La venganza es dulce. Sobretodo para las mujeres...

Lord Byron.


La serie Teen Titans y el juego Age of Mithology no me pertenecen. Al decir esto no violo ninguna ley de derechos de autor. Este fic esta escrito por diversión y sin fines de lucro.


EN LA ERA DE LOS DIOSES

CAPÍTULO VI

MI POBRE PRINCESA

Cinco Años Atrás...

En Egipto se estaba librando una gran batalla, de las más grandes que las pirámides habían visto. Todo había ocurrido tan rápido, que parecía ser una pesadilla para la mayoría de los involucrados, pero no lo era. Era tan real como ellos mismos. Lo más impactante es que la causa de todo era un pleito familiar, y no solo un pleito de una simple familia, sino de la familia real.

La familia real era la escogida por los dioses para gobernar Egipto: tanto así que sus miembros tenían poderes concedidos por los propios dioses. Podían volar y utilizar la energía de Ra para dispararla desde sus manos. Era la escogida por los dioses, y la más respetada.

Era.

Ahora la nación estaba dividida: unos apoyando al legítimo faraón de Egipto, y otros a la princesa mayor. Esta princesa resulto ser una traidora, y tras un fallido golpe de estado, decidió atacar directamente a una de las ciudades más importantes de Egipto. Muchas personas habían muerto o estaban heridas, y en medio de la destrucción el humo dejaba manchas negras en el cielo rosado, visibles para toda la nación e interpretadas como un presagio del futuro.

Egipto estaba sufriendo un golpe del que nunca se iba a recuperar.

La batalla aun continuaba. Los soldados peleaban y la gente recogía sus pertenencias más preciadas y escapaba. Muchas casas estaban en ruinas y la batalla se había llevado muchas vidas, pero aun estaba lejos de acabar. En medio de todo, una joven caminaba, tratando de encontrar ayuda. Sin embargo los hombres de su hermana la buscaban, y por más que trataba no encontraba a nadie del ejército de su padre. Ella había sido la más afectada por todo lo ocurrido, e incluso tomada como prisionera, pero había logrado escapar de su encierro y ahora trataba de huir. Era tan fuerte como su voluntad y sus ganas de vivir, pero estaba débil a causa del dolor y sufrimiento que había vivido.

Llegó a una zona ya abandonada de la ciudad. Cerca no había más que cadáveres, cuya vista daba horror y provocaba espanto. Starfire se recargo en una pared de una de tantas casas de adobe abandonadas, dejándole una mancha de sangre, pero estaba tan aturdida que no lo noto: aún estaba muy lejos de llegar, y sus fuerzas estaban casi agotadas.

Decidió entrar a la casa, descansar un poco y luego seguir su camino. Como pudo abrió la puerta. Esta crujió con fuerza he hizo una mueca de dolor por el esfuerzo, pero tragó aire y comenzó a adentrarse en el lugar. Entró a una pequeña habitación y se recargó en la pared, dejando otra horrible mancha. La sangre provenía de su brazo derecho, el cual estaba bastante magullado por las cadenas que la habían aprisionado. Caminó hasta llegar a un rincón de la habitación, y poco a poco se acostó en el piso, y cuando por fin estuvo en el suelo comenzó a llorar. Hacía poco más de tres horas un guardia del ejército de su hermana la había violado. Pero aun podía sentir a esa inmundicia de persona dentro de ella. Aún recordaba cada horroroso detalle: Ese sujeto entrando, ella amarrada, herida, sin poder defenderse, gritando, llorando…

Starfire lloró hasta quedarse dormida. Gracias a Isis no tuvo pesadillas sobre lo ocurrido en esa espantosa semana, porque hubiera sido el colmo que hubiera tenido que sufrir hasta en sus sueños.

En un extremo de la ciudad dos extranjeros caminaban por los escombros, envueltos en capas. Miraban con tristeza la desolación, a pesar de ya haber visto muchas ciudades destruidas. Cuando llegaron a una de las casas de adobe la miraron por unos segundos, y luego se acercaron para examinar a las paredes hasta encontrar un sol amarillo. Se adentraron en ella, y esperaron.

— ¿Segura que esta es la casa?

— Segura, esta es la que Gordon nos describió. ¿Crees que tarde en llegar? —Preguntó Abeja.

—Él dijo que ellos llegarían—respondió Robin—espérame un rato, voy a explorar.

—De acuerdo, ten cuidado.

Robin salió a la calle, respiro hondo y se recargo en la pared, aspirando el olor de la guerra. La batalla había sido terrible, pero no era su país, por lo que solo se sumergió en sus pensamientos. Se cubrió la cabeza aún más con la capucha de la capa, y se aflojo el cuello de la capa, el cual tenía un sujetador rojo con la forma de un petirrojo, así como Bumblebee tenía uno amarillo con forma de abeja. Recordó con una sonrisa que a su hijo le encantaba jugar con el sujetador, pero no tardó en sentirse culpable por haberlo dejado solo: los días anteriores habían sido muy difíciles para ambos.

Se descubrió la cabeza, revelando su piel blanca y su pelo de reflejos azulados, mientras su rostro estaba cubierto por la máscara metálica. No llevaba mucho tiempo inmerso en sus propias reflexiones cuando escucho gritos ajenos, y corrió a la procedencia de estos. Al llegar vio a una mujer golpeada y tirada en el piso y a un señor de mediana edad siendo atacado por cuatro hombres egipcios, quienes trataban de robarles una pequeña bolsa, no eran más que bribones aprovechándose del caos. Robin de inmediato ataco. Al verlo uno de los ladrones se le lanzo tratando de clavarle su puñal, pero Robin lo detuvo con una llave y le quitó su arma lanzándola a uno de ellos, matándolo al instante. Los demás interrumpieron la golpiza y se volvieron al extraño, pero antes de que pudieran acercársele Robin de un movimiento dislocó el brazo del hombre que tenía sometido, lo arrojó contra uno de los agresores y después de una patada giratoria rompió la nariz del último. Los ladrones huyeron. La mujer se acercó a su marido y lo abrazó, temiendo que el extranjero también los golpeara, pero el hombre resolvió que Ra había escuchado sus suplicas (y enviado a alguien a su ayuda) por lo que se llevó la mano al pecho, agradeciendo a su dios.

—No deberían estar en la ciudad—Señaló Robin mientras ayudaba al matrimonio a levantarse y recogía la bolsa del suelo—deben irse.

—No sin nuestro hijo—sollozó la mujer mientras comenzaba a llorar.

— ¿Su hijo?

—Si—confirmó el hombre—Estábamos comenzando a escapar de nuestra casa cuando esos salvajes nos atacaron. El se regresó a nuestro pobre hogar a esconderse, pero nosotros no pudimos y nos golpearon para tratar de robarnos. Si usted no hubiera llegado...

La mujer lanzo un grito de terror señalando una columna de humo que sobresalía entre las estructuras de adobe. Los tres corrieron y la encontraron la casa en llamas.

— ¡Mi niño! —lloró la mujer. Robin sin pensarlo dos veces entro a la casa de adobe. Había mucho humo, pero vio que el fuego provenía de la habitación de al fondo. Escucho un llanto en una habitación continua y corrió mientras se cubría la boca y nariz con una parte de la capa. Al entrar encontró al niño, de cinco años, agazapado en un rincón. Se le acerco pero el niño se encogió aún más. Robin cubrió al niño con la capa y este se atrevió a mirarlo.

— ¿Me… me va a matar?

—No te preocupes, vine a sacarte de aquí.

El niño se abrazó a Robin y este lo alzó en brazos, para salir rápidamente de la trampa de fuego. Una vez afuera Robin se acerco a los padres, quienes se abrazaban mirando a la puerta y conteniendo las lágrimas, y le devolvió el niño a su madre

—Es mejor que partan lo más rápido posible—les advirtió.

La familia dirigió una última mirada a la casa, para empezar a correr lo más lejos posible. En la prisa no devolvieron la capa a Robin, pero este no dijo nada, al sentir un dejo de empatía con ellos: había tenido que observar su hogar consumido por las llamas, no solo una sino dos veces. La más reciente había sido un mes atrás.

Fue cuando la esposa de Robin había sido asesinada.

Su único consuelo es que al menos su hijo era todavía muy pequeño, por lo que lo más probable era que pronto no recordara lo que había pasado. Sin embargo a él le dolía, le dolía demasiado, y la culpa era demasiado grande. Tenía pesadillas con el fuego, tantas que a veces evitaba dormir. Además también le dolía todo lo que pudo haber sido y no fue, no solo porque Bárbara era muy joven, sino por su hijo no nato. Alfred le prometió cuidar muy bien de su hijo, sin embargo Robin se sentía mal por dejarlo cuando el más lo necesitaba.

— ¡Robin! —Volteó y vio a Bumblebee, acercándose rápidamente a él— ¿Qué paso, estás bien?

Robin volvió a voltear en dirección al incendio.

—Un niño estaba dentro de esa casa. Los padres me pidieron ayuda y lo saque.

Ella miró a la casa, y se dio cuenta de lo que Robin pensaba.

—No fue tu culpa.

Robin suspiró: era mentira, sabía que si lo era. Él debió de estar en la casa, en debió de estar a su lado, no debió salir, debió quedarse… Ambos se quedaron en un doloroso momento de silencio. Entonces llego a ellos un grupo de hombres montados a caballo, rodeado por una guardia de veinte hombres, uno de ellos sosteniendo dos caballos.

—Ustedes deben ser el soldado y la espía.

—Así es—Abeja dio un paso al frente.

—Síganme.

Los atlantes montaron a caballo y el grupo cruzó el desierto hasta llegar al campamento del faraón Mnevis. Al llegar recorrieron decenas de tiendas, hasta llegar a la más grande de todas, la cual era usada por el faraón como cuartel general. Entraron, a discutir el más delicado asunto de la batalla: habían sido mandados por Gordon para ponerse a servicio de el faraón, ya que en consejo temía que si llegaba al poder Blackfire intentara declararles la guerra, pero a la vez no se atrevían a intervenir de forma más abierta. De todas las espías enviaron a Bumblebee porque era descendiente de inmigrantes africanos, entre todos los espías era la más parecida a los egipcios, y podría mezclarse entre ellos con mayor facilidad. Al verlos Mnevis ordenó a sus hombres retirarse, y después de que los atlantes hicieran una reverencia y prometieran estar incondicionalmente a su servicio, este comenzó a hablar.

—Mi primera misión es algo muy serio, y no tengo gente de confianza a la cual recurrir. Alguien de mi patria sería muy peligroso. Es cierto que hay soldados honrados, pero después de lo de Komand'r—su rostro se ensombreció—No sé a quién más recurrir.

—La primera misión será de rescate. Necesito que encuentren a mi hija…

El faraón guardo un silencio, controlando su emoción.

— ¿La princesa Blackfire, mi faraón? —se aventuró a preguntar Bumblebee

—No, la menor—En este punto escucharon preocupación en su voz—Starfire.

Les contó toda la historia de principio a fin: antes de la guerra había tenido un accidente mientras volaba y casi había muerto, y ello lo hizo pensar en lo que podría pasar si moría: su hija mayor iba a heredar el trono de Egipto, puesto que ninguna de sus hijas se había casado. De allí supo que Blackfire no sería una reina justa, sino que impondría su voluntad por sobre todas las cosas, no sería leal ni mostraría gratitud a sus súbditos. Pero su hija menor era todo lo contrario: es cierto que podía ser muy ingenua e inocente, pero a pesar de ello era muy lista, además de noble, y siempre hacia todo lo posible para ayudar a otros. Mnevis decidió que lo mejor era que ella heredara el poder, y tras convocar a los sacerdotes principales de Egipto firmó el decreto real, prometiéndose a sí mismo guardarlo en secreto. Sin embargo, exaltado por una discusión, le advirtió de su decisión a Blackfire. A partir de ese momento Blackfire comenzó a tramar una conspiración para destronarlo, como venganza, y para usurpar el poder y recuperar lo que era suyo. Cuando estalló la guerra civil lo primero que hicieron fue capturar a Starfire, quien ahora estaba prisionera de su propia hermana, y Blackfire había enviado un mensajero amenazando con matarla si su padre no se rendía.

Su desesperación era evidente, y ambos prometieron encontrarla. Les informaron de los puntos que estaban bajo ataque por lo que fueron al otro lado de la ciudad, donde estaba la mayor concentración de soldados, para capturar a uno e interrogarlo. De allí podrían rastrear a la princesa.


Starfire seguía dormida en el piso de la humilde casa de adobe. Ya habían pasado horas y el amanecer estaba cerca.

— ¡Hermanos! —gritó uno de los hombres de la princesa mayor, señalando la mancha de sangre de la pared

—La mancha está muy fresca como para ser de alguno de de estos desgraciados—Señaló al piso, hacia un montón de cadáveres

— ¡Ella debe de estar cerca, dudo que se haya ido lejos!

—Vamos a entrar.

Abrieron la puerta y el sonido despertó a Starfire. Temerosa, se escondió en un rincón, mientras los hombres se dividían para empezar la busqueda. Starfire rezaba a los dioses en silencio a que se marcharan pero no ocurrió.

— ¡Miren lo que encontré!

Vieron otra mancha en la pared y supieron que ella estaba cerca. Uno de ellos se hizo cargo de la situación y comenzó a dar órdenes.

—Tú vigila la entrada, y tú pásame la cadena, solo con eso la podemos contener—Todos comenzaron a moverse, mientras señaló a otro—Advierte a los demás—Le ordenó, y se volvió a los demás—Recuerden que debemos atraparla viva.

Starfire escucho esto último, y sintió mucho miedo. La cadena era mágica, y evitaba que cualquiera de la familia real usara sus poderes. Ya la habían sometido así una vez, sabía que si eso pasaba de nuevo no podría escapar. Se arriesgó a correr a la habitación de al lado y saltar por la ventana, y luego trato de elevarse en el aire y volar pero sus poderes fallaron y volvió a caerse. Comprendiendo que no tenía suficientes fuerzas se levanto y comenzó a correr, pero cinco soldados que estaban en camino la interceptaron, la sujetaron y rápidamente la amarraron. Starfire sintió el frio metal en sus brazos, luego como se debilitaba aun más, y entonces supo que sus poderes ya estaban desactivados.

Dos horas después Starfire estaba en el campamento, siendo sujetada por las cadenas y vigilada por seis hombres, para evitar otra fuga. Blackfire apenas supo que ella había sido capturada fue a su encuentro. Al ver a su hermana mayor en esas condiciones se sintió superior.

—Supongo que ahora no tienes escapatoria.

Starfire dejó de llorar y la miró desafiante, gesto que enfureció a Blackfire y ordenó que la llevaran de vuelta a su celda mientras le volvía la espalda.

—No importa quién te ayude, al final mi padre va a derrotarte.

Blackfire palideció al oír eso, pero no por miedo sino furia. Rápidamente se volteó, y le dio una bofetada a su hermana.

La odiaba. A pesar de ser la hija mayor, Blackfire no era tan respetada y amada por el pueblo egipcio como su hermana menor, Starfire. Esta última siempre buscaba la forma de ayudar a su pueblo, y Blackfire solo buscaba la forma de ayudarse a sí misma. Al principio Blackfire no le daba importancia al asunto, pero cuando su padre le dijo que a pesar de ser la primogénita era Starfire quien iba a heredar el trono, Blackfire estalló. Pasó horas enteras gritando en su cuarto lo injusto que era su papa, y lo poco que Starfire merecía ese puesto.

— ¡ESA MALDITA! —Gritaba— ¡ESA MALDITA NO MERECE EL TRONO! ¡SOLO SABE PONER CARA DE NIÑA BUENA PARA CONSEGUIR LO QUE QUIERE!

Continúo dando vueltas alrededor del cuarto, todavía furiosa.

— ¡ES UNA HIPOCRITA! ¡NO MERECE EL TRONO! ¡YO LO MEREZCO! ¡NO ESA MALDITA HIPOCRITA!

No paró de gritar hasta que una muy extraña luz se apareció en su cuarto, y de esta luz salieron cientos de langostas que tomaron forma humana. Un señor muy atractivo, que aparentaba treinta años, vestido con una túnica morada y lleno de oro. También tenía un tocado dorado, como el de los faraones.

— ¿Quién... quien es usted?

—Soy alguien que te va a ayudar.

Ella se sintió irritada por ese extraño hombre, que seguramente era uno de los sacerdotes del castillo.

— ¿Ayudarme en qué? —preguntó ella desafiante y a punto de ordenarle que se retirara. Pero el hombre sonrió de forma burlona y se cruzó de brazos.

—Escuche hablar, o mejor dicho gritar, sobre lo injusto que fue tu padre. Tú te mereces mas ser la reina, eres fuerte y decidida.

— ¿Cómo sabe…?

—Porque soy alguien que todo lo oigo y todo lo sé—el hombre dio un par de pasos para acercarse más a la princesa— Soy un dios. El dios Seth.

Ella titubeo, visiblemente confundida. ¿Un dios, Seth? Tenía que ser otro hechicero farsante, no podía ser…

— ¡No me mienta! ¡El dios Seth no tiene forma humana!

— ¿Y qué forma se supone debo de tener? ¿Hocico curvo, orejas largas y una larga cola?

Cambio de forma: aún tenia apariencia humana su boca se transformo en un hocico de un animal del pantano, sus orejas crecieron hasta ser enormes y puntiagudas y comenzó a azotar contra el piso con su cola de demonio. Estuvo menos de un minuto así, y volvió a cambiar para transformarse en el atractivo hombre que Blackfire había visto.

—Esa es mi verdadera forma—Volvió a avanzar hacia la princesa, sonriendo—Y vine para hacer un trato.

Blackfire se quedo inmóvil por unos segundos. Luego habló, midiendo con cautela sus palabras.

— ¿Cuál... es ese trato?

—No eres la única menospreciada, no eres la única a la que no le dan lo que le merecen. Mi hermano Osiris me hizo lo mismo que tú hermana: usurpo lo que me correspondía sin merecerlo. Pero no más, me vengaré, y este es el trato: Tú me ayudas en mi venganza y ascenso al poder… derrocando a tu padre. Yo mismo te guiaré.

El dios Seth dio una vuelta hasta quedar detrás de ella. Puso ambas manos en los hombros de la joven, se acercó a su oído y susurró:

—Y a cambio tú serás la reina y señora de Egipto.

La sonrisa de Blackfire dio por cerrado el trato. Y ese día en que Starfire era llevada a su celda de nuevo se vieron aquel par de desquiciados. Blackfire estaba pensando en que hacer ahora que Starfire estaba bajo su control, y aún no se decidía. Otra de las razones por las que le había urgido encontrarla era porque Starfire se había dado cuenta de que le estaba ayudando Seth. Esto era un secreto, y si se sabía entonces los demás dioses egipcios iban a intervenir. Al igual que los dioses nórdicos los egipcios no intervenían de manera directa en las guerras de su pueblo, pero mientras que los nórdicos siempre se mantenían al margen los egipcios si descubrían que esta guerra había sido ocasionada por uno de los suyos intervenían y castigaban al culpable.

Blackfire pensaba en todo esto, tratando de decidir qué curso tomar. Entonces una luz brillante se apareció en el cuarto, y de nuevo aparecieron miles de langostas que se transformaron en Seth.

—He visto con placer que ha destrozado la ciudad, princesa. Aunque estoy decepcionado de que aún no has hecho daño al templo de Osiris.

—Lo he intentado con todo, pero es inútil.

—Lo sé. Ese templo debe de estar protegido con magia, no hay nada más que pueda explicarlo. Sin embargo no he venido a hablar de eso. He venido a hablar sobre tu hermana.

—Por esa mocosa no te preocupes. Solo estoy esperando a que mi querido padre…

—Mátala—interrumpió Seth, sorprendiendo a Blackfire, ya que eso no era parte del plan.

— ¿Disculpa?

—No va a haber trato. En estos momentos se dirigen hacia tu campamento una espía y un vigilante atlante. Acaban de capturar e interrogar a uno de tus hombres, ya saben dónde buscar.

Un bocón la había traicionado. Frunció el seño y juró que aquel imbécil lo pagaría con su vida.

—No podrán llevársela—afirmó— ¡Todavía quiero retenerla, aún puedo usarla como prisionera!

—Sería una muy buena prenda de cambio, pero aún así es demasiado peligroso. Tú eres joven, a tu edad es fácil subestimar las cosas. Pero subestimar siempre equivale a perder. Mátala lo más rápido posible.

Un resplandor cubrió el cuerpo del dios y este desapareció. Blackfire no estaba todavía conforme: era cierto que quería a Starfire muerta, pero ella deseaba que su muerte fuera a la vista de su padre, para hacerlo sufrir, como venganza. Que lastima. De inmediato mando llamar a dos de sus hombres.


La noticia en el campamento, de que la princesa Starfire había sido capturada, y más aún, de que iba a ser ejecutada, se difundió rápidamente. Blackfire, maligna y perversa como siempre, ordenó que todo se hiciera con la máxima rapidez para que no tuviera tiempo de escapar, y también ordeno que se hiciera a la vista de todos.

Muy pronto todo quedo listo: Un cadalso improvisado se levanto en el área del campamento que quedaba más cercana al rio Nilo. Robin y Bumblebee llegaron justo cuando Starfire, amarrada con las cadenas mágicas que impedían que usara sus poderes, era arrastrada hasta llegar al cadalso donde iba a ser ejecutada. Los atlantes vieron que en el lugar había movimiento, cosa que indicaba que algo estaba pasando. Decidieron separarse para buscar mejor. Por ironías del destino Bumblebee buscaba en la dirección opuesta a donde Starfire se encontraba, mientras que Robin sin saberlo se dirigía hacia donde Star iba a morir.

La multitud festejaba a gritos que la princesa menor era subida hacia el cadalso. Ella se resistía, pataleaba y luchaba, pero era inútil y entre diez hombres encadenaron sus muñecas a una tabla vertical para que su espalda quedara descubierta. Ella aun trataba de soltarse, pero era inútil. El verdugo lentamente se acerco a ella, ondeando su látigo.

El verdugo alzo la mano…

El primer golpe del látigo hizo que Starfire lanzara un grito. Un par de lágrimas de dolor salieron de sus ojos, y apretó sus cadenas mágicas con sus manos. Entonces llegó el siguiente latigazo, y luego otro, y otros más, cada vez más fuertes, mientras la sangre comenzaba a brotar de su espalda. Su hermana Blackfire oía los desgarradores gritos de dolor de su hermana, y sintió fue orgullo y satisfacción.

También Robin pudo oír los gritos.

Contrario a lo que tenía en mente de permanecer con un bajo perfil y limitarse a la búsqueda, fue hacia la zona de donde provenían los gritos. Comenzó a abrirse paso entre la multitud, y vio algo que hizo que un escalofrío recorriera su espalda: una muchacha, muy bonita, pero menor que él en edad, siendo flagelada. Poco a poco los gritos se fueron apagando. El atardecer daba una iluminación rojiza al escenario. Starfire miraba a la multitud, y al ver la sonrisa malévola de Blackfire sintió un dolor en el alma casi igual al dolor de su cuerpo.

Entonces miro hacia la multitud de nuevo… y sus ojos se posaron en un sujeto que aunque no podía distinguir bien porque estaba lejos de ella pudo sentir su mirada. Robin también sintió que la observaba directo a los ojos. Starfire vio el horror y la piedad de Robin, y Robin vio el dolor y la aflicción de Starfire.

Fue solo por unos segundos, porque a causa del dolor y sus heridas Starfire perdió el conocimiento. Robin se preocupó, pero algo dentro de él le dijo que ella no estaba muerta, y que tenía que salvarla. Se abrió paso hacia la plataforma, hasta quedar a cinco metros de ella, justo al lado del trono de madera improvisado en el cual estaba sentada Blackfire. El verdugo se acerco a la pelirroja. Starfire solo estaba inconsciente pero el verdugo creyó otra cosa.

— ¡ESTA MUERTA!

Blackfire se puso de pie para aplaudir, por fin había logrado deshacerse de su molesta hermana. Los soldados y demás hombres comenzaron a aplaudir y celebrar, y la princesa mayor ordenó a uno de sus guardaespaldas que se deshicieran del cadáver.

— ¿Como lo hacemos, mi señora?

—Arrójenlo al Nilo. Que nadie encuentre el cuerpo

El guardaespaldas hizo una señal y dos soldados se acercaron al maltrecho cuerpo de Starfire. Lo echaron a una tabla de madera que ambos cargaron para llevarla hacia la costa, boca abajo, para exhibir sus heridas. Su hermoso cabello cubrió su rostro, como una cortina, y entonces despertó. Vio el piso, como si estuviera flotando, y por un momento hasta ella misma creyó que acababa de morir. Justo después volvió a la negrura y paz de la inconsciencia.

Robin había escuchado lo que Blackfire ordenó, así que de inmediato abandonó la multitud y comenzó a buscar a los hombres. No tardo en encontrarlos, y los siguió, mientras se alejaban de la multitud, hasta que llegaron a la costa donde aguardaba una balsa. Un hombre agarro a Star por los brazos y otro por las piernas y la acomodaron en el bote. Agarrando cada uno un remo comenzaron a adentrarse en el río, para llegar a la parte más profunda y arrojarla allí. Robin de inmediato se arrojo al agua y nado siguiendo a la balsa, observando a los hombres para ocultarse en el agua cada vez que ellos volteaban, lográndolo gracias a la habilidad natural que le daba el ser un atlante. Pronto se detuvieron, y uno de ellos alzó a Starfire en brazos y la echó al agua. Ella comenzó a hundirse y remaron de nuevo hacia la orilla.

Robin se sumergió en el agua y logró alcanzar a Starfire, tomándola de la cintura con un brazo mientras que volvía a emerger. Con cuidado alzó la cabeza de Starfire y le coloco dos dedos en el cuello para tomarle el pulso: si había latidos, tenía la razón, estaba viva. Y si quería que ella siguiera así tenía que llevarla a un lugar seguro. Comenzó a nadar hasta la orilla opuesta a la de donde los soldados habían llegado, cuidando que su brazo mantuviera la cabeza de Starfire fuera del agua. No tardo mucho en llegar a pesar de que estaban lejos. Cerca de la orilla había una palmera, y Robin cargo a Starfire teniendo cuidado con sus heridas, y con delicadeza la coloco acostada boca abajo en la sombra del árbol.

No fue hasta ese momento que toda la energía con la que Robin nadó desapareció, y el también cayó exhausto cerca de Starfire. Ella volvió a despertar y al voltear la cabeza vio a Robin, a quien reconoció como el hombre a quien había visto durante su ejecución. Lo tomo de la mano, estaba frio pero inconscientemente apretó la suya. Sonrió, y volvió a caer en las sombras, sin despegar su mano de la de Robin.

Paso una hora. Ya era de noche y Bumblebee buscaba no solo a la princesa, sino también a Robin. Entonces vio a Blackfire, quien estaba rodeada de sus tres guardaespaldas. Se ocultó enseguida.

—Gané—decía Blackfire—Aun no puedo creerlo, pero le gané. Ahora que mi hermanita está muerta, vamos a tener la ventaja en la guerra—dijo mientras el pequeño grupo seguía caminando. Abeja alcanzo a escuchar, y se sintió profundamente mal. Había fallado, y la princesa había muerto. Decidió que no tenía nada más que hacer allí, seguro por eso no encontraba a Robin, porque él se había enterado antes que ella y se había marchado. Decidió irse de regreso al campamento. Empequeñeció y comenzó a volar a través del campamento y luego del río, pensando en cómo le iba a dar la terrible noticia al faraón.

Entonces justo cuando pasaba por el margen del río vio a dos personas, tendidas en la arena e inconscientes. Se acercó y se llevo una gran sorpresa al ver que esas dos personas eran Robin y otra chica por la descripción podía ser la princesa. Al ver las heridas de la niña se tapó la boca con ambas manos. Luego se acercó y se puso justo el medio de ambos. Los dos respiraban y tenían pulso, pero estaban fríos. Volvió a empequeñecerse y voló lo más rápido que pudo hacia el campamento de Mnevis.


Pasaron los días...

Robin despertó en una de las tiendas del campamento egipcio de Mnevis. Mejor dicho, en la tienda de Mnevis. Este estaba tan agradecido por el rescate de su hija, que decidió que Robin durmiera allí en lo que se recuperaba mientras él se ocupaba de la guerra y de la recuperación de Starfire. Estaba envuelto en mantas, en una cama, algo muy raro porque en Egipto se acostumbraba más dormir en el suelo, eso era un lujo para las personas más importantes. Abeja estaba a su lado comiendo Kofta: una tortilla rellena con carne de cordero que solo se comía en Egipto. Justo terminaba de comer cuando vio que Robin estaba despertando.

—Vaya, hasta que despiertas. Has pasado todo un día dormido.

— ¿Un día?

—Así es. Gracias a los dioses que pude encontrarlos.

Robin no escucho esto último porque aun estaba impresionado de haber pasado un día entero dormido. Se levanto y salió de la cama

— ¿Qué ha pasado?

—El faraón no ha parado de decir lo agradecido que está contigo. Dice que en cuanto queramos regresar nos va a enviar en su mejor barco y nos va a dar provisiones suficientes, además de regalos—dijo mientras le ponía su muñeca enfrente, mostrándole una fina pulsera de oro.

Entonces Robin recordó a la chica que había rescatado.

— ¿Esa chica...?

— ¿La Princesa?

Robin comenzó a atar cabos: Blackfire había ordenado personalmente hacerle todo eso a esa niña, así que ella debía de ser la princesa. Era algo que se deducía por lógica. ¿Cómo no pensó eso antes? Estaba tan preocupado por rescatarla que no se detuvo a pensar en nada más. Eso era algo que nunca le había pasado.

— ¿Ella era la princesa?

—Sí. ¿No sabias?

—No.

Bumblebee estaba muy confundida, casi tanto como Robin.

—El faraón me contó que va a tardar en recuperarse, pero estará bien—respondió a la pregunta de Robin. Luego le puso una mano al hombro—Mañana tenemos que volver a la Atlántida, cosas del consejo, lo mejor es descansar.

En lugar de dormir o descansar Robin se la pasó meditando en ese día, en el que rescato a Starfire, y le parecía muy extraño que ni un segundo, ni siquiera cuando corría tras esos hombres, se había detenido a pensar en la identidad de la chica. Todo lo que ocupaba su mente era el pensamiento de rescatarla, a pesar de que todo indicaba que ya había muerto. De hecho, ni siquiera el verdugo, alguien que ya había ejecutado los suficientes asesinatos como para poder distinguir a una persona muerta de una inconsciente, supo que estaba viva. Él fue la única persona que lo supo, y eso ocurrió porque lo sintió, justo en el corazón. Solo le bastó una mirada para sentir que ella estaba viva. Y, retrocediendo un poco más, recordó que justo antes de que Starfire cayera inconsciente, él alcanzó a mirarla a los ojos. No sabía cómo, especialmente considerando en la distancia que los separaba. A mí me contó todo lo ocurrido, tiempo después, y no salía de mi asombro. Ahora sé que fue lo que ocurrió: ambos se amaron desde ese cruce de miradas, pero cada uno acababa de pasar por experiencias tan traumáticas que ni se dieron cuenta.

Sin embargo toda esa experiencia fue única y extraordinaria.