Como caso excepcional, he decidido colgar este capítulo a penas dos días después del anterior, porque creo que las lectoras lo merecen :) y porque ahora tengo un poco más de tiempo libre.

Por fin, la clave para cazar a Kaname, pero no viene sola...

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¡Espero que os guste!

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7- Lazo de Sangre

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Zero permaneció quieto, sorprendido, ante aquella nueva revelación.

Usar la sangre para cazar a un vampiro. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

Por supuesto, no confiaba en aquella pareja. A cada cual más extraña y maliciosa, Anne y Teressa Brown, las dos hermanas pariseñas, parecían llevar algún tipo de negocio sucio en aquel extraño escondrijo, bajo las grandiosas habitaciones del museo del Louvre. Desconocía exactamente en qué consistía este negocio, pero le daba la impresión que tenía mucho que ver con la información. Información para cumplir tus deseos; información para conseguir lo que quieres... información para atrapar a Kaname Kuran.

Mientras le fueran de utilidad, no tenía por qué matar a aquella vampiresa rubia, la que era supuestamente la autora del robo perpetuado hacía años en el museo, protagonista de muchas leyendas de las calles de París.

Si era una ladrona de verdad o no, no importaba. Ella podía tener la solución a su búsqueda.

- ¿La sangre? - preguntó él, indicándole a Teressa que se explicara.

Teressa, pero, estaba ocupada. Le había dado la espalda y revisaba ahora una estantería de madera en busca de algún libro en particular. Zero decidió no meterle prisas, y tanto él como la hermana mayor se quedaron callados, esperando, mientras ella murmuraba cosas como "seguro que está por aquí" y "vamos a ver".

No tardó ni dos minutos que extrajo un pesado volumen polvoriento de uno de los estantes superiores.

- Aquí lo tengo – dijo sonriente, mientras lo dejaba encima de la mesa de té – Esto es un libro de hechizos arcanos. Con ésto podemos solucionar tu pequeño probema.

Teressa empezó a pasar páginas y pronto se paró en un capítulo en particular.

- Lazos de sangre – leyó.

- ¿Qué son exactamente? - preguntó Zero, mirando las letras desconocidas.

- Son conexiones especiales – susurró Anne, cada vez más enfrascada en la idea que acababa de tener su hermana – entre vampiros.

Cuando un vampiro muerde a otro, la sangre de éste pasa a estar mezclada con la suya. Asimismo, partes de ese vampiro, o del corazón de él, pasan al otro a través de las venas. Cuando los vampiros son parientes, no tiene ninguna importancia puesto que la sangre ya está mezclada igualmente.

- Sin embargo – interrumpió Teressa, haciendo un guiño – Kaname-sama y tú no sois parientes de ningún tipo.

- ¿Y qué? ¿Me estáis diciendo que sólo por morder a un vampiro estoy conectado con él para siempre o algo así? - protestó Zero, irritado.

- No exactamente – negó Teressa – si fuera así más de uno tendría un problema. Pero tu condición es especial, Zero Kiriyu. O al menos, tu condición era especial cuando le mordiste, ¿no es así?

Zero la interrogó con la mirada. No sabía de qué estaba hablando, pero no le gustaba nada por donde iban los tiros.

- Cuando mordiste a Kaname-sama, ¿eras tú un vampiro completo?

- Claro que sí.

Teressa sacudió la cabeza y luego agarró a Zero por la camisa, acercándolo mucho a ella.

- ¿No eres un vampiro de nivel E, un vampiro de orígen humano?

Zero le sacó las manos de encima de un manotazo y dijo, con voz serena.

- Sí.

- Pero, vaya, no eres como los otros vampiros E, ¿no es así? No vas por ahí descuartizando a la gente y babeando, ¿verdad?

- No – Zero sintió ganas de abofetearla.

- Y... me pregunto, ¿por qué será? - el tono de Teressa empezó a pasar del reproche a la ironía - ¿Acaso bebiste la sangre del vampiro que te convirtió?

- No.

- ¡Vaya! ¿Y no deberías estar ahora pudriéndote de la sed, pequeño exhumano?

En cualquier otra circunstancia, Zero habría matado a aquella imbécil. Sin embargo, de pronto se quedó allí, viendo como su mundo se tambaleaba ligeramente. ¿Por qué no era una bestia asesina? ¿Por qué podía mantener una conversación perfectamente razonable con aquella gente sin intentar comérselas, a pesar de tener sed?

- ...Porque, señorito, ya no eres un vampiro de nivel E. O al menos, no te convertirás en un animal salvaje.

- ¿...Cómo es posible? - Zero preguntó, sin poder ocultar su sorpresa.

Anne, que hasta entonces había permanecido al margen, habló con suavidad.

- Porque su sangre corre por tus venas, chico. Ese vampiro te salvó la vida.

Hubo un intenso silencio.

- Eso no es posible – dijo él, enfadado.

- ¡Vamos, hombre! ¡Es obvio! - rió Teressa – Tú mismo sabes como funciona, ¡venga! Sabes como Kaname-sama te salvó la vida. Dínoslo.

- Él... - Zero ató cabos – Él mató a la vampiresa que me convirtió. A través de él... la sangre que necesitaba llegó hasta mí.

- Premio – exclamó Teressa, emocionada – No sólo fue eso, claro. Hubo un momento, hace poco, en el que te hiciste, de pronto, muchísimo más fuerte. Un momento en el que debiste recuperar tu fuerza original, vampiro. Lo que fuera que hiciste acabó con lo poco que quedaba de tu enfermedad. Ya antes estabas salvado, pero desde entonces eres un vampiro completo.

Cuando Ichiru se unió a mí – pensó él – Él también tenía la sangre de Shizuka en su interior.

Teressa parecía a punto de decir algo más, pero su hermana Anne le calmó y pidió un rato de tranquilidad para su "cliente".

- ¿Lo entiendes, Zero-san? - dijo ella, amable.

Zero no contestó. Intentó respirar con tranquilidad, porque aquel descubrimiento, aquella tontería, había dado un vuelco a toda su existencia.

No voy a convertirme en un monstruo.

No voy a matar a nadie.

Esos pensamientos no paraban de bombardearle la cabeza. Y de pronto uno, más claro que los otros, se hizo hueco:

No tengo por qué morir.

Sabía que aquellos pensamientos eran corruptos. Él, el gran cazador sin compasión, aquel al que se le había asignado la tarea de limpiar el mundo de chupasangres, pensando en sobrevivir.

¿Es que todo lo que había sufrido Yuuki no valía para nada?

- Lo entiendo. Aún así, no veo qué tiene que ver que yo me convierta en nivel E o no de importancia en el asunto de la sangre.

- ¡Mucha, en realidad! - dijo Anne – Como decíamos antes, es difícil crear un lazo de sangre, pero tu cumples todos los requisitos... Cuando ese vampiro te dio su sangre, Zero-san, de alguna manera te salvó la vida. Te convirtió en un vampiro nuevo.

- Entonces, ese lazo... ¿tengo yo uno con Kuran? - preguntó Zero - ¿Qué se supone que quiere decir eso?

- Es difícil decirlo... hay... poca información sobre ello – respondió Anne, con calma, y mientras se colocaba bien sus gafas, empezó a repasar con el dedo la página del libro que Teressa había sacado.

- No se moleste – interrumpió él – no me interesa el lazo. Me interesa la manera de encontrarlo. ¿Podéis hacerlo o no?

Teressa, ante esa muestra de brabuconería, sonrió.

- No sabes con quién estás hablando – dijo, y Zero intuyó que tenía razón - ¿Ni siquiera te interesa saber el precio? ¿O creías que somos un servicio gratuito?

Él permaneció en silencio un momento, y luego dijo que no.

- No tengo dinero. Pero pagaré lo que sea. Ahora o dentro de mil años – añadió, con una voz susurrante y fría.

Las dos hermanas asintieron a la vez. Había algo que les gustaba de aquel hombre.

- Estoy segura de que sí... - dijo Anne, mientras se levantaba – Dejaré que mi hermana decida la primera parte de tu precio, entonces. La otra... hmm... ya se verá. Lo que pides vale caro. ¿Te parece bien?

Zero asintió una única vez, y luego miró a Teressa.

- Tu primer pago será... - ella sonrió – mi compañía. Te voy a acompañar a buscar a ese hombre, Zero Kiriyu. Como tu pareja.

- ¿Qué?

- ¡Siento curiosidad! No puedo evitarlo. Tantas ánsias de venganza... deseo enfrascarme en tu historia, ex-humano. Además, hace unos meses que no salgo con ningún hombre.

¡¿Qué?

Zero la miró por si era una broma. Aunque parecía divertida por el gesto de Zero, Teressa Brown no tenía pinta de hablar en coña. Empezó a jugar con uno de sus rizos dorados y le miró inquisitivamente.

- ¿Aceptas o qué? En realidad, más que un precio es un regalo.

Zero se quedó con la boca abierta. ¿Regalo? ¡Pues ya se lo podía quedar!

Pero no podía decir que no a aquella oferta. Sabía que aquellas dos eran, sin duda alguna, peligrosas, y que podían ocultar mucho más de lo que aparentaban... pero no tenía más opción. No podía permitirse meses, o años, buscando a aquel perro.

Estaba desesperado. Y ellas lo sabían.

Vaya gracia.

- Está bien. Mientras no te interpongas – gruñó él – Sin embargo, si me molestas... no creas que he olvidado ni un solo momento que eres un vampiro.

- Estoy segura de que lo recuerdas muy bien, ex-humano.

- Todabía no me habeis dicho como encontrarlo.

Anne y Teressa se acercaron a él y se cogieron de la mano.

- Es fácil. Si tenéis un vínculo de sangre, lo único que tendrás que hacer es tirar de él.

- Muy fácil, hermanita.

Zero quiso preguntar cómo, pero, de pronto, las dos mujeres pronunciaron unas palabras de un idioma desconocido, y Zero quedó completamente paralizado, conteniendo la respiración. Pensó que tenía que pasar vez una luz fantasmagórica, tal vez un ruido como de terremoto o una sensación de hormigueo.

Nada. Un minuto y todo igual.

- Respira, tonto – regañó Teressa y, justo al acabar de decirlo, Zero volvió a la realidad e inspiró.

Se tambaleó hacia atrás, conmocionado.

En el aire que inspiraba había entrado, junto a los olores comunes de aquella estancia o de las mujeres o de la tierra, una esencia increible y poderosa que lo inundaba todo, igual que cuando tenía sed y sólo podía oler la sangre.

Pero aquel no era el olor de la sangre.

Era una frangancia exótica y abrumadora como ninguna otra, más fuerte que las flores y más cálida que qualquier ser vivo, como si a cada exhalación estuviera respirando el alma de alguien. La había olido antes y no la había olido nunca al mismo tiempo.

Le daba la impresión que acababa de despertar un nuevo sentido.

- Dios – susurró, incapaz de decir nada más.

- Tal como decía – dijo Teressa – el lazo de sangre... Guau, por tu cara parece que no tenías ni idea de lo que iba a pasar, ¿no?

Zero la fulminó con la mirada, aún respirando entrecortadamente.

- Me ha inundado por completo. El olor de Kuran.

Anne sonrió.

- Esa es nuestra magia. El lazo está ahí, Zero-san, sólo hemos tenido que forzarlo un poco. Tiene un inconveniente, claro, y es que ahora...

- Tendré su olor en mi cabeza siempre, imagino.

- Exacto – confirmó la comerciante-hechicera.

Pero él no se mostró nada deprimido por eso. Sonrió por primera vez delante de las pariseñas, y les enseñó unos colmillos enormes, como los de un león.

- Ahora puedo cazarte, Kuran.

Que empiece el juego...

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¿Qué os ha parecido? ¡Ahora empieza la auténtica persecución! Y Zero no parece dispuesto a dejar escapar al pobre vampiro de sangre pura... Para haceros la boca agua:

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- Los lobos están más agitados de lo habitual.

- Ésto no parece obra de un lobo, papá.

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Zero retomó la conversación como si tal cosa:

- Si te veo cazando... mientras viajas conmigo... te mataré – dijo, sin variar un ápice el tono de voz calmado.

La rubia rió suavemente.

- Tranquilo, ex-humano. No me verás.

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CAP 8: Un Buen Equipo

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¡Preparaos para ver a la gran Teressa en acción! Vigila, Zero, porque esta misteriosa vampiresa es una mujer de armas tomar... y por mucho que quieras tenerla bajo control, ¡no te lo va a poner nada fácil!

¡Dejas comentarios y muchas gracias por leer!

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Kahenia

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