¿Y si Makoto hubiera matado a Kyoko?
El Espectador se paseó entre los portales, observándolos uno por uno.
—Los universos paralelos siempre son... interesantes—decía mientras examinaba las realidades—. ¿Y saben una cosa? A veces incluso un ser como yo puede sentirse abrumado al ver tal cantidad de realidades. De verdad que sí.
El Espectador seguía caminando, viendo los universos paralelos, hasta que de pronto se detuvo.
Con una mirada curiosa, se acercó a un portal.
—Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí?—decía mientras examinaba la pequeña ventana hacia otro mundo—. Vaya que es un universo peculiar. El universo DR-1719... ¿Quieren ver qué ocurre?
Ahora sí que su vida no podía empeorar más.
Makoto Naegi era un típico estudiante de secundaria que por azares del destino recibió una invitación para asistir a la prestigiosa Academia Pico de Esperanza. Sintiéndose el chico más afortunado del mundo, aceptó la invitación. Sin embargo pronto descubrió que era de todo, menos afortunado.
Para empezar, la dichosa Academia había sido convertida de algún modo en una cárcel en la que el único modo para él y otros catorce estudiantes de escapar era matando a alguien. Por supuesto, Makoto nunca mataría a nadie, y el oso bicolor llamado Monokuma que dirigía el lugar también lo sabía, por lo que trató de "motivarlos" con unos videos perturbadores. Cabe decir que Makoto no disfrutó para nada esos videos, y por lo visto ninguno de sus compañeros tampoco. Incluso una chica, llamada Sayaka Maizono, huyó sollozando del lugar. Makoto hizo un gran esfuerzo para tratar de calmarla, cosa que logró. Después de ese día, todos hicieron un pacto de que nadie jamás mataría a nadie mientras estuvieran en ese edificio.
Así, Makoto y el resto de los estudiantes comenzarón su vida dentro de la academia.
La variedad de personas dentro de la academia era interesante: estaba Sayaka Maizono, una Idol famosa que había sido compañera de clases de Makoto algún tiempo atrás; Byakuya Togami, el heredero de una familia poderosa; Yasuhiro Hagakure, un adivino cuyas habilidades eran sumamente cuestionadas; Hifumi Yamada, un escritor de Doujinshi; Kyotaka Ishimaru, un monitor del aula; Mondo Owada, un ciclista y pandillero, Junko Enoshima, una modelo juvenil; Toko Fukawa, una escritora de novelas románticas que además sufría de un delirio de persecución; Aoi Asahina, una nadadora; Sakura Oogami, una luchadora profesional; Celestia Ludenberg, una jugadora de cartas; Leon Kuwata, un jugador de béisbol; Chihiro Fujusaki, una programadora informática... En fin, todos tenían su encanto y a Makoto todos le agradaban.
Todos, excepto una estudiante: Kyoko Kirigiri
Makoto solo había visto a Kyoko un par de veces en la Academia, pero eran suficientes para odiarla con toda su alma. Bueno, más que odiarla, le daba miedo. Sólo de pensar en verla se le erizaban todos los pelos de la nuca y se le aceleraba el corazón. Y eso que Kyoko no le hablaba. Tenía su misma edad, pero parecía mucho mayor. Tenía el cabello y los ojos de color púrpura y un par de guantes negros que nunca se quitaba. Siempre en silencio, siempre con el rostro inexpresivo como si llevara una máscara... Definitivamente, Makoto pensaba que Kyoko era muy misteriosa. Misteriosa y aterradora.
—Makoto, creo que estás siendo muy grosero con Kyoko—le decía Aoi a Makoto durante la hora de la comida.
—Es verdad, amigo—le dijo León—. Desde que estámos aquí no le has dicho ni mu.
—¿Sabes? Mi hermano una vez me dijo que un hombre no puede llamarse como tal si le falta el respeto a una mujer, ¡¿Acaso no eres un hombre?!—le dijo Mondo con una voz retumbante.
—Lo que el Señor Irrespetuoso quiso decir...—decía Kyotaka con propiedad— es que trates tan siquiera de entablar una conversación con la señorita Kirigiri.
—Quíen sabe, tal vez incluso pueda llegar a agradarte—concluyó finalmente Leon.
Sus compañeros trataron de convencerle de que tan siquiera mirara a Kyoko, pero durante toda su estadía Makoto se dedicó sistemáticamente a ignorarla. La miraba por encima del hombro, la esquivaba por los pasillos y se encerraba en su habitación horas y horas sólo para no tener que encontrársela deambulando por la academia.
Dejando a un lado eso, su estadía era estable. Lo único que le molestaba eran los constantes acosos de Monokuma y la actitud arrogante de Byakuya, después de eso todo lo demás era perfecto.
O al menos eso parecía
Una noche, Makoto tuvo un sueño espantoso: soñó con Kyoko. Se veía un poco diferente de lo habitual. Y además era malvada, porque lo mataba con un enorme cuchillo. Se levantó de golpe con el corazón latiéndole a mil por hora y con un sudor helado bajando por su cara. Desde esa noche, y durante el resto del mes, se propuso dejar incluso de dirigirle la palabra a la chica. En cuanto la veía, corría a encerrarse en su habitación, o en el baño, o en la despensa. En cualquier sitio con tal de no verla. Lo que Makoto no lograba entender era por qué tenía tanto miedo de una chica de su misma edad que además no había intercambiado ni media palabra con él. Pero las cosas eran así. Le tenía pánico a Kyoko, esa chica muda, solitaria y fría, hasta el punto de que comenzó a obsesionarse con la idea de que ella quería matarlo. Cada noche soñaba con lo despiadada que era ella, con lo mucho que le hacía sufrir a él, con las mil formas que tenía de torurarlo.
Y con el cuchillo; siempre con el cuchillo.
En realidad Makoto sabía que sólo era su imaginación (—Es mi imaginación, ¿verdad?, ¿verdad que sí?, ¡no puede ser otra cosa!—se repetía a si mismo constantemente), pero, a pesar de todo, temblaba de miedo.
El tiempo fue avanzando, y la obsesión de Makoto también. Empezó a dormir con una navaja, que ganó en una máquina de premios que se encontraba en la tienda de la Academia, debajo de la almohada, pero pronto cambió por un cuchillo que había tomado secretamente de la cocina. Era un cuchillo grande, como el del sueño, como los que salían en las películas de terror.
Y por supuesto, no cambiaba ni palabra con Kyoko. Ni la miraba ni nada. Los demás comenzaron a preocuparse.
—Makoto, esto ya ha durado demasiado—le dijo finalmente Junko Enoshima—. ¡No puedes seguir con esas tonterías acerca de Kyoko!
—P-por favor, ¡recapacita!—le decía Chihiro al borde de las lágrimas—. Solo queremos ayudarte.
—P-pero que ser tan m-más horrible, disfrutando hacer s-sufrir a un inocente, con tu frialdad, ¡e-eres la peor clase de escoria que existe, Makoto!—le dijo acusadoramente Toko Fukawa.
—Se lo pedimos, señor Naegi—le decía Hifumi—. Esto está comenzando a parecer una historia de terror.
Los demás estudiantes trataban de razonar con él, pero Makoto no los escuchaba. Le daba igual. Estaba seguro de que si se cedía, si se dirigía a ella, usaría cualquier tipo de artimaña para hacerle creer que era su amiga... Y después... ¡Después apuñalarlo por la espalda!
No. Estaba alerta las veinticuatro horas del día.
Al plazo de lo que parecía un mes, había dejado de dormir por las noches. Tenía unas ojeras espantosas, le faltaban las fuerzas y comía poco y mal. No podía pensar en otra cosa más que en lo mala que era Kyoko y en que, un día, ella iba a acabar con él.
Y una cosa sí estaba clara: antes estaba su vida que la de cualquier otra persona, especialmente ella.
Una mañana se levantó dispuesto a remediar esa situación. Estaba cada vez más débil y cansado, y sabía que antes o después el agotamiento le podría, tendría un momento de despiste y seguro que ella lo iba a aprovechar.
No se molestó en planear un asesinato perfecto, como lo hacían los criminales que a veces veía en televisión. Porque además él no era un criminal. La iba a matar en defensa propia, porque... Si ella tenía derecho a atacarle cada noche, en sus pesadillas, con un cuchillo, ¿no podía el hacer lo mismo?
Esa misma noche, cuando todo el mundo estuvo dormido, salió de su cuarto a puntillas, con el cuchillo en la mano. Mientras se deslizaba silencioso por el pasillo, imágenes cruzaban por su cabeza una y otra vez.
Imágenes del video que les mostró Monokuma.
Imágenes de sus compañeros conviviendo en la Academia.
Imágenes de ellos divirtiéndose.
Pero también imágenes de Kyoko.
Imágenes de su sueño recurrente.
Imágenes de Kyoko con el cuchillo.
Con lágrimas en los ojos, llegó a su habitación. Fué complicado abrir la puerta, pero lo logró. Cuando entró a su dormitorio y la vio dormida, con la cara iluminada como si fuera un ángel, se le hizo un nudo en la garganta. Así, con los ojos cerrados, no parecía tan peligrosa.
Pero su compasión, al igual que su cordura, se había desvanecido. Ya no podía parar. Era como si se viera a sí mismo haciendo cosas que no podía controlar. Vió con total claridad que levantaba el cuchillo y lo dejaba caer bruscamente...
Después no vió nada.
Perdió el conocimiento.
Nadie supo con exactitud lo que había pasado. ¿Acaso Makoto estaba loco? ¿Sufría acaso de una enfermedad mental? ¿Acaso quería vengarse de Kyoko por algo? ¿Acaso había caído en la desesperación?
Durante el juicio escolar los estudiantes quisieron ayudar a makoto. Llegar al fondo del asunto. Descubrir qué le había movido. Por qué. ¿Todo por un sueño? No hubo respuestas. Makoto fué ejecutado.
Y una cosa quedó muy clara ese día: solo hace falta una pequeña motivación, un simple empuje, y la persona más inocente pude ser corrompida hasta el punto de lo verdaderamente espeluznante.
El Espectador apartó la mirada del portal.
—¿Quién lo diría?—se decía a sí mismo—. Un universo bastante peculiar, diría yo. La manera en que muestra la decadencia de la mente humana nos hace pensar en la propia fragilidad de la existencia y en lo dificil e incomprensible de la vida misma. Vaya espectáculo que se nos presentó. Pero es hora de continuar.
Dicho lo anterior, El Espectador se dirigió hacia otro portal.
Continuará...
Muy buenas noches tengan todos ustedes. Aquí el Escritor Desconocido.
Primero que nada, quiero agradecerle a los lectores por haber seguido este fic. De verdad que ustedes son los que me inspiran a continuarlo.
En seguida, quiero comunicarles un pequeño aviso.
Como se habrán dado cuenta, últimamente no he actualizado mi fic tan seguido como lo hacía antes, esto por el surgimiento de algunos compromisos que han impedido mi avance. Por lo tanto, habrá un pequeño cambio: a partir de ahora, los capítulos se publicarán mínimo cada dos semanas, aunque como dije al principio del fic, mis actualizaciones no son periódicas.
Bueno, pues eso es todo. Dejen sus reviews y sigan leyendo.
Les ha hablado el Escritor Desconocido.
Chao
