DIVISIONES
VII: LÁGRIMAS
Templo de Capricornio
Shura se levantó con dolor de cabeza. Parecía que todos en el Santuario (y en el Inframundo) se habían vuelto locos. Le daba algo de pena la chica que había llegado la noche anterior. Según lo que Afrodita les contó, Victoria había sido amiga de Evelyn desde que eran pequeñas, y que esa chica estaba con Radamanthys desde hacía un tiempo. Suspiró y se frotó la frente. Ese idiótico espectro había metido las patas, y feo. ¿Cómo se le ocurría decir algo así a una mujer embarazada?
Bufó fastidiado mientras que sacudía la cabeza. Se levantó y se dirigió al cuarto de baño para lavarse la cara. Shura suspiró de nuevo mientras se miraba en el espejo. No pudo evitar sonreír al pensar en Mac. No se había podido quitar el pensamiento de esa chica. Era muy bonita, y era inteligente y activa. Claro, a veces no entendía la mitad de lo que la chica decía, pero aún así…
El chico sacudió la cabeza. ¿Qué rayos estaba pensando? No tenía tiempo de pensar en chicas. Ya tenía suficientes problemas con Anika, a quien estaba evitando activamente. Su reflejo le dirigió una mirada culpable, y bajó la cabeza un poco apenado. Quizá sería buena idea hablar con esa chica y dejar las cosas en claro por fin.
"No seas cobarde", se dijo a sí mismo.
Shura salió del cuarto de baño y se vistió para salir a entrenar. Antes de salir, tomó el reloj que Mac le había regalado el día anterior, y se lo puso en la muñeca, sonriendo levemente para sí mismo. Abrió ya puerta y se dispuso a dirigirse al Coliseo.
Si se encontraba a Anika, hablaría con ella y le dejaría en claro sus pensamientos. Y se preparó psicológicamente para una paliza.
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Recinto de las Amazonas
Anika despertó con una expresión completamente mortificada. El día anterior ni siquiera había podido cruzar dos palabras con Shura cuando una intrusión en el Santuario la interrumpió, y después Aldebarán la había "secuestrado" después de la comida, por lo que había decidido regresar al recinto de las amazonas. Había sentido el cosmo de Shura regresar al Santuario en la noche tras permanecer un rato en el templo de Aries.
La amazona sacudió la cabeza. Tenía que hablar con Shura, tenía que decirle.
Toda esa situación la mortificaba. No podía negarlo, le gustaba el serio santo de Capricornio. Y el hecho de que hubiera visto su rostro hacía unas semanas para salvarla era el pretexto ideal que ella había encontrado para por fin confesarle sus sentimientos.
Pero, ¿qué pasaba si Shura no la correspondía? Anika había pensado largo y tendido sobre ello, aunque solía ignorar ese pensamiento después de pensarlo un rato.
Se levantó, se puso su máscara y se dispuso a salir a entrenar.
Mientras salía del recinto, miró a una muy contenta Shaina tomando a Ava de la mano y caminando con ella hacia la salida del recinto también, y hacia la playa del Santuario, pues por tratarse de los primeros días de marzo hacía un buen clima. Anika sonrió levemente.
-¿Anika?- dijo Shaina antes de irse- ¿qué haces despierta tan temprano?-
-Pensé en salir hoy a entrenar- dijo la chica- aprovechar el tiempo-
Shaina la miró, no muy convencida, pero sonrió levemente bajo su máscara y asintió. Se volvió a la pequeña, y ambas salieron a entrenar juntas.
Finalmente, Anika sonrió y salió hacia los terrenos.
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Templo de Piscis
Afrodita colocó un jarrón con algunas de sus flores más lindas en la habitación donde se estaba quedando Victoria. El santo de Piscis solo dejó su encargo y salió rápidamente, dejando que Evelyn se quedara con la chica y se encargara de todo. No sabía si así era la chica, o eran las hormonas del embarazo, pero no lo quiso averiguar. Mejor se mantuvo alejado de toda la situación.
Sabía muy bien que Victoria amaba a ese cabeza hueca de Radamanthys, y seguramente el muy tarado había metido las cuatro patas sin ninguna mala intención. Bufó. Se preguntaba si el espectro sabría que su chica estaba en el Santuario de Athena.
El santo de Piscis sacudió la cabeza. No era de su incumbencia. Pensó que quizá sería buena idea invitar a Sofi a pasar un tiempo con ella, sobre todo porque ella la podía apoyar un poco.
Encogiéndose de hombros, el santo de Piscis se dispuso a preparar algo de desayunar para las dos chicas. Le daba un poco de pena la situación en la que estaba Victoria, y esperaba de todo corazón que se resolviera pronto.
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Casa en Atenas
Mac pasó la mañana siguiente trabajando, pues Derek había recibido lo necesario para la impresora 3D, y no fue difícil comenzar a armar la prótesis robótica que le había sido encargada. Trabajó completamente concentrada, escuchando la música de los Beatles.
La prótesis era de color rosada, parecía de plástico, pero con algunos circuitos color plateado a los lados. Mac se puso una máscara protectora y comenzó a soldar los circuitos.
-Has estado 43% más callada el día de hoy que en promedio, Mac- comentó por fin Toto, rompiendo el silencio. El pequeño perro estaba sentado sobre el escritorio, y siguió con la mirada a la chica durante todos sus movimientos.
-¿Mmm?- dijo Mac bajo su máscara portectora, sin quitar la vista de su trabajo.
-¿Me escuchaste?- dijo Toto, moviéndose de un lado al otro en el escritorio- ¿Mac?-
-Sí, no molestes, ¿no ves que estoy ocupada?- dijo Mac, aún sin quitar la vista de la mano robótica.
Los circuitos de Toto sonaron de una manera curiosa, y Mackenzie pudo saber que su robot se estaba burlando de ella. Entrecerró los ojos, se levantó la máscara protectora y se volvió a él.
-Está bien, Toto. ¿Qué quieres?- dijo Mac, dejando su trabajo por un momento y volviéndose hacia él, suspirando frustrada- más vale que sea importante-
-Lo es. Pero primero tengo que preguntar. ¿Acaso estás tan callada por los eventos del día de ayer?- dijo Toto- por supuesto, hablo del santo de Athena que conociste-
A Mac no le hizo nada de gracia el comentario. Ya se esperaba algo así, pero no de una manera tan directa. Suspiró, y volvió a bajarse la máscara y a tomar su desatornillador para seguir trabajando.
-Hay algo importante que necesitas saber- le dijo Toto- te dije que era algo importante-
-¿Y bien?- dijo Mac, descubriéndose la cara de nuevo y volviéndose a él.
-¿Recuerdas ese reloj que le diste al santo de Athena?- dijo Toto, y Mac alzó las cejas y se volvió hacia él, asintiendo levemente- creo que debes de saber que fue hackeado tan pronto como regresó al Santuario de Athena-
-¿Hackeado?- dijo Mac, recordando que, en efecto, no había puesto al aparato ningún código o bloqueo a prueba de hackeos- ¿cómo puede ser posible?¿quién…?-
-Investigué la causa. Eso te va a llamar la atención- dijo Toto en un tono sabiondo- al parecer hay un satélite que está extrayendo toda comunicación electrónica de Atenas, incluidos los que se encuentran dentro del Santuario de Athena-
-Pero… eso es imposible, Toto- dijo Mac- esta mañana leí sobre el Santuario de Athena. Es imposible incluso ubicarlo en un mapa, o en GPS. ¿Cómo pueden…?- pero se interrumpió- oh, los teléfonos celulares de los habitantes del Santuario-
Toto asintió haciendo un ruidito mecánico. Mac se mordió un labio.
-Tengo que avisarle a Shura- dijo la chica, dejando su herramienta en la mesa y quitándose la máscara protectora, deslizándose hacia un lado de su escritorio y encendiendo la computadora- Toto, ¿cuál es la clave del satélite que se está robando la información de los santos?-
-CN1938DL- dijo Toto- no olvides entrar en una sesión segura-
Mac tecleó el código que Toto le dio, y pronto accedió a los datos que su robot le estaba describiendo.
-Oh, por los dioses- dijo Mac en voz baja, mirando que tenían un programa para robar información de los aparatos. Se dio cuenta que estaban extrayendo información de sus teléfonos celulares- esto no está nada bien. Voy a descargar los datos en un disco, para que los santos de Athena conozcan esto-
-¿Me permites sugerir que mejor imprimas los datos?- dijo Toto- si los leen con un aparato electrónico dentro el Santuario, los hackeadores sabrán que tienen la información, y quizá quien se las dio-
-Buena idea- dijo Mac, y envió los datos a la impresora. Se levantó de su asiento, se puso encima su chamarra y, tras tomar los documentos, guardó a Toto en su bolso y se apresuró hacia el Santuario de Athena.
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Giudecca, Inframundo
Radamanthys llevaba todo el día en Giudecca, sin dejar quitar el dedo del renglón, esperando que Perséfone le concediera una audiencia para intentar convencerla de decirle donde se encontraba Victoria. Finalmente, después de que Kagaho le dio una paliza y de que Hades le había dicho que no molestara a su esposa, y el juez de Wyvern se dirigió a la salida de Giudecca arrastrando los pies.
Pandora, quien estaba pasando por ahí, alzó las cejas al verlo tan deprimido. No se imaginaba que estaría haciendo ahí, sin Victoria, pues ella no estaba al tanto del drama que se había desarrollado en la mañana.
-¿Radamanthys?- dijo la hermana de Hades.
-Señorita Pandora- dijo el juez sin muchas ganas.
-¿Qué sucede?- dijo la mujer, preocupada, pues acababa de ver a Hades, y no había notado nada extraño, al contrario, parecía un poco divertido- ¿pasó algo malo?-
Radamanthys asintió, y se dejó caer sentado en los escalones en la entrada de Giudecca, deteniendo su cabeza con sus manos. Pandora, curiosa y preocupada, se sentó junto a él con cuidado, esperando pacientemente a que el espectro hablara. Nunca lo había visto tan deprimido.
-¿Estás bien?- dijo Pandora en voz baja.
-No- dijo Radamanthys, cubriéndose la cara con las manos en un gesto desesperado- anoche, Victoria se fue del Inframundo-
Pandora abrió los ojos desmesuradamente. ¿Era eso acaso una oportunidad para ella? Ella siempre había estado enamorada del serio juez de Wyvern, y desde que llegó Victoria, Pandora se había sumido en un permanente estado de enojo y tristeza. Perséfone había hablado con ella, diciéndole que tenía que aceptar la verdad para que fuera capaz de encontrar la verdadera felicidad, pero Pandora no la había escuchado.
Y justo ahora sucedía eso.
-¿Dónde está… Victoria, quiero decir?- dijo Pandora, pronunciando con dificultad en nombre de la chica inglesa.
-No lo sé- dijo Radamanthys con pesar- la señora Perséfone la ayudó a salir del Inframundo, y dijo que estaba en un lugar seguro, pero no me ha querido decir a donde fue-
Pandora frunció el entrecejo. Conociendo a Perséfone, seguramente Victoria realmente estaría en un sitio seguro, esperando a que la reina del Inframundo revelara esa información a Radamanthys.
-Pero, ¿porqué se fue?- preguntó Pandora- ¿ustedes dos pelearon?-
Radamanthys bajó la mirada.
-Yo no lo quería, no es algo para lo que estemos preparados- dijo Radamanthys, cruzándose de brazos- debió haberme hablado, debió haberme dicho que quería quedárselo en vez de correr con la señora Perséfone y huir del Inframundo, pero…-
Pandora sacudió la cabeza, sin entender nada.
-Rada, no estoy entendiendo nada- dijo Pandora- ¿qué fue lo que pasó?-
-Por mi culpa, fui un tonto- dijo el espectro, intentando pronunciar las palabras que le causaban tanto estrés y preocupación- Victoria está… está embarazada-
Pandora sintió como si un balde de agua helada le cayera encima de pronto. Si Radamanthys hubiera estado poniendo atención, hubiera podido escuchar el corazón de Pandora terminar de romperse. En el fondo de su corazón, Pandora sabía muy bien que, por más que Radamanthys renegara, jamás sería capaz de abandonar a Victoria, mucho menos ahora que llevaba…
La chica se levantó y le dio un zape en la nuca con todas sus fuerzas. ¿Qué más podía hacer? Después de ello, Pandora entró a Giudecca y cerró la puerta detrás de ella. Radamanthys se frotó la cabeza con la mano, mirando confundido el sitio donde había desaparecido la chica. Suspiró.
-¿Qué es pasa a las mujeres el día de hoy?- se lamentó el espectro.
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Terrenos del Santuario
Shura tomó un descanso de su entrenamiento, y salió del Coliseo para refrescarse la cabeza con un poco de agua. Ah, había sido un buen día de entrenamiento. Había entrenado junto con Aioros y Saga, quienes al parecer le habían dado una buena paliza.
-Pareces algo distraído, Shura- observó Aioros, sonriendo mientras él también se refrescaba un poco con el agua de la cubeta- no me digas que también estás pensando en alguna persona especial. Ya tenemos suficiente con Saga-
El aludido le lanzó una mirada furiosa a Aioros.
-Déjame en paz, Aioros- siseó Saga. No le hacía nada de gracia que lo molestaran con ese tema. El santo de Sagitario se echó a reír, y le dio un golpecito en el hombro.
-Tranquilo, Saga, solo bromeo- dijo Aioros- lo lamento-
Shura sonrió levemente, aliviado de que la atención se hubiera desviado a Saga. La verdad es que sí, Aioros le había dado una paliza ese día, sobre todo en algunos momentos en los que su mente había divagado.
Y si creía que tenía problemas porque Aioros había notado su distracción, no había siquiera empezado a imaginarlo.
Tan pronto como Aioros había terminado de hablar, los tres santo dorados vieron que un par de figuras se acercaban a ellos. Era Marín, acompañada de Anika. Shura palideció levemente, y sintió un tic en el ojo. Suspiró. Se venía el momento de hablar con la chica y arreglar las cosas.
Saga y Aioros sintieron la tensión casi de inmediato, y decidieron desaparecer de ahí.
-Eh… tengo que irme, iré a darme una ducha, porque hoy voy a comer con Cecy- dijo Saga en voz baja- nos vemos al rato-
-Eh… vamos, Marín, quiero ver como le va a Aioria entrenando a Kostas- dijo Aioros, y Marín asintió levemente, agradecida de que hubiera captado lo que quería decirle. Una vez que se quedaron solos, Shura se volvió hacia Anika.
-Bueno- dijo Shura.
-Sí…- dijo la chica, sin saber como empezar.
Shura la miró. Tal vez no lo había notado antes, pero la amazona no era fea. Era fuerte, como todas las mujeres que peleaban por Athena, y por lo poco que recordaba de hacía un par de semanas, tenía rasgos faciales lindos. Se encogió de hombros.
-Yo…- dijeron los dos al mismo tiempo, pero se interrumpieron.
-Sobre lo que sucedió- dijo Shura, antes de que Anika pudiera decir algo- quiero que sepas que, lo que hice, fue para salvar tu vida. Y si tengo que… asumir las consecuencias- se aclaró la garganta- si decides pelear conmigo está bien, aunque te advierto que no será tan fácil matarme-
-No, no, señor Shura- dijo Anika, sacudiendo las manos- solo… quería agradecerte. Y decirte que no te culpo-
Shura exhaló. Menos mal, no quería pelear con esa chica. No era como que Anika pudiera hacer algo al respecto contra él, pero no le hubiera gustado tener que matarla por la estúpida regla obsoleta que tenían las amazonas.
-Me da gusto, Anika- dijo Shura, realmente aliviado- eso quiere decir que podemos permanecer como los buenos amigos que somos-
Ouch. Golpe bajo. Buenos amigos. La expresión derrotada de Anika pasó desapercibida para Shura, quien estaba más aliviado que otra cosa por haber resuelto el problema que había tenido, aunque el pobre no se daba cuenta de que aún no estaba resuelto. Suspirando, Anika se dispuso a decir algo, pero se interrumpió al escuchar a alguien llamando a Shura.
-¡Shura!- exclamó una voz femenina.
Tanto Shura como Anika miraron a su alrededor, sin lograr ver a nadie. Por instinto, y reconociendo la voz, Shura levantó la mirada, y se dio cuenta de que Mac estaba sobrevolando el sitio donde estaban ellos dos, con una sonrisa extraña. Anika se dispuso a atacar, pensando que se trataba de un intruso, pero Shura la detuvo con una mano.
-No, espera, Anika- dijo el santo dorado.
-Señor Shura…- dijo Anika.
-Tranquila, la conozco- dijo Shura.
Anika frunció el entrecejo, mientras veía a Mac aterrizar frente a ellos dos, con una extraña sonrisa. Mac había vuelto a usar su prototipo para entrar al Santuario sin ser detenida por los guardias, y había encontrado a Shura más rápidamente de lo que había imaginado. Esta vez, su vuelo no había tenido ningún incidente.
Tan pronto como Mackenzie puso los pies en el suelo, las alas de su prototipo volador se guardaron automáticamente en la mochila.
-Buenos días, Shura- dijo la recién llegada, sonriendo.
-Mac, ¿qué estás haciendo aquí?- dijo Shura- ya te había explicado que…-
-Tenía que venir a verte- lo interrumpió Mac, su sonrisa desapareciendo por un momento. Abrió su pequeño bolso, y sacó de él a Toto y un paquete de papeles- por… accidente, Toto y yo descubrimos que algo peligroso está ocurriendo aquí, en el Santuario-
Tanto Shura como Anika alzaron las cejas. La amazona estuvo a punto de burlarse de ella. ¿Qué podía saber de la seguridad del Santuario una chica como ella? Por la pinta que tenía, parecía ser más una mecánica o motociclista más que otra cosa: tenía unos shorts color caqui, un top rojo y una chamarra verde, con sus desordenados cabellos rubios torpemente amarrados en una cola alta. Y, ¿era su imaginación, o había llamado "Toto" a su juguete?
-¿Toto?- dijo Anika antes de contenerse.
Mac puso los ojos en blanco.
-Toto: Tiny Optimal Technopet Operations- dijo Mac, mostrándole a su robot- pero eso no es importante, ¿quieren escucharme?-
-Te escucho- dijo Shura, lanzándole una mirada a Anika para que la dejara hablar.
-El reloj que te di ayer- dijo Mac, señalando la muñeca del santo dorado- está conectado a Toto, ¿recuerdas que te dije?-
-Ajá- dijo Shura, ignorando el hecho de que Anika parecía cada vez más incómoda conforme continuaba esa conversación.
-¿Podrías… apagarlo por un segundo?- dijo la chica en voz baja. Shura alzó las cejas, pero obedeció y oprimió el switch.
-Listo- dijo el santo dorado- ¿de qué se trata todo esto?-
-Bueno, Toto descubrió que alguien lo comenzó a hackear desde anoche, justo en el momento en que entraste de regreso al Santuario- dijo Mac.
Shura alzó las cejas. ¿Cómo podía saber eso? El santo dorado comenzó a preocuparse. Anika, por su parte, gruñó en voz baja. ¿Anoche Shura había estado con esa chica? Con razón no había vuelto al Santuario. Esa situación le gustaba cada vez menos.
-Lógicamente, procedí a hackear a su vez el sitio que estaba robando los datos de tu reloj desde mi computadora- continuó Mac en un tono sabiondo que hizo que Shura sonriera levemente- y descubrí que no es solo tu reloj: todos los aparatos electrónicos que están dentro del Santuario en este momento están siendo intervenidos cuando están encendidos. ¡Los están espiando! Y también…-
-Eso es imposible, pequeña- dijo Anika, interrumpiendo a Mac y poniéndole la mano en la cabeza, como si fuera una niña pequeña- el cosmo de la señorita Athena no permitiría…-
-No soy "pequeña", y no es imposible- dijo Mac, quitándose la mano de la amazona con un gesto, y mostrándole los folios que había impreso- aquí está la prueba: incluso sé el sitio físico a donde están mandando su información-
Anika se cruzó de brazos, dejando escapar una expresión de incredulidad, pero Shura miró con atención a Mac, y tomó los folios que le había entregado. Palideció al leerlos.
-Ella tiene razón, Anika- dijo Shura- tenemos que darle esta información a Athena rápidamente- levantó la mirada hacia la chica rubia- muchas gracias por avisarnos, Mac-
Mac sonrió y guiñó un ojo a Shura, para total y completa desesperación de Anika. La chica rubia se guardó a Toto en su pequeño bolso y apretó los puños, haciendo surgir de nuevo las alas de su mochila. Sin dejar de sonreír, el viento hizo que se elevara en el aire hacia atrás, hacia la salida del Santuario, tras despedirse de Shura con un movimiento de su mano. Shura la vio alejarse, sonriendo, y tan pronto la chica desapareció, se apresuró al Templo del Patriarca a darle la noticia al Patriarca.
Anika se quedó ahí de pie, sola y confundida sobre lo que acababa de pasar.
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Giudecca, Inframundo
Poco antes
Tras despachar a los jueces de regreso a sus actividades, con órdenes expresas a Radamanthys de no salir del Inframundo, Hades se quedó a solas con Perséfone.
-Bueno, ahora que por fin estamos solos- dijo Hades- ¿qué fue lo que pasó, florecita?-
-Como te dije, Victoria llegó llorando a mi habitación anoche por lo que el tarado de Radamanthys le dijo- dijo Perséfone, cruzándose de brazos- decidí darle una lección-
-¿Qué hiciste?-
-La envié con su amiga al Santuario de Athena- dijo Perséfone- Kagaho la acompañó todo el camino y se aseguró de que llegara a salvo-
Hades alzó las cejas. No parecía para nada un mal plan. Quizá debería seguirle el juego a su esposa y esperar a que Radamanthys aprendiera su lección. La verdad era que él mismo se había tenido que palmear la cara al escuchar la versión del juez. Si él mismo estaba molesto por la gran metida de pata que había hecho el juez de Wyvern, no podía describir la molestia de las chicas. Si bien Perséfone ya estaba muy molesta, Aria había comenzado a hablar furiosamente en italiano, Violate le había propiciado un zape bien dado al salir y Agatha siseó algo molesta, haciendo que Thanatos la tomara de los hombros para que no se lanzara a golpearlo.
-Bueno, hablaré con Athena para explicarle la situación- dijo Hades, suspirando y abrazando a su esposa- si crees que eso es lo mejor…-
-Lo creo- dijo Perséfone- a Victoria le hará bien pasar un poco de tiempo con su amiga, fuera del Inframundo, pues estaba muy alterada por las hormonas. Y a Rada le servirá de lección-
Hades sonrió levemente y besó a su esposa en la frente. La adoraba. Pero a pesar de que era pequeñita y de piel muy pálida, realmente podía ser muy temible. Y como Radamanthys había descubierto a la mala, no era nada sabio hacerla enojar.
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Recinto de las Amazonas
Poco antes
Anika regresó a su habitación, furiosa y terriblemente frustrada. No dijo nada mientras evadía las preguntas de June sobre su actitud, e incluso empujó a Edith cuando la aprendiz le hizo una pregunta, para después encerrarse en su habitación. Edith se quedó mirando asustada la puerta cerrada, pero se encogió de hombros, y fue a buscar a su maestra, para hacerle la misma pregunta.
Tan pronto como estuvo sola en su habitación, Anika se quitó la máscara y la lanzó furiosa contra la pared. Se dejó caer al suelo, con la cabeza entre sus manos.
-¿Qué estaba pensando, por todos los dioses?- susurró la chica, ovillada en el suelo, quien sin querer comenzó a derramar algunas lágrimas. ¿Porqué le pasaba eso a ella? Por primera y única vez en su vida se había enamorado de alguien y resultaba que él no solo no la registraba, sino que la había llamado "amiga". Y después estaba esa otra chica, con las ridículas alas mecánicas. ¿Estaba pasando algo que ella no sabía? ¡Arrg!
De repente, se le ocurrió una idea. ¿Y si esa chica era una espía de los enemigos? Pero ella había ido a advertirles lo que estaba pasando, ¿no? ¡Ah! ¿Acaso Shura estaba enamorado de ella? Si solo era una mocosa presumida.
-¡Bah!- dijo Anika, enojada, dando una patada en el suelo.
Alguien interrumpió sus pensamientos al llamar a la puerta. Anika aguantó la respiración, para que no la escucharan llorar.
-¿Anika?- escuchó la voz molesta de Lena- ¿tienes un minuto?
Anika puso los ojos en blanco.
-¿No… no puede ser en otra ocasión?- preguntó Anika, intentando en vano que su voz no sonara quebrada.
Hubo un silencio por unos minutos, como si Lena estuviera considerando si entrar o no.
-¿Te encuentras bien?- dijo la voz de Lena detrás de la puerta, que ahora en vez de molesta sonaba preocupada.
-Sí, no te molestes…- dijo Anika, limpiándose los ojos con el dorso de su mano.
No había terminado su frase, cuando la puerta se abrió, y entró Lena, arrodillándose junto a ella y tomándola de los hombros.
-¿Qué sucedió, Anika?- preguntó Lena.
Anika no lo pudo soportar más. Abrazó a su compañera, y se echó a llorar amargamente.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo mis locuras. Les agradezco mucho a todos por sus reviews. Nos leemos muy pronto.
Abby L.
