- Gracias... -con una sola palabra, traté de decir todo, pues fue lo único que salió de mi boca.
Henry sonrió.-Volvamos.- Extendió una mano indicándole el camino, esperando caballerosamente a que pasara para comenzar a caminar tras ella.
Tras mi huída y pensar un poco, me regañé a mí misma por haberme ido así, sobretodo cuando había pensado en hacerle cosas así a Collins. Así que bajé a la entrada de castillo esperando a que entraran.
Negué con la cabeza antes su gesto. Me coloqué a un lado de él, puse mi mano sobre su hombro y le dije:
- Al mismo paso -Nick se acercó y vi a Kailen en la entrada del castillo. ¿Habría presenciado algo?
-Está bien.- Dijo Henry y comenzó a caminar a su lado, me vio y saludó con la mano, devolví el gesto.
- ¿Mejor? -preguntó Nick, caminando a nuestro lado.
- Eso parece -le contesté, también levantando el brazo para saludar a Kailen. Nícolas miró y le hizo un pequeño gesto con la mano. Eso me subió un poco más el ánimo.
Devolví los tres gestos de saludo y sonreí, esperé a que se acercaran, parecían todos de un mejor ánimo. Suspiré en mi interior.
Cuando llegamos con Kailen, me di cuenta de que estaba atardeciendo. Mi estómago rugió al instante y me reí por lo bajo. - ¿Vamos a cenar? -les pregunté un poco sonrojada.
-¡Al Gran Comedor!-alcé el puño y exclamé. Reí un poco, Henry también rió. Comencé a caminar hacia allá mientras en el camino iba subiendo mis calcetas, las cuales por alguna razón siempre se me bajan, me pregunté si habría un hechizo que haga que a las personas se le estén cayendo como a mí.
Ninguno de nosotros mencionó nada sobre lo que pasó aquel día. Pasaron los días, con bastantes deberes (parecía que el profesor Snape olvidaba que teníamos más materias que la suya). Y... llegó el banquete de Halloween.
Llegó Halloween, uno de mis hermanos me envió dulces ya caducos, inspirada por eso fui a la cocina donde ya había entrado un par de veces y pasaba el tiempo conversando con esas curiosas criaturas llamadas elfos domésticos. Preparé unas cuantas golosinas de chocolate con su ayuda y fui en la mañana feliz al comedor a repartirlas con mis amigos.
Esa mañana, Kailen nos regaló unos deliciosos chocolates, que al parecer, ella había hecho en las cocinas.
- Cocinas bien -le dije, con un chocolate a la mitad en mi mano y la otra en mi boca. Nick asintió casi imperceptiblemente sin darse cuenta.
Sonreí ante sus comentarios y no pude evitar reír al ver a Henry todo batido de chocolate, él también río. Planeábamos ir a clases y luego a jugar un poco frente al lago, pero olvidé algo en el salón de defensa contra las artes oscuras, así que regresamos al salón y entré a buscar lo que había olvidado. Ni siquiera recordaba qué perdí pero sabía que era algo.
- ¿Qué olvidaste, Kailen? -le dije, mientras me recargaba en el marco de la puerta. Ella iba de un lado a otro. Desafortunadamente, Nick no iba con nosotros, en su rostro había algo de desdén cuando le dijimos que no teníamos clase. Él tenía todavía, pero le dije en un susurro que podía alcanzarnos después. Mi amiga iba de un lado a otro, buscando...
- No tengo idea.-Buscaba por todo el salón, Henry se había quedado fuera del salón por el olor a ajo, tiré por accidente unas notas del profesor Quirrell. Las recogí y solamente logré que distintos papeles se desparramaran por todos lados.
- Entonces... ¿cómo te ayudamos? -entré para revisar cada asiento, esperando encontrar algo fuera de lugar.
-Ahorita lo encontraré.-dije acomodando las cosas de nuestro profesor, algo me llamó la atención.- Oye Clary ¿qué es la piedra filosofal?
Cuando Kailen habló, yo estaba debajo de una mesa. Escuché ese término y me levanté rápido, sin recordar dónde estaba y me golpeé en la cabeza. Sobándome, me acerqué a ella.
- ¿Por qué? ¿Dónde lo has visto?
-En las notas del profesor Quirrell, se me cayeron por accidente.-Le mostré la hoja donde se leía esa palabra y había algo dibujado allí, junto con algunas palabras que no entendí. Por fín encontré lo que había perdido, una goma.
- Interesante... -miré la hoja que Kailen me mostraba. Ahí estaba todo lo relacionado con la piedra: Nicolas Flamel, el Elixir de la Vida...- No entiendo qué hace el profesor Quirrell con esto. No tiene nada que ver con Defensa contra las Artes Oscuras. Es muy extraño -seguía viendo la hoja con el ceño fruncido, sin dejar de repasar todos los apuntes de la hoja y no olvidar ningún detalle.
Percibí un pensamiento aislado y me asusté, le quité la hoja y dejé todo en su lugar, la jalé y nos escondimos bajo una mesa en ese momento el profesor entraba dando largos y pesados pasos directo a su escritorio. Tomó sus notas y salió, solo entonces salimos de nuestro escondite.
La miré extrañada y no pude dejar de hacerlo, aún después de salir de abajo de la mesa.
- ¿Cómo supe que el profesor venía?
Oí que Clarissa hablaba pero no puse atención, aún distinguía palabras sueltas del profesor, palabras como "trampilla", "fuego", "inmortalidad". Ya que dejé de escucharlo reaccioné y la vi.
-Perdona, me distraje ¿qué dijiste?-sonreí mientras caminaba hacia la puerta junto con ella. Henry nos vio salir.
- No importa. Olvídalo - tal vez sólo había sido una coincidencia.- ¿Vamos al lago entonces?
Asentí y comencé a caminar feliz de la vida cuando percibí de nuevo unos pensamientos ya conocidos. Me detuve en una esquina y sigilosamente me asomé, allí estaba Collins andando con una amiga suya. Henry me miró y se asomó también.
-¿Tomamos otro camino? -sugirió. Noté algo distinto en nuestro "enemigo", negué y seguí andando.
Collins nos miró y nos dedicó una extraña sonrisa, continuó su camino, me detuve y me quedé viendo como se apartaba, era confuso. No entendí sus intenciones.
Miré la sonrisa de Collins y ladeé la cabeza. Era extraño, como tan extraño era lo que Kailen acaba de hacer, como tan extraño que el profesor tuviera aquellas notas. Y con mis pensamientos confundidos, salimos del castillo. Ellos iban adelante de mí, platicando.
Me subí a un árbol en cuanto llegamos a nuestro lugar de siempre y me colgué quedando de cabeza, miré a Clarissa, estaba pensativa, no quise husmear, además de que no sabía muy bien cómo hacerlo conscientemente.
-¿En qué piensas?-le dije.
- En los apuntes del profesor Quirrell -decidí mencionar una de las cosas que había en mi mente, creí que la menos importante. El lago comenzaba a congelarse puesto que el frío se hacía más crudo conforme pasaban los días.
-Ah sí, ¿qué es la piedra filosofal?- recordé los pequeños fragmentos de pensamiento que había atrapado, Henry comenzó a pensar en varias cosas.-¿Nicolas Flamel?...¡ah! en un cromo de chocolate decía algo de que Flamel había participado en la creación de la piedra filosofal o algo así ¿no?
-Sí, Nicolás Flamel es un gran alquimista y es el que conoce el secreto de la inmortalidad.
- Exacto. La piedra filosofal fue creada por Nicolas Flamel, hace ya bastante tiempo. Muchos alquimista de aquel tiempo lo intentaron pero fracasaron. Él fue el único. Con ella creó el Exilir de la Vida, capaz de volverte "inmortal". Junto a su esposa, la han bebido y hace poco cumplieron unos quinientos años de vida, si no me equivoco. Por eso, considero extraño que el profesor Quirrell esté investigando sobre ella. Es muy, muy extraño.
-Tal vez le interesan esas cosas.-dijo Henry
-Tal vez quiere ser inmortal y tratará de hacer la suya él solo...trampilla...fuego...inmortalidad.-las últimas palabras las dije en voz baja pensando un poco.- O tal vez quiere robarla.-Dije más para mí misma que para ellos.
Desvié mi mirada del lago y la dirigí a ella.- Lo dirás de broma, pero es posible, Kailen. Muchas personas han ambicionado la piedra, pero tengo entendido que él y Dumbledore la tienen guardada en un lugar seguro. Supongo que sería muy difícil robarla. Además, no creo que el profesor Quirrell sea de ese tipo de magos, ¡sólo míralo en las clases! -a pesar de que me quería mostrar incrédula a tal idea, algo en mí lo consideraba.
-En todo caso si quisiera robarla no estaría dando clases aquí sino donde pudiera vigilar la piedra.-dijo Henry mientras comía dulces.
-¿Y si está en el colegio? ¿Hay algún lugar con fuego aquí?-pregunté cada vez más interesada y curiosa en el tema.
- Bueno, hay muchas maneras de protegerla además del fuego. Sólo conozco dos lugares completamente seguros: Gringotts y Hogwarts. Sería lógico que estuviera aquí, pues el profesor Dumbledore es el director y amigo de Flamel, podría hacerle ese favor. Pero Gringotts... -mi voz fue desvaneciéndose, al recordar algo que había visto en el diario El Profeta.-Ah...yo ni enterada. En fin, vamos adentro comienzo a sentir entumida la nariz.
-¿Qué hay con Gringotts?- Henry y yo la mirábamos esperando respuesta, yo cada vez más intrigada, Henry esperando que no se nos ocurriera alguna cosa peligrosa como ir a investigar.
- Hace varios días -dije, pausadamente, tratando de recordar bien- Nícolas leía el Profeta, yo estaba a un lado de él y decidí espiar. La noticia de primera plana era el robo a una cámara de Gringotts. Lo que alcancé a leer decía que afortunadamente se habían llevado el contenido antes. Y si... ¿la cámara guardaba la piedra filosofal y quién la haya sacado supuso que estaba en peligro? -los miré.
Me caí del árbol, justamente sobre Henry, me senté y me quedé pensando.
-Entonces puede que esté aquí en Hogwarts lo cual solamente la acercaría más al profesor Quirrell si es que por alguna extraña razón él la estuviera buscando.-dijo sobándose.
-¿Y si él convenció al profesor Dumbledore de que la piedra estaba en peligro? Así lograría acercarse más a ella.
- Ambos podría tener razón, pero insisto, ¿para qué la quiere? No parece una persona ambiciosa, que quisiera vivir por siempre. Es tartamudo y creo que no tiene familia. ¿De qué le serviría? -no podía pensar en el profesor Quirrell como un mortífago o algo así.
-Avaricia tal vez...por ejemplo, mis hermanos la buscarían para ser inmortales y gobernar el mundo...-reí un poco.- Yo solo querría vivir un poco más para conocer más cosas. O...tal vez esta enfermo y esa puede ser una solución.-Eso fue lo más amigable que se me ocurrió, pero en sus pensamientos no había ese algo de tristeza o autocompasión que tenían las personas con enfermedades graves y posiblemente mortales.
- No, no, no. Sigue sin convencerme. Tendría que haber una razón realmente fuerte para robarla. Casi todas las enfermedades tienen cura en el mundo mágico, así que esa posibilidad podría descartarla. Sólo que fuera un mortífago, pero no tiene el aspecto de... -comencé a hablar sin darme cuenta de lo que decía.- Bueno, se supone que El-que-no-debe-ser-nombrado desapareció, pero pensar que es uno de sus sirvientes y necesita el profesor la piedra para alguien más que no sea él. Es muy tonto, en realidad. Prácticamente imposible, diría yo.
-¿Qué es un mortífago?- me sonaba conocido el término pero no lograba ubicar de donde. Comenzó a hacer frío, metí mis manos en mi chamarra. Henry prefería vernos hablar que responder a mis preguntas.
- Los mortífagos era, o son, los aliados de El Señor Tenebroso. Cuando él pretendió ascender al poder, varios magos se le unieron y se hicieron llamar mortífagos. Pero son personas muy despiadadas. Además de que el director Dumbledore no habría dejado entrar a un mortífago a Hogwarts, aunque... -puso mi dedo sobre mi barbilla y miré el pasto.
-¿El Señor Tenebroso?
-¿No pones atención en clase de historia?-preguntó Henry ante tan obvia pregunta. No, la verdad no ponía mucha atención en esa clase, me provocaba más dormir, saqué mis conclusiones de los pedazos de pensamientos que atrapaba y reí como si hubiera bromeado.- Bueno, en todo caso es problema del profesor Quirrel en lo que se mete ¿no?
Ignoré a Henry y sin dejar de mirar el pasto, le respondí a Kailen.- El Señor Tenebroso fue un mago muy poderoso que manejaba magia muy, pero muy oscura. Y fue derrocado por un niño, prácticamente un bebé. Ha pasado mucho tiempo de eso, el chico aquél entró a Hogwarts este mismo año y ha sido el centro de atención desde que llegó.
-¿Ah, sí? Ni enterada. En fín, ¿entramos? ya se me entumeció la nariz.
-Sí, está bien, entremos -nos levantamos lentamente, pues todos estábamos agarrotados del frío.- Podemos ir al Gran Comedor a calentarnos un poco y esperar a Nick para comer.
-Ok- Tomé a Shasta en mis brazos y comencé a caminar junto a ellos. Henry estaba más callado de lo normal. Miré el cielo, nublado, seguramente pronto comenzaría a nevar, sonreí, me gusta la nieve.
Nick no llegó a la comida. Me extrañó mucho, pero supuse que nos alcanzaría en el banquete de Halloween que se celebraría más tarde. Estuve en compañía de mis amigos y cuando terminamos, nos fuimos a la biblioteca para adelantar algunos deberes, pues queríamos disfrutar el banquete.
Ni hice tarea, me quedé dormida sobre ella, mágicamente ya estaba hecha cuando desperté, solo tenía que pasarla a mi letra; como agradecimiento le di un chocolate extra a Henry, quien nada más sonrió. Luego de un rato fuimos a la cena.
Cuando llegamos al banquete, Nícolas ya estaba en la mesa de Slytherin. Me vio y me hizo un gesto para que me acercara, además de saludar a mis amigos.
- Me voy, ahí está Nick -les dije y corrí para sentarme junto a él.
Caminé hacia la mesa de Hufflepuff pero Henry tomó mi brazo y me llevó con él hasta la mesa de Slytherin para saludar a Nícolas, no tenía idea de qué andaba pensando. Saludé con un gesto de la mano al primo de Clarissa y dije un simple "hola". Noté una mirada y miré a su dueño, era Collins, me sonrió y saludó con la mano, me escondí tras Henry, él siguió platicando.
Henry y Kailen me siguieron. Nick también le dijo hola a Kailen y sonrió. Después, Kailen se escondió detrás de Henry, volteé para saber por qué y descubrí la falsa sonrisa de Collins.
- ¡Hola Collins! Feliz Halloween -y le sonreí.
-Hola Clarissa.- le sonrió, me miró de nuevo.- Kailen, quisiera hablar contigo para disculparme por mi anterior comportamiento.
No salí de detrás de Henry y lo miré fijamente para ver que pensaba pero había tantos pensamientos en el comedor que no lograba identificar los suyos. Nerviosa miré a mis amigos y por último a Nícolas, como si él pudiera decirle algo que lo callara. Henry tomó mi muñeca.
-Será luego Collins, debemos ir a nuestra mesa.
-Vamos, no tardaré.-sonrió, era la mejor de sus sonrisas falsas pues casi parecía real.
- Collins, el banquete está a punto de comenzar. Después -le dijo Nícolas al ver la mirada de Kailen. Ese chico no puede ser más falso, pensé mientras lo fulminaba con la mirada. Claro, a él no le iba a importar, ni por lo que hice con las serpientes, se asustaba un poco de mí. Suspiré.
-Entonces nos vemos mañana pequeña Kailen, en el desayuno, yo te busco no te preocupes. Que tengan buen provecho.-Y regresó a la plática con sus amigas.
Tomé la mano de Henry, les deseé una buena cena a Nick y Clary, jalé a mi amigo hasta nuestra mesa. Después de un rato terminé olvidando lo ocurrido y comencé a divertirme con amigos de mi casa.
- Collins no se trae buenas intenciones y lo sabes, Nick -le dije a mi primo, vigilando brevemente a su amigo para saber qué se traía entre manos.
- Lo sé, Clary.
Collins sabía que lo estaban viendo así que simplemente siguió platicando con sus amigas y amigos. A la mitad de la cena, la puerta se abrió y entró corriendo estrepitosamente el profesor Quirrel.
-¡Un troll!- gritaba.-¡Un troll ha entrado! -de pronto se desplomó, hubo silencio un par de segundos y de pronto se armó el pánico.
¿UN TROLL? Era muy extraño que un troll entrara al castillo. En medio del ajetreo, Nick condujo a todos los alumnos hacia las mazmorras. Pero no pude dejar de pensar en el troll. Sólo podía entrar de una manera. Alguien lo había dejado entrar... Busqué a mis amigos entre el gentío y ellos me devolvieron la mirada.
Tanta gente y tanto pánico me aturdió. Henry tomó mi mano y me condujo hasta Clary, entre tanta gente no se lograban distinguir casas ni quién era quien, no había mucho orden y todo mundo nos empujaba y jalaba. Empecé a sentir ansiedad, los pensamientos me estresaban y me costaba trabajo no soltar la mano de Henry. Los profesores acudieron a ver al supuesto troll.
-¿Estás bien? -le preguntó Henry una vez que llegamos con ella, alguien me empujó y casi me suelto de él.
- Creo, ¿y ustedes? -miré la cara de Kailen.- Bueno... parece que ella no muy bien. Creo que deberían irse a su casa. Ese troll no entró por si solo, alguien lo metió... -cada vez sentía que recibía más empujones.
-Está bien, vete a la tuya también. Con cuidado.
Me sentí aturdida y mareada, empecé a tararear una y otra vez la misma canción, cerré los ojos y me aferré al brazo de Henry.
La palabra "Cuídala" se quedó en mis labios. El mar de gente los arrastró hacia el extremo contrario. Yo busqué a Nick, lo encontré y lo seguí. Me angustiaba un poco Kailen, pero sabía que Henry la cuidaría bien. Me puse a un lado de Nick.
- Ese troll no entró por su cuenta, ¿verdad? -le pregunté esperando que me oyera entre el pánico de los alumnos.
- Si, los trolls son muy tontos. Alguien lo dejó entrar... -arrugó la frente, preocupado.
En mi cabeza rondaba el asunto de la piedra filosofal y el profesor Quirrell. ¿Y si lo del troll tenía algo que ver? La sacudí para despejar mis pensamientos y continué mi camino.
No sé bien cómo llegamos a la sala común, había sacado todo de mi mente hasta que dejé de pensar en algo que no fuera la canción. Al reaccionar un preocupado Henry me observaba, sonreí, la cabeza me dolía mucho y tenía ganas de vomitar.
-El profesor Quirrel fingió todo.- dije sin saber exactamente de qué hablaba, Henry me miró, no supe qué dijo.-Iré a dormir.-caminando chueca me dirigí al dormitorio, él me acompañó hasta donde pudo, tras una palmada en su hombro subí a dormir.
Toda la noche estuve inquieta. Mis pensamientos no dejaban de atormentarme, algo en ellos me decía que había una relación, que debía haber esa relación en la que había estado pensado. Además de que había mucho alboroto en la sala común y en mi habitación. Las chicas sólo hablaban del asunto. Mañana veremos qué sucedió.
Al otro día me sentía muy cansada pero mi mente estaba completamente bloqueada a los pensamientos de otros. Bajé a la sala común y acompañada de Henry fuimos al Gran Comedor. Aún permanecía el dolor de cabeza, pero no era nada fuera de lo común.
Nick y yo bajamos juntos a desayunar. Al entrar al Gran Comedor, vimos a Henry y Kailen. Lo jalé de la manga y llegamos a la mesa de Hufflepuff, como ellos lo habían hecho el día anterior.
- ¡Buenos días! No tienes buena cara, Kailen. ¿Estás bien? -ladeé la cabeza.
Los miré y sonreí, negué y luego asentí.-Estoy cansada y con dolor de cabeza pero bien.
-No está bien, desde anoche está rara pero no quiere ir a la enfermería.-Intervino Henry, lo miré feo, no me ha gustado nunca que me atiendan doctores o enfermeros.
- Él tiene razón -dijo Nick en voz baja. Lo miré.
- Bueno... sí, deberías ir a la enfermería. Podemos acompañarte -le sonreí.- Es muy diferente a los hospitales muggles. Si es que eso te asusta.
-No me gusta ningún tipo de doctor, médico, enfermero ni nada...me cuido sola desde los siete. Estaré bien, esto me pasa seguido.-Sonreí restándole importancia aunque sabía que no funcionaría.
-Ve, igual y descansas de clases.-dijo Henry.
- A mí sí me gusta la idea de saltarme clase. ¡Dos horas de Pociones! Creéme, en mi caso sería genial -reí un poco.- Pero está bien. Esperemos que se te pase. Vamos a desayunar, Nick. Nos vemos donde siempre -me despedí, Nick sólo movió la cabeza y me siguió.
No entendí bien cómo pero terminé en la enfermería, durmiendo y mirando por una ventana. La señora Pomfrey me dio una poción sabor cereza para el dolor de cabeza y estrés. Dijo algo sobre que estaba cargando demasiado estrés y sobrecargándome; no era algo que no me hubiesen dicho ya antes. Fue un día tranquilo y relajante, aunque aburrido también.
Salí de la mazmorra donde se impartía Pociones con los ojos cansados y me fui al lago a buscar a mis amigos, pero no los encontré. Me sorprendió. Ellos deberían de estar ahí, ¿por qué no estaban?
El gato de Henry estaba en el pasto tomando el sol donde siempre estábamos, cuando Clarissa pasó frente a él, la siguió y le maulló, cuando ella volteó se lamió los bigotes y corrió un poco de regreso al castillo, a medio camino volteó para ver si lo estaba siguiendo.
¿El gato de Henry? Lo seguí. ¿Qué hacía él solo por ahí? Supuse que me llevaría hasta donde mis amigos estaban. Entramos al castillo.
La guió hasta la enfermería y se tiró a un lado de la puerta a lamerse las patas. Henry lo había mandado por ella ya que no lo dejaba ir porque lo tenía jugando un juego de mesa muggle conmigo y no quería que le ganara. Cuando vi a Clarissa entrar la saludé con un gesto de la mano.
¿La enfermería? Ay, Kailen... Entré y en efecto, ella estaba en la cama jugando con Henry. Seguramente había recaído por su dolor de cabeza. La saludé y me senté a la orilla de la cama.
- ¿Cómo te sientes?
-Tengo hambre y he estado aburrida pero ya mejor.-Sonreí y le gané a Henry, me reí, él solamente bufó, reí otro poco.-Al ratito ya podré irme, sin duda me gusta más esto que los hospitales muggles con sus sueros, tubos y jeringas.
- Te dije que era diferente. Bueno, si la señora Pomfrey te deja salir en menos de una hora, podremos ir al Gran Comedor a comer por lo menos el postre -sonreí.
-¡Postre! Henry llama a la enfermera para que venga a decirme que ya me puedo ir ¿si?-sonreí "dulcemente", él se rió, me despeinó y fue a buscarla.- Cuando en casa me daban dolores fuertes me llevaban con un doctor que me mandaba montones de pastillas...es horrible, también estuve una vez internada casi un mes, con sueros, jeringas...es horrible.
- Tal vez no sea el momento, pero quería decirte algo que viene dando vueltas en mi cabeza -miré hacia la puerta.- Pienso que lo del troll de ayer no fue un mero accidente. Los trolls son tontos y no pudo haber entrado sin ayuda. Y tengo la ligera sensación de que se relaciona con la Piedra y el profesor Quirrell. ¿Tú qué piensas?
Me quedé mirando el edredón.-El profesor Quirrel lo inventó, alguien confrontó al troll, la piedra estaba más libre... un monstruo protegiéndola...-dije monótonamente, recordando algunos de los fragmentos de pensamiento que había logrado despejar anoche.- ¿Sabes qué pasó con el troll?- despegué la mirada de la colcha.
- Al parecer tres chicos de Gryffindor fueron tras el troll y lograron salir vivos -ladeé la cabeza.- ¿Cómo es que sabes tantas cosas? Como aquel día que el profesor Quirrell casi nos descubre viendo sus apuntes -no dejé de mirarla.
Agaché la mirada, jugué con mi cabello, no sabía cómo explicarlo bien, además de que no había leído en ningún lado que eso fuera algo común entre los magos. -Es como...no sé cómo explicarlo, yo...tengo como que la habilidad de saber qué piensa la gente, por eso muchas veces termino en el doctor, por tantos que hay...algo así. -No quería contarle realmente, pero tarde o temprano lo iba a saber.
- ¡Ah! ¡Legeremancia! -le dije sonriendo.- Bueno, no exactamente, pero si lo practicas, podrías llegar a desarrollar la Legeremancia. Sí, pensaba que podía ser algo así. ¿Puedes hacerlo a voluntad o sólo cuando estás rodeada de muchas personas? -miraba constantemente a la puerta.
-No tengo idea, siempre escucho fragmentos de lo que todos piensan, hay pensamientos que son más fuertes que otros y son los que entiendo, o puedo seleccionar uno...pero hay días como anoche que son simplemente demasiados...y hay días como hoy que sólo me oigo a mí misma.-Estaba aliviada, al parecer era algo relativamente normal o al menos conocido.
- Todo lo que necesitas es práctica, dominar tu poder al cien. Creo que sé quien te puede ayudar con eso... -en ese momento la puerta de la enfermería se abrió y Henry llegó acompañado de la señora Pomfrey.- Seguimos con esto después -le dije en un susurro y me levanté de la cama.
Henry nos esperó fuera mientras la señora Pomfrey terminaba de darme el permiso de salir de allí y me hablaba sobre cuánto debía dormir, comer y cosas así. Asentía a todo lo que decía, en cuanto me dejó ir, salí feliz de la vida.
-¡A comer!-dije mientras alzaba un puño y mis tripas sonaban. Henry sonrió.
Nos separamos al entrar al Gran Comedor. Nick comía tranquilamente en compañía de la prefecta. Me senté a su lado y al instante llegó Vi a platicar conmigo. Más tranquila porque el dolor de Kailen había pasado y una de mis dudas se habían resuelto, pude disfrutar de los manjares que había en la mesa.
