Pues ni regularidad ni nada. Lo siento muchísimo, de verdad, pero he estado hasta arriba y no he tenido inspiración ninguna para escribir, agonizando entre el trabajo duro y el calor que invade mi tierra. ¡Espero que alguien lea esto! Que después de tanto tiempo, ya habréis olvidado hasta de qué iba...

Siete: Espinas entre la hierba

La tensión era evidente. Ambos contendientes parecían analizarse minuciosamente. Anticiparse a los movimientos del otro era crucial para tener ventaja en la batalla, y Sou sabía que tenía desventaja en este sentido, ya que él conocía sólo dos de los pokémon que Hari iba a utilizar, mientras que ésta, al observar atentamente todos los combates, conocía completamente su elenco de combatientes.

Tiene un tipo veneno, pensaba Sou mientras analizaba los gestos de Hari. Ésta le miraba convencida, aparentando seguridad, aprovechando pequeños momentos para mirar a Erika, que le hacía unos pequeños gestos casi inapreciables.

—¡Vamos, Exeggcute! —El entrenador liberó de su bola al pokémon de Joy, que empezaron a apilarse unos sobre otros y a girar.

—Bellossom, deléitalos con tu gracia —Frente a Erika, Hari trataba de ser refinada y exquisita, tal y como ésta le había inculcado.

Mierda. Esa palabra resonó en la mente de Sou, contra Bellossom hubiese venido mejor un pokémon que tuviese ataques bicho, como su Swadloon, pero predijo mal.

—Bells, deberías bailar como tú sabes.

Ésta empezó a ejecutar una danza de la que brotaban pétalos afilados, que se dirigieron hacia las distintas unidades del pokémon compuesto por huevos. Por instinto, éstos se defendieron desviando con poder psíquico las que podían, pero no fueron suficientes y recibieron gran parte de los pétalos.

—¡Atosígala a confusión! —gritó Sou, tratando de que no se notara que le temblaba el pulso.

Los huevos empezaron a lanzar sus ondas psíquicas, moviendo a Bellossom y confundiéndola mucho antes que lo que lo haría la danza. Ésta, en su siguiente ataque, se acabó tropezando e hiriéndose a sí misma.

—Perfecto, ¡ahora paralizador!

Sou pretendía volver inútil a Bellossom, impidiendo su movimiento, y en parte lo consiguió. Los calambres producidos por el polvo segregado por Exeggcute dificultaban al pokémon bailarín cualquier clase de danza, hecho que resultaba fatal para ella. Hari trató de no perder ni un ápice la compostura, y volvió a pedirle a Bellossom que ejecutara el mismo ataque. Ésta, aun bastante afectada, siguió bailando para deleite de Erika y el resto de espectadores.

—Confusión, Exeggcute… —Las unidades se apilaron entre sí, formando un pequeño monigote, y ejecutaron el ataque.

El efecto de la confusión no fue más que el de convertirse en titiriteros de Bellossom, moviendo cabeza, brazos, tronco y piernas a su voluntad, hasta que se agotaron y volvieron a su conformación habitual. La bailarina siguió ejecutando a duras penas su baile, hasta que ésta finalizó y apoyó los brazos en el suelo, tomando aire y tratando de recuperarse de sus mareos.

—Preciosa, ¿por qué no haces que sientan lo mismo que soportas tú? ¡Danza Caos!

Bellossom se incorporó y ejecutó una danza extraña, que confundió a Exeggcute. Los pequeños huevos empezaron a comportarse casi como tentetiesos, girando sobre sí mismos.

—¡Recurrente! —Aunque no sabía si iban a reaccionar bien, Sou supuso que sería bueno dar un ligero descanso a las habilidades mentales de su pokémon.

—¡Bomba Lodo, Bells! —Hari necesitaba un golpe definitivo. Prolongar este combate sólo significaba para ella una derrota. Necesitaba ser efectiva y lo necesitaba ya.

Una serie de semillas volaron a gran velocidad, en direcciones ligeramente caóticas, pero dirigidas al pokémon con flores en la cabeza. El veneno de éste volaba decidido hacia Exeggcute, y sus proyectiles no lograron más que disgregarlo haciendo que impactara contra cada una de las subunidades. Simultáneamente, varias de las partículas del recurrente impactaron en Bellossom, haciendo que perdiese completamente el equilibrio y cayese debilitado, igual que el pokémon de Sou. Tablas en el primer asalto.

—¡Bellossom y Exeggcute han caído debilitados! ¡Tanto a Hari como a Sou le quedan dos pokémon en la recámara! —proclamó el árbitro, con una media sonrisa, disfrutando de un combate de alto nivel.

—Un bello desenlace. Trágico, pero visualmente delicioso, ¿no crees, Gardenia? —acotó Erika, micrófono en mano, tratando de hacer partícipes a todos los espectadores, haciendo gala de su elegancia y su carisma.

—¡Nunca había visto algo así! —La líder planta de Sinnoh se frotaba los ojos, absolutamente incrédula— ¡Esto de verdad es un combate emocionante! ¡Me encantaría poder librar un combate así!

—Querida, no sé si llegas al nivel —rió por lo bajo la correspondiente líder de Kanto.

—¿¡Quieres pelea!? —Gardenia se levantó, decidida, cogiendo la pokéball de Roserade.

—No, querida, ya hay una más interesante ahí abajo…

Hari y Sou seguían observándose lentamente. La chica sabía que podría enfrentar tanto a un Cradily como a un Swadloon, y no sabía si quemar su cartucho conocido, Roselia, o sorprenderle con el último pokémon de su repertorio. Éste, por su parte, recordaba el enfrentamiento entre su pokémon bicho y la rosa. Swadloon no parecía haberse sentido cómodo con esta clase de derrota, y posiblemente desease una revancha.

—No podemos esperar más, chicos. Sacad un pokémon ya —intervino el árbitro, mirando alternativamente a los combatientes.

—Roselia, cautívales con tu aroma…

Sou supo entonces que debía tratar de repetir el combate de la vez anterior, habiendo aprendido ya de sus errores.

—¡Swadloon! ¿Quieres tomarte la revancha?

—Parece que algunos no aprenden que las rosas, por muy bellas que sean, siempre tendrán espinas… Espárcelas.

Roselia, en poco tiempo, soltó varias púas impregnadas en una fuerte toxina.

—¡No te muevas, Hoja Afilada! —Pisar alguno de esos regalitos envenenados implicaría una contrarreloj que Sou no estaba dispuesto a volver a experimentar.

Unos movimientos de Swadloon lanzaron hojas a toda velocidad hacia Roselia, que pisaba sus propias espinas y así las anulaba.

—Muévelas con Paranormal, querida…

Roselia asintió decidida, y, clavando los pies en el suelo, invocó un extraño poder psíquico que desviaba las hojas dirigidas directamente hacia ella.

—¡Yo Primero! —rió Sou, con un aire infantil que parecía que hacía siglos que no recordaba.

Swadloon pudo imitar a la perfección el movimiento del pokémon rosa, lanzando el poder mental directamente hacia ella, desviándole la concentración y logrando que las hojas más rezagadas pudieran rozar a Roselia.

—¡Lanza más púas! —Hari empezaba a perder el control. Respiraba agitada, víctima de la tensión que le producía la atenta y nada condescendiente mirada de Erika desde el palco.

—Atosígala… Como tú sabes.

Una sucesión de hojas volaban hacia Roselia, que tenía que hacer esfuerzos titánicos para no verse cortada por ellas, pisando así las púas tóxicas que había dejado, y eliminando su toxicidad. Aun así, no fue suficiente, una hoja desviada golpeó la pierna del pokémon floral, desequilibrándolo y haciéndolo caer.

—¡Descanso! —Roselia, ni corta ni perezosa se acurrucó un poco en mitad del campo de batalla y, con un ramo en la cara, se puso a dormir.

Sou se desubicó. Creía que Roselia aún podría aguantar más tiempo bajo las hojas, pero llegó a la conclusión de que la había sobreestimado por su experiencia anterior.

—¡Picadura!

Swadloon se acercaba decidido a hincarle el diente a la florecilla. Tras unos lentos segundos de avance, los dientes del insecto se clavaron en una de las rosas, degustando su sabor. Hari dio la orden que guardaba bajo la manga.

—Querida, que no te engañen, los ronquidos pueden ser glamourosos…

Roselia repitió la jugada. El ronquido echó hacia atrás a Swadloon, que pisó una de las espinas que el avance de la rosa no apartó. Aun así, en ese momento, comenzó a brillar con fuerza.

—¡No estará…! —Erika se levantó de su sitio, apoyando una mano en la barandilla, perpleja por lo que estaba sucediendo. Bien sabía que este contratiempo podía costarle el combate.

—¡Está evolucionando! —Gardenia se inclinó casi completamente para tratar de captar todo detalle posible de esta evolución, incluso logrando que algunos de los presentes temiesen por su integridad física.

Joy esbozó una pequeña sonrisa, estaba viendo el combate muy igualado, y si bien el veneno que Swadloon había pisado no era un buen presagio, una evolución en este momento permitiría que Sou pudiese hacer daño rápido aprovechando las características de Leavanny, tomando así la ventaja. Era la oportunidad que veía para él.

El resto del público prácticamente enmudeció. Alguna expresión de sorpresa o de admiración se escapaban de algunas bocas, mas de forma aislada, sin querer destacar. Los ojos apenas parpadeaban, esos detalles del crecimiento de una especie tal como puede ser Swadloon en un pokémon con unas líneas como las de Leavanny eran un espectáculo en sí mismos.

—¿Qué le ha hecho evolucionar? —se preguntó Hari entre dientes, incrédula, incluso frustrada por la situación.

Un imponente Leavanny surgió del fulgor que había cubierto el escenario segundos antes, que, sin esperar orden, empezó a ejecutar Tijera-X contra su enemigo.

Hari ordenaba roncar a su pokémon, que no parecía despertar por más que lo intentara. El veneno y los ronquidos dañaban más rápido de lo que se pensaba a Leavanny, que casi al límite de sus fuerzas derrotó a Roselia.

La entrenadora soltó un tenso suspiro, sosteniendo su última pokéball y liberando al pokémon que la contenía.

—Querida, demuéstrales el poder de las flores… —Una imponente Meganium se apoyó sobre el terreno, agitando ligeramente su flor para liberar su aroma, a modo de espectáculo.

El tiempo jugaba en contra de Sou, así que cuanto antes ejecutara su ataque, más probabilidades tendría de soportar el contraataque de Hari para tener dos turnos.

—¡Tijera-X! —ordenó, justo antes de que Leavanny se lanzase a dar un gran tajo a Meganium, con efectos de un crítico.

Hari sonrió, como si todo estuviese bajo control. Sin perder esta sonrisa, proclamó:

—¡Contador!

Como era de esperarse, un golpe devastador. Leavanny cayó a plomo, quedándose inmóvil en el suelo, completamente abatido. Sou devolvió a su derrotado pokémon a su bola correspondiente, y jugó un poco con la de Cradily entre sus dedos antes de agrandarla y lanzarla al terreno, tratando de pensar una estrategia en esos segundos.

—Sabes que eres al único al que he tenido siempre, y ahora te necesito más que nunca —murmuró cerca de la pokéball, pretendiendo que sólo el pokémon pudiese enterarse de lo que estaba diciendo— ¡Adelante, Cradily, Tóxico!

—Capa Mágica, pequeña…

—¡No puedes…! —Pero sí pudo. Meganium se protegió con una etérea barrera a su alrededor, que rebotó la onda tóxica que Cradily le lanzó, afectando a éste. Una nueva carrera a contrarreloj contra el veneno. Hari no pudo evitar soltar una carcajada de superioridad, atusándose el pelo posteriormente y cambiando el reparto de peso entre sus piernas, llevándose la mano a la cadera.

El suspiro de Sou pareció retumbar por todos los rincones de la improvisada arena profesional de combates, que exhaló mientras se agachaba para apoyarse sobre sus rodillas, en cuclillas. Con los ojos cerrados, y su cara seria, parecía que estaba resignado a la derrota. Cradily lo notó y se agitó, invocando rocas que lanzó contra Meganium. Su entrenador abrió un ojo para observar lo sucedido. La roca parecía haber afectado al dinosaurio en flor.

—Reflejo, como el nuestro en el más tranquilo de los lagos —ordenó Hari, altiva, victoriosa.

—Maldita repipi… —bufó Gardenia, cruzándose de piernas en el palco y moviendo la que dejó encima, como inquieta.

—Mejor ser una repipi a una bruta sin modales —sentenció Erika sin mover más músculos que los estrictamente necesarios.

—¡Repite eso si tienes lo que hay que tener! —Gardenia se levantó, enfadada, y se colocó en posición de combate frente a la líder de Kanto.

—¿Que eres una bruta sin modales? Te lo repito las veces que sea necesario —dijo antes de hacer un ademán con la mano para mover su corta melena, sin dignarse a mirarla—, eres una bruta sin modales.

—¡Te vas a enterar! —La líder de Sinnoh se lanzó directamente contra la de Kanto, pero fue separada por los otros miembros organizadores antes de que pudiera tocarla.

Sou se incorporó, mirando a Cradily alzando una ceja. Éste se giró, lanzándole lo más parecido a lo que esta especie puede llamar sonrisa; y su entrenador le correspondió. Sabían que tenían las de perder, pero jamás se rendirían sin luchar.

—¡Avalancha! —El pokémon percebe siguió invocando piedras, y lanzándolas con una mezcla de poder místico y fuerza bruta con sus tentáculos.

Meganium las aguantaba estoicamente, respondiendo con algún contador, que su propio movimiento defensivo se encargaba de atenuar. El veneno afectaba cada vez con más velocidad a Cradily, que notaba menguar sus fuerzas. Un nuevo contador a pura potencia de Meganium, con la acción del veneno, supondrían la debilitación, así que Cradily se anticipó a los movimientos de Sou, agitando el suelo para lanzar un terremoto que desestabilizase a su rival.

Este movimiento hizo que la respuesta del dinosaurio fuese un contador más débil, permitiéndole resistir, ante el asombro de todos, incluyendo el de Sou.

—¿E-En serio has calculado esto? —El pokemon asintió a duras penas, sabiendo que no resistiría un turno más— Bien hecho, ¡Recuperación!

Un pequeño brillo se generó alrededor de Cradily, restaurando su vitalidad y permitiéndole aguantar un rato más. Además, al no ser un movimiento ofensivo, Meganium falló el contador que su entrenadora creía final.

—¡Refleja esta vez! —Hari no sabía cómo reaccionar, sabía que debía dejar pasar el tiempo para ganar.

—¡Aprovecha, Tóxico!

—No…

Mientras Meganium se centraba en protegerse de los ataques físicos, una nueva bola cargada de toxina le impactó sin protección; entrando en la misma dinámica de no prolongar el combate. A Sou se le escapó una risa, y después estiró un poco su cuello, volviendo a meterse en el combate. Sabía que la ventaja que tenía Meganium se debía a que su veneno aún avanzaba más débil, pero aun así ésta ya estaba suficientemente tocada como para caer pronto.

La dinámica del combate se volvió tensa, no tanto por los grandes movimientos de los contendientes sino por su trascendencia. Meganium esperaba como agua de mayo un ataque de Cradily para lanzar su Contador, que fallaba cada turno, pero Cradily simplemente se recuperaba, tratando de paliar el daño de su propio Tóxico.

Un turno, otro, el veneno avanzaba implacable, desgastando a ambos contendientes sin tregua. La toxina debilitaba tanto a Meganium como a Cradily, que lo demostraban en sus cansados rostros.

El desenlace fue inevitable, alguien tenía que caer al suelo al límite de sus fuerzas, aunque nadie esperase que el resultado fuese el que aconteció. Ambos cayeron a la vez, y el público enmudeció. Parecía como si el tiempo se hubiese detenido, nadie hacía ni el más mínimo movimiento, mirando con la boca abierta el espectáculo. La tensa escena la rompió una precipitada carrera de la enfermera Joy, rauda para atender a los pokémon implicados en el combate. No cabía duda de que lo habían dado todo, e incluso más.

—Esto nunca me había pasado en la vida… —murmuró el árbitro, frotándose los ojos, también sobrepasado por la situación— ¡Ambos contendientes se han debilitado a la vez! ¡Declaro un empate!

El público rugió. Todos sabían que el combate sería reñido, que no había un claro favorito desde el primer momento, y el devenir de los acontecimientos no hacía más que ajustar aún más las diferencias. Los organizadores del evento se sonreían, el espectáculo había sido un éxito; y con ello su plan de crear los mejores gimnasios del mundo parecía ir por muy buen camino.

Los rivales guardaron sus pokémon en sus respectivas esferas, mirándose casi descompuestos. No entendían nada, absolutamente nada de lo que ocurría.

El alcalde se levantó, tomando el micrófono del palco, y con una amplia sonrisa.

—¡Un empate, amigos! ¡No miento si digo que jamás en la vida vi algo igual! Ambos son dignos contendientes para ser líderes de esta ciudad, ¿verdad? —los asistentes gritaron, aprobando lo que acababa de decir su representante— ¡No podemos repartir el gimnasio, ambos han demostrado sus cualidades y ahora es el comité de la organización el que debe decidir! Pero lo que sí podemos repartir es el dinero, ¡veinticinco mil pokés para cada uno!

Sou miró hacia el palco, aún sin poder creérselo. Gracias a sus pokémon, acababa de ganar un premio económico muy importante para él, lo suficiente como para poder comer. En cuanto fue consciente, se le escaparon las lágrimas, y comenzó a dar saltos emocionado, gritando. Hari, desde la otra esquina, le miraba con desprecio.

—Aún quedan un par de meses para que los organizadores puedan decidir, ¡esperemos el veredicto!

Ser líder no sólo implicaría salir de la calle, sino reconocimiento tal como para poder vivir de su dominio como entrenador pudiendo trabajar con pokémon planta. Apenas esperó a recibir un cheque simbólico para salir corriendo al centro pokémon y subir a su habitación con una inmensa sonrisa y vociferando "¡He empatado, he empatado!", esperando que fuese realmente el golpe de suerte que necesitaba.

Continuará

Espero poder seguir escribiendo y publicar pronto, pero no prometo nada.