Se había desocupado antes de tiempo. Debido a que se había deslindado de la responsabilidad de tratar con Takao Kazunari ahora su agenda tenía un hermoso hueco laboral por lo cual salió temprano. Ahí estaba en el café preguntándose de que hablar, un dolor de cabeza se hacía presente pero pasaba de el olímpicamente debido a sus inquietudes sobre cómo actuar ante tal situación. ¿Era una cita? ¿Una reunión para hablar de sus avances? Ni siquiera tuvo tiempo para preguntar pues el pelirrojo se había ido de lo más contento. Jugaba con ese vaso con agua que le habían entregado por cortesía mientras esperaba a su acompañante y se mordía levemente los labios de los nervios. ¿Por qué estaba nervioso? Apenas si conocía al sujeto no es como que estuviera interesado en él. Pronto aquella silueta se hizo presente y debía admitir que su corazón dio un par de latidos fuertes pero se intentó controlar. Se puso de pie buscando no sonreír como idiota con éxito pero el otro no tuvo la misma suerte porque se mostraba feliz.
-¿Tienes mucho esperando? –dijo Kagami al más bajo.
-No, no... descuida. –lo invitó a sentarse con un movimiento de mano y ambos tomaron lugar uno frente a otro. Cruzaron sus miradas, Kuroko notó que el otro estaba algo ansioso y bajaba la mirada un poco denotando su nerviosismo.
-Seguro te parece raro que te invitara…-dijo el joven y el otro asintió levemente- a mí me pareció raro que aceptaras.-rio con torpeza mientras un camarero aparecía interrumpiendo y tomando la orden de ambos. – un café por favor.
-Igual …-dijo Kuroko sin más. El camarero se retiró dejándolos de nuevo con ese ambiente tenso y emocionante. Y es que Kuroko no había pasado por una situación así desde la prepa. Salir con un chico, tomar un café y charlar es algo que ni siquiera hacía con un amigo puesto que su trabajo no le daba tiempo en ocasiones. -¿Cómo te has sentido de vuelta a la realidad? –preguntó en un tono divertido para calmar su nerviosismo.
-Supongo que es la misma sensación de cualquier prisionero al salir de la cárcel solo que en este caso soy inocente y una víctima…-se detiene y piensa un momento- hay muchas cosas que no sabía que estaban pasando, otras que si pues me enteraba escabulléndome para ver televisión o leer el periódico. No se nos permitía saber mucho, debíamos dedicarnos a lo nuestro.
-Si me permites…me parece extraño que alguien como tu trabajara para esos hombres…
-¿Lo dices porque no soy tan flacucho como los demás? –ríe por su comentario.
-Si …eso –sonríe de igual forma- comúnmente los que salen de esa situación son personas de apariencia débil.
-En eso tienes razón pero incluso las personas fuertes físicamente tienen grandes debilidades. Yo tengo las mías –el camarero apareció dejando los cafés y agradecieron.
-¿Me dirás cuáles son? –dijo Kuroko soplando a su café. Era cargado como le gustaba y muy oscuro.
-¿No prefieres darte tiempo para conocerlas? –contestó el otro con un carmesí en sus mejillas. Kuroko desvió un poco la mirada pues el comentario también le había puesto nervioso. ¿Acaso Kagami quería que se conocieran más? ¿Tal vez pensaba salir con el de nuevo? Esa era una especie de insinuación que el otro no pasaría por alto – te diré un poco…
-Bien…-contestó asintiendo un poco para volver a verlo.
-Nosotros somos unidos. Los chicos que salimos de ahí constantemente nos cuidamos las espaldas y protegemos –dio un trago a su café- cada quien tiene una historia y como pude los defendía pero…. –su mirada se tornó un tanto triste – cuando los golpes y la fuerza física fue superior usaron el factor emocional para controlarnos.
-…¿Qué hicieron? –preguntó curioso.
-Cuando vieron que no podían detenerme y que mi intención era darle libertad a ellos… los hombres de la Casa Roja empezaron a separarnos y amenazarnos con lastimar a los otros si alguno hacia y obraba mal. –las manos de Kagami jugaban con la taza.
-¿Les hicieron daño? –el peliceleste frunció el entrecejo con preocupación.
-Una vez uno cometió un error con un cliente y este quedó insatisfecho. Sakurai no tenía experiencia, era el nuevo y mandarlo con ese sujeto no fue algo muy inteligente….-suspiró con pesadez – nos lanzaron una única y enorme advertencia… hicieron algo horrible.
-…-Kuroko no sabía si debía preguntar más, se notaba que Kagami estaba sufriendo mucho al hablar del tema. Era comprensible, quería a sus compañeros de la Casa Roja pero la duda de que habían hecho esos sujetos para mantenerlo bajo control era latente aunque no quería presionarle de saber detalles; ahora tenía una idea general de lo que ellos sufrieron y el hecho de ser unidos era un paso más para la misión que se había autoimpuesto: encontrar a Sakurai. Seguramente si Kagami o algún otro supiera de su ubicación le informarían eventualmente. Entendiendo esto investigaría sobre el primer sospechoso que era el hermano de Kagami. ¿Por qué Kuroko ayudaba a Sakurai sin conocerlo? Era su trabajo.
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-Bienvenido a casa, Aominecchi –dijo el eterno rubio de la sonrisa flamante al policía que entraba a su departamento. Ya Kise se había adueñado de la casa, no tenía muchas pertenencias al llegar pero había cogido ropa del otro para vestir agradeciendo ser más o menos de la misma talla. Había adquirido el rol de "esposa" pues siempre traía su mandil puesto y jugaba a hacer las labores del hogar ; jugaba porque realmente era malo para ello. En una ocasión limpio el piso con demasiado abrillantador y los dos habían hecho una rutina de lo más fallida en patinaje artístico azotando en diversos lugares. Al otro día se le ocurrió lavar las cortinas con la ropa de color y ahora tenían un divino juego rosa adornando las ventanas.
Tenía la costumbre de confundir el azúcar con sal, la lechuga con repollo y la papa dulce con la amarga anexando el hecho de que no sabe cocinar del todo bien. Había considerado buena idea planchar la ropa encima de la casa por la pereza de sacar la mesa de planchado y dejo una bonita decoración en las cobijas del moreno, digamos que tenían una ventila extra. En ese momento estaban dentro de la cocina, Aomine mirando al techo y Kise con la sonrisa más fingida que la de un joven frente a sus suegros. El techo estaba embarrado con una pasta de dudosa procedencia totalmente pegado. La observó por un rato y sentía que la fuerza de gravedad no hacia efecto en la plasta pues esta no caía pero colgaba.
-¿Pero que….
-¿Tuviste un buen día? –rió.
-¡No me cambies el tema! –dijo alzando la voz.
-¡No me regañes Aominecchi! Quería hacer algo de comer y cuando he intentado voltear la pasta esta se pegó en el techo… - dice mirándole con su cara de perrito asustado- cuando intente despegarla no cedió para nada…no sé qué hacer.
-Alejarte de mi cocina, eso deberías hacer –respondió casi en automático- dejémosle así, no puede durar ahí siempre…se caerá…creo.
-Lo siento…-lloriqueo ante el otro pero Aomine no mostró piedad alguna cuando le jalo la nariz. - ¡Ay! Duele.
-Se más cuidadoso, pudo haber pasado algo peor. –sonó preocupado, sí. Eso era nuevo y Kise se limitó a bajar la mirada con un leve sonrojo.
-Aominecchi… -el moreno alzo una ceja mirándolo – tu… ¿sientes algo por mí?
-Pena ajena –dijo sin tomar importancia a la profundidad de su pregunta girando sobre sus pies.
-Yo no me refería a eso… moo~o! –se quejó infantilmente- ¡Aominecchi! –lo siguió por la casa hasta tomar su hombro – nos conocemos desde hace meses y siempre estás conmigo…quiero saberlo.
-¿Saber qué? ¿Para qué? –caminaba sin mirar al rubio por la sala mientras este le seguía.
-¿Cómo que para qué? –Kise hizo un puchero con un muy leve sonrojo en sus mejillas- para eso…para –se cubría un poco el rostro avergonzado haciendo mohines graciosos- si sientes lo mismo yo…
-Basta, no quiero saber nada de ello…-se sentó con pesadez en el sillón- he tenido un día difícil y no quiero hablar de esas cosas.
-…¿ah? –le miró confundido, dolido tal vez. La reacción del otro era muy diferente a la esperada.
-Nada de ah… no me interesa lo que sientas, Kise. –comentó frio, indiferente. Prendió el televisor mientras el otro escuchaba como sus sentimientos se destrozaban poco a poco. Había risas en el aparato pero nadie en la habitación reía, solo adornaba un silencio sepulcral. Kise se quitó el mandil, se sentía torpe e ingenuo al pensar que después de esos meses siguiéndole, apoyándole, haciendo lo posible por que Aomine estuviera más feliz y sonriera más lograrían ser suficientes para enamorarlo. Tiró la tela al suelo y salió azotando la puerta de la casa, el moreno ni le detuvo. Se limitó a cubrirse la cabeza con la mano y golpear el sillón con fuerza.
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No recordaba con exactitud cómo se habían conocido. Solo una serie de fotogramas mentales donde se encontraba a él mismo solo comiendo una paleta, instante siguiente sus ojos notaron la presencia de un joven de estatura más baja a su lado. Parecía llorar, parecía sufrir desde lo más profundo de su ser pero su rostro no expresaba tales sentimientos. Estaba encerrado en su mismo, encerrado en su propio cuerpo y en sus penas pues eso lo podía ver en sus ojos dispares.
"Yo solo pensé en desearte un dulce día"
Al momento siguiente Murasakibara tomó de su bolsa de golosinas su favorita y se la entregó al chico. El otro tardó en reaccionar y aceptó el dulce agradeciendo pues se trataba de un joven educado. Murasakibara intentaba hacer memoria de esos momentos vagos mientras corría por la ciudad gritando su nombre en diversas ocasiones
-¡AKA-CHIN! –la gente lo miraba, las madres ocultaban a sus hijos para que no vieran ese comportamiento tan anormal. "Seguro está borracho" "¿A quién estará buscando?" "Pobrecillo, ¿Necesitará ayuda". - ¡AKA-CHIN! –sentía que su garganta le raspaba, que las piernas le fallaban pero él seguía corriendo. Se le había hecho rutina, recorría diversas calles de la ciudad constantemente hasta que ya no podía más. En algunas de esas calles debería estar su Akashi. Se detuvo un instante respirando, agitado, adolorido y cansado; con unas gotas de sudor cayendo por su frente. Dio un paso y se quejó del dolor que producían las ampollas de sus pies pero no se detuvo, debía encontrar a Akashi. – ¡AKA-CHIN!... !Aparece! –esto último no pudo gritarlo, lo dijo en un sollozo. Calló de rodillas a causa de las piedras que se atravesaron en su camino.
Nuevamente los recuerdos le invadían. Ahí estaba siempre el pelimorado en el mismo lugar donde conocío al pelirrojo y este a su lado mirando hacia la nada. Los dos sin decir mucho. Así pasaron varios días y como si no fuese a propósito se encontraban en ese lugar, se quedaban ahí varios minutos hasta que el más bajo miraba su reloj y se iba. Era parte de todos los días, aparecer ahí a las 5:34 de la tarde e irse alrededor de las 6:00 de la tarde sin dirigirse la palabra. ¿Por qué? No lo sabía pero ambos se sentían bien. Semanas después de ese primer encuentro Murasakibara le ofreció su dulce favorito nuevamente y empezaron a conversar. El pelimorado hablaba de golosinas, de sus estudios y su empleo. Akashi no tenía mucho que decir, solo comentaba que trabajaba por periodos y se encontraba vacacionando.
Se invitaron un café y Atsushi eligió un frapucchino de galleta. Al tiempo comieron creppas, las favoritas del pelimorado. A los días decidieron ir por sushi porque Akashi era más tradicional. A la feria, al cine a ver caricaturas infantiles, al parque a alimentar a las aves, a la biblioteca en la cual el pelimorado como medio de diversión intentaba fallidamente hacer reir al otro haciendo muecas hasta que por un segundo estuvo seguro que Akashi usó su libro para ocultar la curva de sus labios y el leve sonido de su risa. Tantos lugares, tantos momentos; aun cuando Akashi se iba lejos ellos diariamente se comunicaban por llamadas o mensajes. Murasakibara le contaba las cosas nuevas de su día y el otro le pedía que se esforzara. No eran pareja, no eran nada y ni siquiera estaba seguro si eran amigos. Tantos temas tocados y habían olvidado el más importante.
Ahora Akashi se había ido de la misma forma que entró a su vida. Ahora los fotogramas de su mente que le recordaban como se había topado con esa maravillosa persona le mostraban un futuro sin él donde aquel casual encuentro fue eso y nada más. No era cosa del destino, ellos no serían nada especial y la indiferencia que el pelirrojo mostraba al no responder sus mensajes y llamadas le mostraba que efectivamente había sido el único que cometió el error de enamorarse. Aun así no quería rendirse, se negaba a rendirse hasta que Akashi se mostrara frente a sus ojos y le dijera que todo fue mentira, que esos días fueron un sueño y que todo terminó.
Atsushi no sabía, más bien no debía saberlo, que al otro lado de la ciudad en aquel departamento lujoso, en aquellas sábanas blancas y bajo ese techo de espejo se encontraba el hombre que buscaba entregándose a otro. Aquel otro sujeto de cabellos negros que lo sometía bajo su agarre, bajo su cuerpo usando su experiencia en el tema para hacerlo sentir más. Akashi hundía el rostro en la almohada y por ocasiones la mordía deseando que con eso eliminara la sensación de dolor y nauseas que sentía al ser profanado por aquel hombre. En su mente solo estaba el pelimorado, deseaba tanto que aquel que le tomase fuese aquel chico.
Ese chico alto que lo hacía sentir como un adolecente, por quien se escapaba de sus deberes para verle. Ansiaba verlo de nuevo, tenía que verlo de nuevo. Tenía que ir a sus brazos y decir lo que se había callado, quitarse con sus besos la sensación que Reo le estaba dejando. Con esas embestidas, esos labios que le recorrían la piel, la desconsideración que tenía al sujetarle los rojos cabellos con fuerza provocando que separase su rostro de la almohada, quejas… gemidos, dolor y temor; quería quitárselo todo y sin duda lo lograría. Pagarían el día que separaron su camino de Murasakibara Atsushi, nadie se metía con sus recién aceptados sentimientos.
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Ahora ambos caminaban por las grandes calles de la ciudad. Personas por todos lados hundidos en sus pensamientos al igual que el peliazul que por lapsos miraba al suelo emitiendo un suspiro. El pelirrojo le miraba por el rabillo algo preocupado, no pensaba que aquello afectaría tanto a Kuroko.
-Lamento habértelo dicho … -dijo el más alto.
-No, está bien solo…-le miró – lamento haberme portado tan mal con él. Ojalá pudiera hacer algo…
-Todos quisiéramos hacer algo pero…es algo complicado ¿No crees? –el peliceleste asintió hasta que detuvo sus pasos.
-Esta es mi casa –dijo señalando su hogar. Pequeño pero lindo; no era enorme como la casa de Himuro pero si tenía un aspecto bastante familiar –gracias por acompañarme.
-Te queda bastante cerca del trabajo –dijo Kagami.
-Sí, uso poco el auto – ríe un poco y se detiene frente al portón – pasé un lindo día.
-Yo también –el pelirrojo sonrió levemente con un brillo en los ojos. A pesar de los temas incómodos ambos se habían conocido bastante y habían acordado ir a un par de lugares en otra ocasión. Ahora estaban ahí en ese silencio tortuoso y de cierta manera vergonzoso. ¿Qué pasaría ahora? ¿Se besarían como en esas películas cliché de romance? –Kuroko yo….-detuvo sus palabras porque alguien chocó con él haciéndolo retroceder.
-Lo siento…-se disculpó.
-¡Kise-kun! –gritó Kuroko al reconocer al rubio.
-Ku..Kurokocchi, Kagamicchi –dijo al ver al peliceleste y a su conocido excompañero de la Casa Roja frente a él. Ni se preguntó por qué ambos estaban juntos pues solo tenía una cosa en mente y eso le había llenado los ojos de lágrimas. Sollozó y se talló los ojos diciendo con dificultad – soy un idiota….un gran idiota….
