7. Kyle
Arthur escogió la camisa negra que mejor se le ceñía al cuerpo; el espejo le devolvió una imagen muy provocativa y estuvo a punto de cambiarse, avergonzado, pero luego se dijo que no tenía por qué reprimirse: iba a una cita. Sin cabida a posibles interpretaciones. Kyle siempre había sido directo al respecto y eso le daba seguridad. Sinceramente estaba muy mayor para jueguitos mentales con personas que no están seguras de lo que quieren.
Kyle lo iba a buscar a la clínica casi todas las noches y desde allí se iban a un restaurante o al cine, o al departamento de uno de los dos a cenar o a hacer otras cosas. Arthur pensó que esa era la mejor terapia: salir con un tipo guapo y tener sexo periódicamente defintivamente estaba haciendo maravillas en su humor. Eso claro hasta que se entablaban esas frías y acartonadas charlas via mensaje de texto con su amigo.
"Cómo van las cosas con Mister Aussie? (1)", "Bien, y Miss Venezuela?", "Estupendo". Desde ahí, parecían haber alcanzado un punto muerto, hasta que Alfred mandó una fotografía de su nuevo set de Legos que incluía una T.A.R.D.I.S, el onceavo doctor, Rose Tyler, Daleks y ángeles llorones con un mensaje "Cool, huh?". "El que hayas conseguido una chica sigue siendo todo un misterio". "Reconoce que quieres tener un set como este". Arthur mandó una foto de su tazón de té de T.A.R.D.I.S. y de vuelta recibió "Nerd" y luego otro mensaje del americano diciendo "Deberíamos juntarnos a ver El día del Doctor, hay cosas que no capté de todo", "Eso es porque no has visto la serie original". "Pues deberíamos juntarnos a ver eso". "Son más de 400 episodios". "Nice!".
El británico no quiso responder a la invitación, dejando la propuesta en el aire. Alfred tampoco insistió con ello; seguro ocupado con su novia. Aún así, en un deseo de reemplazar lo único que creía importante entre Alfred y él, decidió preguntar a Kyle, casualmente.
-¿Has visto Doctor Who?
El australiano había levantado su vista del televisor, preguntando a cambio.
-¿Esa serie inglesa del tipo que viaja en el tiempo en una cabina de teléfono?... nah, esa mierda es un poco nerd ¿no?
Arthur arrugó la nariz concentrándose en la película de acción que estaban viendo entonces el australiano puso pausa y cayó en cuenta.
-¿Te gusta?... oh, love, te gusta... Si quieres podemos verla, elige un episodio bueno y me explicas un poco de qué va todo...
-No, no... está bien, es algo que veía cuando era niño, hace tiempo... no tiene importancia...
- Kyle no parecía muy convencido ante la respuesta del británico, así que debió mentir de más. - de verdad, ya no la veo, es que me contaron que había episodios nuevos... tuve curiosidad, da lo mismo...
Se preguntó si Alfred había conseguido que Adela jugara Wow con él, si le había mostrado su colección de figuritas y Legos. Si ella no pensaría que era infantil. Kyle ni siquiera sabía de dónde había salido el nombre del gato. Pero Arthur tampoco sabía nada acerca de surf, al menos a ambos les gustaba ver futbol. Había sido divertido tener con quien ver la Champions league aunque Kyle hacía barras al Bayern y Arthur al Manchester United y ambos habían tenido que soportar la llamada histérica de Antonio sacándoles en cara que una vez más el Real Madrid tenía la Liga.
Alfred no tenía idea de futbol... soccer así que había estado un poco irritable en ese tiempo, en especial porque Adela también era adicta a ver partidos. Es un deporte estúpido, reclamaba. Todos corren detrás de un balón y lloriquean si alguien los empuja o tira al suelo... eso no es un deporte de contacto, es de niñitas, no sé cómo se pueden hacer mundiales de eso.
-Cariño, ¿seguro que lo que te molesta no es que Kyle y Arthur estén todo el día juntos viendo tele juntos? - interrogó Adela con un tono empático.
-¡Claro que no!
O tal vez. Podría ser. Un poco. Hacía dos semanas que no veía a Arthur presencialmente y Alfred tenía que cuando por fin se vieran, el tiempo pasado ya habría roto su amistad y eso le angustiaba más de lo que debería. Ya llevaba casi dos meses saliendo con Adela; se había acostumbrado a la rutina de tener a una persona en su casa y a organizar los horarios en consideración de ella y Elise. De hecho, se sorprendió de que tenía horarios. Levantarse a las ocho, correr con Elise, llegar a desayunar y trabajar durante el día para que así a las siete, cuando Adela saliera de la cafetería pudieran estar juntos. Hacía unos meses él no era capaz de considerar a nadie en su actuar, así que sentía que había crecido, pero de alguna manera, todos esos cambios habían comenzado con Elise y Arthur y pese a que la estrecha relación entre él y el británico solo había ocurrido entre marzo, abril y parte de mayo; se sentía como si hubiera sido más tiempo.
Aparte, era peor que Arthur estuviese saliendo con su archienemigo. "Y tú estás saliendo conmigo", razonó Adela. "No, porque tú nunca maltrataste a Arthur... Kye es un imbécil". "¿Estás seguro que tu problema es porque Kyle te hacía bullying?", "¡Qué más va a ser!". No obstante, Alfred no le estaba dando suficiente crédito a su novia. Adela era una chica inteligente y no pasó mucho antes de que ella misma tomara las riendas del asunto.
-Alfred, no podemos seguir así.- Y dijo Alfred. No Cariño, ni corazón. Estaba seria, como nunca. Le habían advertido de esto, o sea nadie en especial, pero se dice que las mujeres a veces se ponen como locas ante cualquier cosa que los hombres hacen y que entonces había que decirles que sí en todo, aunque sinceramente , Alfred no recordaba haber hecho algo que le hiciera ser merecedor de la ira de una chica, así que contestó.
-Bueno, entonces dime qué debo hacer...
-Nada, te dejo, se acabó.
¿Qué? Estaban terminando con él.
-¿Hice algo malo?
-No... has sido un gran chico, eres un buen novio, eres gracioso y tierno y lindo, pero...
La lógica femenina le resultaba incomprensible.
-... no puedo seguir contigo pretendiendo que no pasa nada, necesitas aclarar lo que te pasa
-¡No me pasa nada!- exclamó el americano desesperado. Ella se sentó a su lado y tomó su mejilla con su mano delgada y agregó.
-Necesitas darte cuenta, no puedes construir una relación si no te das cuenta primero dónde tienes tu cabeza
-Te quiero - dijo él. Pensando que eso bastaba, eso era lo que las chicas querían oir.
-Sé que de algún modo lo haces, pero no puedes enamorarte de mí, porque ese lugar lo ha ocupado otra persona y necesitas resolver eso...
-¿Otra persona?- preguntó Alfred sin entender. Adela miraba el set de Legos sobre la repisa y entonces él cayó en cuenta.- ¿Arthur?, nada que v...
-Tú lo has dicho, no yo- apuntó ella.
-Nada que ver...-reiteró él.
-Si se te vino a la cabeza es por algo... cariño... te sigo queriendo, pero no puedo estar contigo así, quiero estar con alguien que me quiera, creo que no puedes hacer eso ahora- Entonces agarró el bolso sobre el sillón ¿en qué momento había preparado un bolso? ¿Tenía todo planeado?. La venezolana lo abrazó dándole un maternal beso en la frente y le sonrió.- eres un chico muy bueno, no mereces estar solo o perseguir a alguien para siempre... dile lo que sientes y espera a que reaccione... estoy segura de que te irá bien
-Adela...
-Adios, cariño.
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-¿Has visto a Alfred?- preguntó Matthew a Arthur mientras llevaba a vacunar a sus perros. El inglés se extrañó, nunca habían hablado de su hermano en todo el tiempo que habían sido amigos cercanos y sacar el tema en el momento en que se habían alejado le parecía un poco fuera de lugar.
-No, hemos estado ocupados supongo...
-Es que me preocupa, Adela lo dejó ¿sabías?
Arthur debió hacer uso de toda su voluntad para no reaccionar de forma exagerada ante eso.
-No sabía
-No quiso explicarme qué había pasado, dijo que estaba tratando de entenderlo aún, pensé que te había contado.
-Tal vez quiere lidiar con esto solo... ¿es su primera novia de adulto no?
-Sí, la primera chica que salí con él y parecía tomarlo en serio al menos... bueno, si puedes habla con él, puede que le de verguenza contarle a su hermano.
Entonces Matt se fue dejándolo con la responsabilidad. Lo odiaba un poco por eso, decidió que mandaría un mensaje casual a su amigo preguntándole y si no le quería contar nada, no presionaría. "Cómo has estado?". No tuvo que esperar mucho para leer. "No muy bien, dude, Adela me botó". "Oh, que mal". Arthur dejó el teléfono sobre la mesa. O sea, Alfred estaba solo. "Estás muy deprimido?", preguntó para seguir con la conversación. "No mucho he jugado bastante y he salido con Elise, la metí a un curso de agility". "Ambos adelgazarán". Contestó Arthur queriendo alivianar la conversación. "No estamos gordos!". "Elise no, es perfecta". El británico esperó unos segundos antes de recibir muchos emoticons enojados, rematando con el de la caca sonriente. "Ese último serías tú?", preguntó y recibió. "Qué malo eres!, deberías ser más amistoso con tu amigo caído en desgracia". "Estarás bien". Pero luego pensó mejor y escribió. "Quieres juntarte un rato a almorzar mañana?". Al rato llegó un "Dale" y "en el tailandés cerca de la clínica". " A las 12 y media, sé puntual, solo tengo una hora". "Nos vemos" entonces, recibió del teléfono del americano.
Durante la noche de ese mismo día, fue al cine con Kyle y cenaron en la casa del australiano y luego terminaron en el sillón estirados. Tal vez por puto o tal vez por culpa, Arthur le dio un oral y el australiano le había devuelto la mano con un tortuoso y lento rimming y una buena follada. Luego de eso se había quedado a dormir allí y había salido muy temprano a darle de comer a Albus y a tomar el desayuno antes de ir a trabajar y trotar de camino al trabajo. Podía ducharse en la clínica y luego ver a su amigo al medio día.
Alfred lo esperó puntualmente en la esquina afuera del lugar acordado, luego de saludarse con algo de incomodidad, entraron y pidieron un curry amarillo con pescado y ostiones para compartir. Arthur emitía pequeños ruiditos de felicidad al saborear la mezcla de sabores y especies.
-¿te gusta el picante?
-mucho, mucho... dios, esta salsa, Alfred, prueba esto...
-Temo que has vertido mucha salsa picante en eso
-Nunca es suficiente
-Bien, pues no te ayudaré con eso
Arthur levantó la vista de su plato para observar a su amigo que no desbordaba las sonrisas fáciles que otras veces.
-¿Me vas a decir cómo estás ahora?
El americano suspiró pesadamente delatando que sí tenía emociones al respecto.
-No lo sé aún... digo, la extraño, me gustaba...
-¿Qué pasó exactamente?
-No sé... dios no me mires así, sabes que soy malo para todo tipo de relaciones con humanos...
-Has mejorado bastante desde que Elise te sacó de tu ermita... vamos, qué pasó
- No sé, estábamos bien... yo me distraía supongo, jugando, con Elise, con el trabajo... otras cosas - Alfred se sintió perseguido. Otras cosas, como pensar en Arthur, odiar a Kyle, obsesionarse con la idea de ellos dos juntos y enrabiarse más aun por ello. Esperaba que su amigo no se diese cuenta- ...ella dice que no estaba enamorado de ella y tenía razón...
-¿Te botó porque no estabas enamorado?, llevaban apenas dos meses... no era como para estar así taaan enamorado
-Ella creía que nunca íbamos a estarlo
-Tómalo como consejo de experiencia, los latinos son intensos y extraños, mantente alejado de ellos
-Geez, tu consejo llega un poco tarde ¿o no?
-Siempre es un consejo útil viviendo en California- afirmó Arthur apuntando con su mirada a la mesera que hablaba español con otra. -¿Piensas volver a tener citas?
-No sé, ahora no, acaban de dejarme...
-Normalmente la gente se busca un ligue de rebote
-¿Tú hiciste eso cuando Antonio se fue?
-Claro que no, es distinto.
-¿Por qué?
-Yo lo amaba - afirmó Arthur con una dignidad y entereza que seguro aún le dolía.
-¿Cómo puedes seguir siendo amigo suyo? ¿Cómo puedes ser amigo de Lovino?
-Porque ya no lo amo
-¿y cómo se hace eso?- preguntó Alfred con más emoción en la voz de la que tenía planificada demostrar.
-Cómo haces qué...
-Dejar de amar a alguien
-Pensé que no amabas a Adela
-Es solo una pregunta.
-Con tiempo, voluntad, ocupando tu cabeza en otras cosas... te resignas, te acostumbras, sigues...
-Suena largo y doloroso
-Lo es- afirmó el británico mirando la hora y declarando algo culposo por dejar a su amigo solo justo cuando se estaba abriendo.- debemos irnos, si quieres caminamos a la clínica y así hablamos un rato más.
Y eso hicieron, aunque no logró sacarle más confesiones. Alfred realmente era malo reconociendo o verbalizando lo que sentía, aunque le prometió que estaba bien y que iba a pasar pronto.
Por la noche, Arthur después del trabajo fue a buscar a Kyle al refugio donde estaba vigilando a los perros recién llegados, esperaron media hora a que llegara la chica que lo iba a relevar en el turno de madrugada y se fueron al departamente del inglés. Kyle le hizo mantenerse quieto mientras él preparaba unos omeletes con papas fritas para la cena. El australiano movió la sartén haciendo saltar el contenido de la tortilla y darse una vuelta perfecta en el aire para volver a caer en ella. Luego miró a Arthur moviendo sus cejas y el inglés rió apoyado en el mostrador.
-Pareces un crío intentando impresionar a una chica.
-¡Es que soy un crío!, comparado contigo, claro está... ¿Está mi chica impresionada?
Arthur le aventó un maní y reconoció.
-Bastante
Kyle sonrió y volvió a concentrarse en la cocina revolviendo la salsa. Arthur pensó que debería sentirse afortunado. Kyle era guapo, más que eso. Tenía unos ojos verdes con forma almendrada, una mirada penetrante; además tenía una figura masculina marcada y bronceada por el surf, una voz grave y una risa agradable y contagiosa. La risa de Alfred también era contagiosa, pero ridícula. Últimamente se estaba poniendo en forma y su piel estaba tomando un bonito color con las corridas a media tarde con Elise. Arthur sacudió su cabeza. Kyle. Kyle era maduro aunque con un humor juvenil; Alfred era insoportablemente infantil; Kyle participaba en las mismas causas que él, mientras Alfred tenía problemas para adquirir responsabilidades; Kyle cocinaba bien, Alfred no sabía ni freír un huevo. Kyle, escuchaba buenas bandas y buena música en general; su cabello castaño era achocolatado, rebelde y brillante al sol y era insoportablemente superior en muchas áreas en las que Alfred quedaba en desventaja; como un doloroso recordatorio de que al final de todo, Kyle no era Alfred y que Arthur debería ya conformarse con esa idea.
Arthur se preguntaba si acaso no estaba ya tan estancado con ese anhelo constante que lo estaba ya empujando al punto de la enfermedad. Y no ayudaba el hecho de que Alfred estuviera sin pareja y disponible para querer, tomar y permanecer. Alfred ahora lo mensajeaba más, lo requería más y casi estaban llegando al nivel de periodicidad en sus encuentros que tenían antes, cuando se estaban conociendo, con la diferencia de que sus reuniones eran cortas, clandestinas y que al final del día Arthur terminaba en los brazos de Kyle preguntándose si Alfred no se sentiría solo.
Lo cual era absurdo. Seguro Alfred no pensaba en él ni en su soledad cuando se juntó con Adela. Esa idea lo hizo construir un breve rencor hacia el americano que fue saciado con una sesión de sexo con su pareja en la ducha.
Luego de dos semanas de juntarse a almorzar o a tomar café antes de que Arthur se juntara con Kyle, Alfred le propuso juntarse a correr en la mañana de nuevo; al americano le requería levantarse dos horas antes, pero como trabajaba desde casa, le aseguró que no era problema. Arthur no quiso seguir insistiéndole que no era necesario, extrañaba a su amigo y a Elise.
Cuando vio llegar al americano con su beagle, no pudo evitar notar el buen ritmo que tenía al correr y lo relajada que ella lucía al lado de su dueño.
-Hey, Artie, mira esto - exclamó el americano aún a unos metros de él; así, dando una orden, Elise saltó por encima de unos arbustos, luego encima de una banca y caminó por ella para luego saltar abajo, seguir corriendo y saltar de nuevo sobre otra planta.
-Wow... no esperé que aprendiera tan rápido.
-Llevamos un mes de Agility, dos clases semanales, ¿no es genial?
-Bastante, ¿vamos alrededor del lago?
-¡Sí, y luego me tomó un galón de café, por favor!
Hicieron el mismo recorrido de antes, comenzando por el parque de perros, yendo alrededor de la laguna hasta llegar al foodtruck donde tomaron desayuno. Alfred había empacado galletas y un plato de agua para Elise, así que fue casi como un picnic. Como el que habían hecho hace meses haciendo treking. Como antes, como si nunca hubieran estado separados por un mes.
El americano vierte un poco de azúcar a su café y revuelve, prueba, vuelve verter azúcar, revuelve, prueba. Arthur sabe que necesita dos sobres completos antes de estar contento, pero aún así es enternecedor ver cómo tentativamente busca la cantidad perfecta.
-Me estás mirando de un modo gracioso ¿tengo espuma de leche en la nariz?
-No, solo tienes cara de idiota- comentó Arthur con frialdad fingida.
-Y tú cejas de bestia
Arthur le pegó con su hombro y Alfred le devolvió el gesto, riéndose. Curvando de un modo infantil y travieso esos labios que Arthur miraba desde lejos y tomando el tazón de café con esas manos que Arthur quería entrelazar con las suyas. Imaginaba cómo sería la rutina con Alfred, despertar a su lado, desayunar todos los días con él. Su cabeza lo estaba traicionando de un modo suicida nuevamente, todo por la cercanía. La cercanía era dolorosa, creaba una tensión que el inglés sentía emerger desde su estómago, como un abismo que se abría y que sabía no sería llenado. La culpa por otro lado, porque él tenía a Kyle, atractivo, gracioso, alcanzable. Ni siquiera debería estar desayunando con Alfred.
-¿Es posible que me des un viernes o sábado por la noche? Ver Doctor Who sin tí no es lo mismo.
-Podría arreglar verte el viernes
-¿No son los fines de semanas sagrados para las parejas?
-No necesariamente, ¿sigo siendo independiente sabes?
-Claro que no, ¡te tienen con correa!
Pese a ese dicho, Arthur le demostró que no era así y llegó a su casa con un pack de 12 botellines de cerveza y 50 cortes de california rolls.
-Pensé que traerías a Albus.
-Estaba dormido... traje cerveza, confórmate
-No me quejo
Arthur inició mostrándole capítulos de distintas temporadas antiguas: la primera aparición de los Daleks, la primera aparición de los Cyberman; las regeneraciones de los primeros doctores. Cuando ya estaban en el quinto doctor eran cerca de las una de la mañana y Alfred al terminar el capítulo declaró.
-Este doctor era sexy
-¿Qué?...
-Es lindo
-¿Eres gay por el Doctor?
-Quién puede resistir un Time Lord...
-Había que ser un timelord entonces...
Alfred no sabía si Arthur lo había dicho a propósito, ya habían tomado cuatro botellines cada uno, no estaban precisamente en la zona de la sobriedad.
-No necesariamente, bastaba con ser británico- se aventuró Alfred. Arthur se rió entre dientes, no estaba reaccionando entusiasta, pero tampoco era un rechazo.
-Ahora dices eso
-Uno no sabe lo que le gusta hasta que conoce
-¿Te sientes conocedor? apenas llevas 4 meses fuera de tu cascarón...
-Y tú sigues siendo un viejo ermitaño, así que imagino estar mejor que tú
Arthur le lanzó un cojín, Alfred pegó con uno de vuelta, varias veces, Arthur agarró otro y recogió el que había lanzado para poder devolverle los golpes con uno en cada mano.
-¡Eso es crimen con dolo!- exclamó Alfred lanzándose encima para tomar sus muñecas y hacerle soltar los cojines. Arthur terminó cayendo hacia atrás pero forcejeó para soltarse del agarre del americano.
-¡Suéltame gran bobo! ¡Pesas cien kilos!
-¡Ríndete!
Por lo visto, el inglés no conocía la posibilidad de dejarse vencer y siguió removiéndose, Alfred usó todo su peso para aplastarlo de modo que no había un milímetro de distancia entre ellos. Sus cabezas muy juntas. Cuando se dió vuelta a enfrentar con la mirada a su rival, se encontró con una mirada verde que pasó de ser lúdica y belicosa a un relajo y confusión visible. Los ojos azules del americano brillaron fascinados ante la posibilidad de que allí hubiese algo para él. Tal vez no estaba solo en esto. Sus labios buscaron los del inglés de forma frenética encontrándolos a medio camino. Arthur finalmente vio libres sus manos para rodear la espalda del estadounidense y a su vez sintió la mano derecha de Alfred acariciando su mejilla. Un gesto tierno e íntimo que le hizo abrir la boca y buscar la lengua del otro en un baile tortuoso, lento y enloquecedor.
Justo cuando estaba comenzando a sentir fuego en sus entrañas, Arthur se dio cuenta de lo que estaba haciendo y empujó a su amigo. La ruptura del beso fue sonora, húmeda y al inglés le tomó todo de sí no agarrarlo de nuevo para comerle la boca.
-¿Qué estás haciendo?- preguntó con una mezcla de indignación y sorpresa.
-Te besé
-Lo he notado, te importaría decirme ¿por qué?
-Porque me gustas... puede que incluso esté enamorado de tí
Arthur se levantó del sillón exaltado, sus cejas casi tocándose entre ellas.
-¡Y ahora se te ocurre hacer algo! ¡Ahora que tu novia te ha dejado y yo tengo novio!, Eres tremendamente egoísta
-No podía dejar pasar la oportunidad...
-Dejaste pasar la oportunidad en el momento que saliste con Miss Venezuela
-Ella me dejó porque hasta ella se daba cuenta que yo te quería a tí... ¿no sirve eso de algo?
-¿Qué? ¿Eso fue? ¡Dios!, ¡Tú debiste dejarla!, ¡pero antes de que yo y Kyle...!
-Entonces querías que yo la dejara
-¡Eso antes de Kyle, idiota!
-No es tan difícil, deja a Mister Aussie y listo
-Oh claro, deja al tipo que ha sido perfecto y dulce para estar conmigo... - imitó el inglés la voz chillona del americano.
-Kyle no es perfecto ni dulce, es un imbécil
-El hecho de que sea un abusivo contigo no significa que sea malo... además tú también has sido un imbécil
-¿Cuándo? ¿Qué haces?
Arthur estaba agarrando su bolso y yendo hacia la puerta.
-Me voy
-No puedes irte debemos hablar de esto...
-No debemos, ¿sabes cuando debimos hablar de esto? antes de Adela... ahora es muy tarde
El ruido de la puerta cerrándose de improviso fue lo que llamó a Elise que salió de la habitación a ver a su humano. Sin comprender, o tal vez haciéndolo, se acercó a él y lamió su mano a modo de consuelo.
(1) Aussie es una forma en que se llama a los australianos.
