Los personajes pertenecen a S.M yo solo uso mi imaginación.
Capítulo 7: Vuelta al pasado.
Pov Edward.
Después del cálido abrazo de mi hija seguí tocando la nana, moviendo mis dedos por las teclas blancas y negras del piano, ella miraba mis dedos sorprendida, creo que no había visto a nadie tocar el piano y aún más tocando su nana, su cara reflejaba totalmente el asombro, yo le sonreía para darle confianza, una sombra de duda cubrió su carita, quería preguntarme algo pero no se atrevía, al contrario, movía sus piernas de manera nerviosa y mordía su labio inferior distraídamente. Abría y cerraba su boquita sin decir nada. Seguí tocando el piano hasta que ella se decidió a decir algo.
—¿Cómo conoces mi nana? —pregunto completamente curiosa, frunciendo levemente el ceño, sonreí por aquella pequeña mueca que la hacía ver adorable.
—¿Tu mama siempre te la ha cantado? —le pregunte para darle un poco más de misterio.
—Si —respondió añadiendo un leve movimiento con su cabeza.
—¿Te gusta? —le pregunte dejando de tocar.
—Sí, me hace dormir —sonrió dulcemente.
—¿Ahora tienes sueño? —pregunte acariciando su cabello.
—No quiero dormir —dijo mientras bostezaba y se cubría su boca con su mano- ¿cómo conoces mi nana? —pregunto nuevamente, al parecer era igualita a su madre, no dejaba escapar nada.
—Yo la compuse —dije orgulloso mostrándole el viejo cuaderno donde estaban las notas, puse mis dedos sobre las teclas, Antonia miraba mis manos atentamente.
—¿Para mí? —pregunto mientras me miraba haciendo un puchero.
—Para ti y para tu mama —conteste.
Ella sonrió de una manera extraña.
—¿Tu amas a mi mama? —me pregunto completamente seria sorprendiéndome.
—Eh... si la amo, al igual que te amo a ti —ella sonrío mostrando sus pequeños dientes satisfecha con mi respuesta, creo que en su cabeza estaba tramando algo.
—Y ¿porque no están juntos? —pregunto bajándose del banquillo del piano.
—Es un poco complicado —dije ella me miró como si algo supiera, aunque eso no sería posible, ella es demasiado pequeña para comprender todo lo que está pasando.
—Sabes, lo mismo dijo mamá —al escuchar eso hizo que mi sonrisa creciera más de lo que ya estaba.
Deje de tocar en cuanto mi madre nos avisó que ya estaba lista la comida, mientras Antonia comía y hablaba de todo un poco, mi madre me miraba desde la otra punta de la mesa, durante todo este tiempo no había hablado con ella desde la otra noche, no es que estuviera enojado con ella o con la familia por saber antes de la existencia de Antonia, pero no se nos había dado la oportunidad ya que quería pasar la mayor cantidad de tiempo junto a ella.
Al terminar de almorzar lleve a mi niña a lavarse los dientes. Al finalizar ella decidió mirar caricaturas, nos acomodamos en la sala, ella se adueñó del sofá, mientras las veíamos se quedó dormida, con sumo cuidado para no despertarla la lleve a mi cuarto para que durmiera más cómoda, pero en cuanto la deje en la cama y me aleje apenas unos centímetros ella se despertó.
—¿Papi? —susurro mirándome, esas palabras causaron estragos en mi pecho y mi visión se nublo a causa de las lágrimas.
—Dime, amor —dije tratando de que mi voz sonara normal cosa que no logre.
—Me cantas mi canción —más que una pregunta era prácticamente me lo ordeno, y me encanto, así que me acomode a su lado comenzando a tararear la canción de cuna, poco a poco fue cerrando sus ojitos nuevamente.
Mientras ella dormía profundamente me dedique a contemplar, tenía miedo de que si cerraba mis ojos ella desaparecería y todo sería un sueño. Un recuerdo vino a mi mente, hace años atrás, cuando todo estaba bien, pude cuidar los sueños de Bella en nuestra primera noche juntos, fije mi vista en mi hija, su gran parecido a mi hacia que todo fuera irreal, pero en aquel rostro resaltaban los rasgos de Bella haciéndola mi perfecta hija.
Cuando al fin ella ya estaba bien dormida pude levantarme con sumo cuidado para que no despertara, salí de la habitación, sin darme cuenta habia estado junto a mi hija por más de 45 minutos, se me habia pasado el tiempo volando, creo que nunca tendré demasiado con Antonia. Bella había llamado un par de veces para saber cómo estaba Antonia, el papel de madre le quedaba a la perfección.
Al llegar a la cocina me fije que mi madre estaba ordenando todo y lavando los platos que habíamos usado en el almuerzo. Al darse cuenta de mi presencia dejo de hacer lo que estaba haciendo para mirarme, se acercó a mí y acarició mi mejilla suavemente, aquella caricia fue lo que necesitaba para romper aquella barrera que habia levantado cuando supe sobre mi pequeña hija.
—¿Qué pasa hijo? —pregunto mi madre con preocupación en su voz, negué con la cabeza sin poder decir nada, la voz no me salía, no podía decir absolutamente nada.
Me sentía como un niño pequeño, tenía muchas emociones dentro, estaba feliz por tener una hija, pena por todos estos años sin saber de ella, rabia porque Bella me lo haya ocultado, quería saltar de alegría porque mi hija me llamo por primera vez papá, todo aquello estaba dentro de mi pecho y yo sentía que iba a explotar, que no sería capaz de soportar todo esto.
—Tranquilo hijo, ya verás que al final de todo, ustedes serán felices como una familia —susurro mi madre limpiando mis mejillas con sus manos.
Ella tenía razón, al final de todo seriamos una gran familia. A los minutos y gracias las caricias de mi madre pude tranquilizarme y hablar abiertamente con mi madre, estar a su lado y escuchar sus consejos me ayudaban mucho.
Los minutos pasaron y Antonia seguía durmiendo, creo que todo este ajetreo la cansaron mucho, faltaba poco para que Bella la viniera a recoger. Cada vez que veo a aquella mujer me trago de un suspiro las palabras que quiero gritarle, los recuerdos me agolpan y tengo que controlarme para no correr a sus brazos para poder confesarle todo esto que siento por ella, pero tenía que hacer las cosas bien si quería que todo funcionara como debía ser.
Pov Bella.
Ya no podía más, el dolor de mis pies era realmente insoportable, aparte del hambre que tengo era peor, mi estómago no dejaba de rugir y con mucha fuerza, desde que llegamos al centro comercial, no habíamos paramos en ningún momento, bueno en realidad era Alice quien me llevaba por todos lados, todo el asunto de la boda con Jasper la llenaban de energía para seguir por varios días, pero yo no podía más, necesitaba algo de comida o de lo contrario iba a desmayarme.
—Alice —la llame tomando su mano para que se detuviera por algunos segundos— ¿podemos comer algo? —pregunte, creo que prácticamente le rogué porque al quedar en silencio mi estómago rugió de hambre, Alice quien estaba lo suficientemente cerca de mi pudo oírlo haciendo que soltara un par de risas divertidas.
—Está bien —dijo en un suspiro derrotada.
—Gracias —me lance sobre ella abrazándola.
Decidimos comer en Burger King ya que a ambas nos encantaban las hamburguesas, y yo agradecía al cielo porque por iba a alimentarme, mientras Alice pedía lo que íbamos a comer, llame a casa de Edward, llevaba ya un rato sin saber de mi pequeña hija, pregunte como iban las cosas, Edward me conto que le habia tocado el piano y también le conto que él es el autor de la nana, al escucharlo suspire mordiendo mi labio inferior sintiendo mi corazón acelerarse de una manera que hacía mucho no pasaba, parecía como si se fuera a salir de mi pecho. Al terminar de hablar con él, corte la llamada y guarde mi teléfono en mi bolso, al girar para buscar a Alice me encontré frente a frente con Mike Newton, era como volver al instituto.
—¿Bella? —pregunto mirándome de los pies a la cabeza, me preguntaba internamente si este tipo era ciego.
—Hola —dije sin mucho interés mientras buscaba con la mirada a Alice, pero ¿dónde está metida? Solo espero que no haya dejado sola con este tarado a propósito.
—¿A quién buscas? —pregunto bloqueando mi campo visual.
¡Que te importa! grite en mi fuero interno.
—A alguien —dije de manera cortante esperando que Mike se diera por aludido que no quería hablar con él.
—¿Te gustaría comer algo? —pregunto esperanzado.
—No —dije cortante.
—¿Quizás otro día? —pregunto con una sonrisa. Que acaso no tiene cerebro para saber que jamás saldría con él, ni siquiera en el instituto le acepte una salida que le hacía pensar que hoy aceptaría. Aparte que Alice no estaba.
—No, Mike —dije haciéndome enojar al no irse de mi vista, suspire pasando mi mano por mi frente— Jamás saldría contigo, JAMAS —esta última lo dije lentito a ver si podía entender, pero creo que no entendió nada.
—Bueno, quizás otro día —bufe cansada, que acaso tiene un mono por cerebro, el al ver que yo no dije nada se dio media vuelta y se fue dejándome sola.
Comencé a buscar a Alice, quien estaba con una sonrisa de oreja a oreja esperándome en una de las mesas, suspire caminando hacia aquella, estaba enojada, su sonrisa traviesa dejaba ver que todo lo habia echo a propósito.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunte completamente enojada.
—Mirarte enojada aguantando al tonto de Mike, fue como volver al instituto —dijo riéndose completamente divertida.
—Lo único que falta es encontrarme con alguna estúpida como Lauren —termine uniéndome a las risas de Alice. Pero poco me duraron ya que mis ojos se posaron en lo de Lauren quien venía hacia nosotras, yo y mi boca invocando a las pesadas. Para mi desgracia no venía sola, a su lado veían las locas de su clan. Alison y Jessica.
—¿Todavía siguen con su clan? —le pregunte a Alice antes de que ellas llegaran. Ella asintió rodando sus ojos. ¡Diablos!
—Bella, querida, que gusto verte —saludo como si fuéramos las grandes amigas, su voz nasal daba asco.
—Claro — dije cortante, a ver si esta se le prende la ampolleta se va.
—Supe que te separarte, que pena —comento mirando sus dedos, como si estuviera comentando el tiempo.
—Es una pena, que nadie te quiera, y menos con una mocosa —dijo Jessica soltando algunas risitas.
Suspire pesadamente y me levante de un salto, hoy se equivocaron más cuando metieron a mi hija en medio.
—Lauren, es mejor que te vayas —dijo Alice al ver que si no se iban las iba a dejar como unos estropajos.
—No me quiero ir, es un lugar público, además tú te lo buscar Bueno eso es lo que obtienes por ser una cualquiera —dijo Lauren mirándome con suficiencia y aquello era lo que necesitaba para explotar, en sus ojos vi el miedo que le provoco el que me pusiera frente a ella. Sin más tome mi refresco se lo lance encima, las otras dos plásticas, saltaron dando un paso hacia atrás, para no mojarse con el líquido de color naranjo que cubría a Lauren, ella me miro horrorizada, iba levantado su mano para darme una bofetada, pero le pare en seco su mano.
—Jamás, vuelvas a insultarme —dije bastante cerca de su rostro y lentamente esperando que entendiera, Alice reía tratando de calmarme. Solté la mano de Lauren separándome de ella.
—Eres una puta igual que tu madre —grito arreglando su blusa.
Aquello fue lo que desato mi ira, la poca paciencia que me quedaba se fue a la mierda, antes que se alejara puse mi mano en un puño y se lo di de lleno en la nariz falsa que tiene, tenía tanta rabia acumulada que el golpe provoco que cayera al suelo, los gritos del clan se escuchaban por todos lados, Lauren quedo en el suelo cubierta de gaseosa y de sangre que mancho su ropa.
Alice tomo de mi mano, y nos pusimos a correr, con las bolsas que ella habia comprado, pero antes de irme me puse en cuclillas al lado de Lauren.
—Ni se te ocurra hacer algo en mi contra, porque te ira peor —susurro con una sonrisa angelical.
Tome la mano de Alice comenzando a correr por el centro comercial hacia la salida, no queríamos que los guardias llaman a la policía, y menos si en ella estaba mi padre. Rápidamente subimos al coche y dejando las bolsas de las compras en el asiento trasero. Encendí el motor y salimos más que rápido del estacionamiento del centro comercial tomando la calle para ir a la casa de Alice. Mis nudillos pulsaban de una manera atroz, sentía mi mano hinchada.
—Tranquila, era lo mejor que le podía pasar, fue genial ese derechazo —dijo riendo a carcajadas, yo la acompañe en las risas, pero luego de unos segundos comenzaron las esperadas lágrimas.
Todo esto me hizo recordar todo aquello que pase en este pueblo cuando estaba embarazada. Alice solo me acariciaba el brazo tratando de calmarme, pero todo era inútil, las lágrimas no dejaban de salir impidiendo que pudiera seguir conduciendo, encendí las luces de advertencia y me orille, dejando salir todo esta pena, apoye mi frente en el volante.
—¿Estás bien? —preguntaba Alice acariciando mi espalda tratando de calmarme —Vamos cambiemos yo manejo —dijo bajando del auto para tomar mi lugar detrás del volante. Me moví cambiándome de asiento al lado del copiloto. Alice comenzó a manejar, algo raro en ella, iba respetando el límite de velocidad quizás para que me calmara antes de llegar a su casa y ver a mi hija, mire mis manos y las cerré sorbiendo mi nariz, mis nudillos estaban hinchados y colorados.
—Ouch —me queje al mover mi mano.
—¿Te duele? —pregunto, mientras miraba la carretera comenzando a conducir un poco más a prisa..
—Sí, creo que Lauren tiene la nariz dura de tantas cirugías que se ha realizado —reí a carcajadas, Alice me miró extrañada y me acompañó riendo.
Llegamos a la entrada de la casa de Alice, mientras estacionaba me mire rápido en el espejo, me arregle el cabello no me habia dado cuenta de que estaba tan mal. Salimos del auto y entramos a la casa, la casa estaba en silencio excepto por un par de ruidos que venía de la cocina, junto con Alice fuimos hasta allí, Esme estaba cocinando.
—Hola mamá, ¿dónde está papa? —pregunto Alice.
—Está en su despacho Ali, hola Bella —me saludo con una sonrisa que pronto desapareció al verme. Alice salió en busca de Carlisle.
—Hola Esme, ¿cómo estás?
—Bien y ¿tu? —ella me sonrió y se acercó a mí. Puso su mano en mi mejilla y la acaricio. Yo solo pude asentir—. ¿Estás segura?
Solté un suspiro, Esme me conocía lo suficiente para saber que algo nada bien.
—Sí, solo que me encontré con Lauren, pero… —dije encogiéndome de hombros sin poder seguir y una lagrima salió recorriendo por mi mejilla, ella la seco al instante con suave pañuelo.
—Tranquila, son cosas que dicen por envidiosas —susurró abrazándome envolviendo mi cuerpo con sus brazos— Porque ella no tienen una hermosa hija.
Sonreí abrazando a Esme.
—Bella —llamó Carlisle, me separe de Esme sonriendo hacia él—. Alice me contó que pasó, déjame ver tu mano.
Le pase mi mano y me examinó, mientras lo hacía vi que venía bajando Edward y entró en la cocina, me miro y sonrió, Esme no dejaba de observarme sin entender que había pasado en concreto.
—¿Qué más paso? —pregunto preocupada.
—Bella, le dio un puñetazo en plena nariz de Lauren —dijo Alice saltado de alegría Esme me miro solo sonrió, Edward me miro con cara de... estar orgulloso de mi, si claro eso era solo mi imaginación.
—Se lo merecía —dijo Edward, lo mire y este solo me sonrió— Voy por la niña.
—¿Porque no te quedas a cenar? —me pregunto Esme esperanzada.
—No, quiero molestar —dije bajando la mirada, mientras Carlisle me vendaba la mano, dijo que el golpe me había provocado una contusión que con el paso de los días ya no habría más dolor.
—Bella, jamás serás una molestia, así que te quedaras a cenar —dijo Carlisle, de esa forma no pude rechazar aquella invitación.
En cuanto terminó de vendar mi mano, junto con Alice ayudamos a Esme a poner la mesa, Edward bajo con Antonia que venía feliz por saber que estaríamos hasta tarde en la casa de sus abuelos. Mientras cenábamos solo pensaba que aquel encuentro en el centro comercial no se volviera a repetir de lo contrario pasaría con mis manos con vendajes y una posible demanda por agresión.
