Disclaimer: Personajes pertenecen nada más que a Tite Kubo. Yo sólo los uso por mera entretención.
Nota: Sí, como han podido ver he actualizado con mayor frecuencia. Esto se debe a que ha terminado el año de Universidad y comienzo a disfrutar de unas merecidas vacaciones (No tan largas como yo quisiera, desafortunadamente) Como ya dije antes, el fic está hecho, terminado pero debo corregirlo solamente para subirlo aquí: no es mucho, lo sé pero a veces, el hacerlo me da una pereza tremenda. Yo soy muy floja, lo asumo.
Ahora, mirando el fic llego a la conclusión que es prácticamente in-arreglable. ¡Está malísimo! Sin embargo y, aunque me desmotivé muchísimo al leer los capítulos que le siguen, decidí seguir publicando por la gente que hasta aquí se ha tomado la molestia de leerlo y comentar. Eso me motiva a tratar de hacer algo por él y salvarlo. Espero poder conseguirlo.
Como siempre, todas las gracias a quienes leen y comentan. Significa mucho para mí ;)
PD: Perdonen los problemas de redacción o puntuación que puedan aparecer. Por más que miro y re miro una y otra vez no logro ser consciente de ellos hasta que veo el capítulo ya posteado aquí. Shame on me!
Capítulo 7: Lágrimas.
Llovía en Karakura lo que no era normal pues no estaban en invierno aun, ni mucho menos, mas llovía y llovía, muy fuerte. Así mismo se encontraba el corazón de Uryuu, tan negro y melancólico como el día. Apesadumbrado, triste. Confundido. Se estaba muriendo de amor por Orihime pero, ahora que había decidido dejarla para que fuera feliz , dudaba con toda el alma que realmente lo fuera o llegara a serlo algún día pero ¿Qué podía hacer él?
— ¿Qué puedo hacer yo?—repetía desesperado una y otra vez, como un mantra. No mucho, el tipo era, después de todo y por mucho que le costara aceptar, el marido de ella y él, él no era absolutamente nadie. Como siempre. A ratos pensaba cómo serían las cosas si él no hubiese abandonado Karakura, hace tantos años atrás, y hubiese permanecido al lado de Inoue-san ¿Sería todo diferente? Probablemente ella no estaría casada con ese hombre pero nada le aseguraba que hubiese olvidado a Kurosaki porque, según lo que suponía, ella aún lo amaba.
—Yo…yo no tengo cabida en su vida. Ni ahora, ni mañana ni en mil años…—se decía a sí mismo y volvía a caer en la desesperación. No sabía por qué había ido a trabajar en el estado en el que se encontraba, apenas podía concentrarse, pero si se quedaba en casa sería peor pues continuamente estaría volviendo sobre lo mismo, una y otra vez, tal como ahora pero sin la presión de tratar de mantener la cordura. Así estaba, torturándose cuando sintió la puerta.
—Adelante…
Ahí estaba Suzuki, con cara de no haber pasado nada, fresco como una lechuga y, al parecer, con ganas de hablar. ¿Qué podría querer ahora?
— ¿Me permites…?
Uryuu suspiró. No le interesaba nada de lo que podía decirle ese sujeto, en realidad casi nada. Sólo quería saber si Inoue-san estaba bien, del resto, nada.
Suzuki carraspeó, trató de ordenar su mente, clarificar sus ideas, buscar las palabras adecuadas. Se notaba nervioso e inseguro lo que fastidiaba más aún a Uryuu.
—Te escucho, hombre.
—Yo quería agradecerte por lo de anoche. No estaba bien y de no haber sido por ti me hubiese sido imposible llegar a casa. Además—se sonrojó—, dije muchas cosas que no debía, que no eran ciertas…no quiero que te formes una idea incorrecta, errada. No sé si me explico.
Uryuu lo miró fijamente. "Cosas que no eran ciertas" ¿A qué podía referirse? ¿A lo de Inoue-san? Él la conocía mejor que su marido, sabía que ella no lo engañaría jamás, aunque amara a Kurosaki, Orihime no era de esas personas, no lo era.
—No me tienes que agradecer nada, pasaba por ahí…— Uryuu no quería seguir con esa conversación, le hacía daño. En cada momento recordaba el rostro de Orihime aquella noche, parada en la puerta de su casa, avergonzada hasta más no poder; la imagen iba y volvía a su mente.
Suzuki salió rápidamente intuyendo que ya no había nada más que hacer ahí. Rogaba para que Uryuu se olvidara del asunto y no pusiera su ojo inquisidor sobre su persona, era el jefe después de todo y él no tenía ganas de perder su trabajo. Otra vez.
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—Koki, debes dejar de jugar con la comida. No has comido nada y, te advierto, que no traeré chatarra para tu cena. Si no comes lo que hay, te vas a la cama con el estómago vacío. Esta vez no tendré compasión.
Kurosaki trataba de ser duro con su hijo pero la verdad es que no le salía. El niño, sabiendo la debilidad que por él tenía su padre le ponía mil caras lastimosas hasta que éste cedía. Sin embargo, hoy Ichigo estaba un poco más duro que el resto de los días. Ishida estaba de visita y no quería que viera como un niño de cuatro años y medio lo sometía.
—No deberías ser tan duro con él, Kurosaki. Se ve bien alimentado, saludable. No le pasará nada con un día sin cena "sana" Agreguemos a esto que nunca has destacado por tus habilidades culinarias…
"Maldito Ishida" pensó Ichigo. Lo desautorizaba delante de Koki, que parecía apreciarlo bastante, especialmente porque Ishida solía responder las preguntas sobre Rukia que el niño hacía. Pero ese día no era el mejor para Uryuu, no tenía la misma energía de otros días, no tenía ánimos de discutir con nadie y Kurosaki lo notó.
—Ishida ¿te sientes bien?
Ichigo le dio una mirada a Koki que llevaba implícito el mensaje para que abandonara el lugar, cosa que el niño hizo. Ya una vez solos, Ishida se atrevió a preguntar.
—¿Has visto a Inoue-san, Kurosaki?
¿Inoue? A decir verdad, casi ni la había visto desde que había llegado. A la pasada en el mercado, otra vez en el parque, alguna que otra vez en un restaurante y sería todo. No había cruzado más que un par de palabras con ella.
—¿Por qué me lo preguntas, Ishida?
Ishida no sabía cómo averiguar si el contacto entre ellos era más íntimo. Ya se sentía muy mal por hacer lo que estaba haciendo sin tener derecho alguno. Peor se pondría se lograba tener una pista de que lo que él sospechaba y lo que Suzuki pensaba era cierto. Quizás era mejor no seguir averiguando, por el bien de todos.
—Sólo quería saber…
Kurosaki no quedó conforme. Ishida estaba ocultando algo y, aunque respetaba la intimidad de su amigo, en el fondo de su corazón le dolía que, a pesar de todo lo que habían pasado juntos y de las muchas muestras de aprecio que había obtenido de él, Ishida aún no fuera capaz de confiarle sus problemas.
—Ya, te creo…
Los días pasaron pero Ishida no olvidaba las palabras de Suzuki. Cada vez estaba más confundido sin saber qué pensar y sin decidirse a preguntar directamente. Kurosaki, por su parte, daba muestras de la mayor inocencia y así se lo corroboraba Koki que andaba pegado a las piernas de Ichigo día y noche. A través de sobornos no explícitos y cuentos sobre Rukia, Uryuu conseguía sacarle información al niño quien parecía no conocer a alguna mujer de cabello naranja ni menos haberla visto cerca de su padre. Pero Koki solía decir muchas mentiras también. Ishida estaba cada vez más cerca del colapso.
Como coser lo ayudaba a despejarse, decidió volver a los hilos. El rumbo incierto que tomaban los acontecimientos en su vida hacía que imperiosamente tratara de escapar a su realidad y, para eso, nada era más relajante y a la vez atrapante para su mente que coser. Se llenó de ideas para crear y cuando se le acababan llamaba a Maki o a Koki para preguntarles si necesitaban algún regalo. Koki se llenó de peluches, los tenía de todas clases: osos, gatos, perros, abejas, orugas, pajaritos y uno muy especial que Uryuu le regaló para el primer día que asistió al jardín en Karakura.
— ¿Sabes algo Koki? A Rukia le gustaban mucho los conejos, en especial este: Chappy. Este ejemplar es para ti.
Los ojitos de Koki brillaban como dos luceros. Si a Rukia le gustaba ese conejito entonces a él también. Ya no se separaría de él nunca más.
—Muchas gracias Ishida-san— respondió emocionado mientras Ichigo se cubría el rostro con ambas manos en señal de fastidio absoluto ¿Es que nunca se libraría del embrujo de ese conejo? Todos a su alrededor parecían amarlo y eso lo ponía de pésimo humor porque él nunca había sido capaz de aceptarlo. Si no lo hizo antes menos ahora.
Entre el trabajo, su pasatiempo, la insistencia de Kurosaki, la dulzura de Koki, el apoyo moral de Maki y las frescuras de Ozu, Ishida no tenía tiempo de recordar a Orihime. Es decir, lo hacía pero no con la frecuencia que lo haría si tuviera demasiado tiempo libre para pensar. A veces, se encontraba a sí mismo con el corazón recogido, pensando en cómo le iría a ella, si estaría bien pero al momento se consolaba pensando que, de haberle sucedido algo grave ya se habría enterado. Pero hay cosas menos graves de las que no tendría por qué enterarse y eso lo empezaba a atormentar hasta que ocupaba su mente en algo nuevamente. De Suzuki era poco y nada lo que sabía. Apenas le hablaba cuando lo encontraba en el hospital y el otro, quizás percibiendo la hostilidad de Uryuu, evitaba por todos los medios de encontrarse con él. Lo que ignoraba Suzuki era el real motivo del desprecio de Uryuu: él juraba que era por su comportamiento, tan poco recatado luego de las horas de trabajo. A veces creía que su jefe exageraba; él no llevaba una vida tan disipada como se creía y, si así fuera, Ishida no tendría por qué opinar. Sólo podía hacerlo si se trataba de trabajo que, hasta donde él sabía, lo hacía muy bien. El resto de su vida era parte de su intimidad y sólo a él le competía, a nadie más.
Así transcurrieron los hechos más o menos por tres semanas. En todo ese tiempo Kurosaki no sólo no tuvo idea alguna de como adentrarse en la Sociedad de Almas sin la ayuda de Urahara o la de su padre y eso lo ponía increíblemente melancólico. Uryuu ya tenía miedo de escuchar su móvil sonar porque si no era Ichigo era Koki pidiéndole que fuera a ver a su padre. E Ishida se decía una vez más que esa sería la última vez que iría pues nada se avanzaba con que él fuera para allá. Era cierto que la esperanza de Kurosaki volvía cuando él estaba ahí pero ¿y qué hay con eso?
—Mira Kurosaki, creo que si realmente quieres entrar no te queda más opción que rogarle a Urahara-san y si te dice que no…
"Maldito Ishida" pensaba Ichigo. "En algún recóndito lugar de su mente aún pretende hacer que desista. No lo lograrás, no conseguirás que desista."
—Pues si crees que es la única opción, no tengo más salida: así lo haré. Si Urahara me ayudó antes, y no una sola vez si no muchas más como bien sabrás, no tendrá por qué negarse ahora. Ese hombre no le teme a nada, ni siquiera al mandato de la Sociedad de Almas y, estoy seguro, que inventó eso de no poder ayudarme para tratar de que olvidara mi idea al sentirme perdido (al igual que lo han hecho otros)
Ishida se acomodó sus anteojos y suspiró. Kurosaki era la peor de las pestes pero aun así no podía abandonarlo en esto. Además intuía que esta cruzada, al igual que el rescate de Rukia, era su cruzada más personal. Lo admiraba mucho, después de todo. Kurosaki solía luchar hasta el final por sus objetivos, algo verdaderamente loable…
Esa noche no se quedó hasta tan tarde. Era una tarde fría y prefería llegar a su casa para así tratar de dormirse temprano. Aún no oscurecía por lo que, en lo que ya era costumbre, se fue caminando. Trataba de llevar la cuenta de sus propios pasos para evitar pensar en cualquier cosa: entre Suzuki y Kurosaki lo volverían loco ciertamente. Ya llevaba alrededor de la mitad de su camino cuando tropezó con ella, Orihime. Esta vez no huyó, al contrario fue ella la que al verlo trató de tomar otro camino pero era ya demasiado tarde. Uryuu no la dejaría escapar. No esta vez.
—Inoue-san…
Orihime entonces se detuvo y se volteó pero sin mirarlo. Se notaba nerviosa, avergonzada y triste. Muy triste.
—Hola, Ishida-kun.
Quedaron frente a frente. Ella trataba de dirigir su mirada al lugar que fuera pero esta vez Ishida Uryuu se mostró seguro.
— ¿Cómo has estado, Inoue-san?
Ella tardó un momento en responder, quizás tratando de ordenar lo que diría.
—Bien, yo…bien.
El silencio se interpuso entre ellos por un minuto y luego dos y después un tiempo que pareció infinito para ambos. Ninguno de los dos era incapaz de interrumpirlo aun cuando Uryuu tuviera tantas cosas por decir. Si sólo supiera cómo…
—Ishida-kun…yo no tuve tiempo de agradecer lo que hiciste por nosotros esa noche…—Orihime miró a cualquier lado, no era capaz de sostener la mirada. Las palabras salieron tan apresuradamente que Uryuu tuvo que hacer un esfuerzo por entender lo que había dicho. Luego, volvió el silencio. Él la observaba sin decir nada. Sólo sentía deseos de saber por qué había llegado a la situación en la que se encontraba. Ella que era querida por todos, ella que siempre se las arreglaba para ayudar al resto y ahora no podía ayudarse a sí misma. Ella que tan especial era para él. Ella, que era única.
—Ishida-kun ¿No dirás nada?— preguntó Orihime llena de temor a algo que no podía descifrar qué era.
No, él no podía…
Orihime entonces lo miró y pudo ver en sus ojos frustración, desilusión y un inmenso dolor. Creyó intuir la razón de aquellos sentimientos y sin entender por qué se sintió profundamente responsable. Triste y abatida bajó la cabeza y comenzó a llorar.
—Inoue-san no…yo no quería…
Y de forma instintiva la abrazó queriendo hacerle olvidar toda su tristeza. Los brazos de Uryuu se sentían tan cálidos para Orihime. Hace tanto tiempo que nadie la abrazaba así…
— ¿Por qué Inoue-san? ¿Por qué?
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—Ay Ishida-kun, es tan fácil preguntar el porqué de algo cuando se está al otro lado del camino…
Uryuu y Orihime estaban ahora sentados en una heladería, compartiendo. Ella estaba más tranquila. Al fin había llegado el momento de aclarar tantas cosas, si bien era cierto que era poco probable que él confesara algo más. No lo consideraba necesario ya.
—Todos comenzaron a irse de la ciudad poco a poco. Primero fue Kuchiki-san y después el éxodo no cesó. Me sentí abandonada. Sola, muy sola. Tú te fuiste, nunca supe bien dónde, y nunca tuve noticias tuyas. Esperé tanto para que me dieras una señal de donde estabas pero nunca nada llegó. Mis amigos me habían dejado sola, y no es que yo esperaba que se quedaran aquí por mí, pero una llamada telefónica, una carta, un hola Orihime hubiese bastado. Pero no, nada de eso tuve…
Ishida se sintió culpable. Él nunca llegó a saber que entre Inoue-san y Kurosaki nada había pasado pero aun así, eso no era una excusa válida para justificar su huida. Es cierto que necesitaba estar lejos de ella pero si se hubiese dado el tiempo para saber de Orihime, de cómo estaba, todo podría haber sido mucho más fácil ahora. Sin embargo, ya no valía la pena quejarse por lo hecho.
—Pero ¿cómo llegó Suzuki a tu vida? ¿Nunca supiste cómo era él realmente?
Orihime se esforzó por contener las lágrimas que amenzaban por salir y continúo su relato.
—Sin amigos y sin mucho que hacer decidí trabajar en una cafetería. A esa cafetería acudían cada mañana los médicos de una clínica vecina. Él estaba entre ellos. Se comportó de forma tan dulce conmigo que, confundiendo completamente mis sentimientos y, quizás amparada en la compañía que me brindaba, creí estar enamorada de él. Por eso ni dudé en aceptar su propuesta. Los primeros meses fueron tranquilos pero luego comenzó a comportarse de una manera obsesiva. No sé bien los motivos para eso pero lo cierto es que cada vez compartíamos menos. Él llegaba todas las noches tarde y bebido. Al otro día me pedía perdón por lo sucedido y yo lo perdonaba, creyendo que sería la última vez…pero dudo que eso suceda…
— ¿Has pensado en separarte?
Orihime se mantuvo en silencio unos momentos reflexionando sobre lo preguntado. Sí, si lo había hecho y en más de una oportunidad mas no era posible…
— ¿Cómo podría hacerlo Ishida-kun? Él estuvo ahí cuando yo lo necesité ¿Cómo podría yo abandonarlo en su momento más crítico? Me gustaría ayudarlo, pero no sé cómo…— agregó con profunda tristeza.
—Es difícil que puedas ayudarlo si él mismo no está dispuesto a ayudarse. Mientras él no reconozca que tiene un problema todo lo que podamos hacer desde afuera es inútil.
Orihime lo sabía, y muy bien. Pero aun así quería intentarlo…
—Si quieres, puedo ayudarte— mientras decía esto Uryuu se dio cuenta que debía estar completamente loco ¿Qué tenía que ver él en todo esto? Aun así, las palabras salían solas…
Orihime no contestó con palabras: se acercó a su amigo y lo abrazó una vez más. Uryuu, en el fondo de su corazón, agradeció al estúpido de Suzuki por brindarle una oportunidad como aquella.
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Cuando por fin creía que llegaría a casa a descansar, el móvil de Uryuu sonó. Era del hospital, extrañísimo por la hora que era. Decidió contestar. Al otro lado del teléfono estaba Ozu diciéndole que una mujer lo buscaba. Era Maki.
—Perdona Uryuu pero no te pude ubicar en ningún lugar y además tenías el teléfono apagado por eso vine hacía acá creyendo que te encontraría aquí. Kurosaki-san se ha quedado sin stock y necesitamos tu ayuda ¿Podrías ayudarnos? Sé que no es la hora ni el momento, pero es urgente…
—Sí, claro—respondió Uryuu pensando en cualquier cosa.
Silencio del otro lado de la línea y luego una breve discusión entre dos personas. Finalmente, Ozu habló.
—Ishida, necesitamos tu autorización…firmada.
¿Sería posible? Kurosaki san era un desconsiderado: lo haría ir a su lugar de trabajo retrasando nuevamente su descanso. Pero no le quedaba más alternativa, no podría soportar sus reproches cada vez que visitara su casa.
Fue. Efectivamente Maki estaba ahí discutiendo con Ozu sobre la calidad de lo que pensaba entregarle. Se alegró al verlo.
—Uryuu, este señor se niega a dejarme ver los productos…Quiere entregar lo que se le apetece y no lo que yo estoy pidiendo.
Uryuu le hizo un gesto a Ozu indicándole que fuera por lo que Maki pedía. Desconfiada ella, lo siguió dejando a su amigo solo. Uryuu aprovechó ese momento para tenderse sobre un sillón y mirar al cielo. ¿Era verdad todo lo que había pasado en la tarde?
Sintió unos pasos que se dirigían a la sala en donde él estaba. Se habían tardado demasiado poco esos dos…
—Ishida Uryuu así quería encontrarte.
Era Suzuki quien venía algo bebido pero no ebrio y con el rostro desfigurado de ira. Uryuu lo miró sin entender a qué se refería y por qué estaba ahí. No tuvo tiempo para preguntar porque, haciendo gala de una fuerza sin límites, Suzuki se le lanzó encima dispuesto a triturarlo.
—¡Así que eras tú desgraciado!
—¡No te entiendo! ¡Qué te pasa!
Uryuu podría haber rememorado sus poderes de Quincy y fácilmente librarse de él pero, a pesar de todo, no quería dañarle.
—¡Eras tú el amante de mi mujer! ¡Al fin lo descubrí! — y comenzó a golpearlo con furia.
—¿De qué estás hablando maldito loco? ¿Cómo se te ocurre pensar eso? ¡Se nota que no la conoces!
Suzuki tomó a Uryuu del cuello, dispuesto a asfixiarlo.
—¡Se me ocurre! Es más ¡los vi! ¡Abrazados, hoy mismo!
Suzuki era un idiota, definitivamente.
—¡Te mataré! ¡A ti y luego a ella! ¿O crees que los dejaré vivos para que se rían de mí?
—¡No es lo que tú crees!— Uryuu estaba ya casi al límite de sus fuerzas. Suzuki lo tomó con todas las fuerzas posibles y lo lanzó contra el suelo haciendo que se golpeara en la cabeza. Uryuu parecía muerto y Suzuki se acercó para, o bien comprobar si estaba muerto o bien rematarlo. Parecía muerto…
En ese momento Ozu y Maki regresaban.
— ¡Uryuu!
Sin pensarlo dos veces la mujer tomó una lámpara y golpeó con todas sus fuerzas al agresor de su amigo en la cabeza. No consiguió aturdirlo pero sí logró que se alejara de Uryuu.
— ¿Suzuki qué estás haciendo? ¿Te has vuelto loco?—Ozu se abalanzó sobre su amigo para apartarlo. Lo tiró sobre una mesa pero no pudo contenerlo. A los pocos segundos había escapado.
— ¡Se ha roto la cabeza! ¡No te quedes ahí parado como imbécil y ayúdame con él!— Maki no era la mujer más dulce en situaciones difíciles y menos si la gente a la que quería era la afectada.
—Pero Suzuki…—respondió Ozu totalmente confundido.
— ¿Y crees que me importa lo que le pase a esa bestia después de lo que hizo? ¡Ayúdame con Uryuu!
Mientras tanto, Orihime, visiblemente feliz y relajada se preparaba para cocinar. Su conversación con Uryuu la había dejado tranquila, muy optimista sobre lo que estaba pasando. Ya después, con el tiempo tomaría una decisión con respecto a ella y su marido. Lo primero era ayudarlo y Uryuu había prometido estar con ella en ese momento.
Su tranquilidad duró poco. Un portazo en la puerta del jardín y luego en la de la casa le indicó que algo no andaba bien. Asustada se acercó a ver qué pasaba y se encontró con su marido hecho una fiera dispuesto a lanzarse sobre ella. Orihime nunca lo había visto así, por primera vez en su vida, le temió. No tuvo tiempo de reaccionar porque en una fracción de segundo sintió sus grandes manos alrededor de su cuello. Se asfixiaba.
— ¿Por qué me estás haciendo esto?— alcanzó a balbucear.
—¿Y tienes el descaro de preguntar? ¡Ya sé que tienes un amorío con el desgraciado de Ishida!
Orihime no podía entender de dónde había sacado eso ¿Ishida-kun y ella? ¡Jamás!
—No…no es verdad…
— ¿Ah no? ¡Ya no mientas! ¡Te vi con él esta misma tarde en esa heladería! ¡Quizás hace cuánto me estás viendo la cara!
Orihime sentía que se moría, en cualquier minuto pues ya casi no podía respirar. Y todo por un error.
—No te preocupes tanto querida. Ahora te vas a encontrar con él en el infierno adonde fue a parar… ¡Lo maté!
¿Ishida-kun muerto? No podía ser. La noticia hizo que el antiguo poder de Orihime reviviera y atacara a su agresor. Había jurado nunca más utilizarlo, y menos contra alguien que no tuviera energía espiritual elevada, pero esta vez tenía que hacer una excepción. No podía morir en manos de ese tipo que acababa de asesinar a su amigo…
Por puro instinto de sobrevivencia salió a la calle y como pudo corrió. No podía ir al hospital o la casa de Uryuu, seguramente Suzuki la buscaría ahí. No sabía qué hacer, adonde ir. De pronto la idea llegó a su cabeza:
—Kurosaki-kun…
Con un hilo de fuerzas de lanzó en su búsqueda.
Ichigo se encontraba de mala gana viendo el show de Don Kanonji junto a Koki cuando sonó el timbre ¿Cómo podían molestar a esa hora? No le prestó mayor atención y siguió mirando la televisión y pensando en cualquier cosa. El timbre volvió a sonar pero esta vez Yuzu estaba ahí para abrir.
—Nadie en esta casa le hace caso al timbre excepto yo…
De pronto Ichigo sintió el grito de su hermana.
— ¡Ichigo! ¡Ven rápido!
Fue corriendo a ver de qué se trataba y encontró a Orihime muy mal en la puerta.
— ¡Inoue! ¿Qué te pasó?
Orihime no podía hablar entre el susto y el cansancio sólo pudo aferrarse al pecho de Ichigo y comenzar a llorar. Éste la tomó en brazos y la ingresó a su casa recostándola sobre un su sillón mientras llamaba a gritos a su padre para que le ayudara.
— ¡Papá! ¡Ven, apúrate!
Isshin llegó en un momento a la sala y se encontró con la amiga de su hijo bastante lastimada junto a a Yuzu y a Koki que le hacía cariño en el cabello con su manito. Karin llegó un poco después, alertada por los gritos.
—Hey Orihime-chan ¿quién te hizo esto?
Orihime continuaba llorando sin poder decir palabra Le costaba tanto pensar que la persona con la que había decidido compartir su vida le había hecho tanto daño. Cuando ya pudo articular algo, se dirigió directamente a Ichigo.
—Mi marido…mató a Ishida-kun.
— ¿Qué?— Ichigo se puso de pie de un salto y Koki rompía a llorar pues, a pesar de su corta edad, ya sabía más o menos lo que la muerte implicaba: significaba no verlo más, nunca más. Y él lo quería mucho.
— ¿Dónde está Ishida?— Ichigo sentía una terrible angustia en el pecho. Ishida era su amigo, alguien muy importante para él ¿Cómo diablos pudo llegar a eso? ¿Cómo no se pudo defender?
—No lo sé, en su casa o en el hospital. No sé dónde sucedió todo.
Ichigo no se detuvo a pensar en qué pasaría con Orihime en ese momento, ya que sabía que ella estaría bien y segura junto a su padre y hermanas. Le encargó a Yuzu y Karin que cuidaran a Koki mientras él volvía, aseguró que se tardaría lo menos posible y se lanzó a la calle.
— ¡Ichigo! ¿A dónde vas? ¿Te has vuelto loco?— los gritos de Isshin no pudieron hacer nada para detener a su impulsivo hijo.
