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Chapter 7
Era martes por la noche, ella dio leves golpecitos con su bolígrafo sobre su cuaderno de apuntes, mientras que perezosamente observaba la hora en su celular. Faltaba alrededor de diez minutos para que la clase terminara y con eso, la tediosa clase de ese profesor de psicología educacional. Si bien, sus temas eran complejos y tediosos, las explicaciones que realizaban, le bastaban para aprobar sus exámenes con una nota notoria. Solo bastaba leer los textos señalados de esos psicólogos, para poder entender perfectamente sus teorías de pies a cabeza.
Pero en esos momentos, ella lo que más deseaba era llegar a su departamento, darse una rápida ducha para luego perderse sobre la calidez de sus sabanas. Había tenido que ir a la jornada, a las prácticas, con los niños. Y si bien adoraba a esos retoños, algunas veces su emoción, la energía implementada tanto para trabajar como para estudiar, tenían como resultado que a esas últimas horas de clases se encuentre prácticamente agotada.
—Como ya muchos han visto. Las escuelas primarias de esta región, han centrado toda su atención en esta institución. Como todos están al tanto, solamente a pocos que den para los requisitos requeridos se les dará la posibilidad de elegir en que institución preferirán educar— Flaky lo sabía, el propio director del establecimiento le había dicho semanas atrás que ella era una de esos pocos afortunados, ante su promedio notorio.— Por lo tanto, sugiero que elijan con propiedad. No todo se concentra en dinero, muchachos— Reprimió una mirada expresiva en ese momento. ¡Qué fácil era decirlo de esa manera! Teniendo en cuanta que ese profesor tuvo, prácticamente en bandeja de plata toda su vida. No era un secreto su linaje, destacados de doctores, ingenieros y abogados, que se encontraba en su familia, él mismo se encargaba de presumir ese hecho apenas tenía la posibilidad.
Por un momento la imagen de los hermanos Evans, se poso sobre su subconsciente. Ellos no habían revelado en ningún momento algo de su familia, ni siquiera Lammy con esa calidez y simpatía que superaba a la de su hermano, había comentado algo al respecto. Rápidamente se arrepintió al pensar en ellos. Hacia alrededor de un mes que no sabía nada de Flippy y con Lammy únicamente podía juntarse solo dos veces por semana a conversar, sin embargo el tema de su hermano nunca había salido a flote. Ya sea por decisión de ella o por decisión de la misma chica de ojos grises que estaba negada a dar información más de la cuenta de él.
El pasado de Flippy, era algo que en verdad le daba que pensar. ¿Cómo llego a ser como era? Con esa personalidad tosca y en ocasiones con ese tinte misterioso que le llamaba la atención. ¿Cómo llego a ser un militar de tanto calibre? No era una acosadora o algo similar, pero su padre podía ser una lengua suelta cuando se lo proponía. Y fue de casualidad, mientras que ambos observaban un documental de las fuerzas armadas de su país, que el comentario emerjo de los labios de su padre.
Ese hombre, tenía un cierto cargo dentro del ejército, que definitivamente superaba el de un soldado normal.
Negando con su cabeza, guardo sus cosas dentro de su mochila desgastada, colgándola sobre su hombro negó amablemente la invitación de uno de sus compañeros, para llevarla a casa. No quería estar mucho tiempo con él, el muchacho era de su misma edad, pero poseía ciertos rasgos al hablar con ella que le daban a notar que sus intensiones no eran meramente de amistad.
Decidida a caminar a casa, coloco una cálida chaqueta sobre sus hombros, cerrando su cierre hasta el punto de su cuello. Tenía algo de miedo al dirigirse a esas altas horas de la noche sola a su departamento, pero prefería mil veces eso a soportar con una sonrisa fingida, el nerviosismo que le daban las atenciones que le brindaba Rex. Era un buen chico, pero no estaba dispuesta aceptarlo como algo más que un amigo.
Escuchando la suela de sus zapatillas golpear contra la húmeda vereda, que comenzaba a llenarse de roció, apresuro más el paso. Sus ojos se abrieron con completo espato al ver como tres sujetos venían por el mismo carril de ella, vacilo en cruzarse de vereda. Era alguien precavida por sobre todas las cosas, por lo que sintiendo como sus manos comenzaban a sudar espero a que un automóvil cruzara para poner un pie sobre el asfalto.
Sin embargo, su piel se puso pálida y helada al sentir como de pronto su brazo fue capturado con fuerza por la mano tosca de un hombre. Horrorizada, alzo su rostro para encontrarse el aliento repleto de vodka y whisky, que desprendía esa boca asquerosa con ciertos rasgos de sequedad ante tanto alcohol digerido. Sus ojos completos de pánico, a punto de salirse de sus cuencas en un ataque de pavor, se posaron en los dos hombres que al igual que el que la sostenía comenzaban a acercarse hacia ella de una manera poco amable.
Alzo su mano dispuesta a clavarle sus uñas en sus ojos, pero fue rápidamente detenida por el segundo hombre que tras una llave dolorosa, la hicieron doblegarse hacia atrás ante la profunda presión que sintió su brazo al ser apretado con tanta fuerza.
—La gatita saca sus uñas…Eso en verdad es sexy— La voz del que se encontraba detrás suyo, sosteniéndola con brusquedad, la hicieron paralizar ante el asco que le causo que ese sujeto lamiera el lóbulo de su oreja con esa lengua húmeda.
—Por …por favor…Suéltenme…—Rogo en con una voz rota, que definitivamente demostraba las emociones de desesperación que corrían por su cuerpo en ese momento.
—¿Por qué deberíamos soltarte, bonita?...Si apenas comenzamos a divertirnos— La mano amplia del tercer hombre, comenzó a desabrochar los botones de su pantalón de vestir negro, haciéndola reaccionar con completo pánico. La iban a violar sino hacia algo.
Atrapando un ahogado jadeo, intento gritar, pero la sucia mano del primer hombre que había tenido la osadía de atraparla, tapo sus labios sin darle la posibilidad a nada. Las lágrimas comenzaron a caer de su rostro, al ver como ese sujeto se lamia los labios en un acto libidinoso que repelo. Se removió con todas sus fuerzas, pero era inútil.
Era muy tarde para que alguien pasara y la ayudara. En esos momentos, donde sentía como sus pantalones comenzaban a ser bajados de sus caderas delgadas, se arrepentía profundamente de no haber aceptado esa oferta para llevarla a su departamento. Como también se arrepentía de no haber sido lo bastante paciente, como para ir a buscar su motocicleta al taller y haberla llevado consigo ese día. No pudo evitar llorar. Era lo único que le quedaba ahora. ¿No?
Llorar por no haber sido inteligente como para tomar decisiones acertadas. Ahora lloraba ante su desdicha y más al sentir como la mano del segundo sujeto comenzaba a manosear su seno por encima de la tela, con depravación, con una lujuria que le causaban arcadas.
Cerró sus ojos con fuerza, pero antes de que sus pantalones fueran bajados un poco más, el agarre de su brazo fue eliminado. Abrió sus ojos y entre la nublosa visión que le brindaban sus lagrimas pudo notar la cara horrorizada que mostraban esos dos sujetos. Soltándola de un solo empujón, ocasionando que su trasero terminara golpeando con fuerza contra el frio cemento, se encargaron de observar algo atrás suyo sin poder siquiera moverse de sus lugares. Dando media vuelta hacia atrás, en un amague para escapar, ella pudo ver, desde su posición prácticamente sentada en el suelo, como un cuerpo pasaba por su lado. Dándole alcance, noto como la sangre comenzaba a salir de la garganta del hombre que le desabrocho el pantalón, a la vez que de un movimiento veloz su compañero tenía el mismo destino que él.
Flaky una vez vio una de sus compañeras de clases, se había desmayado a causa de una alimentación poco favorable. Su cuerpo al caer sonó secamente contra el suelo, como un peso muerto que caía sin más. La diferencia ruda, que tuvieron esos dos cuerpos al caer y el cuerpo de su compañera en aquella ocasión, fue la sangre que salía prácticamente a chorros de sus cuellos, demostrando su estado: Muertos. Dio una leve mirada hacia abajo, a algo húmedo que tocaba su mano que se encontraba sobre el suelo.
Al instante palideció. Sangre. Tibia sangre que salía del estomago abierto de ese hombre. Casi rompe su cuello al girarlo y encontrarse con un rostro que le es brutalmente conocido.
Siente como su cuerpo se pone pesado, la sorpresa, la deja en shock. Mientras que sus labios se separan en una perfecta mueca de agudo aturdimiento. Sabe que es él, pero de alguna manera esos ojos, que gracias a la luz de un farol cercano puede observar, no son los de él.
Instantáneamente la imagen de un Flippy que vio la primera vez, en ese encuentro poco común viene a su mente, en un afán de su punto racional para hacerle creer que es él. Cubierto de sangre ajena, con un cuchillo en su mano mientras la observa con una expresión que le quita el aliento, esta él. Parado firmemente, sin importarle mucho que sus lustradas botas de cuero, se manchen ante las gotas de sangre que caen melancólicas por el filo de su navaja.
—Flippy…—Susurra, inerte, con las profundas ganas de salir corriendo ante tan imagen sádica de él. Aquel sujeto que la arrincono contra la pared de su casa, dándose cuenta que era virgen, vuelve a mostrarse ante ella con esa sonrisa cínica en sus labios sensuales.
Él se acerca despacio, sabiendo que ella no huira porque esta presa del miedo, del aturdimiento, que la tiene drogada y le permite acercarse hacia ella sin que más que sorpresa cubra esa mirada. Y tras un golpe en su nuca, Flaky siente la oscuridad.
Pero no es fría y siniestra como la recuerda, sino que es cálida, relajante, pero sobre todas las cosa, huele a un delicioso olor a mentas que la adormece en un estado de inconsciencia delicioso. Ojos dorados rodean sus sueños, que están cubiertos por locura, sadismo y demencia.
Cuando se despierta, a causa de la luz del sol que lastima sus ojos al primer toque. Esta acostada sobre una pálida cama que huele a perfume dulce. Una mirada de reojo a la mesa de luz, notando los folletos de ofertas, le da una clara señal de donde se encuentra. Un hotel, el más lujoso de la ciudad. Aquel donde suelen hospedarse las grandes celebridades que deciden pasar unas temporadas en esa ciudad a causa de las atracciones naturales que rodean el valle.
Se incorpora con pesadez, casi con pereza. Observando con ojos cansados hacia sus zapatillas que descansan junto con su mochila sobre un sofá cercano, los recuerdos comienzan a caer en ella como un frio balde de agua fría.
Los hombres, sus cuerpos sangrantes, muertos, y su intento fallido de violación. Pero más que nada…él. La había salvado, pero no podía dejar de pensar en el hecho de que esos ojos no eran los del Flippy que dulcemente la había llevado a una cita, y la había besado.
Esos ojos eran los de un demente, un asesino.
Llevo sus manos a su cara, tratando inútilmente de hacer desaparecer esa imagen que ocasionaba que le dieran unas profundas ganas de llorar ante el miedo. ¿Ese era el hombre que era vecino de su padre?¿Aquel que había coqueteado con ella?
Un sentimiento agridulce se poso en su corazón ante el pensamiento de que ese mismo hombre había sido el que pensó en tener algo con ella. Estaba aterrorizada de eso no quedaba duda. Y no pudo evitar que su estomago se remueva con profundo desagrado ante el recuerdo de esa tibia sangre manchando su mano y su retina.
Se negaba a creerlo.
Colocándose sus zapatillas. Se retiro de esa habitación con rapidez, debía buscar respuestas.
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Lammy solía tener un sueño ligero, por lo que no le costó mucho despertarse ante el ruido de botellas que resonaba desde la sala de estar de su hermano. Cuando vivían con sus padres, y su padre estaba sumergido en su adicción ella solía tirar todo el alcohol de las botellas para luego llenarlas con agua o jugos frutales, en un inútil intento inocente para que su padre dejara el vicio.
Claramente, él no tardaba en darse cuenta. Exigiendo, furioso, colérico al causante de aquello. Su madre nunca dijo nada ante eso, fue por eso que de cierta manera la odio, por ser cobarde y no enfrentarse a su padre como su hermano mayor y ella lo hacía. Ella lo amaba demasiado como para reclamarle algo por encima de ese tono reprobatorio y decepcionado.
En una de esas ocasiones, su padre la descubrió tirando todo el caro vodka al retrete y llenado la botella con agua del grifo. Esa fue una de las pocas veces en la que ella recibió un trato violento de su parte. La había atrapado de su cabello y prácticamente arrastrado a su habitación donde estaba dispuesto a romperle la espalda con su cinturón de cuero. Recordaba como ella había cerrado sus ojos, dispuesta a sentir como el cuero arrancaba su piel, pero el golpe nunca llego.
Fue una sorpresa para ella darse vuelta y encontrar a su hermano con el ceño fruncido mirando a su padre. Sus palabras hasta esa edad, ya adulta, le seguían doliendo como un puñal en su corazón. "Yo le ordene hacerlo". Era una burda mentira, pero su padre le creyó. Flippy nunca dijo nada, no chillo, no lloro ni se quejo por los golpes que le dio ese día. Recibió todo en silencio, frente a su atente mirada y su llanto desesperado por detener a su padre.
Hasta que no se canso, no dejo de golpearlo, dejándolo en un estado tan lamentable que era casi imposible para ella distinguir esa sonrisa fraternal que le dedico luego de que ella lo ayudara a pararse. Como esas veces, pasaron mucho, en las cuales su padre desquitando su frustración, inconsciente en su estado de borrachera, tomaba a su hermano como un costal de arena que podía recibir todos sus golpes.
Quizás fue antes o después de ese hecho, pero ella lo odio. Era su padre, pero para ella se había convertido en un demonio interior que todas las noches la hacía tener pesadillas, donde lo soñaba vivo nuevamente. Dispuesto a golpear a su hermano.
Desde ese día ella, la pequeña niña llorona e inocente que pertenecía a una familia disfuncional, se había prometido a sí misma, protegerlo. Tras la muerte de su madre, ya no eran más Lammy, Flippy y una señora que estaba perdida en recuerdos, después de eso simplemente fueron Flippy y Lammy, como siempre debió de ser. Una puntada de culpa le venía a su pecho, al recordarse que no había podido cumplir con esa promesa.
Le había fallado a él, se había fallado a sí misma. Y al verlo tomar esas pastillas todos los días, después de cada comida, le hacían refutar esa falla en su vida. No había podido cuidarlo, protegerlo.
Y ese ruido de botellas de cierta manera le hicieron recordar a ese hombre que había ocasionado que todos los sentimientos negativos de la vida, ella los experimentara a tan corta edad. Pero no, Flippy jamás seria es hombre, él era demasiado noble y bueno como para dejarse decaer tan bajo. Él merecía una vida mejor que la de un alcohólico resentido de la vida que prefería mil veces moler a golpes a sus hijos a poner su perezoso culo a trabajar.
Ya que su hermano nunca fue ni es un perezoso, fue capaz de levantarse por ella y su madre en el momento donde más lo necesitaban. Él merecía vivir, con una mujer que lo ame más que a su propia vida, formar una familia con niños que lo amen tanto como ella lo amo en su niñez y en la actualidad.
Porque ese hombre sabia reconocer la diferencia exacta de la definición de "hombre fuerte". Debido a que un hombre fuerte no es aquel que podía golpear a su esposa y a sus hijos, soportando el alcohol más fuerte en su sistema. Un hombre fuerte era aquel que cuidaba, protegía. Y el hecho de que ella este en ese lugar, viva, sana y salva sin nada más que recuerdos amargos de sus experiencias antiguas, era culpa de ese sujeto. Del esfuerzo sobrehumano que hizo para protegerla.
Lo vio revolver nervioso entre un armario, en busca de algo que ella sabía muy bien que era. Cubierta simplemente con una bata de seda, que la cubría del leve frio que había esa noche.
No pudo evitar dar una leve mirada al reloj de pared, al acercarse hacia él y prender la lámpara grande. 3:42 a.m. Demasiado temprano para que él se levantara y demasiado tarde para creerle que recién se estaba acostando.
Su mirada basto para que ella supiera lo que estaba sucediendo. Él volvía a hacer acto de presencia en sus vidas. Corriendo a su lado abrió un cajón del mueble, sacando un frasco de pastilla que llevo consigo hasta la cocina, para llenar con rapidez un vaso de agua. Volviendo a la sala, lo observo con el ceño fruncido.
Sabía que si ponía esa expresión nadie podría negarle nada. Sea quien sea el que ella observara…
—Recuéstate— Firme, clara, sin perder su normal calma. Lo vio vacilar, optando por sentarse en el sofá. Soltó un suspiro ahogado, eso le bastaba.—Toma. Trágalas con calma— lo regaño levemente al ver la desesperación con la cual sus toscas manos atrapaban las pastillas.
Al verlo tragar sin ni siquiera recibir el vaso de agua, insistió en que tomara un poco. Con la misma desesperación que antes, su nuez de Adán subió y bajo rápidamente ante los golosos tragos de agua que daba. Sus manos fueron a pasar a su revuelto cabello, despeinándoselo en un claro gesto de nerviosismo que la percató fríamente de lo que había sucedido. Sentándose a su lado, llevo una mano a su nuca acariciándolo mimosamente para relajarlo. Estaba tenso.
—¿Qué sucedió?— Lo vio pellizcarse el puente de su nariz, vacilante. No le gusto aquello— Dímelo ahora—prácticamente le ordeno.
—Estaba trotando, cuando los vi…—Ella espero en silencio, a falta de continuación decidió intervenir.
—¿A quién viste, Flippy?—Ella odiaba que él agregara otra rutina de entrenamiento a esa alta hora de la noche. Con que él se dedicara a ejercitarse por las mañanas, desde su punto de vista era más que suficiente, pero apegado a sus costumbres militares, su hermano imponía otra ronda de entrenamiento por las noches, justo después de cenar para bajar la comida.
—Ella estaba allí…Ellos la tenían…—La medicina comenzaba a hacer efecto, adormeciendo su mente de una manera tal que ella comenzó a notar el cansancio que rodeaba su voz al narrarle.
Solo un nombre se le vino a su mente al escuchar ese "ella".
—¿Flaky?¿Ella estaba allí?— Al verlo asentir, palideció.
—Ellos querían abusar de ella…Y luego lo único que recuerdo es que la vi recostada sobre una cama, inconsciente…
—¿Abusaste de ella, Flippy?
—No, estaba vestida. Y apenas recobre la conciencia, salí de ese lugar.
—Entiendo— Ella se tomo un momento para observar con cuidado las ropas cubiertas de sangre de su hermano. Con completa calma toco con la yema de su dedo un poco para molerlo entre su dedo pulgar e índice analizándolo con cuidado.—Esta sangre lleva horas seca, ya debe ser tarde como para ir a ocultar los cuerpos, si es que los hay.
En esos momentos la de ojos grises, agradecía infinitamente el hecho de haber tomado esa tecnicatura de médico forense mientras estudiaba la carrera actual. Definitivamente no fueron tres años que desperdicio por nada por el estilo. Y estaba titulada por excelencia para poner en práctica ese título cuando se le antoje trabajar sobre ello.
—Tengo que irme de aquí. Flaky me ha visto de esa manera y no tardara en hablar con las autoridades…
Lammy se tomo unos momento en analizar la situación. Conocía la moral de esa chica, no tardaría en ir corriendo a decirles a las autoridades de lo visto esa noche y no pasaría mucho tiempo hasta que unos policías entren por la puerta para llevarse a su hermano para dejarlo en la cárcel por ese crimen. No estaba preocupada por este caso, sino por los demás que saldrían a la luz si comenzaban una investigación extensa sobre su hermano.
No se les complicaría a las autoridades vincular este caso, con los demás habidos en su ciudad natal, donde ambos hermanos habían salido sin antecedentes debido a la falta de pruebas.
—Dame tu ropa, tomate un baño y vete a dormir.— ordeno como un digno soldado de alto rango hacia un cadete sin experiencia.— Duerme un par de horas mientras yo te preparo tus cosas.— Sin chistar, lo vio sacarse su chaqueta y sus pantalones sin importarle mucho el pudor. La vergüenza no estaba presente entre ellos, y más en situaciones como esas.
Lo espero hasta que le entrego sus botas militares con rasgos de sangre. Observándolo entrar en el baño, sujeto su largo cabello en un rodete desalineado pero lo suficientemente firme como para que los mechones no le molestaran al realizar la rápida tarea de prender el lavarropas y comenzar a limpiar esas botas negras.
Una vez terminado su tarea, las deposito por detrás de la puerta trasera, a la mañana cuando salga el sol las sacaría afuera. A pasos rápidos corrió hacia la cocina, abriendo la nevera con rapidez. Metiendo en una mochila un par de latas y botellas de agua, paso a la mesada para atrapar varias latas de comida metiendo de dos en dos, dentro de esa tediosa mochila.
Dejándola sobre la barra de roble que dividía la cocina con el comedor. Se dirigió rápidamente hacia el cuarto de su hermano, abriendo rápidamente lo cajones sacando mudas de ropa interior en conjunto con ropa perfectamente guardados que se los llevo con prisa, no sin antes sacar un simple pantalón de vestir en conjunto con una camisa blanca para dejarlos sobre la cama.
Colocando la ropa en la mochila, le cerro rápidamente cargándola con facilidad sobre su hombro la acerco hasta dejarla sobre uno de los sofá.
Pesaba alrededor de quince kilos con todas las cosas que llevaba ahí adentro. Flippy solía tenerla preparada con balas o municiones por el curioso caso de que le ordenaran salir rápidamente hacia algún lugar. La vida militar no era sencilla y más teniendo un país como el suyo, que nunca se sabía cuándo podría enviarte a algún lugar a alguna misión, ya sea Vietnam, Siria, Irak. Todos esos lugares podrían ser un destino para él, si en algún momento el estado estadounidense requería de sus servicios como soldado especial. Era peligroso, pero era un trabajo que nadie más podía hacerlo como él.
Era, según lo que escucho ella cuando le dieron esa conmemoración por derrotar a un tirano enemigo de la Nación, un soldado excepcional y único. Basto que ella en esa ocasión notara esas decenas de medallas que rodeaban los rostros firmes de esos sujetos para reconocerlos como líderes de las fuerzas. Reprimiendo un grito que dejaba escapar una maldición, ella se mantuvo en silencio casi llorando de rabia al ver como su hermano observaba perdidamente el público recibiendo ese reconocimiento.
Esos sujetos eran unos enfermos, que le importaban una verdadera mierda la salud psicológica con la cual quedaban esos soldados luego de realizar esas misiones. Borrando ese recuerdo de su mente, poso su mirada sobre Flippy que salía del baño cubierto con una nube de vapor y una toalla que cubría su cadera.
Una mirada de ella, fue suficiente como para que él se fuera a su cuarto a descansar un poco antes de que ella lo despertara.
Las cosas comenzaban a complicarse. Pero de algo estaba completamente segura de todo esto, al pensarlo, no pudo controlar la expresión inexpresiva y fría que cubrió su rostro ante el pensamiento. Nadie le haría daño a su hermano, ni siquiera Flaky.
¡Hola! :)...Bueno aquí el séptimo capitulo! Antes que nada: awwww! 39 reviews! *W*... Les juro que si llegamos a los 50 le regalare un one-shot de estos dos, lemmon! jajaa xD Para festejar, mis niños! :")
Bien, antes que nada. Como ya tengo pensado acabar con varias historias que tengo pendiente. Ya tengo el final escrito y todo, comenzare a centrarme más en las de esta serie! :)...
Solo espero que internet y las clases no se pongan entremedio, para lograr mi objetivo.
Ahora hablando del capitulo, en verdad, me gusta a imaginarme a Lammy dispuesta a hacer cualquier cosa por su hermano. Después de todo es la única familia que le queda, yo haría lo mismo si estuviera en esa posición. u.u
En cuanto a Flaky, ustedes pueden sacar sus propias especulaciones de lo que hará esa pequeña miedosa! Jaja xD
Gracias por sus comentarios, favoritos y alertas. No saben lo bien que me hacen, pero sobre todo a aquellos que se tomaron el tiempo para comentar! :):
SarEma29
LagrimasSolitarias
HTFan
CornPie
Jellyfish Gaji
Shadow dark the hedgehog
Prometo contestar sus comentarios, apenas pueda! :D..
Gracias por leer! C:
