Octubre llegó trayendo vientos y hojarascas, pero el sol siempre en lo alto no permitía que bajase la temperatura. Malfoy ya no saltaba cuando su teléfono sonaba, se había acostumbrado al "aparato endiablado ese". Susan tenía tema nuevo de que hablar, nos había aburrido con el cambio de closet por temporada, aunque el clima no le ayudaba mucho ya que no existía mayor cambio. Había llegado el turno del segundo partido del equipo como anfitrión. Yo tenía serias dudas respecto si ir o no. Faltaban un par de días pero aun así lo seguía pensando.

Debido al partido la última clase de deportes estuvimos en las gradas escuchando al entrenador hablar sobre los deportes olímpicos mientras el equipo entrenaba. Esta vez no hubo charlas telefónicas ni nada, fue una clase de lo más aburrida y para colmo tuve que ver como una de las animadoras le coqueteaba a Daniel.

Ese no era mi día, definitivamente. Había iniciado mal con otra prueba sorpresa que para colmo hasta Malfoy sintió fácil y yo no pude ni terminarla. Después, en la clase de ciencias, lo pasé todavía peor con la noticia de que pronto se haría un proyecto "muy divertido", claro que si divertido era ponerte a abrir sapos o ver orugas horribles en el micro nuestros conceptos de diversión no eran los mismos. Luego mi almuerzo estuvo terrible, ya que el tarado de Malfoy derramó chile "sin querer" sobre mi comida, y la guinda del día: la resbalosa esta. ¡¡Ay de mí!!

Me mantuve callada todo el camino de regreso a casa hasta que Susan preguntó que me había hecho esta vez su primo.

— ¡Oye! Yo no le hecho nada —exclamó él, ofendido.

— ¡Ay bueno! siempre se pone así cuando tú la ofendes –argumentó Susan encogiéndose de hombros.

—Hoy es inocente—, intervine antes de despedirme mientras me escabullía hacia mi casa.

¿No alegó? Si debe estar depre —escuché que decía Susan cuando me alejé.

No sabía porqué me sentía así, había sido un día pésimo pero había tenido otros peores ¿no es cierto? Y en esos días nunca me había sentido tan deprimida. Me acerqué al espejo observando cada detalle, buscando algo que me indicara donde estaba la raíz de esa depresión. Mi mirada estaba triste. Bueno, eso lo sabía sin necesidad del espejo. Mis rasgos comunes no me ayudaban, me sentía igual. Tomé mi cabello y lo agarré en una coleta. No, no ayudaba, la tristeza seguía allí. Solté la coleta y dejé que el pelo cayera como quisiese en mi cara, y allí en medio de la maraña de pelo observe mi rostro.

— ¿Qué es lo que te pasa, Diana? —pregunté a mi reflejo, como esperando que respondiera. Perfecto, ahora hablaba sola, síndrome de locura.

Los días pasaron y yo seguía igual, sino es que peor porque ya apenas hablaba. Llegó el día del partido y no me sentía con ánimos de ir a ningún lugar, así que se lo dije a Susan.

—Hoy no pases por mí —le dije en el tono mas lastimero que tenía.

— ¡Pero… pero tú no faltas a ningún partido! —se extrañó mi amiga como si hubiera dicho que me iba a cortar el pelo al rape.

—Siempre hay una primera vez para todo —respondí dejándola con la frase en la boca.

Volví a casa y me encerré en mi habitación hasta que un rato después escuché como alguien tocaba la puerta.

—Entre —dije marcando la página del libro que leía.

—Vamos, apresúrate —ordenó Susan entrando en plan sargento y dirigiéndose a mi armario—. Creo que la que necesita cambio por temporada es otra —comentó rebuscando entre mi ropa mientras yo la miraba desde la cama, donde estaba sentada y totalmente sorprendida.

— ¿Qué… que haces aquí? ¿Y por qué husmeas en mi ropa? —pregunté cuando salí del trance.

—Llevarte a ver un partido y buscarte un conjunto que no sea de cuando tenías catorce años. No precisamente en ese orden —contestó sacando un pantalón de cintura baja y una camisa sin mangas—. Apúrate, que Draco nos espera —añadió aventándome la ropa

— ¿Tu primo? —pregunté aun sentada sobre la cama.

— ¿Cuántos Dracos conoces? —preguntó con ironía. — ¡Obvio que él! Está allá abajo y odia esperar— explicó saliendo de la habitación y dejándome sentada en la cama con un bulto de ropa encima.

Diez minutos después bajaba las escaleras con el conjunto puesto, había preferido ahorrarme el sermón de la moda y la importancia de una vida social que incluye asistir a partidos, por lo que a regañadientes entré la cocina donde estaban todos.

—Tus amigos son adorables —comentó mi madre mientras retiraba unos vasos.

¿Malfoy adorable? ¡Quién no lo conoce que lo compre! Pensé para mis adentros.

— ¡Qué bueno que te agradaron! —dije aun clavada en el marco de la puerta.

— ¡Por supuesto, Susan siempre es un amor! —exclamó mi madre mientras la rodeaba con un brazo—. Pero tu primo, linda, es todo un caballero –añadió sonriéndole a Malfoy, quien para mi sorpresa también respondió con un halago.

—Es usted muy gentil, señora Mathews —dijo haciendo una inclinación de cabeza y hablando con su acento inglés—, pero si queremos llegar a tiempo debemos retirarnos ahora.

Yo estaba con los ojos como platos, y de seguro con la boca abierta me pregunté mentalmente—. ¿Dónde estaba el Malfoy que conocía?

— ¡Claro chicos! Vayan, diviértanse —nos animó mi madre mientras salíamos.

— ¿Se puede saber que hacen aquí? —les pregunté en cuanto cerramos la puerta de la casa.

—Susan me quitó la varita y como me dejó indefenso pensé que necesitaba un guardaespaldas —me dijo Malfoy sorprendiéndome más, mientras Susan solo se reía — ¿Quién me va a proteger de los bribones que quieran pegarme? ¿Quién más salvaje que tú?

Y dicho esto me tomó del brazo y prácticamente me arrastró hacia el auto, antes siquiera que pudiera responderle. No entendía nada, acababa de ser secuestrada en mi casa por un par de magos psicópatas y arrastrada a un partido que no quería ver… pero ¿Por qué? Esa fue la pregunta que hice a mis acompañantes. Susan estalló en risas mientras Malfoy ponía los ojos en blanco.

—No vas a pasar más tiempo metida en tu caparazón, tienes que salir de él —me advirtió mi amiga. La coleta que me había hecho bailaba al aire, ya que ese día el auto era descapotado.

Al llegar Malfoy saltó del asiento trasero y me abrió la puerta mientras acomodaba su cabello que con el aire se había despeinado. Bajé viéndolo como si me hubiese gritado.

— ¿Quién eres tú y que has hecho con Malfoy? —pregunté a la defensiva. El interpelado se quedo un momento en blanco y luego se rió.

— ¿Pero qué demonios estás diciendo? ¿Se te fundieron las neuronas?

— ¿Qué pasa? —nos interrogó Susan al alcanzarnos.

—Quiero saber que pretenden, y de cuando acá este se porta bien conmigo o con personas que no son como él, como por ejemplo mi madre —exigí cruzándome de brazos.

— ¡Ay Diana! No lo hagas más difícil —pidió Susan tomando del brazo a su primo— ¿Qué no puedes relajarte y divertirte un rato?

—No —respondí tercamente — ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué se portan así?

—Habla tú con ella, yo tengo que hacer algunas cosas —pidió Susan a su primo emprendiendo camino hacia la escuela.

Observé como mi amiga se alejaba y luego regresé la vista a Malfoy, quien parecía estudiar mis facciones, levanté una ceja como invitándolo a hablar.

—Hace menos de un mes alguien me dijo que si quería respeto debía ganármelo, pues eso intento—. Me dijo seriamente y durante un segundo me mantuvo la mirada, luego se relajó y sonrió burlonamente—. Ahora ¿quieres hacer el favor de entrar al maldito gimnasio sin hacer otra pataleta?

—De acuerdo —respondí entre bufidos. Malfoy me tendió el brazo para que lo tomara pero yo me reí sarcásticamente. — ¡Ja! ¿Y darles de que hablar a esta bola de chismosos y que me molesten el resto de mi existencia con alguien como tú? No, gracias.

—Luego no digas que no soy un caballero —advirtió caminando a mi lado cuando me dirigí a la escuela.

—Eso no te hace un caballero —le repliqué.

— ¡¡¡Eres terca!!! —me contestó.

—Sí… ¿Ya ves como no eres un caballero? —pregunté.

Seguimos molestándonos uno al otro todo el rato, Susan ni se metió, nuestra discusión estaba dentro del terreno de lo seguro, no eran grandes ofensas pero sí algo en que entretenernos. Me distraje un poco con esta salida. Susan tenía razón, no podía encerrarme en mi misma y menos sin motivo aparente. Cuando terminó el partido todo era fiesta, el equipo había ganado, así que estábamos felices. Al finalizar estábamos en el parqueo esperando a Susan ¿Por qué siempre teníamos que esperarla? ¿Será por qué es la única que tiene auto, o por qué es la única que sabe manejar? Talvez sea por eso.

Unos autos más allá habían puesto música y poco a poco se reunieron varios chicos, entre ellos pude notar que estaban varios del equipo, con razón estaban tan felices. Yo estaba recostada en el auto cuando Malfoy sin previo aviso me pasó el brazo por el hombro, yo reaccioné espantada al notar que estaba riendo.

— ¿Qué diablos te pasa? —le pregunté intentando apartarme un poco de él, pero no me dejó.

— ¿Quieres que el imbécil ese se entere de que existes, no? —me preguntó al oído, yo abrí súbitamente los ojos—. ¿Pues qué mejor manera que dándole un poco de celos? Que se dé cuenta que ya no estás disponible.

Cualquiera que nos viera pensaría que éramos algo. Solo imaginen a alguien hablándote al oído mientras te tiene abrazada. Cuando la imagen llegó a mi mente los colores subieron a mi rostro, Malfoy deslizó su brazo hasta posarlo en mi cintura, yo estaba más estática que un palo.

—Ayudaría un poco si también colaboraras —me susurró. Instintivamente entrecrucé mis dedos con los de la mano que tenía en la cintura.

— ¿Te sirve? —pregunté dirigiéndole una sonrisa sarcástica, Malfoy vio algo sobre mi cabeza que lo hizo sonreír antes de contestarme.

—Como primer paso sí, y al parecer el pez mordió el anzuelo —me advirtió arrastrando las palabras.

Vi como desde el grupo de chicos Daniel me observaba, intentaba disimular pero se le notaba interesado en lo que hacíamos. Una sonrisa se estampó en mis labios en el preciso instante en que Malfoy me rodeó con los brazos y el rostro de Daniel se volvió mortalmente serio. Parecía que yo me reía por lo a gusto que estaba en los brazos de Houdini pero mi alegría era que parecía que a Daniel le afectaba verme con otro. Yo estaba que podía saltar en un pie de alegría.

—Te regalaré una botella completa de desinfectante —le prometí a Malfoy hablando sobre mi hombro. Sabía que debido a sus prejuicios para él era un gran sacrificio hacer algo así.

Él se rió entre dientes antes de contestar.

—No te acostumbres, esto solo lo hago por los favores que me has hecho —dijo poniendo su barbilla en mi hombro.

—Sea cual sea la razón… gracias —le dije chocando mi cabeza con la suya.

—Que la botella sea grande —solicitó chocando su cabeza con la mía de nuevo.

— ¿Qué esta pasando aquí? —quiso saber Susan apareciendo por detrás del auto. Impulsados como por un resorte nos separamos y vimos a Susan con cara de poker.

—Te explico, pero no aquí. Vamos —respondí poniendo mi sonrisa nerviosa.

Susan no estuvo de acuerdo con lo que habíamos hecho ya que decía que engañar no era la mejor opción.

— ¿Pero que logras con eso? Que él crea que estás "saliendo con Draco" solo puede hacer que pierda interés —opinó Susan al otro día cuando continuamos con la discusión.

—Allí es donde te equivocas primita —la corrigió Malfoy—. El punto es ese, el sentimiento de codicia. Siempre queremos lo que no podemos tener, las chicas se vuelven atractivas cuando tienen citas.

—Yo lo que sé es que ya me harté que todos se nos queden viendo —dije contrariada, y era cierto, desde que entre a la escuela al menos nueve de cada diez personas voltearon a verme.

—Es que no te ven a ti, me ven a mi y envidian tu suerte de poder estar conmigo— explicó Malfoy haciendo gala de su ego.

— ¡No, pues! La arrogancia andando —exclamé cruzándome de brazos— ¿Y cuánto tiempo fingiremos?

—No mucho, espero —contestó Malfoy—. Mi reputación quedará por los suelos si estoy mucho tiempo contigo. —Añadió ganándose una patada por debajo de la mesa.

Cuando llegué a los vestidores para ponerme el uniforme de deportes varias chicas me emboscaron.

— ¡Vayan vaya! Sí te lo tenías guardadito ¿eh? —Dijo Odette sentándose a mí lado mientras yo buscaba mis tenis—.Lograste atrapar a Draco Malfoy.

—Él no es un bicho al que hay que atrapar —repliqué mientras me quitaba mis zapatos.

—Como sea, lograste lo que ninguna otra ha podido. A nosotras ni nos dirige la palabra. Es como si se creyera superior, o algo así —terminó diciendo. Ese comentario hizo que me riera ya que efectivamente él se creía superior.

— ¡Oh cielos! ¡Me siento afortunada entonces! —le dije con sarcasmo—, pero para tu información él y yo no somos nada.

—Pero anoche los vieron muy juntitos —insinúo con picardía.

—No sé lo que vieron pero te aseguro que son chismes —le aseguré mientras me preguntaba porque lo negaba todo si el plan era hacer creer que teníamos algo.

—No me explico que es lo que vio en ti —exclamó odiosamente—. Pero claro, tener a su prima como mejor amiga ha de funcionar.

—Piensa lo que quieras ¿de acuerdo? Si no se fijó en ti es porque no le interesas. Talvez yo tenga algo más interesante que tú y por eso se fijo en mí –le espeté cerrando mi casillero y saliendo de allí.

Mientras recorría el gimnasio localicé a Malfoy sentado en las gradas.

—No creo que nuestro plan funcione, nadie se cree que te fijes en mí, así que ahorrémonos un par de humillaciones y no finjamos más—. Observé como me miraba, parecía aburrido.

— ¿Ya terminaste con tu sermón depresivo? —preguntó poniendo los codos en sus rodillas e inclinándose hacia mí—. Tu peor enemigo eres tú, tú eres la que cree lo que dice la gente, la que cree que nadie se fija en ti, pero si abrieras un poquito los ojos notarías el abanico de oportunidades que hay.

—Tú y tus clases de psicología a otra parte, Freud —le dije cruzándome de brazos—. Soy realista, no depresiva, así que dejémonos de jueguitos y punto.

—Lo que tú quieras —respondió encogiéndose de hombros —, pero yo que tú me arreglaría esa maraña que tienes por pelo, porque alguien se acerca y no creo que quieras que te vea así—, terminó recostándose en las gradas.

Cuando volteé a ver, Daniel estaba a unos pasos tras de mí con una sonrisa nerviosa.

—Hola Diana ¿Cómo te va? —saludó cuando llegó a mi altura.

—Hola Daniel, felicidades por el partido —le dije otorgándole mi mejor sonrisa idiota.

—Sí, gracias, fue trabajo en equipo —respondió rascándose un poco la cabeza. — Bueno, solo quería saludarte y ver que estuvieras bien… estás bien ¿verdad? —añadió dirigiendo una rápida mirada sobre mi cabeza donde estaba Malfoy.

—Eh… si, estoy excelente —dije un poco extrañada por su conducta tan extraña.

—Ah bueno, de acuerdo, entonces nos vemos… creo —se despidió haciendo un gesto con una mano.

Yo me di la vuelta y me senté junto a Malfoy y tapé mi cara con las manos, Malfoy no dijo nada.

—Sí lo sé, soy una tonta muy obvia —me lamenté amortiguando la voz con las manos.

—Que conste que yo no dije nada —advirtió él.

—Pero lo pensaste —le atajé volteándolo a ver.

—Bueno sí, lo pensé —admitió levantando las cejas graciosamente.

— ¡¡Ay Dios, trágame tierra, trágame!! —supliqué volviendo a taparme la cara.

—Puedo abrir una grieta si quieres —se ofreció como quien menciona el clima.

—En sentido figurado, tarado —le espeté. Mi vergüenza estaba dando paso a mi temperamento y que Malfoy se burlara no ayudaba mucho.

Pero por muy tarado que Malfoy fuera tenía razón, las personas desean lo que no pueden tener y al parecer el hecho que yo no fuera "libre" había activado algo en Daniel.