lo que hemos ganado es suficiente para mantenernos relajados por varios meses, y además enviarles algo a Hokkaido. Sólo nos estamos quedando porque Aoshi-sama quiere que nos entretengamos con algo. ¿No sería bueno que usted le pidiera a Aoshi-sama que visitara Hokkaido? Digo, él es el Okashira. Estoy seguro que le interesa el bienestar de los demás miembros del Oniwabanshuu, sin importar si los conoce o no. Así aprovecharían para hablar un poco y créame: a Aoshi-sama le hace falta alguien con quien hablar. Ha estado muy callado con nosotros, y eso que una tumba siempre ha sido más apta para una conversación que nuestro Aoshi-sama…
Como ve, todos estamos muy bien. Si usted no me contesta en dos meses, asumiré que vamos a continuar enviándonos cartas a escondidas de Aoshi-sama. En serio, Koichi-sama, no sabe lo agradecidos que estamos con usted por querer tanto a Aoshi-sama. Sabemos que, de pasarnos algo, Aoshi-sama estará a salvo porque su hermano mayor lo estará cuidando siempre. No obstante (y en esto me respaldan Shikijo, Beshimi y Hyottoko), creemos que usted necesita hablar directamente con Aoshi-sama (eso y encontrarse una novia, ¡por Kami-sama! ¿Qué es lo que pasa con los Shinomori? Están en la flor de la vida, ¡aprovechen!). Creo que usted podría aliviar muchas de las preocupaciones de Aoshi-sama.
Bueno, sin nada más que agregar, me despido. Esperamos que en Hokkaido la situación no esté tan mal, y que todo esté mejorando. Le estaré enviando otra carta dentro de tres meses.
Hannya."
Koichi leyó una vez más la carta. Sabía de todas las andanzas de su hermano gracias a Hannya, que siempre se había preocupado por mantenerlo informado.
— Maldito Hannya-kun…Te respondí hace meses, ¿¡dónde está tu carta de respuesta!? — Koichi ya no aguantó más. No toleraba lo que estaba pasando a su alrededor: en Hokkaido, los Oniwabanshuu estaban muriendo porque él no tenía ni idea de qué demonios hacer para enfrentar la enfermedad. Y, en alguna parte de Japón, estaba su querido hermano menor, haciendo quién sabe qué. Esperaba que estuviera bien, pero comenzaba a preocuparse: Hannya era muy puntual, y a veces hasta le enviaba tres cartas cada tres meses para contarle cómo ha estado Aoshi. ¿Y si algo le pasó a Hannya y a los demás? ¿Y si algo le pasó a Aoshi? De repente se encontró llorando, y deseando con todo su corazón que su hermano tocara a la puerta. Eso seria un gran alivio: sabría que Aoshi estaba a salvo, y su hermano, el gran Okashira, le daría respuestas milagrosas para enfrentar lo que sucedía en Hokkaido.
»Después de llorar por unos diez minutos, decidió que ya era hora de marcharse a hacer la guardia. Se levantó resignado, pero de repente sintió un poco de vértigo y frío. Dio gracias a Dios por estar tan cerca de la puerta, porque si no se hubiera apoyado en ella seguro que se lleva un buen costalazo. Al principio pensó que era algo de debilidad y cansancio por haber pasado varios días con poco sueño, además de que su condición emocional no era la mejor en ese momento. Pero, al toser con fuerza, y descubrir un rastro rojizo en la mano que había utilizado para taparse la boca, supo que algo en verdad estaba mal. ¿Cómo enfrentaría esto? Simple. De la misma manera en la que había afrontado todos sus otros problemas: sonriendo.
/
— Uy, hace frío, hace frío, hace frío…
— Cállate, que cuando dices eso me da más frío. — Koichi miraba a sus compañeros discutir. Le alegraba escucharlos pelear por cosas tan simples como el frío, porque eso significaba que tenían ánimo para las conversaciones sin sentido.
— Koichi-sama, ¿está bien? — Koichi se volteó a su otro compañero, que estaba sentado cerca de él.
— Sí, estoy bien, Hayate-kun. Es solo que en verdad hace frío. — Hayate intentó mirar a los ojos a su líder, pero por alguna razón él había estado evitando el contacto directo con los demás. A Hayate ya le estaba preocupando Koichi. No había dormido por un buen tiempo, y había notado que tampoco tenía mucho apetito.
— Koichi-sama, tal vez debería ir a descansar. No está bien que se esfuerce tanto. Nosotros tres somos suficientes para la guardia de esta noche. — Koichi dirigió una mirada sarcástica a los otros dos Oniwabanshuu que estaban discutiendo por el frío, como diciendo "en realidad somos dos, porque éstos como que no están ayudando mucho."
— Estoy bien, Hayate-kun. — y, pasando su mano sobre su larga y bella cabellera, dijo: — Las mejores obras de Dios venimos con todo equipado: destreza, habilidad, y resistencia insuperable. Así que no te preocupes por mí, que todavía aguanto. Debes saber que tu maestro es invencible, así que no hay de qué preocuparse. — Hayate sonrió ante la expresión de Koichi. Sí, su líder era único y especial. El problema era que, aunque Koichi sí tenía buena resistencia, se equivocaba al creer que era ilimitada. Hayate y los demás Oniwabanshuu estaban preocupados por Koichi, porque él no sabía cuándo detenerse. La única manera de aceptar que había llegado al límite era si se desmayaba por agotamiento y duraba como dos días inconsciente. Hayate estaba en pleno suspiro, cuando escuchó a Koichi ponerse en guardia. — Qué necios, otra vez han venido. — Con esto, Hayate y los otros dos Oniwabanshuu se prepararon y lucieron sus habilidades ninja. Shuriken vuelan por aquí, kunai's vuelan por allá….Entre los árboles que rodeaban las huertas de los Oniwabanshuu, un grupo de hombres fue sorprendido.
— ¡No, esperen! — suplicó un hombre al ver que la manga de su gi y las de sus compañeros habían quedado prensadas en los árboles por las armas. Koichi ya se estaba hartando de que la gente creyera que se podían meter a la huerta de los Oniwabanshuu. O sean, sí, estaban pasando por una época de hambruna, y todos estaban desesperados por obtener comida, ¿pero no veían que era peor meterse en la huerta de los Oniwabanshuu a morirse de hambre? Se preparó para lanzar unas shuriken al cuello del hombre. Quizá, si veían que en serio terminaban matando a alguien, y no sólo dejando a los intrusos irse bajo una advertencia, entonces se tomarían en serio que nadie debía entrar a tierra Oniwabanshuu. Koichi tiró sus shuriken. Esa era la solución. — ¡Espere!
— ¡Koichi-sama! — Koichi se quedó helado al ver a quién había lastimado.
— ¡Hayate-kun! — Hayate había llegado justo a tiempo para salvar la vida de ese desconocido, pero a cambio de ello terminó herido en la pierna izquierda por cuatro afiladas Shuriken. — ¡Idiota! Será mejor regresar a la aldea para curar esas heridas. — dijo Koichi mientras se acercaba a Hayate, y comprobaba que las shuriken habían herido profundamente la pierna del ninja. — Lo último que necesitamos es que se te haga una infección. ¿Por qué te metiste? — Hayate miró de par en par a Koichi.
— ¡Porque ese no es usted, Koichi-sama! Usted no es un asesino….no el Koichi-sama que nosotros conocemos. — Koichi miró la expresión sincera de Hayate, y la de los otros Oniwabanshuu. Ellos no querían que él fuera un asesino. Pero ellos no eran líder de ese equipo, y no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo en la vida de Koichi. Tenía poco tiempo para asegurarse de que ellos estarían bien, incluso si él…
— Nosotros podemos curar esas heridas. — dijo el hombre al que Koichi estuvo a punto de matar, más se calló al ver la mirada gélida (la mejor imitación de Aoshi), que el líder le dio.
— Explícate. — dijo al cabo de un rato.
— S-s-s-sí…. Verá, es que venimos de parte de una joven millonaria que es dueña de tierras dedicadas al cultivo de plantas medicinales. Su nombre es Asuka Takei. — y así, ese hombre pasó a explicarle a Koichi y a los demás lo que quería Asuka, y la forma de pago que ofrecía. Resulta que habían querido acercarse a Koichi y a los demás durante el día pero, como estaban en un funeral, les pareció correcto dejarlo para después. Lo malo es que se les hizo muy de noche, y sabían que Koichi y los demás Oniwabanshuu (los que eran como los líderes, por lo menos) estaban por ahí haciendo guardia. Claro, lo último que querían era terminar muertos, y dieron gracias al Cielo por la intromisión oportuna de Hayate.
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— Hola, mucho gusto. Usted debe ser Shinomori-san, ¿cierto? — Koichi, ni lento ni perezoso, había aceptado la oferta. Habían niños y adultos enfermos que aún se podían curar, y si para eso sólo tenía que darle clases de defensa personal a unos trabajadores, pues genial.
— Así es. Mucho gusto. — Koichi y otros seis Oniwabanshuu habían viajado a las tierras de esa muchacha llamada Asuka Takei. Pues sí, se trataba de una chica que mínimo era multimillonaria, porque las tierras estaban muy bien cuidaditas, y todos sus empleados vestían bien y se veían sanos y felices, como si la hambruna y la peste de tuberculosis no existieran en Hokkaido. Koichi aún no había levantado la vista. Él y los otros Oniwabanshuu, por respeto, habían hecho reverencia a la joven (N/A: ¿Qué esperaban? ¿Qué no han leído que el pago era medicinas? Entre mejor se portaran, mejor pagados serían).
— Bueno, Shinomori-san, espero que nos llevemos muy bien. — Koichi y los demás levantaron la vista. ¿Alguna vez han sentido que un rayo les atraviesa el corazón, mariposas en el estómago, calor, vergüenza y emoción, pero todo de una sola vez? Bueno, pues más o menos eso fue lo que sintió Koichi al ver a Asuka. Él sabía que no se trataba de amor a primera vista. Sólo estaba fascinado de ver tal belleza: ojos negros, un sedoso cabello pelirrojo oscuro recogido en un moño, una piel blanca como la nieve, una cara pulida por ángeles, y una figura de diosa. Y todo el paquete estaba envuelto en un kimono azul, con bordes celestes, y mariposas bordadas. Koichi quería llorar de la fascinación.
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— Muy bien, eso es todo por hoy. — los trabajadores estaban felices de escuchar eso. Y es que Koichi sí que era un maestro estricto, pero bien valía la pena la tortura, porque habían logrado defenderse en más de una ocasión. Aunque esta vez, sintieron que terminaron algo temprano.
— ¿Está bien, Koichi-sama? — preguntó Kaito. La medicina había hecho maravillas en él. Afortunadamente, logró tomarla antes de que la tuberculosis avanzara a un estado crítico.
— Sí, estoy bien. — respondió Koichi, mientras se secaba el sudor de la frente. Últimamente, sentía mucho cansancio, sudaba mucho, y no tenía los ánimos muy arriba que digamos. Kaito y los demás le dirigieron una mirada que denotaba su preocupación. Koichi andaba muy raro en los últimos meses. No se mostraba muy feliz, a pesar de que muchos Oniwabanshuu estaban mejorando. Como Kaito, muchos aún seguían en tratamiento, pues Asuka resultó ser una doctora bastante atenta con sus pacientes, ya que la medicina, aunque trabajaba de maravilla, necesitaba seguir siendo consumida para curar al cien por ciento la enfermedad. — Adelántense. Tengo que arreglar unos asuntos con Takei-sensei. Si todo sale bien, ella empezará ir a la aldea para las consultas. Así los niños tendrán menos riesgos de sufrir una recaída.
— ¿No quiere que lo esperemos? — preguntó Hayate. Koichi estaba tan raro…los evadía casi todo el tiempo. Era como si estuviera enojado con ellos, y eso en verdad los angustiaba. Kaito había sugerido que Koichi estaba así porque desde hacía varios meses no recibía noticias de su hermano, y todos habían acordado que eso era lo que debía mantener a Koichi con las pilas bajas.
— No. Prefiero que lleguen temprano a la aldea y que me tengan algo de comer listo. — Koichi les sonrió. Eso, de alguna manera, les hizo sentirse mejor.
— Está bien, Koichi-sama. Hoy habrá sushi, así que no se tarde.
— ¿O qué? ¿Se me enfría? — los Oniwabanshuu rieron juntos antes de partir. Esa había sido la primera broma de Koichi en mucho tiempo. El muchacho vio a sus compañeros partir, antes de dirigirse a la casa principal. Asuka ya lo estaba esperando con unas tasas de té, y hablaron del avance de los trabajadores y del mejoramiento de los Oniwabanshuu. — ¿Entonces está bien? ¿Irá hasta la aldea?
— Claro. — dijo Asuka con una sonrisa. — Más bien, he querido ir a su aldea desde hace mucho tiempo. No es bueno que los niños enfermos salgan con el clima frío de Hokkaido. Los adultos tampoco deberían…
— Me alegra…— dijo Koichi, mientras suspiraba muy aliviado. — Sin importar qué, quiero que los Oniwabanshuu se recuperen al cien por ciento. Ellos seguirán entrenando a sus trabajadores, hasta que éstos alcancen el nivel deseado. Gracias y con permiso. — Koichi se levantó de la mesa y comenzó a caminar hacia la salida. Estar al lado de Asuka era un placer para él y para cualquier hombre, y no creía justo terminar enfermándola. Después de todo, ella era un belleza, ¿para qué contagiarla con esa peste mortal? Sería una pérdida para el mundo entero.
— Shinomori-san, ¿está bien?
— Sí, estoy bien. Gracias. — dijo Koichi mientras se detenía para voltearse a Asuka y contestarle. Después de eso, continuó su camino, hasta que Asuka lo detuvo:
— Es que lo noto algo pálido…
— No se preocupe, estoy bien. —Koichi fingió una sonrisa.
— Y su tono de voz…creo que usted está…
— ¡DIJE QUE ESTOY BIEN! — Koichi se volteó a Asuka con mucho enojo. Se estaba hartando de que la gente le preguntara si se sentía bien. ¿No era obvio que se sentía fatal? Se estaba cansando de decir que se sentía bien, pero que nadie notara que estaba mintiendo. ¡Qué gente! ¿En verdad que los había conocido por tanto tiempo? Eran tan crueles…Él sabía lo que los hería, cuándo algo los molestaba, y hacía hasta lo imposible por consolarlos cuando se sentían mal, pero a él nadie lo entendía. Y le molestaba mucho que esa mujer, a la que conocía sólo por unos meses, estuviera intentando hacer lo mismo que los demás. — ¿POR QUÉ NO ME PUEDEN DEJAR TRANQUILO? — No esperó para ver la expresión de Asuka cuando le gritó. Lo último que deseaba era verla llorar, porque eso se sumaría a su lista de cosas que hizo mal. Ya no quería sentirse mal por nada más. Lo mejor era darle punto y final a todo ese asunto.
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Koichi miraba la nieve caer. Se había alejado mucho del camino que llevaba a su aldea, pero creyó que así era mejor. Cuando salió de casa de Asuka, sentía unos deseos incontrolables por llorar. En los últimos meses, se había sentido más y más deprimido. Estaba enojado con los Oniwabanshuu por no notar lo mal que estaba, y también se sentía molesto consigo mismo por no hacer nada al respecto. De vez en cuando lloraba, solo si estaba en su casa, lejos de la vista de aquellos a los que había jurado proteger con armas y sonrisas. Pero sentía que, si llegaba a la aldea, no aguantaría la fachada por más tiempo, y rompería en llanto delante de los demás.
Ya se había encargado de que los Oniwabanshuu tuvieran acceso a medicina. Si en el futuro necesitaban algo más, sabía que podrían trabajar para Asuka, que era una muchacha bastante bondadosa. Su tarea ya estaba hecha. Los Oniwabanshuu no lo necesitarían más, ya que Kaito, Hayate, o cualquier otro podría tomar su lugar sin que hubiera muchos cambios. En la condición en la que estaba, ya no podría hacer nada más por los Oniwabanshuu. Y la idea de morir entre los suyos, viendo las caras de dolor de aquellos a los que amaba tanto, no le gustaba nada, nadita. Mejor se moría en un lugar por aparte, donde podría marcharse sin sentir remordimiento. El único problema era que la enfermedad que lo había condenado a la muerte no lo estaba matando tan rápido como quería, así que tuvo que tomar cartas en el asunto. Al fin estaba haciendo algo al respecto. Al fin le pondría punto final a su mísera vida.
Un ninja siempre está preparado para todo y Koichi, siendo el ninja más apuesto, inteligente y amable de todo Hokkaido, no era de los que se quedaban atrás en eso de "estar listo para cualquier situación, sin importar cuál sea". Estaba sentado sobre la nieve, recostado a un árbol. Una tímida sonrisa se dibujaba en su rostro. A su lado, había unas shuriken teñidas en sangre. Sentía algo de frío, algo de vértigo, y algo de frío. Lo normal cuando se está en medio de un bosque cubierto de nieve, y con las muñecas desgarradas.
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¿Han escuchado que quienes cometen suicidio se van al infierno? Bueno, Koichi se acordó de eso cuando no sintió ni paz ni descanso. Le dolía todo el cuerpo, y la cabeza amenazaba con reventársele si seguía escuchando tanto alboroto. Le hubiera encantado decir basta, que ya no quería seguir escuchando ese bullicio, pero la voz no le salía. Se sentía demasiado débil como para poder abrir los ojos. Si seguía sintiendo tanta presión, iba a explotar. En el fondo deseaba que fuera así, porque si se sentía tan mal, pero no explotaba, entonces no le quedaría de otra más que sentirse mal por toda la eternidad. Deseaba que alguien lo escuchara, pero no. Parecía que nadie le estaba poniendo atención. Se sintió ignorado en vida, y ahora de muerto no se sentía mejor. En serio que la vida (o en este caso, la muerte) no era nada justa.
— Shhhhh….Tranquilo, va a estar bien. — Koichi abrió un poco los ojos al sentir un paño frío posarse sobre su frente. Tenía mucha sed, y los ojos le ardían mucho. — Tranquilo. — Era como si ese pañito húmedo que le estaba secando el sudor de la frente, también le estuviera absorbiendo todo el malestar que sentía. Poco a poco fue recuperando el conocimiento, hasta que la figura delante de él se hizo más clara.
— ¿Takei-sensei? — Asuka le sonrió dulcemente.
— Bienvenido, Koichi-san. — dijo con voz queda. Sabía que la cabeza de Koichi estaba resintiendo el bullicio y, aunque había hecho hasta lo imposible para que los Oniwabanshuu se callaran mientras atendía a Koichi, ellos simplemente no dejaban de preguntar cómo estaba. — Shinomori-san, debería quedarse en cama. — pidió ella al ver cómo Koichi intentaba sentarse. Pero el ninja en verdad sentía dolor, y no fue difícil volverlo a acostar. — Ha tenido mucha fiebre, y como ha perdido sangre es normal que se sienta más débil de lo usual. Todos han estado muy preocupados por usted.
— Estoy bien. — esta vez, Koichi sí se sentó. Estaba en su casa, con ropa limpia, y con un cálido fuego ardiendo en el centro de la choza. Se pasó la mano por la frente. En verdad que estaba sudando mucho. Pero lo que le llamó la atención fue ver que sus dos muñecas estaban vendadas, y que algunas pintas rojas se asomaban entre las vendas.
— Lo estuvimos buscando por mucho tiempo. — comentó Asuka. Koichi notó que ella no lo había dejado de sostener aún cuando él se sentó.
— ¿"Buscando"? ¿En plural? — la muchacha se sonrojó un poco al ver la mirada cansada y triste de Koichi.
— Lo he notado desde hace un buen tiempo, pero como no era mi lugar…— Koichi frunció el ceño, intentando entender lo que quería decir Asuka. — Su forma de actuar, su palidez, y el tono de su voz. Era obvio para mí que estaba pasando por un momento difícil. Lo noté triste. Pero fue hasta ayer que me di cuenta que en realidad estaba deprimido. — Asuka suspiró, también parecía triste. — Noté que su comportamiento cambió ayer con sus compañeros. Hizo una broma con ellos, como si se estuviera despidiendo. Y cuando habló conmigo, se estaba asegurando de que los Oniwabanshuu estuvieran bien sin importar si algo le pasaba a usted, ¿cierto?
— ¡BASTA! — gritó Koichi enojado. Tragó un poco de saliva para calmarse y luego, con un tono un poco más calmado, pero entrecortado, dijo: — Basta…ya estoy bien. Gracias por todo. Creo que lo mejor será que se vaya.
— ¿Porque teme contagiarme de tuberculosis? — Koichi miró sorprendido a Asuka, quien le sonreía con mucha dulzura. — Usted es muy dulce…
— ¿Alguien más sabe?
— Yo se los dije. Yo había venido antes a la aldea para asegurarme que había llegado bien, pero como no lo vi le pedí a sus amigos que me ayudaran a buscarlo. Cuando lo encontramos en medio del bosque, decidimos traerlo aquí porque quedaba más cerca, además de que yo estaba preparada en caso de que algo malo sucediera. Pero, cuando estaba atendiéndolo, usted tosía sangre, y tenía los demás síntomas de la enfermedad. Ellos se sienten bastante tontos por no haberlo notado antes. — Koichi esquivó la mirada de la muchacha. Quería pedirle que se fuera, pues no quería desmoronarse más en frente de ella.
— Era mejor que me dejaran allí. De todas maneras, no hay nada que hacer. Ya está muy avanzado.
— Cuando yo tenía 8 años, enfermé de tuberculosis. La enfermedad avanzó bastante. Estuve a punto de morir. Pero mi padre se negó a esto, así que desarrolló una medicina con las hierbas que crecen en nuestras tierras. Es una medicina bastante buena, ya que puede sanar a alguien incluso si la enfermedad está muy avanzada, siempre y cuando siga tomando la medicina regularmente. Además, quien tome esta medicina dejará de contagiar a otros después de dos semanas, y comenzará a recuperarse de maravilla. Yo me mejoré, pero mis padres murieron. En ese entonces no había suficiente medicina para los tres, así que ellos decidieron que yo debía salvarme. Desde entonces juré que haría hasta lo imposible para ayudar a cualquier persona que tuviera esa enfermedad. Shinomori-san, ¿sabe que ahí afuera hay personas muy preocupadas que esperan a que yo salga para decirles que está fuera de peligro? Pero no puedo decirles esto si usted no pone de su parte. Y lamento decirlo, pero lo que hizo fue realmente estúpido: ¿atentar contra su propia vida? Fue una falta de respeto gravísima para ellos.
— ¿Y QUÉ PUEDE SABER USTED? ¿AH? ¡Nadie entiende nada! Todos creen que siempre tengo las respuestas, que nada me afecta, ¡pero eso no es cierto! Si todos fueran más atentos…no puedo creer que no me conozcan mejor porq…— Asuka puso sus dedos sobre los labios de Koichi.
— Bien, muy bien. De ahora en adelante, eso es lo que tiene que hacer: dejar que todo lo que siente, salga. No está bien que intenté tragarse todas esas emociones, o que espere a que los demás se den cuenta por obra y gracia de Dios que no se siente bien. Debe saber que usted tiene un límite, y que no hay nada de malo en dejar que otros sepan lo que lo está afectando. — en ese momento, la puerta de la casa se abrió. Kaito, Hayate y Sakura miraron emocionados a Koichi, y la niña no pudo evitar lanzarse a los brazos de su líder.
— ¡Koichi-sama!, ya está bien.
— Déjalo, Sakura. — pidió Hayate mientras desprendía a la niña de Koichi, y Kaito obligaba al muchacho a volverse a acostar. Koichi se sentía como muñeco de trapo. Prácticamente todos podía hacer lo que quisieran con él en ese momento.
— ¿Va a estar bien? — Asuka miró a Kaito.
— Eso depende de él. Por ahora, dejémoslo descansar. — Koichi sintió que Kaito puso la mano sobre su frente, antes de quedarse profundamente dormido.
— Koichi-sama no baka.
/
Ya habían pasado dos semanas, en las que Koichi fundamentalmente hacía tres cosas: dormir, comer, y respirar. No se sentía con ánimos de hablar, y comía sólo porque Asuka lo miraba feo si no lo hacía. Lo que Kaito le había dicho de los cuidados milagrosos de Asuka sí que era cierto. Al cabo de dos semanas, aunque aún no se sentía del todo bien, sí estaba bastante recuperado. Asuka le había dicho que uno de los síntomas de la tuberculosis era la depresión, y si a eso le sumaba todo el estrés que llevaba acumulando, pues era normal que llegara a donde llegó, en especial porque el ninja era muy callado en lo que a sus sentimientos se refería.
— ¿Quién es Aoshi? — preguntó un día Asuka. — ¿Es una chica? — Koichi estaba comiendo sopa misou, y casi se atraganta por la pregunta.
— ¿Mencioné a Aoshi?
— Sí…desde el primer día. Cuando delira la llama.
— Es mi hermano. — dijo Koichi, y Asuka pudo ver verdadera tristeza en el rostro del ninja. — Nos separamos cuando teníamos 12 años, y hace un buen tiempo que no sé nada de él.
— ¡Ah!, entonces es un hombre. — Y bueno, no hace falta decir que Koichi es un adonis. ¿Cómo sería el hermano de semejante bombón? — ¿Cómo es? ¿Se parece a usted? — Koichi suspiró, mientras miraba su sopa con pereza.
— Somos gemelos, pero en carácter somos muy diferentes. Él es el Okashira, el líder supremo de todos los Oniwabanshuu, pero ninguno de nosotros lo ha visto en mucho tiempo.
— ¿Y en qué son diferentes? Digo, ambos son líderes, ¿no? Apuesto a que Aoshi-san es un gran líder, como usted. — Koichi rió con sarcasmo.
— Yo no soy un gran líder. Pero Ao-chan sí lo es. — y así, Koichi comenzó a contarle a Asuka todo lo relacionado con Aoshi.
— Está sonriendo, Shinomori-san. — dijo Asuka mientras ponía sus manos sobre las mejillas de Koichi. El ninja dio gracias de tener fiebre, porque si no su sonrojo hubiera sido muy evidente. — Por lo que escuché, su Otouto-chan debe necesitarlo, así que se tiene que poner bien por él, ¿de acuerdo? — Asuka corrió un mechón de cabello de la cara de Koichi. El muchacho la veía con los ojos algo llorosos, mientras en su mente se preguntaba algo:
— "¿Sólo por él…?"
/
— Muy bien, Sakura-chan. Enséñales cómo se hace. — la niña tomó una posición de defensa al ver al hombre venir hacia ella, y en un dos por tres terminó derribándolo. — Qué vergüenza, Soubi-san. ¿Ser derrotado por una niña? — Koichi negó quedamente con la cabeza, mientras se burlaba un poco del trabajador. Era cierto que ése y los demás empleados de Asuka habían mejorado mucho en sus técnicas de defensa personal, pero aún no eran rivales ni para la pequeña Sakura.
— Koichi-san…
— Y ahora, yo me voy para ac--— Koichi intentó escapar cuando escuchó a Asuka llamándolo, pero sus compañeros Oniwabanshuu lo sujetaron de las piernas y brazos.
— ¡Ay, Koichi-sama! No actúe como un mocoso, y tómese la medicina. — Koichi miraba con terror la tasa humeante de té que le traía Asuka. La muchacha lo veía con un tic nervioso. En verdad que Koichi tenía sus salidas infantiles.
— ¡Nooooooooooo! Es muy amargo….
— Cállese. — dijo Asuka, mientras aprovechaba que los Oniwabanshuu tenían sujeto a Koichi para hacerle metido el té al joven ninja. — ¿Ve? No estuvo tan mal, ¿cierto? — Koichi, de forma muy exagerada, comenzó a retorcerse en el suelo. ¡Ugggghh! Mejor lo hubieran dejado morirse… ¡esa cosa sabía horrible!
— Asuka-san…qué cruel…Ni un poquito de azúcar le pone. ¿Por qué no lo endulza?
— Porque entonces no podría verlo retorcerse. — A todos les hacía gracia ver a Koichi retorcerse en el suelo después de tomar la medicina. Ni que le estuvieran haciendo un exorcismo ni cosa parecida…— Recuerde que hoy tiene consulta, así que no se puede ir así no más. — Koichi se levantó con pesar.
— Bueno, nosotros ya nos vamos. — dijeron tres Oniwabanshuu, uno de ellos jalando del brazo a Sakura.
— ¿Ahhh? ¿Por qué? — preguntó la niña.
— Porque se nos hace tarde.
— Nosotros dos nos quedamos. — dijo Hayate. — Kaito y yo aún no hemos terminado de torturar a estos trabajadores vagos. — y, dirigiendo una mirada cruel a los trabajadores, Hayate sonrió.
— Aún no entiendo porqué ellos se quedan y yo me voy…— dijo Sakura mientras ella y los otros Oniwabanshuu se iban para su casa. Koichi y Asuka los vieron partir, antes de dirigirse a la mansión de la muchacha. Koichi sabía que Hayate y Kaito en realidad se quedaban para acompañarlo de regreso a casa. Ellos eran sus dos mejores amigos, así que si se tenían que quedar hasta de noche para acompañarlo, pues lo hacían.
— Muy bien, quítese la camisa. — pidió Asuka cuando ya los dos estaban dentro de la casa, en una habitación bastante espaciosa. Koichi estaba sentado sobre un almohadón, y obedeció a Asuka de inmediato, para dicha de ella. La muchacha agradeció que Koichi se concentraba mucho cuando se quitaba la ropa, porque sino la hubiera visto babear. ¿Quién no estaría babeando por semejante muñeco quitándose la camisa en el salón de su propia casa?
— ¿Está bien? — preguntó Koichi, al escuchar a Asuka suspirar.
— Aaaa….Sí, claro que estoy bien. Sólo estaba pensando en lo mucho que se ha recuperado. — Koichi sonrió mientras ella se colocaba detrás de él y se apoyaba en su espalda para escucharlo respirar. Vaya que la muchacha tenía que esforzarse mucho por hacer bien su trabajo cuando su paciente era ese magnífico ejemplar. Así que, dejando de lado toda la emoción que sentía al tener el cuerpazo de ese bombón tan cerca, se dedicó a revisarlo. Koichi ya respiraba bastante mejor, aunque aún podía percibir un poco de agitación si hacía mucho ejercicio. Además de eso, sentía una fiebre ligera, así que lo mejor era que se fuera a su casa acompañado. — "Si por mi fuera yo lo acompaño…"— pensó Asuka. Cuando Koichi comenzó a mejorar, ella ya no pudo usar la escusa de que tenía que cuidarlo para estar cerca de él, así que para mantener las apariencias se devolvió para su casa. Ay, pero cómo le dolía haberlo dejado. Lo bueno es que le recomendó a él y a los demás Oniwabanshuu que comenzara a salir un poco, porque si se quedaba en cama viendo el techo de su casa sólo iba a deprimirse más. "El ejercicio y el aire fresco son una buena medicina", había dicho ella y, aunque decía la verdad, también esperaba con eso poder seguir viendo a Koichi. — Ya lo escucho mejor. — dijo mientras se levantaba para volverse a sentar, pero esta vez delante del ninja. — Revisemos el corazón, ¿de acuerdo?
— De acuerdo. — dijo Koichi. Esa era su parte favorita del chequeo: cuando Asuka se acomodaba en su pecho, y él tenía la oportunidad de oler el cabello de la chica.
— Hoy tiene que acostarse temprano, porque tiene algo de fiebre. — le dijo la joven aún apoyada en el pecho del muchacho. Hace rato que había terminado de asegurarse que el corazón del ninja demostrara mejora, pero simplemente no quería alejarse de él. Koichi no era doctor, así que él no sabía qué tanto se iba a tardar. No importaba hacer trampa, ¿cierto?
— "Mmmm…fiebre…"— pensó Koichi, mientras en su mente realizaba un plan de…bueno sí, de seducción. Asuka era doctora, y ya lo había visto delirar antes. ¿Y si fingía un poquito de delirio…? Asuka, por su parte, ya estaba lamentando que su tiempo de estar sobre el pecho del ninja se estuviera acabando. Tal vez Koichi no era doctor, pero fijo iba a sospechar algo si ella se quedaba así no más.
— "Uy, cómo desearía que un milagro pasara." — pensó la chica con pesar, pero, por obra y gracia de Dios, el milagro sí ocurrió. Se estaba quitando del pecho del joven, cuándo éste le plantó un beso…en la frente, ¡pero un beso al fin y al cabo! (N/A: Un beso de Koichi…. ¡maldita Asuka!) La muchacha se quedó sin aliento, mientras sentía un remolino de alegría arrasando con todo dentro de ella.
— Arigato, Asuka-chan, por haberme dado esta segunda oportunidad. — la muchacha estaba maravillada: Koichi había susurrado a su oído, y ella pudo sentir la calidez de su aliento sobre su cuello. Además, ¿en qué momento la voz de Koichi se había hecho tan endemoniadamente sexy!! Koichi no le dio tiempo de pensar más en el asunto: sujetándola por la barbilla, la hizo verlo directo a los ojos. Esos maravillosos ojos azules. Casi siempre lo veía actuar como un tonto sin remedio, pero esta vez sus ojos decían algo más. No eran los ojos de un niño travieso, sino los de un hombre en todo el sentido de la palabra. Y ese hombre la deseaba. Así se lo hizo saber cuando esta vez sí la besó en los labios. — "Ok…"—pensó Koichi. — "Si esto no funciona, nada lo hará, y siempre podré dar la escusa de que tenía mucha fiebre y no sabía lo que hacía. ¡Soy un genio!" — mientras tanto, en la mente de Asuka:
— "Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii……." — la muchacha tenía la mente en blanco, y sólo podía escuchar el sonidito de cuando hasta el silencio habla.
/
— Entonces, ¿cuál crees que sea?
— Es nuestro Koichi-sama, Hayate. Ya sabes que sus tácticas consisten en aprovechar el momento. — Hayate miró a Kaito de reojo. Esta vez, no perdería la apuesta.
— Te apuesto a que está utilizando lo de "tus ojos son como las estrellas" y todas esas babosadas que funcionan de maravilla. — Kaito suspiró ante la ingenuidad de Hayate.
— Te acepto la apuesta. — dijo. — Yo digo que está aprovechando el momento y que está utilizando el "Asuka-chan". Todas las mujeres le caen a los pies cuando comienza a llamarlas por su nombre y le agrega el "-chan". Además, seguro que está utilizando LA voz. — ambos Oniwabanshuu se estrecharon las manos. Y es que así jugaban ellos: apostando qué mujer sería la próxima en caer ante los hechizos de Koichi. Lo admiraban bastante en ese sentido, además de que Koichi era su maestro en el arte de la seducción. Gracias a los consejos del joven, Kaito logró conquistar a la mujer con la que estaba casado, y Hayate tenía una linda noviecita en tierras aledañas. Todo gracias a las enseñanzas de Koichi. Pero claro, el poder del alumno no podía compararse al del maestro. Las puertas detrás de Hayate y Kaito se abrieron.
— Hola, Koichi-sama. ¿Listo para irse a casa? — preguntó Hayate, mientras disimuladamente miraba a Asuka. La muchacha tenía la mirada baja, y podía notar que sus orejas estaban rojísimas. Kaito y Hayate se sonrieron.
— Sipi, Hayate-kun. Gracias por haberme esperado. — y, agachándose un poco para susurrarle a Asuka, agregó: — Gracias, Asuka-chan. Nos veremos en la mañana. — Hayate se golpeó la frente con la palma de la mano, mientras Kaito le sonría burlonamente. Koichi había utilizado el "Asuka-chan", y también LA voz sexy que ninguna mujer podía resistir. Kaito había ganado la apuesta. — ¡Andando! — dijo volviendo a su actitud de niño tonto.
— ¿Cómo sigue Koichi-sama? — preguntó Kaito a Asuka en susurro.
— Bien…Tiene algo de fiebre, así que cuídenlo. No vaya a ser que haga algo….tonto…— la muchacha no aguantó más: se metió a la casa, y cerró la puerta tras de sí. Kaito levantó la ceja, mientras una sonrisa pícara se asomaba por su rostro. Así que Koichi había utilizado la fiebre como pretexto para hacer quién sabe qué, ¿cierto? Sí, su Koichi-sama sí que sabía aprovechar el momento.
Asuka estaba apoyada a la puerta cuando los tres Oniwabanshuu se marchaban para su casa. Sentía la cara roja, y su cuerpo le suplicaba un poco de aire, así que se desajustó un poco su kimono. Koichi no sólo parecía sexy, ¡ERA SEXY! Todo en él la había fascinado: sus ojos, su cabello, su porte fuerte y, más recientemente, sus labios, que sabían exactamente qué lugares besar. Asuka acarició su cuello, sus mejillas y sus labios. Necesitaba un baño urgentemente. Uno laaaaaargo y frío. Cuando comenzó a caminar por el pasillo, exclamó lo que quería decir desde el primer beso que Koichi le dio:
— Gracias a Dios por la fiebre.
/
Ya había pasado muuuucho tiempo. Koichi y Asuka formalizaron una relación que duró sus buenos 2 años, y parecía que el siguiente paso a dar era el matrimonio. Todos estaban verdaderamente emocionados con esto. Los empleados de Asuka estaban felices al verla tan radiante, y los Oniwabanshuu amaban tener de vuelta a un Koichi alegre y bromista.
— ¡Vainilla! — dijo Koichi con alegría. Asuka lo mantenía en tratamiento, así que pocas veces se fiaba del té que ella le preparaba, porque bien podría ser esa espantosa medicina que, por razones que él no entendía, le había salvado la vida. Esa dulce vainilla…Bueno, casi…. — ¿Asuka-chan?
— ¿Sí, Koichi?
— ¿Este té tiene azúcar? — Asuka puso los ojos en blanco. Seguro que Koichi era el único adulto en toda la faz de la tierra que amaba tanto las cosas dulces.
— Sí, claro: dos terrenos de azúcar, como a ti te gusta. — Koichi miró la taza de té con algo de pesar. Estaba convencido de que Asuka era LA chica indicada. Después de todo, ella pudo comprender la tristeza que sentía cuando casi pierde la vida. Lo había sanado, le había hecho compañía, y verdaderamente lo escuchaba. Él confiaba en ella. Si algo lo molestaba, podía contar con los brazos de Asuka para sentirse a salvo. Era una sensación que jamás había sentido con otra muchacha. Pero quizá, porque la conoció en un momento en el que él estaba muy inestable, obvió algo muy importante: ¿Asuka lo conocía realmente? Koichi puso la taza de té sobre la mesa.
— ¿Asuka-chan?
— ¿Sí, Koichi-kun? — el tono de voz de Koichi le decía a Asuka que algo no estaba bien. Se escuchaba triste, y eso no le gustaba nadita.
— ¿Qué tanto me conoces? — Asuka tragó saliva. Esa era la pregunta del millón. Hayate y Kaito ya se lo habían advertido: Koichi terminó sus relaciones con las otras chicas cuando éstas se enfrentaron a esa condenada pregunta. Ninguna le dio las respuestas que él esperaba escuchar.
— Creo que soy la persona que mejor te conoce en el mundo. — contestó ella mientras se sentaba al lado de Koichi. El ninja la miró con los ojos bien abiertos. Sí, esa respuesta era correctísima. Ella era la que mejor lo conocía en todo el mundo. Pero, ¿lo conocía por completo?
P/ ¿Debería beber en fiestas, sí o no, y por qué? — Asuka tragó saliva. El cuestionario había comenzado.
R de Asuka/ No, porque te podría dar una recaída.
R correcta/ No, porque no soy tolerante al alcohol.
P/ ¿Cuántas veces me he roto los brazos?
R de Asuka/ Eeehhhhh…. ¡16!
R correcta/ 16
P/ ¿Qué tan seguido me enfermo?
R de Asuka/ …..¿En serio le preguntas eso a tu doctora?
R correcta/ ... Válida cualquier respuesta que mi doctora dé
P/ ¿Cuál es mi platillo favorito?
R de Asuka/ ……¿El azúcar?
R correcta/ Sopa misou. El azúcar es el número 2.
P/ ¿Qué es lo que detesto más en todo el mundo?
R de Asuka/ Estar sano: detestas el té que te está salvando la vida.
R correcta/ La gente que se mete con los Oniwabanshuu y les hace daño.
P/ ¿A quién amo más en el mundo?
R de Asuka/…………….
Asuka sabía la respuesta a esa pregunta, pero tenía miedo de responderla. Le hubiera encantado decir: "Yo, yo soy la persona a la que más amas en el mundo", pero sabía que eso no era cierto. Siempre había alguien más en la mente de Koichi, y no era ella. Se sentía ridícula por los celos que sentía, y responder a esa pregunta sólo revelaría lo mal que estaba. Había fallado en la última prueba. Lo sabía, pero no estaba enojada con Koichi. Había llegado amarlo a él, no sólo a su apariencia. Koichi era un hombre dulce, con un corazón de oro, que verdaderamente merecía ser feliz. Y si para eso él tenía que dejarla, pues entonces lo aceptaba. Sólo quería que Koichi conociera la verdadera felicidad, así ésa estuviera junto a ella o junto a alguien más. Tanto así lo amaba.
Koichi miró con tristeza cómo Asuka se quedaba sin habla. Ella en realidad no lo sabía. No podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero aún así lo haría. Si Asuka no era la indicada, pues entonces debería dejar las cosas así como estaban. Sería lo mejor para ambos.
— "Y yo que estaba seguro de que ella era la persona a la que más amaba en todo el mundo".
/
Asuka y Koichi estaban sumidos en un profundo abrazo. Ese era el adiós. Ambos lo sabían. Koichi estaba sorprendido de lo bien que se lo había tomado Asuka. Ella en verdad era una muchacha dulce, que deseaba de corazón que Koichi fuera feliz. El ninja ya comenzaba a retractarse de la decisión que había tomado.
— Cuídate mucho, Koichi-kun. — Asuka pasó su mano por los mechones de Koichi. Se sentía fatal al saber que esa sería la última vez que podría sentir ese cabello tan sedoso y ese calor tan masculino.
— Tú también, Asuka-chan. — Koichi no quería que esa fuera la última vez. Pero ya antes había sentido eso cuando rompió con otras chicas y a la larga sabía que eso había sido lo mejor. Debía confiar en su instinto. Koichi se levantó, mientras se preguntaba qué haría de ahora en adelante. Estaba a punto de marcharse, cuando Asuka lo tomó por la manga. En el fondo, esperaba que Asuka le pidiera que no la dejara, que era un error, para así poder quedarse junto a ella. Quizá, si ella le argumentaba porqué estaba a punto de cometer la estupidez más grande de su vida, él recapacitaría. En verdad que los hombres son tontos…
— Koichi-kun, viaja a Kyoto. — Koichi levantó una ceja. Esas no eran las palabras que él esperaba escuchar. En lugar de pedirle que se quedara, le pedía que se marchara. — Creo que debes ir a buscar a la persona a la que más amas en todo el mundo. Estoy segura de que si vas a Kyoto, encontrarás información acerca del paradero de tu hermano.
— Asuka-chan…— Koichi abrió los ojos de par en par, y sintió cómo la boca se le secaba. Asuka sí que lo conocía bien. Lo conocía incluso mejor de lo que él se conocía a sí mismo. Cuando recordó su amor hacia su hermano, se dio cuenta que era más fuerte que el cariño que le tenía a Hayate, a Kaito, a Asuka, o incluso a él mismo. Su hermano era la persona a la que él más amaba, y no se dio cuenta de ello hasta que Asuka se lo dijo.
— Y, si no lo encuentras, sabes que aquí siempre serás bien recibido, ¿cierto? No sólo por los Oniwabanshuu, sino también por mí. Lo sabes, ¿verdad? — Koichi se gritaba así mismo "IDIOOOOOOOTA" por dentro. Pero ya había echado la suerte, y debía confiar en sus instintos. Era lo que siempre había hecho.
— Gracias, Asuka-chan. Adiós. — Asuka tragó saliva mientras soltaba la manga de Koichi.
— Adiós, Koichi-kun. — el muchacho ya estaba saliendo de la habitación, cuando decidió devolverse y terminar las cosas tal y cómo las empezó. Se detuvo frente Asuka, y ésta esperaba que él cambiara de opinión. En lugar de ello, Koichi se arrodilló y le dio un largo y cálido beso en la frente. Asuka lo entendió. Con un beso como ése fue cómo comenzaron las cosas, y así tenían que terminar. — Sayonara, Shinomori-san.
— Sayonara, Takei-sensei. Arigato.
/
— Uy, pero qué golpe…— Koichi escuchaba la voz de un niño. Quería abrir los ojos, pero sentía que si lo hacía se le saldrían de la cabeza. Después de todo, le dolía como los mil demonios.
— Aoshi-sama, creo que se le pasó la mano.
— Aa. — dijo Aoshi. Ya estaba harto de que se lo repitieran. ¿Qué culpa tenía él de que Koichi fuera tan debilucho y no soportara un golpecito? Y para colmo, él terminó cargando a Koichi hasta el Aoiya. ¿Que nadie notaba que él también estaba cansado? No había comido, bebido ni dormido en tres días, y había tenido que luchar contra unos matones. ¿Y por qué? Por culpa del pelmazo de su hermano, pero él terminaba siempre pagando los trastos sucios. En más de una ocasión se sintió tentado en preguntarles quién los cargaría a él y a Koichi si terminaba desmayándose por cansancio, pero nuestro ninja, como buen cubo de hielo que es, prefirió quedarse callado. — Pero se lo merecía. — dijo Aoshi en un susurro que sólo uno logró escuchar.
— Pues entonces bájame, imbécil. — ordenó Koichi mientras se incorporaba por su cuenta.
— Cuidado, Koichi. — dijo Sanosuke mientras ayudaba al gemelo a mantener el equilibrio. — El golpe en verdad fue fuerte.
— Además de que has estado débil por ese resfriado que traías desde Hokkaido. — dijo Kenshin. — Sin mencionar que pasaste la última noche en un río. — Koichi se masajeó las sienes mientras aceptaba la ayuda de Sanosuke. Asuka hubiera agarrado a golpes a Aoshi por haberlo noqueado de esa manera, pero ella no estaba ahí. Eso le dolía. La extrañaba profundamente. De repente las puertas del Aoiya se abrieron, para dar paso a unas Okon y Omasu con los ojos agradecidos.
— "Bueno, al menos éstas nos estaban esperando". — pensó Aoshi al ver la alegría de las kunoichi por ver que el grupo ya había vuelto.
— ¡Koichi-sama! — lloraron ambas mientras se lanzaban a los brazos de Koichi. — Lo extrañamos mucho, ¿está bien? Se ve pálido. — Aoshi miró con un tic nervioso a ese par. ¿Que no era él el que estuvo perdido por tres días, sin agua ni comida? Deberían haberlo estado esperando a él, no a ese inepto de Koichi.
— Estoy bien, sólo algo cansado.
— Pobrecito. — dijeron ambas y, como si recordaran porqué Koichi y los demás estuvieron fuera, preguntaron: — ¿Encontraron a Aoshi-sama, o aún sigue perdido? — Aoshi levantó una ceja indignado. ¡Si ambas le pasaron a la par cuando se lanzaron sobre Koichi! Ni siquiera lo habían notado.
— Ah, ahí está…—dijo Okon, sin darle mucha importancia a Aoshi, pero mimando a Koichi. — Uy, ¿y ese chichón? — preguntó la kunoichi mientras miraba el golpe que nuestro querido Aoshi le propinó a su hermano. Koichi no respondió, pero Okon conocía esa actitud: era la misma de cuando Koichi y Aoshi eran niños, y el mayor de los gemelos no quería acusar a su hermano.
— Bueno, mejor pasemos adentro. — dijo Omasu. — Tenemos comida para todos ustedes.
— "Al fin. Comida." — pensó Aoshi. Pronto llegaron al comedor y, como todo el universo gira alrededor de Koichi, los otros miembros de la casa se tiraron al mayor de los gemelos para preguntarle cómo se sentía, y si había algo que podían hacer por él. El colmo es que le dijeron que ya le habían preparado el baño, la ropa limpia, y su platillo favorito. O sea, Aoshi era completamente ignorado.
— Gracias, pero tengo sueño. — dijo Koichi mientras sonreía cansado. Lo único que deseaba era dormir. Él podía comer en la mañana. De nuevo sentía esa tristeza que estuvo a punto de matarlo hacía unos años, y creía que durmiendo se animaría un poco. El sueño que había tenido le recordaba lo mucho que extrañaba a su preciosa Asuka. Aún no entendía porqué la seguía necesitando tanto. ¿Sería posible que su instinto se equivocó?
— Está bien. — dijo Megumi. — Además quiero revisarlo. No vaya a ser que ese resfriado se le complique. — Koichi se fue a su habitación (o sea, a la habitación de Aoshi) seguido de Megumi. Todos suspiraron aliviados de que Koichi ya estuviera en casa, y eso sólo indignaba más a Aoshi. Ya estaba harto. Era como si en verdad no importara si él estaba bien o no. Tenía hambre, y nadie le ofrecía comida. Tenía frío, y nadie le ofrecía ropa limpia. Cierto que él nunca había sido el tipo más popular de la casa, pero al menos no lo ignoraban y lo atendían por mero respeto. Pero con Koichi en la casa, era imposible obtener comida o un cuarto en el pudiera dormir tranquilo.
— Oh, Aoshi, muchacho, ¿dónde te habías metido? — preguntó Okina, haciendo que todos recordaran que sí, Aoshi existía.
— "Bueno, al menos Okina sí se acordó de mí".
— Tuviste muy preocupado a Koichi-sama, así que deberías--— Okina y los demás contuvieron la respiración al ver un pequeño tic nervioso en el ojo de Aoshi. Fue por una milésima de segundo, pero parecía que algo malo estaba a punto de suceder. Mejor guardaban silencio y distancia. Ninguno entendía muy bien a Aoshi, y era mejor acatar toda señal de peligro. ¿Qué podía ser más peligroso que un tic nervioso que denotaba cierto estado de demencia en un hombre que puede cortar el aire con la mirada y con las espadas?
— Buenas noches. — dijo Aoshi mientras daba media vuelta para irse a su cuarto. Comería en la tarde del otro día….a no ser que a Misao se le volviera a olvidar llevarle su té al templo. Por el momento, iría a dormir.
— Aoshi, espera. — pidió Okina. El viejo, a pesar de sentir un poco de temor, necesitaba hablar con Aoshi. Era necesario. Se estaban acercando a la habitación de Aoshi (y Koichi), cuando escucharon a Megumi sollozar.
— Tranquila, Megumi-sensei. — dijo Koichi en un susurro. — Debe prometerme que no le dirá nada a nadie, ¿de acuerdo?
— Pero…
— Sin peros. Sé que los doctores hacen votos para mantener la privacidad de sus pacientes, y esto en verdad es privado.
— Koichi-sama. — Okina entró en la habitación. Desde hacía unos días que notaba que Koichi en verdad actuaba raro, y eso de que Megumi estuviera llorando no le hacía mucha gracia. — ¿Está todo bien?
— De maravilla, Okina. — dijo Koichi. Él ya estaba acomodado en el futon y con ropa limpia. Megumi se restregaba los ojos.
— Con permiso. — dijo mientras salía con la mirada baja. Okina estudió la situación. No entendía nada, pero en ese momento necesitaba hablar con Aoshi y con Koichi.
— Koichi-sama y Aoshi, necesito hablar con ambos. — Aoshi levantó una ceja. El tono de Okina decía que quería hablar de algo importante. Aoshi cerró la puerta tras de sí, y se acomodó para escuchar lo que el viejo tenía que decir. — Koichi-sama, ya he hablado esto con Aoshi, pero creo justo que usted también lo sepa. De hecho, quiero que me haga este favor.
— ¿Ah sí? ¿Y de qué se trata?
— Se trata de Misao. — Aoshi sintió que el alma se le salía del cuerpo.
— "¡Demonios! Va a pedirle que sea el prometido de Misao".
— Koichi-sama, como sabrá mi pequeña Misao ya no es tan pequeña. Ya es hora de que se case.
— ¡Uy, genial! Mi-chan ya está toda grandecita, así que seguro va a ser una excelente esposa. ¿Quién es el afortunado? ¡Espera!, no me digas. — Koichi se volteó a Aoshi y, con una verdadera sonrisa, dijo: — Ya sé, tiene que ser Ao-chan. ¿Quién más si no él?
— Bueno, usted…— dijo Okina. La mente de Koichi se puso en blanca, y un gran y potente Tiiiiiiiii….se escuchaba en su cabeza.
— ¿Perdón?
— De todos los Oniwabanshuu, usted es el mejor. No hay ninguno que lo pueda igualar. Por eso quiero pedirle que tome a mi Misao como su esposa. — Koichi abrió la boca de par en par, y luego se volteó a Aoshi.
— ¿Ao-chan? — Aoshi no sabía qué hacer. Koichi le estaba dando la oportunidad para negarse, pero las palabras no salían de su boca.
— Cuídala bien. — dijo al final. — Y si eso era todo, entonces me voy a comer. — Aoshi no esperó respuesta y salió de la habitación. Estaba enfurecido con Okina por haberle pedido a Koichi que fuera el esposo de Misao; estaba molestísimo con Koichi por ser tan perfecto y amado por todos, y estaba cabreado consigo mismo por no poder decir lo que en verdad deseaba.
— Okina…—dijo Koichi, sin saber por dónde empezar. — ¿Yo? Digo, ¿no es muy raro? — Okina le sonrió y negó con la cabeza.
— No se preocupe, Koichi-sama. Usted sólo hágame este pequeño favorcito. Ya verá que es por el bien de Misao.
/En Hokkaido/
— ¿Qué? ¿A todos?
— Bueno, no: algunos están en la cárcel. Pero los demás sí están muertos.
— ¡Uy, qué babosos! — dijo la muchacha al escuchar las noticias de los trabajadores a los que Koichi había dejado ir. Estaba triste por la muerte de sus empleados, pero al mismo tiempo estaba molesta con ellos por haber intentado traerse a Koichi por la fuerza. Si hubiera sido alguien más el que mató a sus trabajadores, lo estaría odiando con todo su corazón. Pero no a Koichi. Ella lo amaba profundamente, y era capaz de perdonar cualquier cosa que el ninja hiciera.
— Asuka-san, perdone que se lo diga, pero estos idiotas no tenían porqué meterse con los Oniwabanshuu.
— Sí, lo sé, Kaito-kun. Yo nunca quise que las cosas salieran así. — la muchacha se levantó, y parecía prepararse para algo
— ¿Qué va a hacer?
— Pues es obvio: si la montaña no va hacia Mahoma, Mahoma va hacia la montaña. — y, tomando aire, dijo: — Iré a Kyoto, y buscaré a Koichi-kun yo misma. Tengo que darle esto. Además — y esto lo agregó con algo de pereza—, alguien tiene que sacar a mis empleados de la cárcel, así que mejor voy alistando las maletas.
