Bleach 686': The Last Keys

En la cima del palacio, Yhwach se bañaba en reiatsu negro, inmovilizado a manos de su propio poder mientras el filo de Engetsu se sacudía violentamente acompasándose a los esfuerzos que Yhwach empleaba para recuperar el control sobre las llamas negras que ahora le negaban el más mínimo movimiento, tornando su forma a cada segundo que pasaba en una brillante esfera de ébano incandescente. A escasa distancia, Ichigo contemplaba atónito como su padre, antiguo capitán de la décima división, había sido capaz de contener a aquel monstruo en tan poco tiempo sin siquiera liberar su espada por completo. Sin embargo, nadie podría ser capaz de mantener algo así por mucho tiempo, un dato del que tanto Isshin como Yhwach eran más que conscientes. No era más que cuestión de tiempo.

—¡Ichigo! ¡Despierta, cacho inútil!

Las palabras de Isshin Kurosaki resonaron por toda la cúpula del Wahrwelt y finalmente consiguieron despertar la atención de su hijo, ignorante de que Inoue Orihime, a su lado, no daba respuesta alguna de despertar mientras su cuerpo se veía sujeto a la horrible presión del reiatsu enloquecido de Yhwach. Isshin lo notaba. De no salir de aquel lugar no le quedaría mucho. Mientras reculaba para retomar un mayor control sobre el reiatsu de su enemigo, comenzó a pronunciar lo que podría ser la última parte de su legado.

—¡Ichigo!— repitió con una cara marcada por el esfuerzo —Esta guerra no ha terminado todavía. El poder de Yhwach no es tan absoluto como parece. ¡Préstame atención! Es hora de que escuches las debilidades de tu enemigo.

En medio del oscuro vacío lleno de desesperación dejado por la pérdida de las diferentes partes de su alma, una luz rompió el cielo y bañó el mundo dentro de Ichigo Kurosaki.

En primer lugar, The Almighty no puede ver el destino más allá de lo que sus propias limitaciones físicas le permiten. Así pues, todo en lo que no se haya posado la mirada de su dueño se encontrará fuera de su influencia.

Dentro de la mente de Ryuken Ishida, las palabras de su padre Souken resonaban como un eco del pasado dejando una llave para el futuro. El ataque sorpresa había funcionado, confirmando el primer punto. Su hijo estaba vivo, había llegado a tiempo. Aún había tiempo.

Consciente de las habilidades de su enemigo, Ryuken esquivaba y rechazaba con habilidad cada acometida del segundo al mando de Yhwach, soltando cada flecha con precisión quirúrgica para evitar o anular cada golpe de su adversario sin herirlo, a sabiendas de que cada herida podría rebotar hacía sí mismo o hacia su hijo. Así, Haschwald se mantenía atacando sin piedad, con su Claymore de reishi en busca de puntos vitales, mientras que Ryuken nulificaba cada uno de sus embestidas en una batalla estancada.

—¿Qué ocurre? ¿No has venido a acabar conmigo y salvar a tu hijo?

Ryuken no se molestó en dar una respuesta. En su lugar, aprovecho la apertura para lanzar una nueva flecha dirigida a la frente de su enemigo pero que acabó desvaneciéndose en el Freund Schild de Haschwald, que sonrió mientras preparaba su siguiente ataque.

—Por fin decides ir en serio, Ryuken Ishida.

Sin embargo, al dar un paso adelante, Freund Schild se deshizo de entre las manos de Haschwald, mientras que el reishi que mantenía completa a su claymore comenzó a disiparse. En la confusión y el desequilibrio de su rival, Ryuken saltó varios metros hacia arriba, extendiendo su Sankt Bogen por completo.

—Licht Regen1.

Antes de poder responder, la lluvia de flechas atravesó a Haschwald sin piedad.

Uryu apartó la mirada. La batalla de su padre había ido dejando pequeños filamentos de su Ransotengai en las armas de su oponente, analizando y deshaciéndolas poco a poco mientras su dueño ni siquiera se percataba de ello. Después de todo, un control de reishi tan absoluto solo podría ser parte del talento que solo podía pertenecer a un Quincy que había dedicado su vida a la medicina.

Ryuken aterrizó junto a su hijo, dispersó su arco y se dispuso a colocarle apresuradamente unas pequeñas placas circulares plateadas sobre su maltratado uniforme Quincy.

—Esto es…

—Uryu, no te despistes. Sabes lo que es esto. Sabes para lo que sirve. Ahora tenemos que acabar con él. Los dos.

Segundo, y aunque parezca obvio, The Almighty no puede tener en cuenta nada más allá de su propio poder. Cualquier elemento con un reiatsu igual o mayor al del usuario de The Almighty será invisible a sus ojos, incluyéndose a sí mismo.

Ahora ya tienes todo lo que necesitas, Ichigo. Todos los Shinigamis estamos en medio de una guerra que pronto tocará a su fin, chico, dándolo todo por terminarla. Ya sabes todo lo que tienes que saber sobre tus orígenes y sobre mí. Sabes lo que somos, pero ahora debes elegir: ¿eres un Shinigami o no?

Ichigo vaciló pero finalmente emitió una respuesta.

—Sí…

—Pues obedece a tu padre. Coge a tu chica y salid de aquí. Sobrevive, recupérate y acaba de guerra por ti mismo, con tus propias fuerzas.

—No pienso dejarte aquí, viejo —Ichigo se levantó con dificultad, empleando las pocas fuerzas que le quedaban.

—¡No seas idiota! —Engetsu comenzó a sacudirse con violencia, a punto de romper su control sobre el reiatsu de Yhwach —¡La hora de bromear terminó hace tiempo! ¡Largo de aquí!

El joven Kurosaki maldijo su impotencia mientras recogía a Inoue del suelo. Estaba fría… Tan fría… Debía darse prisa.

—Ya he tenido bastante de este sinsentido.

De pronto, todas las llamas se despejaron como si un tornado hubiese aparecido en la escena. En su epicentro, Yhwach se levantaba lenta pero imperiosamente, empuñando su espada de reishi. Ichigo se dio cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir y se volteó, viendo la cara sonriente de su padre eclipsando un iracundo tsunami de fuego negro a sus espaldas.

—Adiós, hijo mío.

Ante un grito desesperado de rabia, un muro de llamas negras separó a los últimos descendientes de la familia Shiba.

Por último, The Almighty consume una gran cantidad de energía a la vez que ejerce una carga mental inconmensurable sobre su usuario. Por ello, no se debe mantener en activo más que unos instantes a riesgo de perder la cordura, y todo recuerdo aportado por las visiones del futuro será instintivamente borrado mediante dicha desactivación. Cualquiera que no esté habituado a tal poder es, por esta razón, propenso a perder la cabeza eventualmente, siendo sometido a presenciar la infinidad de posibilidades que porta el destino, incluyendo, como es natural, la muerte de sí mismo y de todo lo que le rodea.

—¡HRAAAAA! ¡Baaaazz! ¿Dónde estáaaaas?

El confuso grito de Haschwald, lleno tanto de dolor como de ira, heló la sangre de Uryu, despertándolo y preparándolo para lo que , éste reactivo su flujo de reishi para activar las placas que su padre había colocado sobre su cuerpo, dejando que éstas fluyesen alrededor de su cuerpo para dar lugar a un traje plateado compuesto de líneas de reishi sólido que cubrían al joven por completo. La armadura de reishi Quincy era una reliquia que utilizaba la fuerza de su portador para protegerlo de ataques externos, especialmente del veneno Hollow, aislándolo por completo del exterior.

—La locura ha comenzado a tomar el control. Si acabamos con él, Yhwach perderá el pilar que le mantiene con vida de noche. Necesito tu ayuda, hijo.

Uryu asintió. No había tiempo que perder con palabrería. Tanto padre como hijo, bañados en luz, tenían que acabar con el esclavo de Yhwach.

El último punto débil de The Almighty, uno que ambos padres deben dejar volar con el fin de perseguir un futuro. Los dos hijos. Uno nacido en la cegadora luz para acabar con la noche, y el otro, en la más inconmensurable oscuridad, concebido como el fin de la luz...