Capitulo 7.
¿Que no podía esquivarle mientras estuvieran en casa de Bobby? Pues por lo visto, Dean estaba mas que dispuesto a demostrar que si se podía. Vamos. Faltaría más. Y lo consiguió… durante dos días. Al tercero, Bobby les cogio de un puñado a los dos, les puso un par de brochas y un montón de botes de pintura blanca en las manos y los coloco en uno de los laterales de la casa, ordenándoles que no se movieran de allí hasta que esa pared estuviera pintada entera. ¡Y con dos capas! Sam dio gracias a todo lo santo que existiera por poner a Bobby en sus vidas. Estaba claro que el viejo cazador se había olido que algo no andaba bien con los hermanos y había decidido ayudar a su manera. ¡Menos mal!
Dean refunfuño, gruño, maldijo en latín y en arameo y protesto por lo bajo durante dos horas… Cuando se canso de que Sam le ignorara se callo por fin.
- ¿Has terminado ya? – le pregunto el pequeño sin mirarle.
- ¿Qué?
- ¿Qué si has terminado ya de hacer de Reina del Drama, Dean?
- ¡Vete a la mierda! – gruño el mayor manchándole el brazo con la brocha llena de pintura blanca.
Sam parpadeo y se miro la franja blanca que ahora adornaba su brazo izquierdo y miro a Dean. El mayor le fulmino con la mirada, retándole a decir algo. Sam no dijo nada. Cogio su propia brocha, la remojo bien en pintura y dibujo una línea en el brazo del mayor, desde el hombro hasta la mano.
Dean se miro el brazo manchado. Miro a su hermano, volvió a mirarse el brazo, miro otra vez a Sam…
- ¡No puedo creerme que hayas hecho algo tan infantil! – exclamo finalmente. El pequeño ni se inmuto, con el rostro serio como si no pasara absolutamente nada, pero con un brillo divertido en sus ojos.
- ¡Has empezado tú!
- ¿Quieres pelea, niñato? – le reto el mayor. Sam reprimió como pudo una carcajada.
- Ok. Esta claro que no vamos a poder solucionarlo de otra manera. – ambos se quitaron las camisetas, aprovechando que hacia mucho calor y empuñaron sus brochas como si fueran espadas. - ¡En guardia, cretino!
- ¡Te voy a poner mas blanco que la cal, perra! – empezaron a darse brochazos como si fueran estocadas, pintándose y muertos de risa. Pronto las brochas acabaron en el suelo, olvidadas y se siguieron peleando a empujones y zancadillas. Dean empezó a hacer trampas cuando se vio perdiendo terreno y casi le pone a Sam un bote de pintura de sombrero.
A Dean le ardían las manos con cada golpe o empujón que le daba a su hermano. Era tocarle la piel y le quemaba. Aunque era un calor agradable, de esos que lo único que deseabas era quemarte en esa hoguera hasta no quedar ni las cenizas. Los leves empujones no eran suficientes. No estaba tocando piel suficiente. Necesitaba más piel, mas contacto. Por eso empujo a Sam hasta la pared recién pintada más próxima, sujetándole del pecho con una mano y apoyando todo su peso para inmovilizarle.
- Te voy a pintar de arriba abajo, enano. – le amenazo, riendo. Sam también río, forcejeando para soltarse. Los ojos del mayor se oscurecieron cuando la rodilla de Sam le rozo sin querer la entrepierna. Se tuvo que morder los labios para no emitir un gemido.
- Me pregunto como vas a hacer eso, si ya tienes las manos ocupadas agarrandome. – Dean sonrío torcido.
- Siempre queda el recurso de las esposas, ¿no? – contesto convirtiendo su voz en un susurro sugerente y acercándose peligrosamente al pequeño. Ambos tenían los ojos clavados en el otro, casi sin parpadear. Sam trago en seco y sintió su rostro arder.
- Hombre… es un buen recurso… - replico en voz baja también. El pequeño se lamió los labios. Dean había pegado casi todo su cuerpo sobre el de Sam y… ¡joder, que calor hacia! - ¿Dean?
- ¿Uhm?
- Si vas a besarme, hazlo ya, ¿vale? Que como se seque la pintura me voy a quedar pegado en la pared y a ver luego como me sacas… - el mayor soltó una risita y acerco el rostro un poco más.
- Eres un idiota…
- Cretino…
- Nenaza…
- Tarado…
- Perra… - mientras se insultaban, habían ido bajando la voz nuevamente hasta convertirla en un murmullo casi inaudible. Dean le rozo los labios. Una simple caricia y Sam adelanto el rostro para obtener más contacto. El mayor no se hizo de rogar y le beso. Besos cortos y tanteando terreno, saboreándose y amoldándose. Besos que les dejaban con ganas de mas.
Con un gruñido, el mayor se apretó aun mas contra el cuerpo y los labios de su hermano y le mordisqueo hasta que Sam abrió su boca invitándole a entrar. Invitación que Dean acepto gustoso, colando su lengua en la boca de su hermano que gimió al sentirle. Se besaron durante largo rato, olvidándose de todo a su alrededor… hasta de que estaban en casa de Bobby y de que se suponía que debían estar pintando…
- ¡¡Chicos!! ¿Os queda mucho? – al oír la voz del viejo cazador, ambos se separaron de golpe. Intercambiaron una mirada, jadeando para recuperar el aliento. Cuando Bobby llego al fin hasta ellos se quedo helado al verlos. Los dos hermanos estaban llenos de pintura desde la cabeza a los pies. De hecho, había mas pintura en sus cuerpos y en el suelo que en la pared, de la cual no habían pintado ni una cuarta parte. El cazador frunció el ceño. – Que os quede claro que esa pintura la vais a pagar vosotros… y cuando consigáis quitaros todo lo blanco de encima, os vais a llegar al pueblo y a comprar la que habéis tirado con vuestras tonterías y mañana volvéis a pintarme la pared entera… No es por nada, pero la silueta de Sam en la pared no me hace juego con las azucenas… ¿He sido claro? – gruño.
- Si, señor…
Sam se examino el cabello con ojo crítico en el espejo del baño del piso superior. Mientras se duchaba, se lo había enjabonado al menos cuatro veces, pero aun tenia mechones blancos por culpa de la pintura.
Suspiro, mirando su reflejo. Aun tenía los labios hinchados por el beso y la cara irritada por el roce de la barba de tres días de Dean.
El beso… joder, el beso… había sido un BESO con mayúsculas. Todavía le temblaban las piernas. Pero Sam aun se preguntaba como había sucedido eso, como habían pasado de jugar como siempre a estar besándose como si se acabara el mundo. ¿Qué había cambiado entre ellos esa tarde? ¿Qué había provocado ese cambio?
- No, joder, yo no he vuelto cambiado. – refunfuño Dean a su reflejo, secándose el pelo delante del espejo del bajo del piso inferior. Pero, entonces, pensó… ¿Qué había pasado en el patio?
El pensaba que Sam volvió diferente de la muerte, cuando Dean hizo el pacto. Volvió distinto. Algo no cuadraba en su hermano. Pero… si Sam había cambiado, y seguro que el pequeño fue al cielo o lo que fuera cuando murió… ¿Cómo de cambiado había vuelto el, que había estado en el Infierno? Si al menos recordara algo…
- Mejor que sigas sin recordar. créeme, Dean, no estas preparado para recuperar esos recuerdos ahora. – Dean casi rugió y miro por el espejo al ángel, que se encontraba sentado en la bañera, observándole con sus misteriosos ojos azules.
- ¡Hombre, Cas! ¡Cuánto tiempo sin verte! Empezaba a echarte de menos. – ironizo el cazador. Castiel arqueo las cejas.
- ¿Cas? ¿Qué confianzas son esas, Dean?
- Relájate, Cas. Siempre le pongo motes a todos los que me caen mal. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Suficiente. – Dean se termino de secar y se puso los calzoncillos, ignorando al ángel.
- Así que suficiente, ¿eh? Además de pluma, también tienes una vena pervertida…
- Mira quien fue a hablar. – Dean gruño y siguió vistiéndose. - ¿Por qué no me preguntas ya lo que quieres preguntarme, Dean?
- Odio que hagas eso, lo sabes, ¿verdad?
- Es útil con gente tan cabezota como tu. – contesto, encogiéndose de hombros. – Pregunta.
- Te odio.
- Lo se. Pregunta. – el chico se abrocho los vaqueros, sin dejar de mirar al ángel en el reflejo del espejo.
- Er… crees… o sea… sabes si… ¡mierda! – respiro profundamente, cerrando un instante los ojos. Cuando volvió a abrirlos, clavo nuevamente la mirada en el ángel. – Lo que me hicieron ahí abajo… me ha cambiado, ¿verdad?
- Si, pero no de la manera que tu crees. – contesto Castiel, después de meditar su respuesta un minuto.
- ¿De que manera, entonces? – Castiel suspiro, levantadose y se coloco detrás del cazador, poniéndole una mano en el hombro, donde aun se veía la marca de cuando le saco del infierno.
- Estas experiencias siempre cambian la forma de pensar de los humanos… eso es lo único que ha cambiado en ti, Dean. Tú forma de pensar, tus prioridades.
- ¿Te vas a poner en plan sicólogo conmigo, Cas? – el ángel soltó una risita.
- Solo digo lo evidente. Ya has empezado a darte cuenta de que es importante para ti. Cuando decidas ser valiente, podrás permitirte ser feliz de nuevo.
- ¿Valiente? Yo ya soy valiente. No le tengo miedo a nada. Salvo a volar, claro…
- Un hombre sabio dijo una vez… valiente es aquel que tiene miedo pero que se enfrenta y supera sus miedos. Aquel que no le teme a nada, es un irresponsable.
- ¿Y quien fue el lumbreras que soltó esa perla de sabiduría? – pregunto Dean, poniéndose una camiseta limpia.
- Ni idea. Pero queda bien.
Continuara…
