Abran sus libros por la página 327 por favor…
La voz del profesor Slughorn resonó por el aula. Un instante después su voz fue reemplazada por el sonido de las hojas al pasar. Harry abrió su libro aburrido; por mucho que las clases hubiesen mejorado gracias a la ayuda de Draco, eso no cambiaba la animadversión que tenía hacia la asignatura, producto de las innumerables clases con Snape. Se extrañó al encontrar un pergamino fuera de lugar unas pocas hojas antes de la señalada por el orondo profesor. Desdobló el papel con cuidado pues estaba muy arrugado y leyó su contenido. La primera frase le descolocó totalmente. ¿Quién le llamaría a él "asquerosa serpiente"? Siguió leyendo la sarta de amenazas hasta que comprendió que la carta no iba dirigida a él si no a Draco, quien se encontraba en el pupitre de al lado enfrascado en hacer la poción, ajeno al hecho de que Harry estuviese leyendo aquello. Para cuando hubo terminado de leer el pergamino todo rastro de color había desaparecido de su piel. Todo estaba empezando otra vez. Alguien amenazaba a un ser querido suyo. No podía dejar que nada malo le pasase a Draco. Decidió que lo mejor sería hablar con él después de la clase en los minutos que les quedaban libres hasta la siguiente. Frunció el ceño pensando en la carta y lo que conllevaba que el que la hubiese escrito supiese acerca de la relación de ellos dos. Eso significaba que, o bien ese mal nacido vivía en el castillo o que tenía a alguien pasándole información al exterior. Pero… ¿Porqué Draco no le había dicho nada? Miró hacia el rubio quien, al ver que lo observaba le dedicó una pequeña sonrisa para después volver a lo suyo con la poción. Una pequeña chispa se encendió en su cerebro. "Para no preocuparme…Solo quiere protegerme" Sintió como algo en su pecho se calentaba al entender que Draco prefería protegerle a él antes que a sí mismo. Arrastró su silla un poco hacia la izquierda para aproximarse al rubio y le cogió la mano, sorprendiendo al chico en el proceso.
-¿Eso es el pago por estar haciendo yo todo el trabajo?-rió levemente el rubio refiriéndose a la poción que deberían estar haciendo conjuntamente.
-Sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto?-la sonrisa de Draco se esfumó mientras asentía.
-Claro, ¿porqué lo di…?-la frase murió en sus labios cuando se percató del papel que estaba fuertemente arrugado en el puño apretado de Harry. Se maldijo a sí mismo. La tarde anterior debió de haberse equivocado de libro al esconder la nota, acabando esta en el libro de Harry y no en el suyo como había pensado.
-Harry lo siento, no quería preocuparte…-el moreno negó con la cabeza.
-¿Qué pasaría si alguien te hiciese daño y yo no supiese por qué ha sido? Ya soy mayorcito Draco, prefiero saber estas cosas a enterarme el último cuando ya es demasiado tarde. ¿Te han hecho daño?-el rubio negó con la cabeza, mirando sus zapatos.
-No, solo ha habido unas…10 cartas más de ese tío. Pero ninguna como esa. Las otras solo eran insultos y leves amenazas, que iría a Azkaban y todo eso…Pero nunca metió a mi madre en las cartas, ni nada por el estilo…-Draco calló cuando el profesor se acercó a su mesa y comprobó el estado de la poción.
-Si quieren conseguir el diez no olviden añadir en el momento preciso los ojos de tritón chicos. –murmuró alejándose de ellos en dirección a otra pareja.
-¿No te preocupes vale? Informaremos a tu madre para que no salga sola a la calle. Hablaré con Kingsley acerca del asunto para que le pongan protección. Vivía con Andrómeda y Teddy, ¿no? –Draco asintió mientras añadía los ingredientes finales a la poción, la cual adquirió un tono azulado y un aroma mentolado.
-Sí, nos mudamos allí cuando acabaron los juicios. No quería volver a la mansión y yo tampoco. Además renunció a su matrimonio con mi padre. Él fue el que nos arrastró a toda esa pesadilla. Tía Andrómeda fue muy amable al acogernos en su hogar después de tanto tiempo sin tener lazo alguno con mi madre aun siendo hermanas…
-Mandaré una lechuza a Kingsley, y si puedo yo mismo hablaré con él por Red Flú. No voy a permitir que os pase nada a ti y a tu madre, ni a Andrómeda y Teddy.
-No creo que el ministro quiera poner a sus hombres a proteger a los Malfoy…
-Draco, los juicios demostraron que eres inocente. El único mortífago real fue tu padre y está en Azkaban. Tienes derecho a esa protección tanto como yo. Además conozco bien a Kingsley, no me dirá que no.
-¿Y quién te protegerá a ti Harry? No puedo ponerte en peligro. La carta decía…
-Al cuerno la carta Malfoy. Sé cuidar bien de mí mismo. Además Hogwarts es un lugar seguro, no pasará nada malo en el castillo.
-Sí, segurísimo. Voldemort, un basilisco, hombres lobo, dragones…-Harry rió.
-Bueno, tú ya me entiendes, todo lo seguro que puede ser ahora…
-Solo prométeme que si descubrimos quien es ese tío, no irás tú solo a por él. Tienes un mal complejo de héroe suicida Potter. –Harry golpeó el brazo de Draco en un cariñoso gesto, sonriendo.
-Te lo prometo.
"Oh Merlín, parezco una estúpida colegiala. Quizá me esté transformando en una…Debería visitar a Madame Pomfrey por si acaso…" relataba para sí mismo Jack mientras se acercaba a la mesa en la que Draco y Harry comían tranquilamente. Solo habían pasado 24 horas desde que le pidiese a Will una cita para visitar juntos Hogsmade, y ya se estaba volviendo loco. Y el hecho de no haber tenido nunca antes una cita no lo hacía mucho mejor. Era un perfeccionista empedernido, un creyente de los buenos modales y de las relaciones lentas. De las citas de ensueño que leía en algún libro cuando se aburría. ¿Porqué narices se martirizaba tanto idealizando la cita como las de sus libros si lo literario no era para nada real? A veces se horrorizaba descubriéndose a si mismo leyendo libros femeninos. Pero todo el mundo tiene alguna rareza, ¿no? Pues la suya era creer en el maldito y estúpido amor. Y gustarse del promiscuo y lanzado de Will no ayudaba demasiado. Se sentó frente a la pareja que dejó de conversar cuando vieron su rostro.
-Hola Jack, ¿te encuentras bien? –le preguntó Draco con preocupación.
-Sí, es que bueno, ya sabes lo que te conté ayer…Es que…Quería pedirle ayuda a Harry sobre el tema.-Harry alzó una ceja interrogante. ¿En qué podría ayudarle? Habían pasado el día anterior estudiando, no creía poder ser más útil que Draco en eso.
-Jack le pidió una cita a Will para ir este sábado a Hogsmade. –le explicó Draco . Harry se sorprendió.
-Guauh, por eso Will estaba tan feliz ayer…Pero no veo en qué puedo ayudarte Jack.
El chico miraba sus pies totalmente cohibido, con el color rojo tiñendo sus bronceadas mejillas.
-Bueno, es que tú lo conoces de antes, y pues…No sé que hacer. Nunca he salido con nadie porque no he vivido demasiado tiempo en un lugar concreto. Y tengo miedo de espantarlo. No sé ni como vestirme ese día…
-Acerca de eso…Será mejor que sea yo el que te ayude a elegir la ropa. No te lo tomes a mal Potter, pero tu estilo no es que sea el mejor, que digamos…
-Gracias hombre…
-De nada.
Jack los miraba mordiéndose el labio, con temor a que pudiesen entablar una discusión.
-Jack.-la voz de Harry atrajo su atención hacia el moreno.- No te preocupes. Sé como siempre, a Will le has gustado como eres, no pretendas actuar de otra manera. Sobre lo demás…Déjate llevar, él te guiará. Ah, y le gustan las cosas picantes, las solíamos comer mucho en el campamento en Rumanía. Podrías regalarle algunos caramelos explosivos de Honeydukes. Y si le hablas de música rock y dragones, lo tendrás a tus pies.- el castaño asintió, tomando nota mental de todo lo que le había dicho Harry.
-Gracias Harry. Te debo una. –y con un guiño de ojo de marchó de allí, dejándolos solos. Draco lo miraba con la curiosidad y suspicacia brillando en sus ojos plateados.
-¿Qué?
-A si que Rumanía Potter…¿Qué te llevó hasta tan lejos?-Harry se encogió de hombros, comiendo de sus huevos revueltos, tragando antes de contestar.
-Después de la guerra lo último que quería era pensar. Odiaba pensar en lo sucedido, en la gente que murió, en lo que pude o no haber hecho…Y el campamento de dragones en Rumanía era el sitio perfecto en el que mantener la mente despejada. Era eso o que un dragón te arrancase la cabeza de un zarpazo. A si que me mudé al campamento en el que trabaja Charlie, el hermano de Ron, y allí maduré física y mentalmente. Pasé página. Will fue mi compañero de tienda durante el tiempo que estuvimos allí. Y tú…¿qué hiciste después de la guerra? –era un tema un tanto delicado, pero la curiosidad pudo con él.
-Nos marchamos a Francia, solos mi madre y yo. Durante la guerra estuvimos junto a mi padre por que no nos quedaba otra, pero al finalizar mi madre le exigió el divorcio. Se puso hecho una furia…Aún recuerdo la bofetada que me dio cuando me puse del lado de mi madre y lo llamé cobarde. Decidimos que lo mejor sería vivir en la casa de verano que tenemos a las afueras de Toulouse, pero el ministerio no nos permitió mudarnos para siempre. Estamos obligados a no dejar el país de manera permanente, por lo que volvimos aquí. Mi madre contactó con tía Andrómeda que nos dejó instalarnos con ella mientras tenían lugar los juicios. Y bueno, ya sabes el resto…Si no hubiese sido por tu intervención en los juicios… ahora mismo estaríamos en Azkaban.
Un silencio un tanto incómodo se instaló entre ambos, el cual Harry no tardó mucho en romper.
-Es sorprendente como cambia la vida…Hace unos años nos odiábamos y míranos ahora…
-Era cuestión de tiempo que te enamorases de mí Potter, soy perfecto.-Y ahí estaba Draco de nuevo con su ácido egocentrismo. Harry le dio un pequeño codazo.
-Y don modestia también…Aunque hay algo en lo que no eres perfecto. Yo soy mejor que tú jugando a Quidditch.- queda decir que ese comentario hirió profundamente el delicado y altanero EGO de Draco.
-Eso fue hace muchos años, todavía era un crío Potter. Ahora te machacaría con los ojos cerrados.
-Ya…¿Tú y cuantos más?
-Cuando quieras, donde quieras…Y no solo me refiero al quidditch Harry. –añadió eso último con un guiño de ojo.
-Aparte de modesto un guarro.-rió Harry levantándose del asiento dispuesto a estirar un poco las piernas antes de las clases de la tarde. De pronto sintió como un pequeño cuerpo chocaba contra el suyo. Miró hacia abajo y vio a Axel, el chico de Slytherin que viajó con él en el carruaje y a quien consoló tras la ceremonia de selección. Fue a disculparse con él cuando el niño, para la edad que tenía lo apartó bruscamente a un lado, parándose delante de Draco, quien lo miró anonadado. El niño comenzó a hablar, con una voz monocorde, como si no proviniese de sí mismo.
-Parece ser que las cartas no te afectan en absoluto, serpiente inmunda…Sigues empeñado en fingir haber cambiado…Pero a mí no me engañas. Puede que a tu amiguito Jack y al colega moreno de Potter también los hayas enredado en tus sucias artimañas, pero no te saldrás con la tuya. No falta mucho para que cobre mi venganza y tú o alguno de tus amigos pague por ello. Ninguno estais a salvo de mí, ni tú, ni tu madre, ni este niño. Ni si quiera temo a Potter, por lo que no busques ayuda en él. Mantente alerta, pues te estaré vigilando.-Axel cayó inconsciente al instante en el que terminó el comunicado. Por suerte Harry pudo atraparlo a tiempo de que se estrellase contra el suelo. Draco miró horrorizado al niño inconsciente. El desalmado de las cartas le había lanzado un imperios al crío, demostrándole lo cerca que se encontraba de ellos. Tragó saliva, intentando pensar con claridad y no en lo dicho en el mensaje.
-Dámelo, lo llevaré a la enfermería. Avisa a la profesora McGonagall para que podamos contarle todo lo sucedido.-Harry le pasó al niño y Draco lo cogió en brazos. Algunos alumnos los miraban preocupados.
-¿Estás seguro de ir solo a la enfermería? ¿Y si ese tipo te hechiza mientras vas? –Draco comenzó a caminar hacia la salida.
-Busca a la profesora, estaré bien. Axel es lo más importante en este momento.
En cuestión de diez minutos la profesora se encontraba junto a Harry frente a la cama en la que Madame Ponfrey y Draco habían acostado al niño. La enfermera tranquilizó a los presentes aclarando Axel estaba bien, que solo debía descansar. Un hechizo de tal escala en un niño tan pequeño lo habría dejado sin fuerzas sin ninguna duda.
-¿Quién es el causante de esto, Potter? –preguntó Minerva con gesto serio, girándose a los dos alumnos. Draco, que estaba sentado en el borde de la cama del niño se levantó y la miró con gravedad.
-Desde hace meses alguien anónimo me envía cartas amenazadoras. No fueron un gran problema hasta hace un par de días en los que las cartas se volvieron más intensas y violentas. Hasta hoy no estaba seguro de si la persona se encontraba dentro de la escuela o recibía la información al exterior desde dentro de la escuela. Pero después de esto…Estoy seguro de que está aquí y no se detendrá hasta que consiga lo que quiera.-
La profesota McGonagal se agarró fuertemente el puente de la nariz, clasificando toda la información que acababan de recibir.
-¿Alguna idea de quién puede estar detrás de todo esto? ¿Algún residente de la escuela?
-Por favor profesora, casi todo Hogwarts me odia. Ese tío tiene la cubierta perfecta, nadie es de fiar para mí aquí.
-Podríamos ponerte un detector de peligros que nos avise de cuando alguien intentase atacarte…
-Profesora, lo repito. El detector no dejaría de sonar. Soy un exmortífafo, nadie me quiere aquí y si pudiesen me maldecirían, y usted lo sabe.-Minerva asintió, sabiendo que el chico tenía razón. Por mucha ojeriza que le tuviese a Malfoy su deber era protegerlo, a él y a todo aquel que saliese perjudicado por el agresor de las cartas.
-Quizá la ayuda del ministerio nos fuese efectiva…
-Si me permite interrumpir profesora-dijo Harry, hablando por primera vez desde que llegó a la enfermería.- la presencia de aurores en Hogwarts solo enfadaría aún más al agresor. Además estaríamos alertando a los alumnos, y no queremos que cunda el pánico y menos por un imbécil que cree en la justicia por su propia cuenta. Creo que lo mejor sería que se confíe. Que piense que Draco está asustado. –el moreno miró de reojo a su novio quien no parecía muy contento con la idea de darle una satisfacción al malhechor.-Y cuando vaya a atacar, lo estaremos esperando. Yo mismo puedo hacer rondas de rastreo a cada momento libre que tenga.
-Sería demasiado sospechoso Potter. Yo misma me encargaré del asunto. Además, los del ministerio son unos inútiles incompetentes la mayoría...Solo arruinarían las cosas... Poppie, avísame cuando el chico despierte, su testimonio podría arrojar algo de luz a todo este embrollo.-la enfermera asintió mientras cubría con delicadeza la frente del muchacho con un paño húmedo.
-A partir de ahora todos los accesos y salidas a la escuela se cerrarán bajo mi supervisión cada noche. Por si el agresor hubiese podido entrar al castillo y saliese cuando le plazca. No permitiré más muertes en este castillo. No bajo mi mando. Avísenme de cualquier nueva información o carta que les llegue. Y ahora márchense a su habitación. Tómense la tarde libre para reflexionar sobre el tema. Avisaré a los profesores de que no les castiguen por su ausencia.-Harry y Draco asintieron y se marcharon de allí no sin antes agradecerle todo a la profesora. Esta a su vez los miró marcharse suspicazmente. ¿Desde cuándo esos dos mantenían tan buena relación? No le había pasado desapercibido el hecho de que ambos pasaban la mayor parte del tiempo juntos, como si no hubiese existido nunca la enemistad de antaño. Quizá el cáliz de fuego acertó a la hora de colocarlos juntos en la misma habitación…
Más allá, en los pasillos, Draco caminaba enfurecido a paso rápido. Harry casi tenía que correr para seguir su ritmo.
-Draco, ¡espera!-el rubio negó con la cabeza sin aminorar el ritmo.
-¡Estoy harto! De las amenazas, de las maldiciones, de vivir con miedo a que le pase algo malo a quienes quiero. Se está repitiendo todo otra vez joder…-Harry agarró con fuerza el brazo de Draco, quien trastabilló a causa del agarre. Cuando se giró para encarar al moreno se vio sorprendido por su abrazo. Un intenso y cálido abrazo que gritaba que todo iba a estar bien, que por una vez no tenía que preocuparse, que Harry estaba con él. Draco no sabía que había estado temblando hasta que fue a corresponder el abrazo torpemente. Estaban en medio de uno de los pasillos normalmente abarrotados de alumnos, pero en ese momento solo se encontraban ellos dos, abrazándose en silencio. Y realmente le importaba una mierda si alguien los veía allí, por que ese momento era únicamente de ambos. La voz de Harry contra su cuello lo hizo estremecerse.
-Escúchame. Nada va a repetirse. Nada va a ser como en la guerra. Estoy contigo Draco. Y no voy a dejar que nada te pase.
Draco no pudo reprimir que unas cuantas lágrimas se le escapasen, mojando sus mejillas y el hombro de Harry en el que tenía apoyada la cabeza. El llanto no tardó mucho en hacer mella en su cuerpo, el cual comenzó a convulsionarse por los sollozos. Harry acariciaba su cabeza con suavidad, sin despegar su cuerpo del chico.
-¿Y si te pasa algo malo a ti? No puedo permitir que nada te ocurra Harry. Ya has sufrido demasiado…Y no podría…
-Draco, mírame. –el moreno agarró suavemente el rostro del rubio, quien a pesar de la vergüenza que sentía por haberse derrumbado ante su novio, fijó sus ojos llorosos en los de Harry, que lo miraban con seriedad.- No me pasará nada. Atraparemos a ese tío y demostraremos a todos que no eres como piensan. Yo creo en ti.
El rubio asintió. Era la primera vez que le decían que creían en él sin temer que les lanzase una maldición oscura. Se limpió el rostro con la manga de la túnica y respiró hondo, calmándose poco a poco. Harry le dio un suave y corto beso en los labios antes de sonreírle, transmitiéndole confianza, logrando que el rubio también sonriese levemente.
-¿Porqué no vamos a las cocinas antes que a la habitación? Algo dulce te sentará bien.-el rubio asintió y le agarró la mano. Harry, aunque sorprendido por el acto, no se soltó, sino que correspondió al agarre apretando suavemente la mano de Draco. Se alejaron de allí sin saber que a unos pocos metros, escondida entre las sombras, una figura sonreía admirando a sus próximas dos presas. Y es que no faltaba nada para cumplir por fín su venganza.
N/A: Me odiais. Losé. Yo también me odio a mi misma por hacer sufrir a mis chicos…Pero tranquilos, no ocurrirá nada excesivamente malo…De momento…Nah jaja es coña, odio el Angst, pero quería darle algo de vidilla al fic, y me salió mi vena psicópata…También quise que apareciera McGonagall...Amo a esa mujer desde que vi la ultima peli, y quería que saliese mas en el fic. :3 Perdón por adelantado si odian que estén tristes mis chicos, se pasará, lo prometo. A todos aquellos que hayan comentado el fic, mil gracias, de verdad, me anima a escribir más y más. Un besote a todos, y nos vemos en el próximo capítulo. Avengirl.
