NOTA DE AUTOR EXTREMADAMENTE IMPORTANTE (o algo así):
En algunos reviews comentaron que no querían que el personaje de Quinn fuera la típica "me-las-tiro-a-todas", y bueno, no lo será (Aunque era mi versión original).
Ahora una pequeña (espero) explicación de por que el personaje de Quinn iba a ser así:
Me gusta la psicología y me gusta investigar más a fondo sobre ciertas cosas para que todo concuerde, es este caso el comportamiento de Quinn.
La única fuente de cariño que tuvo en toda su vida fue su abuela, que murió cuando aún era niña. Después tuvo que afrontar sola el maltrato de su padre y su sexualidad. Se metió en un mundo de drogas y sexo (de nuevo nadie le dijo si estaba bien o mal) así que creció creyendo que lo único que le provocaría bienestar sería el sexo.
No por el hecho de tener pene la voy a hacer mujeriega. Es la esencia del personaje, Puck también es así ¿o no?
Aclaro que este será el único capitulo en el que Quinn tenga acción con alguien más que no sea Rachel. No puedo modificarlo ya que este deriva del capitulo anterior.
Como dije antes: Esta historia es para ustedes, haré lo posible para cumplir con esto.
Quinn se despertó con el rugir de un trueno. Un vistazo rápido a la ventana le confirmó que estaba lloviendo.
Se recostó boca arriba, cruzando sus brazos sobre su rostro, con frustración: su pene estaba erecto, otra vez. Por suerte, ese día podría acabar con la abstinencia. Bueno, sólo si todo salía bien y la gemela con la que estuviera no salía corriendo al saber de sus genitales masculinos.
– ¡Buenos días, Ohio! – Su puerta se abrió con brusquedad, dejando ver a un emocionado Puck. – 08:30 de la mañana: la hora perfecta para remodelar un cuarto. Y para animarlos un poco más, los dejamos con ésta canción: Hey baby, hey baby hey...
Q: Que rayos... – Susurró cuando Puck comenzó a bailar como loco por toda su habitación.
P: When you rock your hips you know that it amaze me
Got me off the hook and nothing else don't phase me
Q: ¿Podrías parar, por favor? – Rogó ya cansada de la situación.
P: No eres mañanera. – Se detuvo. – Ni yo.
Q: ¿Y qué demonios haces aquí entonces?
P: Vine a dejar tus cosas para nerds y Rachel me llamó para ayudara a "enchular" tu cuarto. Aunque creo que ya se ve bien. – Miró la habitación destruida. – La sangre le agrega un toque especial.
Q: ¡Lárgate y déjame dormir! – Dijo poniendo una almohada sobre su cara.
P: Oh, Quinn... ¿Qué no te enseñaron a no dejar cosas en la cama? – Escuchó como el chico se acercaba a ella para después tomar su pene (cubierto aun por la sabana) bruscamente. – Por un momento pensé que era un...
Sus ojos se abrieron al máximo, dejando caer la almohada a un lado. Puck estaba sujetando su pene. Un hombre estaba sujetando su pene.
Q: ¡Apártate! – Gritó usando sus piernas para empujar al chico, con tanta que termino siendo arrojarlo contra la pared.
P: Eso... Eso... Es un... – Parecía que por su mente pasaban tantas cosas que no le dejaban formar una oración coherente.
Q: Sí: un pene. – Dijo con fastidio.
P: E-entonces eres... Eres un hombre. – Susurró. – ¡Oh, Dios! Y yo pensé que eras atractiva... Soy gay... ¡Soy gay! – No paraba de dar vueltas por toda la habitación.
Q: ¿Podrías, por favor, calmarte? – Dijo tomando un bote de medicamento de la mesita de noche. – Soy una mujer, sólo que nací con genitales masculinos.
P: Entonces... ¿No eres un hombre? – Trataba de dejar todo en claro.
Q: Bueno... Fui a Quentin cómo por un año, hasta que descubrieron que era una mujer. – Respondió tomando una pastilla en seco.
Puck permanecía frente a su cama. Tenía la mirada perdida y la boca entreabierta. Al parecer su cerebro se había estropeado.
P: Está bien. – Balbuceó de forma casi inentendible.
Q: ¿Qué?
P: Que está bien. – Repitió mirándola. – No tengo ningún problema. Quiero decir, no es cómo si fueras una asesina serial o algo así... Porque no lo eres... ¿Verdad?
Q: Bien. – Se levantó de la cama ignorando la última pregunta. – Tomaré una ducha y te veré abajo.
P: ¿Podemos comparar tamaños?
Q: ¡No! – Dijo antes de cerrar la puerta del baño.
Desde que pisó el primer escalón para descender, pudo distinguir el exquisito aroma del tocino recién frito, la voz de Puck y la risa de los Berrys.
P: ¡Aliméntame, mujer! – Lo primero que vio al entrar a la cocina fue a Puck forcejeando con Rachel cerca de la estufa.
Hiram y Leroy estaban en la mesa y le indicaron que se sentara.
R: ¡Basta, Puck! – Respondió extendiendo sus brazos para que el chico no tuviera acceso a lo que cocinaba.
P: Tú no vas a comer eso: eres vegetariana. – Argumentó.
R: Ni tú tampoco: eres judío.
P: Ese es un buen punto. – Dijo retirándose para toparse con Quinn en la mesa. – WOW... Se fue todo el rosa.
La ahora "completa-y-totalmente-rubia" pasó una mano por su cabello.
Q: Se supone que tenía que retocarlo hace unos días...
L: Se ve bien así. – Dijo bajando su periódico.
H: No sé... El rosa complementaba tu estilo.
P: Sí, te daba ese aire rebelde.
L: Pero así se ve decente.
H: Sí, pero perdió su esencia, cariño.
R: ¡Ejem! – La morena se aclaraba la garganta para llamar su atención. – Se ve bien de las dos formas. Ahora, si me permiten...
Los tres hombre alzaron las manos y Quinn enarcó una ceja.
Nerviosamente, Rachel se acercó para dejar un plato repleto de tocino frente a la rubia.
R: Quiero pedirte disculpas. – Acomodó nerviosamente un mechón de cabello detrás de su oreja. – Sé que no tienes la culpa de tu comportamiento. Pero es que al ver todo lo que sucedió, me enfurecí y... Solo, lo siento.
La cocina estaba en total silencio. Habían presenciado una disculpa de parte de Rachel "La Diva" Berry. Eso sólo sucedía una vez cada tres milenios.
La ojiverde tomó una tira de tocino devorándola de inmediato. Clavó su vista en una nerviosa Rachel, pasó el bocado y asintió lentamente.
Pudo escuchar como todos respiraban de nuevo.
R: Gracias. – Dijo sonriente.
H: Bien. – Aplaudió para llamar la atención. – Es hora de remodelar. – Se levantó para dirigirse a las escaleras.
Quinn se las arregló para meterse medio plato de tocino en la boca.
P: ¿Te ayudo? – Dijo tomando una tira.
L: ¡Eres judío! – Gritó desde las escaleras.
P: Rayos. – Murmuró en voz baja. – Es que duele delicioso.
L: ¡Por fin! – Dijo tirándose en la cama.
H: ¡Acabo de tender eso!
Q: De todas formas, la voy a deshacer. – Murmuró sacando ropa de su armario.
H: No trabajé en vano, Quinn.
Eran las 05:30 de la tarde y su cuarto ya estaba listo. Empapelado en blanco y negro, sabanas de dominó, cuadros de superhéroes en las paredes, miles de almohadas, un escritorio, mesitas de noche y un sillón eran las nuevas adquisiciones. Quinn no comprendía por qué tantos lujos, si terminaría destruyendo todo.
P: Tengo que irme. – Se incorporó de la silla en la que estaba sentado. – A las 8 en Breastix. – Señaló a la rubia.
Hiram y Leroy esperaron hasta que Noah se fuera.
L: ¿Saldrás? – Preguntó lo más casual que pudo.
Q: Ehhh... Sí. Ayer quedamos con unas amigas de Puck. – Dijo nerviosa.
H: ¿A qué hora volverás? – Se acomodó las gafas.
Q: Mmmm... Tal vez mañana. – Dijo antes de encerrarse en el baño.
Estaba acomodando sus snakebits cuando tocaron a su puerta.
H: ¿Se puede? – Preguntó entrando.
L: Ya estás dentro.
H: Se pregunta por educación.
L: Pues no es de buena educación entrar sin que te en permiso.
H: ¡Shhh! – Lo calló sentándose en la cama de Quinn. Leroy giró los ojos. – Quinn, ven. Siéntate con nosotros.
Q: Preferiría quedarme aquí.
L: Solo queríamos asegurarnos de que estás bien y entregarte esto. – Dijo sosteniendo las llaves de la motocicleta de Quinn. – Estoy seguro de que no tienes como irte. – Quinn no tardó en arrebatárselas.
De todas formas, si no se las daban, utilizaría las de repuesto.
L: Sólo por hoy. Mañana mismo me las devuelves. – Dijo seriamente.
H: Y yo vine a darte esto. – Sacó una caja de su pantalón.
L: ¡Oh, Dios! – Cerró los ojos. – ¡Hiram, no puedes darle condones!
H: ¿Quieres ser abuelo a ésta edad? No lo creo.
Mientras los hombres se enfrascaban en su conversación, Quinn se dedico a mirarlos. Eran un tanto raros, pero eso los hacía especiales.
Las otras familias con las que había estado eran disfuncionales o estrictas. Apenas hablaban con ella. De hecho, la rechazaban. Y bueno, los Berry no eran así: ellos se comportaban como si la conocieran de toda la vida y eso, en secreto, le agradaba.
L: Salgamos de aquí. – Se dirigió a la puerta. – Cuídate y procura llegar antes del medio día.
Asintió viendo salir al hombre.
H: Son texturizados. – Le susurró guiñándole un ojo antes de salir.
Q: Y le dije al tipo: "Esos son mis waffles, idiota."
M: ¿Y te los devolvió? – Preguntó la gemela.
Q: No.
M: ¿Y qué le hiciste?
Q: Le rompí una pierna. – Dijo casi con orgullo. – Me prohibieron la entrada a todas las sucursales de ese restaurante.
M: Eres tan rebelde. – Dijo acariciando el muslo de la ojiverde. – Creo que deberíamos ir a nuestra habitación. Ahora. – Susurró en su oído.
Tenía razón. Puck y June estaban casi desnudos sobre la cama y ella ya no podía soportar más tiempo sin sexo.
Tomó el último sorbo de su cerveza mientras se dejaba llevar por May hasta su cuarto en aquel motel. Tan pronto se cerró la puerta tras ellas, tiró la botella a cualquier lado y se dedicó a comerle la boca a la gemela.
Tropezando con todo a su alrededor, llegaron a la cama, en donde la gemela sentó a Quinn para después arrodillarse frente a ella.
M: Lo noté cuando conducías. – Dijo acariciando el bulto que crecía en los pantalones de la rubia. – ¿Eres hombre?
Q: No. – Masculló enredando su mano en el cabello de la castaña, cuando ésta comenzó a bajar el cierre con sus dientes.
M: Eso me basta. – Y de un limpio movimiento retiró el pantalón y los boxers de la ojiverde.
Se recostó en la cama, apoyada en sus codos, cuando la abrumadora sensación de la chica lamiendo su glande la invadió.
Q: No estoy de humor para usar condón. – Gruñó tirando su cabeza hacia atrás.
M: Yo tomo la píldora. – Dijo para después recorrer toda la longitud de la rubia con su lengua.
Quinn sonrió. Usaría esos condones en otra ocasión.
Despertó lentamente y gimió al sentir una ola de placer recorrer su cuerpo. Abrió los ojos esperando toparse con el desastre de su habitación, pero en su lugar se encontró con una castaña cabalgándola como si no hubiera mañana.
– Buenos días. – Saludó.
Bueno, por lo menos tenía modales en la cama.
Q:Buenos días. – Dijo sujetando la cadera de la chica para ayudarla a moverse con más rapidez.
– Llevo diez minutos así y no despertabas.
Q: Mhhh. – Gruñó cuando se dio cuenta de que la chica tenía un tatuaje en el cuello. – ¿June?
J: Mi hermana y yo... – Cortó su oración para gemir. – Ella y yo intercambiamos lugares para que las dos pudiéramos probar un poco de ustedes. – Sonrió moviéndose con más fuerza. – No te molesta ¿verdad?
Claro que no le molestaba. Y se lo demostró por toda la mañana.
Muchas gracias a mi Beta Ouroboros Life... y a Kristen Stewart.
Gracias por los reviews y gracias por leer.
