Capitulo 6. "Distorsión"

En la intimidad del silencio se sabe una vez más rendido, las tinieblas de la noche se han extinguido y los rayos solares invaden de forma egoísta los rincones con su luminosidad, una luz que él -encogido en una orilla sin ninguna intención de moverse- no observa y no le da importancia mientras sus ideas se concentran putrefactas en su cerebro, listas para morir con cada segundo que pase, ansiosas de desaparecer una vez han cumplido su objetivo de torturarle. Pero Ichimatsu se ve obligado a degradarlas al primer instante pues el ruido que hace Jyushimatsu activa una alarma de alerta en su sistema auditivo, el mismo que le permite darle una mirada desdeñosa aunque profunda a ese sujeto que relaciona a una parte de la cadena que lo ata a esa familia, alguien a quien podría tratar como hermano y mascota sin importarle daño emocional alguno. Lo ve adentrarse al cuarto con aquella inmensa sonrisa, formulando a gritos alguna frase nueva que ha escuchado en alguno de sus sueños y se le queda mirando sin poder apartar su mirada de él. Verlo lo molesta, algo en su interior sólo puede pensar que Jyushimatsu no le agrada y esto no es a causa de que desconoce la razón de su existir sino porque está cegado con su energía ya que esta parece derrochar la misma luz que Ichimatsu asquea y al mismo tiempo siente la necesidad de aspirar esos rayos solares imaginarios que despide su presencia con cualquier acción que realice y por más mínima que sea se descubre adorándola sin tener intenciones reales de hacerlo. Confundido, renuente.

Ambos eran tan diferentes el uno con el otro. Jyushimatsu era todo positivo: enérgico, fuerte, se emocionaba por lo mínimo y cantaba su alegría al mundo sin limitaciones. Ichimatsu era todo negativo: desganado, débil, no se emocionaba por nada ni mucho menos vagaba por el mundo comunicando su tristeza, sus inquietudes; él prefería guardarse todo lo que pasaba a tomar lugar en su mente, prefería pasar desapercibido, que nadie le tomara en cuenta. Ichimatsu sentía bien estar sumergido en la oscuridad, era lo que sus hermanos habían aprendido de su callada figura observando el espacio sin brindar condolencias desde su nido de sombras, por eso era que Jyushimatsu resultaba una entidad fascinante cuando ocupaba un lugar a su lado ya que rompía sus barreras y terminaba por arrebatarle aquello que había forjado con tanto fervor y sufrimiento, hacía notar aún más los polos que resaltaban de sus personalidades; contrario y contrario conviviendo en aparente armonía. A Ichimatsu le gustaba pensar que eran especiales entre sus hermanos, que bastaba que ambos habitaran una misma zona para que complementaran lo que hacía falta en ese ambiente pero la visión de Todomatsu caminando tras Jyushimatsu destrozó el hilo con el que fueron avanzando sus pensamientos, haciéndole sentir extrañamente miserable, extrañamente ofendido, después de todo ni siquiera había pensado en saludar al quinto de los hermanos, ¿por qué afectaría tanto la aparición del sexto entonces? Se convenció que no importaba aún así, mucho menos con ese agarre poco discreto que Todomatsu había realizado sobre el brazo del otro con el objetivo de acaparar su rango de atención

—Espera, Jyushimatsu-niisan, te he dicho que esperes

—Totty dijo que quedarnos en casa todo el día estaría bien, ¿cierto?

—Lo dije pero no especifiqué todo el día, prometiste acompañarme al amanecer

—Estoy contigo ahora

—No me refiero a eso

—¿Ah, no?

Ichimatsu, que apreciaba la conversación sin atreverse a interrumpir, percibió enseguida una atmósfera inusual rodeando las siluetas de aquellos dos. "Se comportan como una pareja" fueron los pensamientos que abordaron la mente del cuarto de los hermanos Matsuno repentinamente pues Todomatsu lucía exigente tras aquella mascara de cariño fraternal y, aunque Jyushimatsu actuara igual que siempre, parecía dispuesto a consentir los caprichos del otro como si fuera una obligación. Ichimatsu jamas los había visto tan cercanos y esto lo inquietó, después de todo pese a considerarse a sí mismos como escorias toxicas vomitivas ninguno era capaz de llegar tan lejos pero la inclinación que cedió Jyushimatsu hacia el menor logró que un escalofrío recorriera su espalda y optara por hacerse notar antes de que ocurriera lo impensable

—¿Sucede algo?— cuestionó sin real interés, Todomatsu reaccionó apartándose del quinto hermano por acto reflejo, sorprendido. Ichimatsu sospechó enseguida sin poder creerse lo que estaban a punto de hacer

—¿Estabas ahí?

—Jyushimatsu...— llamó esquivando la pregunta del sexto —No está bien que te dejes manipular por ese demonio doble cara

—¡De acuerdo!— cuando el nombrado asintió como si nada a sus palabras, Todomatsu explotó en berrinche golpeando el suelo con la suela de sus sandalias

—¡Yo no soy un demonio! Deja de meter cizaña, Ichimatsu-niisan

—Me pareció que tratabas de cometer un crimen a costa de la energía de Jyushimatsu así que era mi deber evitarlo— la sonrisa que se formó en los labios del cuarto hermano reflejaban malicia, una maniobra ventajosa para alimentar la oscuridad dominante en su aspecto, esto enojó a Todomatsu todavía más

—Ichimatsu-niisan, ¿qué estas haciendo?— interrogó Jyushimatsu de paso, la falta de actividad del mayor de los tres le parecía divertida

—Como verás: perdiendo el tiempo

—Oh. ¿Podemos acompañarte?

—¡Jyushimatsu-niisan!— replicó el sexto hermano, inconforme con la idea

—No estoy haciendo nada interesante— aseguró desviando la mirada pues los ojos que le había dirigido Todomatsu terminaron por incomodarlo. Lo único que había hecho era interrumpir una escena que no le había apetecido observar, no le había pedido a Jyushimatsu que lo tomara en cuenta e ignorara al menor; indirectamente él había sido una victima desafortunada —Créeme, van a aburrirse si se quedan conmigo

—Eso no importa porque estaremos con Ichimatsu-niisan— esta vez Jyushimatsu se dirigió a quien permanecía junto a él —¿Verdad, Totty?

—¡Para nada!— Todomatsu no se limitó en rechazar la idea —¿Qué podría tener de divertido permanecer en un rincón sin moverse por quién sabe cuántas horas? Cada vez que Ichimatsu-niisan se coloca ahí no hay qué lo quite, ¿y eso te parece algo entretenido?

—¿Totty?

—¡Ya no importa! Si quieres pudrirte en un rincón junto a él entonces hazlo, yo me voy— con esto dio por terminada la conversación, saliendo hecho una furia del cuarto, esto dejó anonadado al quinto hermano, no llegaba a comprender qué había hecho enojar a su hermanito; en lo que a él respectaba no había hecho nada malo, ¿o, si? Se giró entonces hacia su otro hermano, quizás él podría aclararle la situación.

—Totty se enojó, ¿por qué?

—No me preguntes, yo no sé

Al ver que Ichimatsu no hablaría más al respecto, Jyushimatsu se resolvió en saltar felizmente en dirección a él y sin pedir permiso se dejó caer a su lado de forma descuidada, empujando el hombro del cuarto hermano en el trayecto. Ichimatsu le dirigió a su acompañante una mirada rápida rayando a lo fugaz para devolver su atención a ninguna parte en especial, tan sólo procurando no atender de lleno a Jyushimatsu porque estaba demasiado cerca y esto lo ponía un tanto ansioso; nunca le había gustado que alguno de sus hermanos invadiera su espacio personal pero el quinto Matsuno siempre pasaba por alto estas reglas entre hermanos, como si una sonrisa suya fuera suficiente para absolverlo de sus faltas cuando jamas fue de esta manera.

—Las cosas han estado extrañas desde ayer, ¿verdad?— Ichimatsu emitió un sonido desganado indicando con esto que lo escuchaba —¿Sabes? Escuché a Choromatsu-niisan decirle a mamá que estaría fuera de casa la mayor parte de tiempo, creo que por encargos de su trabajo o algo así

—¿Ah, si?— el cuarto Matsuno respondió por inercia, escuchando sin escuchar

—Karamatsu-niisan también se ha estado comportando raro, camina de un lado a otro susurrando cosas mientras está aquí. Anoche lo vi frente a un cuarto oscuro mirando adentro con la respiración agitada, sonaba como si estuviera llorando— aunque no lo pretendió, inevitablemente sintió cierto interés hacia aquel relato porque él había vivenciado este suceso hace poco y no pudo evitar preguntarse el impulso de Karamatsu para terminar en ese estado sino había nada nuevo en la casa de sus padres o algo que ocasionara esguinces emocionales o psicológicos en ellos. Su hermano mierda estaba desarrollando algo que ni siquiera él -con toda su oscuridad- lograba comprender pero intuía que algo sucedía con sus hermanos, algo de sumo peligro, siniestro —Cuando Karamatsu-niisan y Choromatsu-niisan se encontraron esta mañana, Choromatsu-niisan lo miró como si quisiera matarlo, me sorprendió...

—Jyushimatsu...— le interrumpió súbitamente antes de que siguiera hablando y acabara por cambiar de tema —¿Sabes si Choromatsu-niisan y Osomatsu-niisan hablaron a solas ayer?

—Para nada

—¿Y Mierdamatsu?

—Humm... no lo sé

Ichimatsu ensombreció en respuesta a la ignorancia del menor pues esta era una de las características que más odiaba de Jyushimatsu, ¿por qué parecía que se enteraba de todo lo que acontecía entre sus hermanos pero cuando preguntaba algo en especifico ya no? Al final de todo, ¿qué podía saber él si se mantenía sumerjido en su mundo sin darle al menos un vistazo a la realidad de cada día? Ichimatsu estaba malgastando su saliva con él, mejor se limitaba a escuchar y responder como hizo siempre, tal vez de ese modo no estresaría a su organismo como comenzaba a suceder

—Bien, no me importa

—Por cierto, Ichimatsu-niisan, ¿cómo va tu trabajo? ¿En qué trabajas?— cuestionó el menor con curiosidad genuina y una sonrisa que perturbó un poco al otro

—Trabajo en una veterinaria así que va bien

—¿Ehhh~ ? Trabajas en una veterinaria... deben gustarte mucho los animales

—Si— Ichimatsu bajó la mirada con una sonrisa plagada de una emoción distinta a las que solían gobernar sus músculos faciales, revelando un lado de Ichimatsu que poco conocía el mundo existiendo tan hondo y oculto en su interior —Me encantan los animales, ellos son más leales, más agradecidos y no les importa cómo seas para otros humanos, siempre estarán a tu lado y te apoyarán sin poner condiciones, yo... los amo

—Jehe, eso es bueno

—Lo es

Por primera vez Ichimatsu le dedicó a Jyushimatsu una sonrisa pero esta no era más aquella sonrisa enternecida que se delató en un principio, no era tal que se dibujaría en el rostro de una persona con moral, consciencia o sanidad pues aquella sonrisa pertenecía a alguien que ha echado su cordura a un abismo y cedido ante la demencia de este, una que Jyushimatsu no diferenció de otras sonrisas y que sólo relacionó con un gesto que su hermano mayor haría para validar sus sentimientos, no interesandole mucho que estos expulsaran un olor a podrido o carne cortada porque era su hermano y lo quería como era.

—Dime, ¿qué prefieres? ¿A los humanos o a los animales?

—A los animales

—¡Woah~ ! ¡Ni siquiera lo pensaste! Eres genial, Ichimatsu-niisan

—¿Lo crees?

—¿Los animales o las plantas?

—Supongo que... los animales, no logro entender a las plantas

—¿Y si te dieran a escoger entre los perros y los gatos? ¿A quiénes preferirías?

—¿Por qué te interesa tanto saberlo?

—Es que quiero saber todo sobre Ichimatsu-niisan

—¿Por qué?— cuestionó esta vez sintiéndose un tanto ansioso por conocer la respuesta, reconocía ser quien pasó más tiempo junto a Jyushimatsu, descubriendo y tratando sus inquietudes hasta que las circunstancias de la vida los tiró contra la sociedad pero aquello era una cosa, Jyushimatsu anhelando algo más de él era otra cuestión muy distinta

—Porque Ichimatsu-niisan es Ichimatsu-niisan

—Que absurdo— fue lo único que pudo poner en sus labios el cuarto de los Matsuno, notando que una extraña calidez florecía dentro -muy dentro- de su ser —Supongo que no se puede evitar— la mano de Ichimatsu se posó sobre la cabeza del menor, la cual acarició como si se tratara de un perro, para Ichimatsu eso era su hermano menor —Puedes preguntarme lo que quieras mientras no trates de entenderme

—¡De acuerdo!

—¿Eso te hace feliz?— los ojos del mayor se mostraron curiosos

—¡Si! ¡Muy feliz!

—Entonces está bien

—¿Qué hiciste para conseguir el trabajo de veterinario si nunca fuiste a la universidad?— Jyushimatsu dio inicio a las preguntas enseguida sin borrar un instante su extensa sonrisa, una que correspondió Ichimatsu de manera sombría, oscura.

—Amenacé con matar al dueño de la clínica

—¿En serio?— cuestionó el menor con ojos emocionados

—Si, aunque lo maté de todas maneras, no me servía

—¿Qué era lo primero que hacías cuando te levantabas por las mañanas?

—Mirar por la ventana a la gata de mi vecino

—¿Era bonita?

—Sorprendentemente hermosa

—¿Cómo terminaste con los dientes afilados?

—Una noche mientras ustedes dormían me encerré en el baño y quebré de uno en uno

—¿Y no te dolió?

—Esa fue la mejor parte— Ichimatsu respondió esa pregunta con la respiración agitada y el rostro un poco colorado, dejándose relamer sus dientes con cierta lascivia, degustando en su boca el sabor a sangre tiñendo su torcido recuerdo

—¿Por qué te gusta el dolor, Ichimatsu-niisan?

—¿Eso importa?— interrogó Ichimatsu sin poder reducir la excitación que las memorias habían causado en su cuerpo, despiertas ahora como si estuviera de vuelta a un pasado donde el color carmesí se derramaba de entre sus labios, pintando el lavabo del baño y manchando el cristal del espejo frente a él junto a todo el vitral. Jyushimatsu negó efusivamente con la cabeza, entretenido con las reacciones de su hermano, por alguna razón le encendía ver de esa manera a Ichimatsu, por algún extraño motivo sentía su pantalón apretarse como le ocurría cada vez que le echaba un vistazo a sus revistas pornográficas acompañadas de su enciclopedia de insectos. Lo consideraba una buena combinación y aunque no entendía de qué iba aquella sensación desconocida, con cada pregunta seguida por una respuesta sentía a su entrepierna cada vez más dura, a su vientre recibir más cosquilleos y a su corazón acelerarse. No podía ni quería parar. Hacerle preguntas a Ichimatsu era lo mejor. Sus reacciones le recordaban a las de las actrices porno aunque no tuvieran nada que ver en el presente.

—Oye, Ichimatsu-niisan...

—¿Humm?

—¿Por qué eres Ichimatsu-niisan?

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—Es que... — cuando Jyushimatsu se colocó a gatas, Ichimatsu retrocedió instintivamente —... a veces no te veo como Ichimatsu-niisan. Ahora mismo no veo nada, no puedo ver a Ichimatsu-niisan— el rostro de Jyushimatsu se acercó, inspeccionando el rostro del mayor con total entrega, como si la distancia entre sus rostros no fuera suficiente reducida. Los ojos del cuarto hermano se dilataron con sorpresa, un latido proveniente de su corazón habia advertido a todo su sistema nervioso la gestación de un escalofrío viajando de la cabeza hasta la punta de sus pies. Se sentía como si fuera absorbido por un agujero negro, aquel que reside en las galaxias más remotas del universo reflejadas en el par de ojos que acosaban su espacio, hipnotizandolo; estaba siendo arrastrado por la locura que habitaba el subconsciente de Matsuno Jyushimatsu—¿Por qué no te veo si estas aquí?

Aquella sonrisa dejó paralizado a Ichimatsu por eternos segundos, nunca se había percatado de ese extraño poder que su hermano menor poseía y que parecía usar involuntariamente con quien lo miraba directo a los ojos. Ichimatsu era oscuridad, una oscuridad que por vez primera se supo intimidada por una caótica pureza cuya pasividad era letal y autodestructiva, una grieta superficial capaz de romper con el equilibrio del universo, una fisura insignificante con fuerzas inimaginables, al menos así lo vio el cuarto Matsuno después de adentrarse a esos mares turbulentos por un considerable momento. Los labios de Ichimatsu dibujaron al fin una sonrisa, sadismo jugando el papel de la comprensión total.

—Aquí estoy, Jyushimatsu. No he ido a ninguna parte— Jyushimatsu retrocedió, escuchando al otro con suma atención —Estoy contigo, ¿recuerdas? Y también tú estas aquí conmigo, los dos estamos aquí

—¡Es verdad!— con igual entusiasmo Jyushimatsu asintió, ajeno a la lucha mental que había dado lugar entre ambas mentes mientras Ichimatsu -quien fue consciente a medias de lo que ocurría- se tomó un merecido respiro; el quinto Matsuno jamas lo sabría pero el polo positivo había sido contrarrestado por el polo negativo, por ahora.

—Jyushimatsu... algo está ocurriendo en esta casa

—¿Eh? ¿Qué cosa? ¿Qué cosa?

—Algo grande, algo sorprendentemente grande— anudó gestando una sonrisa, confiado en despertar el interés de su hermano menor para engatusarlo, usando sus ojos y oídos para su propio beneficio resolvería el misterio que abordaba a cada uno de sus hermanos. Jyushimatsu no tardó en sentirse atraído por las palabras del otro igual a un niño al que le es ofrecido un dulce —¿Me ayudarás a averiguarlo?

—¿Qué quieres que haga?

—Vigila cada movimiento de Choromatsu-niisan, yo me haré cargo de Osomatsu-niisan y Mierdamatsu pero procura que no lo note. Cualquier actividad rara que veas comunicamelo, ¿entendiste?

—Lo entiendo

—Y, Jyushimatsu... — sus ojos volvieron a posarse en el quinto destilando severidad y amenaza tras una sonrisa maliciosa —... no vayas a decírselo a Todomatsu

—¿Por qué?

—Esta será una misión secreta sólo para ti y para mi, nadie más que nosotros debe saber sobre esto, de otro modo moriremos

—De acuerdo, no se lo diré jamas a Totty. Es un secreto entre Ichimatsu-niisan y yo

Ichimatsu aproximó el dedo meñique a su boca y en este clavó sus colmillos para que de su herida brotara un hilo de sangre, Jyushimatsu no pudo entender el motivo de ello hasta que su hermano elevó su dedo ahora manchado hacia él y le imitó mordiendo tanto como pudo la yema de su dedo para que juntos sellaran el pacto de sangres; un ritual que no solían llevar a cabo a no ser que el asunto fuera de suma importancia. Jyushimatsu sabía que era una de las pocas promesas que nunca en la vida debían romperse y debía avanzar del mismo modo que avanzaba el tiempo de sus vidas, tomando en cuenta que nadie más que ellos dos conocían las reglas y las consecuencias de romperlas, después de todo ellos -entre sus hermanos- eran especiales.

Jyushimatsu e Ichimatsu sabían algo que los demás no.