Debo aclarar que esta historia NO me pertenece; es de KokoroBlack, ella me concedió su permiso para amoldarla a un Sasusaku. Así como los personajes tampoco; ya que son de Masashi Kishimoto.

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Negocio Placentero

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Capítulo VII –Disputas matrimoniales

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Sakura POV

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Estaba segura de que había engordado tres kilos en cuatro días, gracias a Shizune, el ama de llaves de Sasuke. La mujer estaba tan contenta de verlo casado de nuevo que no había dejado de guisar en toda la semana. Y cada vez que yo intentaba ayudar en la cocina, ordenar la sala o limpiar el polvo, me echaba de la habitación y me decía que fuera a pasar el tiempo con mi nuevo esposo.

Eso no era tan fácil como sonaba.

Shizune estaba empeñada en que me sintiera como en casa, pero Sasuke no parecía igualmente dispuesto. Ante el espejo del dormitorio que compartía con mi esposo, contemplaba el reflejo de la enorme cama que había tras de mí. Ese era el único lugar en el que sentía como si Sasuke se alegrara de mi presencia.

-Al menos le gusta tenerme en su cama –mascullé, intentando centrarme en lo positivo.

Al menos había pasión y conectábamos de vez en cuando, aunque solo fuera de forma física.

-Lamentable, Sakura, lamentable –moví la cabeza y eché un vistazo a mi imagen. Debía admitir que no parecía una mujer fatal. Con pantalones de mezclillas gastados, botas y camiseta azul, parecía una vaquera más que una recién casada. Llevaba el pelo recogido atrás en una coleta.

Había tenido grandes esperanzas con respecto a nuestro trato, pero Sasuke estaba resultando más difícil de manejar de lo que había creído. Parecía empeñado en mantener las distancias y en que nuestra relación fuera lo más superficial posible, a pesar de que estábamos casados y vivíamos juntos.

Abrí las puertas que daban a la terraza y salí. El cielo matutino era de un color azul intenso, pero se veían nubes de tormenta acumulándose sobre el océano. Pensé que era una metáfora perfecta para describir mi matrimonio.

Hacía casi una semana desde nuestro regreso de Las Vegas y era como si la breve "luna de miel" no hubiera tenido lugar. Apoyé ambas manos en la barandilla y curve los dedos sobre el hierro templado por el sol. En cuanto llegamos al rancho, Sasuke se había encerrado en sí mismo. Había sentido como si hubiéramos sido una pareja durante el par de días y noches que pasamos en Las Vegas. Pero era como si Sasuke hubiera pulsado el botón de apagado y volviera a ser el recluso de los últimos cinco años. Apenas lo veía durante el día y siempre estaba distante, aunque cortés. Solo se abría a mí… durante la noche.

Entonces era el hombre con el que siempre había soñado. Se entregaba y recibía. Cada vez era mejor que la anterior. De hecho, el sexo era increíble. Nunca había disfrutado igual. Pero si lo único que compartíamos era sexo, tal vez no hubiera nada mas entre nosotros por lo que mereciera la pena luchar.

-Sigue así, Sakura –mascullé-. Deprímete.

Entrecerré los ojos contra el sol y observe a Sasuke caminar con pasos largos hacia el establo. Una vez se lo tragaron las sombras, suspiré, preguntándome que estaría haciendo, que pensaría. No hablaba conmigo. No compartía sus planes para el día. No me permitía saber lo que le pasaba por la cabeza. Era como si fuera un huésped en el rancho, una invitada que pronto se iría.

Se me escapó otro suspiro. Apoyé los codos en la barandilla y estudié la banda de oro que lucía en el dedo. No era una invitada, era su esposa. Al menos, de momento.

Hasta que me quedara embarazada.

Esa era la razón de que siguiera utilizando el diafragma. Un pinchazo de culpabilidad me aguijoneo. Admití para mi misma que lo que estaba haciendo no era justo, técnicamente hablando. Pero estaba dispuesta a arriesgarlo todo por la oportunidad de alcanzar el amor verdadero. Incluso si eso implicaba que Sasuke descubriera mi estratagema algún día. Si llegaba el caso, confesaría y esperaría que lo entendiera.

Todas las noches él se esforzaba por dejarme embarazada, sin duda para poner fin al matrimonio y enviarme de vuelta a casa. No tenía ni idea de que estaba saboteando el trato que yo misma había propuesto.

-Sakura, esto podría ser mucho más difícil de lo que habías previsto –pensé que, incluso podría ser imposible. Pero no iba a rendirme tan pronto.

Ya antes de la boda había tomado la decisión de seguir utilizando el diafragma. Quería un bebé, el bebé de Sasuke. Pero también quería la oportunidad de que Sasuke deseara seguir conmigo cuando acabara el trato. Necesitaba tiempo para que se acostumbrara al trato. Necesitaba tiempo para que nos acostumbráramos el uno al otro. Tiempo para que el comprendiera que podía haber algo muy especial entre nosotros.

Tiempo para que se enamorara de mi.

Era un riesgo, sin duda. Pero si no conseguía mi objetivo, habría merecido la pena.

Mientras mi mente recorría esos caminos ya tan trillados, vi un deportivo rojo acercarse hacia la casa. Antes de que pudiera preguntarme quien sería el visitante, otro vehículo tomó la carretera que llevaba al rancho: un enorme remolque de caballos, llegaron a la casa y se detuvieron.

Un hombre alto y guapo bajo del deportivo rojo y me echo un vistazo antes de hablar.

-¿He de suponer que esa entusiasta recepción no es para mí?

Sonreí al hermano de Sasuke. Naruto era agradable y tranquilo. Siempre dispuesto a reír. Mi vida habría sido mucho más fácil si me hubiera enamorado de él. Por desgracia, cuando lo miraba no sentía una descarga eléctrica, solo admiración femenina por un excelente ejemplar del género masculino.

-Hola, Naruto. Me alegro de verte –señalé el remolque-. Han llegado mis caballos.

-¿Un remolque de caballos te importa más que yo? –Naruto se apoyo en la parte delantera de su coche-. Debo de estar perdiendo mis dotes. He venido a ver a mi nueva cuñada y a darle la bienvenida a la familia.

Sabía que Naruto e Itachi conocían las verdaderas circunstancias de mi matrimonio, pero Naruto había ido a darme la bienvenida, por breve que fuera, a la familia Uchiha. Casi deseé besarlo por eso. Me acerqué y lo abracé.

-Gracias. Te lo agradezco de verdad.

Él me estrechó entre sus brazos y bajo la cabeza para mirarme a los ojos.

-¿Cómo va todo, Sakura-Chan? ¿Ya te está sacando Sasuke de tus casillas?

-No del todo –sonreí, agradeciendo su comprensión.

-Dale tiempo –Naruto me guiñó un ojo. Después su sonrisa se desvaneció-. Sakura-Chan, quiero que tengas cuidado, ¿de acuerdo? No quiero verte sufrir y…

-¿Por qué estas abrazando a mis esposa, Naruto? –bramó Sasuke, saliendo del establo.

-Porque es de lo más abrazable, ¿no crees? –dijo Naruto con tono divertido, dándome otro apretón. Me guiñó un ojo antes de soltarme.

Sasuke tenía el rostro tenso y los ojos entrecerrados. Deseé poder creer que estaba celoso, pero presentía que era la imprevista visita de Naruto, no el abrazo, lo que lo irritaba.

-¿Qué haces aquí? Le preguntó Sasuke a su hermano.

-Hola a ti también, hermano –contestó Naruto. Miré a mi esposo e intente controlar mi inmediata respuesta física. Mi cuerpo se encendía al ver a Sasuke. Si miraba a Itachi o Naruto, veía hombres guapos, bien hechos y con mucho encanto, pero nada más. Sin embrago, si miraba a Sasuke sentía un revoloteo de mariposas en el estomago y mi pulso se disparaba.

A pesar de que su carácter gruñón y su tendencia a rechazar a cualquiera que amenazara con acercarse a él, lo amaba. Sabía que bajo su coraza seguía estando el tipo que me había llevado a casa cuando había caído del caballo a los dieciséis años. Dentro de Sasuke seguía estando el héroe que me rescató en un baile del instituto, cuando mi acompañante intentaba propasarse conmigo.

Al mirarlo no solo veía el pasado, sino también el posible futuro. El amor que había ocultado durante años seguía vivito y coleando. Más me valía que Kamisama me ayudara. Tomé aire y esperé a que me mirara.

-Mis caballos están aquí – dije.

-Ya lo veo –echó un vistazo al remolque que estaba aparcando junto al corral-. ¿Por qué?

-¿Qué quieres decir? –No había esperado esa reacción.

-Es una pregunta fácil, Sakura –cruzó los brazos sobre el pecho y abrió las piernas, como si se preparara para una batalla-. ¿Por qué están aquí? ¿Por qué no los has dejado con tus padres?

Lo mire fijamente. Estaba enfadado porque había trasladado a mis caballos.

-Porque ahora vivo aquí –contesté.

-Temporalmente –dijo

Eso sí que era un golpe directo.

-Por Kamisama, Sasuke –Naruto se situó a mi lado, tomando claro partido por mí.

-Esto no es asunto tuyo, Naruto.

-Tiene razón, Naruto –apreciaba el intento de ayuda, pero tenía que ocuparme del asunto yo misma-. Es algo entre Sasuke y yo.

Fui hacia mi esposo, cuya mirada habría podido agriar la leche solo con mirarla.

-Sasuke, estamos casados. Vivo aquí. Trabajo con los Gypsy todos los días. No es nada conveniente tener que ir al rancho de mis padres todos los días para hacer mi trabajo.

Sasuke siseó entre dientes y miró a Naruto de reojo antes de volver a centrarse en mí. Era obvio que tenía mucho que decir al respecto, pero no le interesaba tener a Naruto como testigo.

Agarró mi brazo y me llevó hacia el establo, para alejarme de su hermano.

-No tienes que simular, Sakura. Ambos sabemos que este matrimonio no es real.

Otro dardo que dio en el centro de mi corazón. Pero ni en sueños permitiría que él lo notara. Si quería que Sasuke me viera de verdad, tenía que enfrentarme a él. Hacerle saber que no iba a permitir que me ignorara, aplacara o pisotease.

-Te equivocas –afirmé-. Este matrimonio es muy real –alce la mano izquierda y agite el dedo en el que lucía la alianza-. Estamos legalmente casados, Sasuke, el tiempo que dure.

-Sé que es legal, pero no es un matrimonio normal, ¿verdad? –soltó mi brazo.

-¿Qué matrimonio es normal, Sasuke?

-Estas malinterpretando mis palabras a propósito –resopló él con frustración.

-Las interpreto de maravilla –dije, clavando la punta del dedo índice en su pecho-. Quieres simular que no estoy aquí. Solo quieres verme en el dormitorio. Pues olvídalo. Estoy aquí y no pienso irme a ningún sitio de momento.

-Eso lo sé –miró a Naruto y bajo la voz-. Solo digo que no tiene mucho sentido desenraizar a tus caballos. Además, aquí no hay sitio para ellos. Por no mencionar que podrías haberme hablado del tema antes de organizar el traslado.

Por mucho que lo amara, no iba a permitir que me tomara por tonta.

-En este rancho hay sitio más que suficiente para mis caballos, Sasuke. Ni siquiera utilizarías el corral delantero y el establo está medio vacío.

-No se trata de eso…

-Tú acabas de hacer que se trate de eso. Además –me apresure a continuar-, sabias que trabajo con caballos a diario.

-No pensé que…

-¿Qué? –Mis ojos se agrandaron y agité las manos en el aire-. ¿No pensaste que trabajaría con ellos aquí? ¿En el lugar donde vivo? –Bajé la voz un poco y me acerqué a él-. ¿Qué pensabas, Sasuke? ¿Tal vez que me quedaría encerrada en el dormitorio, esperando tus atenciones? Dije que quería un bebé, pero también tengo una vida. Y no estoy dispuesta a renunciar a ella.

-Podrías haberme dicho…

-Tal vez, si. Pero como había caído en la cuenta de que tendría que comentar cada una de mis decisiones contigo para obtener tu aprobación.

-No he dicho que…

-¿Qué has dicho entonces? –casi estaba disfrutándolo. Sasuke parecía desconcertado y confuso; eso era mucho mejor que la indiferencia. Al menos estaba mirándome y hablando conmigo. Tal vez desconcertarlo fuera la solución.

-De acuerdo –se frotó el rostro con gesto impaciente-. No voy a discutir sobre esto.

-Ya es tarde para eso.

-Si quieres tener aquí a los malditos caballos, de acuerdo.

-Oh –me lleve una mano al pecho-. Muchas gracias.

-Estas empezando a irritarme de verdad, Sakura –me advirtió él, tensando la mandíbula.

-Bien –dije, sonriéndole. Si lo estaba irritando, estaba atravesando sus defensas-. Me alegra saber que puedo hacerte sentir algo.

Me daba la vuelta para alejarme cuando él agarro mi brazo y me hizo girar. Antes de que pudiera protestar, me besó.

Capturó mi boca con un beso hambriento que me dejo temblando. Después me soltó y dio un paso atrás como si le sorprendiera lo que había hecho.

-Ten cuidado con lo que deseas, Sakura. No todos los sentimientos son bonitos.

Me llevé una mano a la boca, me froté los labios y alcé la vista hacia él.

-Incluso esos son mejor que no sentir nada.

-Ahora eres tu quien se equivoca –dijo él. Señalo el remolque con la cabeza; el conductor acababa de bajar de la cabina-. Ve a acomodar a tus caballos.

Me dio la espalda y se alejó sin volver a mirarme.

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Sasuke POV

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Fui hacia la parte trasera del establo, donde había construido una pequeña oficina en lo que antes había sido un cubículo mas. Me senté tras el arañado escritorio que solía utilizar mi capataz. Me alegre de que no estuviera ahí.

Naruto apareció en el umbral apoyo un hombro en el poste y me miró.

-¿Disfrutas comportándote como un asno?

-Lárgate –apoye una bota en la esquina del escritorio y cruce las manos sobre el estomago.

Aun sentía el sabor de Sakura y eso no era bueno. No había pretendido besarla. Pero me había pinchado hasta que fui incapaz de controlar la necesidad de tocarla.

Desde que habíamos vuelto de Las Vegas, había hecho lo posible por no pasar tiempo con ella. Si me mantenía lo bastante ocupado y seguía mi rutina habitual, casi podía imaginar que no vivía ahí, que nada había cambiado en mi vida.

Pero cada tarde, mi mente empezaba a centrarse en ella. Mi cuerpo empezaba a anhelarla. Y todas las noches la buscaba como un hombre en llamas.

No había contado con eso. No había esperado que la presencia de Sakura me afectara. Se trataba de un negocio; un trato más entre muchos.

Sin embrago, ella estaba introduciéndose en mis pensamientos y en mi vida con una fuerza que me inquietaba en gran medida.

-Sakura-Chan se merece que la traten mucho mejor.

Entoné los ojos y le lancé a Naruto una mirada que debería de haberlo frito como un rayo. Por supuesto, Naruto ni se inmuto.

-Lo que hay entre Sakura y yo es privado, entre ella y yo –afirmé.

Naruto entró en el despacho y quitó mi pie del escritorio de un manotazo antes de sentarse. Arqueó una ceja y esbozó media sonrisa.

-Te está afectando.

-No –mentí-. Ella no me afecta.

-Podría, si se lo permitieras.

-¿Por qué iba a hacer eso? Mis dedos se tensaron hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

-Deja que conteste con otra pregunta. ¿De verdad te gusta vivir como un maldito monje? –Exigió Naruto-. ¿Disfrutas encerrándote en este rancho? ¿Alejando a todo el mundo menos a Itachi y a mí?

-No me encierro –dije, controlando un destello de ira-. Estoy trabajando. El rancho exige mucho tiempo y…

-Eso cuéntaselo a otro –interrumpió Naruto-. Yo también crecí aquí. Se cuanto tiempo requiere. ¿Acaso no vi a papá dirigirlo año tras año?

-Papá no tenía los planes que tengo yo.

-No –acepto Naruto con amabilidad-. Papá además tenía una vida.

-Yo tengo una vida.

-Después de ver ese beso, adivino que al menos tienes la oportunidad de tenerla –Naruto sonrió-. Si no la fastidias.

-¿Hay alguna razón para que hayas venido aquí hoy? –Lo taladré con la mirada-. ¿O solo pretendes ser el consejero familiar?

-Admito que lo de ser el consejero me atrae, pero si he venido por una razón –Naruto se puso de pie y metió las manos en los bolsillos del pantalón negro-. Voy a llevarme uno de los jets de la familia a Hong Kong durante un par de semanas.

-Buen viaje –me levante-. Pero, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

-Solo quería que lo supieras. Hay una aerolínea que está haciendo cosas interesantes. Voy a ver que averiguó sobre su proceso.

-¿Y porque cuando tú trabajas para los jets está bien, pero cuando yo me concentro en el rancho soy un recluso?

-Porque… -Naruto sonrió- yo tengo tiempo para las damas. No vivo y muero por los aviones, Sasuke. Ahora que has vuelto a casarte, quizá sea hora de que recuerdes que la vida no se reduce a este maldito rancho.

-Conoces el porqué de mi matrimonio. No le des más importancia de la que tiene.

-Eso no implica que no pueda funcionar. Para los dos.

-No me interesa.

-Solo porque Sakumi y tú… -calló al ver que enrojecía de ira-. Bueno. No hablaremos de eso. Aunque deberías…

-No necesito que me psicoanalicen.

-Yo no estaría tan seguro de eso –comentó Naruto-. Adelante, Sasuke. Entierra tu futuro por culpa de tu pasado –dio medio giro para señalar el corral que había ante el establo-. Pero esa de ahí afuera es una buena mujer. Demasiado buena para que la utilices y la descartes. Se merece más –al ver que no contestaba, Naruto siguió-. Diablos, Sasuke tú te mereces mas.

-¿No tienes ninguna azafata a quien seducir? -dije, para cerrar el tema.

-Desde luego que si –Naruto fue hacia la puerta y se detuvo en el umbral-. ¿Podrías hacerme un favor mientras estoy fuera?

-Depende.

-Intenta no ser tan teme a todas horas. Dale una oportunidad a Sakura-Chan. Date a ti mismo un respiro, ¿sí?

Me quede inquieto tras la marcha de Naruto. Pasé por el pequeño despacho, escuchando los sonidos que llegaban desde fuera. El ruido de cascos de caballo sobre metal, relinchos nerviosos y la risa jubilosa de Sakura. Me quede quieto, concentrándome en su musicalidad.

Sintiera lo que sintiera por Sakura, cuando se quedara embarazada pondría fin al trato. Fin al matrimonio. Ella se iría y yo seguiría con mi vida. A pesar de lo que parecía pensar Naruto, no había esperanza de futuro. Ya me había demostrado a mi mismo que no era de los que servía para casarse.

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Hola

Espero que el capitulo les haya gustado.

Agradezco mucho todos sus reviews.

Nos leeremos pronto.

Ranko Uchiha

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