Los ojos de Antonio se empañaban con cada hijo que pisaba el escenario y la música aun no acababa, ni parecía querer hacerlo.

Hugo era un muchacho bonito, con ojos color café y cabello cobrizos, pero aquel día no llevaba esa divertida sonrisa que siempre lo acompañaba. Le dedico una mirada de pena a España y comenzó a cantar.

-Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada dios no alcanzo a llorar-

Lo admitía, el la había tenido mas sencillo que el resto. Por lo menos sabia que su verdadero padre seguía con vida, el español se lo había permitido a cambio del pequeño, a cambio de su libertad.

Pero, si sabia que no podía arriesgar la vida de su padre ¿Por qué corría a su encuentro? Estaba mal, cuando Antonio lo descubriese lo castigaría y luego se desharía de su padre. El niño sentía que si no iba a aquel lugar sagrado se olvidaría de su padre, ya no recordaría las antiguas costumbres, no podría hablar mas Guarini, dejaría de ser el.

Volvería a luchar si Antonio los encontraba, salvaría a su padre de nuevo; pero no podía aguantar saber que estaba vivo y no poder estar junto a él.