07 Zenit
El rostro de Shodaïme mostró una mueca de disgusto, no mostraría temor ante él, jamás permitió que nadie viese el miedo y así continuaría. Su contrincante mostró una sonrisa de satisfacción, sabía que él ya no podría tocarle, era imposible que llegase a alcanzarle, él era el más poderoso de los dos, era él quien tenía todas las de ganar, él, el que acabó con su padre…
Shodaïme reflejó en su faz un gesto de sorpresa y repugnancia hacia aquel que una vez llamó "su mejor amigo", hacia aquel que consideró "su hermano", simplemente, hacia Uchiha Madara, aquel que había traicionado a todo aquello que crearon juntos, la villa, las gentes, su amistad, hasta a su propio padre…
Madara observaba con gesto cínico a su "amigo", sabía que él no podía hacer nada, era una hormiga en su camino que aplastaría sin miramiento alguno, su katana atravesó el pecho de su contrincante desgarrando la carne a su paso, los ojos de su rival se abrieron de golpe para achicarse después fijando su vista en aquellos ojos carmesí, la historia recordaría aquel momento, un hecho que marcó aquella villa y a sus gentes y que, por elementos de aquello que denominamos suerte se repetiría nuevamente pero quizás esos elementos jugasen sus roles de modo que la historia quedase ligeramente cambiada pues, aquello no sería el final que todos suponían, las nubes que adornaban el cielo rescrebajaron el silencio que se formó entre ambos contrincantes, el cielo lloró el resultado creando una división eterna entre ambos.
Shodaïme cayó al suelo sin vida, sus ojos muertos aún fijos en los del Uchiha que cayó con él, la vida robada de unos ojos sobre unos que fallecieron con aquel golpe, el sol rescrebrajó las nubes creando pequeños puntos de luz sobre aquel escenario en ruinas, sobre aquel río formado que bañaba tratando de curar las heridas que se habían producido en los corazones de ambos contrincantes sin alcanzar nunca a lograrlo…
Los años han pasado desde entonces lentamente, las gentes de la villa apenas recuerdan aquella batalla a pesar de las dos estatuas que se construyeron en memoria de ambos shinobis, nadie visita ya aquel lugar y nadie hace mención de lo que allí aconteció, sin embargó el destino llevó a otros dos amigos a alcanzar el mismo lugar, con los mismos motivos que una vez llevó a aquellos otros allí y sin embargo no habría de nuevo el mismo resultado.
Ambos habían alcanzado aquel lugar, El Valle del Fin, en el momento en el que el sol alcanzaba su zenit…
