THE SHINING IN THE DARK
Disclaimer: Los personajes y la mayoría de la trama no me pertenecen; son de la autoría de Stephenie Meyer. Yo solamente adapte y aumente un poco la historia.
CAPITULO VI
DISCUSIONES Y SENTIMIENTOS
Desde la noche anterior de mi regreso me sentía entre la espada y la pared. No sabía cómo actuar ni qué decir. El día del instituto había sido normal, claro si es qué puede ser calificado de esa manera.
No había estado en mis planes ni mucho menos haber tenido una conversación como esa con Rosalie. No sabía cómo actuar ni qué decir. Me sentía frustrado. Necesitaba un consejo pero no sabía a quién pedírselo.
Edward era bueno leyendo mentes y era probable qué ya me hubiese psicoanalizado y tuviera una opinión muy exacta de lo qué quería decirme, lo cual sospechaba sé acomodaría a lo qué yo deseaba y de alguna forma necesitaba escuchar.
Alice, con sus cambiantes visiones no era un medio seguro. La noche anterior me había dado cuenta de qué Alice la apreciaba y qué nos había estado ocultando algo. O por lo menos a mí, secreto del cual estaría al tanto Edward. La descarte también. Aún así, debía hablar con ella. De alguna manera Alice sé había vuelto amiga de Rosalie y quizás ella pudiera darme una pista acerca de qué decirle o cómo comportarme.
Jasper y sus constantes altibajos no eran, por ahora una opción viable. Debía, no necesitaba serenarme y quizás en eso el podría ayudarme, pero lo sentía un abuso de mi parte. El recurrir a él solo para tranquilizarme no era algo muy justo.
Bella. Ella era un problema definitivamente. Jamás la había visto así de enfadada con nadie. Ella y Rosalie eran como dos polos de igual carga, por lo qué sé repelían, aunque no entendía exactamente por qué, si ni siquiera conocía a Rosalie.
Solo quedaban Carlisle y Esme.
Esme, mí querida madre adoptiva si era la candidata ideal para hablar. Mi madre sabía escuchar y aconsejar, pero necesitaba hablar con ella cuando lograra encajar un poco más el puzle de la compleja Rosalie Lillian Hale. Estaba seguro de qué cuando pudiera hablar con mi madre acerca de los miedos de Rosalie ella me ayudaría a qué sé desvanecieran, por lo que también lo considere un abuso. Por ahora no necesitaba escuchar el consejo de una madre. Necesitaba el consejo de alguien lo suficientemente imparcial como para poner en orden mis ideas. La única persona qué reunía esas cualidades era precisamente mi padre. Carlisle.
La última vez qué había hablado con mi padre fue el día en qué me marche. Ni siquiera me di el tiempo necesario para agradecerle correctamente todo lo qué había hecho por mí. Por lo qué me sorprendió qué me pidiera salir a cazar juntos.
No estaba sediento realmente, pero necesitaba esa conversación por lo qué accedí de inmediato.
Mientras avanzábamos de cacería, fue como si un vendaval de recuerdos cayera sobre mí. Recordé la última conversación qué tuve con él:
Flashback
"¿Emmett?"
"Debo irme, Carlisle. Debo irme ahora."
"¿Qué ha sucedido?"
"Nada. Aún. Pero pasará, si me quedo aquí."
Me tomó del brazo. Sentí cómo herí sus sentimientos cuando me escapé de su mano.
"No lo entiendo."
"Alguna vez haz...ha habido alguna vez en que..."
Me miré a mi mismo respirar profundo, vi la luz salvaje en mis ojos a través del filtro de su profunda preocupación.
"¿Alguna vez, alguna persona ha olido mejor para tí, que el resto? ¿Mucho mejor?"
"Oh."
Cuando me di cuenta que él había entendido, mi rostro se cayó a pedazos de la pura vergüenza. Me alcanzó de nuevo para tocarme, ignorando cuando traté de arrancarme de nuevo, y su mano izquierda se posó en mi hombro.
"Haz lo que tengas que hacer para resistir, hijo. Te extrañaré mucho. Ten, toma mi auto. Es más rápido."
Fin del flashback
Parecía que estábamos conectados, porque mientras yo recordaba todo aquello el tomo una innecesaria bocanada de aire y me dijo:
Perdóname. En un principio me descoloco pero no quería mirarlo, me sentía tan culpable por lo que él siguió.
Hijo. Algunas veces los padres cometemos errores muy difíciles de reparar. El día qué llegaste así a mi consultorio no pude hacer otra cosa qué pensar en Edward y el día en qué el también llego así a casa. No sé si habré hecho lo correcto, dejando que te marcharas. Pensé en Edward y no en ti como debió haber sido. Sé qué tal vez si te hubiera pedido qué te quedaras te habría demostrado qué confió en ti, porque lo hago, Emmett, es solo qué no supe cómo actuar y siento qué te he lastimado innecesariamente.
- No.- Susurré mientras corría. - Eso era lo que necesitaba. Pude haber traicionado tan fácilmente esa confianza, si me hubieras pedido que me quedara.
- Siento mucho que estés sufriendo, Emmett. Pero debes hacer lo que puedas para mantener viva a la chica Hale. Incluso si eso significa que debes dejarnos de nuevo.
- Lo sé, lo sé.
- ¿Por qué volviste? Tú sabes lo feliz que soy teniéndote aquí, pero si esto es muy difícil... -
- No me gusta sentirme como un cobarde – Admití.
Nos retrasamos. Estaba comenzando a oscurecerse.
-Mejor eso a ponerla en peligro. Ella se irá en un año o dos. -
- Tienes razón, ya sé eso. - Por el contrario, sus palabras qué trataban de sonar tranquilizadoras, sólo me hicieron sentir más ansioso de quedarme. Ella ya no estaría aquí en un año o dos...
Carlisle paró de correr y yo me detuve con él; se volteó para examinar mi expresión.
Pero no irás a escapar, ¿verdad?
Moví mi cabeza de un lado a otro.
¿Es orgullo, Emmett? Quieres demostrar qué al igual qué Edward lo puedes resistir. Sabes qué no tienes qué probarle a nadie absolutamente nada, hijo. Te queremos y no vamos a quererte menos si sucediera eso ¿verdad? No hay nada vergonzoso en….
- No, no es orgullo lo que me mantiene aquí. No ahora.
¿No tienes a dónde ir?
Solté una carcajada corta. - No. Eso no me detendría, si yo quisiera irme.
- Nosotros iremos contigo, por supuesto, si eso es lo que necesitas. Sólo tienes que pedirlo. Tú has seguido adelante sin quejarte de nosotros. Nadie se enojará contigo.
De todas formas, es mucho mejor para todos que nos vayamos ahora, sin hacer daño alguno, que irnos después, luego de que una vida haya llegado a su fin. - Todo el humor se desvaneció.
Me estremecí a sus palabras.
- Sí. - Asentí. Mi voz sonó ronca.
¿Pero no te irás?
Suspiré. - Debería.
- ¿Qué te detiene aquí, Emmett? No logro ver...
- No sé si pueda explicarlo. - Incluso para mí mismo, no tenía ningún sentido.
Él midió mi expresión por un largo momento.
No, no logro verlo. Pero respetaré tu privacidad, si así lo prefieres.
- Gracias. Es muy generoso de tu parte, teniendo en cuenta que yo no le doy privacidad a nadie. No con mi carácter y mi manera de ser.
Todos tenemos nuestros caprichos. Se rió de nuevo. ¿Nos vamos?
Parecía qué la naturaleza premiaba mi entereza y reafirmaba mi decisión de quedarme. Un oso grizzli sé podía oler cerca. O era quizás qué nos habíamos alejado mucho. En cualquiera que fuera el caso. Carlisle me concedió los honores. Cazar osos enfurecidos ayudaba mucho a qué descargara mi adrenalina.
Aún así, era difícil mostrar mucho entusiasmo, incluso bajo las mejores circunstancias, por un aroma que apenas abría el apetito. En estos momentos, con la memoria de la sangre de esa chica, fresca en mi mente, el olor revolvió mi estómago.
Suspiré. - Vamos – Asentí, incluso sabiendo que forzando más sangre bajar por mi garganta iba a ayudar muy poco.
Ambos cambiamos a una posición de ataque y dejamos que la poca apetente esencia nos guiara silenciosamente hacia adelante.
Estaba más helado cuando regresamos a casa. La nieve derretida se había vuelto a congelar; era como si una delgada capa de vidrio lo cubriera todo. Cada rama de los pinos, cada hoja de helecho, cada lámina de hierba estaba cubierta de hielo.
Cuando Carlisle fue a vestirse para su próximo turno en el hospital, me quedé junto al río, esperando a que saliera el sol. Me sentí casi hinchado por la cantidad de sangre que había consumido, pero sabía que la actual carencia de sed significaría muy poco cuando me sentara al lado de la chica otra vez.
Helado y sin expresión como una roca, me senté, mirando la negra agua correr al lado de la congelada orilla, mirando fijamente a través de ella.
Carlisle tenía razón. Yo debería irme de Forks. Ellos inventarían una historia para explicar mi ausencia. Que me cambié de instituto a Europa. O fui a visitar a unos parientes.
Rebeldía adolescente. La historia no importaba. A nadie le importaría mucho.
Era sólo por un año o dos, y la chica ya no estaría. Se habría ido y hubiera continuado con su vida –ella tendría una vida con la cual seguir-. Iría a la Universidad en algún lugar, envejecería, comenzaría una carrera, quizá se casaría con alguien. Podía imaginar eso. Podía verla vestida toda de blanco como un autentico ángel y caminando con paso cuidadoso, su brazo enlazado con el de su padre.
Era incómodo, el dolor que esa imagen me causó. No lo podía entender. ¿Acaso estaba celoso, porque ella tenía un futuro que yo nunca podría tener? Eso no tenía sentido. Cada uno de los humanos a mi alrededor tenían esa misma oportunidad –una vida- y yo raramente me detuve a envidiarlos.
Debería permitirle tener su futuro. Parar de arriesgar su vida. Eso era lo correcto. ¿Acaso eso era por lo qué Edward sé resistía a convertir a Bella? En aquel momento supe lo qué era estar en sus zapatos. Quería a Rosalie a mi lado de una forma egoísta, pero aún con eso, había una parte de mi, la menos egoísta qué debía permitirle seguir con su vida. Pero la imagen de ella sonriéndole a alguien qué no fuera yo me atormentaba. No quería qué ella le sonriera a alguien qué no fuera yo. Ansiaba verme reflejado en sus ojos azules, tenía la necesidad de escucharle decirme "Te amo"
¿Realmente la amaba? –Me pregunte. O era solo un capricho pasajero.
No podía ser un simple capricho. Sentí un golpe sordo en mi congelado corazón. Carlisle siempre decía qué cuando un vampiro encuentra a su alma gemela es para toda la eternidad y no hay nada qué sé pueda hacer para elegir o para cambiarlo siquiera. La amaba y no habría nada qué pudiera hacer para evitarlo. Nadie en toda la eternidad podría siquiera igualarle.
Carlisle siempre elegía el camino correcto. Debería escucharlo.
El sol apareció entre las nubes, y la débil luz hizo brillar todo el césped congelado.
Un día más, decidí. Sólo la vería una vez más. Podía soportar eso. Quizá mencionaría mi pendiente ausencia, construir la historia.
Esto iba a ser difícil; podía sentir eso en el fuerte desgano que me causaba sólo el pensar en las excusas para quedarme, para extender el límite a dos días, tres, cuatro. Pero yo haría lo correcto. Sabía que podía confiar en el consejo de Carlisle. Y también sabía que estaba demasiado confundido para tomar esta decisión sólo por mi cuenta.
Demasiado confundido. ¿Cuánto de este desgano provenía de mi obsesiva curiosidad, y cuánto provenía de mi insatisfecho apetito?
-¿Es difícil aceptar la realidad, no Emmett?
La voz de Edward me trajo a la realidad. No había burla ni rastro de diversión en su rostro.
-Así qué así se sentía. Entre lo qué quieres hacer y lo qué debes hacer, hermano.
Edward me miro asintiendo.
-No quiero matarla, Edward. Pero tampoco quiero alejarme de ella. Pero sé qué debo hacer lo correcto.
Supuse qué Edward había escuchado mi debate mental, lo cual no me importo. Necesitaba aclarar mis pensamientos por lo qué seguí avanzando.
Entre a la casa para cambiarme de ropa para ir al instituto.
Alice me estaba esperando, sentada en el último escalón a la orilla del tercer piso.
-¿Realmente te irás?
-Aún no lo sé pixie. Es difícil.
No me respondió. De nuevo sus visiones interrumpieron lo qué estaba a punto de decirme.
-¿Qué viste, duende?
-Tu futuro está cambiando de manera muy acelerada Emmett, aunque sabes qué nada está grabado en piedra y qué tus decisiones cambian tu futuro. Es como una encrucijada. Debes decidir.
-¿Sabes qué pareces una gitana de feria charlatana?
-Pero sabes qué no lo soy, Emm. Sube a cambiarte. Después hablaremos. ¿Eso querías pedirme?
-Aja.
Mientras subía las escaleras pude ver una mirada cómplice entre ella y Edward. Cualquier cosa qué hubiera visto la duende, Edward estaría al tanto. Si Alice sé negaba a decirme, siempre estaría la posibilidad de qué Edward lo hiciera.
El camino al instituto estuvo muy tranquilo. Jasper sabía que Alice estaba molesta con algo, pero él sabía que si ella quería hablar acerca de aquello ya lo hubiera hecho. Edward y Bella estaban completamente ajenos a lo que estaba sucediendo, teniendo otro de sus momentos, mirando dentro de los ojos del otro con curiosidad. Ni siquiera te podías acercar mucho a ellos, pues Bella tenía puesto su escudo a su alrededor, sin embargo, era molesto mirarlos desde fuera. Todos sabíamos cuán desesperadamente enamorados estaban. O tal vez me estaba volviendo amargado porque era el único que estaba sólo. Algunos días era más difícil que otros vivir con tres perfectamente correspondidos amantes. Este era uno de esos días.
Quizás ellos serían más felices sin mí merodeando por ahí, con mi mal temperamento y comportándome como el viejo que debería ser a estas alturas.
Por supuesto, lo primero que hice al llegar al instituto fue buscarla a ella. Sólo para prepararme.
Correcto.
Era vergonzoso cómo mi mundo de repente parecía estar vacío de todo, menos de ella. Toda mi existencia centrada a su alrededor, más que en el mío.
Era lo suficientemente fácil entender, realmente; después de setenta años de lo mismo todos los días y todas las noches, cualquier cambio se volvía un punto de absorción.
Ella aún no llegaba, no sé veía su coche por ningún lado. Pensé que quizás no vendría pero…. Me apoyé en un lado del auto a esperar. Alice se quedó conmigo, mientras los demás se fueron directo a clases. Me sorprendí cuando la vi llegar. No venía en su flamante BMW, más bien traía un viejo monovolumen. Muy parecido al de Bella. No entendí porque el cambio tan abrupto de coche.
La chica condujo lentamente hasta entrar en mi vista, sus ojos intensamente centrados en la carretera y sus manos firmemente apretadas al volante. Parecía ansiosa por algo. Me tomó un segundo darme cuenta de qué se trataba, dado que todos traían la misma cara el día de hoy. Ah, la carretera estaba cubierta de hielo, y todos estaban tratando de conducir con más cuidado. Podía ver que ella se taba tomando este nuevo riesgo muy seriamente.
Estacionó no muy lejos de mí, pero no había notado que estaba parado aquí, mirándola.
Ella salió de su camioneta con cuidado, probando el resbaladizo piso antes de poner todo su peso en él. No miró hacia arriba, y eso me frustró mucho. A lo mejor yo podría ir a hablarle...
No, eso no estaría bien.
En vez de girar hacia el instituto, caminó alrededor de su camioneta, afirmándose en todo momento de ésta para no caerse, sin confiar en sus pasos. Me hizo sonreír, y sentí los ojos de Alice en mi rostro.
Se detuvo allí, mirando abajo con una extraña expresión en su rostro. ¿Era...ternura?
¿Como si algo en las cadenas la...emocionara?
De nuevo, la curiosidad quemó como la sed. Era como si tuviera que saber qué estaba pensando como si nada más importara.
Iría a hablar con ella. De todas formas, parecía como si necesitara una mano, al menos hasta que saliera del peligroso pavimento. Por supuesto, no podía ofrecerlo eso, ¿o sí? Vacilé, atormentado. Si no le gustaba la nieve, mucho menos iba a agradecer si la tocaba con mis manos congeladas. Debí haberme puesto guantes. Solo me quedaba la opción de hacer reír a la princesita y quizás molestarla porque su coche había vuelto a ser una calabaza.
- ¡NO! - Alice jadeó muy fuerte.
Salí de mi ensoñación. Examine rápidamente mi alrededor. ¿Qué estaba viendo la duende? ¿A Jasper atacar a algún humano? Esa fue mi primera impresión, pero me equivoque.
Mike Newton había decidido tomar la curva hacia el aparcamiento a una imprudente velocidad. Esta decisión lo llevaría a patinar a través de un parche de hielo…. Justo hacia Rosalie.
Me tomo medio segundo comprender y reaccionar.
¡Ella no! Las palabras dispararon en mi cabeza como si pertenecieran a alguien más.
Me lancé a través del aparcamiento, introduciéndome entre el coche y la atónita chica. Me moví tan rápido que todo era un borrón por el objeto de mi foco. Ella no me vio. Ningún ojo humano podría haber seguido mi trayectoria. Mi mente estaba concentrada solo en ella. Aún miraba a la increíble forma que estaba a punto de aplastar su cuerpo contra la carrocería de metal de su camioneta.
La tomé por la cintura, moviéndome con demasiada urgencia para ser tan gentil como ella hubiese querido que lo fuera. En la centésima de segundo que me tomó sacar su liviana figura fuera del camino de la muerte y el tiempo en que choqué contra el suelo con ella en mis brazos, ya estaba vívidamente enterado de su frágil y rompible cuerpo.
Cuando escuché su cabeza chocar contra el hielo, sentí como si yo también me congelara.
Pero ni siquiera tuve un segundo completo para asistir su condición. Escuché el auto detrás de nosotros, chirriando mientras daba una vuelta alrededor del robusto cuerpo de acero de su camioneta. Estaba cambiando su curso, formando arcos, viniendo por ella otra vez, como si ella fuera un imán, atrayéndolo hacia nosotros.
Una palabra que nunca hubiera dicho en frente de una dama, se escapó entre mis dientes.
Ya había hecho mucho. Cuando casi volé a través del aire para sacarla del camino, estaba absolutamente consciente del error que estaba cometiendo. El saber que era un error no me detuvo, pero no era totalmente ignorante sobre el riesgo que estaba tomando. Tomando, no sólo por mí, sino para toda mi familia.
Exposición.
Y esto ciertamente no iba a ayudar, pero de ninguna forma iba a permitir que ese auto lograra quitarle la vida en este segundo intento.
La dejé caer y lancé mis manos hacia afuera, deteniendo la furgoneta antes de que pudiera tocar a la chica. La fuerza me empujó hacia atrás dentro del lugar de estacionamiento al lado de su camioneta, y pude sentir su carrocería doblarse detrás de mis hombros. La furgoneta chocó contra el irrompible obstáculo de mis brazos, se volcó, y luego se balanceó inestablemente en sus dos neumáticos derechos.
Si movía mi mano, la parte trasera de la furgoneta iba a caer en sus piernas.
Oh, por el amor de todo lo sagrado, ¿acaso la catástrofe no terminaría nunca? ¿Existía algo más que pudiera ir mal? Difícilmente me podía sentar aquí, sosteniendo ese viejo auto en el aire, esperando algún rescate. Ni podía lanzarla lejos. Debía considerar al conductor, sus pensamientos eran incoherentes con el pánico.
Con un gruñido interno, empujé el auto para que oscilara lejos de nosotros por un instante. Cuando caía sobre mí, la sujeté por debajo de la carrocería con mi mano derecha mientras enroscaba mi brazo izquierdo en la cintura de la chica de nuevo y la arrojaba fuera de debajo de la furgoneta, apretándola fuertemente hacia mi costado. Su cuerpo se movió mientras la balanceaba alrededor para que sus piernas quedaran libres de ningún peligro
¿Estaba consciente? ¿Cuánto daño le había causado en mi improvisado intento de rescate?
Dejé caer el auto, ahora que no podía hacerle daño a ella. Chocó contra el pavimento y todas las ventanas se rompieron al unísono.
Sabía que estaba en medio de una crisis. ¿Cuánto había visto ella? ¿Habría otros testigos que me vieron materializarme a su lado y luego detener la furgoneta mientras trataba de mantenerla fuera del alcance de la chica? Estas preguntas deberían ser mi mayor preocupación.
Pero estaba demasiado ansioso para realmente preocuparme sobre la amenaza de exponernos como debería. Demasiado asustado de que podía haberla herido en mi esfuerzo por protegerla. Demasiado asustado de tenerla tan cerca de mí, sabiendo cómo olería si me permitía inhalar. Demasiado consciente del calor de su suave cuerpo, presionado contra el mío, incluso a través de ambos obstáculos de nuestras chaquetas, podía sentir ese calor...
El primer miedo fue el mayor. Mientras los gritos de los testigos hacían erupción alrededor nuestro, la bajé para examinar su rostro, para ver si estaba consciente esperando fieramente que no estuviera sangrando por alguna herida.
Sus ojos estaban abiertos, mirando en estado de shock.
- ¿Rosalie? - pregunté desesperado. - ¿Cómo estás?
- Estoy bien.- Dijo las palabras automáticamente en una deslumbrada voz.
Alivio, tan exquisito que casi dolió, recorrió mi cuerpo al sonido de su voz. Respiré por entre mis dientes, y no me importó el acompañamiento ardiente en mi garganta. Casi lo agradecía.
Ella trato de ponerse de pie, pero yo no estaba listo para soltarla. Se sentía de alguna manera... ¿seguro? Mejor, al menos, al tenerla a mi lado.
- Ve con cuidado.- Le advertí. - Creo que te has dado un buen porrazo en la cabeza.-
No había en ningún lado olor a sangre fresca –un milagro- pero esto no descartaba algún daño interno. Estaba abruptamente ansioso de llevarla con Carlisle y a un completo equipamiento de radiología.
- ¡Ay!- dejo, su tono cómicamente se sorprendió al darse cuenta que tenía razón sobre su cabeza.
- Tal y como pensaba...- El alivio me alegró, me puso casi vertiginoso.
- ¿Cómo demo...?.- Su voz se apagó, y sus párpados revolotearon. - ¿Cómo llegaste aquí tan rápido?
El alivio se tornó amargo, y el humor se desvaneció. Ella sí había notado demasiado.
Ahora que estaba seguro de que la chica estaba en perfectas condiciones, la ansiedad por mi familia se volvió severa.
- Estaba a tu lado, Rose.- Sabía por mi experiencia que si era muy convincente al mentir, cualquiera que preguntara estaría cada vez menos seguro de la verdad.
Se sacudió de nuevo, y esta vez la solté. Necesitaba respirar para actuar mi papel correctamente. Necesitaba espacio entre su calor sanguíneo y yo, lo más lejos posible en el pequeño espacio entre los maltratados vehículos.
Ella me miró, y yo a ella. El mirar a otro lado primero que ella, fue un error que sólo un mentiroso incompetente hubiera cometido, y yo no era un mentiroso incompetente. Mi expresión era lisa, benigna... Parecía confundirla. Eso era bueno.
El escenario del accidente ahora estaba rodeado. Mayormente por estudiantes, niños, mirando fijamente y empujándose a través de los restos para ver si había algún cuerpo destrozado. Había un balbuceo de gritos y chorro de pensamientos en shock. Escaneé los pensamientos una vez que estaba seguro que no había alguna sospecha, y luego los dejé de escuchar concentrándome sólo en la chica.
Estaba distraída por la que se armó. Miró alrededor, su expresión todavía estaba atontada, y trató de ponerse de pie.
Puse mi mano suavemente en su hombro para mantenerla donde estaba.
- Quédate ahí por ahora.
- Pero hace frío.- Objetó.
Había estado casi al borde de morir aplastada, dos veces, casi quedó lisiada una vez, y a ella lo que le preocupaba era el frío. Me reí entre dientes antes de recordar que la situación no era para nada graciosa. Rose parpadeó, y luego sus ojos se enfocaron en mi rostro.
- Estabas allí, lejos – Eso me puso serio otra vez.
Ella miró hacia el sur, pero no había nada que mirar ahí ahora, sólo el arrugado costado de la furgoneta. - Te encontrabas al lado de tu coche.-
- No, no es cierto.-
- Te vi. - Insistió; su voz sonaba muy infantil cuando se ponía obstinada. Su barbilla sobresalió un poco.
- Rose, estaba contigo, a tu lado, y te quité de en medio.
Miré profundamente a sus ojos abiertos de par en par, tratando de que ella aceptara mi versión la única versión racional en la mesa.
Su mandíbula se tensó. - No.
Traté de mantenerme calmado, sin entrar en pánico. Si sólo la pudiera mantener callada sólo por unos momentos, para darme una oportunidad de destruir la evidencia...e invalidar su historia con la excusa de su golpe en la cabeza.
¿No debería ser fácil mantener a esta silenciosa, reservada chica, callada? Si solo ella confiara en mí, sólo por un momento...
- Por favor, Rose – Le dije, y mi voz sonó muy intensa, porque de pronto quería que ella confiara en mí. Lo quería de verdad, y no solo por respeto, después del accidente. Un estúpido deseo. ¿Qué sentido tenía el que ella confiara en mí?
- ¿Por qué?- preguntó, todavía a la defensiva.
- Confía en mí.- le rogué.
- ¿Prometes explicármelo todo después? -
Me enojó mucho tener que mentirle otra vez, cuando deseaba por todos los medios poder merecerme su confianza. Así que, cuando le respondí, fue una réplica.
- Muy bien.
- Muy bien. –Repitió en el mismo tono de recriminación.
Cuando el rescate comenzó a acercarse a nosotros llegaron adultos, autoridades, sirenas en la distancia traté de ignorarla y poner mis prioridades en orden. Busqué a Edward con la mirada. Solo el podría saber qué pasaba en todas las mentes en el aparcamiento, los testigos y los que venían llegando tarde.
Ella era la única que no aceptaba tan fácilmente esa explicación, pero consideraría al menos a los confiables testigos. Ella estaba asustada, traumatizada, sin mencionar el fuerte golpe en su cabeza. Posiblemente en shock. Sería aceptable para su historia que estuviera confundida, ¿cierto? Nadie le daría mucha importancia en contra de muchos otros espectadores...
Edward sé acerco hasta mi avisándome qué no existía peligro alguno y asegurándome qué después borrarían la evidencia. Lo cual me alivio.
Un equipo de EMT (Emergency Medical Technician) o Técnicos Médicos de la Emergencia sé acercaron a examinarnos. Por supuesto yo rechace la ayuda y la señale a ella. Aún así, subí en la parte delantera de la ambulancia para ir al hospital.
Mientras la examinaban, pude ver qué su padre había llegado. Observe en su rostro una marcada frustración por ese hecho. Escuche como ella le aseguraba estar perfectamente, y le preguntaba porque estaba en Forks, cuando sé suponía qué debía estar en Seattle. El le respondía algo sobre una cancelada audiencia pero aún así el abogado Hale sé dirigió con atención a varios EMT's para qué corroboraran lo dicho por su hija.
La comitiva avanzo muy lentamente para mi gusto hacia el hospital, seguido de un par de autos más. Entre ellos, el lujoso automóvil del padre de Rosalie, el mismo qué en otras circunstancias me hubiese hecho gracia. Pero no en este momento. En cuanto llegamos al hospital, busque a Carlisle y le explique lo sucedido.
No era como si el accidente le sorprendiera. –A estas alturas, todo el pueblo debía saber del accidente en el instituto-. Lo qué sorprendió y alarmo a Carlisle fue qué yo estuviera en su oficina.
Emmett –tu no…
- No, no, no es eso.
Respiró profundo. Por supuesto que no. Siento mucho haberlo considerado. Tus ojos, por supuesto, debí haberlo sabido... Él notó con alivio que mis ojos aún eran dorados.
- De todas maneras, ella está herida, Carlisle, probablemente nada serio, pero... -
- ¿Qué fue lo que ocurrió? -
- Un estúpido accidente automovilístico. Ella estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero no podía sólo quedarme ahí y dejar que la aplastara...
-Comienza de nuevo, no estoy entendiendo. ¿Cómo estuviste tú involucrado en todo esto?
- Un automóvil patinó sobre el hielo, - susurré. Miré a la muralla detrás de él mientras hablaba. En vez de una multitud de diplomas enmarcados, él tenía una simple pintura al óleo. Una de sus favoritas, un aún no descubierto Hassam. - Ella estaba en el camino. Alice lo vio venir, lo supe en cuanto grito, pero no había tiempo de hacer nada más que realmente correr a través del aparcamiento quitarla de en medio. Nadie lo notó...excepto ella. Tenía que detener ese auto, también, pero otra vez, nadie vio eso...excepto ella. Yo...lo siento mucho Carlisle.
No quise ponernos a todos en peligro. Me sentí un tanto absurdo al decir aquello.
Rodeó el escritorio y puso su mano en mi hombro.
Hiciste lo correcto. Y no debió ser fácil para tí. Estoy orgulloso de tí, Emmett.
Ahora podía mirarlo a los ojos. - Ella sabe que hay algo...raro conmigo.
- Eso no importa. Si nos tenemos que ir, nos iremos. ¿Qué ha dicho ella?-
Moví mi cabeza, un poco frustrado. - Nada aún.
¿Aún?
- Ella estuvo de acuerdo con mi versión de los hechos. Pero está esperando una explicación.
Él frunció el ceño, considerando esto.
- Se golpeó la cabeza, bueno, en realidad yo le golpeé la cabeza,- continué rápidamente. - La golpeé contra el piso bastante fuerte. Ella parece estar bien, pero... No creo que cueste mucho desacreditar su historia.
Me sentí un delincuente al decir esas palabras.
Carlisle oyó el hastío en mi voz. Quizá eso no será necesario. Veamos qué pasa, ¿vamos? Suena como que tengo un paciente que atender.
- Por favor.- le dije. - Estoy tan preocupado de que la haya herido. -
La expresión de Carlisle se aclaró. Sacudió su rubio cabello sólo unos tonos más claros que ojos dorados y se rió.
Ha sido un día interesante para ti, ¿verdad? Como si los roles se hubieran invertido. En algún lugar durante ese corto silencioso segundo cuando me lancé a través del congelado pavimento, me había transformado de asesino a protector.
Me reí con él, recordando la seguridad que tenía de que Rose jamás necesitaría protección de nada más que de mí. Había un límite para mi risa porque, con auto o sin el, eso era totalmente verdad.
Acompañe a Carlisle escuchando el hospital lleno de murmullos. Mike Newton, el conductor del auto, parecía estar herido peor que Rose, y la atención a él mientras ella esperada su turno para que le tomaran radiografías. Carlisle se mantuvo en el fondo, confiando en el diagnóstico de los exámenes, que Rose solo estaba levemente lastimada. Lo sabía por esa expresión qué mantenía. Era idéntica a la qué mostraba cuando le hablaba a Esme o a la familia de sus pacientes. Esto me puso ansioso, pero sabía que él tenía razón. Un sola mirada a su rostro y ella estaría inmediatamente recordándome, en el hecho de que había algo raro conmigo y mi familia, y eso podía hacerla hablar.
Ella ciertamente tenía suficientes compañeros para conversar. Mike estaba consumido por la culpa, ya que casi la había matado, y no parecía que iba a callarse.
Hubo un momento muy tenso para mí cuando Mike le preguntó cómo había salido fuera del camino.
Esperé, sin respirar, mientras ella vacilaba.
- Pues... - La oyó decir. Entonces hizo una pausa tan larga que Mike pensó si la había confundido con su pregunta. Finalmente, continuó. - Emmett me empujó para apartarme de la trayectoria del auto.
Exhalé. Y entonces mi respiración se agitó. Nunca antes la había escuchado decir mi nombre. Me gustó como sonó
Quería escucharlo. Quería qué ella me lo dijera a mí
- Emmett Cullen,- ella dijo, cuando Mike parecía confuso respecto a lo que ella se refería. Me encontré a mi mismo en la puerta, con mi mano en la perilla. El deseo de verla se estaba haciendo cada vez más fuerte. Me tenía que auto recordar la necesidad de precaución.
- Estaba a mi lado.
— ¿Estará durmiendo? —Yo sabía qué no. Su respiración no era tan acompasada. ella abrió los ojos de inmediato.
Fue fácil ignorar a Mike y el olor de su sangre cuando ella puso su atención en mi.
—Oye, Emmett, lo siento mucho... —empezó Mike.
—No hay culpa sin sangre —me senté a los pies de su cama. Necesitaba contemplarla antes de….
— ¿Bueno, cuál es el diagnóstico? –pregunte con una media sonrisa. Ella bufo molesta.
—No me pasa nada, pero no me dejan marcharme —se quejo—. ¿Por qué no te han atado a una camilla como a nosotros?
—Tengo influencias —respondí—, pero no te preocupes, voy a liberarte.
En ese momento Carlisle entro.
—Bueno, señorita Hale ¿Cómo se encuentra? –pregunto Carlisle. En ese momento también me di cuenta de qué Edward lo acompañaba.
—Estoy bien —dijo ella algo molesta.
Carlisle se dirigió hacia la mesa de luz vertical de la pared y la encendió.
—Las radiografías son buenas —dijo—. ¿Le duele la cabeza? Emmett me ha dicho que se dio un golpe bastante fuerte.
—Estoy perfectamente —repitió suspirando al tiempo qué miraba enojada y sé daba cuenta de qué Edward, sé encontraba en la sala la sala.
Carlisle comenzó a examinarla y ella emitió un gesto de dolor.
— ¿Le duele? —preguntó.
—No mucho.
No pude evitar reír y ganarme una mirada furiosa de su parte. Para aliviar la situación de tensión, Carlisle intervino.
—De acuerdo, su padre se encuentra en la sala de espera. Se puede ir a casa con él, pero debe regresar rápidamente si siente mareos o algún trastorno de visión.
— ¿No puedo ir a la escuela? Pregunto algo hastiada.
—Hoy debería tomarse las cosas con calma. –Le respondió Carlisle.
Eso, en lugar de calmarla la enfureció más y al parecer yo era su víctima favorita.
— ¿Puede él ir a la escuela? –pregunto tratando de contener la ira en su voz.
—Alguien ha de darles la buena nueva de que hemos sobrevivido —dijo con suficiencia y una mueca que simulaba una sonrisa.
—En realidad —le corrigió Carlisle parece que la mayoría de los estudiantes están en la sala de espera.
— ¡Oh, no! –dijo ella desesperada, lo qué nos descoloco a Carlisle y a mi.
— ¿Quiere quedarse aquí?
— ¡No, no! —insistió al tiempo que sacaba las piernas por el borde de la camilla y se levantaba con prisa, con demasiada prisa, porque se tambaleé y mi padre la sostuvo. Parecía preocupado. Y yo un poco enfurecido. ¿Por qué no preví eso? Quizás yo podría haberla sujetado para qué no cayera y así obtener un último contacto.
—Me encuentro bien —volvió a asegurarle.
Me recordó a una chiquilla berrinchuda y caprichosa, y al parecer a Edward también, porque tampoco pudo evitar sonreír.
—Tome unas pastillas de Tylenol contra el dolor.
—No me duele mucho —volvió a asegurar.
—Parece que ha tenido muchísima suerte —dijo con una sonrisa mientras firmaba el informe con una floritura.
—La suerte fue que Emmett estuviera a mi lado —le corrigió a Carlisle, mientras me miraba enfadada.
—Ah, sí, bueno —Carlisle sé quedo en stand by y me pedía encargarme de ella, con un tono de voz solo perceptible a los oídos tan sensibles de un vampiro. Súbitamente ocupado con los papeles que tenía delante. Después, miró a Mike y se marchó a la cama contigua.
—Lamento decirle que usted se va a tener que quedar con nosotros un poquito más —le dijo a Mike, y empezó a examinar sus heridas.
Ella llego hasta mi.
— ¿Puedo hablar contigo un momento? —murmuro muy bajo.
—Tu padre te espera —dije
Ella miro a mi padre, a Edward y a Mike, e insistió:
—Quiero hablar contigo a solas, si no te importa.
¿Es qué no podía dejarlo allí? No quería mentirle. Pero ella no me daba otra opción.
— ¿Qué quieres? —pregunte tratando de sonar enojado. Por supuesto, Edward salió por una puerta lateral para escuchar la conversación y así poder avisarme de algún peligro.
—Me debes una explicación —dijo enfadada.
—Te salvé la vida. No te debo nada. –Le respondí duramente.
—Me lo prometiste. –Recordó.
—Rosalie, te diste un fuerte golpe en la cabeza, no sabes de qué hablas.
—No me pasaba nada en la cabeza.
— ¿Qué quieres de mí, Rosalie?
—Quiero saber la verdad —dijo—. Quiero saber por qué miento por ti.
— ¿Qué crees que pasó? —pregunte intentando desviar la conversación.
—Todo lo que sé —le contesto de forma atropellada— es que no estabas cerca de mí, en absoluto, y Mike tampoco te vio, de modo que no me vengas con eso de que me he dado un golpe muy fuerte en la cabeza. La furgoneta iba a matarnos, pero no lo hizo. Tus manos dejaron abolladuras tanto en la carrocería de la furgoneta como en el coche marrón, pero has salido ileso. Y luego la sujetaste cuando me iba a aplastar las piernas...
La observe mientras ella se daba cuenta de lo loco qué sonaba aquello. Por supuesto la mire con incredulidad, dándole más coherencia a lo qué ella pensaba. Pero aún así me mantuve a la defensiva.
— ¿Crees que aparté a pulso una furgoneta? –pregunte aún incrédulo.
Ella simplemente asintió. No tenía palabras.
—Nadie te va a creer, ya lo sabes. –Asegure desdeñoso.
—No se lo voy a decir a nadie.
—Entonces, ¿qué importa? –pregunte sorprendido-
—Me importa a mí —grito—. No me gusta mentir, por eso quiero tener un buen motivo para hacerlo.
— ¿Es que no me lo puedes agradecer y punto?
—Gracias.
Sé le notaba la furia en los ojos.
—No vas a dejarlo correr, ¿verdad?
—No.
—En ese caso... espero que disfrutes de la decepción.
Enfadados, .nos miramos el uno al otro, hasta que al final ella rompió el silencio.
En tal caso, -dijo molesta ¿Podrías aclararme algo?
No sabía qué esperar, pero supuse qué cualquier otra cosa qué alentara su distracción seria buena.
-Un par de enfermeras aseguraron que no era la primera vez que tu familia estaba involucrada en un accidente similar. ¿Quién fue la anterior victima?
¿Es qué acaso nadie en este pueblo puede mantener la boca cerrada? ¿Por qué tienen esa absurda necesidad de entrometerse en la vida de los demás? A estas alturas, había olvidado por completo aquel incidente y parecía qué la gente no lo haría.
Tome una bocanada de aire y le respondí.
-Mi cuñada, Isabella. Parece que aquí todos están acostumbrados a casi asesinar a las chicas nuevas. –Dije haciendo un amago de sonrisa. Mientras me alejaba. No quería responder más preguntas peligrosas.
Ella corrió a través del pasillo a alcanzarme. — ¿Por qué te molestaste en salvarme? —pregunto fríamente.
—No lo sé. Y eso era verdad. Por mi mente pasaron muchas ideas. Desde no querer qué muriera, hasta culpar a Jasper y su poco autocontrol. De cualquier forma yo sabía qué mentía. La había salvado porque la quería viva y a mi lado. No podía imaginarme un mundo en el qué ella no existiera. Ya no.
La escuche salir. No voltee. No podía con la culpa. Vi a Carlisle de lejos y a Edward emparejándose a mi lado. Volvimos a la mansión Cullen. Tendríamos una reunión familiar a la brevedad posible y yo ya estaba preparado para lo qué fuera a ocurrir. Aunque en realidad, Carlisle sé quedo en el hospital por cualquier emergencia qué pudiera suscitarse después del aparatoso accidente.
Todos esperamos a qué Carlisle terminara su turno en el hospital y volviera a casa. No era fácil, por supuesto pero ¿Quién había dicho qué la vida era fácil? A lo largo de los setenta años qué he vivido como vampiro, no recuerdo a nadie qué hubiese tenido una vida fácil. A la gente de bajos recursos la había visto sufrir o morir de hambre, mientras qué a las personas pudientes las había visto morir hundidos de preocupación por qué la bolsa de valores no sé desplomase y los dejara en la ruina o por ver como sus seres queridos sé peleaban unos con otros por la cuantiosa herencia qué dejaría. Era un patrón qué había venido repitiéndose a lo largo de las décadas y esa clase de conducta qué no cambiaria para mejor a lo largo de los años.
Edward me observaba atónito. Por su expresión facial supuse qué no sé esperaba algo como lo qué pensaba. No. Claro qué no. Había pasado de ser alguien alegre y optimista a un analítico preocupado sin remedio.
Mientras nos dirigíamos a casa Edward me dijo:
-Todo saldrá bien Emmett. Haremos lo necesario para qué nadie salga lastimado, hermano. Pero debo advertirte qué no todo será fácil. Es tu decisión y al elegir un camino tendrás qué vivir con las consecuencias de aquello qué elijas.
Lo mire y asentí. Era un buen consejo.
-No quiero qué ella salga lastimada Edward. Ahora te entiendo. Nos es muy fácil juzgar y aconsejar cuando no estamos en el lugar del otro. Recuerdo qué para mí era muy fácil decirte qué convirtieras a Bella, siempre había pensado qué tu alma gemela –como dice Carlisle- estará para siempre a tu lado y te aceptara. Pero con ella no sé qué esperar. Sé qué tu sabes lo qué ella piensa, pero aún así, aún yo….
-Te enamoraste y tienes miedo.
Asentí.
No deberías temer Emm. Algunas veces, las personas suelen sorprendernos. Aunque lo aparente, Rosalie no ha tenido una vida fácil. Sé qué los humanos piensan lo contrario. Para ellos el valor de una buena o mala vida sé mide en la escala material y en la riqueza qué puedan atesorar. Para ellos lo más importante es como vistes, de qué marca es aquello usas o qué coche conduces. Pero ella es diferente. Suena tonto e ilógico pero no lo es. Para alguien como ella qué ha vivido rodeada de aquellos lujos el obtenerlos es algo normal y común y generalmente no sé fija en lo qué los demás utilizan, puesto qué ha crecido rodeada de gente como ella. Para Rosalie no es fácil imaginarse una vida distinta a la suya, pero precisamente porque lo qué tiene o utiliza ha sido siempre parte de su vida no le da mayor importancia.
Sabes qué no es qué quisiéramos escuchar su conversación en la cafetería Emmett, sobra decir qué fue gracias a nuestros agudos sentidos qué lo hicimos y en mi caso porque sin intención escuche sus pensamientos.
Rosalie extraña sentirse segura querida y protegida. Eso sé lo diste tu, Emmett. Por eso es qué ella no entiende como es qué la trataste así en el hospital.
Cuando ella te contaba parte de su historia en su voz existía ese tono de añoranza por algo qué le hace falta. No lo dijo literalmente, pero el qué el senador Hale y su esposa murieran la afecto al punto de no sentirse parte de ningún lugar. Acepto hacer cosas qué jamás hubiese hecho antes bajo ninguna circunstancia. ¿Por qué crees qué le es muy fácil adaptarse al ambiente de este pequeño instituto cuando creció en lo mejor de Nueva York? Ella ya lo había hecho antes y es por eso qué este instituto no le resulta extraño Emmett. Rosalie en un afán por encontrar en otras personas el cariño qué le daban sus abuelos acepto someterse a los deseos y caprichos de su madre. Es tal y como tú lo pensaste, aunque su madre jamás lo aceptara y ella tampoco. En fin Emmett, lo qué quiero decir es qué ella jamás había hablado de lo qué le sucedió con nadie. Eres la primera persona a la qué sé lo cuenta y el qué ella te diera esa confianza y tu, de alguna manera la traicionaras haciendo lo qué hiciste hace unos instantes la ha dejado muy mal.
-Entonces ¿Crees qué sería mejor si yo le contara lo qué somos? Eso sería exponerla a un peligro aún mayor. Yo no creo qué los Vulturi…. Pero no pude terminar porque Edward me interrumpió.
-Prepárate Emmett. Alguien en la casa está esperando una explicación muy lógica y coherente sobre lo qué paso en el instituto.
-Supongo qué ya la conoces, Edward.
-Así es, pero eso no quita el hecho de qué…. Lo sabes.
Si, lo sé Emmett.
E&R
Nos fuimos directo al comedor.
Obviamente, el lugar, nunca se ocupaba para su previsto propósito. Pero estaba amueblado con una mesa larga, ovalada y de color caoba rodeada de sillas éramos escrupulosos sobre tener toda la utilería en su lugar. A Carlisle le gustaba ocupar el lugar como una sala de conferencias. En un grupo con tal fuerza y dispares personalidades, a veces era necesario discutir las cosas con calma, cada uno en su lugar.
Tenía el presentimiento de que el estar sentados no iba a ayudar mucho el día de hoy. Era como vivir un deja-vú con lo sucedido con Bella hace dos años.
Carlisle estaba sentado en su puesto usual a la cabeza del lado este de la habitación.
Esme estaba a su lado con sus manos tomadas por encima de la mesa.
Los profundos y dorados ojos de Esme estaban enfocados en mi, llenos de preocupación.
Quédate. –Fue su único susurro.
Deseaba poder sonreírle a la mujer que verdaderamente era una madre para mi, pero no tenía consuelo para ella en estos momentos.
Me senté al otro lado de Carlisle. Esme se acercó para poner su mano libre sobre mi hombro. Ella no tenía idea de lo que estaría por comenzar; sólo estaba preocupada por mi.
Carlisle tenía un mejor presentimiento de lo que iba a ocurrir. Sus labios estaban presionados suavemente y su frente estaba arrugada. La expresión lo hacía ver viejo.
Cuando todos se sentaron, podía ver las líneas dibujadas.
Bella se sentó frente a Carlisle en el otro lado de la mesa. Me miró fijamente en todo momento.
Edward se sentó a su lado, con su rostro y sus pensamientos inescrutables.
Jasper vaciló, y luego se fue a parar contra la pared detrás de Bella. Él estaba decidido a apoyar lo qué ella decidiera sin importar el resultado de esta discusión. No necesitaba ser un lector de mentes como Edward. Jasper aún no superaba la culpa de lo sucedido en su cumpleaños 18.
Alice fue la última en entrar, y sus ojos estaban enfocados en algo lejano el futuro, aún muy imperceptible para que ella hiciera uso de él. Pareciendo que sin pensarlo siquiera, se sentó al lado de Esme. Se frotó la frente como si tuviera jaqueca. Jasper se movió intranquilo considerando acercarse y acompañar a Alice, pero se mantuvo en su lugar.
Respiré profundo. Yo había empezado esto yo debía hablar primero.
- Lo siento.- Dije, mirando primero a Bella, después a Jasper y a Edward. - No era mí intención ponerlos en peligro. Fui desconsiderado, y asumiré toda la responsabilidad por mi precipitado acto.
Bella me miró ceñuda. - ¿A qué te refieres con, "asumiré toda la responsabilidad"? ¿Lo vas a arreglar todo?
- Estoy dispuesto a marcharme ahora, si eso arregla las cosas.- Si estoy seguro de que la chica estará a salvo y que ninguno de ustedes la tocará, corregí en mi cabeza.
- No.- Esme murmuró. - No, Emmett.
Acaricié su mano. - Es sólo por unos años.
-Me sentía como si estuviera ocupando el lugar de Edward años atrás. Era una sensación asfixiante. Y más cuando veía a Esme suplicarme no alejarme. Por mi mente cruzo el recuerdo de sus facciones llenas de tormento como cuando Edward sé fue.
- Bueno, Esme tiene razón.- dijo Edward. - No puedes ir a ninguna parte justo ahora.
Eso sería lo opuesto a ayudar. Tenemos que saber lo que la gente está pensando, ahora más que nunca.
- Alice notará cualquier peligro.- Discrepé.
Carlisle movió su cabeza. - Creo que Edward tiene razón, Emmett. La chica estará más dispuesta a hablar si tu desapareces. O nos vamos todos, o no se va nadie.
- Ella no dirá nada. - insistí rápidamente. Bella estaba al borde de la explosión, y yo pretendía explotar primero.
La palma de Bella golpeó la mesa con una fuerte explosión. - No le podemos dar una oportunidad a la humana a que diga algo. Carlisle, tú debes ver eso. Incluso si todos desapareciéramos, es peligroso dejar historias detrás de nosotros. Vivimos muy diferente al resto de nuestra clase tu sabes que los Vulturi amarán tener una excusa para apuntarnos con el dedo. ¡Debemos ser más cuidadosos que cualquiera!
- Ya hemos dejado rumores detrás de nosotros antes.- le recordé ácidamente. Aunque claro no lo sabes porque no eres un miembro muy antiguo en nuestra familia, Bella.
- Sólo rumores y sospechas, Emmett. ¡No testigos y evidencias!
- ¡Evidencias! - me burlé. Pero Jasper negaba con la cabeza, con una mirada muy dura.
- Bella... - comenzó Carlisle.
- Déjame terminar, Carlisle. No tiene que ser una gran producción. La chica se golpeó la cabeza. Puede que de pronto ese golpe resulte ser más serio de lo que aparenta.- Bella se encogió. - Todos los mortales se van a dormir con la duda de no volver a despertar. Los demás esperarán que seamos capaces de arreglar nuestros asuntos. Técnicamente, ese sería el trabajo de Emmett, pero esto obviamente lo supera. Tú sabes que yo me puedo controlar. No dejaría ninguna evidencia.
- Sí, Bella, no sabíamos la competente asesina qué podrías llegar a ser. –Le gruñi.
Ella me gruñó de vuelta, furiosa.
-Emmett, por favor.- dijo Carlisle. Luego se volvió hacia Bella. - Bella, tu situación y la de Rosalie son muy distintas. Sé qué en el accidente sé asemejan, pero aún así ella no tuvo culpa alguna por el incidente en el patio escolar. La chica Hale es inocente.
- No es algo personal, Carlisle.- Bella dijo entre dientes. - Es para protegernos a todos.
Hubo un breve momento de silencio mientras Carlisle pensaba su respuesta. Cuando negó, Bella puso los ojos en blanco. Ella debió haberlo sabido. Tanto como cualquiera en el comedor y qué conociera a Carlisle hubiera podido anticipar sus próximas palabras. Carlisle nunca iba a comprometer la seguridad de alguien.
- Sé que tus intenciones son buenas, Bella, pero...me gustaría mucho que realmente fuéramos algo que valiera la pena proteger. El ocasional...accidente o lapso en rigor es una parte deplorable de quiénes somos.- Era muy común en él incluirse en el plural, aunque él nunca había sufrido un lapso. - El asesinar a una inocente niña a sangre fría es algo muy diferente. Creo que el riesgo que ella presenta, aunque diga sus sospechas o no, no es nada comparado con el riesgo mayor. Si hacemos excepciones para protegernos, nos arriesgamos a algo mucho más importante. Nos arriesgamos a perder la esencia de quiénes somos.
Controlé mi expresión muy cuidadosamente. No ayudaría para nada hacer una mueca.
O aplaudir, que es lo que quería hacer ahora.
Bella frunció el ceño. - Sólo se trata de ser responsable.
- Es ser insensible.- corrigió Carlisle gentilmente. - Toda vida es valiosa.
Bella suspiró muy fuerte y su labio inferior sobresalió. Edward acarició su hombro.
- Todo estará bien, Bella. - la animó en una baja voz.
Es qué no lo entienden –grito desesperada Bella. Precisamente esto de matarla sé trata de evitar una tragedia familiar. Sé qué no la conozco personalmente ni mucho menos, pero conozco a las chicas de su clase. Después de todo, tal y como ustedes lo aseguraron ella y yo venimos de la misma brecha generacional. Claro qué conozco su forma de pensar. Es de esa clase de chicas egoístas a las qué solo les importa ella misma. No hace falta ser un genio ni poder leer la mente como Edward para saber qué es una chiquilla hueca y sin cerebro qué juega a ser la princesa encerrada en una torre. Ella jamás ha sufrido y ha tenido todo lo qué ha deseado, si basta ver como este pueblo prácticamente besa el suelo donde pisa.
Antes de llegar a Forks conocí a alguien como ella en Phoenix, su nombre era Emma. Era la sobrina de un senador, la habían mandado al instituto público para darle una lección por su comportamiento, pero no fue así.
La señorita llego y sé adueño de todo el lugar. Humillaba a todos en la escuela, siempre hacia lo qué deseaba y jamás la molestaba nadie. El instituto era su pequeño reino de terror. Pero claro, nadie decía ni hacia nada porque era la sobrina del senador Thompson.
-Pero eso no tiene nada qué ver con la situación de Rosalie, Bella. Tu no la conoces ni sabes qué cosas pasan por su cabeza. Además, es probable qué ni siquiera hable del accidente, tal y como tu no lo hiciste.
-Pero sigue siendo un peligro inminente. Ella es como Emma Thompson. Grita, golpea, humilla.
Todos nos sorprendimos. Generalmente Bella no hablaba sobre su pasado, pero está vez había dicho tantas cosas.
-Rosalie no es así, Bella…. Ella…. Ni siquiera termine mi alegato. Carlisle me detuvo.
- La pregunta, - continuó Carlisle, - si nos tenemos que marchar, o no.
- No.- gimió Bella. No quiero alejarme de aquí, yo no….
-Es egoísmo de tu parte, entonces –explote furioso. Porque déjame recordarte Bella qué si nos quedamos aquí en Forks fue por ti. La verdad es qué nos íbamos a mudar en aquel tiempo después de tu accidente, pero no lo hicimos y por el contrario, está familia cuando te transformamos decidimos hacer lo qué nos pedias. No puedes ser ahora tu tan egoísta como para querer terminar con….
-Ya basta.
Carlisle se encogió.
- ¡Me gusta aquí! ¡Hay tan poco sol, que casi podemos tener una vida normal!
-Ahora te gusta el clima. No me digas. Tu odiabas Forks.
- Bueno, ciertamente no tenemos que decidirlo ahora. –Volvió a intervenir Carlisle intentando poner algo de orden. Podemos esperar y ver si es realmente necesario. Emmett parece muy seguro del silencio de la chica Hale y tenemos a Edward para vigilar sus pensamientos.
Bella resopló.
Pero ya no estaba preocupado por Bella. Podía ver que ella acataría la decisión de Carlisle, sin importar cuán enfurecida estaba conmigo. Su conversación se había movido a detalles menos importantes. Aunque una parte de mi sé sintió culpable. Después de todo, Bella era mi hermanita pequeña y jamás había tenido ninguna clase de altercado con ella.
Jasper permaneció inmóvil.
Entendía por qué. Antes de que él y Alice se conocieran, él vivió en una zona de combate, un implacable teatro de guerra. Él sabía las consecuencias sobre burlar las reglas. Él había visto las espantosas secuelas con sus propios ojos.
Decía mucho el que Jasper no hubiera tratado de calmar a Bella con sus facultades extras, ni que tratara de alentarla. Él se mantenía alejado de esta discusión sobre ella.
- Jasper. - dije.
Él me miró sin ninguna expresión en su rostro.
- Ella no pagará por mi error. No lo voy a permitir.
- Entonces, ¿Ella se beneficiará del? Ella debió morir hoy, Emmett. Yo sólo voy a terminar lo que empezó.
Repetí, enfatizando cada palabra. - No lo permitiré.-
Levantó las cejas. Él no estaba esperando esto. Él no había imaginado que yo actuaría para defenderla. Podía sentir la sorpresa en mi cuerpo como propia.
Movió su cabeza una vez. - No permitiré que Alice viva en el peligro, incluso uno pequeño. Tú no sientes por nadie lo que yo siento por ella, Emmett. Y no has pasado por lo que yo he pasado, aunque hayas visto mis recuerdos o no. Tú no lo entiendes.
- No estoy negando eso, Jasper. Pero te lo digo ahora, no te voy a permitir que hieras a Rosalie Lillian Hale.
Nos miramos mutuamente sin pestañear, midiendo la oposición. Sentí cómo cateaba el humor a mí alrededor, probando mi determinación.
- Jazz, - dijo Alice, interrumpiéndonos.
Él me sostuvo la mirada por un momento más, y entonces la miró a ella. - No te molestes en decirme que te puedes cuidar sola, Alice. Yo ya sé eso. Aún así tengo...
- Eso no es lo que voy a decir. - interrumpió Alice. - Te iba a pedir un favor.
- Sé que me amas. Gracias. Pero realmente apreciaría que no trataras de matar a Rose.
Primero que todo, Emmett habla en serio, yo no quiero verlos pelear. Segundo, ella es mi amiga.
- Pero...Alice... - Jasper jadeó. No pude lograr voltear mi cabeza y mirar su expresión.
El modo en que decía el nombre de la chica...como si ya fueran amigas muy cercanas...
- Alice – dije. - ¿Qué significa...? -
- Te dije que un cambio se aproximaba. No lo sé, Emmett.- Pero apretó su mandíbula y pude ver que había más.
- ¿Qué, Alice? ¿Qué estás escondiendo? -
- ¿Es sobre ella? - exigí saber. - ¿Es sobre Rose?
- Se está solidificando. - susurró Alice. - Cada minuto estás más decidido. Existen sólo dos caminos para ella. Es lo uno o lo otro Emmett.
- Debo irme. - le susurré a Alice, ignorando a Edward.
- Emmett, ya hemos intentado eso. - dijo Edward muy despacio. - Esa es la mejor manera de alentar a la chica a que diga algo. Tienes que quedarte y afrontar esto.
- No veo que vayas a ninguna parte, Emmett. - me dijo Alice. - Creo que ya no puedes irte. –
Piensa en eso, agregó silenciosamente. Piensa en irte.
Vi a lo que se refería. Sí, la idea de no verla más era...dolorosa. Pero era también necesario. No podía sancionar ningún futuro del que aparentemente yo iba a condenarla.
No estoy totalmente segura de Jasper, Emmett, Alice continuó. Si tu te vas, si él piensa que ella es un peligro para nosotros...
- No escucho eso. - La contradije, todavía medio inconsciente de nuestra audiencia.
Jasper estaba dudoso. Él nunca haría algo que hiriera a Alice.
No es el momento oportuno. ¿Arriesgarás su vida, dejándola indefensa?
- ¿Por qué me estás haciendo esto? - gruñí. Mi cabeza se cayó entre mis manos.
Yo no era el protector de Rosalie. No podía serlo. ¿Acaso el futuro dividido de Alice no era suficiente prueba de eso?
Yo también la amo. O lo haré. No en la misma forma, pero la quiero alrededor para cuando eso ocurra. Por ahora, solo somos amigas. Y créeme, ella no tiene muchas. Está sola y Bella, pues ella no tiene la culpa de lo qué tu has vivido. Ella simplemente…
- Amarla... ¿también? - susurré, incrédulo.
Ella suspiró. Estás tan ciego, Emmett. ¿Acaso no ves a dónde te lleva todo esto? ¿No puedes ver dónde estás? Es mucho más inevitable que el sol salga por el este. Ve lo que yo veo... intenta ver tu comportamiento desde el punto de vista de un tercero.
Agité mi cabeza, horrorizado. - No.- traté de apagar las visiones que ella me revelaba.
- No tengo que seguir ese camino. Me iré. Cambiaré el futuro.
- Puedes intentarlo. - me dijo, con su voz escéptica.
- ¿Enamorado de una humana? - Repitió Esme en su aturdida voz. - ¿De la chica que salvó hoy? ¿Enamorado de ella?
- ¿Qué es lo que ves, Alice? Exactamente.- preguntó Jasper.
Ella se volteó hacia él; yo continué mirando aturdido al perfil de su rostro.
- Todo depende si él es lo suficientemente fuerte o no. O la mata él mismo se volteó para encontrarse con mi mirada de nuevo, deslumbrada lo cual, realmente, me irritaría mucho, Emmett, sin mencionar lo que te causaría a tí... - Miró a Jasper de nuevo, - o ella será una de nosotros algún día.
Alguien jadeó; no miré para ver quién.
- ¡Eso no va a ocurrir!- Estaba gritando de nuevo. - ¡Ninguna de las dos opciones!
Alice no pareció oírme. - Depende. - repitió. - Puede que él sea muy fuerte para no matarla, pero estará muy cerca. Le tomará una impresionante fuerza de autocontrol.- dijo reflexivamente. - Incluso, más del que ha tenido Carlisle. Puede que sea lo suficientemente fuerte... De lo único que no es lo suficientemente fuerte es de estar lejos de ella. Eso es una causa perdida.
No podía encontrar mi voz. Nadie parecía poder hacerlo tampoco. La habitación estaba en absoluta quietud.
Yo miraba a Alice, y todos me miraban a mí. Podía ver mi propia expresión horrorizada desde diferentes puntos de vista.
Después de un largo momento, Carlisle suspiró.
- Bueno, esto...complica las cosas.-
- Supongo que los planes son los mismos. - dijo Carlisle pensativamente. – Nos quedaremos y observaremos. Obviamente, nadie...herirá a la chica.-
Me endurecí.
- No, - dijo Jasper tranquilamente. - Puedo acceder a eso. Si Alice ve sólo dos caminos... -
- ¡No! - Mi voz no era un grito o un gruñido o un llanto de desesperación, pero alguna combinación de los tres. - ¡No!
Tenía que irme, para alejarme del ruido de sus pensamientos. El egoísmo de Bella, la sorpresa de Edward, la paciencia infinita de Carlisle...
Peor: la confianza de Alice. La confianza de Jasper en la confianza de Alice.
Y lo peor de todo: La...alegría de Esme. Ahora entendía a Edward. En ese momento entendí qué aunque mi madre sé alegrara por mi yo no tenía derecho a arrebatarle la vida qué tenía a Rosalie. Ella merecía vivir. Tener hijos, una familia, un esposo, una enorme casa, nietos…. Y eso volvió a partir mi frio y duro corazón. Nunca en mis setenta años de vida había maldecido mi suerte por ser lo qué soy, pero en ese instante desee por un minúsculo segundo ser un simple humano para poder darle a Rosalie todo aquello qué cualquier chico podía darle. Las imágenes de ella sonriéndole a alguien, de una pequeña sonrisa, todo, todo me daba vueltas y me martillaba la cabeza como si fuese a destrozarla.
Salí de la habitación. Esme me tomó el brazo pero yo seguí de largo, no reconocí el gesto.
Estaba corriendo antes de que estuviera fuera de la casa. Traspasé el río de un salto, y corrí por el bosque. La lluvia volvió, cayendo tan fuerte que ya estaba mojado en un par de minutos. Me gustaba la delgada capa de agua creaba una pared entre yo y el resto del mundo. Me encerraba, me dejaba estar solo.
Corrí hacia el este, por y entre las montañas sin detenerme, hasta que pude ver las luces de Seattle en el otro lado del sonido. Me detuve antes de tocar los bordes de la civilización humana.
Encerrado por la lluvia, solo, finalmente pude mirar lo que había hecho a la forma en que había mutilado el futuro. Inevitablemente, la duende había logrado su propósito y había incrustado unas imágenes muy nítidas en mi mente, casi como si pudiera ver el futuro, tal y como lo hacía ella.
Primero, la visión de Alice y la confianza y la amistad era tan obvia que gritaba fuera de las imágenes qué inconscientemente o quizás conscientemente planto en mi cabeza.
Los ojos azul tormenta de Rosalie no estaban desconcertados en esta visión, pero aún lleno de secretos en este momento, parecía ser secretos felices. Ella no se alejó del frío abrazo de Alice.
¿Qué significaba? ¿Cuánto sabía ella? En ese momento (aún de mortalidad) del futuro, ¿qué pensaba ella de mí?
Y, la otra imagen, casi igual pero llena de horror. Alice y Rosalie, aún abrazadas mutuamente con signo de confianza y amistad. Pero ahora no había ninguna diferencia entre esos brazos ambos eran pálidos, suaves y duros como el mármol, como acero. Los ojos de Rose ya no eran de color azul. Estas iris eran de un chocante, vívido color carmesí. Los secretos en ellos eran insondables ¿Aceptación o desolación? Era imposible decirlo. Su rostro era frío e inmortal.
Me estremecí. No podía suprimir las preguntas, similares, pero diferentes: ¿Qué significaba? ¿Cómo había sucedido esto? ¿Y qué pensaba ella de mí ahora?
Podía responder la última. Si la fuerzo a pertenecer a esta media-vida por mi debilidad y mi egoísmo, seguramente me va a odiar.
Pero había otra horrorosa imagen más peor que cualquier imagen que haya visto en mi cabeza.
Mis propios ojos, de un profundo color carmesí por la sangre humana, inmortal, los ojos de un monstruo. El cuerpo irrompible de Rosalie en mis brazos, de un blanco ceniza, vacío y sin vida. Era tan concreto, tan claro.
No podría soportar ver eso. No podría soportarlo. Traté de desterrar la imagen de mi mente, traté de ver algo más, cualquier cosa. Traté de ver de nuevo la expresión en su vivo rostro que me había estado obstruyendo la vista por el último capítulo de mi existencia. No sirvió de nada.
La cruda visión de Alice llenó mi cabeza, y me retorcí en mi interior con la agonía que causaba. Mientras tanto, el monstruo en mí se desbordaba en regocijo, jubilante con su éxito.
Me asqueó.
Esto no podía suceder. Tenía que haber alguna forma de evitar el futuro. No dejaría que la visión de Alice me dirigiera. Podía elegir un camino diferente. Siempre había una opción.
Tenía que haberla.
Y precisamente esa culpa hizo desatar la primera de mis locuras. Esa noche, repetí el mismo patrón qué Edward con Bella. Me cole por una de sus ventanas. Verla dormir trajo tranquilidad a mi alma. Necesitaba observarla así. Tan frágil, tan dulce. Pero Alice interrumpió todo. La escuche sufrir y quise acercarme a ella, saber qué le sucedía, pero la duende dijo qué no debía escuchar lo qué la atormentaba. Me convenció de volver a casa diciendo qué tenía algo importante qué contarme sobre ella. Una visión, supuse.
¿Les gusto?
Les doy las gracias por cada uno de sus comentarios. No saben lo que significan para mí.
¿Qué les pareció? Algo crudo. No sé, siento qué me falto expresar más cosas, pero si lo hacia no iba a poder subir el capi.
La verdad planeaba terminar aquí el punto de vista de Emmett, pero simplemente no pude. Hay tantas cosas qué decir. Supongo qué con el próximo lo hare.
Les tengo una noticia. Me estoy dando tiempo para escribir sobre todas mis historias, por lo qué en lo qué respecta a The shining in the dark planeo actualizar una vez al mes. Así qué, el próximo capítulo será los primeros días de marzo, si dios permite tener vida. Este sé los adelante porque no voy a poder conectarme el fin de semana, así qué no quería dejarlas con la duda, además, le prometi a holly qué actualizaría el fin de mes.
Antes de qué lo vuelva a olvidar. Regina, gracias por desvelarte leyendo la historia cuando toda tu familia estaba dormida. Gracias por comentar y por seguir también mis otras historias.
¿Les gusto la conversación de Emmett y Edward? Sinceramente siempre he pensado así, qué nos es muy fácil aconsejar pero cuando estamos en el lugar de las personas simplemente no sabemos como reaccionaremos. Y en cuanto a Bella, pues digamos qué de alguna manera debía justificar su odio a Rose.
Así que por fa, si les agrado, o si no fue así, así como sus dudas, preguntas y sugerencias denle click al botoncito de abajo y dejen su comentario.
Para quienes no tienen cuenta en el ff y les gustaría qué les avisara cuando actualice o simplemente para poder agradecerles su comentario les pido qué me dejen su el mío es yazmingrimaldo arroba Hotmail .com por favor pongan qué son del ff y allí les contestare. O agréguenme directo del profile.
Por último, y no menos importante, les pido que si quieren recibir la actualización de la historia en su e-mail agreguen la historia en Story Alert o si lo prefieren pueden poner Author Alert y así en cuanto actualice cualquiera de mis historias les llegara un mensaje a su bandeja de entrada.
Besos a todos y mil gracias por leerme. También los invito a pasar por mis otras historias.
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Serena Princesita Hale
