Recobrándote me reencuentro

Solo saludos y gracias por leer.

Un camino tortuoso

Roy miró a sus subordinados divertido, era bien sabido que ellos hacían cientos de apuestas por todo el cuartel y siempre tenían un ganador, pero esta vez nadie había querido apostar con ellos sobre la identidad de la chica, así que se habían conseguido un palo blanco y muchos habían perdido, sino todo, la gran mayoría de su sueldo. Trató de recomponer la expresión cuando la puerta se cerró y tomó la carta que le devolvía a Edward su calidad de alquimista estatal.

- Bien, teniente coronel, lo volvió a hacer y con honores – le entregó una cajita en donde estaba su nuevo reloj de plata – ¿sigues con el mismo nombre?

- Soy quien soy, Mustang – le dijo ella – igual que el resto de tus subordinados.

- Si, esos locos apostaron mucho respaldando a una sargento que ni la más remota idea tenía de quien eras – suspiró – los descubrí antes de entrar.

- En fin ¿tienes indicaciones nuevas para mí?

- Has sido destacada en mi departamento, pero te dedicarás a investigación, desde que Maes murió – tragó duro al recordar a su amigo – que ese departamento no funciona como debe, por muchos cambios que he intentado hacerle – le entregó una carpeta – como te dije el otro día, la investigación de la muerte de King Bradley se ha reabierto en el departamento de asuntos internos, y tú serás nuestro enlace, revisa bien el material y entrega toda la información que podamos aportar.

- Este asunto va a levantar mucha polvareda, general.

- Además está el asunto que investiga tu hermano – señaló otra carpeta – tú serás su superior inmediato y necesitarás dos o tres subordinados más que te ayuden en tu departamento, quizás la teniente María Ross te pueda asesorar con ello, ella se encuentra en selección del personal.

- Oye, Mustang ¿estaré confinada a una oficina?

- No, a no ser que yo no me encuentre.

- Bien, iniciaré mi trabajo, pero no pongas patas arriba tu despacho de nuevo.

::::::::::

Y la identidad de la teniente coronel corrió como pólvora por el cuartel, todo el mundo la miraba al pasar, aunque tan pronto ella los descubriera fingieran estar cumpliendo con sus labores.

Y Edward estaba más que molesta, como ni ella ni Mustang iban a almorzar a los comedores, corría el rumor que se encerraban en su oficina a "hacer tareas" de otro tipo, diferentes a las del ejército. Claro, a Mustang le hacía gracia todo aquello, pero de todas maneras tenía razón ¿cómo iban a probar lo contrario? Simplemente tratar de desmentirlo significaría darle más importancia al asunto.

Caminó por su "oficina", que más que nada era un cuartucho en donde cabía un escritorio y un par de sillas, aparte de un librero en donde colocaban los documentos revisados y por revisar. Ciertamente Mustang había dicho que no estaría confinada a una oficina, pero nadie había dicho nada de ese cuchitril, se sentía claustrofóbica allí, pero el departamento de asuntos internos andaba investigando sobre la muerte del anterior Führer y ella aparecía como posible implicada junto a Mustang y su hermano, pero había entregado toda la información que le pedían tal como le había dicho el moreno.

- Acero, me parecía a mí que estabas aquí, tu aura maligna se siente en mi oficina luego de impregnar la tuya – se burló Mustang desde la puerta.

- ¡Me dijiste que no iba a estar amarrada a una oficina, bastardo! – bramó furiosa – y los primero que hacen es encerrarme aquí ¡Ni una ventana tengo!

- Cálmate, yo estoy peor – le señaló una silla y el se sentó a su lado – a ambos nos han suspendido en nuestras funciones y tenemos orden de arraigo en el cuartel de Central mientras se realiza la investigación acerca de King Bradley – suspiró – a Alfonse lo han mandado a realizar una investigación de lo más estúpida al Sur, creo que pretenden dividirnos para ver si nos echamos de cabeza al agua – suspiró.

- Como si no les hubiésemos entregado toda la información que querían – dijo cansada – pero ello nos permite seguir con nuestra propia investigación ¿no?

- He conseguido con un amigo que vive en Xing que nos mande un par de libros de alquimia de allá de los que carece la biblioteca nº 1 de Central – miró hacia la puerta y bajó la voz – nos tienen vigilados.

- Lo sé – dijo en el mismo tono – cada dos por tres me topo con un idiota que suspira y murmura: "Que suerte tiene el general Mustang, la mujer más guapa de Amentris, que además es alquimista estatal y es su novia" ¿Cuándo se van a dar cuenta que es mentira? Ya estoy harta de todo eso.

- Bueno – sonrió socarrón – podrías meterles miedo ¿te parece que tuviésemos un combate uno a uno con alquimia y todo?

- Genial, hace rato que no tengo una pelea – sonrió – pero que ni Alfonse ni Winry se enteren, sabes como se ponen al respecto.

- De acuerdo – accedió y ambos se pusieron de pie.

:::::::::

La noticia corría como reguero de pólvora por el cuartel, la dorada alquimista de acero se había peleado a gritos con el general Mustang por un asunto que nadie en Central podía comprender y se habían desafiado a feroz pelea en el patio central del cuartel. Los alquimistas novatos se habían quedado alelados al verlos luchar con tanta furia y los menos conocedores habían corrido a avisarle al Führer de la pelea. Por supuesto, el hombre había concurrido sin demora, pero más que nada era porque quería verlos en acción.

Edward estaba concentrada en lanzar golpes, haciendo bruscas piruetas cada vez que Mustang lanzaba una llamarada y este las hacía a su vez cuando ella le lanzaba una estocada.

- Parece que estuvieran llevando una muy sincronizada danza – dijo un oficial asombrado y se escondió tras la improvisada barricada cuando una llamarada pasó muy cerca – pero es muy peligrosa.

Edward hizo remecerse la tierra y Roy trastabilló, pero consiguió rehacerse a duras penas evadiendo el brazo de Edward.

- Aún no me vences, enana – le dijo a manera de provocación.

- Pero lo haré, anciano – le replicó con los dientes apretados y Roy apenas tuvo tiempo de evitar el golpe de la otra mano abierta contra su nuca.

Roy apretó los dientes también, si ella se quería poner seria, así se irían.

Y el cambio fue notorio, Roy se vio obligado a trazar círculos de alquimia a toda velocidad para usarlos de defensa y obligaba a Ed a retroceder usando muros para protegerse del fuego, aunque a ratos por poco esquivaba las cuchilladas o golpes que ella lanzaba, aunque ella evitaba lanzar ataques por su lado tuerto, cosa que lo molestaba más.

Edward estaba comenzando a cansarse, estaba más que claro que iban a terminar empatados, especialmente porque estaba sacando de paciencia a Mustang por no atacarlo al ángulo muerto, pero era que podría causarle un daño irreparable. Casi sin darse cuenta se encontraron frente a frente y ambos pisaron sobre un círculo de transmutación.

Por inercia, Roy rodeó con un brazo a Edward, y la obligó a saltar, ella reaccionó antes de la explosión y puso un escudo detrás de ellos, pero de todas maneras esta fue demasiado violenta y ambos saltaron por los aires. Edward alcanzó a dar una pirueta en el aire, igual que Roy, pero una segunda explosión se dio a sus espaldas y ambos debieron levantar una barrera para proteger al resto de los soldados.

- ¿De donde mierda nos atacan? – dijo Edward molesta.

- Es un ataque a distancia – dijo Roy tratando de seguir los ataques – esta no es alquimia de Amentris, no es algo que haya visto antes.

Una nueva explosión se dio demasiado cerca de ellos y ambos se apartaron.

Roy frunció el ceño, los ataques perseguían a la rubia directamente, pero al menos pudo identificar de donde venían los ataques, lanzó una llamarada y los ataques se detuvieron de inmediato.

Edward se levantó y corrió hacia donde Mustang lanzara la llamarada, pero había un agujero en el suelo que se perdía por las alcantarillas de Central.

- Es la misma manera de escapar de Scar – dijo Roy al alcanzarla.

- Pero Scar está muerto, de eso estoy segura – le dijo pensativa – y su alquimia no funcionaba así.

- Teniente coronel, general – les dijo el Führer al llegar junto a ellos – quisiera saber qué es lo que ha pasado aquí, primero una batalla entre ustedes y ahora esto.

- Creo que quizás debamos hablarlo en su oficina – le dijo Roy sacudiéndose las mangas – hay cosas que se deben arreglar en privado.

- Bastardo – le dijo Edward en voz baja pero el Führer la escuchó.

::::

Un hombre se paseaba molesto por su oficina, meses tratando de reabrir el caso por la muerte de King Bradley y cuando al fin lo consigue, el expediente que consigue no da los resultados que esperaba. Miró despectivamente la carpeta de Edward Elric, no había nada allí que sindicara a la rubia como culpable de la muerte del anterior Führer, sólo señalaba que había obtenido muy altas calificaciones en los exámenes y que había sido destacado, porque en ese tiempo era varón, al servicio del entonces teniente coronel Roy Mustang, allí intervino en una serie de investigaciones que resolvió con mucha eficiencia y la última vez que se le vio, cuatro años atrás fue en Liore, muy lejos de Central en donde desapareciera Bradley. Y respecto a Mustang, los archivos decían que había estado en la ciudad Sur, cosa que corroboraban cientos de oficiales que nada tenían que ver con su comando. Pero no se lo creía, el hombre era demasiado astuto y estaba totalmente seguro que mentía, pero ¿cómo comprobarlo? Si esa investigación se hubiese llevado a cabo hace cuatro años atrás quizás supiera la verdad, pero todo se había enfriado y el ahora general había cubierto demasiado bien sus huellas.

Un golpecito en la puerta lo sacó de sus cavilaciones.

- General, acaba de llevar el reporte médico del general Mustang.

Sonrió complacido, nadie nunca se había dado por investigar el porqué de que el general apareciera tuerto de la noche a la mañana, pero los partes médicos no podían ser adulterados con la misma facilidad que los expedientes militares, más cuando se tiene a alguien dentro del servicio.

Tomó la nueva carpeta y se sentó, pero a medida que lo iba leyendo iba frunciendo el ceño.

"El coronel Mustang fue atacado por un humúnculo que decía llamarse Pride, quien intentó matar a Selim Bradley, quien atestigua que el coronel le salvó la vida, pero quien hirió al militar cuando lo sacaba de la casa y le hizo perder el ojo fue el general Haruko, quien quería convertirse en el siguiente Führer luego de matar a su padre".

- Maldición, esto deja como culpable a Haruko – gruñó entre dientes dejando la carpeta con violencia sobre la mesa – y Selim jamás atestiguaría contra Mustang, es lo más probable.

Miró el expediente una vez más, Selim Bradley había sido atacado en la casa de su familia que se encontraba al norte de ciudad Sur, a unos 20 o 25 kilómetros de donde estaban las tropas en ejercicio militar, pero King Bradley había aparecido muerto en ciudad Central ¿cómo había sabido Mustang que iban a atacar al muchacho? Sonrió complacido, quizás por allí pudiera encontrar la conexión y desbancar al moreno de su lugar.

:::::

El Fúhrer era un hombre muy paciente, al menos así siempre lo había creído, pero esos dos podían sacar de sus casillas a cualquiera ¿quién hubiera dicho que Roy Mustang tuviera un temperamento acorde a su título de alquimista? Y que todo lo que le contaran del alquimista de acero fuera cierto, ambos se sacaban chispas mientras lo seguían hacia su oficina.

Su secretaria miró soñadora al moreno cuando entraron y casi voló cuando le pidió que les sirviera té, la pudo ver especialmente sonrojada cuando temblorosa le entregó la taza a Mustang y miró molesta a la rubia que dio un gruñido despectivo a su lado, a la que le dejó la taza sobre la mesa y salió sin volverla a mirar.

- Eres una criaja – le dijo Roy divertido – madura.

- Cállate, viejo bastardo mujeriego – le dijo cogiendo su taza – me cargan las mujeres que no se dan valor como tales.

- He escuchado de sus batallas verbales – los interrumpió su superior – y no quisiera tener que llamar a la capitán Hawkeyes para calmarlos – los amenazó y ambos se callaron – así que es mejor que me expliquen esto.

- Es bastante simple – empezó Roy – sólo estábamos liberando tensiones.

- ¿Tensiones? – repitió asombrado – lo de ustedes se podría solucionar…

- Entre Mustang y yo no hay nada de eso – lo interrumpió Edward sonrojada – lo conozco desde que tenía diez años y era varón, y siempre hemos peleado.

- Y es por eso que siempre nos ponemos a pelear – suspiró el moreno luego de darle un sorbo a su té – he visto a los hermanos Elric crecer bajo mi mando, aunque algunos no crecieron hacia arriba.

- Deja de fastidiarme con la estatura – gruñó ella – al menos yo no me hago cada día más vieja y desabrida – agregó con malicia.

- No estoy viejo y menos soy desabrido – le señaló – te lo puedo probar en cualquier momento, cualquier mujer suspira por mí.

- Venga, las mujeres que te acosan es porque eres el general más joven de Amentris y el alquimista estatal de mayor graduación – le rebatió.

- Habrá idiotas a las que eso le importe, pero no pueden ser todas iguales.

- Suficiente – dijo el hombre mayor – no los traje aquí para esto.

- Cierto – dijo Roy – en realidad, este tipo de conversaciones siempre se dan entre nosotros – miró a la rubia – en realidad, sólo estábamos jugando un poco, todo era un show para amedrentar un poco a los soldados para que se dejen de hablar de nosotros, porque dicen muchas cosas raras.

- Y pensamos que si ellos creían que entre Mustang y yo hay peleas, dejarían de decir que soy su novia y me cobrarían un poco de respeto al ver que, como alquimistas, somos capaces de luchar de igual a igual – dijo la rubia.

- Sé que todo comenzó con un rumor acerca de un vestido de novia de Xing, pero esto ha ido subiendo de tono y se han convertido en un centro de atención demasiado notorio – suspiró – además de ser el centro de la investigación sobre la muerte de King Bradley.

- Y es por eso que quisimos liberar tensiones, estoy aburrida de estar encerrada en ese cuchitril que tengo por oficina.

- Quizás esto los alegre – sacó de un cajón un sobre – mi esposa lleva semanas preparando un baile de aniversario de bodas, será dentro de dos semana y quiere que ustedes vayan, es de gala, ya sabe de cuales, general.

- Elegante y de punta en blanco ¿no? – miró el sobre – pero su esposa nos señala como pareja – le dijo – quizás…

- Ah, también esperamos que el mayor Elric asista acompañado – le entregó otro sobre – ella piensa que los hombres guapos deben ir acompañados de las mujeres más bellas, estaba feliz cuando escuchó que había cambiado a Irene D'Grass por una muchacha diferente y perfecta para usted.

- Supongo que ella no estará de invitada a la fiesta ¿verdad?

- No, pero no hemos podido dejar de invitar a su padre y a su esposa a la fiesta, y me temo que la madre es igual a la hija y podría causarle problemas, teniente coronel, así que le recomiendo que se vista con sus mejores galas.

Edward casi se atragantó ¿tenía que ponerse un vestido de noche y tacones? Peor ¿tendría que bailar? Nunca había bailado antes.

- Y respecto al ataque que sufrieron ¿será el mismo del tren?

- Si nos permite investigar a fondo… – dijo Roy – no sé si lo sea, pero es una alquimia que no se usa en Amentris, especialmente porque se manipula a distancia y sus círculos de transmutación son diferentes.

- Bien, siendo que el alto mando de su departamento es el atacado, se harán cargo ustedes mismos de averiguar lo que pasa – asintió – daré la orden por escrito – se puso de pie – ah, y no quiero más demostraciones de poder.

- De acuerdo – dijo Roy imitándolo – no creo que la plaza lo aguante.

- Deben devolverla a la normalidad de inmediato – les dijo.

Edward y Roy asintieron y salieron de la oficina en silencio, cada cual imbuido en sus propios pensamientos.

:::::

Edward se sentó en el sillón de la casa de los Huges con una revista de modas ¿cómo se suponía que debía vestirse para una fiesta de gala? Nunca había presenciado una siquiera, mucho menos participar de una, aunque en Munich había visto muchos vestidos en los escaparates, pero no sabía si servían o si eran de gala. Claro, Mustang no tenía problemas, él tenía experiencia, pero ella, fuera del vestido, estaba lo del bailar.

- ¿Qué te pasa, hermana? – le dijo Alyssia tomando la revista.

- Me invitaron a una fiesta de gala y ni siquiera sé como vestirme – le explicó.

- Pues cualquiera de estos se te vería bonito – le dijo mostrando una página central – al tío Roy se le saldrán los ojos, eso dice mamá – le explicó – pero es de una tienda muy exclusiva, mamá dice que hacen los trajes a medida.

- ¿Te gustaría acompañarme a comprar ese vestido? – le dijo y ella asintió – dejaremos una nota y tú me ayudarás a encontrar todo lo necesario.

- ¿A qué fiesta vas, hermana?

- A la del aniversario del Führer – le dijo dejando la nota pegada en la puerta – también voy a necesitar zapatos y otras cosas ¿no?

- Claro que sí – le dijo la niña, tomándola de la mano y haciéndole señas a un taxi que de inmediato paró al ver el uniforme azul – vamos al centro comercial.

El chofer miró a Edward y ella asintió mientras se sentaba con la niña.

:::::

Roy se sentó en su lugar favorito en el bar de su madre, Madame Crismas como ella prefería ser llamada. Sabía que debía contarle lo que estaba pasando en Central antes que alguien publicara en la prensa amarillista lo que supuestamente tenían con Edward, en especial porque iba a tener que llegar con ella al baile y siempre había fotógrafos en ese tipo de eventos.

- Tienes cara de preocupación, Roy-boy – le dijo la mujer.

- El Führer me invitó a su fiesta de gala – le dijo.

- No creo que Irene D'Grass se niegue a acompañarte a un evento así.

- No voy con ella – ella pareció alegrarse con la noticia – hace meses que no salgo con ella, sé que nunca te agradó.

- Me parece fantástico que ya no tengas nada con esa arpía, y de seguro no tendrás problemas en conseguir alguien que te acompañe…

- Ya tengo con quien ir – la interrumpió – todo el mundo cree en el regimiento que somos pareja, pero entre ella y yo no hay nada…

- Pero no porque mi muchacho no le haya puesto empeño ¿verdad?

Roy casi se atragantó ¿cómo decirle que ni siquiera se atrevía a decirle algo?

- Has puesto muy mala cara, Roy-boy, no creo que tu capitana…

- No es ella – dijo mirando sus manos – aunque admito que es igual de peligrosa cuando se enfada, especialmente si hace alquimia.

- Ah, esa muchacha que calificó como alquimista estatal – Roy la miró sobresaltado – no pueden evitar que cosas como la primera mujer alquimista del ejército no salga en los diarios o se comente en la radio, aunque no pudieron averiguar su nombre, parece ser secreto de estado o algo así.

- No creo que a ella le guste eso, de por si estaba furiosa antes por la publicidad de pertenecer a mi staff – suspiró – cuando se entere que Amentris especula sobre ella, lo más probable es que me mate.

- Las mujeres te aman, niño, así que no te angusties.

- Es que tú no la conoces, Acero me convertirá en colador cuando le cuente lo que sale en la prensa – le entregó el diario – he evitado en lo posible que alguien le tome fotografías, pero cuando llegue de mi brazo al baile, no voy a poder hacerlo, de por si nos emparejan.

- ¿Acaso apareció el alquimista de Acero?

- Algo así, y me matará cuando vea todo esto – suspiró.

::::::

La modista miró ceñuda a la muchacha que quería el vestido corte emperatriz, no era que no tuviera el porte necesario para llevarlo, es más, era el vestido perfecto para ella, pero no entendía por qué dárselo.

- Soy alquimista estatal – le dijo sacando del bolsillo su reloj de plata.

- ¡La muchacha alquimista! – chilló asombrada – ¡madame, es la novia del general Mustang la que quiere ese vestido!

- ¿La muchacha que desbancó a Irene D'Grass? – dijeron varias mujeres a su alrededor – con razón anda echando pestes por los salones de belleza.

- Te felicito, muchacha, el general se merece una mujer mejor que esa – le dijo otra – y seguro la superas un millón de veces.

- Yo quiero ese vestido para la fiesta de aniversario de Führer – dijo un poco intimidada sin atinar a desmentir su relación con el moreno.

- Mi hermana necesita verse aún más bonita – intervino Alyssia – ella nunca ha ido a una fiesta de gala y debe ser la reina ¿no es verdad, hermana?

- No puede estar en mejores manos – dijo Madame Audrey, la dueña de la tienda – te asesoraremos no sólo con lo del vestido, sino en todo lo necesario para que seas la mejor del baile – las demás asintieron.

- Pero yo no sé bailar – dijo ella en voz baja.

- No te preocupes, querida. Con tal de bajarle los humos a la bruja esa, te ayudaremos en todo lo que sea necesario – le dijo una de las dependientas.

::::::

Roy caminó por las alcantarillas seguido por Havoc y Breda, había apenas marcas de alquimia en el sector por el que desapareció su dueño, y a medida que avanzaban por los túneles, desaparecían por completo, al parecer su dueño había dejado de usarla al ver que no lo seguían.

- Aquí hay algo – dijo Breda tomando algo del suelo – es un puñal, tiene una inscripción extraña – se los mostró – al fin aparece una pista.

- Regresemos, si se ha dado cuenta que le falta, de seguro querrá recuperarlo y no podría actuar contra él con tanta agua a nuestro alrededor.

- Hawkeye estaba molesta porque se perdió su pelea con la jefa – le dijo Havoc divertido – escuché decir que le tienen tanto miedo a ambas que es mejor evitarlas antes de terminar con un tiro o un lanzazo.

- Lo de la pelea fue una parodia para la galería – les dijo saliendo de las alcantarillas – este no es el lugar por el que entramos – miró a sus ayudantes y ambos se encogieron de hombros – una casa de modas para mujeres.

- ¡Tío Roy! – lo llamó una voz de niña y este se volvió a verla. Se trataba de Alyssia que iba de la mano de Edward que llevaba un montón de paquetes en la otra – ¿viniste a buscarnos?

- En realidad, andamos perdidos – le dijo divertido – y ustedes ¿en que andan?

- En nuestros zapatos – le dijo la rubia sarcástica – y no perdidas, en definitiva.

- Entonces estamos cerca del centro comercial – dijo Havoc – como a ocho cuadras de donde dejamos nuestro transporte.

- Jean, Heinsmann, vayan a buscarlo – ordenó Roy – tengo que pedirle algo a las chicas, nos encontraremos en el café Vienés.

Los dos se cuadraron socarronamente y se echaron a correr.

- ¿Pasa algo malo, Mustang? – dijo Edward siguiéndolo. Roy la miró y las guió hasta el café – General, insisto en saber qué es lo que está pasando.

- Espera – le dijo e hizo una seña al mesero – dos cafés Vieneses y un chocolate – ordenó – parece que Irene ha estado hablando de nosotros a quien quiera escucharla, hasta en la prensa especulan sobre nosotros.

- En la tienda de Madame Audrey me lo dijeron – asintió ella.

- La prensa está especulando sobre ti, tendrás aún más fama que antes, cuando eras el alquimista del pueblo – se cayó al ver que el mesero traía su pedido – Alyssia, Ed ¿quieren un pastel? – ambas asintieron y el mesero se volvió a marchar – desgraciadamente, Irene anduvo diciendo por todos lados que iba a ser mi esposa, pero ahora ha gritado a los cuatro vientos que una mujercilla, son palabras suyas, se ha metido con su hombre y que, siendo yo hombre, me he dejado engatusar – le entregó el periódico – menos mal que se ha guardado tu nombre, pero sabe que vas conmigo a la fiesta.

- Tío Roy ¿tú también vas a ir muy guapo como mi hermana a la fiesta?

- Claro, no puedo ir con la chica más bella de Amentris, hasta que tú seas grande, no estando a su altura.

- Ella va a llevar tacones altos – le dijo ingenuamente la niña.

El mesero había reconocido al general Mustang, pero ¿sería esa muchacha tan despampanante la nueva novia? Había escuchado que era militar, pero por lo que decía la señorita D'Grass, no podía serlo, aunque una mujer despechada lógicamente no iba a hablar bien de su rival, menos si era tan guapa y más joven que ella.

- ¿Qué pasa? – le dijo el jefe de los meseros siguiendo su mirada – no debes admirar tanto a las clientas y cumplir tus labores.

- ¿Sabes quién es el hombre que las acompaña? – este negó – es el general Roy Mustang, debe ser su nueva novia – le señaló en voz baja.

- Así que es la mujer alquimista – dijo a sus espaldas el dueño del café – envíenles bombones finos junto con los pasteles – ordenó.

- Así que tienes un vestido hecho a medida – decía Roy – tendré que sacar mi mejor traje para no desmerecer a mi dama.

- Señor, señoritas, un regalo de la casa – dijo dejando la bandeja con finos bombones en la mesa – ¿es usted la primera mujer alquimista estatal?

Roy alzó las cejas y miró a Edward que perecía molesta.

- Es muy hermosa, la señorita D'Grass no debería hablar mal de usted.

- A ella no le gusta la publicidad – dijo Roy – pero si, es una mujer alquimista estatal, por lo que también es peligrosa – le recordó.

- Perdone, general, no tengo intenciones de levantarle la novia – dijo y salió huyendo.

- ¡No somos…! – empezó Edward pero Roy movió la cabeza y dirigió su mirada hacia la puerta – te odio – le dijo entre dientes acabando su café tomando los bombones – ni creas que los voy a desperdiciar.

- Al menos tú no andas contando calorías para cuidar tu figura.

- Eso demuestra que no has sabido rodearte de buenas mujeres – le dijo ella echándose un chocolate a la boca.

- Jefa, no sea así – le dijo Breda – a mi me están vedados.

- Me los dieron a mí – dijo ella dándole uno a Alyssia – es para las señoritas.

- Eres terrible – le dijo Roy subiendo al vehículo luego de ellas – llevas muchas compras ¿es para el baile o saldrás de viaje?

- ¿Qué te importa? – le replicó ella conteniéndose de decir malas palabras.

- Las señoras dicen que una chica debe tener una buena provisión de ropa interior – dijo Alyssia – y de medias de seda.

- No les des tantos detalles – intervino Edward sonrojada.

- De seguro están bien asesoradas – dijo el moreno tratando de controlar las imágenes que venían a su mente con aquello y el ataque de risa.

- ¿Pasamos primero a dejar a las señoritas, jefe?

- Si, después llevaremos al laboratorio lo que encontramos.

- ¿Qué encontraste? – dijo Edward frunciendo el ceño – ¿es acaso de…?

- Creo que se trata de un puñal de Xing, he oído decir que los usan para canalizar las energías de su alquimia – le dijo Roy – pero no estoy cien por ciento seguro, aunque tiene una inscripción que bien podría estar en su idioma.

- Entiendo – dijo y se dedicó a mirar por la ventana.

::::::

La llegada de Winry hizo que Edward tuviera que compartir la habitación con la otra rubia, ella estaba tan emocionada con la idea de ir a una fiesta de gala que ni siquiera se había acordado de revisarle el brazo mecánico ni que Alfonse aún no regresaba de su misión cuatro días antes de la misma.

- Si tu hermano no llega, lo voy a matar – le dijo ella cuando hizo el comentario.

Edward se encogió ante sus palabras y siguió ordenando sus cosas.

- ¿Y este es tu vestido? – dijo al ver el traje cubierto con papel de arroz – es bellísimo, quien como tú que tienes dónde comprar algo así – suspiró.

- No, me lo mandé a hacer – dijo ella descubriéndolo – fue idea de Alyssia y también tengo pedida hora en el salón de belleza para las dos en la tarde antes de la fiesta, aunque Mustang dijo que debía estar lista a las ocho, que un chofer nos pasará a buscar a los cuatro a esa hora.

- No es justo, tú tuviste tiempo de mandarte a hacer un vestido, yo tuve que conformarme con comprar uno que más o menos me gustaba.

- Ah, bueno, yo vivo en Central – dijo sentándose en la cama – y el que la fulana que se creyera la novia de Mustang anduviera diciendo cosas de mi a cuanto la quiso escuchar me ha favorecido en muchos aspectos – se echó hacia atrás – en todas las tiendas para damas tengo trato preferencial, en los restaurantes, comedores y casinos, siempre me hacen regalos cuando saben quien soy, aunque es molesto cuando todos los hombres me miran y tiemblan.

- Leí en un periódico que la primera mujer alquimista estatal es una mujer feroz – se rió ella – con la abuela nos hemos reído hasta llorar por el retrato que la señorita Irene D'Grass hiciera de ti, es que casi te retrata como una mujer que usa de llavero al General y lo manipula como quiere con su alquimia, una mujer que es casi como una montaña musculosa.

- Muchas mujeres me han dicho en Central que aún si yo fuera como ella me retrata, sería superior a ella un millón de veces – suspiró molesta – he tenido encontrones con ella y hasta ha tratado de matarme.

- Es una idiota – se sentó a su lado – pero, en serio, entre tú y el general no hay nada ¿verdad? Porque se rumorean muchas cosas.

- Mustang y yo nos llevamos igual que antes, aunque solemos hablar más e irnos menos a las manos, pero no creo que nuestro trato haya cambiado, y lo de los rumores, no sé quién los hizo nacer, pero todo comenzó porque le dije a Havoc que me consiguiera un vestido de novia de seda de Xing ¿sabes cuanto cuesta conseguir algo así? – Winry negó – no es sólo el valor exorbitante que tiene, sino que la seda blanca de Xing es sumamente escasa, y es por eso que dicen que Mustang y yo somos pareja.

- Una idiotez de tu parte, si me preguntan – dijo Alfonse desde la puerta entre divertido y molesto – cualquier cosa referente al general ha corrido como pólvora por todo el ejército y más cuando se trata de ti, hermana.

- Bueno, no es mi culpa ser una chica tan guapa – se encogió de hombros – a propósito ¿cuándo llegaste?

- Hace un rato, apenas las escuché decir que la tal Irene es una idiota.

- Bienvenido, Alfonse, que bueno que llegaste – lo abrazó Winry.

- Bueno, tuve que pasar a buscar mi traje de gala para la fiesta – suspiró.

- No me mires a mí, estaba en otra cuando nos dieron la invitación y de todas maneras no podía negarme a ir a la fiesta cuando el propio Führer me estaba entregando la invitación en persona.

- El general me dijo que la famosa fiesta estaba levantando demasiada expectación, en especial porque dos de los hijos del emperador de Xing estarán presentes y se ha redoblado la vigilancia en los alrededores – entró en la habitación – me dijo que volvieron a atacarlos, pero que el alquimista parece ir tras de ti principalmente.

- Si, es algo relacionado con la alquimia de Xerxes – le dijo enderezándose – por los libros que recibimos del extranjero, al parecer allí habría nacido el fundamento principal de la alquimia, pero esta se perdió a través del tiempo, sólo ha quedado una leyenda que no hemos conseguido traducir.

- Si papá estuviera aquí, él debe saber qué es lo que está pasando, si…

- No volveremos a abrir esa puerta, Alfonse Elric – le dijo amenazadora – y no lo llames así, nunca se comportó como un padre, así que no se merece siquiera que lo llames papá.

- Hermana, nunca lo has perdonado ¿verdad? Aunque viviste con él.

- Ya te lo dije, Al, casi no pasábamos tiempo juntos, cuando no estaba trabajando, estaba leyendo cientos de escritos antiguos de los que nada me contaba, generalmente era yo quien lo obligaba a dejarlos para que comiera y durmiera, pero nuestro trato jamás pasó de allí.

- Ya, ya, hermana, no te exaltes – le dijo conciliador – encontré algo en mi viaje al sur a los hermanos Tringham, casi se mueren cuando les dije quien era – sonrió divertido – ambos siguen estudiando porque quieren convertirse en alquimistas estatales y casi se mueren cuando les dije que finalmente hay una mujer como alquimista estatal, claro que no les dije que era tú, solo que ahora eres teniente coronel – se rió por lo bajo – estarán en Central el día de la fiesta.

- ¿Quién lo diría de ti, Alfonse Elric? – le dijo ella divertida – me gustará volver a verlos, aunque sea de lejos, me está prohibido alejarme del general.

::::::

Lo del salón de belleza había sido una auténtica locura, hasta Wnry estaba de acuerdo con ello, pero no se había podido retractar al ver la carita de ilusión que puso Alyssia en que a ella también le hicieran un peinado y la maquillaran para la fotografía que se tomarían en grupo las tres. Pero nunca pensó en el tiempo que les tomaría todo el famoso tratamiento. ¡Dos largas y agotadoras horas sólo para que el cabello se convirtiera en dócil seda! Aunque debía admitir que el cabello realmente parecía de oro y que el peinado le sentaba de maravillas, claro que sentía que le jalaba un poco.

- Te ves fantástica, hermana – le dijo Alfonse al verla – pareces una reina.

Edward sonrió a medias y entró en la habitación a terminar de arreglarse, menos mal que Winry estaba en la cocina ya lista, por mucho que aún quedase una hora. Se colocó el vestido con sumo cuidado, luego de ponerse el ligero y las medias, se calzó los zapatos de altos tacones y los guantes de seda. Caminó hacia el closet y se miró en el espejo, su reflejo le mostraba una mujer hermosa, esa no era ella, mucho menos él, pero estaba conforme, ahora tenía algo diferente por qué luchar.

- Hermana, el tío Roy te trajo un regalo – le dijo Alyssia emocionada – es un paquete enorme, pero no me permitió verlo – hizo un gesto.

Edward la siguió divertida y se asomó en la sala en donde se hizo un gran silencio al verla, de seguro del asombro por su aspecto.

Roy tragó duro y le sonrió, nunca, podía estar seguro, se imaginó que tendría ante sus ojos la viva imagen de la diosa fénix, la reina del fuego dorado. Intentando recordarse que era ni más ni menos que Edward Elric, respiró una vez más tratando de no dejar traslucir sus emociones.

- Mi madre me dijo que tal vez no tuvieras un buen tapado – dijo asombrándose que su voz saliera perfecta – y creo que lo escogió muy bien – le entregó el paquete que tanto emocionara a Alyssia – y, como sé que no tienes joyas, te traje un juego acorde al tapado – destapó la cajita y extrajo un par de pendientes color turquesa junto a un collar de aguamarinas – espero no te moleste, son un regalo de mi madre.

- Parece que su madre ya lo ve casado, general – le dijo Alfonse molesto.

- En realidad, no – dijo Roy ecuánimemente mientras le colocaba el collar a Edward – pero es su manera de decirle a Irene D'Grass que aprueba a cualquier mujer que esté a mi lado, menos a ella.

Edward miró al moreno, el general siempre había vestido bien cuando andaba de civil, pero el traje le quedaba perfecto, lo hacía lucir más esbelto y elegante, bastante guapo… No, se dijo, ella no lo encontraba guapo ¿verdad?

- Bien, ya estamos todos listos – dijo mirando el reloj de la pared de la sala – Gracie, tómanos la foto antes que salgamos a la fiesta, el vehículo debe llegar en cualquier momento y nos esperan en la fiesta.

Gracie sonrió divertida e indicó a las chicas que se sentaran en los sitiales con Alyssia en medio mientras Roy y Alfonse estaban de pie detrás de ellas. Justo sacó la foto y sonó el timbre.

- Tío Roy, recuerda lo que me prometiste en mi cumpleaños.

- Trataré de cumplirlo según mis posibilidades, querida – le sonrió y salió con Edward tomada de su brazo, al parecer esa noche iba a ser complicada.

::::::

Había policías apostados en cada entrada a la mansión de Führer, pero en la puerta principal había apostados varios soldados vestidos de uniforme y un montón de fotógrafos, claro que muy pocos de ellos podrían acceder a la fiesta, pero lo que en verdad le interesaba eran dos cosas: la llegada del General Mustang con la primera mujer alquimista y la llegada de los príncipes de Xing.

El sonido de un silbato alertó a los presentes de la llegada de un vehículo, los flashes estuvieron prestos a ser disparados tan pronto los ocupantes de este bajasen. Esperaron pacientemente a que las puertas se abrieran y vieron la cabeza dorada, el alquimista del agua, Alfonse Elric venía acompañado de una chica muy guapa. Decepcionados, estuvieron a punto de bajar sus cámaras cuando notaron que un moreno le seguía; se trataba del general Mustang y este le tendía su mano a una persona, cuya mano enguantada se enlazó en la suya antes de salir del vehículo. Los flashes se dispararon aún antes de poder verle la cara a la mujer y cuando finalmente las luces se extinguieron, se hizo un silencio rotundo que alguien rompió con un rechiflido.

- ¡Que buen gusto se gasta el general, dénos el dato de donde sacó ese bomboncito! – dijo uno de los fotógrafos mezclados en la multitud.

- Ella rompió el molde al nacer – replicó él apretando la mano de Edward – y no creo que a ella le agrade todo esto.

- Parece que se olvidan de un detalle – dijo ella molesta – soy alquimista.

Un segundo silbato se escuchó y un ruido de tacos sonando al cuadrarse se dio de inmediato y los cuatro hicieron ingreso en la mansión sin notar que una mirada los seguía atentamente notando que el general no llevaba los guantes con los que hacía alquimia de fuego, quizás fuera el memento de tomarlo desprevenido y destruir a la diosa antes que ella descubriese su poder.

Claro que una mirada femenina los seguía dentro de la mansión, ella iba a vengarse de esa mujercita que ahora llevaba el collar de lady Mustang, nadie iba a humillarla así, de eso estaba segura.

::::::

Continuará…

:::::::

Lamento enormemente la tardanza, entre una cosa y otra había estado sin inspiración y derepente vi un vestido, o mejor dicho, el diseño de un vestido en seda color turquesa del que me enamoré y me imaginé a Edward chica con él y ha salido el capítulo.

Gracias a los que han tenido la paciencia de esperar por este avance, esperando que el siguiente salga con mayor premura.

Shio Zhang y Wing Zero.