Tu Amor y su Envidia

-¿Puedo volver a verte? –preguntó, sintiéndose frente a un precipicio del que estaba a punto de caer, necesitaba la certeza de que la vería nuevamente. Kagome respiró agitada y a pesar del frío Inuyasha pudo notar el sonrojo en sus mejillas.

-Mañana... –le respondió sonriendo, dejando de pensar en todo lo demás, porque en ese momento sólo le importaba el latido frenético de su corazón cuando estaba tan cerca de él.

Capítulo 7: Impaciente

Eran cerca de las once de la mañana cuando abrió sus ojos castaños, en cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz que entraba a tráves de las cortinas de su habitación, sus labios formaron una sonrisa alegre, se sentó en la cama y se llevó derecha al pecho, su corazón latía desbocado. –Inuyasha… -susurró su nombre y de inmediato recordó la mirada dorada de él, su rostro, sus labios –sonrió nuevamente, no podía quitarlo de sus pensamientos, aún se sentía como en una especie de ensueño por el sólo hecho de haber estado algunos minutos junto a él. Aunque su parte racional le insistía en que debía negarse a esas sensaciones Kagome por al menos un día quería disfrutar la alegría que sentía y quería olvidar todo lo que había pasado durante esos diez años, necesitaba por al menos un día volver a sentirse cómo cuando tenía quince años y sus días giraban en torno a los encuentros que tendría con él.

Bajó hacia la cocina, luego de darse un baño de burbujas y escoger entre sus varios atuendos uno que combinara con su ánimo, se decidió por una falda de color negro que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, tenía unas botas de taco alto, negras, lo que se veia de sus piernas estaba cubierto por medias de color violeta, hacia arriba vestía un sweter morado y sobre su cuello colgaba una bufanda negra. A pesar de que el invierno cada día se acercaba más ella se sentía animada y llena de vida, en cuanto entró al lugar se encontró con su madre, Kaede y Koharu que notaron de inmediato como Kagome parecía resplandecer.

-¡Hija! ¡Pero qué bella estás! –le celebro su madre, mientras la abrazaba a modo de saludo, contenta de que su hija usara algo más que jeans.

-Hola madre… -le respondió la joven sonriendo. –Hola Kaede, Hola Koharu –extendió el saludo a ambas mujeres, siempre había encontrado una falta de respeto horrible el no dirigir el saludo a quienes trabajaban en su casa.

-Hola señorita –respondieron al unísono ambas sirvientas.

-Kaede ¿Puedes darle algo de desayuno a mi hija? –dijo la señora Higurashi y apenas terminó de pronunciar la petición, Kaede se volcó hacia la cocina y Koharu comenzó a preparar un lugar en la mesa para Kagome.

-Algo tarde tu desayuno hija… -le dijo la mujer mientras fingía un reproche.

-Lo siento madre… -respondió Kagome –pero necesitaba dormir –agregó, pensando en durante la noche el peso que sentía sobre sus hombros de alguna manera se había liberado.

Fijó sus ojos en la ventana y nuevamente lo recordó, quería mantener aquella imagen el mayor tiempo posible con ella, suspiró y recordó el brillo de sus ojos dorados cuando le pidió volver a verla. Sintió cómo su corazón nuevamente latía más a prisa y las palabras de él le llegaron tan claras cómo si lo estuviera escuchando.

-¿Puedo volver a verte?–Kagome no sabía cómo pero intentaría volver al roble sin que nadie en casa se percatara. Nuevamente su parte racional la amenazó recordándole el compromiso de Inuyasha y Kikyo, no podía pensar en el hombre que casi había sido el esposo de su prima. Hizo una mueca de desagrado ante su pensamiento, pero quiso reprimir nuevamente aquella sensación de angustia, sabía que no podía pensar en tener algo más que una amistad con Inuyasha y por eso mantendría sus encuentros en secreto, pues sería mal visto que ella se relacionara con el ex de su prima, aunque en realidad a Kagome jamás le había importado el qué dirán.

Estaba tan sumergida en sus pensamientos que se asustó un poco cuando Kaede se acercó a ella y le sirvió el desayuno, hizo un movimiento con su cabeza para alejar aquellos pensamientos de ella, tomó la cuchara con la mano derecha y comenzó a comer de un pastel que Kaede había preparado para la cena de la noche anterior. Estuvo a punto de sumergirse nuevamente en sus recuerdos que la relacionaban con Inuyasha cuando sintió a lo lejos la voz de ella, Kikyo.

Los segundos siguientes se le hicieron sumamente rápidos, ya que en un pestañeo tenía a su prima, madre y tía frente a ella en la cocina.

-Mi querida prima.. –le dijo Kikyo sonriendo, Kagome la miró asombrada no pensaba verla en su casa, ya que su prima solía llamar antes.

-Kikyo… tía… -dijo mientras se levantaba de la silla y ambas se abrazaban, en cuanto se separaron se quedó en silencio observándola Kikyo siempre lucía tan distinguida, su cabello largo permanecía liso y perfecto, como si el viento no influyera en ella, tu piel pálida estaba tersa y limpia de cualquier imperfección, su delgada figura no perdía las curvas con ningún atuendo, inclusive con el abrigo rojo que ahora vestía y sus ojos almendrados le daban una cierta elegancia y seguridad que Kagome creía no poseer. Una sensación de pequeña inferioridad se quedaba alojada en su interior cuando veía a Kikyo, entendía por qué Inuyasha la había amado, aquel pensamiento le dolió y antes que comenzara a sentirse triste habló.

-¿Cómo estás? –le preguntó intentando que su voz escondiera el cúmulo de emociones que tenía en su interior.

-De maravilla –respondió con una leve sonrisa. Kagome quiso preguntar ¿qué hacen aquí? Pero antes que sus labios intentaran pronunciar las palabras Kikyo nuevamente habló.

-Espero que no tengan nada que hacer –dijo mirando a Kagome y a su madre –Pues quiero que me acompañen a ver mi vestido de novia –agregó sintiéndose bien por la expresión de asombro que tenían las mujeres Higurashi. –Espero que no tengan algún otro compromiso –agregó, sabiendo que con el tiempo que Kagome llevaba en Japón sería casi imposible que tuviera otra cosa que hacer.

-Nos encantaría ir… -respondió de inmediato la madre de Kagome sonriendo, sintiéndose feliz de que su sobrina quisiera que fueran parte de tan importante decisión, Kikyo volvió a sonreír contenta.

-La tienda queda a un par de horas de aquí, si nos vamos en seguida tendremos tiempo para mirar varios modelos. –Dijo Tsubaki con satisfacción por la compañía ya que no quería lidiar sola con el carácter de su hija.

Kagome en cambio no compartía los sentimientos de su familia, le había prometido a Inuyasha que estaría junto al roble y si la tienda quedaba a horas de ahí eso significaba que sería casi imposible poder verlo. Kikyo observó con atención el rostro de su prima y dentro de ella sintió un presentimiento algo desagradable –es completamente imposible… -se dijo en pensamientos, desechando aquella teoría tan absurda, Kagome no podía tener compromisos con el poco tiempo que llevaba en Japón.

-¿Prima? –preguntó curiosa, Kagome pestañeó un par de veces y habló.

-¿Pueden esperarme en la sala? Yo termino mi desayuno, voy por mis cosas y vamos por esos vestidos –dijo con calma.

-Está bien… -dijo la señora Higurashi y las tres mujeres salieron de la cocina, Kagome esperó a que salieran y se volteó hacia Koharu y Kaede quienes en completo silencio habían presenciado la escena.

-Kaede ¿Tienes un papel y lápiz? –preguntó susurrando con rapidez, la anciana la miró algo extrañada pero se acercó a uno de los cajones y extendió lo que su ama pedía.

-¿Qué sucede pequeña? –se atrevió a preguntar mientras Kagome arrancaba una hoja de la libreta que ella le había pasado y escribía rápidamente sobre ella.

-Necesito un favor gigante –les dijo mirando a ambas mujeres con ojos suplicantes.

-¿Qué necesita señorita? –consultó Koharu curiosa por el cambio de ánimo que de pronto Kagome manifestaba.

-Koharu necesito que subas a mi habitación por mi abrigo, mi bolso y mi móvil –comenzó a hablar con rapidez Kagome –Kaede yo necesito salir, por favor manten a mi madre entretenida… -susurró doblando la hoja en cuatro partes para esconderla en su puño.

-Está… bien… -le dijo extrañada Kaede, preocupada por la expresión casi de terror que su pequeña tenía en el rostro.

-Yo vengo en cinco minutos… -agregó Kagome antes de salir por la otra puerta existente en la cocina y que daba al jardín trasero.

En cuanto pisó el césped al exterior de su casa comenzó a caminar con rapidez lamentando las botas que llevaba, se internó en la arboleda que existía en los límites de su propiedad y avanzó con rapidez por entre los árboles. Le había prometido a Inuyasha que lo vería, no le gustaba no cumplir con sus promesas y puesto que no tenía cómo llamarlo optó por dejarle la nota en el roble, deseando con toda su alma que él pudiera recibirla. Se sintió tan infantil al ocultarle a su familia que sí tenía un compromiso que cumplir, pero no podía ni siquiera su madre debía saber que se vería con Inuyasha.

Avanzaba cada vez con mayor rapidez, a pesar de ser pasado el medio día el lugar estaba silencio y Kagome sólo sentía su respiración acelerada, el sonido de sus pisadas sobre cientos de hojas secas y el latido desbocado de su corazón dentro de su pecho.

En cuanto llegó a la cerca que rodeaba al roble pudo saltarla sin problemas, a pesar de la vestimenta que traía, se acercó mirando con atención los alrededores del lugar, buscándolo sin éxito.

Respiró profundamente sintiéndose algo desanimada, tocó con su palma derecha el tronco del roble y recordó la expresión casi de súplica de los ojos de Inuyasha. –Lo siento –susurró cómo si él pudiera escucharla se sacó uno de sus aros y con él afirmó la nota sobre la corteza del roble.

-Estoy loca… -se reprochó, sabiendo que todo esto estaba mal, pero se sentía tan impaciente por verlo que tenía que dejarle la nota.

Esperó y comprobó que al menos con la pequeña brisa que corría la nota no se saldría de donde la había dejado, luego se dio la vuelta y apuró el paso tenía que volver a casa antes de que alguien lo notara, pero no pudo evitar sentir el desazón de no poder ver a Inuyasha, sabiendo que la impaciencia dentro de ella crecería con cada minuto que pasara.

Se levantó de la cama animado, no sabía en cuantos meses no dormía tan bien, sonrió y sus ojos dorados mostraron un brillo lleno de vida, era por ella, por Kagome. Había visto su rostro en sus sueños luego de estar con ella junto al roble, respiró profundamente y dejó que sus pulmones se llenaran con el aire que entraba desde su ventana, la vería nuevamente y a pesar de que el día para él recién estaba comenzando sabía que los minutos se le harían eternos hasta que la tuviera cerca de nuevo.

Mientras estaba bajo el agua de la ducha no pudo evitar analizar sus emociones, hacía sólo un par de meses estaba embargado por la tristeza y la decepción, luego la ira, pero ahora, luego de verla las emociones que sentía eran completamente opuestas. No pudo evitar tampoco que el rostro de Kikyo volviera a sus pensamientos, pero esta vez se preguntó si realmente la había amado, ya que a pesar de quería ser su esposo y estar para siempre junto a ella, jamás se había sentido tan extremadamente ansioso por verla, no sabía si era por el tiempo que llevaba junto a Kikyo o porque Kagome le despertaba emociones más fuertes, si sólo la había tomado del brazo y no podía quitarse la sensación que le produjo aquella cercanía.

Pasaron los minutos y luego de que se vistió bajó las escaleras en busca de algún habitante del lugar, recorrió la sala, el comedor, el despacho de su padre pero sus progenitores no aparecían por ningún lado. Caminó en dirección a la cocina y en cuanto entró se encontró ahí con Kagura, una mujer que le servía a su familia desde que habían llegado a esa casa. A pesar de que la conocía desde hacía años Inuyasha jamás había sentido plena confianza en ella, no sabía si era la expresión de su rostro o el color algo rojizo de sus ojos, pero Kagura frente a él siempre parecía estar estudiando todo, hasta el más mínimo detalle y eso a Inuyasha le desagradaba. La mujer no se había percatado de su presencia hasta que él le habló.

-¿Mis padres? –preguntó fijando sus ojos en las frutas que habían en una cesta, la mujer se sobresaltó al escucharlo pero le respondió como siempre con respeto y frialdad.

-Han salido de compras señor –le dijo sin desviar la atención de los vegetales que cortaba con gran precisión. -¿Desea algo? –le preguntó, luego de algunos segundos en donde Inuyasha permanecía en áquel lugar, algo que a ella le incomodaba.

-Sólo una fruta –le dijo acercándose a la cesta y decidiendo por tomar una naranja –si vuelven mis padres avíseme Kagura… -agregó mientras salía de la cocina sin esperar la respuesta de la mujer, quien una vez que Inuyasha salió pudo respirar algo más aliviada, esperando que la estadía del joven Taisho no se prolongara más de una semana.

Él avanzó por la casa mientras pelaba la fruta con sus manos, y antes de instalarse en uno de los sillones de la sala la puerta principal se abrió dando paso a Inu Taisho, Izayoi y Myoga. Inuyasha dejó las cáscaras sobre la mesa de centro, tomó un gajo de fruta se lo llevó a la boca y se acercó hasta la puerta.

-¡Hijo! –exclamó contenta Izayoi, mientras era seguida por Myoga quien traía algunas bolsas

-Buenos días –le dijo Inuyasha, mientras su madre y Myoga se dirigían hacia la cocina.

-Querrás decir buenas tardes –lo corrigió su padre con una leve sonrisa, Inuyasha sólo entonces se percató de que había dormido una buena cantidad de horas.

-Perdón Padre –se excusó, mientras Inu Taisho avanzaba hacia la sala y se acomodaba en uno de los sofás.

-No te alarmes –le dijo con voz calmada –estás de vacaciones –agregó dándole a entender a su hijo que tenía todo el derecho a dormir.

-Hacia mucho tiempo que no podía dormir –agregó mientras se sentaba frente a su padre, luego tomó otro trozo de fruta y se lo llevó a la boca.

-Inuyasha… -dijo el hombre luego de que su hijo terminara de consumir la fruta –me llamaron ayer de la empresa, hay algunos problemas en los planos del nuevo proyecto y quería saber si tu podrías acompañarme mañana. –Inuyasha miró con atención la expresión de su padre, sintiéndose algo asombrado, pues su padre no solía pedirle ayuda, además la empresa de su padre quedaba a algunas horas de distancia..

-¿Qué dices? –preguntó Inu Taisho al ver que su hijo no respondía.

-Por supuesto que puedo –agregó de inmediato, pensando en que tendría que decirle a Kagome que no tal vez no podrían verse al día siguiente. Su corazón comenzó a latir rápidamente al notar que estaba deseando ver a Kagome en más de una ocasión.

-Gracias Hijo… -agregó el hombre sin notar la satisfacción que sentía Inuyasha por poder ayudar a su padre.

-Todo en orden –dijo Izayoi mientras se acercaba al lugar donde estaban sus hombres amados, se sentó junto a su esposo y le dedicó una sonrisa a su hijo.

-Me parece bien –dijo Inu Taisho mirándola con admiración, según lo que pudo ver Inuyasha.

-Mañana iremos a la empresa con Inuyasha, asi que todo en orden por aquí también –agregó. Izayoi miró a su hijo quien parecía de mejor humor y se sintió nuevamente alegre por tenerlo en casa.

Luego del almuerzo en familia se encontraba Izayoi junto a Inuyasha sentados en la terraza, la mujer tenía una taza de té frente a ella, mientras que el joven sólo estaba de brazos cruzados esperando que los minutos transcurrieran con mayor velocidad.

-Inuyasha… -dijo Izayoi interrumpiendo el silencio que había en el lugar, el joven volteó la cabeza y la miró atento, sintiendo de pronto que por la expresión de su madre no le iba a decir algo muy agradable.

-¿Qué sucede? –preguntó aparentando calma, pero dudando sobre si quería saber lo que su madre le diría.

-La vi… a Kikyo.. –respiró profundamente, fijandose con atención en el rostro de su hijo. Inuyasha centró su vista en el jardín que tenía frente a él, luego de unos segundos preguntó.

-¿Cuándo? –Izayoi lo miró atenta, pues no quería que su hijo siguiera sufriendo por aquella mujer, pero tampoco le podía negar que existía la posibilidad de que se encontraran.

-Esta mañana iba con su madre, supongo que a la residencia Higurashi –agregó mientras tomaba un sorbo de su té. Inuyasha se quedó en silencio, comenzó a mover uno de sus pies algo inquieto, pues de pronto tenía un presentimiento.

-Se veía hermosa… no entiendo cómo… se casará tan pronto… -dijo Izayoi, mientras Inuyasha sentía que su malestar se acrecentaba, no quería pensar en ella, no quería saber nada sobre su nuevo prometido ni sobre su boda. Kikyo no había sido capaz de confiar en él, tenía que olvidarla.

-Eso es cosa de ella, a mi no me interesa –dijo con un leve tono de malestar, sintiendo nuevamente deseos de borrar aquella relación del pasado, lo malo es que eso era imposible.

-¿ya la olvidaste? –se atrevió a preguntar una vez más la mujer, mirando con atención a su hijo, quien al parecer no se veía tan afectado como antes.

-no lo sé –respondió con sinceridad, sintiéndose de pronto asombrado por sus propias palabras, pues no sabía si en realidad la había olvidado o la emoción por ver a Kagome había alejado sus pensamientos del tema de Kikyo. –Maldición –dijo en dentro de su mente, no quería sentirse confundido, pero tampoco podía pensar en Kagome como algo más que una amiga, pues estaba seguro que ella no le perdonaría el echo de tener una relación son su prima.

Sintió entonces unos enormes deseos de ver a Kagome nuevamente, se levantó de la silla y le dijo a su madre.

-Daré un paseo, necesito caminar

-Está bien –dijo Izayoi, lo vio mientras se alejaba y quiso pensar que su hijo algún día encontraría a una mujer capaz de amarlo y valorarlo, pues él se lo merecía.

Avanzó a traves de los árboles aumentando la velocidad entre sus pasos, necesitaba estar en áquel lugar, quería esperarla, quería verla, escucharla, perderse en sus ojos castaños, necesitaba sentir que no había perdido a Kagome del todo y que ella sería parte de su vida, aunque fuera como amiga. Lamentó como muchas otras veces el viaje de Kagome, pensó en cómo sería su vida junto a ella. Lamentó su compromiso y lamentó que Kagome no le respondiera las cartas ¿por qué? Se seguía preguntando a pesar del tiempo transcurrido.

No se percató de que estaba frente al roble hasta que casi chocó con la cerca que limitaba el lugar, la saltó sin problemas, avanzó con lentitud disfrutando la calma que existía bajo la sombra del gran árbol, sonrió al recordar el rostro de Kagome, Dios es tan hermosa, pensó casi con angustia, la impaciencia haría estragos con él, pues no sabía por qué razón ella se le hacía tan necesaria. Cuando se acercó hasta la corteza del árbol vio que un pequeño papel blanco colgaba de ella

-¿Qué es esto? –preguntó, mientras acercaba ambas manos para tomar la hoja, que estaba sujeta por un pequeño aro con forma de estrella que destellaba entre la madera, grande fue su asombro cuando sus ojos se fijaron en la caligrafía impresa en la hoja, reconociéndola de inmediato.

Inuyasha:

No podré ir al roble ¿te parece mañana cerca de las siete de la tarde?, lo lamento mucho.

Kagome.

La nota era corta pero expresaba lo necesario, su corazón latió casi con violencia dentro de su pecho y un escalofrío le recorrió la espalda al leer la nota una y otra vez, al parecer ella también deseaba verlo. Maldijo su suerte cuando notó que ya le había prometido a su padre acompañarlo, dobló la nota y la guardó dentro del bolsillo de su pantalón, junto con la pequeña joya que Kagome había usado como alfiler. De inmediato se apresuró para llegar hasta su casa, necesitaba responderle, casi corrió entre los árboles, subió rápidamente los escalones para llegar hacia su habitación, no le importaba nada salvo responderle. Buscó un lápiz y una libreta entre sus cosas sin notar que Kagura observaba silenciosa casi todos sus movimientos.

Tomó el lápiz y escribió con rapidez

Kagome:

Lo siento pero mañana no podré verte, ¿me darías tu número para llamarte?

Saludos.

Inuyasha

Dobló la nota en dos, se la metió al bolsillo y salió rápidamente de la habitación, tenía que dejarle su respuesta a Kagome, y esperaba que la recibiera.

Cuando volvió a su casa se sentía sumamente cansada, nunca pensó que la tarea de buscar trajes de novia sería tan agotadora. Kikyo era muy exigente quería que su vestido fuera el mejor de todos y ninguno la conformaba a pesar de todos los elogios que su madre, su tia y ella se habían encargado en entregarle. En cuanto se despidió de su prima y de Tsubaki se fijó en la hora en su reloj eran cerca de las once de la noche, y de inmediato sintió el impulso de salir en dirección al roble, por lo que esperó a que su madre se marchara en dirección hacia su habitación, y de inmediato Kagome salió de la casa.

Avanzó con rapidez, respirando agitada, sintiéndose nerviosa y ansiosa ¿estaría Inuyasha ahí? Se preguntó mientras avanzaba a traves de las ramas de los árboles, la fría brisa de la noche le heló completamente la piel que tenía expuesta pero eso a ella no le importó, necesitaba saber si Inuyashsa había recibido la nota. Su corazón le latía desbocado y aunque su razón le gritaba por cordura ella no quería escucharse a sí misma, necesitaba avanzar. En cuanto llegó al lugar, saltó la cerca, miró hacia la corteza del roble y se encontró con que la nota aún estaba ahí. Se acercó y con la poca luz que había pudo notar que esa no era su letra, sino la de Inuyasha con algo de dificultad la leyó, sin pensarlo sacó un lápiz que llevaba en su cartera y con rapidez y algo de nerviosismo escribió el número de su móvil. En cuanto terminó dejó la nota de la misma forma que Inuyasha y se alejó con rapidez.

-Nadie puede saber… -susurró mientras avanzaba por la oscuridad del camino, sintiendo una cálida sensación en su interior él quería llamarla, lamentó tanto la salida con Kikyo, pues mientras más minutos pasaban, más quería verlo, ahora la impaciencia se aumentaría pues esperaría hasta que su móvil sonara para escucharlo….

Continuará….

Holaaaaaaaaaaaaa!! A todas las lectoras de este fic, aquí estoy con este nuevo capítulo que quedó un poco más corto pero estoy cumpliendo, quería actualizar antes pero no tuve tiempo, intentaré traer pronto el próximo capítulo, tengo muchas escenas en mi cabeza y necesito escribirlas. Espero que se entienda un poco la confusión de ambos… es bien intenso lo que les pasa porque necesitan verse, pero por otro lado está la figura de Kikyo y el echo que son primas… asi que hay que ver cómo se solucionará esto.

Espero que me dejen sus mensajitos me interesan mucho sus opiniones y les agradezco de todo corazón por leer.

Nos veremos en el próximo capítulo.

Atte.

Isis