235.— Hoy iba tarde a la clase de Runas Antiguas, casi no dormí, debía terminar el ensayo de Estudios muggles. El caso es que, en mi carrera no me percate de quién iba por los corredores.
En mi defensa, yo pensé que todos, tanto alumnos como maestros, estaban en las aulas de clases... Mi cuerpo chocó contra otro de pecho ancho y fuerte, mi mochila cayó al suelo y yo hubiera caído también sino ha sido porque una mano me tomó del brazo...
Mi piel se erizo y un escalofrío recorrió mi espalda, temerosa volví mis ojos para confirmar de quién se trataba. Sus ojos negros se me quedaron viendo fijamente por un instante...
— Tenga más cuidado, señorita Granger...— con un grácil movimiento de varita recogió todo lo que había caído de mi mochila.
Lo ví marcharse, aturdida y confundida me pregunté del porqué de su comportamiento tan... ¿Atípico? No me había gritado que era una tonta por no tener mayor precaución al caminar y además no me ha quitado ningún punto...
Seguramente sólo es algo pasajero debido al estrés que nos causa a todos la presencia de Umbrige en el colegio...
- 25/10/95
* * * *
El día inició como cualquier otro, baje a desayunar al Gran Comedor, los chicos aún no bajaban. Tomé asiento junto a Giny y procedí a servirme unas tostadas, café y un poco de fruta.
El reloj marcó las ocho en punto y la hermosa lechuza negra hizo acto de presencia, trayendo consigo una carta de Severus, como siempre lo ha hecho luego del día de mi cumpleaños. Intenté acariciar al ave pero me dio un picotazo.
— Odioso... — murmuré mientras desataba la carta de su pata. Una vez lo hice, emprendió su vuelo.
— ¿Es carta del murciélago? — preguntó burlona mi amiga.
— No lo llames así, y si es carta de él — respondí con una sonrisita tonta.
— Amiga, no tienes remedio, estás completamente enamorada del murciélago... — mis mejillas seguro se tornaron rojas.
— Callate, que tú no te quedas atrás, bien que andas babeando por Zabini...— la pelirroja casi se atraganta con el pedazo de tostada que se había llevado a la boca— ¡Ja! Te descubrí, ¿cuándo pensabas contarme?
— Precisamente hoy, el estúpido de Zabini quiere gritar a los cuatro vientos que soy su novia— comentó poniendo los ojos en blanco — dile a Harry y al tonto de mi hermano que nos vemos en la Sala de Menesteres, luego de la cena.
— Está bien, les avisaré. Sólo esperó que tu hermano no se ponga como un loco.
— Ni que lo intente, mamá ya lo sabe y me apoya. Y bueno me voy, tengo Herbología y no quiero llegar tarde.
Giny se levantó y tomó su mochila, se despidió de mí con un beso. Minutos después aparecieron los chicos. Les di el recado, un poco extrañados desayunaron y luego nos fuimos a nuestra primera clase, que para mi desgracia era DCAO.
El día pasó muy lento y monótono, con muchas tareas por hacer y mucho por estudiar. Estaba impaciente por leer la carta de Severus, en el transcurso del día no pude, en el almuerzo a penas si pude comer algo. Ronald pasó preguntándome si yo sabía algo de lo que Giny quería contarnos. ¡Por Merlín! Tengo un fuerte dolor de cabeza.
El timbre que daba por finalizada la última hora de clase, sonó y todos salieron disparados a sus salas comunes para dejar los libros y demás material utilizado en clases. Logré cambiarme de ropa justo a tiempo para que Ronald nos arrastrará al Gran Comedor alegando que tiene hambre.
— Vamos, Giny, dinos qué quieres contarnos — rogaba con la boca llena de estofado de patatas.
— ¡Ya basta! Cuando estemos en la Sala de Menesteres, lo sabrás. Ahora dejame cenar en paz— contestó mi amiga, ya enfadada.
Ron terminó su cena en silencio, pues ya sabía que cuando Ginevra Weasley se enfadaba, lo más sensato era no seguir molestándola.
La cena terminó y los cuatro nos encaminamos a la Sala de Menesteres...
— ¡Zabini es tu novio! ¿Estás loca Ginevra?— gritó Ronald.
— Vuelve a llamarme loca y te arrepentirás... — siseo molesta su hermana— y no es que este pidiendo tu permiso, mamá ya lo sabe y esta de acuerdo — dijo cruzándose de brazos— quise decírselos yo misma porque Blaise esta dispuesto a que todos se enteren.
— Tendré vigilado a Zabini y como te haga daño se las verá conmigo— dijo Ron aún molesto— así que dile que esta a prueba.
Giny puso los ojos en blanco pero aceptó, para ser Ron la conversación no fue tan mal.
* * *
Septiembre transcurrió normalmente, entre clases, deberes, salidas a Hogsmeade y las habituales cartas de Severus. Ya fue dado de alta y ya se encuentra fuera de peligro, es un alivio para mí saber eso. Aún no decide si volver a Hogwarts como docente o dedicarse a otros asuntos.
Sinceramente, yo estaría encantada de que volviera a dar clases y poder verlo a diario, tratarnos como amigos, conversar como aquellas noches previas a que Hogwarts fuera tomado por Voldemort.
Suspire y mis ojos se deleitaron con el atardecer. El ambiente se estaba tornando fresco y algunas hojas iban coloreándose con los colores típicos del otoño. Tomé entre mis dedos el colgante que Severus me regaló por mi cumpleaños y una boba sonrisa se dibujo en mis labios. Lo amaba tan intensamente que a veces ni yo misma me creía que lo amará.
Cerré el libro que estaba leyendo y recogí mis cosas, pronto comenzaría la cena. Dirigí mis pasos hacia el castillo dejando atrás ese frondoso roble donde siempre me ha gustado sentarme a leer o simplemente tener un momento de paz...
Ese árbol es el testigo de varias conversaciones que sostuve con Severus cuando estaba en sexto, cuando me pidió que fuésemos amigos. Ese año para mí fue fabuloso porque pude conocer al hombre misterioso que era. Pude ver su lado más real y me enamoré aún más...
Una vez en el Gran Comedor, el bullicio de siempre nos rodeaba, los chicos hablaban de las estrategias que utilizarían en el partido de quidditch de este fin de semana. Mcgonagall llamó nuestra atención.
— Queridos alumnos, antes de que el banquete dé inicio, para mí es un placer comunicarles, que para Halloween tendremos un baile de disfraces— todos se emocionaron — será en parejas...— casi todos abuchearon — y habrá un premio de 200 puntos al mejor disfraz, eso es todo.
La comida apareció y todos se lanzaron a comer. No es de mi agrado que haya un baile de parejas, ¿a quién demonios invitaré? O peor aún, ¿quién querría invitar a la rata de biblioteca?
Definitivamente los bailes y yo no nos llevamos. En cuarto año, cuando Víktor quiso darme un beso fue todo un desastre, estaba nerviosa y no tenía ni idea de como besar. Al final, lo detuve y con eso se fue la oportunidad de dar mi primer beso...
Luego del anunció del baile, el tema de cada día en los pasillos, en las horas de descanso y antes de dormir era el maldito baile. Qué disfraz usarían, cómo y a quién le pedirían ser su pareja, incluso Harry y Ron hablaban de eso, misteriosamente ninguno soltó palabra alguna de quiénes serían sus acompañantes.
Me sentía frustrada porque el estúpido baile se acercaba y yo sería la única que asistiría sin pareja. El disfraz ya lo tenía por insistencia de Ginevra, lógicamente ella asistiría con su novio Zabini.
Faltaban tres días para el baile y con certeza me quedaría en mi habitación leyendo un libro, tomando chocolate caliente y sola... Sí, eso era lo mejor.
