Una vez en su casa se sorprendió de ver que entre la maceta de la entrada y la puerta a su casa estaba un animalito blanco, cuando se acercó más supo de quien se trataba. Hedwing se había acurrucado en busca de calor, en su pico se resguardaba un sobre un poco amarillo.
-¿Qué tienes ahí, querida?- su padre le preguntó mientras sacaba a la lechuza de su escondite.
-Es una lechuza, me trae un mensaje
-Es muy linda, ¿Por qué no la llevas adentro? Debe tener frio-. Y lo hizo; lo bueno es que no habían traído demasiadas cosas como para que su padre no pudiera encargarse, llegó a su habitación y le sacudió la nieve que tenía en las alas, le dio un poco de agua y se dispuso a leer la carta.
Querida Hermione
Espero estés pasando unas lindas vacaciones a lado de tu familia, solo quería disculparme que ya no tuve la oportunidad de desearte felices fiestas, creo que Saliste antes que yo para la estación. Ayer en la fiesta pasó algo que creo no te percataste: Malfoy irrumpió en ella, momentos después Quejicus se fue tras él y platicaron un rato. La verdad no me importó que se fueran, porque la fiesta era más agradable de ese modo. Disfruté platicando con Luna, es graciosa, aunque hubiera preferido que también tú estuvieras.
Lamento no tener algo para regalarte, basta con saber que para el día de la amistad deberíamos de salir a comer, o al menos por una cerveza de mantequilla.
Con cariño,
Harry
Volvió hacia Hedwing que ahora estaba dormido, dobló la carta y se sentó en el pequeño escritorio con el propósito de devolverle la carta. Escribió un poco sobre la fiesta, pues no había entendido la importancia de Malfoy en su carta, así que se concentró en escribirle una respuesta.
Minutos más tarde, terminó. Buscando un sobre entre sus cosas cayó al suelo la carta de su amigo, pero al momento de levantarla pudo apreciar unos números en fila:
27:1
28:4
29:1,2
33:1
34:1
36:1
39:3
41:4
43:1
44:3
45:2
46:5
48:4
49:5
56
57:2
59:4
66:1
67:5
73:7
77:5,8
No sabía lo que significaban, pues no había posdata ni referencia a ellos en el mensaje. Supuso que el papel era reciclado y se encontraba ante las respuestas de un posible examen. Fue llamada por sus padres para que los ayudara en la cocina, bajó dejando a la mascota de su mejor amigo en su habitación, a Crooshanks fuera de ella y ambas cartas sobre la mesa.
Cuando terminaron de arreglar el comedor y la cocina para la cena, solo faltaba que los tres habitantes de la casa (cuatro si se cuenta al gato), se fueran a arreglar para que pudieran celebrar la víspera de navidad. Hermione fue a su habitación a bañarse y cambiarse; ya cuando se estaba terminando de peinar su padre entró a la habitación.
-Toc, toc
-Adelante
-Que linda luces, hija.
-Gracias, tú no te quedas atrás- su padre se acercó hacia ella para darle un beso en la mejilla- ¿Qué es eso?
-Una carta que me envió Harry, ya sabes felicitándome.
-¿No se te habrá declarado por "lechuza"?
-¡Papá! Ni siquiera lo pienses, es mi mejor amigo.
-Está bien. Pensé que estabas comunicándote por código o algo así.
-¿Eh?
-Sí, ya sabes, para que nadie se entere que hablas. Solía hacerlo en la escuela, era divertido. En fin, solo venía a avisarte que dice tu mamá que ya bajes.
-Enseguida voy-. Tan pronto se quedó sola, se puso a pensar acerca de lo que había dicho su padre. Al principio parecía que estaba el mensaje al reverso de un acordeón de su amigo, pero luego recordó que los últimos exámenes habían sido abiertos, por lo cual no tendría sentido poner la clave en la hoja.
Vio los primeros números, 27:1. ¿Serían el tomo de alguna estantería en la biblioteca y la página que consultó? Imposible, no podría confirmarlo. Por el momento, iría a cenar, ya después descifraría la carta.
-¡Feliz Navidad, cariño!- le decía su padre mientras la abrazaba al dar las 12 am en el reloj.
-¡Feliz navidad para ti!- le regresaba el abrazo con esa calidez y felicidad que sentía al tener a su familia consigo.
-Es momento de hacer otra cosa ya que es oficialmente Navidad. No creo que se quieran ir ya a la cama, y menos después del banquete que comieron.
-Claro que no, mamá. Pienso que estaría bien algún juego.
-Tengo algunos crucigramas. No sé qué juegos acostumbren jugar en Hogwarts, pero como son con tus padres, vas a tener que decir que sí.
-Claro, ya no me regañes- intentaba sonar un poco triste pero la risa le ganó en su expresión.
Y así se pusieron a jugar un rato. En su mente le volvió la idea del código que le había dejado su amigo en la carta, o al menos eso aseguraba su papá. Tal vez fuera cierto, después de todo le daría algo en qué pensar. Mientras jugaba con sus padres en la sala, riendo sobre si se equivocaban o si decían algo gracioso, algo en su mente enlazó relación entre el juego de mesa y la carta: los números eran palabras.
Pasando un buen rato, se fueron a sus habitaciones, Hermione un poco más ansiosa ya que le podría dedicar tiempo al misterioso código.
-Si cada número es una palabra, ¿qué significa el número después de los dos puntos?- empezó a relacionar aquello con la carta o algo que hubiera leído. No. Sin duda se refería a la carta.
Comenzó a contar: 27, la palabra 27 era SALISTE, la 28 era ANTES, luego QUE.
Si acomodaba las palabras de acuerdo a los números quedaba:
Saliste antes que estación ayer
Eso no tenía sentido, entonces le hizo caso a los segundos números. Si el primer número era la palabra, puede que el segundo fuese la letra. De acuerdo a lo anterior, la frase sería:
Sé que algo traman…
Si, esa era la forma correcta de leerlo, aunque no de escribirlo; se debía de dar prisa para comprender todo aquello si quería responderle pronto. Minutos más tarde, ya tenía el mensaje completo.
Sé que algo traman y lo sabré
Ahí iba de nuevo el lado paranoico de su amigo. Pensando en que el profesor junto con Draco tramaban algo malo, no había pruebas que él tuviera, aunque no sabía si su amigo los había espiado después de lo dicho, lo más probable es que sí. Si se enfocaba a la segunda parte de la carta, la que ya no tenía código ni nada sospechoso, lucia como una buena idea, a menos que tuvieran demasiada tarea por hacer. Lo mejor es que ella si tenía algo para regalarle a su amigo, lo enviaría con su lechuza.
-¿Qué es eso? -preguntó Harry
-Me la envía Lavender -masculló Ron-. No pensará que voy a ponérmela… Harry examinó la cadena, de la que colgaban unas gruesas letras doradas formando las palabras: «Amor mío.»
-¡Pero si es muy bonita! -exclamó tras soltar una risotada-. Muy elegante. Tendrías que ponértela y enseñársela a Fred y George.
-Si se lo dices -amenazó Ron escondiendo la cadena debajo de su almohada-, te juro que te… que te…
-Tranquilo, hombre -dijo Harry sonriendo-. ¿Acaso me crees capaz?
-¿Cómo se le habrá ocurrido que me gustaría una cosa así? -musitó Ron, de nuevo las quejas por parte de su amigo, primero que la chica lo besa demasiado, y que va con el casi a todos lados, ahora esto.
Dejó que su amigo se desahogara con el sobre lo que le disgustaba, pero el solo pensaba si Hermione ya había leído la carta, si habrá entendido. Por favor, estaba hablando con Hermione, sin duda la más brillante de su clase y generación, el tonto ahí era él por no ser el amigo que ella esperaba. Amigo por ahora, se dijo.
Lo mejor de la mañana de Navidad era que despertaba un poco tarde, o más bien la despertaban, ya que en vacaciones no acostumbraba a levantarse tan temprano porque descansaba de aquellos desvelos necesarios para estudiar.
Siendo hora de abrir los regalos se dirigió en pijama hacia la sala y vio que sus padres ya estaban esperándola, se sentó y comenzó abriendo un paquete pequeño que cuando estuvo totalmente desenvuelto resultó ser una pluma muy bonita para escribir. Abrió otro pero esta vez fue un lindo vestido rosa, nada ostentoso.
-Veo que cambiaron un poco los regalos este año
-Pensamos que solo libros iba a ser como el año pasado, y el antepasado, y el pasado del antepasado...
-He comprendido, mamá
-Regalarte ropa bonita no hace daño, ¿verdad?- ahora su papá hablaba como si no le pusiera cuidado a su ropa, claro que no se comparaba al cuidado que tenía Lavender o alguna otra chica como ella que cuidaban hasta el más mínimo detalle de su apariencia.
-Pero eso no por eso vamos a dejar de consentirte- su mamá le pasaba un regalo pequeño pero lo suficientemente grueso para saber que era un libro.
-El mejor regalo, y no es que no aprecie el vestido.
-Más te vale jovencita, ahora vete a alistar vamos a salir.
-Oh, pensé que nos quedaríamos por el frio.
-Ya comenzarás el libro otro día, por el momento pasaremos un día como una familia normal.
-Buena suerte con eso.
Una hora más tarde, la familia Granger se encontraba en una pista de patinaje, Hermione no se esperaba ir a ese lugar pues suele estar lleno, pero por ser Navidad poca gente salía de sus casas.
Era divertido ver como su mamá se mantenía cerca del barandal por si llegase a resbalarse, en cambio su papá podía mantenerse en perfecto equilibrio al dar vueltas en el hielo. Hermione había decidido quedarse un rato más fuera, en lo que se hacía a la idea de patinar pues, igual que su mamá, no sabía equilibrarse. Deseó poder ayudar a su mamá, pero estaban en la misma situación por lo que podrían caerse las dos. Segura de sí misma, se cambió los tenis que llevaba por los patines, y sujetándose temporalmente de su padre logró dar vueltas en la pista.
Poco a poco iba agarrando confianza a soltarse de las manos de su padre para intentar andar ella sola, él le daba miradas como indicándole que ya lo haría.
Su mamá venía ahora de la mano de su papa, ella iba a su lado, en algunos momentos parecía que se fuera a caer, aunque como sus padres iban detrás le ayudaban dándole un "empujoncito".
Cuando vieron ya había llegado más gente allí, veían familias como la de ella, aunque algo no era similar: ella no era común como ellos.
