PKMN NO ME PERTENECE

Capítulo 7

—Quiero mis pokémon devuelta, persona que me tenga encerrada— grité. Todavía Gray jugaba con mi mente gracias a su hypno. Debían haber pasado varios días.

—Ellos están bien, mejor que tú— dijo Gray.

—Seguro, ellos no tuvieron una relación con un chico casi psicópata— comenté— aunque su cabello sea muy bonito.

—Eso ya lo sé.

La oscuridad volvió. ¿Alguna vez les había contado como conocí a Gray? Fue aquí, éramos niños y yo jugaba con mis amigos. Él se unió a nosotros pero cuando llegamos a doce años él me alejó de todos y yo, la muy idiota, no lo notó. Tuvimos una relación que yo le llamo cíclica: íbamos bien, cortábamos, yo le daba una cachetada, nos reconciliábamos, pff nada saludable. Después mi familia se fue y Gray nos siguió. Conocí a Granate y el ciclo se repitió, solo que le rompí un brazo.

—Gracias por la terapia, ya no le tengo miedo a la oscuridad— dije.

—¿Quieres intentar con algo más rudo?

—Dame todo lo que tengas niño bonito. Soy una Cazadora. Me he enfrentado a Druggions salvajes, Tiranitars con solo mi Delphox, y he durado tres días sin agua. Enfrentarme a mi ex novio y su hypno no es nada nuevo. Ni siquiera has conocido un solo legendario.

—¿Tú lo has hecho?

—He visto cosas que jamás verías.

—¿Cómo rayos pasaste el colegio?

—Personas como yo, cariño, tenemos muchas habilidades— sonreí. Sabía que mi actitud superior lo molestaba mucho y la verdad él es molestable—No puedes controlarme con mis miedos. Manejas mi mente, significa que todo lo que hagas lo puedo modificar, por lo cual le puedo dar luz a la oscuridad.

—Me aburres, hermosa. Siempre me gustaron tus ojos, primor— me confesó— Pero sabes que soy…

—Un completo idiota, ya lo sé.

—Muy celoso.

—Me separaste de todos mis amigos de Petroglifo— le recordé. En ese momento se me ocurrió que pensar en donde estarían. Estaba en el agua ahora, me imaginé con agallas— Es mejor así, cariño.

—Claro que sí primor. Pero eres muy altanera.

—Cariño, si me vez menos altanera creo que será porque estoy enferma…

—O enamorada— me interrumpió— por eso siempre supe que no sentías lo mismo por mi.

Callé. Este idiota tenía la boca llena de razón.

Granate, dos días después de que raptaron a Azur.

Estaba en mi habitación de Hotel. Teníamos que seguir el papel así que nos quedamos, como todos los nuevos reclutas de Caleidoscopio. Parecía que no se habían dado cuenta de que éramos espías o algo así.

Tenía puesto el uniforme azul de esa organización. Jazmín había vuelto, traté de atacarla para que me dijera donde estaba pero tanto Rodel como Arrebol me dijeron que la mejor forma de buscar a Azur era por dentro.

La bola de pelos de Aitu estaba muy estresado. Parecía que en cualquier momento iba a salir corriendo a buscar a Azur, creo que entendía muy bien lo que hacía. Traté de cepillarle el cabello o darle de comer, pero se había vuelto muy rebelde. Hasta un día había aparecido comiendo un pobre rattata. En este momento estaba acostado a mi lado, viéndome a los ojos y yo le devolvía la mirada, parecía que quería darme las respuestas del universo a cambio de decirle donde estaba Azur, yo pienso que debo tener la misma cara.

Tocaron la puerta.

—Ve a abrir, Aitu— le ordené, sus ojos brillaron celestes, estaba usando psíquico. Abrió la puerta, era Arrebol, sin máscara pero con un tapabocas y un sombrero que le quitaban toda la personalidad (gracias Caleidoscopio por hacer uniformes a sus soldados) y solo con el uniforme de la organización—No quiero hablar.

—¿Y por qué abriste la puerta?

—Fue Aitu— me encogí de hombros y volví a mi competencia de no parpadear con el umbreon de Azur… Azur…

—Como sea— se sentó en la cama de Azur— pronto tendremos que irnos— me recordó.

—Lo sé— corté. Umbreon parpadeó y perdió, me lloraban los ojos. Entonces volví a ver a Arrebol.

—La encontraremos, pero es más fácil hacerlo desde donde estamos. Tenemos que infiltrarnos desde adentro, es la mejor forma de encontrarla.

—Como sea.

—Amigo, sal de ahí— agarró a Umbreon y lo bajó de la cama, a pesar de que este había abajo las orejas en plena señal de que estaba en desacuerdo. Hizo un fuerte pulso umbrío para él, Arrebol solo lo volvió a ver— Buen pulso umbrío, pero no haces nada si no entrenas— lo dejó en el suelo y me agarró los pies y me hizo bajado de la cama— suficiente depresión por dos días, así no vas a hacer nada, hermano.

—Y gracias a ti tengo una contusión— le dije. Se rió, este tipo es muy fuerte para solo tener trece.

—Péinate el cabello, amigo, tenemos visitas— dijo Arrebol. Umbreon gruñó.

De primer plano había un Kefkli shiny con muchos llaveros y detrás de él había una chica, muy hermosa (Arrebol no lo podía ocultar, casi se desmonta la quijada), buen cuerpo, ojos grandes y verdes y cabello como el trigo y largo, muy largo, estaba vestida con el uniforme de esta organización de asco. En una oreja una llave plateada.

—Hola, Sémola.

—Granate— saludó—. Hace mucho que no nos vemos. Rodel me mandó, pensó que ocuparías ayuda para recuperar a tu novia.

—Para eso estoy yo, amor— dijo Arrebol.

—Eres muy pequeño para mí, pequeño hermanito— le rascó la cabeza— Tenemos que movernos, parece que están reuniendo. ¿Quieres recuperar a Azur? Será mejor que te muevas.

Umbreon se puso de pie y salió de la habitación, se sentó afuera esperándome. Me levanté a regañadientes, sacudí la cabeza, negando. Me puse el trapo que nos tapaba la boca y el sombrero, así todos los cadetes éramos iguales.

—Ella es una cerrajera, igual que yo— le expliqué a Arrebol— y fue mi novia cuando tuve trece años.

—Podría ser mi novia a los trece años— dijo.

—Sueña, niño, eso jamás va a pasar— me levanté y la seguí hasta el vestíbulo.

Toda la personalidad en cabellos y caras se había reducido drásticamente gracias a los uniformes y los sombreros. Apareció Jazmín, ahora vestida con el uniforme y con su cabello en una larga trenza. Nos señaló a nosotros tres y a varios más y dijo que seríamos sus guardias. Perfecto. Nos dio unas insignias para distinguirnos de los cadetes normales y sonrió.

—La Señora va a venir pronto, no quiero revueltas.

—Claro que no quieres revueltas— murmuré.

—Escuche, Paladio— Se acercó molestamente a mi cara, aunque era quince centímetros más pequeña que yo. No sabía que cuál de todos era yo, así que se puso a dar vueltas— Soy tu jefe y quiero que estés bien comportado. ¿Qué le pasó a Jade? ¿O querrás decir a Yuki?— todo mundo murmuró— ¡Ella estaba en contra de los cazadores, señores!

Murmullos.

—Espero que tú no estés en nuestra contra y que te consigas alguien mejor— comentó y me golpeó en el pecho— Verás que pronto disfrutarás de una vida llena de riquezas.

—Seguro— murmuré.

Un avión sonó a la lejanía. Que la carrera empiece.

Nos dieron armas, solo para protección porque para pelear teníamos a nuestros pokémon.

—Azur…

Azur.

—Granate, él huirá, yo lo sé— comenté, pero ni yo me lo creía.

—Claro, pero yo no les dije que se él estaba ahí. Así será más divertido— estaba segura que en ese momento estaba sonriendo de medio lado, con una sonrisa socarrona, disfrutando.

Ya había dejado de jugar con mi mente, solo estaba sentado ahí, al frente mío, sin ningún pokémon. Un trato justo para una persona que lo había tratado con justicia, había dicho él.

—Verás a tus hermanos, estarán juntos de nuevo.

—Quisiera llevármelos lejos de aquí— comenté.

—Bueno, solo queremos el Cántaro. Después de eso podrás hacer cualquier cosa con tus hermanos.

—Tú eres un cerrajero, sabes que eso no va para bien— le dije.

—Solo quieren el agua del Cántaro, curar a las personas.

—Seguro y yo tengo un Moltres en mi equipo— bufé.

—¿Por qué no puedes creer?

—Porqué alguien que rapta niños pequeños para usarlos para su beneficio no es buena persona— Yo sé que tengo razón.

—¿Por qué lo dices?

—Cariño, yo siempre tengo razón— sonreí y luego suspiré, mi argumento era muy escueto— Los cazadores podemos ser buenas personas, pero si nos consumimos en la avaricia y queremos más y más al final todo no tendrá sentido y solo querremos el mundo para nosotros solos. Dime, Gray, ¿Qué hay de divertido en tener el mundo para ti solo?

—Pues simple, no hay peleas, no hay dolor si solo estas solo— dijo Gray.

—Pues ve a hacerte una cabañita en el monte. Hasta la definición de soledad tiene que ver con las demás personas— dije y reí.

—Buen punto, preciosa. Granate va estar feliz cuando te recupere.

—Él va a huir, es lo mejor que puede hacer.

—¿Tienes miedo a un par de Darkai?

—Sí, ¿tú no?

—Más o menos— comentó— pero si tenemos suerte podremos salir con el agua sin ningún problema.

—Iluso.

Sonrió.

—Volverás a cazar.

—No— negué su afirmación— ya de por sí nadie sabe qué pasó con Yuki, los cazadores no me van a extrañar— me acerqué a él y lo miré a los ojos. Acerqué mi cara a la suya y él cerró sus ojos.

Granate.

Alta, de ojos marrones y vacíos, cabello gris. Azur se hubiera reído para provocar que se enojara, tenía esa mala forma para evitar la tensión.

—Señores, todo está listo— sonrió ella. Tenía una larga capa como de la realeza.

"Otra loca con complejo de realeza" hubiera dicho cualquiera que hubiera vivido en Teselia. Todos aman ser el centro de atención. Ella dejó ver a los hermanos de Azur.

Estaban enormes. Ámbar empezaba a mostrar formas de mujer y su cabello amarillo caía en cascada sobre su espalda. Sus ojos parecían fríos y muy aburridos por la situación. Añil parecía haber sufrido un poco y Argento parecía asustado. Dios, la última vez que lo vi tenía como cinco años. Con el uniforme todos éramos iguales, más con los tapabocas. Ellos solo buscaban alguien como su hermana, que tuviera sus ojos, sus formas, su cabello. Nadie aquí se parecía a ella. Umbreon gruñó, creo que sabía lo que estaba pensado.

—¿Quieres subir?— le ofrecí mi hombro. Umbreon me vio y se fijó hacia delante—Como quieras.

—Apenas lleguemos a donde querremos llegar serán libres de cazar para mi organización. Comodidad y dinero asegurados. Pero primero tenemos esta misión. Los que hayan sido asignados como guardaespaldas, sigan a Dalí, él los guiará hasta donde está nuestra científica de confianza.

Seguimos al tipo con cara de mal genio, pero que Ámbar miraba con algo parecido a adoración. Nos guió adentro de la nave.

En una habitación había una mujer con bata de laboratorio y anteojos. Tenía el cabello rubio opaco en un moño y ojos verdes. Pero su forma era tan similar que no dudaba en decir quién era. La marca de llave me daba otra pista: era la madre de Azur. Quería compartir mi descubrimiento con alguien así que me volví a Aitu, pero ni él ni su pokéball estaban cerca.

Azur iba a matarme por perder a su Umbreon shiny, pero para

Azur

—Este es el día en que casi retienen a la Cazadora Fantasma por unos tres días— reí.

Gray fue fácil de noquear, pensó que lo volvería a besar. Iluso. Los otros tres guardias fueron más difíciles. Tomé mis pokéballs y liberé a Gastón para que trajera de vuelta a Aitu. Usé su computador y dejé a todo mi equipo (excepto a Aitu y a Milo) y me traje a mi equipo inicial: todos al nivel cien y solo Gand mi delphox era shiny (y no sé como había aprendido teletransporación)

Mi equipo original eran Gand mi Delphox, Sílfide mi Sylveon y madre de Aitu, Shadow mi Umbreon (más calmado que Aitu), Glader I mi Flygon, Icario mi lucario y Alnus mi Venasaur. Iría a rescatar a mi familia por mi misma, pero tal vez lo mejor sería salir de aquí. Pero de seguro Granate estaría ahí para salvarme.

—¡Como odio sus valores Rangers!— comenté para mi misma.

Robé uno de los trajes de los cadetes (uno de hombre y parecía un niño con ese traje) y me dirigí hasta ciudad petroglifo. Eran unas cuantas horas pero sería mejor así. A la mitad del camino me topé con otro par de cadetes.

—¡La chica que tenían en la cueva, escapó!— les avisé. Hice que mi vos sonara lo más masculina posible, pero más bien sonaba graciosa, pero lo suficientemente masculina— Salí a tiempo, pero creo que los demás están muertos.

—¿Cómo?

—Sí— claro que no estaban muertos, pero así pensarían que no estaría allí— Usó a su Gallade y pidió que la teletransportara.

—Vamos a ver cómo están nuestros amigos— dijo un cadete al otro— Tú, joven, ve al pueblo, para que la Doctora Oro te revise.

—¿La doctora Oro?

—Sí, la tipa que también es científica, la que raptaron hace unos años, ya sabes quién— sonó arto.

—Cierto, perdón, entré hace poco y la verdad no manejo los nombre bien.

—Seguro— sonrió o eso pareció. Estúpidos tapabocas— que te revisen.

Apenas se fueron lo suficiente liberé a mi Glader, el primero.

Tenía que elegir entre dos opciones: Ir con Granate y salvar a todos nosotros dos (tres con Arrebol) sin esperar a Rodel. Y la segunda sería ir a Ciudad Luminalia y pedirle ayuda al "estúpido y sensual" (como dirían muchos) profesor Ciprés. Saqué a Aitu y le amarré la pokeball en el cuello. Me quité el tapabocas y escribí con mi lapicero (siempre llevo uno en mi bolsillo por las dudas)

—Ve donde Granate, Aitu— le dije.

Se me quedó viendo triste, muy triste. Me agaché y le toqué la cabeza, tratando de tranquilizarlo.

—Niño, queremos evitar un desastre— le dije mirándolo a los ojos— Granate te cuidó bien, cualquier cosa solo usa un Pulso Umbrío y ya— le rasqué la cabeza y él se acercó y casi ronronea. Luego, le mordió la cola a Glader (aunque este ni se inmutó porque las crías de Silfide siempre le hacían lo mismo)

Aitu salió corriendo, acelerado por ataque rápido, y yo monté en Glader.

—Okey, pequeño. A ciudad Luminalia.

Vi el gran avión y medió tentación de salvar a mamá y sacar a mis hermanos de ahí, entonces le pedí a Glader que subiera más, que volara entre las nubes. Un antiaéreo y caeríamos al suelo. Glader no sufriría mucho por la caída, pero yo no me quería arriesgar a romperme el cuello.

Esperaba que Granate estuviera ahí y vigilara a mis hermanos ya que Jon ya no podría hacer. Y que también pudiera ver en qué estado estaba mamá.

Granate. Horas después.

No hay nadie más impulsiva que Azur, pensé. Al saber que había golpeado a todos y había escapado, seduciendo a Gray primero.

—No sé cómo lo hizo pero lo hizo— dijo Arrebol.

—¿Y qué hacemos?— preguntó Sémola.

—Seguir con el plan: debemos todavía proteger a los hermanos de ella— me crucé de brazos—Lo más seguro es que sepamos de ella pronto— me senté en la cama.

Entonces el Klefki empezó a sacudirse, estaba enojado. Unos anillo azules deslumbraban en la ventana, era Aitu.

—¡Azur!— susurré, esperanzado. Aitu entró en la habitación y se adueñó de mi cama—¡Abajo, bola de pelos!— le pedí, él se negó—Insolente— vi que tenía la pokéball colgando del cuello. La tomé y vi que atada a ella había un tapabocas, era una nota de Azur.

—Va hacia el laboratorio Pokémon a pedir ayuda— informé y tomé la pokéball en la mano, Aitu abrió los ojos pero parecía amigable— Necesitamos que Rodel se entere de esto. Me va a asesinar por no reportarme tan seguido como quisiera.

—Sí, sí lo va a hacer— afirmó Sémola.

Mientras Sémola la contestaba salí de la habitación seguido por Aitu. No me preguntaron nada y lo agradecí. Me puse el uniforme y salí a crear una distracción. ¿Qué mejor distracción que un derrumbe? Las cuevas en este momento estaban vacías, todos los bajos estaban durmiendo y solo habían unos tres guardias, cazadores de fijo. Aitu volvió a verme con mirada traviesa.

—Vamos a hacer un pequeño desastre— liberé a mi pequeña Amaura, que encontré salvaje gracias a que de seguro un cazador estaba buscando uno shiny y de seguro ese era otro de sus grandes decepciones. Ella me vio y sonrió— Aitu, Distrae a los guardias.

El umbreon bajó toda la luz de sus anillos y se puso al frente de los tres guardias. Entonces, usó destello en frente de ellos y, como todo cazador, los tres lo siguieron.

Me acerqué lo más que pude con Amaura y señalé las cuevas.

—Usa terratemblor y avalancha— pedí.

A pesar de ser tan pequeña asintió y sus ataque fueron lo suficientemente efectivos. Tardarían un par de días.

Bueno, Azur, hice lo que tú me dijiste. Gané tiempo, ahora es tu turno.

Eso es todo. Gracias por leer.

Omega: No seas holgazán y escribe algo, Saludos.

Sé que este capítulo es pequeño, comparado con los anteriores y eso lo siento, no hay pretexto para eso.

Y a todos saludos. Espero que este capítulo les haya gustado, sé que están algo raros pero pronto irán agarrando forma. Saludos y no olviden pescar cuando naufraguen con un tigre. Adiós.