En este capitulo conoceremos algo más de los personajes de Sol Eclipsado y algo inesperado ocurrirá con el grupo de Edmund y Lucy. Si alguien quiede dejar un comentario sobre lo mucho que apesta la historia o lo que le gusta, puede dejarlo :D
La reina Susan no podía dormir y estaba cansada de dar vueltas en la cama. Se levantó y se puso un vestido sencillo, luego llamó a Castora.
—¿Qué queréis mi señora?—preguntó la dientuda, muerta de sueño.
Susan le contó que deseaba ir al bar de Nog y tomarse algo, aunque en realidad lo que quería era conocer chicos guapos. Aunque Castor puso muchos impedimentos, ella lo iba a hacer de todos modos, así que el pobre animal bajó el hocico y la siguió. Con una capa, bajó a la taberna y se sorprendió allí al ver muchos criados, guardias y hasta la propia Tal Ceres. Aunque ella estaba en una esquina sola, mirando su vaso lleno de líquido.
La solandia no era de sangre noble, había conseguido su puesto por su propio trabajo y al parecer no tenía muchos amigos allí. No era del tipo de amiga que Susan solía echarse (solo había que ver que vestía como un hombre y llevaba el corte de pelo de un hombre) pero le daba pena verla allí sola.
Se enfundó su capucha y fue decidida a la barra. Detrás de ella estaba ni más ni menos el mismísimo fauno Nog, frotando un vaso.
—¡Bienvenido al Bar de Nog! Beba algo y deje algo de dinero como recompensa—gritó el fauno mientras daba pequeños golpes con las pezuñas—¿Qué quieres de beber, muchacho?
Susan estaba un poco contrariada, se alegraba de que su disfraz funcionara pero no le acababa de gustar que la confundieran con un hombre.
—Quiero…—miró los estantes—¿Tenéis vino calormeno?
Nog miró a ambos lados y se acercó a Susan.
—Entre tú y yo, desde que los calormenos abandonaron solandia no entra mucha mercancía de ese país… pero puede que consiga una buna botella por 30 piezas de oro.
Susan iba a responderle algo cuando alguien llegó a su lado con paso fuerte.
—¿Qué haces Nog? ¿Intentando hacer tratos ilegales de nuevo?—preguntó el hombre con voz grave.
Susan y Castor se giraron para ver a Hier, el jefe de los guardias de Sol Eclipsado. El hombre estaba con el ceño fruncido y se apoyaba en la barra con el brazo izquierdo.
—¡Por Aslan, jamás me atrevería!—dijo Nog levantando los brazos—Este joven me ha pedido Néctar Visenthna, ¿verdad muchacho?—preguntó poniendo énfasis en la última palabra.
Hier levantó su albina ceja y miró a Susan con expresión de incredulidad. Ella agachó la cabeza de pura vergüenza y pudo ver como sus propios pies se estaban congelando en el suelo. Debía de ser Hier. Aun no sabía cómo tenía ese poder.
—Oh, si… Néctar Visentha—respondió intentando poner voz de hombre.
El capitán de la guardia no se creyó ni una palabra, pero lo dejó estar.
—Más vale que tengas cuidado Nog, porque si te pillo comercializando con productos de contrabando otra vez—dijo poniendo énfasis en las dos últimas palabras—, te pasarás dos meses a la sombra, ¿te ha quedado claro?
—Como el cielo de Cair Paravel—respondió Nog.
—Más te vale.
Dicho esto, Hier se alejó de allí, aunque no mucho. El fauno soltó un largo suspiro y Susan notó como sus pies se volvían a calentar.
—Maldito Capitán, jamás me dejará en paz—dijo sirviéndole a Susan el Néctar Visenthna.
Ella empezó a beberlo y luego miró a Tal Ceres que casi había terminado su bebida. Hier se había sentado con ella en la mesa solitaria.
—Si intentas acercarte a ella, he de decirte que es imposible—dijo Nog, refiriéndose a Ceres—.Esa mujer solo tiene una cosa en la cabeza: vengar al pueblo solandio y si es posible, matar a todos los calormenos.
Susan estaba muy impresionada.
—¿En serio?—preguntó.
—He oído por ahí que vivió toda su infancia aquí en Sol Eclipsado, sirviendo como esclava en las minas de metales con solo una comida al día. También que mataron a sus hermanos y a sus padres delante de sus ojos y luego la torturaron a ella. Otros rumores afirman que mató a un calormeno con tan solo 10 años… y que no fue el último—dijo Nog, intentando poner voz interesante.
La reina escuchaba boquiabierta lo que el fauno contaba.
—Pero eso solo son rumores. No hay que hacerles caso—sonrió.
Nog se encogió de hombros.
—Lo único que sé con total seguridad es que perteneció a la resistencia contra el Imperio Calormeno y que tras el tratado de paz le dieron honores y medallas.
La joven le dio otro sorbo al Néctar.
—¿Y de Hier que sabes? Nunca había conocido a nadie que pudiera congelar las cosas. Bueno, sin mencionar a la Bruj…
—¿¡Hier!?—gritó Nog, riéndose y cortando a Susan en mitad de la frase—Bueno, a él lo encontraron hace diez años en la frontera de Solandia con Calormen, malherido y desnutrido. He oído que no sabía hablar y que no recordaba nada. Poco después empezó a mostrar esa clase de sortilegios, ¿entiendes muchacho? Y que desde el mismo instante en que lo encontraron no ha envejecido absolutamente nada.
Susan miró al capitán beber junto a Tal.
—Debe de ser muy solitario no saber quién es tu familia ni de dónde vienes—susurró.
—Bueno, ¡ahora es el Capitán de la Guardia! ¡Que deje de incordiar a los demás!
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La buena noticia era que Edmund se había despertado, la mala era que no dejaba de gritar. Gritaba durante horas y horas, y todos estaban aguantando tan bien como podían, pero llegó un momento en el que ninguno podía escuchar un grito más.
—¡Por favor, dile que se calle!—gritó la solandiana, con rabia.
Pero Edmund solo podía gritar lo mucho que le escocía la pierna. Xenia intentaba calmarle, pero debían de seguir caminando.
Kalhed también estaba cansado de escuchar los gritos.
—Escúchame blanquita—dijo refiriéndose a Lucy—,como tu hermano no se haya callado esta noche yo mismo le clavaré este puñal en el pecho.
Lucy no iba a permitir aquello, era pasarse de la raya.
—¡Eso no era parte de nuestro trato!—le recriminó, y se puso en pie—¡Dijiste un día!
—Sí, pero eso era antes de saber que iba a estar gritando como una niña durante horas. Estoy harto de él y sus gritos también lo pueden estar escuchando los Vástagos—respondió.
Lucy se mordió el labio. Odiaba a ese calormeno, le odiaba con toda su alma.
—¡Lo de niña es machista! Además, ¡¿Quién te ha dado permiso para decidir sobre las vidas de los demás?!—preguntó—Ni siquiera Aslan lo hace.
Eso provocó la risa de todos los no narnianos que había en el grupo.
—¿Aslan? Eso solo son cuentos para los niños. Tash es el verdadero dios, blanquita. Yo escupo a Aslan a la cara—dijo, y mientras lo hacía, escupió al suelo—.Y si quieres permanecer en este grupo, acatarás mis órdenes, ¿ha quedado o no claro?
Lucy casi llora de la impotencia, las lágrimas estaban allí, a flor de piel. Pero no iba a darle ese placer. Miró al zorro (narniano) a la solandiana y a un telmarino y se preguntó porque ellos no hacían nada para defender a Aslan. Pero luego cayó en la cuenta de que ella tampoco iba a defenderle. No en ese momento. Ellos debían de temer a Kalhed.
—Ha quedado claro—respondió.
La marcha se reanudó y cuando cayó el sol llegaron a unas cuevas. Por desgracia de Lucy y Xenia, Edmund seguía gritando.
—Dile que se calle, ninfa—dijo la solandiana con una flecha en la mano.
Kalhed había salido a cazar con algunos miembros algo para la cena y Lucy estaba segura de que cuando volviera, iba a cumplir su promesa. Pero la herida de Edmund seguía sin sanar. Salió de las cuevas hecho un manojo de nervios y con el corazón en un puño.
—Oh Aslan… ayúdame por favor. No puedo hacer esto sola—le rogó, mirando al cielo.
Se sentó en la hierba y se echó a llorar. Entonces, de la nada, vio algo reflejarse a la luz de la luna. Se acercó a comprobar lo que era y… no podía creerlo: era su frasco con poción mágica para curar las heridas.
Suspiró y le dio las gracias a Aslan. Cuando llegó a las cuevas, era un pequeño caos, porque Xenia y la solandiana estaban luchando cuerpo a cuerpo mientras que Kalhed miraba. Corrió hasta dentro y gritó con desesperación:
—¿¡Que está pasando aquí!?
El calormeno la agarró del brazo.
—Se acabó el tiempo. Tu hermano va a morir—dijo sin emoción en la voz.
—¡No, no! Déjame que le dé una cosa por favor, solo una, déjale que le cure y te prometo que se callará, por favor Kalhed—dijo mirándole a los ojos.
El calormeno miró el rostro de desesperación de Lucy y respondió:
—Está bien. Tienes un minuto.
Lucy se acercó a Edmund y como hizo la primera vez, le echó un poco en la herida y le dio de beber otro tanto. En menos de medio minuto Edmund había dejado de gritar y sus heridas parecían estar curadas.
Todos los allí presentes se hallaban perplejos.
—Como… ¿Cómo has hecho eso?—preguntó Kalhed.
Lucy se mordió el labio.
—Soy buena con la medicina y este es un remedio… de mi familia—mintió, aunque nunca se le había dado bien mentir.
Pero al calormeno eso no le bastó.
—No, no—le cogió el bote de las manos—Es magia, magia oscura que va contra el gran Dios Tash. Eres… ¡una bruja!
Xenia se levantó.
—¡Devuélvele el bote!—ordenó.
Entonces, todo el grupo se levantó en defensa de su líder.
—Perdona, ¿te he oído bien?—dijo Kalhed. La dríade no contestó—Eso me parecía.
Miró el bote y tiró su líquido delante de la pasmada Lucy y la sorprendida Xenia.
—Nadie de mi grupo va a practicar la magia que va contra el gran Tash. Y menos una bruja. La magia nunca trae nada bueno—dijo tirando el bote.
—¿¡Quién te ha dado permiso para coger eso!?—gritó Lucy, levantándose y encarándose.
El calormeno estaba perdiendo la paciencia y se llevó las manos a la cabeza.
—¡Estoy harto de ti, blanquita!—gritó, luego chasqueó los dedos y uno de los hombres cogió a Lucy y se la echó a la espalda, luego la ató contra un árbol y le metió un calcetín en la boca—Esta noche dormirás sola, a la intemperie y sin fuego. Tu único amigo será este calcetín—se rio acercándose a ella—.Tal vez después sabrás cerrar la boca.
Se podían oír las risas de los hombres de Kalhed y sobre todo la de esa solandiana. Xenia le dio algo de agua a Edmund y se quedó cuidándole hasta que le grupo apagó el fuego.
A la mañana siguiente fue Edmund quien despertó a Lucy. Justo al abrir los ojos supo que eso era una mala señal y que algo malo acababa de pasar… y su presentimiento estaba justificado. Xenia había muerto. La habían asesinado.
Si. Xenia ha muerto. En el proximo capitulo el grupo de Peter y Susan empezaran la busqueda de la primera perla. Creo que al principio de esta historia sinceramente todo va más lento, pero es solo que quiero asentar bien las bases de los personajes para que quede realista. Pero ya a partir de aqui todo comienza a acelerar.
