Hola de nuevo :) gracias por su apoyo y sus comentarios :')

Particularmente gracias a los que no tienen cuenta en FF pero aun así me escribien (Isied, Luswansalvatore... guest jaja) y gracias a Julie de Sousa que les ayuda a que no lean tanto "así" y "aún" XD y ¡felicidades a Cindy Lissette por su cumple! :D

Disclaimer: Los nombres de los personajes son de Meyer pero la trama y todo lo que hacen es de mi sola autoría. No se permite la reproducción o uso de los mismos sin mi autorización escrita.


Capítulo 7

El Amor y La Evasión

EPOV

—Edward...

Una linda y femenina voz me llamaba pero mi cuerpo se sentía demasiado pesado para moverse.

—Edward...

La escuché llamarme nuevamente. Esa vez logré estirar mi brazo en dirección a su voz, tomé lo primero que encontré y lo acurruqué junto a mi rostro. Me sentía algo incómodo pero estaba demasiado adormecido, y lo que sea que había encontrado olía realmente bien, como a dulce o... ¿Acaso era canela?

—¡EDWARD!

Me desperté de un brinco y vi que era Bella quien estaba frente a mí con su ceño fruncido y luciendo muy molesta. Me sentí desconcertado ante su ira aparente... hasta que me di cuenta que lo que había agarrado antes era su mano y aún la mantenía firmemente sujeta en la mía; así que naturalmente, la solté de inmediato.

—Lo siento —murmuré aun un tanto adormecido.

—El teléfono de tu cubículo lleva un rato sonando —explicó Bella con las manos en su cintura—. Pensé que habías salido y ya me estaba sacando de quicio el sonido, así que vine a contestarlo y te encontré acostado babeando en tu escritorio.

Bella hablaba demasiado rápido para mi gusto y mi cerebro aún estaba procesando un poco más lento de lo normal.

—Lo siento —repetí y froté mis ojos en un intento de sacudirme el sueño—. Llegué muy tarde anoche. Creo que debo haber dormido como... dos minutos, cuando empezó a sonar mi despertador.

Pensándolo bien, probablemente eran dos horas y no dos minutos, pero eso fue lo que sentí. Era viernes y llevaba toda la semana saliendo con Ángela cada noche. Mis ojeras no eran nada normal y terminé durmiendo un poco en la oficina y poniéndome un poco al día con el trabajo en mí casa. ¿Lo peor? Estaba bastante seguro de que aun me quedaba al menos dos días más de fiesta.

Bella abandonó su severa postura y soltó las manos de su cintura para darme una sonrisa.

—Ángela no quiere dejar las fiestas, ¿eh? —Su expresión cambió repentinamente, abrió los ojos como platos y me señaló con su dedo— ¡Te acostaste con ella!

—¿Qué? ¡No!

—¡Tanto que hablamos sobre tomarte las cosas con calma y te acostaste con ella! ¡Siempre te acuestas muy rápido cuando estas "enamorado"! En serio, ¿cómo haces para que te abran las piernas? ¿Sabes qué? Tal vez no son ellas, sino tú. Si fueses mujer, Edward, serías una zorra.

—¡Bella! ¡Cállate! —exclamé exasperado, su tono de voz se había elevado con cada frase. Me acerqué a ella y sujeté sus manos nuevamente ya que no paraban de moverse y señalarme— Ya te dije que no me acosté con ella y no es que sea asunto tuyo. Segundo, no hables tan fuerte o te escuchará todo el edificio.

Finalmente ella tomó una inhalación profunda, su expresión se suavizó y me miró fijamente a los ojos antes de hablar:

—Disculpa —murmuró—. Me apresuré.

—Parece que no soy el único con la costumbre de apurarse —sonreí.

Ella sonrió en respuesta y le dio un suave apretón a mis manos antes de soltarlas.

—Como sea. Sólo... tómate un café y contesta tu teléfono antes de que me vuelva loca y decida lanzarlo por la ventana.

—Las ventanas están selladas —Le recordé.

—Pues rompería el vidrio solamente para poder lanzarlo, imagínate mi desesperación —bromeó.

En ese momento mi teléfono comenzó a sonar incesantemente y lo tomé justo cuando Bella abría desmesuradamente sus ojos otra vez. Una vez que comencé a hablar, se retiró a su cubículo y tuve que aguantar la carcajada para que mi supervisor, del otro lado del teléfono, para que no pensara que me estaba burlando de él. El pobre podía llegar a ser muy acomplejado.

A las doce en punto, fuimos de los primeros en llegar a la cafetería; de manera que pude comprar algo rápidamente y sentarme con ella, Julie y Rick, sentía como si hubiese pasado días sin verlos.

—Dichosos los ojos que te ven —anunció Julie, ceremoniosamente batiendo su cabellera rubia.

—Pensé que nos habías abandonado, Edward, aunque por esa chica no te culpo —añadió Rick dándome un codazo en la costilla.

Rick era un buen trabajador y, en general, una buena persona. Pero podía ser un poco imbécil de vez en cuando. Las chicas pasaron meses quejándose para que dejara de referirse a toda la población femenina como "buenos culos" pero finalmente lo hizo. O quizás, también se debió a esa queja por acoso sexual que alguien le hizo.

Julie y Rick comenzaron a hablar de algo que sus jefes estaban planeando juntos y, así como si nada, parecieron orbitar a su propio mundo de asistentes personales.

—Entonces todo está marchando bien... —comentó abriendo la tapa del envase donde había llevado su almuerzo.

—Sip —reiteré con una gran sonrisa.

—¡Oh! ¡Edward el fiestero! —bromeó ella.

—Uhm... si... —repetí, esta vez más dudoso. Ángela me había hablado de su interés en seguir saliendo a lugares nocturnos como el de la noche anterior y, aunque no dije nada porque no quería sonar aburrido, no era precisamente algo que me emocionara.

—¿Edward? ¿De fiesta? ¡No lo creo! —comentó Rick soltando una carcajada.

—Esta chica debe ser muy especial —añadió Julie.

—Lo es —defendí de inmediato. Aun así, no me sentía más seguro.

Comimos y conversamos un poco más hasta que me di cuenta de que Ángela me observaba con una sonrisa desde el otro lado de la cafetería. Cuando notó que tenía mi atención, mordió su labio y, con su dedo índice, me indico que me acercara a ella.

—...¿Iras con nosotros, Edward? —Preguntó Julie.

Al voltear hacia ellos, vi que todos me miraban expectantes. Yo no tenía idea de lo que estaban diciendo, pero tampoco tenía tiempo para preguntarle.

—Tengo que irme —anuncié levantándome y arrugando el envoltorio de mi sándwich—. Nos vemos luego.

Me alejé de sus miradas curiosas, deseché el envoltorio en una papelera cercana y me apresuré a caminar hacia Ángela. Al llegar a su mesa la saludé con un beso. A pesar de la fea mirada que me dio Jane, Carol y el resto de sus amigas me saludaron cordialmente.

—¿Qué estabas haciendo tan lejos? De ahora en adelante te quiero conmigo en cada almuerzo —comentó con una sonrisa coqueta.

—Por supuesto —respondí y luego deposité un beso en su cuello expuesto. Volteé hacia la mesa donde estaba y vi que mis amigos me observaban con grandes sonrisas desde su mesa—. Recuérdame presentarte a unos amigos.

—¡Puedes presentármelos en la fiesta! —argumentó luciendo muy entusiasmada, apretando mis brazos con sus largas y cuidadas uñas.

Oh, Dios ¿Otra fiesta? ¿De dónde saca tantas fiestas esta mujer?

—¿Cuál fiesta? —pregunté un poco incómodo.

—El próximo viernes, es la fiesta de aniversario de la empresa. Webicom se lo tomará a lo grande esta vez. El email llegó esta mañana, alquilaron un salón del Hotel Waldorf, habrá comida y mucho entretenimiento. Dicen que habrá muchas sorpresas.

—¡Oh! —Claro que lo recordaba. Julie, Bella, Rick hemos ido juntos los últimos dos años. Aunque al final cada quien terminaba por su lado, era casi una tradición encontrarnos al principio—. Claro, allá estaremos —sonreí.

Después de eso, el tiemplo fluyó como agua entre mis dedos. Llegué a mi casa exhausto y apenas entré a mi habitación caí pesadamente sobre mi cama. Unos minutos más tarde, escuché a Emmett llegar.

Mi hermano y yo no habíamos hablado más después de la discusión que tuvimos y continuamos con nuestra conocida rutina de evitarnos mutuamente. De alguna forma, nos habíamos vuelto particularmente buenos en usar la sala, el baño y la cocina cuando el otro no estaba o cuando ya los había usado, así que rara vez coincidíamos en el mismo espacio del apartamento.

Mi celular comenzó a repicar por tercera vez hoy y, por tercera vez, ya sabía quién era: mamá. Me había estado llamando varias veces durante la semana pero yo sólo me limitaba a enviarle un par de mensajes de texto. No tenía ganas de hablar más allá de eso.

Cuando llevaba tantos repiques que sabía que la llamada terminaría en cualquier momento, tomé mi teléfono y me sorprendí al ver que no era mi madre quien llamaba sino mi padre.

—Hola, papá.

—¡Oh! Entonces tu teléfono sí recibe llamadas —confirmó con sarcasmo y gruñí en respuesta. Debí haber sabido que me llamaba para reclamarme algo—. No me gruñas Edward, usa palabras.

—Sí, papá.

—Edward, en tres días estaré en la ciudad y quiero que almorcemos juntos. Nos podemos ver en Julio's a las doce y cuarto, ¿está bien?

—Claro, papá —suspiré cansado pero alegre de poder verlo.

—¡Ah! Y Edward, por lo que más quieras, contéstale el teléfono a tu madre. Se preocupa demasiado por ti.

Todavía no sé como lo logré pero ese fin de semana pude evitar hacer planes nocturnos con Ángela. En lugar de eso fuimos a cenar el sábado y fue bastante agradable hablar con ella, especialmente cuando ninguno de los dos tenía que gritar sobre la música para hacerse escuchar. Estaba tan acostumbrado que por un momento casi olvidé dónde estábamos y por poco le grito a mitad del lugar.

El día lunes, a las doce y cuarto en punto llegué a Julio's buscando a Carlisle. Una parte de mi quería llegar primero que él pero, muy en el fondo, sabía que eso no sería posible. El hombre no era "puntual", era "obsesivo".

Lo encontré sentado junto a una mesa del fondo y sorbiendo un oscuro café que, sin probarlo, se notaba lo fuerte que estaba. Lo saludé con un breve abrazo y, apenas me senté, no perdió tiempo alguno en llegar al grano.

—Esme me dijo que te contó lo de nosotros —comentó sin siquiera preguntar cómo estaba.

—Sí... meses después de que sucediera y luego de que Emmett lo supiese por un tiempo —agregué en un tono monocorde—. Lo que me lleva a decirte: ¿Por qué no me lo dijiste tú en lugar de mamá?

—¿Te vas a poner sexista ahora, Edward? —cuestionó con una ceja arqueada.

—Mamá es mucho más emotiva, no te imaginas como se puso —expliqué. Carlisle sólo me observó con una sonrisilla irónica—. Mi punto es que hubiese sido más fácil para ti y hubieses podido contarme antes.

—Ella quería decírtelo. Además, hablas más con tu madre que conmigo... —Le dio un sorbo a su café y nuevamente arqueó una ceja en mi dirección— al menos hasta ahora.

Froté mis manos en mi rostro y solté un largo suspiro. Él tenía razón, no podía seguir haciéndole eso a mamá.

—Esta noche la llamaré —cedí.

—Bien —sonrió. Su gesto fue mucho más suave esta vez y toda señal de sarcasmo desapareció de su intención.

—¿Cómo estás, papá? —pregunté gentilmente porque sabía que esa situación no era fácil para nadie.

Él debió notar el tono en mi pregunta, ya que fijó la mirada en su taza de café, recorrió el borde con sus dedos y asintió varias veces con la cabeza, lo cual no parecía una afirmación sino una forma de prepararse para dar una respuesta.

—Estoy... —titubeó— adaptándome. Pero estoy tranquilo.

Aprecié la sinceridad en sus palabras y me acerqué para poner mi mano en su hombro y darle un apretón, que él correspondió sonriendo ligeramente.

—Disculpen la tardanza —dijo una voz grave a mi lado. Al voltear, vi a Emmett de pie junto a nosotros.

Me alejé de mi padre sintiéndome bastante incómodo, por la inesperada llegada de mi hermano y un poco molesto porque Carlisle no lo había mencionado, aunque no estaba seguro de si Emmett le había contado o no de nuestro "desencuentro".

El almuerzo tuvo sus altos y bajos. Papá nos contó del lugar que había alquilado y al que se mudaría en algunos días. Emmett y yo hablamos de nuestras vidas (aunque no mencioné a Ángela) e interactuamos con papá por separado pero nunca entre nosotros.

Lo primero que hice cuando salí de allí y me encaminé de nuevo a Webicom, fue sacar mi teléfono y llamar a la persona con quien realmente necesitaba hablar y mejorar las cosas.

Ni siquiera había culminado el primer repique, cuando me contestó sonando agitada y un poco tensa. La culpa me invadió y probablemente se notó en mi voz cuando finalmente la saludé:

—Hola, mamá.


.

Mucha evasión, ¿cierto? hasta con su mamá. Es un rasgo de Edward.

Los capítulos 9 y 10 tendrán más Bella y Edward por fin abrirá los ojos. Son, hasta ahora, mis favoritos :D así que ya sabes ;) continúa leyendo.

¿Qué te pareció?

Cualquier comentario o pregunta puedes dejarlo en el cuadrito blanco de aquí abajo :D

Abrazos
Alessa.