Hola a todos los lectores, ya se me eh demorado muchisimo en actualizar en verdad lo lamento, esta es una adaptación del libro minding angel de la autora Lisa Marie Rise, los personajes de naruto no me pertenecen.


Imaginándote

Por primera vez en cinco meses, Sakura se despertó feliz. Lo normal era que se despertara con las mejillas llenas de lágrimas. Tenía pesadillas casi cada noche, a juzgar por la opresión que tenía en el pecho cada mañana. Sólo las muy malas la despertaban por la noche, las demás eran como fragmentos breves y desiguales de horror que le dejaba restos opresivos y aterradores en la mente.

Nunca recordaba el contenido de las pesadillas, sólo la sensación de pánico y terror. A menudo le costaba la mitad de la mañana volver a controlar sus emociones.Pero esta mañana no.

Esta mañana, se despertó sobre una superficie dura, caliente y lisa.

El pecho de Sasuke, para ser exactos. Los labios se le curvaron en una sonrisa cuando movió la mano por aquel pecho. El era tan grande y tan fuerte, que no dejaba de asombrarla.

Estaba despierto. Había algo en el aire alrededor de él que se lo decía. ¿Estaba desarrollando las capacidades extrasensoriales que le habían dicho los médicos? Apartó la idea en el mismo momento que se le ocurrió.

—¡Hola! —susurró sobre la piel firme y cálida de los bíceps.

—Buenos días —Oh, Dios, casi se había olvidado de lo deliciosa y profunda que era su voz. Una voz que le retumbó en el pecho.

—Sí —dijo ella con sencillez y una sonrisa en la cara—. Son unos muy buenos días.

—¿Estás… bien? Anoche me dejé llevar un poco. Espero no haberte hecho daño.

Sakura no se molestó en fingir que no sabía de lo que hablaba. Sasuke había perdido el control, embistiéndola con fuerza hasta que al final había estado demasiado agotada para continuar.

Cuando él se dio cuenta, se la había sacado, todavía dura como la piedra, la había abrazado pasándole un enorme brazo alrededor de la cintura y la había besado en la mejilla húmeda de sudor.

"Duerme"

Le había dicho con aquella voz tan profunda y ella se había dormido de golpe. Y había dormido sin soñar por primera vez en cinco meses.

Sakura se desperezó y le cogió desprevenida sentir todos los músculos doloridos. Le dolía por todas partes, sobre todo entre los muslos, donde aún parecía que sentía a Sasuke. Allí estaba dolorida y pegajosa. Los pezones estaban hipersensibles donde él la había chupado con fuerza.

Incluso tenía los brazos doloridos de aferrarse a los amplios hombros.

Cada sentido que tenía —excepto la vista— tenía una sobrecarga sensorial. Podía olerlo y —suspiró— también a sí misma. Incluso distinguía sus diferentes olores, una mezcla de almizcle masculino, algo metálico —que imaginó que sería la pólvora del arma que había disparado, aunque superpuesto estaba el aroma de su jabón, así que tal vez se había duchado durante la noche— y su propio olor, colonia y sudor. También había el olor a sexo, una combinación del olor de ambos y de la cantidad asombrosa de semen que había bombeado anoche dentro de ella.

Oía el latido del corazón en las profundidades del pecho de Sasuke, lento y poderoso. Lo sentía en cada centímetro del cuerpo, cálido y fuerte. Sasuke la zarandeó con suavidad.

—Sakura—la llamó con la voz profunda teñida de preocupación y los músculos de repente tensos—. Dime que no te he hecho daño. Dime que estás bien.

—Oh, sí —suspiró ella, y giró la cabeza para que pudiera verle la cara. Los músculos tensos del hombro se relajaron al verla sonreír. Estaba dolorida, pero era como una sensación lejana, como si le pasara a otro cuerpo—, estoy bien —Se movió un poco y le rozó el pene. Enorme y erguido, como la noche anterior—. Y tú también pareces estar bien. Otra vez.

—Otra vez no —la enorme mano le acariciaba la nuca—. Todavía.

—Todavía —Sakura, al oírlo, levantó la cabeza boquiabierta. ¿Había estado erecto toda la noche?—. ¿Esto es… esto es normal? ¿Estás tomando algo?

Hubo un profundo sonido retumbando en el amplio pecho. Tardó un momento en comprender que Sasuke se estaba riendo. Sonrió. Nunca, ni en sus sueños más salvajes, se hubiera imaginado despertarse con este hombre. Con este hombre enorme y fuerte en su cama. La noche pasado él había hecho arder su habitual angustia nocturna. La pena, la tristeza, el miedo, el pánico, todo ardió en el fuego de la pasión.

—¿Algo? ¿Cómo qué? ¿Te refieres a algo como Viagra?

—Bueno, algo así. No sabía que fuera posible que los hombres siguieran, um, erectos tanto tiempo.

Otra risa profunda.

—No, no tomo Viagra. No tomo nada. En realidad, técnicamente hablando, te estoy tomando a ti.

Sakura sonrió.

—Así que soy yo —Frotó con la punta del pie la espinilla del hombre y le acarició los hombros amplios y fuertes con las manos.

—Y la pregunta esta mañana es, ¿qué vas a hacer al respecto?

—¿Hacer? —Sakura levantó la cabeza, sorprendida—. ¿Qué quieres decir?

Como si fuera una muñeca, Sasuke la levantó por el torso, la alzó y, abriéndole las piernas con las suya, la sentó a horcajadas sobre él.

—Oh —Eso era lo que quería decir.

Ella se contoneó, experimentando. La había colocado —estaba bastante segura que a propósito— para que su sexo quedara sobre el pene. Lo único que hizo falta fue un pequeño movimiento y los labios del sexo se abrieron sobre él. Era electrizante. Él se puso aún más grande, Sakura notó las ondulaciones del pene bajo la carne sensible de la vagina.

Se sonrojó profundamente. Tenía la piel muy pálida y hasta el más mínimo rubor era visible.

Debía estar roja como la remolacha. Las manos del hombre le rodearon la cintura y ella se inclinó hacia delante para apoyar las manos en su pecho. Cuando el pene se movió, hubo una reacción instantánea en su propio sexo.

Sakura se estaba derritiendo, ardiendo por todas partes, pero todavía dolorida.

Sasuke levantó las caderas, moviéndolas hacia delante y hacia atrás para acariciarla. Ella notaba cada centímetro de él, los surcos y las gruesas venas. Eso la excitó, pero…

—Sasuke —murmuró cuando él tensó las manos en su cintura. Estaba a punto de levantarla otra vez, y colocarla para la penetración. Ella no podía hacerlo—. Lo siento tanto, pero creo que no puedo. Ahora no.

Estaba demasiado dolorida. El pensar en volver a tenerlo dentro, moviéndose duro y rápido, la seducía en teoría, pero no podría tomarlo. Aún no.

Sasuke se quedó quieto de inmediato. Estaba enorme y muy duro entre los labios del sexo, con las manos apretando la cintura. Era como estar sentada sobre un poderoso motor, acelerando al máximo y a punto de despegar.

Durante justo un segundo, una fracción de segundo, Sakura tuvo miedo. Había dicho que no. Y no a cualquiera, sino a un hombre muy fuerte, muy excitado y con los músculos tensos de necesidad.

No había pensado decir que no, sin pensar le habían salido los sentimientos más profundos.

Justo en este preciso momento, aunque estaba excitada, no lo quería dentro de ella.

Como una nebulosa, un atisbo de recuerdo le vino a la memoria, un pensamiento fantasma, que desapareció incluso antes de poder retenerlo. Sólo quedó una emoción breve, pero era suficiente.

No puedes decir que no. No puedes cambiar de opinión. No provoques. En caso contrario…

Se puso a temblar, helada de repente.

—Lo siento —susurró tensa—. No pretendía… si tú quieres, desde luego que puedes… um…

Él estaba inmóvil, una estatua de mármol inmensa, excitada y velluda.

—Así también se está bien.

Sakura tenía las manos sobre los pectorales y sintió la vibración de aquella voz tan profunda.

—No, no, lo siento —dijo a toda prisa. Le cogió el pene con la mano, moviendo las rodillas para poder alzarse y ponerse encima. Estaba tan tieso que apenas podía apartarlo del estómago. Este hombre estaba muy, muy excitado. Tal vez le dolería si no pudiera tener sexo—. Está bien, no importa. De verdad —Se preparó para la penetración, aunque no estaba lo bastante excitada. Esperó que no le doliera.

—Para —dijo él con voz calmada. Todos los músculos masculinos se relajaron, excepto por el grande que tenía entre las piernas. Permaneció increíblemente duro. Sus manos la sujetaban ahora con gentileza. No, sujetaban no, la tocaban. Las deslizó con suavidad por la espalda, arriba y abajo, con suavidad, más para tranquilizar que para excitar—. No hay ningún problema, cariño. No tenemos por qué fo-hacer el amor ahora.

—No, de verdad, no importa.

—Así se está bien —Las manos subieron por la espalda, le acariciaron los hombros, y volvieron a recorrer las espina dorsal hasta la cintura—. Más que bien. Tiene su propia magia.

Ella no podía verlo, pero había diversión en su voz.

—Lo siento —murmuró ella, triste, luego se mordió el labio inferior—. No quería provocar. Es sólo que estoy un poco…

—¿Dolorida? Me había imaginado que podías estarlo —La zarandeó, sólo un poquito—. Te lo he preguntado. ¿Te acuerdas?

Era todo tan complicado. Ella no se había dado cuenta con precisión de lo dolorida que estaba hasta que no se había sentado encima de él, hasta que no estuvieron a punto de hacer el amor.

Sasuke le masajeó los hombros con delicadeza.

—Oh —Sakura, derritiéndose, se apoyó en las enormes manos. Fue muy difícil no convertirse en una masa de gelatina—. Eso es muy agradable.

—Mmm.

Oh sí —Ronroneó él. Era la única palabra que describía aquel extraordinario sonido.

Como un león en la sabana, reposando al sol. Aquellas manos tan grandes, ásperas y cálidas se deslizaban por la espalda haciendo desaparecer de algún modo la tensión de los músculos—. Es estupendo. Me gusta tocarte.

Sasuke no intentó transformarlo en algo sexual. No le tocó los pechos, o el sexo. Pero aunque no fuera sexual, era sensual, un regalo de simple y cálido contacto humano en la paz de la mañana.

—No quiero que nunca hagas algo conmigo que no quieras, cariño. Prométemelo —La profunda voz era tan firme, tan segura.

Sakura cerró los ojos. No para cerrarse al mundo, el mundo ya estaba cerrado para ella permanentemente. Sólo quería saborear este momento de confianza absoluta y calidez humana.

—Sakura… contéstame —Los fuertes músculos abdominales de Sasuke se tensaron cuando él se dispuso a levantar el torso—. Quiero tu promesa.

—De acuerdo —murmuró ella, suspirando—. Te lo prometo.

—Esa es mi chica. No tienes que sentirte obligada a hacer cualquier cosa conmigo. No finjas nunca. No quiero eso, no lo necesito. Sólo estar contigo así ya es un placer increíble. Ahora relájate para mí.

Lo último fue casi una orden. Bueno, lo más probable es que en Akatsuki se hubiera acostumbrado a dar órdenes. Y seguro que también era obedecido al instante, porque todos los músculos de Sakura se relajaron aún más, uno por uno.

Era tan delicioso.

Sasuke no le pedía que actuara, que se animara, que hiciera algo excepto estar allí con él, disfrutando de sentirlo entre los muslos, disfrutando de sus manos sobre su piel.

El mero contacto humano era tan maravilloso. No había tocado a nadie desde… el accidente.

Bueno, no, para ser exactos se había cogido del brazo de Hinata e Ino, pero sólo para franquear algún obstáculo. Nunca había dado largos paseos con ellas. No podía orientarse y le daba miedo que se les olvidara avisarle de algún bordillo o algún agujero en la acera. Lo único que había tenido era una mano en el codo cubierto por el abrigo. Un beso en la mejilla. Un abrazo rápido.

Eso era todo.

Sólo ahora se daba cuenta de lo sola que había estado, de la necesidad que había tenido de contacto humano. Bueno, lo estaba compensando al máximo. Había mucho que tocar en Sasuke Uchiha.

Con delicadeza, esperando que él no lo confundiera con un avance sexual, Sakura le puso las manos en los hombros. Lo había tocado durante toda la noche, pero esto era diferente. No se aferraba a él en medio de una pasión salvaje. Quería —necesitaba— tocarlo, llegar a conocerlo.

Los músculos sobre los huesos del hombre eran profundos y duros. No había la menor posibilidad de percibir el hueso de debajo. ¿Cómo diablos podía un ser humano desarrollar músculos así? Cada día debía pasarse horas levantando pesas.

Cada característica de su cuerpo era completamente diferente al de ella.

Músculos largos, poderosos, marcados, incluso en reposo. Los contornos esculpidos y delineados de un cuerpo masculino en toda su plenitud. Las texturas de piel suave.

En la actualidad se había puesto de moda que los hombres se afeitasen el pelo del pecho, pero era obvio que Sasuke no lo necesitaba. Siguió la línea de sus abdominales y, sobresaltada, rozó el pene con la mano, justo debajo del ombligo. Apartó de golpe las manos, en el mismo momento en que a Sasuke se le escapaba un jadeo.

—Lo siento —susurró al oírle tragar saliva.

—Toca lo que quieras, cariño. El tiempo que quieras —Su voz era baja, tranquila. Tan increíblemente reconfortante.

Las manos de Sakura volvieron al pecho, extendiendo los dedos para llegar a los hombros. No se había ido a la cama con muchos hombres y todos habían sido músicos, como ella. Recordaba cuerpos faltos de forma y desde luego con músculos sin marcar. Su último amante, Sai, estaba como un palillo. No recordaba qué le pareció. Apenas recordaba cómo era.

Tenía la cara alargada, recordó de golpe, con una barbilla bastante despoblada.

¿Cómo era Sasuke?

El médico le había dicho que los ciegos aprendían a visualizar mentalmente a una persona tocándola. También lo había visto en películas. ¿Cómo lo hacían? Tal vez debería haber practicado con Ino y Hinata, cuyas caras le eran tan familiares como la suya propia. ¿El tocar narices y frentes, el perfilar bocas, la ayudaría a aprender a "ver" una cara?

Tenía que intentarlo ahora. Era casi angustiosa la necesidad de tener una imagen de Sasuke en la mente. En sólo unas horas, significaba más para ella que cualquier otro hombre que hubiera conocido, pero no tenía ni idea de cómo era.

Tenía que saber cómo era, ya.

Sabía cómo era su cuerpo. Sabía que era alto y muy, muy ancho de espaldas. Tenía miembros muy largos. Los brazos parecían ser el doble de largos de los de ella. Sabía por experiencia propia la fuerza que contenían los enormes músculos. Sabía que sus manos eran ásperas, con la piel llena de callos, pero que acariciaban con mucha suavidad.

¿Y la cara?

Sakura deslizó los dedos con suavidad por las clavículas y por el cuello. Había un indicio de barba. Empezaba por la mitad del cuello, dejando sólo un breve espacio de piel suave entre el pecho y el vello facial. Los dedos empezaron a subir hacia…

Sasuke le agarró las manos, cerrando los dedos alrededor de las muñecas como esposas cálidas y vivas. No la lastimaba, pero no podía moverse.

—¿Sasuke? —susurró y tiró con suavidad. La sujeción no cedió ni un ápice—. Quiero saber cómo eres. Déjame que te toque.

Aquel sonido debía ser pelo al frotar la almohada al negar él con la cabeza. No le hacía falta ver para saber el significado, no.

—¿Sasuke? —Intentó de nuevo liberarse de la presión implacable sobre las muñecas.

De las profundidades del pecho del hombre salió un sonido ahogado.

—No —La palabra resonó en el aire severa y decidida.

—¿Por qué? —preguntó ella con suavidad.

—Soy… feo —Esta vez la palabras salieron bajas, ásperas y guturales. Como si tuviera los dientes apretados. Como si vinieran de algún lugar de su interior lleno de desesperación.

—¿Eres feo?

—Mucho.

La idea la dejó impactada. ¿Cómo iba a ser feo Sasuke? Él parecía el mismo epítome de la atracción, un verdadero macho alfa.

Tenía el físico de un dios. Estaba casi superdotado en todos los aspectos, pensó sonriendo mentalmente mientras se contoneaba sobre él.

En respuesta, Sasuke se arqueó bajo ella, ardiente, duro y enorme. Y se dejó caer de inmediato. Por supuesto. Ella había dicho no y él lo respetaba. Era un hombre honorable. Eso era atractivo.

Le gustaba la música y también era un entendido en ella.

Poseía una especie de caballerosidad anticuada, prefiriendo llevarla en brazos hasta el coche antes de que se mojara los pies.

Había estado dispuesto a morir por ella. Y por sus amigos. Gracias a su valor, no había habido un baño de sangre en Hyuga Foundation. Naruto y Hinata, Itachi e Ino estaban vivos porque él había sido lo bastante valiente para enfrentarse sin arma alguna a hombres armados.

Tenía la voz masculina más deliciosa que había oído en su vida. Después de una conversación de dos minutos, había estado a punto de enamorarse de él sólo por la voz.

¿Y era feo?

—Déjame que te toque, Sasuke. No puedes ser feo. No para mí.

Él guardó silencio, con los dedos alrededor de sus muñecas, increíblemente inmóvil. Era como si incluso hubiera dejado de respirar.

—Por favor,Sasuke —suplicó—. Tengo que tocarte la cara. No sé cómo eres. Hemos hecho el amor. Estamos juntos en la cama, desnudos y… y no tengo tu imagen en la mente.

Sakura no tenía ninguna posibilidad de obligar a Sasuke a hacer algo que no quisiera hacer. Lo único era preguntar y esperar.

Los dedos alrededor de la muñeca se tensaron, y luego la dejaron ir, bajando los brazos a los costados y apoyándolos en los muslos de ella.

—De acuerdo. Tócame si quieres —La profunda voz era inexpresiva, impasible—. Adelante.

Indecisa, Sakura se inclinó hacia él.

De todas maneras, ¿cómo eran las caras de las personas? Básicamente eran todas iguales, a menos que estuvieran desfiguradas. Dos ojos, dos orejas, una nariz, una boca. Cejas y pestañas.

Barba y bigote, algunas veces, si eras hombre. Y algunas veces incluso si no lo eras.

Sakura pensó en Chiyo Takashi, el ama de llaves de los Hyuga. La hermana de Chiyo, Hana, estaba bien provista en cuestión de barba y bigote.

¿Cómo se sentiría al tacto alguien que te gustara?

Las manos se movían sin rumbo, con suavidad, acumulando impresiones sensoriales.

Los dedos, como plumas, le recorrieron el cuello, donde destacaban, tensos, músculos y tendones. Luego pasó un dedo con delicadeza por una vena que sobresalía, después por la parte inferior de la mandíbula y vuelta atrás otra vez. Por todas partes había venas que sobresalían, igual que en los atletas olímpicos. Había leído en algún sitio algo de que llevaban más oxígeno a los músculos.

Sentía la sangre de la vida latiendo por la vena, al mismo ritmo que el del corazón, tranquilo y lento bajo la mano derecha que tenía apoyada en su pecho.

Ahora llevó ambas manos hacia la mandíbula.

Le volvió a coger las muñecas con aquella sujeción suave e inquebrantable. Sakura no intentó tirar de ellas o empujarle, sólo esperó.

—Tengo… una cicatriz —confesó con los dientes apretados.

—¿Ah sí? —preguntó ella con suavidad. Tenía sentido. Había sido un soldado, por descontado que tendría cicatrices—. ¿Sabes qué? No me importa.

Ella tenía su propia cicatriz, por Dios. La diferencia era que la suya no se veía.

Esperó pacientemente con las manos sujetas. Era él quien tenía que permitir aquella intimidad. Habían hecho el amor, habían tenido sexo, se corrigió. No había ni una parte de su cuerpo que él no hubiera tocado, mimado, acariciado. Y a pesar de ello, estaba molesto porque ella fuera a tocarle la cara.

No podía hacer nada más que esperar mientras Sasuke luchaba contra esos demonios que tenía dentro de él.

Ella lo sabía todo sobre luchar contra demonios. Es lo que hacía, todos los días, cada día.

Había un completo silencio en la habitación, salvo el débil sonido de su propia respiración.

Sasuke estaba tan quieto, tan silencioso, que bien podría haber estado muerto. Si no fuera porque sentía entre las piernas como se le dilataba el pecho con cada respiración, tendría que preguntarse si seguía vivo.

—Adelante —La soltó con un pequeño suspiro, y las manos volvieron a posarse con suavidad en su cuello para proseguir el viaje de descubrimiento.

En efecto, tenía una cicatriz en el lado izquierdo de la mandíbula, grande y fea. Era como un mapa de caminos de dolor, amplia y larga, recorriéndole toda la longitud de la mandíbula, sin vello, muy gruesa y uniforme, con un gran reborde sobresaliente. La cruzaban líneas irregulares. ¿Puntos de suturas? Si era así, el cirujano había sido muy torpe.

—Te debió doler mucho.

Él no contestó, sólo hizo un leve movimiento al encogerse de hombros.

Sakura sabía que ella había tenido la mejor asistencia médica posible. Se había pasado casi tres meses con las mandíbulas protegidas con alambre, y sin embargo le habían dicho que no tenía ninguna marca en la cara.

Esa cicatriz debía verse mucho en el rostro de Sasuke.

—¿Te preocupa? ¿La cicatriz?

—No —La voz fue brusca, despojada de cualquier emoción.

Sakura recorrió la profunda cicatriz con el dedo, hacia abajo y hacia arriba, mientras él se quedaba completamente quieto bajo ella. Era como si intentara borrar los recuerdos del dolor que debió sentir, absorbiéndolo a través de la yema del dedo.

Por fin, Sakura pasó a la tarea de crear la imagen de la cara de su amante.

¿Cómo hacerlo?

Rodeó con delicadeza los contornos del rostro. Era amplio y de mandíbula cuadrada, la mitad inferior rascaba por la barba incipiente. Le pasó los dedos por el pelo. Lo llevaba corto, pero no el corto típico de las Fuerzas Armadas, sino con un corte a la navaja.

—¿De qué color tienes el pelo?

—Azabache con reflejos azules.

—¿Y los ojos?

—negros.

—¿Cuántos años tienes?

—Treinta y ocho.

Entonces las profundas arrugas que tocaba eran las de un hombre que había pasado demasiado tiempo al aire libre, no las de alguien que ya va acercándose a la vejez.

Sakura siguió tocando. Siguiendo las líneas de los rasgos, sintiendo las texturas de la piel, recorriendo las cejas, bajando hacia los labios. La nariz era grande, amplia y con el cartílago torcido.

—Te has roto la nariz.

—Sí, un par de veces.

Le era imposible unir todas las sensaciones para formar una imagen en su cabeza. Pero había algo que tenía claro y que iba más allá del aspecto y la forma de la cara. Lo que estaba claro era que tenía el rostro que correspondía a la fuerza de su cuerpo, sin adornos, pura y simplemente un hombre.

Se sentó derecha, muy consciente de la desnudez de ambos. Consciente que, de algún modo, el ligero contacto al tocarle la cara se había convertido en caricias. Aunque él no se había movido mientras lo tocaba, al pasarle los dedos por la boca notó como el pene, situado entre los labios del sexo, se hacía mucho más grande. La fricción también la excitó a ella, humedeciéndola y suavizándola.

En algún lugar muy dentro de ella, se estaba preparando para él. Tal vez en unos momentos podría…

Pero primero, había algo que tenía que hacer.

—¿Sasuke?

Los dedos del hombre se tensaron sobre sus muslos cuando ella le pasó el índice por el labio superior.

—¿Sí?

Sakura se echó hacia delante a fin de que los pechos se le apoyaran sobre el torso del hombre, con el pene, un cilindro duro, entre ambos vientres. Bajó la cara hasta que las narices se encontraron. Con las manos le enmarcó la cara, notando la dureza de los pómulos, las arrugas profundas de los ojos, la barba áspera. El aliento en la cara, la quietud absoluta y completa.

Cuánto deseó poder verle.

—Para que conste, Sasuke, no creo que seas feo —dijo Sakura con suavidad—. De hecho creo que eres guapo.

Él se arqueó, una vez, con fuerza. De repente, la besaba como un loco, sin ninguna delicadeza, sujetándole la cabeza mientras le devoraba la boca, dientes contra dientes, la lengua empujando hasta el fondo. Entre sus vientres, el pene latió y se hinchó. Sasuke gimió profunda y ásperamente en la boca de ella mientras alcanzaba el orgasmo. Sakura quedó empapada por el semen que salía a chorros entre los dos estómagos, y con un grito de excitación, también ella llegó al clímax.


Espero que les haya gustado el capi, review?