Declaración:
Rurouni Kenshin no me pertenece, ni siquiera el pelo de alguno de sus personajes. Hago esto por propia voluntad, sin ánimo de lucrar, con el único fin de escribir sobre una ficción que me apasiona y con la que pretendo mejorar cada día en mi prosa.
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No tengas miedo a vivir
Acto siete
La mujer que no pudo amar.
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Kojiro acompañó a Kaoru hasta la estación de trenes y tras hacerle miles de recomendaciones, se despidió de ella, prometiéndole ir el sábado a verla.
Al quedarse sola, Kaoru consultó el reloj. Aún quedaba media hora para que saliera el tren al sur y un poco triste, se sentó por ahí. No podía creer que después del beso que compartieran ella y Kenshin, se estuviera yendo como si nada.
Se apretó el estómago con ambas manos y se inclinó hacia delante.
-No me quiero ir… - musitaba.
Se sentía confundida entre lo que sentía y lo que estaba haciendo, pero comprendía que alejarse de Kenshin era lo mejor. Aunque se desgarrara su corazoncito, tenía que subir a ese tren. Quizá, podía regresar a casa y decir que el tren se averió. Suspiró, tomándose la cabeza con ambas manos: los trenes no se averiaban en Japón, y aunque llegara a pasar, no tardarían en remplazarlo.
Cerró los ojos. Una vez escuchó que si uno visualizaba con detalles lo que quería, ese algo se podía hacer real. Kaoru quería ver a Kenshin y se esforzó por imaginarlo caminar desde la estación de bomberos hasta donde estaba ella, con todo detalle. Sin embargo su esfuerzo mental no rindió frutos y el tren llegó a su lugar de salida para que las personas lo abordaran.
-Si no te quisiera tanto, papá… - murmuró Kaoru al subir al vehículo. Aunque guardó las esperanzas hasta el último minuto de que apareciera Kenshin, el tren se puso en marcha a las diez en punto. Kaoru se puso los audífonos y simuló que dormía en su asiento junto a la ventana. Como una forma de rebelarse ante su padre, fantaseó con Kenshin al son de la música que escuchaba.
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El viaje duró cerca de 6 horas y Kaoru se encontró en la prefectura de Fukuoka. Tirando de su enorme maleta con rueditas, siguió las indicaciones que le dio su padre para llegar al terminal de buses con el fin de buscar uno que la acercara donde su abuela, más al sur.
Además de la maleta llevaba una mochila, en la que secretamente iba enrollada la chaqueta de bombero que Kenshin le prestara. Había dudado entre dejarla en casa y traerla, pero pensó que si su padre la veía y llegaba a saber lo que había sucedido entre el pelirrojo y ella… Kaoru sacudió la cabeza. Su beso con Kenshin era un secreto que se llevaría a la tumba.
Todo su ser se había remecido con esa caricia. Nunca pensó que se pudiera llegar a sentir así. Si evocaba ese momento, su estómago por completo se llenaba de mariposas y ella sonreía como si fuera la persona más feliz. Kenshin le había asegurado que para él también era importante lo que había pasado, y aquí vamos de nuevo. Kenshin… Kenshin…
En el terminal de buses había lugares para comer y Kaoru entró en uno. Acomodó sus cosas y pidió algo caliente. Mientras le servían, miró la televisión del local y prestó atención cuando hablaron de Tokio.
-El incendio en la fábrica de plásticos ya fue controlado y los bomberos esperan apagarlo en las próximas horas. La tóxica columna de humo es visible desde cualquier punto de Tokio y las personas que viven en los alrededores han debido tomar sus precauciones… -
Distraída, Kaoru cogió su celular del bolso, que estaba sonando.
-¿Hola?-
-¿Kaoru?-
La joven dejó caer los palillos sobre su ramen.
-¿Señor Himura?
Escuchó un suspiro al otro lado de la línea.
-¿Se encuentra bien?-
-Si, muy bien… - dijo Kaoru un poco nerviosa. No quería decirle que estaba lejos porque sería capaz de darle la dirección y rogarle que fuera a buscarla.- Hem… estaba viendo la tele, lo del incendio. ¿Está usted ahí?-
-Si, pedí un descanso, porque llevo toda la mañana … esto es un infierno. Además, quería llamarla y saber… cómo estaba.-
-Todo está bien… de verdad. –
Hubo un par de segundos de silencio.
-Había tenido la intención de llamarla desde temprano, pero no había podido por lo del incendio. Sólo quería decirle que… yo quería… -
De fondo se escuchaban algunas sirenas y ruidos diversos.
-Quería que supiera que por eso no traté de comunicarme antes. No quería que pensara que luego de lo de anoche… para mí fue importante.-
Una pequeña puñalada de culpa atacó el corazón de Kaoru. Ella estaba huyendo de él, incapaz de enfrentar la situación.
-También lo fue para mí.- dijo ella.
La comunicación empezó a escucharse mal y cuando retomó, escuchó a Kenshin maldecir.
-No puedo seguir hablando, tengo que regresar… por Kami, será una tarde larga. Kaoru… mi pequeña Kaoru, si no puedo ir a verla hoy, ¿Me esperará mañana?-
Kaoru no respondió, pero no se notó, porque la comunicación se cortó.
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Una gotita cayó sobre la mesa, y luego otra. Kaoru se limpió los ojos sin saber qué pensar y se hizo el firme propósito de tomarse la sopa del plato. El líquido luchó contra el nudo en su garganta y logró pasar al otro lado, de modo que la joven pudo terminar su almuerzo.
Compró golosinas para el camino y se preparó para buscar el bus que le servía cuando su teléfono sonó. Precisamente era su abuela.
La llamaba para decirle que una persona iba a buscarla.
-Se llama Naoko, anda en una camioneta roja y está por llegar al terminal. Eso si, espérala en la calle del lado sur.-
-Del lado sur, del lado sur…- murmuró Kaoru cargando sus cosas. -¿No sería mejor si me diera el nombre de la calle? ¿Cuál es el lado sur?-
-Si busca el lado sur, va en sentido contrario.- dijo un joven a su lado. Un muchacho de su edad.
-Oh, gracias.- respondió la chica. El chico se ofreció a ayudarla con su maleta, pero Kaoru, una mujer de ciudad, pensó que él podría robársela y amablemente declinó la oferta.
El chico le dijo entonces que la acompañaría, que él también iba a la calle sur.
Sohjiro resultó ser muy agradable y no un ladrón. Él también esperaba a alguien, pero antes de decir quien era, una camioneta roja estacionó frente a ellos. Un hombre se bajó de ahí.
El hombre se la quedó mirando y de pronto esbozó una enorme sonrisa. Se quitó el sombrero que traía y Kaoru vio que se trataba de una señora de cabellos recogidos, de tono castaño.
-¿Tú eres la niña de Kaori, verdad? Hem… Kaori… ¡Kaoru!-
La mujer, un poco excedida de peso, vestida de camisa y jeans era muy efusiva y alegre y Kaoru miró en rededor por si las estaban mirando. Parecía que no. Regresó su atención a la señora.
-Si. Yo soy Kaoru Kamiya. ¿Y usted?-
-Yo soy Naoko. Naoko Fujima. Tu madre fue mi mejor amiga y actualmente soy la persona que vive con tu abuela. Me encargó llevarte. ¿Habló contigo, verdad? Eh, Sohjiro, ¿terminaste tus compras?-
-Si. Conseguí los fusibles.-
Naoko instaló la maleta de la joven en el pick up entre varias cosas, mientras subía Sohjiro. La camioneta, del año 97 le pareció un poco extraña a Kaoru, pero se subió confiada, porque si su abuela la enviaba, debía ser una buena persona.
-Estás muy grande, casi no te reconozco, pero ahh… tienes el mismo gesto de tu padre cuando se preocupa por algo, aunque eres igual a Kaori, mi amiga. Eres muy bonita. ¿Cómo está tu papá?.- dijo Naoko ya en carretera.
-Él está bien. Vendrá este fin de semana a quedarse conmigo.-
-Vaya, vaya, así con el viejo Kamiya. ¿Sigue repartiendo agua en botella?-
-Si. Dice que es un trabajo muy relajante y que le gusta.-
-¿Y, se casa o no se casa de nuevo?-
-Hem… no.- dijo Kaoru un poco extrañada por la pregunta.
-Espero que no te moleste si se consigue novia alguna vez. Tu papá tiene que rehacer su vida y ser feliz.-
Kaoru pensó en la idea de su padre enamorado y le pareció extraña. El jamás había manifestado delante de ella, al menos, que le gustara otra persona.
-Es su vida, él sabrá lo que hacer.- sentenció la joven.
Naoko la miró de reojo.
-Eres muy sabia, muchacha.
Hablaron de otras cosas y Kaoru notó que la señora tenía un ligero acento y le gustó. Algo tenía su voz que le daba tranquilidad y la hacía sonreír. Era una voz muy vivaz. Naoko conducía muy bien y era muy masculina en sus gestos, pero a la vez, transmitía seguridad. De pronto Kaoru sintió la necesidad de que Naoko la aprobara y respetara.
Al adentrarse en los caminos de tierra y campos, Naoko dejó a Sohjiro por ahí.
-Por estos lados quedamos pocos. Por eso debemos ayudarnos y cuidarnos entre nosotros.- dijo Naoko.- Sohjiro es un gran muchacho.
Diez minutos después llegaron a la casa de Nadesico, la abuela de Kaoru. La anciana estaba feliz de ver a la muchacha. Sonriendo, Naoko descargó la maleta de Kaoru y luego varias cosas, entre las cuales había papel mural y botes de pintura.
-No te esperaba hasta la otra semana, hija.- comenzó Nadesico mientras Naoko metía las cosas a la casa.- Tu llamada me tomó por sorpresa, quería hacer arreglos antes que llegaras.
-Los haremos igual. Hey, Kaoru, vas a ayudarnos, ¿verdad? Vamos a poner bonito el cuarto de tu abuela y luego el que ocupas tú. El que usa tu padre lo pintaremos.
-Me parece bien.- dijo la joven. Naoko sonrió y ella supo que de alguna manera, todo estaría bien.
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Naoko llegó temprano al día siguiente con el especialista en papel mural que había contratado. Ella misma, por su parte, se dedicaría a pintar. Kaoru, entusiasmada, cogió la cinta de enmascarar para proteger los detalles en madera del cuarto de su padre. El color elegido por Naoko era perfecto.
Se entretuvieron toda la mañana en eso, mientras Nadesico les preparaba bocados. Trabajaron hasta que apareció un caballero preguntando por la abuela y Kaoru lo recibió. El hombre empezó a hablar de la venta de la casa y Kaoru, que no entendió nada, vio con consternación a Naoko ponerse entre ella y el hombre, amenazándolo con el rodillo para pintar.
-Nadesico no va a vender la casa, ¡No entiendo por qué sigues insistiendo! ¡Déjala en paz!-
-No estoy hablando contigo, mujer loca…
Naoko acercó el rodillo al hombre y este se fue espantado. Ella entonces se dio la media vuelta y se fue para seguir pintando.
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Nadesico era fanática del póker. Luego de ganarle por tercera vez, Kaoru se dio por vencida. Naoko, que era optimista, pensaba jugar otra ronda, pero Nadesico le dio una nueva paliza.
Eran tan divertidas. Kaoru sonrió y sonó su teléfono.
-¿Hola?- respondió.
-¿Me podrías decir dónde estás?- dijo Kenshin notoriamente enfadado. La joven tomó aire.
-Con… mi abuela.- dijo aparentando calma, pero comenzando a temblar. Él ya sabía…
-¿Y se puede saber desde cuándo?-
-Ayer. Ayer llegué.- Kaoru notó por el rabillo del ojo que Naoko la miraba.
-Podrías habérmelo dicho cuando te dije que pasaría a verte hoy. Me habrías ahorrado…- Hizo una pausa. Luego se escuchó más… ¿cansado?.- De todas maneras ya no importa. No soy quien para exigirte explicaciones. Discúlpame.-
-Está bien.- dijo Kaoru. Luego le colgó.
Pero le pareció que ella estaba mal, que tuvo que haberle dicho, que no debió ser tan cobarde. Se arrepintió de su inmadurez, se sintió culpable, y disculpándose con su abuela, corrió afuera, llegando a la orilla de un riachuelo. Rápidamente marcó de vuelta. Kenshin contestó de inmediato.
-No está bien, y lo lamento. Discúlpeme… sé que tendría que habérselo dicho el lunes, pero… no estaba segura. Estoy confundida con todo esto. Ahora me siento muy mal con usted. No era mi intención que se enfadara, pero… tuve que venir.
-Dime dónde vive tu abuela e iré a verte para allá.
-Estoy… en el extremo sur del país.-
-Realmente estás de vacaciones.- Kenshin se oía un poco tenso.
-Vengo todos los años. Pero este año tuve que adelantarlo porque… me lo pidió mi padre. Él piensa que usted y yo no nos debemos ver más porque… -
-¿Le hablaste de nuestro beso?-
-No, no lo hice pero… él descubrió que yo… siento algo por usted. Y considera que no es bueno porque usted no tiene su relación con Tomoe, es decir… él piensa que usted volverá con ella en cualquier momento. Habla de cuidar mi reputación y… -
-¿Pero qué piensas tú de eso?.
Se hizo un silencio. Kaoru respondió en voz baja.
-No entiendo bien qué está pasando pero… no es correcto lo que siento y me siento muy mal. Y no quiero sentirme así.
La joven hizo una pausa. Estaba hablando con el corazón.
-Me costó mucho subirme a ese tren.- dijo Kaoru un poco ahogada.- Pero, en el fondo, sé que es lo que debo hacer. ¿Me entiende, verdad?-
Al responderle, Kenshin usó una voz muy diferente. Muy cálida.
-Lo que has hecho está bien. Está muy bien. Es lo que tuve que haber hecho yo, por eso te entiendo y ya no me siento enfadado contigo. De verdad. Si esto que tenemos te hace sufrir, no es bueno para ti y por eso debes hacer caso a tu padre y quedarte allá. Yo estaré bien, te lo aseguro. Además, sólo serán unos días, ¿no? ¿Cuánto tiempo estarás allá?-
-Un mes.-
-Está bien. Sólo es un mes.
-Señor Himura… Si usted regresa con Tomoe… Me gustaría saberlo.-
-Como quieras, preciosa. Y no te sientas mal. Tú no tienes la culpa de mi separación. Lo habría hecho aun si no te hubiera conocido. Cuídate mucho, ¿sí?.-
-Está bien. Bye.-
-Bye.-
Kaoru colgó y abrazó el teléfono como si fuera Kenshin. Se sentía mejor por hablar con él, pero sólo un poco. Seguía triste.
-¿Un enamorado?-
Kaoru volvió hacia atrás y vio a Naoko tras ella, riendo. No supo qué responder, pero Naoko se relajó.
-Disculpa, ya sé que no es de mi incumbencia. Pero da la casualidad que el lugar que elegiste para venir a hablar en secreto, fue mi favorito cuando tuve tu edad y ahora para beber. No sabía que estabas aquí. Pensé que te ibas a tu cuarto.-
Bajo un enorme sauce, entre sus hojas que llegaban al piso se encontraba Kaoru mirando a Naoko.
-Sea quien sea ese muchacho, espero que valga la pena.-
Los ojos de Kaoru se llenaron de lágrimas. Intentó disimularlo con una mueca, pero no pudo y acabó bajando la cabeza.
-No lo sé.- balbució. Naoko no perdió tiempo y soltando su botella, le dio un enorme abrazo.
- Te noté nerviosa en el comedor… - dijo la mujer. Por alguna razón que Kaoru no pudo comprender, frente a su padre le era fácil controlar sus lágrimas, pero frente a una desconocida no podía.-¿Ese hombre es malo contigo, cariño?-
-No… no lo es… - respondió la joven intentando controlarse. – Es que… ¡ay, Naoko!, hice algo muy malo.-
-Está bien, pero tranquilízate. ¿Quieres hablar de ello?-
-Me da vergüenza.-
Naoko la miró unos segundos.
-¿Quieres beber conmigo? Te convidaré sólo un poco. ¡No quiero que te emborraches y tu abuela se enoje con las dos!-
La mujer no hizo más preguntas a Kaoru y en cambio, le contó divertidas anécdotas de su madre. Pasaron un rato agradable, pero a la joven le entró el sueño. Naoko le deseó buenas noches y se quedó allí.
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Nadesico, la abuela de Kaoru se sentía muy contenta de tener a su nieta y a Naoko en su casa. Era innegable que las dos mujeres se llevaban muy bien, pero pronto Kaoru notó que Naoko era muy solitaria. A diferencia de Nadesico que hablaba con quienes pasaban frente a su casa, Naoko se retraía al interior o se iba a pasear por su campo. Por la tarde bajaba al río, no siempre llevaba licor con ella, pero permanecía sola.
El hombre que le estaba ofreciendo a Nadesico comprarle la casa regresó, y muy huraña, Naoko lo echó a patadas de ella. Luego se subió al techo a arreglar algunos problemas y más tarde se le ocurrió hacer un picnic en el río. La pasaron muy bien las tres y Kaoru rio de buena gana con las historias sobre algunos vecinos del lugar.
-En este lugar parece que el tiempo se detiene y las preocupaciones se olvidan.- pensó.
Más tarde la llamó Kenshin para desearle las buenas noches.
Rato después, al desvelarse, miró hacia fuera y vio a Naoko en su peregrinaje al sauce.
Kaoru se sentía cada vez más y más intrigada con ella y por eso, la noche del cuarto día, decidió consultarle a su abuela sobre Naoko. Le caía tan bien esa mujer que quería saber más.
-¿De verdad era amiga de mi mamá?-
-Se criaron juntas corriendo por los campos de té. Fueron a la misma escuela, aunque Naoko era un poco más torpe para las materias y cuando egresaron de primaria, apareció tu padre por aquí con su familia. Venían a trabajar de temporeros para la cosecha del te y como les fue bien, volvieron cada año. Después, un día, tu mamá me dijo que estaba enamorada y tu padre pidió su mano. Se la llevó tiempo después a Tokio y Naoko se quedó sola.
-Pero no entiendo. Ella es muy simpática, muy agradable… ¿Acaso no tiene amigos o más familia?-
-Los hermanos de Naoko se fueron a Osaka y no volvieron y sus padres murieron hace tiempo ya. Ella decidió quedarse aquí y cuidar su pequeño campo de te que se ve detrás de mi casa. Es muy independiente y muy solitaria también. Ella… jamás se casó.-
-Pero es que no me cabe en la cabeza. Es demasiado dulce, es agradable.-
-¿Crees que a un hombre le gustaría casarse con una mujer que luzca como otro hombre?-
-Pero lo de Naoko es sólo su ropa. Ella por dentro…-
-Aunque sea como sea por dentro, nadie le ha hecho caso en estos años. Pero ella dice que está bien, que no necesita hombres en su vida.
-Ah… ¿entonces no le gustan los hombres?-
Nadesico sorbió su té.
-No se trata de eso. Si tu pregunta es "Naoko es lesbiana", no, no es eso. Simplemente que… pues… No la pasó bien , y nadie de su familia la ayudó, ni la defendió. Sólo tu padre.
-¿Mi padre? ¿Pero por qué?-
-Porque tu padre… era un joven muy impetuoso y no le gustaba que pasaran a llevar a los demás y un día él defendió a Naoko de una persona mala. Le botó dos dientes, porque tu padre era un joven muy fuerte, y le amenazó con botarle el resto si se volvía a acercar a ella. Luego le dijo a Naoko que debía ser una mujer fuerte, porque su familia no la iba a proteger y debía hacerlo ella solita y se la trajo a esta casa. Tiempo después, Naoko se fue a otro lugar.
-Pero abuela, eso es muy triste.-
-Pero por eso mismo Naoko siente mucho agradecimiento por tu padre. Nunca ha tenido un enamorado… bueno, un par, tal vez, pero en general ella no deja que se le acerque nadie. A los enamorados les rompió la nariz. Cuando veas a alguien por la calle sangrando, seguramente fue un enamorado nuevo. Y por eso es un poco gordita como la ves. A los hombres no les gustan rellenitas, ella lo sabe y mantiene ese peso.
-¿Y cómo terminó viviendo aquí de vuelta?
-Ella estuvo viajando mucho tiempo y regresó el año pasado. Dice que ama estas tierras, pero que odia la casa de su familia donde la pasó mal, asi que me ofreció… quiero decir… decidimos que viviría conmigo para cuidarme. Dice que me quiere como una mamá y yo la amo como una hija. Nos llevamos muy bien.
Kaoru se sintió muy conmovida con la historia de Naoko y lo que intuyó su abuela no le quiso contar era precisamente lo que más la angustiaba. ¿Qué sería eso malo que le hicieron? No se lo podía imaginar.
Era evidente que lo bien que lucía la casa de su abuela por dentro era causa de ella. Todo estaba recién pintado o empapelado, había varios muebles nuevos y ella sólo ocupaba un cuarto sin pedir nada más.
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Kaoru se sintió sorprendida de que ya fuera sábado. Debía reconocer que la estaba pasando verdaderamente bien. Temprano fueron a mirar los campos y Naoko dijo que todo iba bien y que sería una buena cosecha. Luego reparó un motor que sacaba agua de un pozo para regar. Después invitó a Kaoru a ir a buscar al abuelo Tsukioka para llevarlo a su control con el médico del pueblo y aprovechó de comprar unos encargos para Nadesico y la señora Komagata. Kaoru se sintió muy feliz de ver esa faceta bondadosa en Naoko, y más feliz aun cuando pudo ayudarla con algunas cosas, pero al regresar a casa se sentía cansada. No tuvo tiempo de recostarse, porque Naoko la llevó al río, para que navegaran arriba de un tronco que flotaba. Fue muy divertido. Nadesico las miraba desde la orilla, recostada sobre una manta. Era todo muy apacible.
Esa noche Naoko preparó pasteles y cosas ricas, como si realmente conociera sus gustos y Nadesico sacó un poco de licor de un estante. Luego las 3 se pusieron a mirar fotos de Kaori y Naoko jovencitas hasta que llegó la hora de dormir.
Luego de llamar a Kenshin para darle las buenas noches, Kaoru se puso una bata sobre el pijama y salió afuera tras ver por la ventana a su nueva amiga pasar hacia el sauce. Pronto llegó donde Naoko se metía descalza al río.
-¿Por qué usted es tan buena conmigo?- preguntó Kaoru a la mujer. Naoko se detuvo, pero no se dio la vuelta.
La mujer de 37 años se tomó su tiempo para responder.
-No veo por qué no deba serlo. Es decir, eres la hija de la mejor amiga que he tenido, y de un hombre bueno. Pienso que tu esencia es bondadosa y que vale la pena ser buena contigo.
-Usted realmente me cae muy bien. Mi abuela me contó que estuvo mucho tiempo de viaje y supongo que por eso no nos conocimos antes.-
-Tu abuelita tiene mucha imaginación.- dijo Naoko saliendo del agua con una botella a la que ya le faltaba un poco.- No estuve de viaje: Me dediqué a trabajar mucho y luego reuní dinero para estudiar agronomía. Trabajé en Nagaoka, Hiroshima y Nagasaki ejerciendo mi profesión y luego decidí regresar a mi tierra. Pero dime tú, ahora… ¿Has seguido llamando a ese chico por el que lloras?-
-¿Cómo sabe?-
-Si yo en mi época hubiera tenido un aparato como ese que tienes tú, hubiera hecho lo mismo.-
-¿Se enamoró?-
-¿Quién no lo ha hecho alguna vez?- respondió con una sonrisa. Ambas rieron. Naoko bebió un trago largo.
-Es complicado enamorarse.- dijo Kaoru.- Yo elegí mal. Me enamoré del esposo de una amiga, que además es mucho mayor que yo. Tiene 28 años. De ese sentimiento vengo huyendo desde la capital. Mi padre se dio cuenta y no quiso que yo … me enamorara más, supongo, por eso estoy aquí.-
Naoko miró a Kaoru un momento y luego miró el cielo estrellado.
-¿Y ese hombre te quiere?-
-Él está agradecido conmigo porque… lo cuidé mientras estuvo enfermo. Su mujer no se quiso hacer cargo.-
Naoko tomó un sorbo de su botella. Limpió el gollete y le ofreció a Kaoru. La muchacha tomó también.
-Kenshin… así se llama… es un hombre bueno. Es un bombero, ¿sabe? Él salva a las personas, incluso fue de los que estuvieron tratando de apagar el reactor de Fukushima. Tomoe, desde que llegaron a mi barrio, lo evita, se aleja de él y lo deja solo. Yo también pasaba mucho tiempo sola en casa y así nos hicimos amigos. Después él enfermó y mientras lo cuidé mis sentimientos se desbordaron. Tuve que imaginar que algo así podría pasar, porque me gustó en cuanto lo vi.-
-Pero su esposa no lo toma en cuenta.-
-Para nada. Lo que pasa es que a causa de su trabajo, Kenshin ha sufrido accidentes… por lo de Fukushima tuvo que retrasar sus ganas de ser padre y eso a Tomoe no le gustó. Ella… es una persona buena, pero es muy parca, no le gusta hablar de lo que siente y Kenshin se sintió perdido. El día domingo se separó de ella y se fue a vivir a otro lugar.
-¿Y hasta dónde has llegado con él?-
Kaoru no entendió la pregunta, pero al saber de qué iba, le narró a Naoko todo lo relacionado con el beso.
-Tienes mucha fuerza de voluntad para venirte después de eso.- sentenció la mayor.- ¿Y cómo te sentiste con ese beso?-
Kaoru notó el brillo de entusiasmo en los ojos de su amiga.
-Sentí… sentí que las estrellas brillaban intensamente en el cielo y que… daría mi vida por volver a estar así… con él. Fue tan gentil, y firme a la vez… él no quería soltarme, y yo tampoco quería alejarme. Al final me abrazó… ay, Naoko… yo nunca pensé que uno se sintiera tan… no sé, me sentí pequeña… y femenina… me sentí vulnerable pero… realmente puse toda mi confianza en él, para que me guiara.
-Qué maravilla, Kaoru, que puedas vivir algo así. No deberías estar aquí con dos viejas solitarias; deberías tomar el autobús de la mañana y regresar con tu Kenshin.
-Mi padre dice que debo alejarme de eso.-
Naoko se puso de pie un poco tambaleante y cogió una piedra del suelo. La lanzó al río que brillaba bajo la luna.
-Aunque no comparto su opinión, a mí me hubiera encantado tener un padre como el tuyo. Se preocupa mucho por ti.
Kaoru asintió y Naoko se volvió hacia ella.
-Yo no sé si lo tuyo está bien o mal, pero cuando joven, viví algo parecido. Me enamoré de un hombre tan bueno como tu Kenshin, aunque era apenas tres años mayor que yo. Fue… lo más… lo más bonito que he sentido. Pero nunca pude decirle lo que sentía por culpa de… de las cosas que pasaron. -
Naoko recogió más piedras del suelo y las lanzó con fuerza al río. Su voz se escuchaba un poco traposa, signo de que estaba algo ebria.
-Yo era mala en la escuela. Me gustaba el campo y sus misterios… me gustaba correr descalza por la tierra húmeda… era bien salvaje, nunca se me pasó por la cabeza que alguien pudiera gustar de mi, además me tenía sin cuidado pero… el amor nos llega de un modo inesperado. Apenas lo vi, me gustó, me acerqué a él y fui su amiga. Ahh… pero las cosas se complicaron.
Kaoru prestó atención.
-¿No le dijiste que te gustaba?-
Naoko bufó.
-No era tan fácil. Al menos eso me pareció. Él era educado, sabía muchas cosas. Pensé que… que era muy poca cosa para él.-
La mujer guardó silencio un par de minutos. Sólo se escuchó el murmullo del río.
-Mi padre era un hombre tosco, no aceptaba consejos e insistía en cultivar un producto que no se da bien en estas tierras. Debía mucho dinero y nuestro acreedor y dueño de nuestros campos le pidió un hijo que con su trabajo, saldaría la deuda en su casa. Mi padre consideró… que él necesitaba mucho a mis hermanos, asi que me mandó a mí. Entonces yo tenía 15 años.
-Pero eso… es muy injusto.-
-Lo vi como una oportunidad, porque ese chico trabajaba con ellos. ¡Me sentí muy emocionada porque trabajábamos codo a codo en los campos! El señor y la señora eran amables conmigo, porque yo trabajaba muy duro y me daban algunas monedas. Pensaba que así juntaría dinero y me compraría vestidos… me vería guapa. Aprendí a leer… sería una mujer digna del chico de mis sueños y lo enamoraría. Un día la señora me regaló un vestido sencillo de algodón y me ayudó a ponerme linda. ¡Estaba tan contenta!-.
-¿Y él te vio así de bonita?-
La sonrisa de Naoko se disolvió en una mueca amarga.
-No. Nunca llegó a verme así.-
-Pero por qué? –
-Porque… porque… ay, Kaoru… porque primero me vio el sobrino de la señora, que andaba de visita, y le gusté. Me siguió hasta donde me iba a juntar con ese chico y… y… me tomó a la fuerza, el muy… muy desgraciado. Me… me hizo… me dolió mucho.-
Kaoru no podía disimular su impresión.
-Pero… pero… Naoko… -
La mujer se tomó unos segundos para reordenar sus recuerdos.
-Por ahí apareció tu padre y no le tomó mucho tiempo entender lo que había pasado. Yo estaba enmarañada, sucia, con el vestido roto… golpeó a Saigo hasta que se cansó. Luego me ayudó a cubrirme. Fuimos donde la señora que me daba trabajo pero al saber lo que había pasado, me echó la culpa de todo y me tuve que ir de la casa. Pasó lo mismo en casa de mis padres. Yo les era una deshonra. Tu padre me dijo que nadie me iba a defender, y que debía hacerlo yo sola. Fue un gran apoyo. Yo sólo sentía vergüenza. Viví con tu abuela un tiempo y después me fui.
-¿Y el chico que te gustaba?-
El sonido de un vehículo llegó hasta ellas, pero no le prestaron atención.
-Esa es la peor parte. Tiempo después, cuando estaba con otra muchacha, me confesó que yo había sido su primer amor, pero que nunca le di señales. De todos modos me dijo que siempre me querría mucho y que era muy feliz con su novia. Yo no tuve alma para decirle lo que sentía entonces y él se casó y se fue, como mucha gente de este pueblo.-
-¿Y lo olvidaste?
Naoko suspiró.
-No lo sé. Cuando estudiaba me gustó un chico pero… en cuanto él captó que "no lo amaba lo suficiente" cambió conmigo. Se puso agresivo… me golpeó un par de veces. Me costó salir de esa relación, pero lo hice y ya no tuve valor para embarcarme en otra. Ya ves… así es la vida para algunas mujeres. Los hombres buenos, pero buenos desde el alma son escasos y por eso hay que aferrarse a ellos y no dejarlos ir. -
Kaoru no sabía que decir con tamaña historia. Naoko la miró unos segundos.
-Dicen que hay amores que son para pasar el rato y otros para siempre. Yo me enamoré a tu edad, una vez y hasta el día de hoy. Es difícil describir lo que se siente pero, a veces pasa algo que nos da la certeza absoluta que estamos frente a ese tipo de persona, al definitivo amor de tu vida, como le dicen. Si eso te llegara a pasar, Kaoru, con tu Kenshin o con quien sea, lucha por él, aférrate con todas tus fuerzas a esa persona y no la sueltes. A veces pienso que si yo me hubiese atrevido a hablar con ese muchacho, las cosas serían muy diferentes ahora. Él me hubiera protegido, yo tendría una familia… quizá yo tendría una hija de tu edad, quien sabe, pero… no sé… el amor no es para mí, a veces pienso que nunca dejaré de ser poca cosa...-
-Yo en cambio, siempre he pensado que eres una gran persona, Naoko.- dijo Kojiro apareciendo. Kaoru se lanzó a los brazos de su padre, emocionada por la sorpresa.- Pensé que me esperarías en casa, pero aquí está bien. Es un lugar muy bonito.
Naoko se quedó callada, de pie, un poco confundida. No atinaba a moverse y Kaoru lo advirtió, yendo a su lado.
-Pero Naoko, no te quedes ahí… -dijo tomándola de un brazo.- Vamos, saluda a mi papá.-
-Hola… Kojiro.- dijo Naoko, derramando un par de lágrimas ante la consternación del padre y la hija.- Lo… lo siento. Estoy ebria y siento mucha vergüenza que me vean asi. Mejor me voy.-
Naoko intentó moverse y Kaoru de inmediato le dio su apoyo. La ayudó a prepararse para dormir y la arropó cuando se metió a la cama. Le dio un beso de buenas noches.
-Yo no sé qué tienes, Kaoru… - dijo Naoko con los ojos cerrados.-… hace muchos años que no hablaba de esas cosas. Sólo espero que tu Kenshin sepa valorarte, porque eres una joya.-
Su voz se apagó y Kaoru por unos instantes, la observó dormir. Luego fue a atender a su padre que debía estar cansado por el largo viaje.
Al salir del cuarto, Naoko abrió los ojos. Sonrió a medias, y gruesos lagrimones empaparon su almohada.
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Fin acto siete.
Junio 21, 2012
Notas de Autora.
Naoko nació como un personaje que ayudaría a Kaoru a aclararse respecto a Kenshin durante sus vacaciones. Sin embargo, me entusiasmé con ella, porque no es el personaje femenino tipo. Naoko es masculina, es ruda, guarda muchos secretos y ha conectado absolutamente con Kaoru. Sobre le pregunta de si Naoko es alcohólica, probablemente si, aunque me gustaría pensar que si Kaoru se lo pidiera, ella dejaría el alcohol sin mayor dilema.
En el próximo episodio, veremos un poco qué pasa con Kenshin y su complicada relación con Tomoe. Por cierto, aun cuando habla por teléfono, Kenshin es un amor :D
Muchísimas gracias a todas por escribirme.
Les dejo un beso, espero que estén bien.
Blankiss.
