Buenas noches mi gente bella! Cómo les va? Espero que super bien!
Aquí estoy de vuelta actualizando mi locurita con un nuevo cap.
Hoy les traigo un episodio que me dio bastante trabajo, ya que resultó ser algo intenso por todo lo que narro en esta ocasión… Pero igualmente creo que conseguí plasmar todo lo que quería. Así que espero que lo disfruten!
Bueno, sin más para agregar por hoy, lxs invito a leer el SIETE en paz y les pido por favor que no dejen de decirme qué les pareció! Y también agradezco a mis fieles seguidoras y comentaristas por su entusiasmo e interés en leerme y a los nuevos lectores que se sumaron en esta semana.
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besos y abrazos per tutti! Hasta la próxima!
Bell.-
:: Capítulo Siete ::
Esa misma tarde, Serena salió de su trabajo un poco más temprano de lo habitual y mientras regresaba a su departamento no dejaba de pensar en Darien. Estaba verdaderamente movilizada por su reciente reencuentro, sabía que iba a ser una situación algo difícil e incómoda cuando sucediera, pero jamás se imaginó que lo fuera tanto.
Repasaba en su mente cada palabra, cada mirada, cada gesto y se cercioraba de que se hubiera comportado como correspondía, como la mujer reservada y controlada que era. Sin embargo se dio cuenta de que habían habido algunos breves instantes donde se sintió y se mostró como era antes, aunque sea mínimamente, y eso era algo que no debía permitir que se repitiera.
Ella ya no era la misma chica que él había conocido, sino que ahora era una mujer totalmente diferente y así tenía que mostrarse. Y aunque también reconocía que había sido un tanto cruel en comunicarle con tanta franqueza sobre su compromiso con Seiya, estaba segura de que era lo correcto, no debía permitir que se enterara por terceros.
Pero al recordar la reacción de Darien al escucharla supo que para él no había sido una buena noticia. ¿Sería que le dolía enterarse de que estaba rehaciendo su vida con otra persona? ¿Que aún tenía sentimientos por ella a pesar de llevar tanto tiempo distanciados? ¿Que habría regresado por ella? No, no podía ser nada de eso, definitivamente no. Ambos habían dejado muy en claro que entre ellos ya no había más nada, ni siquiera una amistad, y habían tomado una decisión irreversible.
Pero no podía negarlo, en un punto Serena se alegraba de volver a verlo, y por cómo Darien la trató parecía que a él le pasaba lo mismo. ¿Y si podían volver a acercarse? ¿Recuperar algo de la amistad que alguna vez tuvieron? ¿Sería posible dejar los errores y el dolor del pasado a un lado y reencontrarse en buenos términos, aunque sea amistosos?
No tenía idea de cómo iban a seguir dándose las cosas entre ellos, lo único que tenía en claro era que no iba a ser una situación para nada fácil de enfrentar. Pero no había vuelta atrás, Darien estaba otra vez en Tokio y no podía ignorarlo y evitarlo indefinidamente.
Cuando finalmente llegó a su departamento, Serena fue directamente al baño para darse una larga y relajante ducha. Necesitaba sentirse tranquila, recuperar la calma y la entereza que había perdido desde que se enteró del regreso de Darien al recibir aquel mensaje, y reunir valor para volver a enfrentarlo durante la bendita cena que su papá había organizado para esa noche. Por otro lado también tenía que pensar en la manera de comunicarle a Seiya sobre la reunión sin que sospechara ni malinterpretada nada raro.
Una vez que terminó de ducharse, salió del baño envuelta en una bata y se dirigió hasta el vestidor para buscar su ropa. Cuando regresó a su dormitorio y comenzó a peinar su cabello, estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Seiya también estaba en la habitación. Y tomándola totalmente por sorpresa, sintió cómo su prometido se acercaba a ella y la abrazaba por la cintura. —Hola, bombón —susurró en su oído.
Serena pegó un salto del susto al no escucharlo llegar. —¡Seiya, me asustaste! —le reprochó molesta y quiso soltarse.
Pero él no la dejó ir. —Oye, ¿por qué reaccionas así? —la abrazó con más fuerza y empezó a besarla suavemente en el cuello—. ¿Acaso no me extrañaste? —decía entre besos—. Porque yo te extrañé mucho —y con mucha delicadeza intentó quitarle la bata muy lentamente sin dejar de besarla.
Serena se separó enseguida y volvió a cubrir su cuerpo. —¿Cuándo llegaste? No te escuché —le preguntó al voltear a verlo de frente.
Seiya se acercó a ella y la abrazó otra vez. —Acabo de llegar —ahora le daba cortos besos en los labios—. No sabía que ya estabas aquí y no te imaginas lo agradable que es encontrarte en casa tan temprano —comenzó a besar su cuello de nuevo—. Estás tan bonita, bombón, hace mucho que no tenemos un momento tranquilo para los dos. Te extraño tanto… —y empezó a guiarla hacia la cama sin cortar los besos.
—Seiya… —ella intentaba separarse—. Por favor, Seiya.
—¿Qué pasa? —preguntó él sin cortar los besos mientras la recostaba en la cama.
—No… —ella trataba de resistirse—. No quiero.
Seiya se recostó a su lado y de nuevo intentó quitarle la bata. —¿Pero por qué?
—Tenemos… —Serena lo empujó para alejarlo de ella—. Tenemos que irnos, tengo que arreglarme —y se puso de pie mientras volvía a cubrirse con su bata.
—¿Para qué? —preguntó Seiya algo molesto por su rechazo—. ¿Adónde tenemos que ir? —y se sentó en orilla de la cama.
—A la casa de mi papá, nos invitó a cenar —Serena buscó el cepillo de su cabello y continuó peinándose—. Tenemos que estar allí en menos de una hora.
—¿Tu papá? ¿A su casa? —volvió a preguntar él sorprendido.
—Así es —respondió ella con calma.
—¿Y a qué se debe la invitación? Jamás nos invita a su casa, además cenamos con él anoche.
—Es que regresó un amigo de la familia al que hacía mucho tiempo que no veíamos y organizó una cena de bienvenida —explicó ella.
—¿Qué amigo? ¿Tu papá tiene amigos? —bromeó él.
—Seiya… —Serena lo miró molesta.
—Lo siento —Seiya se puso de pie y se acercó a ella—. Pero cuéntame, ¿de quién se trata?
—Darien —Serena se sentó frente al espejo de su cómoda y comenzó a ponerse crema en el rostro—. Darien Chiba.
—Darien Chiba… Ése nombre me suena.
—No lo conoces, vivió muchos años en EEUU y regresó hace unos días.
—Si no lo conozco, ¿por qué su nombre me es familiar? —insistió él.
—Quizás alguna vez yo lo mencioné, o mi mamá —Serena hizo una corta pausa y después de suspirar largamente siguió hablando—. No tiene importancia. El caso es que esta noche cenaremos con él. ¿Tienes algún problema? ¿U otro compromiso? Porque no estás obligado a asistir si no quieres o no puedes.
—No, está bien, iré —dijo Seiya, pero al notarla algo nerviosa a Serena dudó de su actitud—. ¿O tú no quieres que vaya? —preguntó extrañado.
—Sí, sí, claro que quiero que vayas —respondió ella al retomar el tono calmado—. Es sólo que, no sé, como no te llevas bien con mi papá y acabas de decir que ya cenamos con él anoche, pensé que quizás…
—No es para tanto —Seiya comenzó a hacerle suaves masajes en los hombros a Serena—. Que yo no le caiga bien a él no significa que a mí me pase lo mismo, yo aprecio y respeto mucho a Kenji. Además dentro de poco se convertirá en mi suegro, por lo tanto en mi familia. Y si este amigo suyo es tan importante para ustedes, pues yo también tengo que darle la bienvenida, ¿o no?
—Sí, viéndolo de esa forma…
—¿Estás bien? —preguntó él preocupado—. Te noto algo tensa, bombón, más de lo habitual.
Ella se puso de pie y volteó a verlo. —Sí, sí, estoy bien —dijo con una tranquila sonrisa y le dio un corto beso en los labios.
Serena regresó al vestidor para cambiarse y Seiya siguió hablando desde la cama. —¿Y quién es ese tal Darien Chiba?
—Es un viejo amigo de la familia, ya te lo dije —respondió ella.
—¿Y qué hacía en EEUU? ¿Por qué regresó? —preguntó él curioso.
—Es médico y no sé por qué volvió.
—¿Pero era amigo tuyo? ¿De tus padres? —insistió Seiya.
Serena volvió a la habitación. —Sí, era amigo nuestro —respondió y se acercó a él—. ¿Qué te parece este vestido? ¿Es muy formal? —Seiya se levantó de la cama y caminó hacia ella—. ¿O mejor algo más sencillo? El vestido negro es más sencillo, ¿no? Sí, mejor me cambio.
—Cualquier vestido te queda bien —murmuró él en tono seductor mientras se acercaba más a ella y la abrazaba por la cintura—. Pero si éste no te gusta, déjame ayudarte —y comenzó a bajarle el cierre del vestido al tiempo que le daba suaves besos en el cuello—. Qué rico hueles, bombón —susurró en un suspiro.
—Seiya, basta —Serena se soltó y lo miró molesta—. Se nos va a hacer tarde, sabes que odio ser impuntual —y regresó al vestidor.
Seiya suspiró resignado. —Lo sé, lo sé. ¿A qué hora hay que estar allá? ¿Tengo tiempo para darme una ducha?
—Sí, ve, pero date prisa.
—Sí, mamá —bromeó él y se fue al baño.
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Por su parte, Darien ya había regresado al departamento de Andrew después de visitar a Rei y Nicolas. Estaba sentado en el sofá leyendo un libro cuando Andrew llegó. —Doctor Chiba —dijo su amigo al entrar mientras dejaba las llaves sobre la mesa.
—Doctor Furuhata —lo saludó Darien sin interrumpir su lectura.
Andrew se acercó a él y se sentó a su lado. —¿Cómo estás, amigo?
—Aburrido —respondió Darien de mala gana—. ¿Tú cómo estás?
Andrew soltó un largo suspiro. —Enamorado…
—¡¿Qué?! —Darien lo miró sorprendido.
—Es ella, Darien —respondió Andrew con una alegre sonrisa—. Lita es la chica de mis sueños.
Darien rió al escucharlo. —Si tú lo dices… —y retomó su lectura.
—Te juro que jamás en mi vida me imaginé que sería capaz de sentirme así —siguió Andrew—. Nunca estuve más seguro de algo como ahora. La amo, definitivamente la amo con locura.
—No exageres, sólo la viste un par de veces.
Andrew ignoró su comentario. —Acabo de tener la mejor cita que podría haber siquiera soñado. Hablamos por horas, nos conocimos mejor y creo que a ella le pasó lo mismo que a mí. Y sé que va a funcionar —dijo con firmeza—. Estoy seguro de que vamos a estar juntos.
Darien volvió a reír. —Por dios, amigo, ¡eres fastidiosamente empalagoso!
Andrew se puso de pie. —Disculpa, señor amargado. Cierto que tú eres de los que nunca pasan de tres citas…
—Eso no es cierto —se defendió Darien—. A veces ni siquiera llego a la segunda cita —y le guiñó un ojo con picardía.
Andrew puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. —Eres insufrible, Darien —dijo al dirigirse hasta la cocina.
Darien dejó el libro sobre la mesita. —¿Cómo te fue en el hospital? —preguntó.
—Muy bien —respondió Andrew mientras regresaba a la sala con una botella de agua en la mano—. Es casi seguro que me acepten para el puesto, la semana que viene tengo una entrevista con el director —se sentó en otro sillón frente a Darien—. Pero confío en que todo marchará bien, como ya fui parte del servicio antes de irme a EEUU, es muy probable que me acepten de nuevo.
—Qué bueno —dijo Darien mientras se desperezaba y estiraba los brazos.
—Averigüé también si necesitan gente en traumatología —continuó Andrew—. Pero en este momento están con las admisiones de los nuevos residentes. Igualmente me dijeron que es probable que haya algún lugar en la guardia.
Darien no le dio demasiada importancia a lo que su amigo acababa de decirle. —Bueno, lo tendré en cuenta —y se recostó en el sofá.
Andrew comenzó a sospechar de su actitud. —No te noto muy entusiasmado.
—Es que no sé si quiero volver a trabajar en un hospital —explicó Darien—. Las guardias son agotadoras y mi especialidad en trauma sólo me permite estar dentro del quirófano. Y en este momento no me siento capaz de volver a operar, hace años que no lo hago, después de esa bendita demanda.
—Pero eso fue hace mucho tiempo, Darien —insistió Andrew—. A ti te apasiona esto, no entiendo por qué otra vez te resistes en retomar tu profesión.
Darien buscó el control remoto entre los almohadones y encendió el televisor. —Quizás consiga algo en un centro de rehabilitación donde trabaja Rei, hace un momento estuve con ella y me dijo que me podría conseguir una entrevista para la semana que viene.
—¿Rehabilitación? —preguntó Andrew confundido—. Pero esa no es tu especialidad.
—Lo sé —dijo Darien mientras cambiaba de canal automáticamente sin fijarse en lo que veía—. Pero tengo algo de experiencia en eso y la verdad es que creo que es mejor que nada. Estoy quebrado, amigo, en este momento cualquier trabajo me viene bien. Tengo que devolverte el dinero del viaje, los gastos del departamento y después buscar un lugar para mudarme de aquí y…
—El dinero no es problema, Darien —lo interrumpió Andrew molesto—. No te preocupes por eso ahora. Aquí puedes quedarte todo el tiempo que necesites, no voy a cobrarte por eso —le quitó el control remoto a Darien para bajar el volumen de la televisión—. Lo que no entiendo es por qué no quieres el hospital, si es lo que habíamos acordado antes de venir a Tokio. Los dos estuvimos de acuerdo en que ya no queríamos trabajos menores, inestables, que…
—Sí, lo sé —Darien se incorporó y se sentó de nuevo—. Pero aquí el verdadero mediocre y bueno para nada soy yo —protestó—. Y no me siento capaz de volver a un hospital, no ahora.
Andrew echó a reír. —¿Otra vez con el discurso autocompasivo? —Darien lo miró enojado—. Vamos, amigo, estabas tan entusiasmado con regresar, con volver a trabajar y con todo lo que hablamos antes de viajar. ¿Por qué vuelves a cambiar de parecer? ¿Y así tan repentinamente? ¿Te pasó algo en estos días? ¿Hay algo que no me estás contando? —y enseguida comprendió lo que pasaba—. Serena —adivinó—. La viste a Serena, ¿verdad? —Darien asintió y bajó la mirada—. ¿Y qué pasó?
—Me dijo… —Darien suspiró con pesar—. Me dijo que sigue con Seiya y que se casará con él.
—Ahora entiendo —dijo Andrew y ambos quedaron en silencio por unos instantes.
Darien volvió a hablar. —Y esta noche tengo que cenar con ellos y con Kenji, en su casa.
—¿Y vas a ir? —preguntó Andrew. Darien asintió con un nuevo suspiro—. ¿Y cómo estás? —volvió a preguntar preocupado.
Darien miró la hora. —Retrasado —se puso de pie—. Voy a darme una ducha y salgo.
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Momentos más tarde, en la casa de la familia Tsukino, Serena y Seiya ya se encontraban ahí. Habían llegado meticulosamente puntual como siempre.
Y mientras él estaba conversando con Kenji en el comedor, ella se dirigió a la cocina y se encontró con Luna que estaba terminando de preparar la cena. —¿Cómo va todo, Luna? ¿Necesitas ayuda? —le preguntó amablemente mientras se acercaba a curiosear.
—No, cariño, ya está todo listo —respondió.
Luna trabajaba para la familia de Serena desde que ella era una niña y la quería como a una madre. Era una mujer muy sencilla, pero también muy afectuosa y apegada a los Tsukino. Y aunque Kenji le había pedido infinidad de veces que dejara de trabajar para él, ya que la veía como a una hermana, ella insistía en estar siempre presente y colaborar en todo lo que pudiera con los quehaceres de la casa. A pesar de que Kenji se mostraba como un hombre fuerte y autosuficiente, sabía que no podía dejarlo solo.
—¡Huele delicioso! —comentó Serena entusiasmada—. No le pusiste pimientos, ¿verdad? —y probó la salsa.
Luna sonreía enternecida al verla, su ansiedad e impaciencia por la visita de Darien le recordaba tanto a la jovencita que hacía mucho había dejado de ser. —No, Serena, ya sé que a él no le gustan los pimientos.
—Bien, ¿qué hora es? —Serena miró su reloj—. Está retrasado, ¿puedes creerlo? —y ambas rieron.
—¿Darien impuntual? —comentó Luna —Eso sí que es toda una novedad.
En eso apareció Seiya y se acercó a ellas. —Hola, chicas, ¿todo bien por aquí? —tomó a Serena de la mano—. ¿Puedo robártela un momento, Luna? —Luna asintió y retomó la comida.
Seiya se alejó un poco para poder hablar con Serena. —Bombón, tu papá está muy extraño —dijo preocupado.
—¿Por qué? ¿Qué le pasa? —preguntó ella.
—No lo sé, está de muy buen humor, hace bromas, todas a costa mía como siempre, pero me está tratando bien —Serena volvió a reír al ver su expresión—. En verdad me preocupa.
—No seas exagerado —dijo Serena—, sólo está contento —y mientras acomodaba el cuello de la camisa de Seiya, oyeron que golpeaban a la puerta—. ¡Ahí llegó! —exclamó ella contenta—. Vamos —lo tomó otra vez de la mano y fueron juntos hasta la sala donde Kenji ya lo había hecho pasar a Darien y se saludaban efusivos entre bromas y risas.
Seiya se sorprendió al verlo. —¿Ése es Darien Chiba? —le preguntó a Serena—. ¿El médico? ¿El viejo amigo de la familia? —ella asintió —Vaya, es… joven —y lo observaba detenidamente, tenía un aspecto muy informal y bastante alejado a lo que se había imaginado.
Ambos se acercaron a Darien para saludarlo. —Hola, Darien —dijo Serena cordial—. Bienvenido.
—Hola, Serena —Darien le respondió el saludo con una leve sonrisa.
Serena no soltaba la mano de su novio. —Él es Seiya —lo presentó—, mi prometido.
Y por unos breves instantes el rostro de Darien se tensó al verlo. —Hola, gusto en conocerte —dijo Seiya al tenderle una mano.
—Igualmente —Darien volvió a sonreír y le respondió el saludo con amabilidad.
Oportunamente Kenji se acercó de nuevo a ellos e interrumpió el incómodo ambiente que se había generado entre los tres. —Hijo —le habló a Darien—, aquí hay alguien que quiere verte.
El rostro de Darien se iluminó con una enorme sonrisa al verla. —¿Luna? No puedo creerlo, ¡Luna! —y se acercó a ella para abrazarla con fuerza.
—Por dios, Darien, qué alegría verte de nuevo, querido —dijo Luna emocionada—. Pasaron tantos años —y lo miró sin soltar el abrazo—. Estás… Estás muy guapo —ambos rieron—. Pero esos ojitos no cambiaron nada —acarició su rostro con ternura—, siguen siendo tan hermosos y melancólicos… Darien… —y no pudo evitar dejar escapar algunas lágrimas.
Darien agrandó su sonrisa conmovido por su reacción. —¿Cómo estás, Luna? Te ves tan hermosa como siempre —y ella volvió a reír—. ¿Y Artemis? ¿Y Diana? ¿Cómo están ellos?
—Bien, querido, están muy bien —respondió Luna contenta porque él los recordara—. La niña ya entró a la universidad, así que estamos muy orgullosos de ella.
—¿Diana en la universidad? ¿Tanto tiempo ha pasado?
—Así es, Darien, pasó el tiempo —respondió Luna y repentinamente se puso seria—. Qué lástima que hayas tardado tanto en regresar —dijo con voz temblorosa—. A la señora Ikuko le hubiera gustado mucho volver a verte antes de… —y bajó la mirada—. Ella te quiso tanto…
Darien se sintió acongojado al recordarla. —Lo sé. Lo lamento…
—Por favor, Luna —intervino Kenji al notar que ella volvía a llorar.
—Lo siento, señor Kenji —Luna se limpió el rostro con un pañuelo—. Me dejé llevar por las emociones —se disculpó.
Kenji la tomó de los hombros para contenerla. —Está bien, tranquila. Darien —lo miró sin soltar a Luna—, lo que creo que ella quiere decir es que… Que mi esposa te quería como a un hijo y… —ahora él se emocionaba—. Yo también siempre te he considerado parte de nuestra familia y que estés de nuevo en nuestra casa nos hace recordarla. Pero la verdad es que es una alegría muy grande para nosotros que estés aquí.
—Gracias. Muchas gracias —Darien bajó la mirada y todos volvieron a quedar en silencio.
—Pero bueno —Kenji volvió a hablar—, no es momento de hablar de estos asuntos. El muchacho acaba de llegar, recibámoslo con mejores ánimos, ¿puede ser? —y se acercó a Darien para darle una fuerte palmada en el hombro.
Serena no pudo tolerar más presenciar esa escena. —Disculpen —dijo con una fingida sonrisa—. Enseguida regreso —y se fue apurada hacia la cocina.
Seiya fue tras ella y cuando la alcanzó la vio que caminaba nerviosa de un lado al otro. —¿Qué sucede, Serena? ¿Qué tienes? —preguntó preocupado.
Ella volvió a sonreír al verlo. —Estoy bien, no te preocupes —y se esforzaba por contener sus lágrimas.
Seiya se acercó a ella y la tomó del rostro. —Por favor, no finjas conmigo, dime qué te pasa.
—Nada, Seiya, no te preocupes —insistió ella, se alejó de él y le dio la espalda—. Es sólo que… Creo que es la primera vez que escucho a mi papá hablar de mi mamá con tanta emoción después de que murió y… —su voz comenzaba a quebrarse—. Y además estar aquí en casa de nuevo, hacía mucho que no venía y ya sabes, es… Es muy fuerte para mí y yo…
—Tranquila… —Seiya se acercó de nuevo a ella y la abrazó—. Tranquila, bombón —comprendía cómo se sentía y deseaba que ella pudiera desahogarse y compartir con él lo que sentía.
Pero Serena pudo contener las ganas de llorar y volvió a separarse de él. —Estoy bien, ya pasó —dijo con una nueva sonrisa.
—¿Segura? —Seiya no le creía, la conocía lo suficiente como para saber que ella siempre se escondía tras ese semblante tan duro y fuerte.
—Sí —volvió a insistir ella—. Ya me siento bien, de verdad. Fue sólo que se me vinieron muchos recuerdos a la mente de golpe y me emocioné un poco, eso es todo.
Seiya tomó su rostro de nuevo. —¿En serio estás bien? —ella asintió sin dejar de sonreír—. ¿No prefieres que vayamos a casa y dejemos la cena para otro día?
—No, no es necesario. Estoy bien, no te preocupes —Serena tomó la mano de Seiya—. Regresemos —y juntos volvieron a la sala.
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La velada transcurrió con total normalidad. Durante la cena todos conversaron y rieron por largo rato. Darien poco a poco pudo sentirse más cómodo con la situación, ya que Kenji estaba de muy buen humor, lo que aparentemente no era habitual en él, además Serena se mostraba más relajada y desenvuelta de cómo la había visto en la mañana y por su parte Seiya tenía un modo muy carismático y cálido, por lo que el ambiente era bastante cordial y agradable.
Hablaron largo y tendido sobre muchísimas cosas, poniéndose al corriente de todo lo acontecido en los últimos años y recordando distintos momentos compartidos.
Durante la sobremesa, mientras Seiya le explicaba entusiasmado a Darien sobre el emprendimiento que tenía con sus hermanos, Serena servía té y café para todos y observaba impresionada cómo conversaban y se entendían tan bien.
Todo parecía marchar con total naturalidad entre ellos, para su sorpresa Darien se mostraba muy desenvuelto y a gusto con la situación, le hacía muchas preguntas a Seiya y parecía realmente interesado en lo que le contaba.
Quizás después de todo la invitación de Kenji no habría sido tan mala idea, y tal vez las cosas podían continuar desarrollándose en buenos términos.
Mientras le servía café a su papá, Serena notó que Kenji poco a poco se estaba quedando dormido en su asiento. Dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó a él. —Papá… —lo tomó de la mano para despertarlo—. Papá, ya es algo tarde, ¿no quieres ir a dormir?
Kenji reaccionó de golpe al escucharla. —¿Qué? ¿Qué pasa? —estaba algo desorientado—. ¿Qué hora es?
—Casi las once —respondió Serena.
—Vaya, siento como si fueran las 3 de la madrugada —bromeó y bostezó largamente—. Bueno, chicos, lamento tener que dejarlos, pero este viejo se duerme sentado —se puso de pie—. Buenas noches, hijo —se acercó a Darien que también se puso de pie para saludarlo—. Gracias por tu visita, vuelve cuando quieras, sabes que eres más que bienvenido en nuestra casa.
—Gracias por la invitación, Kenji —dijo Darien—. Lo pasé muy bien, la cena estuvo deliciosa.
—Adiós, muchacho —Kenji lo saludó a Seiya de lejos, quien respondió con una leve inclinación. Y finalmente se fue acompañado por Serena.
Mientras se alejaban, Seiya y Darien los seguían con la mirada hasta que subieron las escaleras. Y cuando se quedaron los dos solos, Seiya suspiró sin quitar la vista de la escalera. —Es tan hermosa… —comentó refiriéndose a Serena—. No puedo creer que vaya a convertirse en mi esposa.
Darien no quiso interpretar ese comentario como una provocación o algo por el estilo. Por lo poco que había llegado a conocerlo, Seiya realmente parecía no tener ni la más remota idea de que en el pasado él se había involucrado con Serena. —Es una gran chica, eres afortunado —dijo mientras le daba un sorbo a su café.
—Sí, lo sé —dijo Seiya con un nuevo suspiro—. Y es tan dura, tan reservada, no tienes idea de lo que me costó conquistarla.
Darien sabía que tarde o temprano esta conversación tendría lugar. —¿Ah, sí? —y prefirió fingir estar interesado en el asunto para no ser descortés, aunque en el fondo se empezaba a sentir algo molesto e incómodo con la situación.
Seiya aparentemente ni se dio por aludido, terminó su té y dejó la taza sobre la mesa. —La conocí hace unos 8 años —comenzó a relatar entusiasmado—. Me topé con ella en el aeropuerto internacional de pura casualidad —Darien escuchaba atentamente—. Y apenas la vi quedé cautivado al instante. Yo recién llegaba de viaje y ella me dijo que había estado despidiendo a alguien. La noté tan triste, tan vulnerable que me conmovió profundamente, pero se fue muy rápido y sin siquiera decirme su nombre.
Darien no pudo evitar relacionar lo que Seiya le contaba con la despedida en el aeropuerto el día que partía hacia EEUU, pero prefirió no interrumpirlo y seguir escuchando su versión de la historia. —Yo jamás la olvidé, sabía que volvería a encontrarla tarde o temprano —continuó Seiya—. Y varios años después, mi hermano mayor me presentaba a su novia que resultó ser Ami, una de las mejores amigas de Serena. Y una noche, en una fiesta de cumpleaños de Ami a la que yo también había sido invitado, cuando la vi llegar la reconocí enseguida.
Mientras seguía hablando, Seiya vio que Serena regresaba al comedor y comenzó a describirla al verla acercarse de nuevo a la mesa. —Llevaba un bonito vestido violeta, unas sandalias claras y su hermoso cabello suelto sobre sus hombros, parecía un ángel —Serena se sentó a su lado y él no le quitaba los ojos de encima—. Y desde ese día supe que no me separaría de ella nunca más —le dio un tierno beso en la frente —Te amo. mi dulce bombón… —Serena se tensó entera al escucharlo y percibió cómo Darien le clavaba la mirada, pero no se atrevió a voltear a verlo.
—Vaya, qué linda historia —dijo Darien en tono irónico.
Seiya abrazó a Serena por los hombros y lo miró desafiante. —¿Y qué nos cuentas de ti, Darien? ¿Alguna novia? ¿Alguien que te robe el sueño?
Darien sonrió de lado al comprender la actitud de Seiya. —No, estoy solo —respondió con soltura—, hace bastante tiempo.
—¿En serio? —dijo Seiya algo sorprendido—. Pues me imagino que oportunidades no te deben faltar —no quería provocarlo, pero tenía toda la intención de conocer más de ese aspecto de él—. Eres profesional, bien parecido, supongo que debes tener una buena lista de conquistas, ¿o me equivoco?
Serena quiso intervenir al notar la tensión que comenzaba a generarse entre ellos. —Seiya, no seas impertinente.
—Descuida, Serena —dijo Darien—, no me molesta hablar de esto —y decidió darle con el gusto. Si Seiya quería exponerlo, él le contaría sin rodeos lo que quería escuchar—. ¿Sabes? A mí me pasó algo muy parecido a lo que me acabas de contar —y comenzó a relatar con calma—. Hoy me reencontré con alguien a quien no veía hacía muchos años —al escucharlo Serena lo miró extrañada, pero él evitaba su mirada y sólo se dirigía a Seiya—. Una chica muy bonita, inteligente, graciosa. Me alegró tanto volver a verla… —Serena se puso más nerviosa todavía, no podía creer lo que escuchaba—. Aunque es alguien de mi pasado, no dejo de tener buenos recuerdos junto a ella. Fue muy importante para mí, hubo una linda historia entre nosotros antes de separarnos —y finalmente miró a Serena—. Y no sé, pienso que quizás este reencuentro pueda significar algo, tal vez podamos volver a acercarnos, intentar recuperar algo de lo que vivimos.
—Claro, ¿por qué no intentarlo? —dijo Seiya—. Deberías probar, arriesgarte y acercarte de nuevo a ella. No por nada se habrán reencontrado, quizás es una buena oportunidad para reconciliarse, ¿no te parece?
Darien rió y bajó la mirada. —Sí, puede ser —y después de una corta pausa miró de nuevo a Serena, quien tenía una evidente expresión de inquietud. ¿Qué estaba tratando de demostrar? ¿Qué intenciones tenía al hablar sobre esto? ¿Hasta dónde sería capaz de llegar?—. Serena —volvió a hablar Darien—, ¿recuerdas aquella novia de la que te hablé varias veces? ¿Esa compañera de la universidad con la que salía antes de conocerte?
Serena recapacitó de golpe, Darien no estaba refiriéndose a ella. —¿Ann? —preguntó confundida.
—Sí, Ann —respondió él dándole un nuevo sorbo a su café—. Trabaja en tu hotel, la encontré esta mañana antes de irme.
Serena se esforzaba por procesar lo que acababa de escuchar. —¿Trabaja… en el hotel?
Darien echó a reír. —¿Puedes creerlo? ¡El mundo es muy pequeño! En verdad me alegró mucho volver a verla.
Seiya también estaba sorprendido con lo que Darien contaba. —Vaya, sí que es una increíble coincidencia.
—¿Verdad que lo es? —siguió Darien—. Las vueltas de la vida son tan inesperadas… —dijo de nuevo irónico.
—Pues insisto en que deberías intentarlo —agregó Seiya—. ¿Quién sabe? Quizás es el destino lo que los llevó a encontrarse de nuevo, no deberías desaprovecharlo.
Darien miró de nuevo a Serena y al notarla algo desconcertada se dio cuenta de que quizás había ido demasiado lejos. —Tal vez.
Pero no pudo evitarlo, aunque sabía que tarde o temprano iba a tener que enfrentarse con esta situación, había tenido que soportar con demasiada entereza y esfuerzo la felicidad de Serena y su futuro esposo durante toda la cena, y de alguna manera iba a tener que reaccionar, aunque quizás no había sido la más correcta.
—Claro —siguió Seiya—, me parece que es una muy buena oportunidad. Si hace tanto tiempo que estás solo quizás ya es hora de sentar cabeza con alguien, ¿no crees? ¿Y qué tal si ella resultara ser el amor de tu vida, tu futura esposa, la madre de tus hijos? ¿Tú qué opinas, bombón? —le preguntó a Serena.
Ella no permitiría que el rumbo que la conversación había tomado la hiciera flaquear o sentirse incómoda y miró a Darien con determinación. —Pues me parece que deberías encontrar a una buena chica que te quiera mucho —enfatizó en un tono irónico que sólo Darien percibió.
—Absolutamente —agregó Seiya. Y los tres quedaron en silencio.
Darien los miró alternadamente a los dos y se dio cuenta de que ya había sido suficiente por ese día. —Gracias por sus consejos, los tendré en cuenta —se puso de pie y miró la hora—. Bueno, creo que ya debería irme. Seiya, fue un placer conocerte —dijo sonriente al tenderle la mano para despedirse.
Seiya se puso de pie y le devolvió el saludo también sonriente. —El placer es todo mío, Darien, espero que volvamos a vernos.
Serena se acercó a Darien. —Te acompaño —y fueron juntos hasta la puerta principal.
Cuando estuvieron afuera, Darien intentó distender un poco los ánimos entre ellos. —Bueno, gracias por todo, lo pasé muy bien.
Serena sonrió con soltura. —Gracias a ti por haber venido.
Darien suspiró algo avergonzado por lo que acababan de hablar. —Me dio mucho gusto volver a tu casa —dijo esbozando una sonrisa.
Serena se puso seria y lo miraba fijamente a los ojos. —Darien… Mira, yo…
—Descuida, Serena —él intentó disculparse—. Entiendo que quizás después de tanto tiempo mi presencia te resulte un tanto incómoda, pero no quiero ocasionarte problemas ni malos momentos, yo sólo vine porque quise ser cortés con tu papá y…
—Todo está bien, no te disculpes —lo interrumpió ella—. Yo creo que a pesar de todo lo que ha sucedido entre nosotros y después de todo el tiempo que pasó, tal vez no sea tan malo que volvamos a acercarnos —y volvió a sonreír.
Darien no podía creer lo que escuchaba. —¿En serio piensas eso? —preguntó sorprendido.
—Sí, me da gusto volver a verte.
—Serena… —Darien estaba perdido en sus ojos. Podía reconocer en su mirada la misma calidez y ternura que tanto adoraba de ella, pero no dejaba de sentirse confundido, abrumado, intranquilo.
Desde que la había vuelto a ver ella sólo se mostraba fría e indiferente con él, fingiendo estar a gusto con su presencia. Pero ahora la veía diferente, como antes, como la recordaba. ¿Estaría siendo sincera? ¿En verdad pensaba que volver a encontrarse había sido algo bueno? ¿Tendría alguna posibilidad de acercarse a ella, aunque sea como los amigos que hacía tanto tiempo atrás habían sido?
Serena volvió a hablar sin dejar de verlo profundamente a los ojos. —Y quizás podríamos, no sé, organizar una reunión con los chicos algún día, como en los viejos tiempos.
Darien quiso acercarse más a ella. —Serena, yo… —deseaba tanto poder animarse a abrazarla, a estrecharla en sus brazos y no soltarla jamás, a decirle que la extrañaba, que la necesitaba, que quería reparar todo el daño que podría haberle causado con su distanciamiento, que quería estar con ella, que necesitaba que lo perdonara.
Pero de repente apareció Seiya. —¿Todo bien? —se acercó a Serena y la abrazó por los hombros en actitud protectora. Al verlos, Darien retrocedió unos pasos.
Serena bajó la mirada. —Sí, todo está bien —respondió ella—. Darien ya se iba.
—Hace frío aquí afuera, bombón —dijo Seiya al acariciar los brazos de Serena—. Y estás desabrigada.
Darien carraspeó nervioso. —Lo siento, no los demoro más —se puso el casco y se subió a la moto—. Adiós, Seiya. Adiós, Serena —dijo al encender el motor.
Serena lo miró de nuevo. —Adiós —y Darien finalmente se fue.
Y mientras volvían a entrar a la casa, Seiya volvió a hablarle. —Bombón —dijo con un tono de voz algo duro—, tú y yo tenemos que hablar muy seriamente.
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Apenas se alejó de la casa lo más rápido que pudo, Darien condujo sin rumbo por largo rato. No podía dejar de pensar en todo lo que acababa de pasar.
Había sido un encuentro realmente intenso e incómodo para él y le había resultado muy difícil reunir valor para enfrentar situación semejante, volver a esa casa, conocer al futuro esposo de Serena…
Y se sentía completamente turbado, confundido, nervioso… Y cientos de emociones más y recuerdos se le imponían de tal forma que no podía pensar con claridad.
Decidió seguir deambulando por la ciudad hasta poder sentirse más tranquilo y mientras conducía un viejo recuerdo vino a su mente.
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Ocho años atrás…
Poco tiempo antes de enterarse de que tenía que partir a EEUU, Darien había ido a la casa de Serena un domingo al mediodía como ya era su costumbre desde que eran amigos.
Como había llegado algo temprano, Ikuko le pidió que la ayudara en la cocina, ya que estaba algo retrasada con los preparativos del almuerzo. Estaban los dos sentados en unas banquetas junto al desayunador pelando unas arvejas frescas y conversando distendidamente.
En eso apareció Serena y sin que él se diera cuenta lo abrazó por detrás para saludarlo. —¡Hola, Darien! —le dio un afectuoso y ruidoso beso en la mejilla—. Llegaste temprano como siempre —le reprochó risueña.
Darien sonrió embelesado al verla. —Hola, princesa, ¿cómo estás? —ella llevaba un colorido vestido veraniego y tenía el cabello envuelto en una toalla.
—Bien, ¿qué están haciendo? —preguntó Serena mientras observaba curiosa las cosas que tenían sobre la barra.
—Me está ayudando con la comida —respondió Ikuko—. Yo también estoy retrasada hoy —bromeó.
—Entonces no cabe duda de que soy tu hija —dijo Serena al regalarle un cálido beso en la mejilla a su mamá—. Enseguida regreso —salió apurada al patio y Darien no dejaba de mirarla por el ventanal mientras ella extendía la toalla al sol y se peinaba el cabello con los dedos.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de las arvejas? —comentó Ikuko mientras retomaba su tarea—. Que son de los primeros vegetales frescos que aparecen en primavera, y por lo tanto anuncian la llegada del verano. Me conectan con la calidez, los colores, con todas esas cosas tan lindas de esta época del año.
—Sí —dijo Darien sin prestarle atención a nada de lo que decía, sólo observaba embobado a Serena que seguía en el patio—, es tan bonita…
Ikuko echó a reír al ver su expresión. —Darien… —lo llamó y él no reaccionaba—. ¡Darien!
—¿Eh? —Darien la miró desorientado como si acabara de despertar.
Ikuko no dejaba de reír. —¿Escuchaste algo de lo que te acabo de decir?
—Sí, claro, me decías que las arvejas… —Darien titubeaba y se rascaba la cabeza nervioso—. Eh… Que son frescas y… Que estás retrasada con la comida y…
—Ay, Darien, ¡ya deja de disimular!
—¿Qué? ¿Qué cosa? —preguntó él e inevitablemente se sonrojó al saberse descubierto.
—No te hagas el distraído —dijo Ikuko y miró hacia el patio—. Serena, estás loco por ella, no lo niegues.
—No, no. No es lo que parece —Darien se puso más nervioso todavía—. Yo la quiero mucho, Serena es mi mejor amiga. Pero, por favor, no pienses que…
—Vamos, Darien, deja de decir tonterías, ¿te crees que no me doy cuenta de lo que te pasa? —ella lo miró con determinación—. Estás perdidamente enamorado de mi hija.
—Bueno, yo… —el rostro Darien no podía estar más rojo.
Y cuando Serena volvió a entrar a la cocina, ellos dos se callaron automáticamente. —¿Qué sucede? —preguntó curiosa al notar el nerviosismo de Darien—. ¿Qué tienes, Darien? —y él no levantaba la vista y seguía afanado con las arvejas.
Ikuko intervino al ver que él se ponía cada vez más incómodo. —Cariño —se dirigió a Serena—, ¿me harías un favor? —ella asintió —¿Podrías ir a la panadería? Olvidé ir esta mañana y no tenemos pan para el almuerzo.
—Claro, ahora voy —respondió Serena y se fue enseguida.
Después de permanecer en silencio por unos instantes y ver que Darien poco a poco se relajaba, Ikuko volvió a hablar. —Serena siempre ha sido mi adoración, ¿sabes? —dijo al retomar las arvejas—. Ella es la hija que tanto deseé, que tanto esperé —él la escuchaba con atención sin interrumpirla—. Unos años antes de tenerla, yo tuve otro hijo, Samuel. También lo adoré desde el primer instante que supe que estaba embarazada de él. Pero lamentablemente lo perdí a muy pocas horas de nacer, fue un golpe muy duro para mí y para Kenji. Mi primer embarazo, nuestro primer hijo, habíamos puesto tantas expectativas en él y creíamos que jamás íbamos a poder reponernos de tan dolorosa pérdida —soltó un melancólico suspiro, evidentemente estaba hablando de un asunto muy delicado y triste para ella—. Pero años después llegó mi Serena, mi princesa, y ella nos devolvió la felicidad —y al decir esto, miró a Darien con una gran sonrisa—, el deseo de realizarnos como padres y poder entregarle todo el amor que no pudimos darle a nuestro hijito. Ella es lo más preciado que tengo en el mundo. ¿Y sabes algo? Si Sammy viviera hoy tendría tu misma edad.
Darien estaba profundamente conmovido con lo que le contaba. —Lo siento mucho —tomó la mano de Ikuko con dulzura—, no lo sabía.
—¿Y te digo más? —siguió ella—. Yo a ti te quiero como si fueras mi hijo, el hijo que perdí. Siento que lo encontré en ti, Darien —dijo con voz temblorosa.
—Ikuko…
—Pero eso no significa que te vea como el hermano de Serena —agregó ella riendo y Darien volvía a sonrojarse—. Todo lo contrario, yo pienso que eres el chico indicado para ella, porque la quieres, la cuidas, la comprendes y lo más importante, la amas incondicionalmente. Yo lo sé, te veo y estoy convencida de que es así. Por lo tanto, jovencito, quiero que sepas que cuentas conmigo, con mi bendición. Ustedes dos son lo más valioso que tengo en el mundo y lo que más deseo es verlos juntos, felices, amándose profundamente a pesar de todo.
—Ikuko, yo… —Darien se sentía tan agradecido y emocionado con todo lo que le decía, que no sabía cómo responder a tan sinceras y profundas palabras.
—No digas nada, Darien —dijo ella con una nueva sonrisa—. No es necesario, sólo quería que lo supieras.
—Yo también quiero que sepas algo —dijo él, necesitaba retribuirle de alguna forma lo que ella acababa de hacer, y decidió que decirle lo que sentía era lo correcto—. Tú conoces mi historia, sabes que perdí a mis padres siendo muy pequeño y… Y por más que siempre he sido un chico solitario y autosuficiente, desde que conocí a Serena, a su familia, a ti, siento que en ustedes encontré el calor de hogar que prácticamente no tuve en toda mi vida. Y quiero darte las gracias por eso. Así como tú me dices que me quieres como a tu hijo, yo… Yo también te quiero a ti como a la madre que perdí.
Ikuko no pudo evitar volver a emocionarse al escucharlo y lo abrazó con fuerza. —Gracias, Darien…
—Gracias, Ikuko…
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Al evocar tan emotivo y conmovedor recuerdo de quien había sido tan importante para él, Darien se detuvo en medio de la calle y se dio cuenta de que había llegado a uno de los miradores de la bahía. Se bajó de la moto, la aparcó junto a una banca y se acercó a la baranda para contemplar la vista por unos instantes. Se sentía abatido, consternado, cansado.
Volvía a repasar en su mente todo lo acontecido durante esa noche, en los últimos días, en los últimos años, en toda su vida. Y se estaba volviendo a replantear todas las decisiones que había tomado, todos los errores que había cometido, pensaba en qué iba a ser de él a partir de ahora.
No quería dar todo por perdido con Serena, pero las posibilidades de arreglar las cosas con ella eran prácticamente nulas, estaba comprometida, iba a casarse, estaba rehaciendo su vida con otra persona.
Y aunque esa noche ella se había mostrado un poco más amable con él y en algún punto interesada en volver a acercarse, lo mismo sentía que todas sus ilusiones se rompían en mil pedazos.
Pero ya era tarde para arrepentirse de haber regresado, después de mucho esfuerzo había comenzado a rearmar su vida en Tokio y debía enfrentarlo, aunque las cosas no hubieran salido como esperaba.
Pensando en todas estas cosas, decidió hacer algo a lo que estaba acostumbrado a recurrir para distraerse un poco e intentar relajarse.
Sacó su teléfono del bolsillo de sus jeans y marcó un número de la agenda. Y apenas la voz femenina lo atendió, sonrió de lado y respondió. —Hola, Ann. Soy yo, Darien.
Faaa… eso fue intenso… al menos para mí lo fue y mucho…
Bueno, aquí va la respuesta para mi querida Kaguya: Estimada, acuerdo con vos, a mí también me dio penita Darien cuando se enteró del compromiso de Serena… y en el cap de hoy mucho más! La cena fue una situación bastante tensa… Sobre lo que sabe Nic aún no puedo adelantarte nada, más adelante se sabrá de qué se trata. Y Darien sí sabía de la relación de Sere con Seiya, pero también conoceremos sobre eso y su 'consejo' más adelante. Gracias de nuevo por seguirme y comentarme!
Bueno gente, ahora sí me despido. Espero sus reviews!
Besotototes!
Bell.-
