CELESTINOS
Los días pasaron de manera más oscura. No se volvió a saber de Beto en todo ese tiempo, ni siquiera se sabía si aún permanecía en la casa. Todas las mañanas Kanae iba a la puerta de su habitación y tocaba.
-Beto… Amm… Te he dejado el desayuno en la cocina, debajo del estante del microondas, por favor, come algo.
Eran las mismas palabras de cada mañana, pero siempre regresaba con la esperanza en sus ojos, sin embargo, el plato vacío y previamente limpio le indicaban de que Beto, solo salía a comer y regresaba a su habitación.
-Kanae… ¿Cuándo me regresará la habitación Lud-kun?-Preguntó Mozart, incluso él se vio afectado. Mozart había sido desterrado de la habitación que compartía con el amargado Classicaloid.
-Número uno, no es tu habitación, no pagas por ella, y dos… -En eso su voz se apagaba bastante.
-No lo sé.-Y con esto último el pelirosa entendía que no debía preguntar más.
Schubert estaba al borde del colapso, se inventaba distintas teorías en la cabeza.
-¿Qué tal que escapó? Este tonto Mozart es un descuidado, no vio las necesidades de mi maestro. ¿Qué tal que se perdió? ¡Hay que poner carteles de su búsqueda.-Cada idea loca cruzaba su mente. Mozart se divertía recogiendo las bolas de cabello que el estrés ocasionaba en Schubert.
Y ahí estaba, sin saber qué hacer con respecto a Beto, aunque el joven no pagase renta, su ausencia estaba muy marcada en la actitud de los demás… Y no podía ocultarlo más… También en ella.
Se encontraba en el balcón de la casa, teniendo las sábanas de todos. No había manera de cambiar su forma de expresarse, sus brazos se movían de manera casi robótica, su mente estaba muy distante del lugar.
-¿Gatita?-Escuchó tras de sí.
-Mhm.-Respondió ante la voz de la mujer rubia sin dejar sus labores.
Liszt la contempló desde el marco de la puerta. Kanae se giró para verla al no recibir respuesta.
-¿Qué pasa Liszt?
La mujer madura dio unos pasos en su dirección. La tomo de los hombros y vio el rostro nervioso de la casera. La respiración marcada de la mujer rubia hizo que la chica pensase lo peor, tal vez le diría que Beto en realidad sí escapó o que tal vez, se había ido a trabajar en los campos de arroz como hace algún tiempo lo hizo con Mozart, o tal vez decidió irse a Alemania. Liszt solo cerró los ojos, inhalando un poco de aire.
-Ya no funciona el calentador de agua…
¿Eh?
La contempló un poco más, esperanzada en que era una broma.
-¡Verdad que es horrible! ¡Me tuve que bañar con agua fría!-Decía mientras alzaba los brazos y revoloteaba como un drama total.
Una venita saltó en la frente de Kanae, pero incluso ni eso, hizo que algo más ocurriese… Enseguida relajó la mirada y regresó a sus labores de tender las sábanas.
-Llamaré a alguien para que lo repare.-Dijo sin más.
Liszt suspiró.
-Es mentira.-Resongo.
La chica aun con calma la miró de nuevo y en ese momento Liszt pudo confirmar que algo le había pasado a la mirada de la chica, ya no brillaba, ya no emergía de sus labios sonrisas y palabras llenas de furor. Sus labios ahora estaban sellados y solo respondía por una acción de casi inercia. Liszt vio esto y se entristeció mucho.
-Kanae.-Es de las pocas veces que la amorosa pianista la llamaba por su nombre. Pero incluso esto no generó un asombro en la mencionada.
-Él, está bien, de eso estoy segura. Solo que…
-Es un terrible cabeza dura.-terminó la frase Mozart. El muchacho con un rostro serio, muy poco común en él se adelantó a sentarse en las sillas de estar que estaban en el balcón.
Kanae estrujó un poco las sábanas en sus manos. Ante el detalle, Liszt la tomó de las manos.
-Gatita… Creo que debemos hacer algo para ayudarlos a ustedes dos.
En eso, el rojo carmín subió por las mejillas de la muchacha.
-¿Q-qué? ¿Cómo nosotros dos? –Pensaba en donde podía esconder el rostro. Mientras se tomaba de ambas manos con nerviosismo.
Una risa burlona salió finalmente del interior de Mozart.
-Vamos no puedes ocultarlo más… Y él tampoco, sino, no se hubiese encerrado en su habitación todo este tiempo y no me tendría durmiendo en hamacas en el salón.-Esto último lo dijo con molestia mientras se cruzaba de brazos.
-Y-yo no sé de qué están hablando.-Decía una y otra vez de manera atropellada.
Estaba tan sumida en sus pensamientos de huida que respingó bruscamente cuando sintió una mano sobre su hombro. El rostro pálido y unos lentes casi ya rotos de Schubert la miraron.
-Amada casera… Es usted, el detonante de que mi maestro, se encuentre en este estado.-Lo dijo más como una acusación que como un intento de ayudar.
-Schu, tu deberías hacer algo por tu adorado maestro.-Dijo Liszt alejándolo de la chica que volvía a una pose sombría.
Todo esto había acontecido desde lo sucedido durante la mañana de los días pasados, después del caótico efecto que había dejado la musik de Tchaiko-chan, después de eso, el percance que tuvieron Chopin y Kanae cerró por completo toda vía de comunicación con Beto.
-Pero le hemos querido explicar una y otra vez que solo fue un malentendido, que fue una situación que se tomó de mala manera.-Decía Liszt mientras zangoloteaba al pobre de Schubert quién tampoco parecía tener una sana figura.
Las sábanas blancas se movían apenas haciendo ruido, dibujaban en el aire revoloteos delicados, desprendiendo el aroma del jabón floral. Mientras, el grupo de ciertos residentes permanecían en silencio, como buscando alguna solución para la situación que no solo afectaba a la casera y al hombre de cabellos blancos.
Nadie podía soportar el pesado ambiente, la tristeza de Kanae, la ausencia de Beto, aunque nadie lo pudiese decir con palabras exactas, era como si ambos se hubiesen llevado bastante de la alegría que quedaba en el lugar. Sea como sea, eran amigos, unos de otros, y verse los rostro de esa manera tan grisácea no ocasionaba sino el mismo desdén de tristeza.
Liszt ahora cada vez más solía trabajar desde las tardes, hasta las noches, Mozart se iba siempre buscando donde gastar su energía, incluso, se había conseguido un trabajo como animador en un show infantil donde usaba una botarga de oso. Extrañamente era el favorito de los adultos que podían entender sus chistes de doble sentido pero que resultaban agradables. Schubert ahora no podía salir de la mansión tampoco, cada vez más se escondía en los jardines de la casa, remodelaba las fachadas, los pocos daños que la casa pudiese tener. Kanae ni siquiera podía sentir el gran entusiasmo, Schubert hacía remodelaciones con ticks nerviosos mientras susurraba palabras inaudibles para los demás.
Incluso Chopin se había ido de casa, había tenido uno de esos ataques que comentó Liszt hace tiempo. Al verse en medio del fuego cruzado entre la chica y el compositor alemán, brotó en Chopin, una sensación de búsqueda inalcanzable, de superar todos aquellos achaques de menosprecio a sí mismo. La misma tarde cuando sucedió todo, tomó sus cosas y se fue, al igual que a Beethoven, no se sabía de él.
Liszt simplemente enseñaba las fotos que el tímido muchacho subía a sus redes sociales. No había manera de traerlo de vuelta a casa, parecía más feliz corriendo fuera.
-¿Cuánto crees que duré?-Le decía Mozart a Liszt. También era bien sabido que simplemente era un ataque temporal. Mozart estaba jugando Jenga en la frente de Schubert, el pobre hombre estaba tan acongojado que ni siquiera podía regresar en sí.
-No lo sé, esta vez ya va para largo. Tal vez…
En eso se escuchó el estruendo de la puerta principal cerrarse.
Todos chocaron miradas de estupefacción, incluso la torre de jenga cayó sobre el rostro de Schubert.
-¡Ah, mi juego!-Decía Mozart pero enseguida se tensó al ver el rostro de los demás.
Corrieron escaleras abajo. ¿Algún ladrón? Pero no, bajo la puerta casi casi, un muchacho de cabellos naranjas permanecía en posición fetal.
-Definitivamente es imposible que pueda con la gente extraña.-Susurraba mientras temblaba sobre su lugar.
-Retiro lo dicho.-Resopló Liszt mientras bajaba y ayudaba a su mejor amigo a incorporarse.
Todos soltaron el aire que venían guardando por el susto, Mozart se puso los brazos tras la nuca.
-¿Nos trajiste regalos?-Dijo pero no recibió respuesta, en vez de eso, solo un panfleto que chocó contra su cara de manera brusca. Con una marca roja en medio de su rostro tomó el papel en sus manos.
-Hokkaido… ¿¡Te fuiste hasta Hokkaido!?-Decía Mozart alzando la voz. Chopin comenzó a sudar gotas de nerviosismo. De repente algo captó su atención, mientras Mozart parloteaba y Schubert colgaba del barandal de la escalera, pudo ver el rostro apagado de Kanae al filo de las escaleras. La manera en que sus ojos simplemente ya no brillaban, no eran más que el indicativo de que las cosas seguían igual a cuando él se había ido. Aunque ella hubiese sido el detonante principal para que aquella escena de malentendidos se diesen, no podía evitar sentirse también responsable del estado de ánimo de la chica. Tal vez, podía hacer algo.
Liszt le miró caminar con bastante seguridad hasta que llegó con ella.
-¿Quieres que salga finalmente, no es así?-Todos aguardaron, estaban callados mientras la casera miraba con los ojos pasmados al joven delante de ella. ¿Tan fácil era de leer? Se ruborizó sintiéndose así y apartó el rostro.
-No es que lo odie, no es que no soporte sus gritos… pero…
Incluso Schubert junto con los demás, esperaron con la respiración pausada a la respuesta.
-Pero lo extraño…
Por primera vez en bastante tiempo, todos pudieron quedarse en verdadero silencio. Se sintió nuevamente la pesada carga energética de la muchacha, la melancolía y desatino sobre sus acciones. ¿Qué debía hacer? Ya era el momento para que ella reventase esa burbuja que ella misma construyó. Pero, ¿cómo? En estos casos donde desconoces incluso tus propios sentimientos ¿cómo actúas? Kanae se olvidó de la presencia de los demás, de sus miradas azules. Cada vez sentía más la presión en su pecho. Durante todos estos días, no había podido conciliar correctamente el sueño, deseaba el aroma a quemado en la cocina, los gritos matutinos por pelearse el baño, la cabellera blanca meciéndose de un lado a otro por la mansión. Nunca antes había sentido tanto la falta de alguien desde que su papá y su mamá la habían abandonado.
Le veía cada que cerraba los ojos, la gruesa espalda que desaparecía entre volutas de humo, ya no ver más su rostro ni sus ojos, todo ello desaparecía en esa densa niebla. ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo abrir algo que ella juró que no volvería a abrir? Ya no quería sentir otra vez esa soledad con la que venía cargando desde hace tanto, ya no quería ver como alguien más se iba.
-Entonces debes ser tu la que se vaya.-Finalmente despertó del trance emocional, Chopin la miraba por entre sus anaranjados cabellos.
-¿Cómo?- Preguntó creyendo que no había escuchado.
-Él insiste en apartarse no de ti, sino de su lado emocional, trata de engañarse para evitar caer en aquello que tanta desgracia le trajo el pasado.
-Creo que ambos lo están haciendo.- Añadió Liszt.
-La puerta que divide la habitación del exterior, no es el obstáculo más grande entre ustedes.-Susurró Schubert. Finalmente se había levantado y se había recompuesto. Caminó hasta la casera y volvió a colocar su mano sobre su hombro, esta vez adornó su rostro con una sonrisa.
-Incluso yo, que me niego a pensar que alguien pudiera ser digno de él, sé que tú eres pieza importante para que él no caiga de nuevo en eso.-Finalizó con el rostro serio.
-¿Eso?-Preguntó Mozart con una mirada inquisitiva.
Schubert se acomodó los lentes sobre su nariz.
-No es un dato desconocido, el hecho de que mi senpai, fuese un huraño que debido a su creciente sordera, desahuciar su vida, su salud, su imagen.
Schubert lo recordaba, del mismo modo que se veía así mismo en el pasado.
-Yo hice lo mismo. Vagar por las noches en las mugrosas calles, sintiéndose tan ajeno al paisaje, viendo como la gente te confunde con un mendigo más de la ciudad, tus ropas hechos harapos, irreconocible.- Decía mientras se veía frente a un espejo. Su mente divagó, las imágenes de él mismo cayéndose por las calles de su ciudad, embriagado hasta los cabellos, sintiendo el borde de la muerte en sus pies, los infames trabajos de maestro que desde joven había abandonado ahora eran el único recurso para poder sacar un poco de dinero. La enfermedad que su libertinaje le había traído, sus amistades mismas que lo acompañaron en su caída en picada y que ahora simplemente decían "Ha caído en el lodo de la total degradación moral", sus regordetas mejillas inundadas en lágrimas y la tempestuosa muerte que acabó con su vida. Todo eso, él sabía que en sus últimos años, Beethoven había pasado por lo mismo, nadie podía acercársele, simplemente ponían un traje nuevo en alguna silla cerca de su cama, porque sabían que ya ni siquiera se aseaba, ni cambiaba sus ropas, estar caían al suelo ante la dejadez del nulo cuidado, ese fue Beethoven y él, no podía volver a verlo así, no podía permitirlo, habrían de evitarlo si ese fuese el caso. Se giró, y con una seriedad nula en él, dijo:
-Por favor, no permitan que Beto vuelva a caer en eso.-Fue sorpresivo el hecho de que le llamase "Beto" y no "sempai" era una manera impropia de él, por primera vez se atrevía a hablar de él de una manera igualitaria.
Así acabo el último día de sombría armonía en la casa Otowa. Habían declarado una estrategia. Schubert y Liszt se quedarían en la mansión para ir persiguiendo los pasos de Beto, mientras que Mozart y Chopin se encargarían de llevar a cabo el plan que este último propuso.
-¡Hay que buscarte un hermoso bikini que acentúe tu nula pechonalidad!-Decía Mozart mientras se contoneaba de manera afeminada por el cuarto. Esto solo hizo molestar a Kanae y sonrojarse a Chopin.
-¡Mozart, cállate!-Y le atinaba un golpe en la mejilla que lo dejaba fuera del juego.
-No se trata de viajar realmente, hay que hacerle creer que te has ido.-Decía Chopin mientras la luz de la computadora inundaba su rostro pálido.
-Si tan solo algunas personas, me pagasen lo que deben, podría costearme un viaje de placer.-Susurraba Kanae mientras mordía la esquina de un pañuelo en ademán de suplicio.
Lamento mucho el hiatus, es que no sentí que realmente tuviese vistas el pequeño fic jaja pero gracias a Ellano Flores Mller que me vino de nuevo la inspiración.
