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¡He regresado! Disculpen el retraso en las actualizaciones, estaba en un muy mal momento y no me sentía con mucho ánimo. Pero al fin lo conseguí, me costó mucho trazar bien la manera en la que este capítulo iba a continuar y espero haberlo hecho bien. Como siempre, me quedo a la espera de sus comentarios para saber si les gustó, es un placer saber lo que ustedes piensan. En fin, gracias por leer y comentar. ¡Les aseguro que el siguiente capítulo no tardará mucho en llegar!

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CAPITULO 7 – LIMANDO ASPREZAS

El gélido viento que soplaba aquella noche se acentuaba más por la altura y la ubicación abierta del lugar donde se encontraba, aunque el clima era sin duda la menor de sus preocupaciones. Su atención estaba puesta en bloquear o esquivar la serie de golpes con la que su adversario estaba atacándolo. Rock retrocedía cada vez más y cuidaba no resbalar en el pulido piso de madera a sus pies. De un momento a otro, su oponente uso una poderosa técnica de fuego que, aunque cubrió con sus antebrazos, igual le hizo volar por los aires, sin darse cuenta que se encontraba ya peligrosamente cerca de la orilla. Cuando divisó la barandilla a los lejos supo que este era su fin, nadie sería capaz de sobrevivir ante una caída desde la enorme torre que su padre había construido y que era también el punto más alto de la ciudad. Rock alzó los brazos para intentar sostenerse de la orilla, pero sus dedos no alcanzaban a rozarla siquiera. Casi como en cámara lenta pudo contemplar lo nublado del cielo y lo desafortunada de su situación. Morir del mismo modo que lo había hecho su padre era sin duda irónico, pero no pudo hacer más que encomendarse a tan cruel destino cerrando los ojos, quizás por última vez.

De pronto una mano se ciñó en torno a su muñeca, sobresaltándolo y deteniendo su caída. Miró hacia abajo por mera inercia de la brusca pausa y bajo sus pies estaba la ocupada ciudad, las siluetas de los autos y las luces de la calle. Los edificios a lo lejos le hicieron sentir algo de vértigo, pero sin duda lo más desconcertante era la sorpresa de ver que alguien había logrado rescatarlo. Alzó la vista y cruzó la mirada con la persona con quien había estado peleando y que ahora empleaba toda su fuerza en intentar impedir su caída. No era otro sino K Dash. Curiosamente no llevaba sus gafas puestas, probablemente se habían caído en el fragor de la batalla, pero eso no le molestaba. El rubio lo prefería así pues resultaba más fácil darse una idea de lo que K estaba pensando.

Un pensamiento macabro invadió de pronto la mente de Rock. Sonrió de forma malévola por la nueva táctica que usaría para herir a su oponente y se deleitó aún más con el rostro de K, quien luchaba por no dejarlo caer. Contra todo pronóstico, Rock simplemente se liberó del agarre mientras escuchaba su nombre pronunciado en un grito desgarrador. Sería lo último que escucharía pues antes de caer al suelo despertó súbitamente en su cama, bañado en sudor, respirando agitadamente y con el corazón a punto de brincar fuera de su pecho. Era sólo una pesadilla. Otra de muchas que había tenido, aunque sin duda la primera en la que su adversario en la torre no era Terry sino K. Estaba perdiendo la cabeza por ese chico, ahora no había duda de ello.

Como hacía muchas veces después de tener un mal sueño, se levantó de la cama y se vistió para salir a dar una vuelta afuera. Le vendría bien algo de aire fresco y distraerse un poco, la calma de la ciudad siempre le reconfortaba. El ruido de la televisión y los ronquidos que se escuchaban desde la sala le indicaban que Terry había vuelto a quedarse dormido en el sofá. Antes de salir por la puerta principal se aseguró de tapar a Terry con una cobija de modo que éste no pasara frío, aunque cuidando no despertarlo. Ya sabía que al mayor no le gustara que saliera a tales horas pues lo consideraba algo peligroso. Una vez que estuvo afuera y había cerrado la puerta con extrema precaución, aspiró profundamente para aclararse la mente. Tal vez una vuelta por la cancha de baloncesto sería lo más idóneo. Mañana tenía que ir a la escuela y no podía permitirse merodear muy lejos de casa, pues debía volver en cuanto se calmara para descansar.

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Un click mecánico fue seguido por otro pequeño sonido opaco, una moneda cayendo sobre otras. Posó los dedos sobre el teclado numérico, tecleando cuidadosamente un número que no estaba acostumbrado a marcar y acto seguido acomodó la bocina en su oreja mientras que guardaba su mano libre en la chaqueta de su chamarra, había obscurecido y soplaba un ligero viento fresco. En una esquina poco concurrida de un barrio bastante inseguro se encontraba una de las pocas casetas telefónicas que aún servían, pese a que estaba completamente sucia y pintada con aerosoles baratos tanto por dentro como por fuera. Tan sólo marcaría una vez, K no era precisamente alguien paciente y ya de por si estar llamando le parecía una mala idea. Tal vez lo mejor sería que nadie contestara.

— ¿Diga? —preguntó de repente una voz al otro lado del teléfono con curiosidad, aunque teniendo una vaga idea de quien podría tratarse.

— ¿Whip?

— ¿Si? —preguntó aún extrañada, aunque luego de unos segundos pareció reconocer la voz de su interlocutor, pues volvió a hablar con un tono de sorpresa—. ¿K'? ¿Eres tú?

— Si —contestó secamente, un tanto inseguro de que otra cosa podría decirle.

— ¡Que sorpresa! —dijo alegremente, estaba a punto de agregar algo más cuando un detalle preocupante pareció desviar su atención—, está todo bien, ¿verdad? —ciertamente era raro recibir una llamada de parte de sus viejos compañeros de equipo a menos de que se tratara de una emergencia. Y aunque ese fuera el caso, el que llamaría seria Maxima, no el indiferente y malhumorado de K'.

— Si, si… —dijo con algo de molestia, deteniéndose un momento, esperando poder decir algo más, pero las palabras simplemente no abandonaban su boca. De alguna manera su inconsciente le había traicionado, ni siquiera estaba seguro de que hubiera querido marcarle a ella en primer lugar. Tal vez esperaba que, dado que eran hermanos o eso les habían hecho creer, tendrían una especie de conexión más personal. Tal vez una donde pudiera contarle las cosas que le molestaban, es decir, el asunto de Rock y lo que sentía hacia él.

— ¿Querías hablarme de algo?

La pregunta llegó como una luz salvadora, pero de todas maneras no se atrevió a confesar nada. ¿Cómo podría? Nunca hablaba con nadie de sus sentimientos, de las cosas que le molestaban ni tampoco de sus pesadillas. Tampoco de los recuerdos de una infancia que no sabía si era suya o simplemente una ilusión implantada a la fuerza por NESTS. Sabía que también iba hacer lo posible por ocultar todo el asunto de Rock, pero las nuevas experiencias y sentimientos que estaba viviendo le abrumaban. Aunque no dijera nada, la llamada era una especie de grito de auxilio a su manera—. Sólo quería saber cómo estás —fue la única excusa que alcanzó a inventar antes de que el silencio se tornara incómodo y golpeó el borde de la caseta telefónica de puro enfado. Que estúpidamente inepto era.

— Todo en orden. Mucho trabajo. Sabes bien que no hay descanso en los cuarteles —contestó de manera algo ausente. Pese a que Whip no era sino más que otro experimento de NESTS, no dejaba de ser una chica y su intuición femenina le indicaba que había algo más, por lo que terminó agregando—: ¿Y tú?

— Yo… —de nuevo las palabras parecían ahogarse dolorosamente en su garganta en lugar de abandonarla en una suerte de catarsis. "Yo tengo un problema". "Yo estoy confundido". "Yo no sé qué hacer". "Yo siento...". Su frustración comenzó a hacerse cada vez más grande, llegando a un punto tal en el que simplemente terminó la llamada abruptamente diciendo—, tengo que irme.

Colgó el teléfono y suspiró pesadamente, dando de paso una patada a la puerta de la caseta antes de salir. Llamar había sido mala idea, colgar tan repentinamente también e interiorizar sus sentimientos era todavía peor. ¿Pero qué otra cosa podría hacer? Exasperado como estaba, decidió que tal vez le vendría bien deambular un rato por la ciudad. No le apetecía volver a su escondite a aburrirse viendo la televisión, lidiando con Kula o comiendo techo en su alcoba. Paso un rato dando vueltas en el autobús hasta que la ruta se cortó cerca de la media noche. Como no le apetecía volver al departamento todavía decidió continuar a pie, pasando por una tienda para comprar una cajetilla de cigarrillos y algo de comida chatarra con que entretenerse por mientras. Pensaba en tantas cosas y al mismo tiempo en nada, haciéndose interrogantes a las que no iba a encontrarles respuesta por más que las meditara. Su vida carecía de un sentido, en su interior había un enorme vacío que no podía ser llenado por nada. Entrar a los torneos de KOF no eran más que una manera de pasar el tiempo o una mera obligación para intentar descubrir su pasado o ayudar a Maxima. Las cosas se habían vuelto tan monótonas y repetitivas que francamente ya no les encontraba sentido. Cada vez le importaba menos los porqués, seguir indagando no hacía más que dejarlo donde había comenzado. Quizás nunca llegaría saber la verdad completa y ya ni siquiera estaba seguro de si quería averiguarla.

Podría aprender bastante de Whip, quién había terminado por encontrar un lugar donde encajaba y que a pesar de que les brindaba ayuda, parecía estar más concentrada en el presente. Trabajando para los Ikaris y encontrando consuelo en su equipo de trabajo, quienes eran como una especie de familia para ella. ¿Quizás K debería plantearse hacer lo mismo? ¿Pero que iba a hacer al lado de Maxima o Kula si no era pelear en un torneo o investigar una nueva pista? Sus ganas de comenzar una nueva vida en alguna otra parte se hacían cada vez más fuertes. Tal vez le vendría bien empezar de cero. Y, sin embargo, ¿qué era lo que haría por su cuenta? No tenía alguna afición o interés particular en nada. Bueno, tal vez había alguien que había logrado despertarle una nueva inquietud, lo cual no había pasado nunca. Pero aún no sabía bien que pensar de aquello. De hecho, aún se preguntaba que rayos era lo que le había movido a besar a Rock en aquel desolado callejón. Peor resultaba imaginarse que era lo que había movido a Rock a hacer lo mismo la última vez que se habían visto. Un escalofrío involuntario le recorrió la espalda al recordarlo, nunca se hubiera imaginado que tanta cercanía con alguien más podría sentirse así de bien. Una parte de él deseaba que Rock le hubiera correspondido, pero eso no podría ser verdad. Tan sólo lo había provocado, seguramente tan sólo como una burla, como una manera de hacerlo quedar mal.

No sabía si movido por dicho pensamiento o simplemente alguna especie de absurda casualidad, pero después de un rato de andar, cuando había terminado de comer y su cajetilla de cigarros parecía más ligera, terminó por encontrarse nuevamente en aquél sitio. La misma cancha de baloncesto donde habían coincidido por primera vez. Se situó al frente y la contempló por un momento. Las farolas de la calle iluminaban por completo el recinto, incluida la banca donde se había sentado a mirar a Rock jugar. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera actuado como un tonto aquella noche? Ni hablar, era la única manera en la que podría haber reaccionado. No tenía mucho interés en relacionarse con otras personas, no se imaginaba actuando amigablemente o accediendo a un juego de baloncesto. Su curiosidad le llevó a introducirse dentro se la cancha y para mirarlo todo desde ahí.

No pudo evitar notar una pelota de plástico un tanto desinflada y desgastada en una de las esquinas. Giró la cabeza para ambos lados, asegurándose que nadie viera lo que haría después. Avanzó hasta tomar la pelota entre manos y se situó en un sitio más o menos razonable para intentar encestar. Sus intentos eran francamente mediocres hasta que, de alguna forma, la suave voz de Rock se le apareció en forma de recuerdo, haciéndole ver lo que tenía que hacer.

"Tomas impulso con las piernas, así".

Parecía una tontería hasta el momento en el que se decidió a intentarlo. Para su sorpresa la pelota atravesó el aro sin siquiera tocarlo, había sido un tiro perfecto. No sabía que odiaba más, si haber hecho caso al consejo de Rock o que el chico hubiese tenido razón.

— Buen tiro, veo que has estado practicando —como si de un espectro se tratase, la voz del rubio le sobresaltó. Giro la cabeza a un lado y ahí estaba, parado en la puerta de la cancha observándolo con una sonrisa de medio lado y bloqueando la única salida. K repasó mentalmente sus opciones, pensando que tal vez si lograba hacer una finta podría colarse por un lado y salir huyendo. Lo que menos deseaba ahora era tener que pelear de nuevo con él—. Oye, tranquilo. No voy a hacerte nada —dijo Rock con calma, levantando las manos al aire como si se tratase de una bandera blanca en señal de paz.

Tal y como había pasado con la llamada de Whip, al moreno no se le ocurrió otra manera de reaccionar más que diciendo—: Tengo que irme —y se metió las manos en los bolsillos, soltando el balón, dispuesto a pasar a un lado de Rock ahora que al menos había admitido que no venía a buscar problemas.

Para su sorpresa, antes de que pudiera poner un pie fuera de la cancha, el brazo de Rock lo detuvo por el hombro. De haber sido cualquier otra persona, aquello le hubiera merecido un golpe bien dado en la cara. Pero K tan sólo se quedó congelado en su sitio mientras un escalofrío de emoción pura le recorría el cuerpo de pies a cabeza. ¿Iban a pelear de nuevo, no es cierto? ¿A eso es a lo que le había condenado portarse como un idiota todo este tiempo? ¿A que no pudieran ser más que eternos rivales buscando quien podía someter al otro en el próximo encuentro? Más sorprendente resultó lo que el rubio diría después.

— ¿S-seguro que tienes que irte? —preguntó Rock con voz insegura, agradecido de que K no se hubiera dado la vuelta pues sin duda hubiera notado lo avergonzado que estaba. Le hubiera encantado rogarle que no se fuera, pero admitirlo sería como concederle la victoria, así que tuvo que encontrar alguna otra manera de convencerle—. Porque no tienes que irte si no quieres.

Había que ser tonto para no darse cuenta de que las palabras de Rock más bien sonaban como una súplica mal camuflada. K lo sabía, por supuesto. Tal parecía que, pese a todo lo que había pasado antes, Rock estaba dispuesto a darle otra oportunidad. Esta vez no lo echaría a perder, al menos no de inmediato. Fue por eso que no dio un paso más, sino que de un movimiento brusco se deshizo del agarre de Rock en su hombro, disimulando su nerviosismo detrás de un fingido enojo—: Pero que quede claro que me quedo porque me da la gana y no por darte gusto.

K se sentó en uno de los extremos de la cancha ante la mirada atónita de Rock quien no podía creer que lo hubiera convencido de quedarse. Rock se dispuso a ir por la pelota para entrenar un poco, sin poder dejar de sonreír del mero gusto mientras que K tan sólo se limitó a observarlo con cuidado mientras fumaba.

El corazón y la respiración de K' se aceleraron notablemente, era una suerte que el otro estuviera lo suficientemente lejos como para poder notarlo. El cigarrillo vibraba entre sus dedos inquietos que no podían dejar de temblar, no era un efecto secundario de la nicotina sino algo que provenía de él mismo. Una emoción tal que, aunque se esforzaba por ocultar buscaba la manera de manifestarse. ¿Qué es lo que haría ahora? Tantas veces pensaba en Rock, tantas eran sus ganas de volvérselo a encontrar en otro tonto giro del destino y, ¿para qué? ¿Para qué ahora estuviese ahí sentado como un tonto, intentando fingir indiferencia cuando en realidad temblaba como una gelatina? Como si de una pelea se tratase, ahora tendría que formular algún tipo de estrategia para lidiar con este momento sin echarlo a perder.

¿Pero de que iba a hablarle? ¿Qué podría decirle? Como siempre, nunca estaba seguro de que era lo siguiente que tenía que hacer y ciertamente, no ayudaba nada que Rock pareciera tan tranquilo. El rubio lo ignoraba completamente, concentrado de lleno en la pelota y el aro de metal. Intentó volver a pensar su siguiente movimiento, pero resultaba imposible. ¿Cómo iba a ignorarlo ahora que lo tenía frente a él sin prisa alguna? Repasó con los ojos la silueta del chico una y otra vez. De los deportivos que calzaba hasta sus cabellos dorados, observándolo saltar, correr y agacharse. Pese a lo repetitivo de tirar el balón y recogerlo, Rock parecía muy entretenido, pero habría que ser idiota para no hablar sobre todo apuesto que se veía. Lo apuesto que siempre había sido. Sacudió la cabeza en un intento por sacarse a sí mismo de sus vergonzosos pensamientos. ¿De eso iba a hablarle entonces? ¿De lo apuesto que se veía? ¿De cómo pensaba en él todo el tiempo, hasta en sueños? ¿De cómo siempre esperó encontrarse nuevamente con él? ¡Por supuesto que no! Algo como eso jamás podría salir de su boca. Esta clase de incertidumbre jamás se hacía presente cuando combatía, pero en la vida diaria era básicamente el pan de cada día. Estaba comenzando a ponerse nervioso y frustrado, las cosas no salían bien cuando eso pasaba. Agachó la cabeza y suspiró lentamente, esperando que su enojo comenzara a difuminarse poco a poco mientras continuaba preguntándose como rayos habría de lidiar con todo esto.

— ¡Cuidado!

La advertencia llegó tarde pues K consideró que probablemente tardaría más en levantar la cabeza que en poder esquivar aquello. Sin embargo, pudo sentirlo, algo se aproximaba a él con velocidad y tuvo que hacer uso de su instinto para protegerse y no ser golpeado. Rápidamente levantó su guante rojo y encendió una llamarada que esperaba fuera lo suficientemente fuerte para protegerle de un proyectil. En cuando pudo alzar la cabeza y la llama se había esfumado pudo mirar que la advertencia había sido tan sólo a causa de la pelota, que se había desviado e iba directo a él. Algunos restos de plástico derretido quedaron pegados en su guante y sólo los agitó fuera de él aún sin comprender del todo lo que había pasado.

— Lo siento —dijo Rock, cubriéndose la boca para ocultar su risa. Disculpándose por el susto que le había dado sin querer—, supongo que se acabó el juego —comentó finalmente, echándose a reír, sin darse cuenta de que tras el ceño fruncido de K se escondía un chico embelesado por haber visto a Rock sonreír.

El rubio se acercó lentamente a él de manera cautelosa y K tragó saliva anticipándose a lo que fuera a pasar. Rock sencillamente se dejó caer en el suelo a su lado, recargándose en la malla para descansar un rato. Pese a que se había dicho a si mismo que no duraría tanto tiempo afuera, seguramente ya tenía al menos una hora desde que había salido de casa. Pero no quería irse. Quería estirar este momento tanto como fuese necesario, aunque no le gustaba para nada la idea de quedarse con sueño y estarse durmiendo en plena clase de matemáticas. Para no parecer desagradable se limpió el sudor en la frente con el dorso de la mano y echó un rápido vistazo a K, quien sólo tenía la vista puesta en los pedazos de balón derretidos en el suelo.

— Lamento haberte asustado —dijo Rock, rompiendo con lo incómodo del silencio entre ambos— También lamento haberte llamado basura aquella vez. Ya sabes… Y los golpes de la última vez —agregó con voz pausada y esperando que aquello sirviera para limar algunas asperezas.

— Yo… —comenzó a responder K, esperando que esta vez sus palabras no se ahogaran en su garganta como lo hacían casi siempre. Movió la cabeza de lado a lado, como buscando la mejor manera de completar la frase, hasta que finalmente soltó—: No. No lo siento.

— ¿¡Qué!? —Rock se quejó de manera estruendosa, casi sobresaltando a K' que seguía impasible como siempre—, ¿cómo puedes decir eso? Me golpeaste, ¿acaso lo recuerdas? —le recriminó señalando el pequeño parche que aun cubría parte de la cicatriz que le había dejado la herida.

— Si y aún creo que te lo mereces —comentó con sinceridad. Y es que de haber sido de otro modo, probablemente las cosas nunca hubieran llegado hasta donde estaban.

Rock se mordió la lengua mientras sonreía, lo que estaba a punto de hacer era peligroso, pero valía tantísimo la pena que no podía dejarlo ir así nada más. Además, era una buena oportunidad de poner a prueba lo que Mary le había enseñado. Había de insistir—: ¿También el beso?

Como se lo imaginaba, K no tardó mucho en tomarlo por el cuello de la sudadera y acercarlo hacía él de modo que pudiera amenazarlo—: Eso nunca sucedió, ¿me entendiste? No vuelvas a hablar de ello o te juro que…

La risa del rubio interrumpió la agresión—: ¡Por un momento creí que ibas a hacerlo de nuevo!

— Eres imposible —contestó K soltándolo y desviando la cabeza a un lado, molesto y avergonzado a partes iguales. Mentiría si no admitiese que Rock llevaba algo de razón, una parte de él quería volver a repetir lo de aquél día.

— Tu también lo eres —comentó Rock con una sonrisa mientras pensaba que eso también le gustaba de él. Casi inmediatamente se incorporó—, tengo que ir a mi casa, es tarde —dijo por fin, un tanto apenado de que la conversación hubiese durado tan poco.

— Uy, creo que a alguien tiene que cumplir con su toque de queda —comentó K con sarcasmo, esperando que haciéndolo enfadar un poco pudiera prolongar más el tiempo juntos.

— No es eso —replicó Rock, poniendo los ojos en blanco— Tengo que ir a la escuela. Aunque, me preguntaba… Si piensas venir otro día, ya sabes, el fin de semana o algo así…

Otro golpe duro de soportar para su alborotado corazón. Parecía una de esas frases hechas que utilizaban los galanes en las novelas que pasaban por televisión y tanto le gustaban a Kula. Si la chica hubiera presenciado esto probablemente hubiera gritado, también por la vaga respuesta de K que le agregaba emoción a la escena— Tal vez lo haga.

— Y yo tal vez traiga otro balón, asegúrate de no derretirlo también, ¿quieres, chico flamas? —antes de que el moreno pudiera levantarse para hacerlo pagar por usar de nuevo ese tonto apodo con él. Rock le guiño el ojo y se apresuró a salir corriendo de ahí, casi tan apresuradamente como su corazón que bombeaba con fuerza. Habían sido suficientes emociones fuertes por un día, por lo menos ahora podría descansar mas tranquilo sabiendo que se iban a ver de nuevo. No le cabía duda.