Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 6

¿Quién tenía 5 y quién tenía 6?

La cama estaba vacía. Estiró el brazo, buscando el cuerpo tibio de la mujer con la que había pasado la noche, pero sólo las sábanas aún con un rastro de calor evidenciaban su presencia. Terminó de desperezarse, el día estaba oscuro, nublado, parecía que la lluvia se largaría de un momento a otro. Lo sabía, la vieja casa parecía crujir cuando se avecinaba el aguacero, las tablas de madera gastada recibían el agua como una vieja amiga. Era agradable pasar la temporada lluviosa en ella. Desvió la vista de la ventana y recorrió la habitación de una rápida mirada. No se decidía a llamarla aún, la mujer podía haber ido al baño, el calor de las sabanas indicaba que hasta hacía poco, o tal vez no tan poco, seguía durmiendo a su lado. Quería que volviera, sentir su cuerpo en la noche, tibio, era la mejor forma para curar las pesadillas. Pasaron unos minutos antes de que se convenciera de que su compañera no volvería. Pero no quería levantarse, estaba cómoda, a gusto y ese día su presentación sería tardísimo, podía permitirse quedarse entre las sabanas unos momentos más.

No la llamaría.

Aprovecharía para tener un tiempo a solas.

El reloj pasó sin prisas su rítmico sonido en la habitación.

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tac-tic… ¿O era tic-tac?. La mujer observó el cielo raso de la habitación antes de suspirar, había olvidado que el tiempo a solas pierde sentido cuando vives acompañado, que sólo se vuelve un amasijo de segundos y momentos mal vividos y no recordados. Era sólo un período aburrido de transición, entre la siguiente visita de su pareja. Entre un beso y otro. Una caricia y otra. Una palabra y otra.

Se levantó, desechando inmediatamente la idea de hacer la cama, después, todo podría quedar para después, ahora su cabeza estaba ocupada en cosas más importantes. Se deslizó por el pasillo hasta la cocina, el piso de madera no acusó el sonido de sus pasos, siempre cubiertos por una capa de silencio. La morena tampoco estaba en la cocina, revisó distraídamente el lugar donde colgaba las llaves y encontró el juego de la motocicleta, no había salido. Quizás, después de todo, solo se había tomado una vuelta al patio. Tocó el hervidor de agua, frío. Lo conectó a la corriente para empezar su mañana con una taza de té caliente y unas rebanadas de pan. Era más que suficiente para ella, aunque su compañera se zampara la mitad de su despensa al desayuno con grandes cantidades de café. Muchas cosas habían cambiado, muchas desde que aceptó su invitación, su osada invitación.

Y la primera de ellas fue un golpe a su paciencia. Definitivamente se había acostumbrado a vivir sola.

Absolutamente sola.

Había olvidado lo que era encontrar tazas vacías en el lavaplatos, la pasta de dientes apretada desde el centro, ropa sucia mal tirada en una esquina.

Había olvidado lo que era no vivir a su estilo.

Pero había puntos a favor. Ser levantada cada mañana por la morena lo era, era un enorme punto a favor. Acostarse con ella también.

No sabía cómo describirlo, compenetraban muy bien. Se sentó con la taza de té. Incluso en el sexo, se compenetraban tanto que en un principio estuvo sorprendida. Más que sorprendida. Incluso se sintió halagada. No sólo por los límites hasta donde Natsuki la llevaba, sino por la abertura que demostró hacia su propio cuerpo. Shizuru había recorrido, la primera noche, las pequeñas cicatrices y el tatuaje que cubría su espalda. Aún no le decía, aún no respondía cómo se había hecho todas esas heridas. Pero aún tenía tiempo, aún tenía tiempo para responder todas esas incógnitas.

Te vas a involucrar, Shizuru. Le reprendió su mente, era algo pasajero, debía mantenerlo así… pero había ocasiones en que su curiosidad podía más que su voluntad.

Bebió un largo sorbo amargo, su lengua cosquilleó, era lo que necesitaba para desperezarse cada mañana. Sintió un ruido, la puerta corrediza que daba al patio rechinó al abrirse, y luego al cerrarse. Natsuki entró, bañada en sudor, con una toalla cubriéndole la cabeza.

-Lo siento, ¿te desperté cuándo me levanté?- Inquirió la morena, secándose las gotas de sudor que le corrían por la frente. Shizuru negó con la cabeza, el fuerte olor a su cuerpo le golpeó la nariz, despertando todo su deseo carnal. Focalizó su atención en la taza de té, aún no, aún no. La morena no era cariñosa fuera de la cama, de hecho, para sorpresa de la castaña, ni siquiera le tomaba la mano a lo largo del día. La mujer se colgó la toalla del hombro y empezó a sacarse las vendas de las manos. Entrenaba todas las mañanas en diversos estilos de lucha y artes marciales. La joven cantante la miró, entretenida, aún no se acostumbraba a que alguien se levantara tan temprano sólo para seguir una rutina de ejercicios. –Por cierto… arreglaré ese chirrido de la puerta por la tarde, es bastante desagradable- Comentó, antes de dar el gas para ir a tomar un baño.

-Claro, ¿quieres que te prepare el desayuno mientras te bañas?-

-Por favor-

Y esa era la rutina, rápidamente ya la tenían. Shizuru se levantó, para freír un par de huevos y preparar café. Una rutina, la asustaba, sí, pero nació con naturalidad. Fuera la lluvia empezó a caer suave. La castaña la observó pro sobre el hombro, antes de seguir con lo suyo. Se acostumbraba muy rápido a la morena y eso la asustaba. El invierno recién comenzaba, pero, ¿Qué pasaría cuando terminara y Natsuki volviera a irse, a seguir de camino en camino?, ¿Sería capaz ella de seguir sola, tal como lo había hecho antes?. Intentó decirse que sí, después de todo llevaba años viviendo por su cuenta. Pero una pequeña señal de alarma saltaba en su interior. Algo que, desde el fondo, le gritaba que nada volvería a ser igual. Absolutamente nada.

Realmente eso no era lo que le molestaba. Lo que no la dejaba tranquila era la pregunta que la rondaba ¿Y ella quería que todo siguiera tal como antes?

Muy en el fondo sabía que no. Pero, incluso para ella. Era demasiado en el fondo como para tomarlo en cuenta.

Observó el suelo, le faltaba una barrida, un poco de limpieza.

Algo más había.

Natsuki estaba asustada.

Las motas de polvo se arremolinaron juguetonamente cerca de una esquina, las únicas en la habitación.

Natsuki estaba asustada. Y más allá, lo veía en sus ojos verdes, había mucho que estaba dormido, mucho que la morena podía entregar, pero se negaba, de una manera u otra se negaba.

Shizuru suspiró, no la presionaría, ella también tenía sus propias trabas, sus propios secretos. Desde ahora en adelante, estaba segura, cometerían muchos errores, muchos para aprender.*


-Y listo- Se dijo más para sí, que para la puerta engrasada. Estaba sola, el sol empezaba a ocultarse en el horizonte, y la casa quedaba lentamente a oscuras. La morena deslizó la puerta en ambas direcciones, apreciando algún problema en su trabajo. Luego sonrió satisfecha, cerrando la mampara y entrando nuevamente a la casa. Hacía frío. Era la temporada, después de todo.

Empezó a calentar agua, se le había enfriado el cuerpo en lo que estuvo fuera, en el pasillo. No quiso prender la luz. Esperó tranquila mientras el agua hervía.

Se estaba bien ahí.

Estaba tranquila.

El olor de Shizuru flotaba en toda la casa, impregnaba casi todos los rincones. Ya se iba acostumbrando, junto con el paso de los días, se iba acostumbrando. Una sombra le cruzó la vista. Se iría, después de todo. Sólo era temporal. No debía acostumbrarse.

Un pitido metálico le indicó que el agua estaba lista.

No debía acostumbrarse, por más bien que se estaba ahí, por más que allí pudiera descansar. Por más que no pudiera verlos u oírlos en ese lugar.

Pero le costaba mantener cierta distancia con la castaña, sólo cuando realmente ella se lo pedía cedía.

Carajo, cuánto le costaba.

Destapó el tarro de café, respirando la bocanada seductora del grano. Debía apurarse, le había prometido a la castaña ir a ver su presentación y luego llevarla a casa. Tenía el tiempo para tomar un café oscuro.

Amargo.

Como a ella le complacía.

- Kurai mori de minami no machi kin no tou kita no oka mizu ni yureteta onaji tsuki ga**- Tarareó, dando un sorbo a la taza. Le gustaba esa canción, no recordaba dónde la había escuchado, pero le gustaba. Fuera, las primeras nubes de lluvia y nieve empezaban a arremolinarse.

NdA:

* "While my guitar gently weeps" The Beatles... sí, tengo un par de canciones de ellos con las cuales escribir aquí... Esa frase la saqué de la canción ^^

** "Tabi no Tochuu" el primer opening de Spice and Wolf. Recomiendo mucho la primera temporada... la segunda no tanto...

Y aquí está, el... sexto capítulo (tuve que devolverme al principio y mirar xD) de esta entrega. Ni idea cuánto falta para el final, creo que está cerca... o quizás no. De verdad, ni idea. Por ahora por lo menos espero seguir un buen ritmo de actualización. Gracias a todos los que leen y comentan o no ^^. Hasta la próxima actualización, Saludos.