El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen.
Bajo el cerezo
"No se alarme si me voy. A fin de cuentas, yo siempre llevo una parte de usted conmigo."
VII
—Su nieta se encuentra haciendo un buen trabajo —le comentó la madre de uno de los niños a los que estaba cuidando en ese momento, le tomó la temperatura al pequeño y le devolvió la mirada a la señora.
—Ama su vocación —reveló—, siempre quiso ser una sacerdotisa, una tan fuerte como su hermana mayor.
—Si me permite —interrumpió, mirando con cariño a su hijo en la cama, le tenía demasiada fe a su recuperación—, creo que ella es más fuerte que su hermana.
Kaede sonrió. —Todavía no lo sabe.
—¿Cuándo volverá la sacerdotisa Kikyō? —Inquirió, la sacerdotisa le miró con cariño, porque su nieta también era muy querida en aquella aldea y su ausencia no solamente le dolía a ella y a Kagome, sino a todas esas personas—. Mi niño la extraña y otros más también.
—Lo desconozco —confiesa—, hay demasiados heridos.
—La guerra —susurra, demasiado bajo para alguien ajeno a aquella escena—, espero el matrimonio de la princesa Sara arregle esto.
Kaede asintió, esperando lo mismo. Da un último chequeó al pequeño y le deja algunas indicaciones a su madre para finalmente salir de aquella cabaña y caminar de regreso hasta su cabaña. En el trayecto, se encuentra con uno de los familiares de los heridos que Kagome está cuidando, no dejaba de hablar del maravilloso trabajo de su nieta y de la princesa.
—Están trabajando duro —observó.
"Demasiado" pensó la mayor y fue entonces que le pidió a aquel hombre el favor de llamar a su nieta, su plan era cambiarle lugares y que ella descansara, aunque fuera un poco.
•••
Kagome no había dormido absolutamente nada, Sara se había ido antes de que anocheciera a cuidar a su mamá debido a que su estado de salud cada vez empeoraba más y más; Kagome hubiera querido ayudarla, pero sabía que no podía hacer absolutamente nada.
El recado de su abuela llegó cuándo ella finalmente había logrado controlar la temperatura del tercer herido. Había estado dudosa entre irse o no, pero decidió aceptar después de la insistencia de algunos familiares de los heridos, por lo que se encaminó finalmente hasta su cabaña.
En el camino, observó con atención una pequeña extensión de tierra que llevaba hasta cierto árbol de cerezo que ella conocía con atención y con aquel recuerdo vuelven las palabras del yōkai a su mente, «No eres como los demás», «Tú tampoco». Y, sin poder evitarlo, se sonroja.
Y en seguida se reprocha mentalmente por recordar aquel suceso. Su vista se desvía hasta el cielo y se da cuenta de qué la lluvia amenaza con caer, pero el camino frente a ella es demasiado tentador.
Finalmente, decide ir.
•••
La mañana estaba fresca, la brisa de la madrugada había sido la responsable de que la tos de su madre no parara y que todos estuvieran completamente al pendiente de ella. Sara siempre había deseado conservar la esperanza de que su madre pronto volvería a ser la persona alegre que conocía, pero cada vez esa pequeña esperanza se apagaba más y más.
Su nana se mantenía cerca de ella, siempre tratando de animarla, mencionándole qué su madre pronto se recuperaría y que podrían salir juntas como en antaño. Pero nada de eso sucedía.
A veces prefería salir fuera del palacio, dar una vuelta y Kagome también solía ayudarla cuándo presentía que se sentía lo suficiente desanimada referente a la salud de su madre.
Su madre había intentado decir algunas palabras durante esa mañana, pero nunca logró formular una palabra completa y le asesoraron que mejor durmiera otro rato.
Sara no necesitaba escuchar nada de alguien más para saber qué el pronóstico no era bueno.
•••
El camino finalmente la guía hasta aquel hermoso árbol de cerezo dónde, para su sorpresa, se encuentra nuevamente con aquel yōkai. Le mira con atención y él no tarda mucho en sentir su presencia, regresándole la mirada. Zafiro y ámbar se observan, reconociendo el color contrario que anteriormente han visto.
La sacerdotisa camina hasta el árbol, a su mente regresa la plática lejana con Sara: «Yo estuve buscando en pergaminos una imagen de mi prometido», «su nombre es Sesshōmaru y es un Daiyōkai». ¿Será el mismo yōkai? Se pregunta y, ahora teniéndole cerca, sabe que es su oportunidad de hacerlo.
—¿Cuál es tu nombre? —Dice, después de un largo silencio. Él no voltea, su vista está enfocada al lado contrario a donde está la sacerdotisa y siente las primeras gotas de lluvia caer sobre su ropa y cabello.
—Sesshōmaru —Kagome voltea a verlo—. Sesshōmaru Taishō.
Y, es en ese momento, que Kagome lo sabe. El nombre resuena en su mente más tiempo «Sesshōmaru».
—El prometido de Sara —sonríe—, es decir… de la princesa.
Él asiente, su vista se posa en ella. Las gotas cada vez son más insistentes y es cuestión de tiempo para que la lluvia se desate. No sabe porque desea que el tiempo se alargue un poco.
—Debo irme —exclama repentinamente. Parece que huye de algo—. Fue un gusto, Sesshōmaru.
—Humana.
—Kagome —contesta—. Mi nombre es Kagome.
Y se va.
Él puede jurar que tal vez no regrese.
Continuará.
Quiero aliviar un poco sus almas: Kagome y Sara no van a ser enemigas. Prueba de eso es este capítulo, Kagome es capaz de alejarse de Sesshōmaru con tal de no lastimar a su amiga. Aunque todavía no se refleja con exactitud, nuestra Kag adora a Sara y nunca la lastimaría. Y viceversa.
Así qué pueden disfrutar el fanfic sin temor a que ellas terminen mal. No se preocupen.
Segundo: quiero disculparme por la tardanza de este capítulo a pesar de ser tan corto, cuándo los ánimos no nos permiten trabajar en nada, no hay nada qué hacer. Pero quiero agradecer su paciencia y apoyo. Me siento algo oxidada respecto a personalidades y así… espero disculpen el OoC.
Espero actualizar los próximos días, en caso de qué no: Feliz navidad y próspero año. Les adoro como no tienen idea. Y de nuevo, una disculpa. ¡Abrazos para todos!
22 de diciembre 2016.
