Capitulo 6: Detalles
[En el capitulo anterior...]
—Parece que nos quedamos atascados— dice Hikaru. Al no obtener respuesta, se volteo hacia su acompañante. Alice estaba en una esquina del ascensor, se había sentado el el piso y estaba abrasando sus rodillas, con la cabeza entre estas.
—¿Alice?
[En este capitulo...]
—¿Estas bien?— preguntó Hikaru, algo preocupado. La había llamado, pero ella no respondía.
Ella no estaba bien. Sentía como las paredes se acercaban a ella, y los recuerdos que había encerrado en lo más profundo de su memoria comenzaban a emerger. Esos recuerdos que tanto detestaba.
Flash Back
Alice era una niña, tenía siete años.
—Vamos a visitar a la abuela— le aviso su padre. Él tenía sus mismos ojos grises, la misma mirada fría y la misma nariz respingada. Su madre repetía que se parecían mucho en personalidad.
—¿Y mamá no va a venir?— preguntó.
—Ella tiene algo que hacer en el trabajo— respondió. —Abrígate, te espero en la entrada—dijo mientras se iba a su habitación.
Alice, como niña obediente que era, tomo una chaqueta blanca de su armario y fue a la entrada de su casa. Ella vivía en Londres, y su abuela vivía en Oxford, no se demoraba mucho ir de un lugar al otro, por lo que las visitas a la abuela eran comunes.
La casa de su abuela era parte de un conjunto de casas, de esas donde las casas comparten paredes. Su abuela vivía en la que estaba pintada de azul cielo, y según Alice, era la más bonita de todas, porque aun que todas las casas tuvieran la misma estructura, la de su abuela estaba mejor conservada y pintada.
Ella los recibió con una sonrisa. Con los años no se notaba tanto, pero si uno ponía suficiente atención, uno podía darse cuenta de que en su juventud había sido hermosa, y que tenía la misma nariz respingada. Eso sí, se le notaban los mismos ojos grises, pero estos se veían más cansados, y con un brillo de sabiduría que solo se podía obtener con los años.
Prepararon té y galletas, y pasaron la tarde de una manera muy amena. Aun que Alice percibió miradas furtivas entre los mayores, no le dio importancia hasta muchos años después. Pasado el tiempo, su padre le ofreció jugar a las escondidas. Ella no hubiera aceptado en una situación normal, pero él le ofreció el libro que quisiera si no lograba encontrarla al cabo de quince minutos.
Alice se escondió en un armario de madera del ático, y allí espero pacientemente a que el tiempo corriera. Tanto era su afán por conseguir ese libro, que de tanto espera se quedo dormida dentro del armario, hasta que su abuela la despertó.
—Tu padre tuvo que irse a hacer algo urgente— le dijo. —No sabe cuando volverá, así que te quedaras con migo hasta que regrese ¿De acuerdo?— le preguntó.
Alice asintió. Le encantaba quedarse con su abuela, pero la decepción de que su padre no se despidiera de ella opaco su felicidad.
Su abuela al parecer sabía lo que estaba pensando. —Me dijo que te había prometido un libro, podemos ir a comprarlo mañana. Sé que no será lo mismo, pero tampoco será tan malo ¿Verdad?— dijo intentando subirle el animo.
—Gracias abuela— dijo Alice.
Alice paso ese fin de semana con su abuela.
Y la semana siguiente.
Y la siguiente.
Y la siguiente...
Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. Y el padre de Alice no aparecía.
Ella no sabía lo que estaba pasando.
Pero aún así, Alice siempre iba a ese armario a esconderse por quince minutos. Todos los días. Su abuela era consiente de este hecho, pero no hacia nada para evitarlo. De alguna manera, entendía porque lo hacía.
Alice sabía que era infantil, que carecía de lógica o de sentido, pero creía –mejor dicho, quería creer– que cuando saliera de ese armario, estaría su padre buscándola.
Y de esta forma, pasaron dos años, en los cuales los padres de Alice habían sido declarados como desaparecidos, y no se tenía ningún rastro de donde estaban.
Alice ya tenía nueve. Y aún seguía pasando quince minutos en el armario todos los días. Pero el paso del tiempo se notaba, ya que ella no podía estar tan cómodamente como antes.
Una tarde, estaba realmente cansada, y sin darse cuenta, se durmió en el armario. Pero, no la despertó la dulce voz de su abuela, como generalmente ocurría. Escucho pisadas. Demasiado sonoras para ser de su abuela.
¿Podría ser...?
Su pecho se hincho de esperanza.
¡Su padre!
¡Después de tanto tiempo, finalmente había llegado!
—¡Pa...!— solo había abierto un poco la puerta, cuando se dió cuanta de que algo estaba mal. Terriblemente mal. Por el espacio de la puerta, podía ver unas botas de cuero militares a unos cuantos metros de ella.
Su padre jamás uso –ni tenía– esa clase de botas. Además, ese pie era muy grande para ser de su padre. Él no era muy alto, pasaba del metro setenta y cinco por pura suerte, en cambio, los pies de quien estaba al frente tenían que ser de alguien que midiera aproximadamente un metro ochenta.
Ese no era su padre. Pero si no lo era, ¿Quién podría ser? Le empezó a entrar el pánico. No conocía a nadie con esas características. Escuchaba los pasos acercarse. Su mente comenzó a trabajar a toda velocidad. Debía ser un ladrón. ¿Por qué no había escuchado a su abuela?
Pero no pudo pensar mucho más, la puerta del armario estaba completamente abierta, dejando al extraño completamente a la vista... y a ella también.
En el pequeño armario, Alice vio a un hombre con la cara cubierta con un pasamontañas, con un cuchillo en la mano enguantada... que ya tenía sangre. Y ella estaba atrapada, en ese pequeño armario.
Fin Flash Back
Se estaba hiperventilando, y ya comenzaban a darle nauseas. Todos esos recuerdos la estaban atacando. No podía derrumbarse ahora, si se llegaba a desmayarse dejaría a Hikaru solo. Puede que si entraban en un enfrentamiento directo con los mafiosos, ella no sería de mucha ayuda, pero podría decirle a él que hacer para salir vivos.
Usar su cerebro, como siempre hacía.
Pero ahora su cerebro no servía de nada. Es más, su cerebro –sus recuerdos– era el problema. Si tuviera a alguna de sus amigas no estaría tan desesperada. Ellas podían contenerla, le abrazarían –este es el único caso donde le gustaría ser abrasada– , le dirían que todo estaba bien, si se fijaba en sus ojos podía distraerse de las paredes, que le parecían a cada segundo más pequeñas. Con eso ella estaría bien.
Pero ellas no estaban. Estaba Hikaru. Ese chico amigo de Dana, la razón por la que estaba ahí. Ese chico que no la escucho cuando insistió en ir por las escaleras.
Pero él es la única opción... Pensó Alice. Aun que no le gustara, tenía que hacerlo.
—¿Estás bien?— escucho. Parecía que él le estaba hablando hace bastante, pero su mente la centro tanto que no lo había escuchado.
—¿Te parece que estoy bien?— le respondió con un hilo de voz, pero el silencio era tal que él no tubo problemas en escucharle, y se sintió como un idiota por haber preguntado eso. Sus ojos grises estaban llorosos, sus pupilas contraídas, ella estaba más pálida, su respiración era irregular y temblaba un poco. Claramente no estaba bien.
—Acércate...— le pidió Alice, a lo que él obedeció. Cuando estuvo suficientemente cerca, ella lo abrazo, sorprendiendo a Hikaru por el acto repentino.
—¿Qu-Qué haces?— preguntó algo alarmado.
—Necesito algo para distraerme— respondió, al tiempo que ponía su cabeza en su pecho. —Si no hago nada, podría desmayarme, y eso no es parte del plan— explicó. Luego, se concentró en escuchar el sonido de su corazón. Serviría para regular el de ella.
«Su corazón esta algo acelerado, pero no tanto como el mio» pensó Alice. «Debe de estar incómodo» dedujo. Saber que no era la única nerviosa la reconforto. Detestaba mostrar debilidad, y en ese instante se sentía patética. Demasiado patética.
[Con Dana y Kaoru...]
—Te ves tensa, ¿Segura que estas bien?— le preguntó Kaoru. Había empezado a llover, pero ambos no querían irse hasta que Hikaru y Alice salieran del ascensor, así que ambos se habían refugiado en una tienda.
Tan perspicaz como siempre. Pensó ella.
—Estoy preocupada por ellos, espero que no les pase nada— respondió. Era verdad, pero evito decir la parte en la cual un grupo mafioso los perseguía, que sosprechaba que ellos tuvieorn algo que ver con el accidente, y que –para empeorarlo aún más– Alice era claustrofóbica, que podría estar desmayada. O consiente, pero muy asustada, y pasándolo como el infierno.
Definitivamente debía hacer algo. Algo que no implicara dejar a Kaoru solo.
En medio de sus cavilaciones, recibió una llamada de Zoe.
—¿Something new?— preguntó.
—Yeah, well...— comenzó Zoe.
(La siguiente conversación estará en inglés, pero para comodidad de algunos lectores, estará traducida)
—Ya juntamos a los hombres de los alrededores. Uno despertó hace unos minutos, Gina y Dana están con él para sacar información. Estamos en la estación de policía, y aun que tuvimos unos problemas al principio, todo se soluciono con las placas, como siempre— explicó.
—¿Qué despertó hace unos minutos?— preguntó Dana. —¿Y sólo uno? Al parecer se les paso la mano... otra vez— dijo. Zoe soltó una pequeña risa por el comentario.
—Y que lo digas. Él que despertó fue uno de los que capturo Daira. Los que yo capturé dormirán por un buen rato aún, y parece que Gina golpeo demasiado a los suyos. Pero me juro que no había usado más de tres movimientos por cabeza— comentó.
—Típico de ella— dijo Dana.
—Gina y Daira ya llegaron, te las paso— avisó Zoe.
—Al parecer, son menos de los que pensamos, y no están muy organizados. Pocos llevan armas, y estas no son de las más peligrosas. Al parecer, se confiaron por tener un rehén— informo Gina.
—Sólo quedan unos pocos en la ciudad, y ya sabemos la ubicación de su base. Podríamos ir para allá ahora mismo, ¿Qué tal tus chicos y Alice?— preguntó Daira.
—Kaoru está bien, pero Hikaru y Alice... están atrapados en un ascensor— respondió.
—¿Desde hace cuanto que esta ahí?— preguntó en un tono serio e inexpresivo. Tenías que conocerla muy bien para notar que estaba preocupada.
—Casi diez minutos— dijo Dana. —Vayan a la base ahora, yo estaré aquí para evitar que los que quedan den problemas— ordenó.
—Lo que digas— respondió Daira, para luego finalizar la llamada.
(Desde aquí, vuelven a hablar en japonés)
[En la estación de policía]
—¿Paso algo?— le preguntó Zoe. —Te veías preocupada hace un segundo— añadió. Zoe tenía la habilidad de adivinar lo que sentían sus personas cercanas. También estaba Gina, quíen no dijo nada, pero clavo sus ojos en Daira, esperando lo que tuviera que decir.
—Tenemos que apurarnos, Alice esta atrapada en un ascensor— dijo mientras se dirigía a la salida. Zoe apuro la marcha, siendo la primera en salir. Los ojos esmeralda de Gina se tiñeron de preocupación, pero tenían una chispa mucho más grande; determinación. Quien se le enfrentara duraría aún menos de lo usual.
—Oficial, mantengase atento al teléfono, en poco tiempo lo llamare para que mande refuerzos a la dirección que le diré— le dijo Daira mientras caminada hacia la puerta.
—Cla-Claro— respondió el policia.
—Y otra cosa...— dijo antes de salir. —Esto es confidencial, por lo que si alguien pregunta, ni usted ni nadie nos conoce—.
[Con Hikaru y Alice]
Habían pasado unos minutos, y ellos seguían igual. Ambos sentados, y ella con la cabeza en su pecho. Alice ya estaba mejor, esos recuerdos ya los había apartado, y estaba mucho más tranquila.
Por mientras, Hikaru se estaba hundiendo en la culpa. Ella le había dicho que no quería estar en el ascensor, pero él la había ignorado, llegando a la situación en la que estaban ahora. Por su culpa ella debía haber pasado un muy mal rato. Pero, ¿Cómo iba a saberlo? Recordó lo extraña que se había puesto Alice al cruzar ese estrecho espacio entre los edificios. Ella había suspirado. En ese momento, él estaba más preocupado por lo sucio que estaba ese lugar, pero ahora que lo veía de otra manera, a ella debió de costarle cruzar por ahí.
—¿Por qué no dijiste que te dan miedo los ascensores?— le preguntó.
—No me dan miedo los ascensores— tercio ella. —No me gustan los espacios pequeños. Soy claustrofóbica— dijo, susurrando lo último. Claro, tenía sentido, pero él no se había dado cuenta hasta que fue muy tarde. «Maldita sea, debí haberme dado cuenta»
❝Nada puede ser comunicado sin palabras. Pero si realmente te importa alguien, incluso los detalles más pequeños son importantes.
—Bisco Hatori
—No es algo de lo que me sienta orgullosa— añadió. Justo después, se escucho un trueno. Alice se separo de Hikaru, y se centro en escuchar afuera.
—Está lloviendo— dijo. Ambos estaban tan concentrados en sus respectivos pensamientos que no se habían percatado del sonido de la lluvia. Ahora tenía otra cosa con la que distraerse, a ella le gustaba la lluvia, le recordaba a Inglaterra, a las cosas que si le gustaba recordar.
—Lo siento, tuve que haberte escuchado— se disculpo Hikaru.
—...— Alice volteo a mirarlo. —No tienes toda la culpa, después de todo, no sabías— le dijo. —Aun que eres infantil, idiota, y narcisista, creo que sé porqué le importas tanto a Dana— añadió.
—¡Hey! ¿Por qué me insultas? Me acabo de disculpar— replicó él.
—Ah, ¿Te insulte? Lo siento. No suelo mentir o esconder las cosas que pienso— dijo sinceramente.
—¿Eso no te causa problemas?— dijo él, aún que con un tono algo hipotético.
—De echo, sí. Recuerdo que cuando era pequeña todos se apartaron por eso, o porque era muy inteligente, o por ambas cosas. Me consideraban muy extraña, y el sentimiento era mutuo. Yo no comprendía porque se complicaban en las clases, o porque no sabían ecuaciones de primer grado, hasta que entendí que yo era diferente. "Especial"— respondió.
—Vaya... Yo también pensaba que todos, excepto Kaoru y yo, eran idiotas. Tampoco tenía amigos, solo tenía a Kaoru— dijo él.
—Al menos tu tenías a alguien en quien confiar y que siempre estaría apoyándote. Que envidia— dijo Alice, y a Hikaru le dio la impresión de que queria decir algo más con eso, pero antes de que pudiera preguntar, el ascensor volvió a moverse. Ambos se pararon, y esperaron a que las puertas se abrieran.
—Por cierto, gracias por dejarme usarte de distracción— le dijo Alice justo antes de que las puertas se abrieran. Luego, ambos salieron, encontrando al Host Club completo esperandolos.
—¡Hikaru!— le llamo Kaoru. —Que bueno que estés bien— dijo cuando estuvo más cerca.
—¡Alice!— llamaron Dana y Zoe. —¿Cómo estás?— le preguntó Daira. Alice las observo, y noto que todas ellas –excepto Daira, ella no lo sentía o lo disimulaba muy bien– estaban conteniendo las ganas de abrazarla. Sobretodo Zoe y Gina, esas dos parecían querer estrujarla para no soltarla jamás.
—Estoy bi–...— ella estaba a punto de decirles que no se preocuparan, pero fue interrumpida por Tamaki, quien se abalanzo sobre ella para luego abrazarla muy fuerte.
—¡Aliceee-chaaan!— exclamo. —¡Nunca vuelvas a preocupar así a tu nii-san! ¡Cuando Kaoru nos llamo pensé que podría haberte pasado algo! ¡Debiste de estár muy asustada, pero tranquila, nii-san ya esta aquí!— dijo, sin soltarla.
—Tamaki, suéltame, o no serás Tamaki-nii-san nunca más— amenazo ella, teniendo un resultado muy efectivo, ya que Tamaki la soltó al instante.
—Pero es que estaba muy preocupado— replicó él.
Para concluir, Hikaru creció un poco, Alice comprendió que no se libraría de los abrasos de Tamaki, los mafiosos aparecieron "misteriosamente" en la estación de policía, él rehén volvió con su familia, mientras otros no hicieron nada. Y así paso el verano.
Una semana antes de que terminara, Daira y Dana tuvieron una memorable conversación.
—Por cierto, ¿No crees que alguno de esos dos podría haberse enamorado?— le preguntó.
—...— Dana pensó la pregunta, y luego abrió mucho los ojos. —La verdad es que ahora que lo mencionas... No había pensado en eso— dijo, sorprendiendo a Daira, y no en el buen sentido. Si no fuera porque ocupaba lentes, abría echo un facepalm para dejar claro lo que pensaba. Había veces –como aquella– en que se preguntaba porque la respetaba tanto.
—¡Deja de mirarme así!— reclamó Dana. —Pero si pasara, será una gran experiencia para ellos— añadió.
Suerte que siempre lo recordaba.
Y así fue como pasó su verano.
¡Espero que les guste este capitulo! Ahora se conoce un poco más del pasado de Alice, en el próximo capitulo se conocerá algo más de alguna otra ¿Quien será?
¡Nos leemos!
Miss Truth
