VI

Caminé hasta quedar frente a la playa, el agua rozando los dedos de mis pies, la brisa soplaba con fuerza haciendo que abrazara mi cuerpo en busca de calor, tenía muchas emociones en mi mente no podía creer lo que mi madre acaba de decir, más que el simple hecho de que estuviese embarazada me dolía que no me había comentado nada, ni siquiera que lo sospechaba.

-Aome...- escuché su voz cerca de mi, apreté mis brazos más a mi cuerpo enterrando mis uñas en el vestido -Hija no te pongas así...- trató de poner su mano en mi hombro pero yo me moví para que no lo hiciera.

-¿Por qué no me dijiste nada?- no podía evitar estar molesta, mi madre y yo siempre fuimos el duo inseparable yo le contaba todo y ella a mi, pero lo últimos años había cambiado, podía perdonar cosas tontas pero aquello me pareció importante o tal vez simplemnete explotaron mis celos hacia Eric.

-Porque no quería preocuparte hija...no te había dicho nada pero hace unos años perdí a un bebé... tenía miedo de emocionar a todos y que pasara lo mismo por eso esperé hasta ahorita para anunciarlo- explicó tomándome por sorpresa con lo del aborto, me giré a verla unas cuantas lágrimas bajaban por sus mejillas.

-Mamá sabes que siempre puedes contar conmigo- le dije limpiando sus mejillas.

-Lo se hija es solo que Eric...- cortó su oración al darse cuenta de lo que iba a decir, ya habíamos tenido aquella conversación varias veces, ya no era el esposo de mamá, un rol que tuve rurante mucho tiempo, por lo que muchas veces como en aquel momento, me pegaba el hecho de que mamá compartiera las cosas con Eric y no conmigo.

-Entiendo...disculpa aún me cuesta a veces- le dije luego de un silencio tormentoso, me acerqué a ella y le di un abrazó sintiendo el gesto de vuelta, me separé de ella para terminar de limpiar las lágrimas que seguían cayendo -Basta, eso no puede ser bueno para el bebé- le dije haciendola sonreir -Ven vamos, la comida se nos va a enfriar.

Regresamos a la mesa tranquilamente, todos aliviados al ver mi sonrisa y cambio de humor, di mis disculpas y abracé a Eric felicitándolo. Mientras comiamos hablabamos sobre la mudanza, aunque aquel otoño me fuera a vivir a la universidad aún regresaría en los días festivos, la ventaja de vivir en Kiawah Island es que no tendriamos que viajar desde Atlanta hasta allá. Mamá y Eric habían encontrado una hermosa casa del otro lado de la bahía, a unos veinte minutos de casa de los abuelos, para mi sorpresa ya habían empacado todo y mañana llegaría la mudanza por lo que me tocaba trabajo al día siguiente. Realmente me impresionó su decisión de mudarse para acá, las trillizas y yo nos criamos sin problema en Atlanta pero claro ahora seríamos más aunque yo no estuviera, cinco hermanos, nunca pensé que podría tener una familia tan grande. El resto de la tarde estuvimos hablando y pasandola bien, Eric tenía fotos de la casa en su Ipad pero quería que fuese una sorpresa, nuestras suplicas fueron ignoradas. En cuanto al sexo del bebé sería revelado la próxima semana luego de un eco, sin embargo ya habíamos echo las apuestas, Opa, Ayumi y yo apostamos a que fuera niño y los demás que fuera una niña.

A eso de las 7:45 resiví un mensaje de cierta persona diciéndome que estaba saliendo de su casa, yo me encontraba en la cocina con Baba y Mamá limpiando los trastes mientras Opa, Eric y las trillizas se encontraban en la sala preparando un juego de mesa, rápidamente terminé mi parte de los platos y salí corriendo al baño a retocarme y cepillarme los dientes, noté la mirada de ambas mientras salía. Decidí cambiar mi media cola por una trenza la cual amarré con el broche dejando unos cabellos sueltos, al terminar busqué mi cartera marrón que había usado el día que llegué para ir a la fogata, metí lo necesario y salí a esperar a que Inuyasha llegara, mi familia ya se encontraba en la mesa listos para jugar Monopolio, todos me vieron sonrientes aunque sabía que detrás de aquellas sonrisas había un significado, picardia definitivamente.

-¿Nos dejas tan pronto?- preguntó Eric.

-Voy a salir con Sango y unos amigos a Billy's, vienen por mi- le respondí sonriente sentándome en el sofá que daba hacia la ventana.

-¿El amigo que te acompaño hasta acá va?- preguntó Baba inquisidoramente, yo la miré aguantando la vergüenza, mi abuela era un caso especial.

-Si, es el mejor amigo del novio de Sango- respondí aunque realmente no se porque dije lo demás.

-Lo hubieras visto hija, el muchacho es todo un galán- codeó mi abuela a mi madre haciendome sonrojar, mamá se giró a verme con las cejas erguidas.

-No es cierto, tus lentes debieron estar sucios Baba- dije tratando de defenderme.

-Sucios mis polainas, tengo a las chicas de testigo, ¿Cierto niñas?- mis tres bellas hermanas asintieron siendo complices de mi abuela, Eric y el abuelo simplemente reían.

-Es cierto mamá, era bastante alto- dijo Ayumi.

-Y fuerte- continuó Eri.

-Y apuesto- culminó Yuka.

-Pues al parecer es muy buen partido- comentó mi madre, yo ya estaba como un tomate -Deberías decirle que nos ayude mañana con la mudanza- sugirió muy inocente.

-¡No lo puedo creer vamos a conocer a un novio de Aome!- gritó Yuka haciendo que sus dos clones gritaran. Verán yo nunca llevé a chicos a casa, nisiquiera a mi "novio" de un mes.

-¡El no es mi novio!- grité defendiéndome, no que no me gustara la idea pero bueno ustedes entienden -A demás planeaba decirle a Sango que nos ayudara- continué tratando de restarle importancia a lo anterior.

-Pues maravilloso, mientras más manos mejor, es más dile a su novio y a este chico...¿Cómo se llama?- preguntó mamá.

-Inuyasha...- mascullé mirando por la ventana, ¿En dónde estaba el muy condenado?

-A Inuyasha que si gustan pueden ir a ayudarnos- continuó mi madre con una sonrisa. Iba a responder cuando el sonido de una bocina me alarmó, miré por la ventana y logré divisar con la poca luz del sol que quedaba a Inuyasha bajandose de una moto, New Triumph Bonneville para ser exacta, Eric le gustaba coleccionarlas en miniatura por eso logré identificarla. Kuroro lo recibía con ladridos.

-Bueno ese es él me voy- dije rápidamente huyendo a la puerta.

-¡Aome espera! ¿Puedes dormir en casa de Sango? Eric y yo planeabamos dormir en tu cuarto- escuché a mi madre decir mientras abría la puerta.

-¡Si claro no hay problema!- ya quería irme, me sentía nerviosa que en cualquier momento mi familia haría algo para avergonzarme frente a Inuyasha. Bajé las escaleras del porche a toda prisa hasta llegar a mi aventón que lucía peculiarmente bien, estaba recostado de la moto acariciando a Kuroro que se había parado en su regazo, en una de sus manos tenía un casco rojo, llevaba unos jeans oscuros y una camiseta blanca -¿Kuroro dónde están tus modales? Abajo- de inmediato mi perro bajó del regazo de Inuyasha y se dirigió hacia mi -Anda a casa, nos vemos luego- le dije acariciándolo, él hizo lo indicado, al subir mi mirada vi como Inuyasha saludaba a alguien en mi casa, me giré y allí asomadas por la ventana se encontraban mis hermanas, mi abuela y mi madre -Vámonos por favor- dije con las mejillas ardientes, él parecía muy entretenido ya que simplemente sonreía.

-Luces bien- me dijo haciéndome sonrojar aun más -Pero lamentablemente debes usar un casco- me ofreció un casco negro y brillante, yo asentí y procedí a colocar el casco semi integral pero tuve un poco de dificultad al abrochármelo, como buen caballero él me ayudo -¿Lista?- yo asentí y él se colocó el casco de la misma modalidad pero rojo, se montó en el asiento dejando el espacio trasero libre para mi, pasé mi pierna por arriba con cuidado de no mostrar nada cuando escuché la voz de mi madre en el aire.

-¡Hija recuerda decirles lo de la mudanza!- me sentí desfallecer en aquel momento quería golpear mi cabeza contra el asfalto. Inuyasha se volteó a mirarme, pude ver la confución en su rostro.

-Después te digo- le dije el asintió y encendió la moto haciendome brincar ante el subito estruendo que provoco la misma.

-¿Asustada?- preguntó girándose un poco, pude notar la sonrisa en su voz.

-Ni un poco- le dije haciendome la dura, lo escuché bufar, aceleró de pronto tomándome por sorpresa de nuevo, por acto reflejo me aferré a su torso.

-Yo creo que si...- no pude evitar darle un empujón, lo estaba haciendo a propósito -Bueno vamos que llegaremos tarde- hice ademán de quitar mis manos de su abdomen ya que por alguna razón a los hombres les incomodaba pero él me detuvo, lo miré de nuevo pero él no habló, el silencio lo decía todo, podía dejar mis manos ahí, decidí no discutir ya que estaba a gusto, me encantaba su tacto, era tibio. Con una seña se depidió de mis familiares recibiendo varios "Hasta mañana, nos vemos y a dios", pude sentir su risa ante aquello.

En pleno anochecer surcabamos tranquilamnete las desoladas calles de Kiawah Island, el viento nos abrazaba haciendo cosquillas en mi piel expuesta aunque era protegida por la ancha espalda del conducor. Sentía que volaba, que flotaba sobre el suelo, el ruido del motor era como una melodía y el calor que emanaba el cuerpo de Inuyasha hacia todo más ameno. No pude evitar recostarme entre sus omoplatos, el mejor lugar en el mundo si me han de preguntar, allí sentada a sus espaldas. Sentía como contraía y flexionaba sus músculos, como se inclinaba un poco en alguna curva llevándome consigo, en todas las paradas se giraba a verme y yo le sonreía, como dicen por ahí, el silencio vale más que mil palabras. Pronto divisé el muelle en donde se encontraba Billy's y otros restaurantes, me vi tentada a decirle que se me había olvidado algo en casa simplemente para estar ahí junto a él un rato más pero luego pensé mejor y me vería muy tonta así que me quedé callada aprovechando el momento. Llegamos al estacionamiento, él se dirigió directo a donde estaban el resto de las motos, al llegar al lugar indicado se paró colcando un pie en el suelo dándome la señal para bajarme, lo hice sin dificultad para luego desabrochame el casco mientras escuchaba como Inuyasha apagaba la moto y también se bajaba.

-¿Necesitas ayuda?- me preguntó riendo, ya él se había quitado su casco y yo seguía sufriendo, asentí rindiendome y él prosiguió a ayudarme, sentí como la brisa volvía a circular por mi cabeza en el momento en que Inuyasha removió el casco -Espera- me dijo cuando estuve a punto de mover mis manos a mi cabeza para arreglar mi cabello, me detuve sin entender y vi como él mismo arreglaba unos cuantos mechones de mi cabello y los arreglaba, llevó un mechon detrás de mi oreja y bajo por la trenza hasta aterrizar en el broche que me había regalado Baba -Es muy hermoso- dijo casi en su susurro. Como estaba abobada captando sus movimientos tarde unos segundos en responder.

-Mi abuela me lo dio hoy, su regalo de graduación- aclaré tocando el broche cuya perla y hojas doradas brillaban bajo la luz de los faroles -Ella dice que soy su flor de cerezo...- lo último fue una acotación inecesaria que se escapó como de costumbre de mis labios haciéndome sonrojar, sin embargo él pareció no escucharme ya que había proseguido a asegurar los cascos en la moto lo cual agradecí enormemente.

-¿Vamos?- me preguntó, yo asentí y comenzamos a caminar hacia el muelle uno al lado del otro.

En el camino habían varios grupos de jóvenes, otros iban solos, noté como las chicas se devoraban a Inuyasha con los ojos aunque el parecía no prestarle atención, más bien lo notaba protector ante los chicos que se me quedaban viendo, por el rabillo del ojo lo caché varias veces mirándolos asesinamente, por dentro estaba saltando. Pronto llegamos al viejo restaurante que tenía un letrero un tanto oxidado de color blanco con el borde azul en donde se sobreponían unas letras en cursiva con el escrito: Billy's. Entramos al lugar siendo abrumados por la gente y el olor a comida, el bullicio aturdía un poco pero la melodía de Please Don't Let Me Go de Olly Murs hacia todo más ameno. Aquel lugar era como una maquina del tiempo, todas las paredes estaban llenas de marcos de diferentes épocas, los sesenta, sententa, ochenta y noventa, habían tablas de surf, cañas de pescar, tantas cosas que se hacia abrumador el ambiente pero la vista al mar armonizaba la vista. Comencé a buscar a Sango entre tantas personas que me mareaba, cuando la vi sentada en una esquina, a su lado Miroku pero el resto de las personas no las pude identificar. Le señalé a Inuyasha en donde estaban y procedimos a caminar hasta allá, nuevamente todas las chicas murmuraban al verlo y me veían con desprecio.

-¡Aome!- escuché la voz de Sango sobre el bullició, la vi levantarse para correr hasta mi y darme un abrazo -Hola Inuyasha- dijo al darse cuenta de mi acompañante al cual saludo con un beso en la mejilla -Chicos ella es mi mejor amiga Aome y bueno ya conocen a Inuyasha- me sentí incómoda por un momento al ser el centro de atención, todos los ojos estaban sobre mi. Habían dos muchachos que parecían gemelos y me veían curiosos y una chica peliroja que era bastante linda.

-Hola- dije a lo alto sonriendo mientras Miroku se paraba a saludar a Inuyasha y me daba a su vez un beso en la mejilla.

-Aome ven siéntate aquí- me indicó Sango señalando el puesto vacio a su lado que a su vez tenía otro a su lado, yo asentí y me senté quedando frente a los tres desconocidos mientras veía como Inuyasha los saludaba -Te presento, ellos son Ginta y Hakaku y ella es Ayame- mientras los presentaba estrechaba la mano de cada uno, después Inuyasha se sentó a mi lado.

-¿El sarnoso no vino?- escuché a Inuyasha preguntar lo cual me sorprendió, yo lo miré confundida ¿A quién se refería?

-¿Preguntando por mi cara de perro?- escuché una voz grave y conocida, me giré rápidamente para confirmar mi sospecha de quien era.

-¡Kouga al fin llegas, morimos de hambre!- exclamó Miroku.

-No es mi culpa que las señoritas tarden tanto- dijo cruzandose de brazos, entonces me percaté de las dos chicas que estaban detras de él las cuales conocía muy bien.

-¡Aome!- dijeron al mismo tiempo, yo me levanté con una sonrisa en el rostro y abrí mis brazos para recibir a Serina y a Shiori, amigas de la secundaria de Sango que a su vez eran mis amigas.

-¿Y eso qué están por aqui? Las hacia de vacaciones en otro lado- pregunté aun sonriente, ellas se miraron y se sonrojaron, aquellas dos siempre eran así.

-Ginta es novio de Serina y Hakaku es novio de Shiori- aclaró Sango a mis espaldas, me giré a ver a los chicos y volví a mirarlas a ellas.

-Pues eso es una sorpresa- les dije aun sonriente -Creo que tenemos que actualizarnos- ellas se rieron y prosiguieron a sentarse al lado de sus parejas, había olvidado por completo la presencia de Kouga.

-¿Cómo has estado Aome?- escuché un voz grave y suave tras de mi sus ojos subían y bajaban de mi cuello a mis labios, daba gracias a dios que los benditos chupones habían desaparecido, noté la mirada de Inuyasha clavada en mi.

-Bien y tu Kouga- le respondí restandole importancia al tono de su voz, acepté el beso en la mejilla que me regaló por no ser mal educada, luego volví a sentarme viendo como Kouga se sentaba al lado de Ayame, esperaba que Sango hiciera la aclaración de que eran novios pero no lo hizo, también me di cuenta de que a penas me senté Inuyasha reposó su brazo sobre el espaldar de mi silla arrimándolo un poco hacia él mientras veía a Kouga amenazadoramente -Oye- le susurré a Sango mientras un mesero pedía nuestras ordenes, ella se inclinó para escucharme mejor -¿Esa es la novia de Kouga?-

-Algo así- me respondió de igual manera -Vienen y van, vienen y van- yo asentí entendiendo a la perfección, cuando me erguí de nuevo noté la tensión entre Inuyasha y Kouga, ambos se veían y luego me daban miradas fugaces, cuando Kouga lo hacia Inuyasha me acercaba más hacia él.

Hicimos nuestros pedidos, hamburguesas y malteadas la especialidad de la casa, hablábamos y reíamos contando anecdotas y chistes, también me enteré de varias cosas como que Ginta y Hakaku eran los hermanos menores gemelos de Kouga sin embargo no eran Marines como él, Kouga era residente de Kiawah Island, sin embargo de la clase alta, él y Ayame se conocieron en la secundaria y desde entonces su relación siempre fue intermitente, Miroku se quedaba por el momento en el apartamento de Inuyasha, Shiori y Serina estudiarian en la misma universidad que sus novios y así fue todo por un buen tiempo.

-¿Qué hay de ti Aome, eres de aquí?- preguntó Ayame levemente recostada del hombro de Kouga.

-No, bueno algo así. Verás mis abuelos viven aquí pero yo vivo en Atlanta o bueno vivía...- todos se me quedaron viendo perplejos sin enteder muy bien lo que decía.

-A partir de mañana seré residente de aquí, pues mi familia decidió mudarse aqui- Sango pegó un grito y me abrazo.

-¿Eso era lo de la mudanza?- preguntó Inuyasha y yo asentí siendo ahogada por Sango.

-¿Y eso?- me preguntó ella aún emocionada.

-Es que no he dicho la mejor parte- continué atrayendo la atención de todos -Despues de diecinieve años y cuatro hijas, mi madre está embarazada una vez más- todos se sorprendieron de nuevo y Sango me abrazó una vez más. Todos me felicitaron aunque no entendía porque, yo no era la embarazada.

Continuamos hablando un rato más hasta que nos trajeron la cuenta pero la verdad ninguno estaba de ánimos para irse a su casa a dormir así que Kouga muy amablemente ofreció su casa para pasar un rato, todos aceptamos aunque Inuyasha se quejó un poco. Salimos en caravana detrás de la camioneta de Kouga en donde iban él, Ayame y sus hermanos con sus respectivas novias, luego les seguía el carro clásico de color azul de Miroku que obviamente iba con Sango y atrás en la moto íbamos Inuyasha y yo. En medio del camino Kouga bajó los vidrios dejando la música a todo volumen y los pasajeros salían por las ventanas, yo sonreí al verlos y me sorprendí cuando Sango salió por la vntana del auto de Miroku, yo decidí unirme así que me agarré del hombro de Inuyasha y me paré en los pequeños tacos en donde reposaban mis pies, estuvimos así incluso mientras entrabamos en la zona de los ricos por asi decirlo, los campos de golf característicos del lugar brillaban bajo las luz de la luna mientras que las mansiones eran iluminadas por luces artificiales, muy pocas veces había ido a aquel lado de la ciudad. LLegamos a una casa inmensa y majestuosa de color blanco al estilo colonial, Kouga nos guió al estacionamiento en donde todos aparcamos, luego entramos a la casa y dios mio sentía que aquello era irreal. Todo brillaba, era una mezcla entre antiguo y moderno por un lado había marmol por otro habían pequeños detalles que te recordaban que ya no estabas en los años mil secientos. El dueño de la casa nos guío hasta la parte trasera en donde había una de las piscinas más grandes que había visto en mi vida con su respectivo jacuzzi por su puesto, a un costado de la piscina había una especie de bar y unos sillones frente a un televisor y un equipo de sonido. Uno de los gemelos fue de inmediato a poner música mientras el otro ayudaba a su hermano mayor con los tragos.

-¿No molestaremos a tus padres?- preguntó inocente Sango recibiendo una risotada de Kouga.

-Estan en Bora Bora por el verano, no tienen de que preocuparse esta es su casa, pueden quedarse a dormir si gustan- Kouga a veces podía ser bastante amable. A mi realmente no me importó total yo iba a donde Sango fuese.

-¡Comencemos la fiesta entonces!- dijo Ginta llenando los diez shots de vidrio sobre la mesa con alguna bebida espirituosa.

-¿Qué es eso?- preguntó Ayame antes de que yo pudiera hacerlo.

-Sin preguntas, a fondo blanco amigos- le respondió Kouga con una mirada sensual mientras tomaba uno de los pequeños shots -Venga, por la amistad y porque siempre volvemos a casa- dijo el anfitrión a lo alto cuando ya todos habiamos agarrado nuestros vasos, noté como Sango se tensionaba inclinándose hacia su novio, Ayame hizo lo mismo e Inuyaha miró a Miroku -¡Salud!- exclamó Kouga, todos lo imitamos y le dimos un buen sorbo a la bebida misteriosa que quemó mi garganta.

-¡¿Qué demonios es esto?! ¿¡Gasolina!?- exclamó Inuyasha escupiendo un poco.

-Algo que te hará ir al infinito y más allá idiota- respondió Kouga -Ahora solo esperen que haga efecto y disfruten-

Pronto nos encontrabamos todos felices, riendo y diciendo estupideces, no tenía la menor idea de lo que fuese la bebida que habíamos tomando pero ya me había mareado, hicieron otra ronda pero solo tomé un poco ya que si tomaba uno completo perdería la conciencia, Sango y Miroku no dieron tregua y se tomaron tres más lo que me pareció raro por la discusión que habían tenido hace unos días de ella tomando pero no le di importancia, Inuyasha bebió dos, Kouga y Ayame cuatro y los otros repitieron como Miroku y Sango. Al parecer habría una pijamada en casa de Kouga esa noche. Hicimos varios juegos chistosos, la verdad no recordaba haberme reido tanto en toda mi vida, jugamos Wii logrando de alguna manera crear nuestros Mii, yo vencí en bowling en donde obviamente todos fallaron, Inuyasha nos venció a todos de alguna manera en esgrima por lo que Kouga pidió la revancha en boxeo, en donde Inuyasha perdió dándole en el orgullo haciendo que se fuera del salón de juegos, yo aproveché que todos estaban ebrios para ir tras Inuyasha, quien sabe en donde se podría meter en aquella casa tan grande. Salí del cuarto adentrandome en un pasillo qu guiaba a la sala, al llegar vi la puerta del patio trasero abierta y corrí tambaleante hasta ella, me sentía lijera y graciosa. Al cruzar la puerta que inconcientemente cerré tras de mi vi a Inuyasha en el bar sirviéndose más alcohol.

-Te vas a desmayar si sigues- le dije sintiendo mi lengua un poco torpe en mi boca.

-¡Keh! Creeme el alcohol tarda más en hacerme efecto que a ti- me dijo tomando el shot que se había preparado.

-Igual...te vas a quedar aqui verdad- pregunté esperanzada.

-No lo sé- ¿Qué tenía en contra de Kouga?

-Mira, sin importar que no te caiga bien Kouga no deberias irte así- mientras hablaba me acercaba a él.

-¿Por qué?- preguntó tomándose otro vasito, parecía tonto

-¿Cómo que por qué? Pues porque estas tomando como loco, no quiero que te pase nada en la moto...- dije mostrando mi preocupación, él me miró a los ojos sin expresión alguna.

-¿Tu te quedarás?- preguntó dejando el alcohol sobre la mesa.

-No lo sé pero lo sospecho, se supone que tenía que dormir en casa de Sango pero cualquier lugar que no sea mi casa estará bien- le respondí tranquilamente -Y como creo que ella se quedará aqui pues aquí me quedo-

-¿Por qué no vuelves a tu casa?-

-Primero tu estas ebrio y no me vas a llevar asi y segundo porque mi mama y su marido se quedan en mi cuarto esta noche, esta el sofá pero no es tan cómodo- él asintió luego de un momento. Nos quedamos callados en un cómodo silencio hasta que decidí caminar a la piscina y ver la luna en todo lo alto rodeada de las estrellas, me senté en el borde de la piscina y sumergí mis piernas en el agua mojándolas hasta un poco más abajo de las rodillas, de pronto sentí como Inuyasha se sentaba a mi lado viendo de igual manera hacia el cielo.

-Tienes una linda familia...- dijo de pronto tomándome fuera de base pero seguí el juego.

-Si... no me puedo quejar- respondí sonriendo recordando todos los buenos momentos.

-A veces yo quisiera regresar, todo ese tiempo antes de cumplir quince años...no crecer más...- lo escuché reflexionar aunque por su tono era para si, no para compartirlo -Desde entonces todo se fue a la mierda...- noté el dolor en sus palabras la amargura lo rodeaba -La vida no es justa...todo es una mierda- repitió.

-¿Qué pasó en ese entonces?- pregunté viéndolo captando su atención, él solo me veía sin decir palabra -¿Qué te pasó Inuyasha...?- susurré pero el solo seguía viendome -¿Qué fue tan doloroso que te hizo pensar así?- llevé una de mis manos a su mejilla acariciándola con cuidado, lo veía a los ojos fijamente y podía ver que habían tantas cosas allí, tantas palabras que decir pero que simplemnte se negaban a salir -Cuando quieras, me puedes decir, a veces necesitamos a alguien con quien hablar...- le dije sonriendo, él me miró antentamente de nuevo.

Me acerqué a él de tal manera que había recostado mi rostro sobre su hombro reposando mi peso en él, sentí como de pronto uno de sus brazos me abrazó acercándome aun más a él, su rostro se posicionó sobre mi coronilla y yo podía sentir y escuchar su respiración, saqué mis piernas del agua dejándolas a un lado para acomodarme mejor en el pecho de Inuyasha.

-¿Tienes sueño?- me preguntó acariciando mi brazo.

-En realidad no, pero me gusta estar así...contigo- le dije enterrando mi rostro en su pecho identificando el divino aroma a colonia, el se rió y me apretó un poco más.

-A mi también me gusta estar así...- respondió en un susurró.

Y allí nos quedamos toda la noche, sin hablar, sin decir palabra alguna, simplemente estando abrazados el uno con el otro.


Que tal les pareció? Poco a poco van saliendo más y más cosas nuevas! Gracias chicas por sus reviews, sus favorites y sus follows pero sobre todo su apoyo :)! Espero actualizar pronto! Las quiero! V