Penúltimo capi! Waaa! Estoy tan emocionada por el final ^^
He decidido publicar los dos finales alternativos -a parte del original- que este fic tendrá como historias a parte, así que uno -el primero- será titulado Brighter y el segundo ¿Cuán Pronto es Ahora?
Quiero darles las gracias a todas las que han comentado, enserio, me han hecho muy feliz :D Así que les dejo leer, y nos vemos abajo.
ADVERTENCIA: Lemon corto.
Ángel para un Final
Y el tiempo que pasa lento cual amarga infancia,
quiero estar contigo sin tener que nombrar la distancia.
O-o-O-o-O-o-O-o-O
- Sh debes ser silencioso –sonrió Alfred tomando las piernas de su hermano para que se agarraran de su cintura- ¿Bien?
- Así no es cómo quiero hacerlo.
- Así es como podemos, Mattie. Papá aún está abajo.
- Eso ya lo sé –el menor rodeó los ojos y se apretó más contra Alfred, sintiendo el miembro de su gemelo golpear tímidamente contra su entrada y no pudo evitar un gemido- Pero...
- Vamos, Matt.
- Uhm, ¿va a doler cómo la primera vez?
- ¿Aún te arde, Matthew?
Negó con la cabeza, Alfred asintió besándole la nariz. Dio la primera embestida mientras los brazos del menor le rodeaban el cuello, y Mattie quiso gritar o hacer algo, pero antes de siquiera intentarlo, la mano de Alfred estaba cubriendo su boca, sonriéndole al sentir la estrechez alrededor. Las paredes anales del de ojos violetas se cerraron en torno a su miembro, estrujándole con la propia humedad que de su trasero procedía.
Le dio fuerzas a sus estocadas empujando a su hermano hasta la cama de espaldas, optando por la posición del misionero. Matthew se contrajo y dio sacudidas, volteando la cabeza a la almohada. Su mejilla fue besada, su mentón también, su cuello y sus párpados, agitándose por el placer entremezclado con dolor. Alfred le dio un paro a sus empujes para ver el rostro suave de su hermano y sus ojos cerrados de pronto con fuerza, le acarició y pegó una embestida que hizo que Matthew gritara lo suficientemente fuerte para ser escuchado abajo.
- Mmm Mattie, cállate. Van a escucharnos.
- Lo siento, es sólo que ¡Oh, Al! ¡Ahí, justo ahí!
Un poco más adentro pudo rozar su próstata, y el escalofrío en el cuerpo le recorrió entero. Alfred soltó una risita entrecortada a través de sus gemidos, sus manos entrelazándose con las de Matthew. Se mordió el labio evitando que su voz se oyese mientras su hermano se aferraba rigurosamente de él. Presionó las palmas, y luego las separó, penetrándole mientras le pasaba las manos por detrás de la espalda, consiguiendo que Matthew soltara un quejido, siendo jalado hacia adelante.
- Mhm
- Ya, qué sensible eres, Matt.
No obtuvo respuesta. Con cuidado le abrazó por el torso, colocando su rostro en el hombro de su hermano. Por su parte, Matthew se escondió en su pecho, abriendo y cerrando las piernas a cada golpe de estocadas, gimiendo en su oído intentando callar. Alfred le acarició el cabello mojado por el sudor caliente y supo que no podría más.
- Mattie... Mattie, yo
- También.
- ¿Juntos?
Encerrado en su habitación, se halló solo con su maleta lleno de ropa empacada por su padre para pasar un mes. Un Mes. Si Arthur lograba su cometido habría de mantener lejos a Matthew y Alfred por largos treinta y un días, y sería difícil para ambos. Nunca se habían separado, ni siquiera cuando su padre intentó cambiarlos de habitación; ellos habían seguido durmiendo juntos, oponiéndose a algo tan radical. Entonces, que ahora debieran de alejarse así como así era muy shockeante. Y lamentablemente, ya nada podía hacer. Tendría que irse con Francis de cualquier manera, y siendo sincero, no era que eso le disgustase en absoluto, simplemente no quería y ya.
Caminó lentamente para dirigirse a su estante frente a la cama de Alfred y sacó algunos libros, terminando de llenar con ellos su maleta. También se llevó fotos de Al, y fotos privadas de ambos que no deseaba que quedaran a la deriva para ser vistas por cualquiera. De la parte más baja de la repisa –el cajón que pertenecía sólo a él y era como una especie de cajita de los sueños- consiguió con una sonrisa un dibujo guardado allí hace unas semanas atrás. Le dio la vuelta y miró la fecha: 4/07/11; aquella madrugada luego de su fiesta de cumpleaños en la que él y su hermano se habían convertido en una persona, estrechando aún más los lazos que los unían.
Acarició con la yema de los dedos su rostro sonriente junto al de Alfred y sus manos atadas, trazadas con una exquisita delicadeza porque Matthew era muy bueno para el dibujo. Se lo entregaría antes de que el tren partiera, como un recuerdo y un dulce regalo.
Evitó que las lágrimas se agolparan en sus ojos lilas, porque de improviso los golpes en su puerta se hicieron más fuertes. Se encogió de hombros, respirando profundamente, para tratar que Arthur no notara su debilidad.
- ¡Matt! ¿Estás listo? –oyó el grito.
- Sí –y respondió cansado, agarrando su maleta y el dibujo para Alfred. Abrió y salió, caminando en silencio con su padre; ninguno de los dos emitía palabra, Matthew también sabía que no era el momento exacto.
Antonio estaba esperándolos junto a Alfred en el auto. Eran exactamente las 12 de la mañana y la hora en la que el tren salía era a las 3 y 10. Si se demoraban una hora y unos treinta y siete minutos, realmente estarían a tiempo.
Arthur abrió la puerta del copiloto, subiendo luego de guardar la maleta en la cajuela del auto. Matthew se sentó con mucho cuidado, a pesar de que hace unos días que no tenía sexo con Alfred, su trasero seguía algo sensible. Se colocaron el cinturón, mientras el gemelo mayor se acercaba más al otro, acabando porque sus brazos se rozaran, y finalmente, que se tomaran de las manos.
Por el espejo retrovisor Arthur quiso decir algo, pero era su último día juntos, y no tenía corazón para separarlos aún más. Suspiró apretándose las rodillas, echando un vistazo hacia Antonio siempre sonriente y giró la vista hasta la ventana. Cuando comenzara a dejar su casa atrás, y con ella sus hijos dejaran ir todos los recuerdos y las acciones que los unían, estaría bien. Cuando Matthew y Alfred entendieran que su seudo amor y cada cosa que no debieron hacer tenían que acabar, Arthur estaría tranquilo. ¿Pero sería completamente feliz viendo el rostro de decepción de sus hijos? Los niños que había criado con tanto esmero, pero en los que había tropezado por años.
No pudo evitar sentir que era el peor padre del mundo.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Matthew tenía frío. A pesar de que llevaba sobre sus hombros la chaqueta de Alfred –su hermano le había insistido en conservarla, para que lo recordara toda las noches que durmiera solo. También le había dado su perfume, tenía que mantener su aroma todo el tiempo.- el hielo de ese jueves frío de Inglaterra le entumía sin detenerse a pensar que tal vez estaba de más, porque Mattie ya se sentía lo suficientemente herido como para que el viento helado chocara contra sus mejillas y le volara los cabellos.
Vio a Alfred. Tenía el rostro sonrojado y los ojos acuosos. Él quiso acariciarle, pero no podía, porque Arthur parecía todo ojos y oídos si los viera así, podía agregarle una semanas más a esas supuestas vacaciones. Y Mattie ya las odiaba, quería que el mes se pasara rápido porque le estaba quemando el alma; lo único que deseaba era soltarse y llorar en el pecho de su gemelo esperando que todo acabara, y que lo llevara a algún lugar donde pudiesen estar solos para siempre.
Por su parte, Alfred sentía el corazón apretado, intranquilo, nunca se apartaría de su cabeza la forma en la que Arthur les había dicho lo de su separación; sería una cicatriz que llevaría marcada en el cuerpo para siempre. ¿Y cómo podría guardar eso para sí mismo? ¿Cuánto tiempo podría hacerlo sin explotar y mandar todo a la mierda? Él le confiaba todo a Matthew, y sabía que no siempre sería fuerte y tendría que romperse, y luego su hermano lo haría también, porque Alfred intentaba verse enérgico y dinámico para él, y si se deshacía de pronto, sería como si todo anduviera mal para siempre.
Alfred no era estúpido, sabía que probablemente su padre estaba enterado a cerca de lo de ellos, y no lo culpaba exactamente por intentar alejarlos; estaba al tanto que lo que él y Matthew hacían era considerado un error, y que quizás lo fuera, pero eso no significaba que por un mes lejos el uno del otro iban a detenerse, incluso aunque hubiesen querido. Ellos estaban demasiado conectados, uno era la vida del otro. Alfred nunca podría apartarlo, nunca podría apartar a Matt.
El sólo pensar en perder a su gemelo hacía que las palmas de sus manos sudaran y que su corazón latiera de forma irregular. Nadie, ni siquiera su propio padre, había estado allí para Mattie como había estado Alfred. Y nadie había estado nunca para él como Matthew. Crecieron confiando sólo en ellos, hasta llegar a enamorarse el uno del otro. Había tomado años, pero habían caído en ello y ahora no había retorno.
Alfred se preguntaba, mientras intentaba mantener a su hermano cerca de sí sintiendo cómo caía en una inestable angustia, si algo de esto habría sucedido si su père no se hubiera ido. No, Alfred sabía que el que Francis se fuera no tenía nada que ver. Fue mejor cuando se marchó. Significaba que debían estar juntos, decidió. Y si ellos lo querían así, nadie podría detenerlos. Nadie podía decirle al destino que se fuera a la mierda. No era un error. Estaba destinado y a Alfred no le importaba que tan duro tuviera que trabajar para mantenerlo. Él siempre tendría a Matthew.
- El tren ya viene. Matthew, prepara tus cosas –La voz de Arthur sonó sensible y fuerte a la vez. Alfred notó como su hermano se tensaba y sus lentes temblaban.
- Quiero... quiero despedirme.
Antonio fue el primero en sonreírle. Abrió sus brazos en dirección hacia Matt y el niño se recogió ahí, soportando todo lo que más podía sin llorar. Lo guardaría para su hermano. El siguiente fue Arthur, que recibió un beso en la mejilla y apretó a su niño mientras las pequeñas lágrimas le fluían por el rostro. Mattie estaba serio, esperando el momento de rodear a su gemelo.
El tren se detuvo frente a ellos. El niño menor se soltó de su padre rápido, sacando algo de la mochila que llevaba en sus hombros y aplanándolo, tenía ciertas arrugas en los bordes.
- Alfy tengo un regalo para ti.
Alfred tragó duro. La última vez que le dio un regalo fue el mejor día de su vida, este era el peor. De todas maneras, curioso metió su nariz cerca de Mattie pensando en que tenía un papel en las manos. Intentó investigar, pero Matthew le agarró de la mano atrayéndolo hacia él, alejándose de Arthur y Antonio. Juntaron sus manos y las entrelazaron mirándose a los ojos.
- Lo hice para ti –el menor rompió el silencio, entregando el dibujo- Mira la fecha.
Alfred observó el croquis por un tiempo rápido antes de ver de nuevo a su hermano, él lloraba.
- Fue la primera vez que hicimos el amor –susurró en llanto. Alfred le abrazó sin más, aguantándose las ganas que tenía de imitar a su gemelo.
Arthur y Antonio les vieron desde más allá, y no tuvieron corazón ni la valentía suficiente para decirles que se separaran, no cuando ambos conocían el vínculo tan fuerte que les unía. Pero no lo permitieron por mucho, porque el tren llegó y Matthew tuvo que entrar, siendo separado a la fuerza de Alfred, estirando sus brazos para intentar alcanzarlo. Arthur cogió la maleta y le dio el boleto a la persona encargada, a la vez que el menor no se resignaba, y se negaba a entrar.
Puso esfuerzo, seduciéndolo con Maite, Francis, la posibilidad de visitar América Latina. Y todo eso no hacía peso en la balanza para Matthew, quedarse con su hermano para siempre valía mucho, mucho más. Pero al fin, lograron que subiera a rastras. Y Alfred se quedó allí, de pie frente a la ventana del tren sin más que hacer. Los ruidos vinieron pronto, anunciando que partirían directo a Francia. Matthew, dentro, se puso de rodillas en su asiento, mirando por el cristal con las manos allí, mientras el vehículo partía suavemente.
Alfred permaneció estático, hasta que notó las lágrimas de su hermano y el tren avanzando.
Se sintió incompleto, como una parte de sí mismo se marchaba con él.
Y se desató de los brazos de su padre, corriendo tras la máquina que ya ponía toda su potencia, gritando el nombre de Matthew, haciendo que la gente que le rodeaba sintiera lástima por él. Por fin pudo llorar, porque no necesitaba ser fuerte. Era cada cosa pequeña la que le destruía ahora, verse solo, indefenso, el silencio. Se quedó mirando el tren que avanzaba llevándose a su alma gemela dentro y dejándole varado. El aire frío contra su cara y que golpeaba en las ventanas, la niebla en los labios, palabras brotando sin sentidos de su boca, cosas que ellos nunca podrían hacer. En su cabeza la mirada de Matthew, y sus propias lágrimas deslizándose por las mejillas.
No iba a estar bien, nunca lo haría.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Matthew se encontró con Francis a la salida de la puerta del tren. Junto a él también estaba Maite con una sonrisa en la cara y un paquete de regalo en las manos y sintió curiosidad por saber si era para él. Se sentía agotado, había dejado a su hermano hace unas horas y ya era como si no le hubiese visto por semanas, no sabía cómo aguantaría todo un mes lejos de Alfred. Caminó lentamente hasta su père para darle un abrazo, y luego hizo lo mismo con la chilena. Francis agarró su maleta y la llevó, Maite le ayudó con la mochila.
- ¿Cómo estuvo tu viaje? –preguntó ella.- Yo odio esos trenes.
- Yo también.
- ¿Ocurrió algo malo, petit?
- Sí.
Francis se detuvo en seco, mirando fijamente a Matthew. El niño siguió avanzando.
- Me han separado de mí mismo.
Maite se sorprendió por las palabras, pero atinó a seguirlo, creyendo que Arthur y su novio le hacían un daño irreparable a esos pobres niños, y ella lo sabía, lo había vivido... las cicatrices aún dolían en su piel. Cerró los ojos acercándose más a Matthew.
Alfred se encerró en su habitación cuando llegaron a casa, a pesar de que Arthur le había dicho que ordenara algunas cosas que fuesen suficientes para pasar el mes en España, en la casa de playa de Antonio. Él no quería ir, quería ir a Francia para estar con su hermano, o que volviera, pero era imposible. Había visto cómo el tren se iba y no pudo detenerlo, ¿podía volver el tiempo atrás?
Se tapó la cabeza con la almohada, gritando Te quiero tan fuerte como le fue posible sin despertar sospechas, se sentía disuelto, como un alma en pena.
Buenos días a España.
Cantabria tenía playas preciosas, pero no fueron miradas por Alfred a través de las ventanas del auto negro de Antonio; no le interesaba en lo más mínimo ver a todas las chicas en bikini o la sonrisa de la gente jugando allí, porque él no era feliz, porque él estaba solo; desvió su mirada al lado izquierdo del asiento, donde Matthew debería estar sentado sonriéndole, ¿por qué ahora estaba tan frío? Le extrañaba, le extrañaba mucho.
La casa era grande y tenía un patio trasero muy acogedor. Arthur deseaba salir y divertirse, pero Alfred se negó de inmediato, él no iba a ir a ninguna parte.
- Bien, pero tú te lo pierdes –se rió Antonio, tomando un bolso.
- ¿Qué quieres que te traiga de regalo, cariño? –Arthur fue dulce. Intentaba serlo desde la partida de Matthew.
Alfred le miró penetrante por unos segundos y le contestó con voz formal, seguro, ocultando lo desesperado que sonaría.
- A mi hermano.
La puerta fue cerrada con un clic suave.
- Podríamos salir a comer afuera.
Maite estaba cepillándose el cabello mientras conversaba con Francis y Matthew se entretenía con los perros de la pareja. El francés asintió delicadamente, preguntándole a su hijo qué le parecía.
- Está bien.
- Y después, les preparo la once aquí.
- ¿Qué es la once? –Matt se confundió.
- Mattie, deberás acostumbrarte. El vocabulario de Maite es muy extraño.
- ¡No es raro! ¡Es que tú no entiendes! –gritó. Dejó el cepillo y cerró la puerta del baño, acercándose hasta el salón junto con su novio viendo al rubio menor acariciar el cachorro blanco.- Como sea. Matt, la once es como el Tea Time de Inglaterra, pero se toma más tarde.
- Oh...
- Y puedo hacer chocolate ¿Te gusta el chocolate?
Matthew le sonrió, pero ella sabía que era sólo una mueca triste.
- Sí.
- Francis hará pasteles.
- Mon chéri, yo no dije que
- ¿Ves? Todo está solucionado. ¡Salgamos!
Maite agarró la mano del niño, que se sonrojó al sentir el tacto cálido. Francis se colocó a su lado cogiendo las llaves del auto y su chaqueta. Pensó que lucían como una familia feliz.
Luego de comer, el mesero les llevó la cuenta. Francis limpió su boca con la servilleta blanca y Matthew no pudo dejar de pensar en Alfred en toda la comida. Los vecinos de mesa les miraban continuamente, hasta que decidieron acercarse y hablar. Francis parecía tan dispuesto como siempre, pero Maite acercó al menor más a su cuerpo.
- Disculpe que los moleste -Una mujer bien vestida, elegante, de edad madura pero espectacular belleza les sonrió. La chilena no se fió.- pero, yo soy la representante de una agencia de modelos.
- ¿Modelos? –preguntó Francis apoyando su barbilla en la mano.
- Sí –entregó su tarjeta- Y quería saber si no estarían interesados en que su hijo participara en la Agencia. Es un chico hermoso y con facciones delicadas.
Maite se sonrojó, Francis sonrió y Matthew se mantuvo inexpresivo. Su hijo su hijo, su hijo; eso caló en el interior del pequeño. ¿Una madre? ¿Un padre? Sólo le faltaba alguien.
- Cariño, dime, ¿tienes algún hermano? -la mujer se dirigió a él.
- Un hermano gemelo.
- Él no es tan fino como Matthew.
- De todas maneras estaríamos muy contentos de proponerles algo.
La pareja, educadamente, rechazó la oferta, levantándose luego para salir del local. Matthew se sintió seguro entre los dos adultos y dejó que cuidaran de él durante el viaje a casa.
Se sentaron en el sofá los tres –el menor al medio- frente al televisor con una taza de chocolate caliente cada uno en la mano y pasteles y galletas preparadas por Francis en la mesita sobre un plato de vidrio fino. Estaban riendo y bromeando y el ambiente era tan cálido, que lograba ser reconfortante.
Matthew les miraba como sorprendido, comer entre ellos y reír. Nunca había visto que entre Francis y Arthur ocurriera eso, pero con Maite era muy diferente. Parecían enamorados, como la gente en la televisión, como el estereotipo de familia perfecta. Matt sonrió. Él nunca había tenido una familia compuesta realmente, y no es que Arthur fuese un mal padre, pero tal vez... tal vez faltó una madre en su vida. Se acurrucó contra el costado de la chilena, y fue recibido con un abrazo de inmediato mientras Francis le tomaba la mano. Suspiró contento, y pensó que por esa vez, podía imaginar que tenía un papá y una mamá, y que su hermano estaba castigado en la habitación y se verían en la noche.
Lamentaba el hecho de que nunca nada de eso ocurriría.
Alfred caminó por la casa para buscar agua, intentando dar con la cocina entre ese espacio de madera gigante. Cuando la halló, se llevó el vaso y un paquete de frituras, abriéndolas en el camino. Pasó frente a una habitación de la cual desprendía un sonido de pistas y la voz de alguien en un idioma que Alfred no podía entender, pero presintió que era español porque sonaba como Antonio.
Tocó con disimulo y vio allí al dueño de casa, sobre la cama con su laptop. Entró sin ser invitado.
- ¿Qué haces?
- ¡Oh, Alfred! –Antonio le sonrió, invitándole a sentarse- Escucho música y hago un reporte para la empresa.
- Uhm oye, ¿qué canción es esa?
- ¿Esta? Cuando estoy sin ti, de Porta. Bastante conocido en España.
- Ah ¿y puedes traducirla al inglés? No entiendo lo que dice.
Antonio surcó los labios, poniendo la canción desde el principio y escuchando la voz del muchacho. Abrió la boca.
When I'm without you, I need you. The time is slower than ever without you, I love you.
I need you, despite the distance I feel you closer, wherever you are.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Esa noche, Alfred se conectó a Internet. Rogó porque su hermano estuviese también en línea y se sintió tan contento cuando pudo verlo por web cam. Nada pudo hacerle más feliz que mirar el rostro sonrojado de Matthew y su cabello ondulado. Le dijo que escuchara Cuando estoy sin ti, de Porta, porque él si prestaba atención a las clases de español y su dominio del idioma estaba muy avanzado. Matt sonrió a la cámara en su computador portátil y le prometió que lo haría.
El beso que se dieron a distancia fue suficiente de todas maneras para que Alfred pudiese dormir tranquilo esa noche, y para que Matthew llorara mordiendo las sábanas escuchando la canción que su hermano había decidido que sería de ambos.
Yo lloro y golpeo a nada (8) Escondo un dibujo de un corazón mal pintado, con tu nombre, con mi nombre y un te quiero medio borrado, con la mina del lápiz marcada en cada trazo, dibujado con fuerza como nuestro prometido abrazo.
Es que esa canción la encontré perfecta para ellos dos, escúchenla, y piensen en su separación... tomé aspectos de allí también para la escena del tren.
Quería ponerle más a este cap, pero estoy cansada :/ y no andaba inspirada xd
Espero les guste de todas maneras, porque el final si se viene con todo. ¡Muchas gracias y nos vemos pronto, Küsses! ¿Reviews?
