Enamorada de mi mejor amigo.
Capitulo 7
Era mediados de la mañana, Albert se había levantado unas horas mas tarde de lo acostumbrado; aunque era sábado el rubio había decidido no ir a la oficina por lo que le dejo bien claro a George que si aparecía por la mansión con documentos de la oficina, él mismo lo descuartizaría vivo. Había sido una semana sumamente agitada preparando lo último para la gran inauguración, por lo que en esos momentos no quería saber absolutamente nada sobre el evento.
Estaba en su despacho organizando todo lo necesario para el próximo viaje, viaje que haría junto con toda la familia Andrew. Dicho viaje era el más esperado por parte de la Tía Elroy; tendrían que ir a Escocia para la gran celebración de los 500 años de existencia del prestigioso "Clan Andrew". Albert se sentía muy emocionado por ello ya que deseaba reunirse con muchos primos y tíos que no miraba desde que era niño, pero por otro lado sabía que desde que pisara tierras escocesas no tendría mucho tiempo libre. Decidió dejar a un lado esos papeles y cogió el periódico para darle una rápida ojeada.
Como siempre habían muchas noticias, "El incremento del petróleo", "El cierre exitoso de la banca neoyorquina" etc, etc…. Paso la hoja y llego a la sección de sociales, cancinamente se percato que estaba de nueva cuenta la famosa encuesta, Terry iba ganando, sin un atisbo de interés siguió pasando la hoja, de pronto toda su atención cayó sobre una foto que aparecía allí. En esta se apreciaba una joven de tez muy blanca, alta, elegante y su cabello de color rojo. Dicha dama era su prometida oficial.
-¿Qué haces aquí en América? –Dijo Albert en voz alta, mientras acercaba el periódico un poco más a él-
El encabezado hacia mención de la gran fiesta en honor a la presentación ante la sociedad de la señorita Lizzie Bell, miembro de una de las familias más importantes de New York. Por motivos de negocios Albert había rechazado la invitación y ahora daba Gracias a Dios de no haber ido. Al pie de dicha foto se leía: La señorita Daisy Marshall a lado de la señorita Lizzie Bell. A Albert no le agradaba la idea de que Daisy Marshall su "Prometida" estuviera en América.
El magnate decidió no pensar más en eso, al fin y al cabo ella estaba en New York no en Chicago, así que doblo el periódico por mitad y lo dejo sobre el escritorio. Se recostó en su silla y se giro, para como siempre perder su mirada a través de la gran ventana que daba al jardín. Luego unos diez minutos después de no pensar en nada, en su pecho se arremolino un deseo grande, de ver entrar en ese mismo instante a Candy por la puerta… Pero eso iba a ser demasiado hermoso para ser real.
-Con que aquí estas –Dijo Candy entrando ese mismísimo instante-
La pecosa había logrado escapar de las garras de la Tía Elroy, dejando a una acalorada Fátima discutiendo por el vestido que debía utilizar en la presentación. Mientras ambas discutían si el color le favorecía o no, Candy aprovecho salir en puntillas del salón. Una vez lograda semejante hazaña decidió ir en busca de su mejor amigo.
-Candy –Dijo Albert admirado, prácticamente la había invocado con el pensamiento-
-Hola –Saludo acercándose a él-
-Hola
Albert la quedo observando detenidamente ¡Realmente Candy era hermosa! La pecosa usaba un vertido totalmente blanco, era de tirantes finísimos, pegado hasta la cintura y luego un poco suelto hasta llegar a las rodillas, usaba unas zapatillas bajas y su cabello lo llevaba amarrado en una sola coleta, de la cual se desprendían varios rizos rebeldes. El rubio tuvo que girar la cabeza a un lado para dejar de verla, pues sino Candy se percataría de su escrutinio, pero ese movimiento había hecho que le doliera el cuello por lo que hizo una mueca de dolor.
-¡Auch! –Se quejo llevándose una mano a su cuello-
-¿Qué te sucede? –Dijo Candy preocupada-
-Es que tengo un dolor terrible en el cuello y los hombros.
-Hmmm, debe ser por el estrés del trabajo ¿Te duele mucho? –Pregunto Candy examinándolo con los ojos-
-Si… Es un poco molesto.
-De acuerdo ya regreso –Comento caminando hacia la puerta- En mi botiquín tengo una pomada para ese tipo de dolores, te hare un masaje.
-Candy no te preocupes, no necesito…. Ya se fue –Dijo viendo la puerta por la cual había salido la pecosa-
Albert decidió ponerse de pie y se acerco mas a la ventana, observo dos pajaritos que volaban mientras se picoteaban entre ellos, ambos tenían un juego de coquetería. El rubio se puso un tanto incomodo ¿Había dicho Candy que le iba hacer un masaje? Oh-Oh eso no sería una buena idea, ya que solo de imaginárselo sentía una sensación de mariposas en su estomago.
-De acuerdo aquí estoy –Dijo Candy entrando al salón nuevamente-
Albert se giro bruscamente pero no avanzo hacia ella, se quedo estático sin dar un tan solo paso, dirigió su mirada hacia las manos de Candy y en efecto allí traía la pomada.
-Y bien –Dijo Candy, terminando de destapar el tubo de la pomada-
-Esto… si, claro –Murmuro sin moverse-
-Bueno… -Hablo insinuante mientras lo miraba a los ojos- Quítate la camisa.
Hasta en ese momento Candy entendió el "pequeño" problema al que se había metido, ¡Vería a Albert sin camisa! No, no solo lo vería sino que lo tocaría.
-Candy por Dios tranquilízate –Pensó- Ya lo has visto sin camisa y también lo has tocado, no es la primera vez.-Y era cierto, la rubia le había tenido que vendar y curar unas heridas provocadas por un León, unos años atrás–Además, como enfermera tuve que ver y tocar a muchos pacientes, así que esto no me tiene que incomodar, tengo que actuar como la enfermera que soy –Se dijo firmemente-
Por otro lado Albert hacia lo que Candy le había sugerido. Ese día el rubio había decidido vestirse con su ropa preferida, por lo que primero se quito la chaqueta, dejando su camisa negra la cual se pegaba a su bien formado pecho. Candy aparto renuentemente la mirada sobre él, pues sino este notaria su insistente mirada, pero casi se desmaya cuando unos segundos después regreso a observarlo, Albert ya no llevaba ninguna camisa encima. Trago saliva con dificultad, era tan aterradoramente bello ¿Por qué tenía que ser Albert tan perfecto? La pecosa estudio todo su pecho, su piel bronceada y aterciopelada, sus hombros anchos, hasta su abdomen dulce, fuerte y plano. Mientras Candy recorría con su vista toda esa "Área" noto las cicatrices que tenia Albert causadas por el León que les había atacado, estas casi no se notaban eran unas pocas líneas finas que trazaban parte de su pecho. Casi como hipnotizada Candy se acerco, estiro su brazo y con sus finos dedos muy delicadamente trazo cada una de las cicatrices.
Albert sin entender porque, se quedo inmóvil esperando que Candy se acercara a tocarlo, al parecer esas eran las intenciones de ella y muy al fondo los deseos de él. En el mismo instante en que la pecosa rozo su dedo con el cuerpo de Albert, este sintió una corriente eléctrica que inicio desde sus pies hasta su cabeza, al parecer Candy lo había sentido también pues aparto la mano rápidamente como si se hubiera quemado. Candy parpadeo varias veces como saliendo de su ensoñación, aclaro su garganta y dijo:
-Siéntate-
Albert obedeció sin decir nada, pues tenia totalmente seca la garganta, solo pensaba en que estaba en serios problemas ¿Qué pasaría si no se lograba controlar? ¡No era de hierro! La rubia se situó detrás de él, puso una pequeña cantidad de pomada en sus manos y luego procedió a frotarlo.
-¡Auch! Candy eso duele –Se quejo Albert todo adolorido-
-Lo siento, es que de verdad estas muy tenso, necesito que te relajes.
-¿Qué me relaje? –Pensó Albert- ¿Cómo me pides eso Candy? No podre hacerlo, no cuando te tengo tan cerca.
Albert cerró los ojos y empezó a contar números ¡A lo que tenía que recurrir! -1, 2, 3….99…101- La única forma de "Relajarse" era dejar volar su mente fuera de las sensaciones que despertaban los roces que le proporcionaban las cálidas manos de Candy. Por otro lado Candy no se la estaba pasando del todo bien, sentir el calor que emanaba el cuerpo tan sensual de Albert la estaba descontrolando, sentir cada parte de su piel, rosar su mano por su cuello, sus hombros, espalda… ¡Sus manos se movían solas! Tímidamente las deslizo lentamente por su pecho y empezó a acariciarlo, la rubia no se pudo contener más y lo abrazo colocando su barbilla sobre el hombro de Albert. Albert apretaba el reposa brazos del mueble, sentía que si aflojaba su agarre se daría la vuelta y la besaría; Candy prácticamente embriagada acerco sus labios al oído de Albert y le susurro:
-Te quiero Albert –Aunque su corazón gritaba TE AMO, pero no tuvo el valor de decirlo
El rubio se quedo bastante impresionado, sinceramente le complació muchísimo saber que ella lo quería, pero aun así habría dado todo para que lo amara, pero eso nunca iba a pasar una vez más se recordó que Candy amaba a Terry.
-Yo también te quiero princesa-
El corazón de Candy dio un brinco, le había llamado "Princesa", esa palabra había sido como una canción para sus oídos. En un inicio le sorprendió pues él siempre le decía "Pequeña" escucharle decir esa nueva palabra la emocionaba; ella lo miraba como su príncipe ¿Sería posible que Albert la mirara como una princesa? Sutilmente la pecosa poso sus labios en la mejilla de este obsequiándole un tierno beso, luego iba decir algo cuando alguien toco a la puerta y sin esperar respuesta esta se abrió.
Candy rápidamente se soltó de Albert y se giro para observar quien era; el rubio no necesito ver de quien se trataba pues solo había una persona que hacia eso –Tocar a la puerta y no esperar el pase correspondiente-
-Hola Tía –Saludo Albert, se puso de pie, tomo su camisa y se giro para observar a la señora Elroy-
-¿Qué estaban haciendo? –Pregunto con curiosidad la señora Elroy mientras terminaba de entrar al salón seguida por la Señorita Victoria Royce-
-Le di un masaje a Albert Tía –Se apresuro a contestar Candy- Esta demasiado estresado –Agrego sonrojándose al notar que la Tía la miraba… ¿Pícaramente?-
-Hmmm –Murmuro- Bueno, en todo caso solo venía a decirte William, que llamo George y dijo que viene en camino con la sorpresa
-De acuerdo
La Tía se dio la vuelta y salió del salón sin agregar nada más. Victoria nerviosamente observo como Albert se ponía la camisa ¡Nunca se imagino que miraría a su amigo sin camisa! ¡Vaya cuerpazo el que tenía! Por otro lado también se sentía un poco incomoda, pues era un hecho que estaba de mas ahí. Vicky se iba a disculpar y salir pero Albert hablo:
- Veo que al final te animaste a venir –Dijo el rubio dirigiéndose a Victoria-
-Esto… Si –Balbuceo-
-Creo –Intervino Candy- Que iré a buscar a los chicos. –No deseaba estar un instante más ahí, ella también se sentía de más-
-Espera –Dijo Albert- Tengo pensado que hagamos un picnic entre los tres. ¿Qué dices Candy, te animas?
¿Picnic? ¿Albert quería hacer un picnic involucrando también a Victoria? No obvio que no iría, jamás estaría ella ahí de alfiletero, por supuesto que no. Candy muy decidida a decir que no observo los ojos azules tan celestiales de Albert y…..
-Por supuesto sería fantástico –Respondió-
¿Cómo decirle que no cuando la miraba de esa manera? ¡Rayos! Sabía que se iba arrepentir, ya empezaba a lamentar no haberle dicho que no, pero su boca se había movido sola afirmando la propuesta de Albert, la rubia respiro hondo, necesitaba una ayuda divina para la tortura que le esperaba, porque eso era ¿Cierto?
-Perfecto –Dijo Albert emocionado-
-Si estupendo –Opino sinceramente Victoria- Que bueno que vienes –Dijo observando a Candy- Me gustaría conocerte un poco mas Candy, aunque como ya te he dicho Albert me ha hablado mucho de ti.
-Si claro –Pensó con sarcasmo Candy- A mí también me gustaría conocerte más –Dijo suavemente- Bueno… iré a guardar esto –señalo la pomada- Ya regreso.
Victoria y Albert observaron como Candy salía del salón, tras desaparecer esta por la puerta Albert soltó una boconada de aire, se sentó en el mueble y se paso ambas manos por la cabeza.
-Si no hubieras entrado no se que estaría haciendo ahora –Dijo algo confundido y desesperado-
-Pude notarlo.
-Su cercanía me descontrola, nunca me había pasado esto con ninguna mujer, solo con Candy.
-Es porque la amas –Afirmo Victoria viéndolo directamente a los ojos- ¿Por qué no se lo dices?
-Ya hemos hablado esto Vicky –Dijo Albert cansinamente- Eso jamás pasara –Se puso de pie y se acerco un poco a Victoria.
-Pienso que eres un tonto Albert, ella te quiere.
-Claro que me quiere, como un hermano mayor.
-No… A mí no me pareció ver eso
-De acuerdo, me quiere como el amigo que soy.
-No me refiero a eso, creo que le gustas.
-Vicky... Claro que no –Victoria Arqueo una ceja- Si fuera así, ya lo sabría, la conozco muy bien –Agrego Albert-
-Si claro –Comento con sarcasmo- ¿Sabes que Albert?, Te ama pero estas tan siego que no lo ves.
-Ella misma me dijo que ama a Terry, yo solo soy el amigo incondicional
-Albert, la estas dejando ir –Informo muy decidida Vicky-
-¿Ah sí? –Dijo Albert, observándola con malicia- ¿Y qué me dices tú eh?
-Esto no se trata de mi –Murmuro observando un lindo jarrón que atrajo su atención-
Victoria se acerco a la mesa sobre la que estaba el jarron, era un jarrón oriental de cerámica esmaltada en color turquesa, en el resaltaban unos bellísimos dibujos orientales. El jarrón estaba decorado con lirios blancos.
-¡Qué lindo jarrón! –Comento Vicky admirándolo detenidamente-
-Gracias, lo compre en uno de mis viajes –Dijo Albert acercándose y poniéndose a la par de Victoria-
La mesa era tallada en madera estilo Luis XV, dorada con tapa de mármol, daba un toque de elegancia y una espléndida decoración para el finísimo despacho de la lujosa mansión Andrew.
-Sabes que creo –Dijo Albert continuando con la conversación anterior- Que eres tú la que está dejando ir a la persona que amas.
-No. Sabes que no puedo luchar por él.
-Si puedes Vicky, lo amas –Victoria esquivo la mirada de Albert sin decir nada, por lo que el rubio continuo- Y el te corresponde, tú misma me lo has dicho.
-Sabes –Dijo sin observar aun a Albert- Eso es lo más doloroso.
-No –La contradijo- Lo más doloroso es no ser correspondido.
-Te equivocas Albert, realmente, en mi caso saber que Dominique me ama y que yo le amo, duele, créeme realmente duele –Dijo tristemente-
Dominique es el actual mano derecha de Henry Royce, padre de Victoria. El padre de este era el anterior fiel administrador de la familia, pero unos diez años atrás falleció debido a una terrible enfermedad. Dominique y Victoria han crecido juntos y desde siempre han estado enamorados, pero la diferencia social que hay entre ambos es un gran abismo que no tienen valor de sobrepasar y menos Victoria, la cual siempre ha cumplido al pie de la letra lo que su madre y padre le indican.
-Vicky, sabes que yo… podría ayudarte.
-Lo sé Albert, pero…. Simplemente no puedo, compréndeme por favor –Dijo con los ojos aguados, luego agrego- Pero tú si puedes Albert, solo díselo.
-¿Se te olvida el gran problema que se me armaría? Solo tengo dos opciones y ya sabes cuales son.
Victoria se quedo pensativa, claro que sabia cuales eran las opciones de Albert; Ella o su prometida oficial Daisy Marshall. ¡Vaya problema! Sus vidas sí que eran complicadas, el rubio debía elegir entre dos mujeres que no amaba y al parecer la que amaba, no le amaba. Pero si bien Victoria no conocía muy bien a Candy esta había empezado a notar que los ojos de la pecosa reflejaban un gran amor hacia Albert, su sexto sentido de mujer le decía que no era amor fraternal, mucho menos el de una hija hacia un padre…. Así que se propondría a averiguarlo.
-Te propongo algo –Dijo Vicky, Albert la observo con curiosidad- El día que tu le digas a Candy que la amas, yo luchare por mis sentimientos hacia Dominique.
-¿Eh?... Vicky, eso nunca lo hare –Aseguró el rubio-
-Bueno eres un cobarde.
-Claro que no, si yo supiera que ella me ama, lucharía. ¡No como tú! Sabes que te ama, tu le amas y no haces nada –Replico-
-Bueno, soy una cobarde lo acepto, y tu también lo eres, así que por lo visto tu y yo terminaremos casados –Dijo quebrándosele la voz. Era la verdad, ella no tenía valor para enfrentar a sus padres.
Albert la tomo de la mano, sutilmente la atrajo hacia él y la abrazo, unos instantes después se separaron un poco y Albert acariciándole la mejilla dijo:
-Me hubiera gustado enamorarme de ti y amarte locamente Vicky.
-A mi también Albert, aunque –Dijo pensativa- No puedo negar que me atraes.
-Tú también me atraes
-Pero no nos amamos.
-No –Afirmo Albert- Crees que algún día nos podamos…
-¿Amar? –Completo Vicky- No lo sé.
-Espero que sí, quisiera que ese día llegase y poder decirte "Te amo" –Dijo Albert observándola dulcemente a los ojos.
Candy regresaba de su habitación, aun no muy convencida de que fuera buena idea ir de picnic con Vicky y Albert, de verdad no se sentía cómoda estar con ellos. Pensándolo bien podría decir una mentirilla y poner de excusa un fuerte dolor de cabeza, pero Albert la conocía tan bien que estaba segura que la descubriría. Ni modo, tendría que ir. La pecosa llego y se dispuso a empujar la puerta pues esta estaba semi-abierta, al hacerlo logro escuchar las últimas palabras que Albert decía "Te amo". Sintió de golpe como todos sus sentimientos se desprendían y caían al suelo, hechos en mil pedazos. Se quedo inmóvil, paralizada, sin reacción, su mente se puso en blanco sonando únicamente en su cabeza las palabras "Te amo". Para Candy esas palabras a sus oídos eran incomprensibles, comprenderlo era endemoniadamente difícil para su corazón. Al instante quiso dar media vuelta y salir corriendo de allí, pero lastimosamente la puerta había soltado un crujido al empujarla, sonido que llamo la atención de los chicos dentro del salón.
-¿Ya estas lista Candy? –Pregunto Albert soltándole la mano a Victoria y caminando hacia ella-
-Si –Murmuro monótonamente-
-Genial, entonces salgamos de aquí señoritas –Dijo extendiendo sus brazos para que ambas damas lo tomaran de un brazo cada una.
Candy sacando fuerzas que ella misma no sabía de dónde, se propuso a no pensar en lo que acababa de escuchar, la razón: no quería que Albert se percatara de lo dolorido y triste que tenía el corazón; además ¿Que explicación daría? Se suponía que como amiga debería sentirse feliz de que él ame a alguien, feliz y apoyarlo. Aun así estaba a kilómetros luz de estar feliz, pero como amiga sabía que tenía que apoyarlo, por lo que decidió hacerlo.
Dos horas después los chicos seguían sentados sobre la grama conversando en la parte trasera del jardín. Para Candy era algo increíble y aun no lo podía creer, la pecosa estaba perpleja, el picnic no había sido nada como se lo había imaginado ¡Se había divertido muchísimo! Victoria era una persona extraordinaria, divertida, alegre, ocurrente, nada que ver como las típicas señoritas de la sociedad. Ciertamente Victoria era toda una dama, pero muy al estilo de una chica totalmente sincera y sin prejuicios. Si bien Candy había notado lo sencilla que era el día que la conoció por primera vez, ahora lo confirmaba. Vicky era una hermosura de persona.
De todo esto a Candy le molestaban dos cosas: la primera era saber que Albert amaba a Victoria y la segunda era que no la podía odiar por ello. ¿Cómo hacerlo? En estas dos horas de picnic se habían hecho amigas, y peor aun ver como Albert las miraba con emoción al notar lo bien que se estaban llevando, la hacía comprender que no tenía ningún derecho de molestarse. Concluía que simplemente no podía odiar a Vicky y menos a Albert, cualquier hombre fácilmente se podría enamorar de Victoria, la joven era un encanto además sumamente hermosa físicamente.
Candy observo a sus dos amigos; así es Victoria era ahora su amiga. Victoria le estaba comentando algo a Albert en esos momentos, verlos le hizo comprender a Candy que ella sobre todas las cosas quería la felicidad de Albert., él más que nadie se lo merecía. Lo amaba eso lo tenía más que claro, pero por ese gran amor que le tenía lo apoyaría en todo, guardaría sus sentimientos para ella y estaría con él como siempre.
-Señor William –Dijo George- La sorpresa está en su despacho.
Candy por estar ensimismada en sus pensamientos no había sentido llegar a George. La pecosa lo observo, estaba como siempre fundido en su impecable traje negro y con su seriedad muy característica.
-Gracias George –Dijo Albert- Avisa a los chicos por favor –Agrego-
George hizo una pequeña reverencia y partió rumbo a la mansión. Albert se puso de pie y dijo:
-Candy necesito que vengas conmigo.
-¿Al despacho? –Pregunto esta-
-Sí, necesito que veas algo –El rubio se giro y observo a Victoria- ¿Me esperas aquí? –Pregunto-
-Por supuesto, aquí estaré –Contesto Vicky con una sonrisa-
-Genial, vamos Candy.
Albert le brindo su mano a Candy para que esta se pusiera de pie fácilmente. Luego ambos rubios tomados de la mano se encaminaron hacia la mansión. Victoria los quedo viendo unos momentos, a su mente acudieron los recuerdos de como Albert tiempo atrás había sido su luz en ese túnel tan oscuro en el que se encontraba, la situación era bastante irónica porque ella también era la luz de él. –Suspiro- No entendía si la decisión que ambos habían tomado era buena o mala.
Vicky cerró los ojos y recordó como una tarde a la hora del té escucho a su madre conversar con sus amigas, para ese entonces solo tenía unos diez años por lo que no entendió muy bien a lo que se referían, su madre les decía que ella –Victoria- ya estaba comprometida, por lo que cuando tuviera la edad adecuada contraería matrimonio. Años después cuando fue presentada en sociedad su madre le presento a su "Prometido" –Vicky apretó los ojos- El hombre, es decir su prometido era bastante mayor que ella, pero ese no era el problema, sino que por alguna razón desde que le conoció ella tuvo una sensación extraña hacia él, él le daba miedo, sentía que era un hombre malo… Y no se equivocaba. John el nombre de su "Prometido" había logrado quedar a solas con ella, momento justo que aprovecho para "Comprobar" si era realmente virgen. –Vivky limpio sus lagrimas que corrían por sus mejillas, se había prometido no volver a llorar- Ese hombre nunca más la había vuelto a tocar, pero ¿Qué importaba? El daño ya estaba hecho.
Victoria nunca les ha revelado a sus padres lo que sucedió en su noche de presentación en sociedad. Lucho con todas sus fuerzas para que su madre deshiciera ese matrimonio, pero ella simplemente argumento que ese era el hombre adecuado para ella. Recordó que su padre al verla tan triste discutió con su madre, discusión que termino provocándole un paro cardiaco.
Vicky observo el cielo, las nubes se movían lentamente. Sus recuerdos siguieron proyectándose en su cabeza, recordó la conversación que sostuvo con su padre en el hospital, lugar que permaneció interno una semana.
-Me mandaste a llamas –Había dicho ella entrando a la habitación-
-Sí, necesito decirte algo hija –Dijo débilmente su padre- Se que me debes de odiar y no te culpo. Tu madre siempre ha hecho lo que ella quiere y lo que cree que es bueno. La he mala acostumbrado, contradecirla no es muy buena idea. –Victoria no dijo nada- No te puedo librar de ese compromiso hija lo siento…. Pero tal vez existe una posibilidad de "medio" resolverlo.
-¿A qué te refieres? –Pregunto Vicky confundida-
-Hay un joven que probablemente te busque.
-¿Un joven? ¿Qué joven?
-No quiero darte falsas esperanzas, pero solo si él te busca y te propone matrimonio te podrás casar y librarte del señor John.
Años después llego el joven que había dicho su padre, era Albert. Aun se preguntaba si realmente Albert era su salvador o ambos se estaban condenando. Su madre desde que Albert apareció, se ha tomado la tarea de recordarle lo poderosa que es la familia Andrew y lo orgullosa que esta de ella por "Cautivar" al jefe de ese clan. Momentos como ese Victoria odiaba a su madre, siempre tan superficial e interesada, todo lo contrario a su amoroso padre. Victoria siempre ha creído que el único pecado de su padre es ser tan débil y no enfrentarse a su esposa, hacerle entender que la felicidad no está solo en lo material sino que también en los sentimientos de las personas.
Victoria salió de sus pensamientos al escuchar un ruido, giro su cabeza hacia la derecha y observo que los hermanos Leagan se acercaban a ella.
Neal y Eliza que habían estado con su madre toda la mañana aprovecharon a salir al jardín mientras Sarah era llamada por la Tia Elroy. Ambos hermanos sonrieron al observar que Victoria estaba sola, era el momento preciso para llevar a cabo su plan, se encaminaron hacia donde estaba ella.
Albert y Candy estaban llegando al despacho, la rubia estaba pensativa ¿Qué era exactamente esa sorpresa a la que se había referido George? Albert poso su mano en la perilla de la puerta y antes de abrirla dijo:
-¿Estas lista para mirar mi sorpresa?
-Sí, pero dime ¿Qué es Albert? –Dijo Candy con mucha curiosidad-
-Jajaja Si te lo digo, ya no será sorpresa Candy –Dijo Albert abriendo la puerta-
Ambos rubios entraron al despacho, lo siguiente que sintió Candy fueron unos brazos que cariñosamente la envolvían. La pecosa al instante reconoció a la persona que la abrazaba.
-¡Patty! –Dijo Candy emocionada- ¡Estas aquí!
-Candy, ¡Cuánto tiempo sin vernos!
Ambas jóvenes no dejaban de abrazarse y saludarse entre ellas, el rubio tenía una gran sonrisa al ver a Candy tan feliz. En ese momento tocaron a la puerta, Albert dio el pase y por esta entraron Archie, Annie –Que acababa de llegar- y Fátima.
-¡Patty! –Dijo Annie, acercándose a ella y abrazándola-
-¡Annie que hermosa estas! –Dijo Patty, luego se giro y saludo a Archie- ¡Archie! ¿Cómo has estado?
-Patty, bienvenida –La saludo Archie con un beso en el dorso de su mano-
-Señor William –Saludo Patty tímidamente -
-¿Señor William? –Dijo Albert- Oh vamos Patty solo dime Albert
-De acuerdo…. Gracias por invitarme a tu casa Albert.
-Es todo un honor que hayas aceptado mi invitación Patty –Albert se giro y tomo de la mano a Fátima- Mira Patty –Dijo- Te presento a mi hermana Fátima -Patty se quedo unos segundos en silencio-
-Mu-Mucho gusto –Balbuceo- Soy Patricia O'Brian.
-Es un placer, Fátima Andrew.
Patty no entendía muy bien lo que estaba pasando ¿Albert tenía una hermana? Todo este tiempo había mantenido contacto con Annie, pero esta nunca había mencionado nada con respecto a eso. Mientras las chicas le contaban a Patty sobre Fátima, sutilmente Archie se le acerco a Albert.
-Tío –Dijo Archie- ¿Cómo le diremos a Patty sobre Stear?
-Creo que eso se lo dejaremos a las chicas –Dijo Albert-
-Genial –Afirmo Archie- Por qué no tengo idea de cómo decírselo.
-Ni yo –Aseguro Albert- Es mejor que tu y yo hablemos con Stear. Candy –Hablo dirigiéndose a la pecosa- Por favor encárgate de decirle a Patty sobre…. Bueno tú ya me entiendes.
-De acuerdo –Dijo Candy Captando al instante a lo que se refería Albert- No te preocupes, las chicas y yo nos encargaremos.
-Bien.
Archie y Albert salieron del despacho. Albert sabia que las chicas encontrarían la mejor forma de comunicarle a Patty sobre Stear, mientras tanto él y Archie se encargarían de preparar a Stear para el encuentro.
¡Nenas! Aquí estoy de nuevo XD!
Este cap ha sido bastante revelador, espero que ahora que conocen un poco mejor a Victoria no la odien tanto hehehe
Solo para refrescar memorias nenas, ya había mencionado en uno de los cap, que Albert está comprometido "Oficialmente" con Daysi (Es la chica que eligió el consejo) y que es muyyyyyy "Amigo" de Victoria, bueno más que amigo casiiii novios…. En el otro cap conoceremos un poco a Daysi y el gran reencuentro entre Patty y Stear wiiiiiiiiiii
Gracias por leer mi fic, nos leemos en el próximo capítulo.
k-riñitos!
Solo pido que me regalen un review es para inspirarme mejor ¿Si? XD!
