Días de búsqueda

La suerte de no estar solo

Al día siguiente yo estaba nervioso. Me venían pensamientos de mis padres llamando a la policía e iniciando una búsqueda con helicópteros y perros por toda la zona montañosa. Mi madre llorando, mi padre intentando contenerse… así hasta que me imaginé la escena de nuestro reencuentro. No cambiaba mucho, mi madre llorando, mi padre intentando contenerse, eso sí, esta vez de enfado.

Ni siquiera teníamos un teléfono para poder dar señales de vida. Seguramente estarían pasando un tormento.

—…

—Sí, es verdad ¿Quién no tiene móvil hoy en día? Yo tengo uno, Kari otro. Lo que no teníamos era cobertura. El pueblo, más bien la zona en la que nos encontrábamos estaba muy atrasado como ya me habían advertido.

Era muy consciente de que debíamos ir a toda costa a nuestras casas ese día. Aunque caminara hasta que se me quemasen los zapatos y me sangrasen los pies. Kari a pesar de sus deseos de estar más tiempo con TK estaba de acuerdo conmigo en que no podíamos hacer eso a nuestros padres.

Estuvimos pensando lo que podíamos hacer hasta que apareció Koushiro y consiguió en menos de un minuto lo que nosotros llevábamos meditando por lo menos veinte.

—Llamar a alguien de confianza y que os venga a buscar.

—Eres tan listo como despistado ¡Cómo voy a llamar si no hay cobertura! —exclamé algo irritado.

—Tranquilo, hombre. Hay líneas telefónicas, no aquí pero si vas a la casa de algún vecino seguro que te deja usar su teléfono. También hay un bar de carretera pero está demasiado lejos.

No pregunté por el bar. La casa más cercana que había visto estaba a unos cuarenta minutos a pie y eso ya me parecía bastante.

—Pues vamos a probar suerte —anunció Kari mientras se levantaba.

No fui con ella, le dije que se quedara si quería. El objetivo de haber hecho el viaje era que ella viese a Takeru, no me parecía buena idea que desaprovechase el tiempo acompañándome a la casa de un vecino.

Izzy me acompañó. Debía de tener miedo de que me perdiera por el camino. En cuanto a Yamato, seguía durmiendo o al menos eso creímos.

Seguramente se arrepintió de su decisión de acompañarme porque para variar le di la vara con el tema del porqué de su huida. Aunque consideraba que tenía razón en aquello de la confianza, me podía la curiosidad.

—Pero sólo dame una pista, que te cuesta —insistí.

—Tai, siempre te defendía. Pero Yamato tiene razón: eres muy pesado.

Creo que ha llegado el momento de decirle esto. Es curioso lo diferentes que somos, Yamato y yo quiero decir. Y nuestra relación. Probablemente si nunca hubiésemos coincidido en el mismo cuarto no nos llevaríamos en la vida. Lo primero que pensé cuando vi a Yamato es que era un chico raro. Yo creo que él pensó de mí que yo debía ser idiota o un pesado, como me decía Koushiro. Pero supongo que no nos quedaba más remedio que aguantarnos y nos acabamos llevando bien, teníamos roces pero recuerdo momentos buenos. A veces conseguí sacarle una sonrisa y él consiguió que yo pensara un poco antes de hablar. Me alegro de haberle conocido, a pesar de lo que parezca por lo que contaré a continuación. Se estará preguntando por qué le cuento esto, es importante, quería aclararle este punto antes de que piense cosas equivocadas.

Y es que cuando Koushiro me dijo lo de ser pesado me sentó muy mal y dije cosas de las que me arrepiento. Vale que Yamato y yo nos estemos lanzando puyitas constantemente pero lo hacemos a la cara. Para mí significaba una forma tan buena como cualquier otra de mostrar aprecio.

—¿Ah? ¿Dice eso de mí? —pregunté molestó. Koushiro pareció darse cuenta de que había hablado demasiado.

—Claro, te lo dice constantemente —intentó arreglar. Sé que fue un buen intento pero me resultó demasiado transparente.

—No. Me refiero a sí lo comenta cuando no estoy —aclaré serio.

—Tal vez alguna vez, Tai. No me acuerdo. —Eso sí que no me lo creía ¿Koushiro diciendo cosas de las que no estaba seguro? Jamás—. No sé por qué te dije eso. Olvídalo ¿vale?

—¿Olvidarlo? —repetí varias veces indignado— ¿Quieres que olvide esto?

—No es para tanto. Es una tontería —dijo en un intento de hacerme entrar en razón —Piénsalo fríamente y te darás cuenta.

—¿Qué no es para tanto? Pues vale, yo también voy a ir hablando mal de él por ahí ¿Y sabes que pienso? Que es todo imagen, vende una imagen todo el tiempo de frío y atractivo. No es que sea callado, es que no puede hablar mucho para no destapar la verdad. Cínico, despreocupado y pasota pero se le puede permitir porque todos piensan que eso oculta a alguien sensible que es mejor que los demás. Porque no te confundas, ahí está la cuestión, él se cree mejor que nadie y no es que parezca que nada le importa. Es que nada le importa aparte de sí mismo.

No creo que usted me conozca lo suficiente como para saber que en ningún momento pensé un poco antes de decir eso. Ni siquiera creerá que yo no pensaba eso para nada pero espero que confíe un poco en mí y no me tome por un mentiroso. Es la verdad, lo dije porque estaba enfadado. Envidio que otra gente tenga esa asombrosa capacidad para pensar antes de hablar y no decir esas cosas.

—No tienes ni idea —sentenció Koushiro.

Puede que esa fuese la primera vez desde que conozco a Koushiro que tuviera una reacción no premeditada. Cogió y se dio media vuelta gritando "¡pero ni idea!" y murmurando palabras que no voy a repetir. Al poco rato lo llamé pidiéndole disculpas. A la segunda vez que le pedí perdón se giró.

—Yamato no es eso que dices. Me duele que digas eso. Es la persona menos egoísta y superficial que conozco.

Ver a Izzy defendiendo tanto a Yamato fue como mínimo desconcertante. Hasta ese momento no me había parado a pensar en las cosas que tienen en común. Y que quiere que le diga, no les vi nada en común aparte de que ninguno de los dos es muy dado a mostrar sus sentimientos. Puede que por eso mismo se comprendieran tan bien.

—Lo sé. Si yo no creo lo que dije, en serio. Pero es que creía que él hablaba bien de mí. Eso es todo.

—Te aprecia —aseguró—. Pero ya sabes, le gusta disfrazar la verdad.

—¿Y cómo sabes que me aprecia entonces? ¿Cómo distingues la verdad del disfraz?

—Habla de ti. No hablaría de ti tanto si no te apreciara ¿no crees? Vamos, sigamos andando, no querrás quedarte aquí eternamente con los raritos.

—Se te está pegando el humor de Yamato —señalé.

—Sigo molesto.

Siguió molesto pero me acompañó el resto de camino, lo que me indicaba que tan molesto no estaría. Llegamos a la casa del vecino, no había nadie.

—¿Entramos igualmente? —sugerí. Koushiro estuvo de acuerdo.

Pues eso hicimos, no crea que poseemos conocimientos de forzar cerraduras o que rompimos una ventana. Mucho más fácil que eso, debe ser uno de esos sitos en los que nunca pasa nada y la gente es tan confiada que olvida cosas tan elementales como cerrar la puerta trasera. Y por si eso fuera poco aun descubrimos una llave debajo del felpudo.

Está bien, lo admito, lo descubrió Koushiro.

Estuvimos parados delante del teléfono unos segundos. Mi primera intención era llamar a mis padres, más que nada porque no me venía nadie a la cabeza que tuviera coche y estuviese dispuesto a ir hasta ahí.

Hasta que un fugaz pensamiento pasó por mi mente. Pensé que entrar en la casa de un desconocido y usar su teléfono sin permiso era el tipo de cosas que mi amigo Joe desaprobaría con su rasero, el rasero de Joe no es doble. Y entonces se me ocurrió llamarle a él.

Voy a leer una poesía que le he escrito en agradecimiento. Es broma, pero valió la pena por verle la cara. No, en serio, estoy muy agradecido por lo que hizo pero lo de la poesía como que no.

—Joe, soy Tai… ¿En serio? Ah, pues muchas gracias, de verdad. Ahora te paso a Izzy que te diga cómo se llega que yo no sé.

Resulta que Joe, ese gran desconocido que había empezado a conocer una vez salido del Ensa, había llamado a mi casa preguntando por mí. Resulta también que se había preocupado tanto que pensó en coger el coche después de darse cuenta de que no había trenes hasta el día siguiente pero Joe tenía un problema, no sabía cómo llegar.

¿No le parece que a veces las cosas te caen del cielo? Ya sé que los santos no existen pero no puede haber otra explicación para su conducta.

Cuando Izzy dio por terminada la conversación yo fui al baño. A la vuelta le escuché hablar. Me entró un poco de miedo por si era el vecino que había llegado pero no podía ser, no se escuchaba ningún coche.

—Llamaba para decirte eso. Bueno, adiós. Espero que… lo entiendas.

Oí como colgaba el teléfono. Supe que sería de esas cosas que Koushiro jamás me iba a contar porque cuando me mostré actuó como si nada pasara. Es increíble la capacidad que tienen algunas personas para llevar una doble vida.

Quizás estuvo mal por mi parte lo que hice a continuación pero me salió del interior. Ese impulso que me calienta la sangre y hace que haga cosas impensables. En ese momento el impulso se volvió frío e inteligente. Y sí, por qué no, calculador. Había aprendido del maestro Koushiro. Por una vez, estaba dispuesto a ganarle en su juego usando sus reglas.

—Oye Izzy, creo que voy a hacer otra llamada ¿te importa?

—No, pero date prisa, puede venir alguien en cualquier momento y esto es delito —me recordó casi susurrando. Debía tener algo de miedo.

—Vaya, te afectó hablar con Joe. Es privada la llamada, me gustaría estar solo, asuntos de faldas ¿sabes?

Koushiro no se quejó de que le echase. Lo raro es que no le pareciera extraña mi repentina timidez. Yo no hice ninguna llamada, gravé el número al que mi amigo había llamado. Más tarde averiguaría de quien se trataba la persona con la que Izzy hablaba, la única persona en el mundo que el genio tal vez necesitara. Y puede que se diera cuenta de ello una vez se apartó del mundo.

¿Hice bien? Estaba traicionando la confianza de Koushiro, su concepto de confianza al menos.

Salimos de aquella casa y seguimos el camino por donde habíamos venido. Me disculpé una vez más con Koushiro y no le hice ninguna pregunta sobre la llamada que realizó, por una vez iba a participar en su juego. Él tampoco me preguntó a mí por mis supuestos asuntos de faldas.

—Izzy, no le cuentes a Yamato lo de antes. Estoy muy arrepentido, de verdad que lo estoy —dije con toda la sinceridad que cabe en mí.

—Ya lo sé, Tai. Yo te conozco y te acepto pero tienes que cambiar eso porque te va a traer muchos problemas, es solo un consejo, seguramente que ya te los trajo ¿Por qué si no tenías que llamar por teléfono a una chica?

Sonreí para mis adentros. Qué equivocado estaba.

—Tienes razón. Lo intento hacer.

—No pasa nada, pero ten cuidado. Lo digo por ti más que nada.

No hablamos más en el resto del camino. Me sentía algo avergonzado, no solo por lo de Yamato, también por lo del número de teléfono. Pero intentaba sentirme mejor pensando que tenía la posibilidad de ayudar a Izzy aunque él no quisiera.

Ellos decidieron un día por mí que yo me quedaría en casa para aceptar mi expulsión. Tal vez iba siendo hora de devolvérsela.

Le conté a Kari que vendría Joe a buscarnos. Eso la alivió, sin duda era mucho mejor eso a que lo hicieran nuestros padres. Además, podíamos volver a nuestra excusa inicial.

—Pero Tai, debiste llamar a casa aun así. Aunque sea decir que llamabas desde la estación.

—Es verdad, se me tenía que haber ocurrido —me lamenté—. Estaba pensando en otras cosas.

Kari no dijo nada. Sonrió y me dio la mano, después me arrastró hasta la habitación de TK quien estaba con Yamato.

—Nos vamos a ir hoy. Joe nos viene a buscar —anunció mi hermana.

Me fijé en Takeru, sonrió pero parecía algo apenado. Tienen suerte de tenerse el uno al otro.

Yo creo que es mejor querer estar con alguien que ser un solitario. Aunque a veces estar solo es la respuesta. Una vez oí decir que todos morimos solos. No sé muy bien a que se refiere, igual a que cuando mueres estás solo ante la muerte. Sí, lo peor de morir debe ser que estás solo.

—…

—¿La muerte? Que va, no es algo que se me pase por la cabeza. Los jóvenes no pensamos en eso, al menos la mayoría. Creemos que vamos a vivir mucho tiempo. Eso es lo bonito de ser joven, lo que el resto de edades envidian, que no pesa el paso del tiempo.

En fin, cerrando este paréntesis Yamato y yo salimos de la habitación y fuimos al piso de abajo dónde se encontraba Koushiro. Les pregunté si estaban contentos porque nos íbamos a ir antes de lo previsto.

—No —dijo Yamato algo dudoso—. Me alegro por vosotros que os iba a traer problemas quedaros pero está bien tener a gente por aquí ¿Por qué lo dices?

—Por nada. Por saber.

Me vino a la mente una idea. Una idea que me traería muchas comeduras de cabeza en el futuro. Podría ser la solución a todos mis problemas o el centro de los mismos.

—Bueno —miré a mí alrededor cerciorándome de que no hubiera nadie más—, no se lo digáis a Hikari, ya lo hablaré con ella más tarde pero he pensado que quizás me venga aquí cuando acaben las Navidades.

—¿Y eso? —preguntó Koushiro.

—¿No se suponía que ibas a decirle la verdad a tus padres?

—Sí, ya lo sé. Se me acaba de ocurrir pero tiene sentido. Mirad, no tienen por qué saber nada, estudiaré por mi cuenta y haré el examen este que te da el título.

—Es un examen muy complicado, Tai —me advirtió Yamato—. Y tú, no te ofendas, pero no te echaron por tu amor a los estudios.

—Pero si total no voy a tener otra cosa que hacer estando aquí que estudiar ¿no creéis? Y puedo ir a mi casa algunos fines de semana, como cuando estaba interno. Si lo piensas bien es casi lo mismo.

—¿Y cuándo le devuelvan a tus padres el dinero del N.S.A? —La mente de Koushiro iba más rápida que la nuestra para no variar y ya había hecho un diagrama mental con las consecuencias— ¿Sabes qué si te descubren será peor no?

—Lo sé. Voy a pensarlo, pero es una opción más ¿Tan mal lo veis? Simplemente no quiero que me lleven a otro internado, el Ensa ya estaba lejísimos y a saber cuál es el siguiente. Y me juego lo que queráis a que no me dejan estudiar a distancia.

—Piénsatelo, Tai —me aconsejó Koushiro—. No es ninguna tontería que puedas hacer por un impulso. Te puede salir muy mal la jugada.

—Se me acaba de ocurrir, ya os lo he dicho. Es que pueden pasar todavía mil cosas. Puede que hasta convenza a mis padres de que debo dejar Ensa visto mis resultados.

Ellos se encogieron de hombros y no tocaron más el tema. A veces es difícil saber qué es lo correcto. Y mucho más difícil aconsejar. Mentir y ocultarme no estaba bien, no se puede decir que fuera un buen ejemplo pero quizás era mejor que encerrarme otra vez con la esperanza de que me enderezase. Esto ha sonado muy Ensa.

Seguí pensando qué debía hacer sin preocuparme demasiado, después de todo, tenía muchas vacaciones por delante.

—Oye, sigo pensando en lo que voy a hacer pero hay cosas que me tenéis qué decir ¿Cómo compráis la comida y eso? ¿Llevabais ahorrando mucho tiempo?

Yamato negó con la cabeza, Koushiro reclinó su silla y dijo "Herencias".

—¿Tan grande era?

Koushiro asintió.

Yo no sabía si decir qué suerte o callarme. Recibir una herencia supone que alguien se ha muerto. Supongo, porque fue él quien lo dijo, que el de la herencia sería Koushiro.

Él nunca fue al Ensa, el Ensa le buscó y le dio la oportunidad de hacer sus estudios allí con los gastos pagados. Seguramente en un intento de subir el nivel. Ya se sabe, a alumnos con mejores calificaciones mayor prestigio.

Por ese motivo nunca pensé que viniera de una familia con poder adquisitivo. Debía de estar equivocado.

Seguí barajando las ventajas de decir la verdad y de mentir hasta que miré por la ventana y vi a una silueta alta acercase hasta la casa. Sin duda era Joe. Grité a Hikari que bajase pero luego pensé que debía subir para despedirme de Takeru.

—Vamos, Kari, Joe está llegando. TK, espero que te pongas bien pronto. Ya tienes mejor cara.

—¿Cuándo vais a volver? —preguntó.

—No lo sé, hay que estudiar mejor los horarios y eso pero seguro que volvemos. Ya verás.

—Gracias por venir —nos dijo—. Algún día podremos vernos con tanta facilidad como antes —expuso mirando a mi hermana.

—Siempre estás soñando —observó mi hermana.

—Todas las grandes cosas un día fueron solo sueños ¿no crees?

Takeru pesé a esa cara de niño tenía razón. Las cosas más impensables empiezan siendo un sueño. Y eso me hizo pensar ¿Qué sueños tenía yo? ¿Realmente era capaz de ver tras los límites?