¡Hola Chicos! ¡He vuelto! De verdad les pido una enorme disculpa por haber desaparecido por tanto tiempo, sobre todo con esta historia. De verdad lo lamento mucho u.u Entre la escuela que me tiene vuelta loca y la falta de ideas… En fin, he aquí el nuevo capítulo que espero de todo corazón que sea de su agrado.

Agradecimientos: Mil gracias por su apoyo chicos, sobre todo a estos capítulos que son fuera de la historia original. Créanme que es muy importante para mí saber lo que piensan. De verdad, de verdad, de verdad, ¡Muchas gracias a los que me dejaron un review, pusieron en alerta o favoritos! Los quierooo! 3

*Adriana: Adri-chan! No sabes cómo te agradezco tu review! Y sobre todo porque era una fecha súper especial e importante para ti! ¡Muchas felicidades por haber terminado tus estudios! Y gracias por tu apoyo, sé que me tardé mucho pero ojalá que la espera valga un poquito la pena ¡Gracias!

*Asdsasd: Muchas gracias por tu review ^u^ De verdad espero seguir contando con tu apoyo y que este capítulo sea de tu agrado *u* Sé que me tardé un mucho pero me esforcé. ¡Por favor dime que te parece! Y nada me encantará más que Ichigo le diga preciosa a Orihime en el manga! Y sobre Kanonji… ahhh a ver qué opinas ¡Mil gracias por tu review!

*Orox Inoshuke: ¡Orox-kun! Discúlpame por haberme desaparecido por tanto tiempo! ToT espero que este capítulo sea de tu agrado. ¡Muchas gracias por tus palabras y tu apoyo! Y sobre todo que te guste el oponente de Ichigo. ¡Gracias, gracias, gracias por tu apoyo a mi historia!

*Nypsy: Gracias por tu review nypsy, me da muchísimo gusto que te haya gustado el capítulo. Igualmente espero que este sea de tu agrado y que el oponente y los eventos te parezcan buenos. ¡Muchas gracias Nypsy!

*Sele de la Luna: Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi historia y más por dejar review! No sabes qué feliz me hizo leer tu cometario, me hacen querer seguir escribiendo, aunque la escuela me lo impida u.u Espero que este capítulo también te guste, por ahí anda Kanonji haciendo de las suyas jaja ;)

De nuevo les agradezco infinitamente su apoyo y sin más los dejo comenzar

Disclaimer: Ya aplicado

XoXoXoXo

En la cabina del enorme y vacío Centurion Paradise, Ginjo veía atentamente la pantalla que le mostraba los movimientos de Ichigo y compañía. Se veía muy concentrado analizando la situación y sus posibilidades de acción. Después de mucho pensar, una sonrisa maliciosa apareció en su rostro al tiempo que se levantaba de su lugar, llamando la atención de Tsukishima.

—El descanso terminó Tsukishima, es hora de ir por las espadas.

—¿Qué dices? ¿No dijiste que lo mejor era esperar a que ellos las consiguieran y luego se las quitaríamos? —Respondió el hombre un tanto sorprendido por la decisión de Ginjo, cerrando su libro y enderezándose en su asiento.

—En efecto, eso dije pero hasta yo puedo equivocarme algunas veces. —Kugo comenzó a pasear por el lugar con las manos en la espalda.

—Explícate…

—Dime… ¿Por qué estoy buscando las espadas?

—Por el gran poder que otorgan, ¿no es así?

—¡Exacto! Si ellos logran reunir las espadas, ese gran poder les pertenecerá y no habrá nada que hacer. Además estaríamos luchando bajo sus condiciones.

—¿Y qué propones?

—Bueno, debemos separar las espadas hasta que estén en nuestro territorio. Iremos a buscar las que ya tienen, después los esperaremos en el lugar sagrado y por fin obtendré mis poderes.

—¿Y cómo vamos a luchar contra ellos? Porque aunque no tengan el poder de las espadas nos superan en número. —Preguntó interesado Tsukishima.

—Tranquilo, ya lo verás…—Con un brillo siniestro en el rostro, Ginjo levantó el teléfono y después de unos segundos de espera su interlocutor contestó:

—¡Más te vale que llames para implorar perdón porque ya eres hombre muerto Kugo!

—¡Yammy! A mí también me da gusto escucharte.

—Deja de jugar conmigo maldito, ¿¡qué quieres?!

—Quiero proponerte una tregua, por el bien de ambos.

—No me interesan tus estupideces, ¡olvídalo!

—¿Seguro? ¿Ni porque estoy dispuesto a compartir contigo el poder de las espadas? —Seguramente Yammy no se resistiría al oír eso. Después de una pausa, la sonrisa de Ginjo se hizo más grande.

—Te escucho…

—Verás, lo único que debes hacer es prestarme la fuerza y el poder de combate de tu gente.

—¡Olvídalo! La última vez perdí a muchos hollows por tus geniales ideas, no estoy dispuesto a sufrir más bajas.

—¡Oh vamos! Eso no fue culpa mía, yo no te pedí que fueras al hotel… Pero cálmate. —Dijo Ginjo al escuchar la furia en la voz del hollow. —Esta vez será diferente, te lo garantizo. Es más, ni siquiera tendrás que pelear.

—¿Entonces qué quieres?

—Que sirvan como medida preventiva, un respaldo por cualquier eventualidad.

—Mira, estás agotando mi paciencia, así que habla claro o muérete.

—Está bien mi impaciente socio. Lo que quiero es que vigiles el templo de la Tierra mientras yo reúno las espadas y libero el poder. Seguramente el Mayor Kurosaki vendrá a buscarlas, así que necesito que lo entretengas un poco.

—Y si yo estoy afuera, ¿cómo voy a obtener el poder? —Preguntó Yammy sin perder detalle, sospechando por completo de la benevolencia de Kugo.

—Muy fácil: yo entro, hago los preparativos o lo que se necesite, tú lo derrotas y cuando el poder se libere entras y lo obtienes. Tan fácil como eso.

Después de unos minutos de pensarlo muy bien, al fin el líder Hollow respondió:

—Acepto. ¿Dónde es?

—¡Ah, lo sabía! ¡Sabía que podía contar contigo! Pronto recibirás la ubicación.

Acto seguido, Ginjo colgó el teléfono y encarando a Tsukishima le dijo como si nada:

—¡Ah! ¡Es tan fácil engañar a un hollow!

—Me alegra que los hollows sean tan inocentes Ginjo, pero aún tengo una duda: ¿Cómo vas a lograr que ese Mayor te entregue las espadas restantes?

—Muy sencillo. Le quitaré algo que sea más valioso para él que el destino del mundo. —Finalizó el hombre viendo con decisión a Tsukishima quien ya se imaginaba sus intenciones.

XoXoXoXo

—No puedo creerlo… ¡No puedo creerlo! —Decía emocionado el padre Ukitake sosteniendo la espada frente a su rostro como si fuera su juguete nuevo. —¡No puedo creer que al fin tengamos una espada!

—Pues créelo old man. Sobre todo porque fue gracias a este maravilloso espiritista que pudimos conseguirla. —Le respondió Kanonji levantado el cuello de su capa.

—¿¡Pero qué dice?! ¡Si usted no hizo nada! Fue gracias a Orihime y a Ichigo-kun—Dijo el padre viéndolo con recelo y abrazando la espada como si se la quisiera quitar.

—Sí claro. —Dijo Kanonji con desdén girando los ojos. —Si no fuera por este wonderful hero jamás habríamos encontrado el templo.

—Seguro Kanonji. Si no fuera por ti estaríamos perdidos. —El sarcasmo de Ichigo pasó desapercibido por el espiritista, quien palmeándole el hombro paternalmente contestó:

—Lo sé querido discípulo, ¿quién no estaría perdido y triste sin su adorado héroe?

—Claro… Y como eres nuestro héroe, ¿por qué no encuentras el siguiente templo en lugar de perder el tiempo diciendo estupideces? —La paciencia de Ichigo se estaba esfumando, sin embargo, lo que vino le dejó claro que el universo estaba en su contra.

—Como digas Karakura Orange… ¡Good spirits let's gooooo! —En ese instante un enorme edificio blanco apareció frente a ellos, cuya estructura parecía estar hecha de un fino y delicado cristal. —¡Listo! ¿Se te ofrece otra cosa?

—¡Andando! —Ordenó el pelinaranja fulminando a Kanonji con la mirada. Acto seguido comenzó a caminar tomando la mano de Orihime, quien reprimió una risita divertida.

Después de unos cuantos metros los buscadores de espadas se encontraron con que el edificio era más imponente y hermoso de cerca, sin mencionar que la temperatura había descendido considerablemente.

—¿Estás bien preciosa? —Preguntó Ichigo al sentir un leve temblor en la mano de Orihime.

—S-sí, yo bi-bien—Respondió abrazándose a sí misma y tiritando de frío. Sin previo aviso, Ichigo la tomó de la cintura y poniéndola frente a él la abrazó para cubrirla del frío con sus propios brazos.

—¿Ahora estás mejor? —Susurró en su oído haciendo que su cálido aliento golpeara el cuello de la joven.

—Sí, gracias. —La chica que no se lo esperaba, le sonrió tímidamente y con un gran sonrojo mientras llegaban a las puertas del templo.

Sin embrago, las cuatro personas quedaron totalmente sorprendidas pues cuando llegaron a la entrada no había puertas; en su lugar había una enorme cascada que caía desde la punta del edificio. La fuerza con la que bajaba el agua era impresionante, por lo que todos deseaban con todas sus ganas, aunque no lo dijeran, que la entrada no fuera esa pero una rápida mirada les indicó que no había otra.

—Bueno Boy, al menos lo intentamos. — Dijo cínicamente Kanonji dándose la vuelta para volver a la nave.

—Claro, vete. Sólo que si no recuperamos esa espada me encantaría saber a dónde diablos vas a volver. —La irritación de Ichigo se hizo mayor al escuchar al espiritista.

—Creo que el señor Kanonji tiene razón. —Dijo serio Ukitake.

—¿Cómo dijo?

—Está claro que esta es la única entrada pero, ¿cómo luchar contra la fuerza del agua? ¿Quién nos asegura que del otro lado está la espada o el templo siquiera? —Con cada palabra, el tono del padre se hacía cada vez más desesperado.

—Cálmese, ¿quiere? Ya tenemos suficiente con un loco aquí. —Dijo Ichigo señalando a Kanonji. Muy a su pesar, soltó la mano de Orihime y recogió una piedra que arrojó con fuerza a través de la cascada. Unos segundos después, el eco de la piedra al caer llegó hasta sus oídos.

—Ahí tiene, ese es el lugar. Bien, voy a entrar. — El ceño del Mayor se profundizó mientras daba un paso al frente listo para entrar.

—Espera Ichigo, ¿qué haces? —Preguntó alarmada Orihime tomando con fuerza su mano para detenerlo.

—Está claro que esos dos no van a entrar y jamás permitiré que estés en peligro de nuevo, además no podemos seguir perdiendo el tiempo.

—Pero yo quiero ir con tú. —Dijo ella mirándolo con sus bonitos ojos grises llenos de preocupación.

—Tranquila. Yo pasaré primero y si no hay ningún peligro les avisaré. ¿De acuerdo? —La chica asintió no muy convencida, por lo que Ichigo le dirigió una mirada tranquilizadora. Con mucha ternura besó la frente de la chica y sin pensarlo atravesó la cascada.

A pesar de que todo lo que había dicho era verdad, no es que Ichigo tuviera ganas de morir aplastado por la fuerza de una inmensa cascada. No al menos hasta que supiera que la Tierra y sobre todo Orihime estaban a salvo. Y si no era mucho pedir, después de besarla otra vez. Al no sentir ningún dolor, ningún cambio ni nada extraño, el joven abrió los ojos que hasta ese momento había mantenido firmemente cerrados.

Cuando lo hizo, vio un montón de hermosas estatuas de hielo alrededor de algo brillante que se encontraba al centro de un enorme salón cubierto por una fina capa de hielo; las estatuas, bellamente talladas tenían una cara serena y hasta pacífica pero aun así parecía que estaban ahí cuidando lo que fuera que estuviera en el centro de aquel salón.

—La espada— Razonó Ichigo. Cuando estaba a punto de cruzar la primera fila de estatuas una alarmada voz lo detuvo.

—¡Ichigo! ¿Tú bien?

—¿Ya estás muerto Boy?

—¡Ya verás que tan muerto estoy cuando veas mi puño en tu cara maldito viejo!

—¿Estás bien hijo? ¿Es seguro? —Preguntó Ukitake preocupado.

—Eso parece. ¡Pueden entrar!

Sin dudarlo, Orihime cruzó la cascada sólo para correr a los brazos del Mayor, quien la recibió con un cálido abrazo acariciando tiernamente su cabeza. Un segundo después, Ukitake también pasó pero su cara reflejaba más temor del que quisiera. Sin embargo, aún faltaba alguien.

—¿Qué estás esperando Kanonji? ¡No tenemos todo el día!

—Olvídalo Boy. Quiero vivir. —Dijo el espiritista cruzado de brazos y muy serio como si los otros pudieran verlo.

—¿Y cómo crees que estamos nosotros? ¡¿Muertos?! —Contra atacó exasperado Ichigo.

—Yo no sé… ¿Olvidas que yo puedo hablar con los espíritus? Tal vez los oigo porque necesitan que este maravilloso espiritista los ayude a cruzar.

—Si no cruzas en este mismo momento, ¡serás tú el que se va a tener que preocupar por quién te va a cruzar al otro lado viejo loco!

Después de unos segundos, Kanonji respondió:

Good spirits, abran el camino para su maestro… ¡Kyaaaaaaaaaa!

En los treinta segundos que el hombre tardó en pasar, sus gritos, súplicas e incoherencias resonaron por todo el templo. Dentro, el resto del equipo le giraba los ojos con fastidio.

—¡Me muero, me muero! ¡Adiós cruel world! ¡Ahhhh! —Después de varios segundos de más drama, Kanonji al fin decidió abrir los ojos sólo para encontrar las caras de repulsión que sus compañeros le dirigían.

—¿Qué? Yo sólo quería ponerle emoción… Por supuesto que una cascada jamás me vencerá. ¡Buajajajajajaja! — Terminó el hombre haciendo su risita que retumbó por las heladas paredes, exasperando todavía más a Ichigo.

—¿Podrías dejar ya de hacer eso? Es mejor que vayamos por la espada y nos larguemos de aquí.

De inmediato, comenzaron a caminar hacia el centro del templo donde se encontraba esa luz; las estatuas seguían sin moverse a pesar de la extraña sensación que despedían a cada paso que daban. Finalmente, Ichigo se posicionó frente a un pedestal en el que flotando y rodeada por una luz azul se encontraba la espada de agua.

—¿Qué esperas hijo mío? ¡Tómala! —Urgió Ukitake.

—Creo que esto es muy sospechoso, ¿no les parece extraño que nadie nos haya dado la bienvenida?

—Con más razón. ¡Tómala ya Boy! Estas estatuas son horribles y dan miedo. —Reconoció Kanonji agitando su mano frente a la cara de una estatua femenina y haciéndole caras raras.

No muy convencido, Ichigo estiró la mano para tomar la dichosa espada, pero en ese instante las estatuas abandonaron su eterna posición cerrando filas al juntar sus espadas. Todos los presentes se sorprendieron por la inesperada reacción de las figuras de hielo que no perdieron el tiempo y comenzaron a atacarlos.

Uno de los hombres de hielo más próximos a la espada lanzó un ataque hacia el pelinaranja usando su propia arma; con mucha habilidad, Ichigo logró bloquearlo antes de que pudiera alcanzar a Orihime, quien estaba atrás de su espalda. Al ver que las otras estatuas cobraban vida, la suprema decidió cubrir la retaguardia de Ichigo, iniciando una pelea con las otras estatuas.

Por su parte Kanonji y el padre Ukitake, quienes se habían quedado una fila más atrás también tenían problemas con los atacantes helados.

—¿Qué está esperando señor Kanonji? ¡Haga algo! —Gritó desesperado Ukitake abrazando con fuerza la espada al ver que los acorralaban.

—Tranquilízate old man, déjamelo a mí. —En un segundo, Kanonji calculó que las estatuas no eran peligrosas, pues al ser de hielo se romperían pronto. Utilizando esta lógica, preparó su bastón para atacar muy seguro de sí mismo.

All right! Destructive pose 6! —De la punta de su bastón salía una brillante luz azul proveniente de una bola de energía, que salió disparada hacia una fila de estatuas que de inmediato se rompieron en mil pedazos, dejando pequeños charcos en su lugar.

—¡Excelente! ¡Bien hecho señor Kanonji!

Antes de que el espiritista pudiera comenzar a decir sus acostumbradas y presuntuosas frases, los charcos que dejaron las estatuas comenzaron a vibrar llamando la atención del padre y de Kanonji. Un segundo después, la cabeza de una de las figuras comenzó a emerger de uno de ellos seguida de su cuerpo como si nada hubiera ocurrido. El mismo fenómeno se repitió en los demás charcos, pero al parecer el número de estatuas se había incrementado.

—¡Ahhhhh! —Gritó Kanonji escondiéndose detrás de Ukitake. —¡Boy ¡E-el a-agua!... La-las esta…esta…estatuas… ¡¿Qué rayos está pasando?!

Ichigo, quien ya había partido varias estatuas junto a Orihime, vio como los otros eran rodeados por un gran número de figuras sin entender lo que estaba pasando.

—¡Ichigo, mira! —Igualmente sorprendida, Orihime tiró de lo que quedaba de la camisa del pelinaranja para que viera como del agua en el piso salían nuevas estatuas.

—¿Qué significa esto? ¡¿Qué diablos está sucediendo aquí?! —Gritó frustrado cortando una nueva figura por la mitad, salpicando agua por todas partes.

Igual que Ichigo, Orihime comenzó a destruir estatuas aun sabiendo que regresarían y se duplicarían. Haciendo gala de su habilidad para luchar, la suprema hacía desaparecer las figuras tan solo con la fuerza de sus patadas y puños; sin embargo, en un ínfimo momento de distracción la chica dejó una abertura en su defensa, cosa aprovechada por sus oponentes para atacar. Por más que quiso, Orihime no pudo hacer nada para esquivar el arma que iba directo a su costado izquierdo, cosa que nunca sucedió pues frente a ella volaron los trocitos de cristal del arma gracias a que Ichigo llegó a tiempo para impedir que algo le sucediera. Después de deshacerse del tipo volteó a ver a Orihime con frustración al tiempo que una idea cruzaba la mente de la joven.

—Oye Ichigo creo que ya sé…

—¡Demonios Orihime! ¿Por qué no te quedas detrás de mí? —Dijo él tomándola bruscamente del brazo.

—¿Qué dices?

—¡Estamos en medio de una batalla! ¡Podrías salir herida!

—Pero yo pelear con tú. —Dijo sorprendida al escuchar el razonamiento de Ichigo.

—¿Pelear? ¡Olvídalo! Si algo llegara a pasarte no podría soportarlo. —Sin duda las palabras del Mayor y la sinceridad de sus ojos habían conmovido a la suprema, pero sabía perfectamente que tenía una misión que cumplir.

—Pero Ichigo, yo una idea para conseguir la espada…

—Espérame en la entrada, ya veré como consigo la espada—Continuó el pelinaranja ignorándola, haciendo que se sintiera molesta.

—Pero creo que sé cómo…—Intentó continuar ella.

—Por favor preciosa, esos tipos no tardarán en reaparecer y tengo que pensar en cómo obtener…

—¡Yo sé cómo! —Gritó desesperada tomando entre sus manos la cara de Ichigo y obligándolo a mirarla. —Escúchame por favor.

Ichigo suspiró derrotado dándole la palabra a la joven:

—Es simple. Debemos crear distracción. —Dijo muy satisfecha de su plan.

—¿Cómo dices?

—Sí. Yo haré creer que tomaré la espada, así me atacarán y tú podrás tomarla.

—¿Estás diciendo que vas a ser la carnada y que pelearas con todos esos fenómenos helados tú sola? ¡Olvídalo! Es muy peligroso. —La chica, que aún sostenía la cara de Ichigo lo miró con seriedad directo a los ojos y le dijo:

—¿No confías en yo?

—No es eso… Es sólo que… Si algo llegara a sucederte me volvería loco. —Admitió sinceramente el joven.

—Yo ser supremo, ¿recuerdas? —Respondió ella con una enorme y radiante sonrisa.

—Creo que es hora de pelear. —Dijo finalmente Ichigo besando tiernamente la frente de Orihime, viendo cómo las figuras volvían a aparecer.

De inmediato, el Mayor se alejó de ella intentando pasar desapercibido para sus oponentes; por su parte, la suprema se lanzó por la espada y tal como predijo todos sus enemigos trataron de detenerla olvidando por completo a Ichigo.

Aprovechándose de esto y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no ir a ayudar a Orihime, Ichigo logró llegar al pedestal en el que estaba la brillante espada. Después de todo lo que el pelinaranja había visto en su vida era difícil que algo lo sorprendiera, pero la espada se veía realmente hermosa suspendida en el cilindro acuático. El único obstáculo entre él y su misión era esa pared de agua; muy despacio estiró su brazo para traspasar la líquida protección, pero en el instante en que las puntas de sus dedos hicieron contacto con el agua, la pared se convirtió en hielo sólido congelando incluso su brazo.

—¡¿Pero qué demonios?! —El Mayor intentó zafar su brazo pero fue inútil.

—La espada no abandonará el templo. —Afirmó una voz autoritaria y seria. En ese instante la prisión helada se rompió liberando el brazo de Ichigo y la espada, que con un rápido movimiento fue alejada de la vista del pelinaranja.

—Y yo que pensé que en este templo sería más fácil… En fin. Mira guardián, yo no quiero ni tengo tiempo para pelear así que, ¿por qué no me entregas la espada y todos felices? —Pidió con fastidio.

En ese momento un chico que parecía tener no más de 14 años, de estatura baja, cabello corto y blanco con una mirada severa se detuvo frente a Ichigo, quien se sorprendió un poco de verlo y le dijo:

—¿Qué haces aquí niño? Este no es lugar para jugar, será mejor que te alejes; pero antes dime, ¿dónde está el guardián? —Preguntó buscando con la mirada por todo el lugar. Al oír esto, una vena comenzó a hacerse notar en la cara del joven, respondiendo con enojo.

—Yo soy el guardián del templo del agua. ¿Algún problema?

—¿¡Tú?! No juegues, no tengo tiempo para eso. — La cara de Ichigo no reflejaba otra cosa que incredulidad ante las palabras del joven guardián. Sin embargo, al ponerle atención notó que su vestimenta era igual a la del guardián de viento y sobre todo que la espada del agua estaba colgada a su espalda.

—Así que es verdad…

—Yo soy el Capitán Hitsugaya To…

—Mira, no tengo tiempo para presentaciones ni nada enano. ¿Por qué no me das la espada y todos felices?

—¿¡Qué dijiste?! —Al escuchar la palabra "enano" el Capitán Hitsugaya dejó de escuchar a esa molestia naranja y sin pensarlo desenfundó su arma.

—Oye tranquilo, era broma. Pero en serio necesitamos esa espada. Mira, ya tenemos la de aire y esa chica de allá, la del cabello naranja, es el ser supremo. —Ichigo intentó convencerlo por la buena, quizá ese chico fuera más flexible que el implacable Kuchiki, pero eso no sucedió.

—Eso no me interesa. Esta espada es mi responsabilidad y a menos que me derrotes, no sale del templo, ¿entendido? —El Mayor no podía creerlo, ¿acaso les daban un guion a todos los guardianes? Porque eso era exactamente lo que Byakuya le había dicho.

—Pues si así va a ser…—De inmediato, Ichigo utilizó su espada para atacar al peliblanco quien hábilmente detuvo el ataque con su propia espada.

A pesar de su tamaño y apariencia, el Capitán Hitsugaya era más fuerte y hábil de lo que Ichigo esperaba, así que cada vez que él intentaba atacarlo el guardián lo detenía y contraatacaba, por lo que el pelinaranja no podía descuidarse ni un momento. Por otro lado las estatuas seguían causándole problemas a Orihime, Ukitake y Kanonji.

Hitsugaya por su parte no pensaba perder; no sólo porque fuera su deber proteger la espada, sino porque ese tipo lo había llamado enano y su actitud y presencia eran más que molestas. Así, decidió intensificar la fuerza de sus ataques lanzando un grupo de dragones de hielo como distracción mientras atacaba con su espada a Ichigo. El Mayor se deshizo de un solo corte de los tres dragones, pero no fue suficiente para detener a Hitsugaya por lo que tuvo que concentrarse para lograr un ataque similar al que había utilizado en el templo del aire, haciendo que el Capitán retrocediera para alejarse del impacto.

Una densa nube blanca como si fuera nieve se levantó haciendo difícil la visibilidad, por lo que Ichigo se aprovechó para tomar aire pero en ningún momento bajando la guardia. Unos segundos después, una especie de esfera helada apareció frente a él y al abrirse reveló a Hitsugaya con una expresión más enojada y con unas alas de hielo en la espalda, como si fuera un dragón.

—Así que esa es el arma sagrada. Ya veo por qué Kuchiki te entregó su espada. Espero que esto dure lo suficiente. —Dijo más para sí mismo que para Ichigo. Como si la prisa lo invadiera ahora a él, se lanzó al ataque agitando sus congeladas alas.

Ichigo notó el cambio en la fuerza del pequeño capitán, por lo que tuvo que incrementar también el poder de sus ataques. Durante varios minutos los dos hombres estuvieron chocando espadas, esquivando ataques y liberando energía; para Ichigo se estaba convirtiendo en un fastidio y para el Capitán Hitsugaya era un problema pues su máximo poder tenía límite, representado en unas enormes flores de hielo que se iban extinguiendo indicando que su tiempo se terminaba.

Mientras Ichigo se recuperaba del último golpe, Hitsugaya aprovechó para usar su máximo ataque; con ambas manos firmemente colocadas en la empuñadura de su espada, concentró toda su energía ahí, haciendo que la temperatura descendiera aún más. De inmediato, el Mayor notó el cambio en la temperatura y en la energía; anticipándose a lo que vendría, dio un rápido vistazo al lugar donde Orihime se deshacía de los últimos muñecos de hielo, asegurándose que ella estaba bien. Sin embargo, esa pequeña distracción fue aprovechada por Hitsugaya quien usando todo su poder creó una especie de prisión helada alrededor de Ichigo.

Antes de que el pelinaranja pudiera hacer algo, la temperatura al interior de la prisión se hizo aún más baja dificultando su movimiento sin contar que el espacio se iba reduciendo.

—Lo siento Humano, pero la espada permanecerá en el templo. —Dijo seriamente el Capitán Hitsugaya.

—¿No lo entiendes niño? —Gritó desesperado. —¡La Tierra necesita esas espadas! ¿¡No se supone que su misión es proteger nuestro planeta y a Orihime?!

—Nuestra misión es proteger las espadas y su templo, y eso es lo que estoy haciendo. Lo demás no es mi problema.

—¡Maldito…!—Antes de que Ichigo pudiera hacer otra cosa, la prisión terminó de estrecharse atrapándolo en su interior junto con toda la energía del capitán.

De un momento a otro, Hitsugaya se lanzó contra las paredes de hielo para golpearlas con su espada. El mayor podía sentir el cambio en la presión y el poder que emanaba de su oponente; incapaz de defenderse, buscó una forma de liberarse pero fue inútil.

A unos cuántos metros de golpear a Ichigo, el crujido como de hielo rompiéndose inundó el lugar alertando a Kurosaki y sorprendiendo a Hitsugaya; él sabía que el tiempo se le terminaba, pero eso fue más rápido de lo que esperaba. A pesar de esto continuó con el ataque ignorando que la fuerza en la prisión de Ichigo había disminuido, permitiéndole moverse otra vez.

Segundos después, una enorme explosión producto del choque entre espadas se hizo presente alertando a Orihime de que Ichigo podría estar en problemas. En un abrir y cerrar de ojos, la suprema llegó al lugar de los hechos buscando al joven entre la nieve y los escombros.

—¡Ichigo, Ichigo! ¡Contéstame! —Gritó desesperada. Después de unos segundos, algunas rocas comenzaron a moverse en el extremo derecho del templo. Sin pensarlo dos veces, Orihime corrió al lugar para ayudar a Ichigo a salir de entre los restos.

—¡Ichigo! Yo feliz. —Dijo la joven casi en un susurro lanzándose a los brazos de Ichigo, ignorando sus heridas y causándole un poco de dolor.

—Ori-Orihime, qué bueno que estás bien. —Respondió devolviéndole el abrazo pasando sus brazos alrededor de su cintura. —¿No te hicieron daño esos fenómenos?

—No. Lamento mucho que por mi culpa estés herido. —Se disculpó de repente la chica bajando la mirada.

—¿Qué dices? Esto no es tu culpa; es sólo mía por bajar la guardia.

—¡No es verdad! Yo soy quien debería pelear por las espadas, así tú no saldrías lastimado de esta manera.

—Escúchame bien. —Dijo Ichigo tomándola tiernamente del mentón. —Yo daría mi vida para que tú estés bien. —Definitivamente Orihime no esperaba escuchar esas palabras y los acelerados latidos de su corazón eran prueba de ello. Sin pensarlo, se fue acercando poco a poco al pelinaranja deseosa de besarlo; cuando estaban a milímetros de distancia una autoritaria voz los interrumpió.

—Pensé que tenías mucha prisa por salvar la Tierra humano. —Dijo Hitsugaya con tono reprobatorio mirando hacia otro lado. Ichigo le dirigió una mirada llena de odio pero antes de que pudiera responderle, una voz ansiosa lo hizo primero.

—¡Por supuesto que tenemos prisa señor guardián! Es sólo que estos niños a veces tienen problemas para ordenar sus prioridades.

—¿Qué dice padre? —La paciencia de Ichigo se estaba agotando y el padre Ukitake no era de mucha ayuda.

—¡Basta! Sus problemas humanos no son de mi incumbencia y mucho menos me importan. Toma, esto es tuyo. —Sin más preámbulo, el capitán le entregó la hermosa espada a Orihime, quien la tomó un tanto confundida por la actitud del peliblanco.

—Cuídate mucho, ¿sí? —Dijo el capitán un tanto avergonzado mirando a todas partes menos a los ojos grises de la suprema.

—Muchas gracias. —Respondió finalmente Orihime con una radiante sonrisa, sonrojando aún más a Hitsugaya.

Con cuidado, la chica se levantó para ir a buscar la espada de aire que habían ocultado para que no resultara dañada durante la pelea.

—Disculpe señor guardián, pero creo que no sé su nombre. —Habló Ukitake un tanto apenado.

—Soy Hitsugaya Toshiro, guardián del templo del agua.

—Es un placer conocerlo Hitsugaya-sama. Mi nombre es Ukitake Juushiro y soy el guardián del templo que está en la Tierra y de la suprema. —La emoción del padre era visible mientras se presentaba. De pronto, como si hubiera tenido una gran revelación, su cara se iluminó mientras decía:

—Un momento… no me diga que… no me diga que… ¿¡A usted también le dicen Shiro-chan verdad!?

—¿Qué? —Respondió totalmente incrédulo.

—¡Claro! Desde que lo vi sentí algo familiar en usted, seguro es porque ambos somos Shiro-chan ¡Por nuestro cabello blanco! —La cara y la voz del hombre mostraban gran entusiasmo ante su maravilloso descubrimiento.

—Yo no sé de qué me habla…—Intentó decir Hitsugaya bastante irritado por el comportamiento de Ukitake. Sin embargo, algo peor para él estaba a punto de ocurrir.

—Tome. Lamento mucho la presentación pero en un viaje tan largo como este no había remedio. —Con una enorme sonrisa paternal, el padre le entregó una bolsita transparente llena de caramelos.

—¿Qué rayos es esto? ¡¿Por qué demonios cree que yo querría dulces?!

—No sea modesto capitán. ¡A todos los niños les gustan los dulces!

—¡Yo no soy un niño! —Al fin, todos esos humanos habían logrado que perdiera la paciencia.

—¿Ves enano? Hay cosas que no se pueden ocultar. —Dijo Ichigo con toda la intención de molestarlo aún más.

—¡Cierra la boca maldito! —Gritó Hitsugaya a punto de lanzarse contra el pelinaranja.

—¡Stop, stop! —Gritó Kanonji entrando a la conversación. —Basta, después de todo este Little boy formará parte de nuestro maravilloso equipo caza bad spirits, ¿no es genial? —Dijo emocionado el espiritista.

—¿¡Qué dices?! —Exclamaron al mismo tiempo Ichigo y Hitsugaya.

—¡Por supuesto! Imaginen el prestigio y la fama que tendríamos: "El primer espiritista del siglo y sus fieles discípulos: el apuesto y rudo Karakura orange y el joven y misterioso Karakura White al rescate" —Mientras decía esto, Kanonji pasó un brazo por los hombros de Ichigo y el otro por los de Toshiro quien recibió con total desagrado la descabellada idea del hombre.

—¡Olvídalo viejo loco! Eso jamás pasará. Lamento eso enano. —Antes de que Hitsugaya reclamara, Ichigo continuó. —Pero como bien dijiste tenemos prisa así que ya nos vamos. ¿Ya tienen las espadas padre?

—No. Orihime fue por ellas, ¿las tienes ya pequeña? —Fue hasta ese momento que todos los presentes notaron que faltaban dos cosas muy importantes: Orihime y las espadas.

—¿Orihime, dónde estás? No es gracioso, necesitamos las espadas. —A pesar de que Ichigo pensaba que la chica estaba bromeando, la preocupación apareció en su cabeza. En un último intento de hacer salir a la chica dijo: —Vamos es hora de irnos, sabes que se nos termina el tiempo.

—Tiene razón Mayor Kurosaki, el tiempo se termina. Es por eso que no podemos desperdiciarlo tan fácilmente. —Una voz masculina respondió en lugar de Orihime. Poco a poco un hombre alto y vestido elegantemente salió detrás de uno de los pilares del templo; el primero en verle la cara y reconocerlo fue Ukitake, quien sorprendido y un poco asustado exclamó:

—¡Señor Kugo! ¿Qué hace usted aquí? ¿Cómo encontró este lugar?

—Padre Ukitake, es un gusto volver a encontrarlo. Aunque debo decir que me sorprendió que siendo usted un hombre de fe me haya mentido, ¿no que no sabía dónde estaban las espadas? —Dijo Ginjo fingiendo decepción y usando un tono de reproche hacia el padre. Sin dejarlos responder continuó:

—Pero no importa. La mitad de las espadas ya están donde deben estar. —Con una enorme sonrisa, Kugo pasó delicadamente la yema de sus dedos por el filo de la espada de aire mientras la de agua se mantenía en su funda.

—¿¡Así que tú eres el que nos ha estado causando problemas desde el hotel!? —Preguntó Ichigo con la ira subiendo a su cara.

—Oh no, para nada Mayor. Esos fueron los hollows, yo no tengo nada que ver con esas criaturas desagradables. Yo soy… un coleccionista de arte—Esta vez, Ginjo ni si quiera se esforzó por hacer creíble su mentira.

—Pues no me interesa quien seas. ¡Devuélveme las espadas! ¿No lo entiendes? ¡La Tierra está en peligro!

—¡Exacto! Cada segundo que pasa bajo el gobierno de gente incompetente, la Tierra se acerca más a su fin. Yo sólo quiero el poder de convertirme en el líder perfecto de la Tierra y de la humanidad… para salvarla por supuesto.

—¡No digas estupideces! ¡Entréganos las espadas ya!

—¿Cómo encontraste este lugar? —Dijo Hitsugaya empuñando su espada de forma desafiante.

—¿Así que esto es un shinigami? Yo los imaginaba más… imponentes. En fin, verás Shinigami el crédito de mi presencia se los debo a estos valientes hombres y a su nave. Sin ellos no estaría aquí.

—¿Qué significa esto? —Preguntó Hitsugaya furioso mirando a Ichigo y compañía.

—Se lo aseguro señor, ¡nosotros no sabíamos nada! —El horror se reflejaba en cada palabra de Ukitake.

—¡Ahh! ¡Si ustedes no hubieran venido aquí nada de esto estaría pasando! ¡Tú sabes perfectamente bien lo que ocurrirá si las espadas caen en manos del mal! —Gritó furioso el capitán dirigiéndose al padre.

—Tranquilo Capitán. Yo no he venido a hacer mal uso de las espadas… Bueno, no mucho. Pero el punto es que he venido a ofrecerles un trato.

—¿Y qué te hace pensar que haremos un trato contigo? —Observó Hitsugaya intentando recuperar el control de la situación.

—No es nada difícil. Yo me llevo estas espadas a la Tierra mientras ustedes consiguen las otras dos y las llevan a Egipto; a cambio de eso yo les daré algo. ¿Qué les parece? ¿Fácil no?

—¡Olvídalo! Yo no estoy para tus juegos y no necesito nada de ti. —Dicho esto, Ichigo se lanzó contra Ginjo para recuperar las espadas. Unos metros antes de alcanzarlo, el Mayor se detuvo en seco bajando por completo su arma.

Junto a Ginjo, la figura de Tsukishima apareció con una leve sonrisa maliciosa. Lo que detuvo por completo a Ichigo fue que Orihime se encontraba en sus brazos con el filo de una delgadísima espada en su cuello listo para cortarlo. Los ojos de la chica no reflejaban otra cosa que terror y dolor entre las lágrimas que escapaban de ellos y ya que no podía hablar debido a que Tsukishima usaba su mano para cubrirle la boca la escena era aún más desgarradora para Ichigo.

—No te atrevas a dañarla maldito bastardo. —Amenazó Ichigo apretando los dientes. Al ver los ojos de Orihime llenos de dolor, el instinto asesino del Mayor se despertó, aunque sabía que en esa condición no podría hacer nada.

—¿Está claro lo que debes hacer Mayor Kurosaki? Si quieres recuperar a esta linda muñeca tráeme las espadas restantes al templo de la Tierra. Y no tardes mucho ¿sí? La paciencia no es una de mis virtudes y no creo que esta bella señorita quiera verme enojado de nuevo. ¿No es así linda? —Ginjo pasó la yema de sus dedos por la mejilla de Orihime, quién le dirigió una mirada llena de odio, recordando lo que había pasado en el hotel.

—¡Si te atreves a tocarle un solo cabello estás muerto! —Ichigo estaba empezando a perder el control y la frustración lo invadía al no poder hacer nada para detenerlo.

—Vámonos Tsukishima. Caballeros, espero verlos muy pronto. El tiempo se nos acaba así que no se tarden. —Ginjo les dirigió una última mirada maliciosa antes de abordar la nave que los esperaba afuera del templo.

La espada que amenazaba el cuello de Orihime había desaparecido, pero Tsukishima todavía la mantenía firmemente sujeta con su brazo alrededor de la cintura de la chica, aprisionando también sus brazos y con la otra mano cubriendo su boca. En un leve descuido, la chica logró liberar su rostro y una de sus manos.

—¡Ichigo! ¡No me dejes! —Gritó con todas sus fuerzas con la voz surcada de dolor y estirando su mano como para alcanzarlo. El pelinaranja corrió para tratar de alcanzarla, estirando también su mano.

—¡Orihime! ¡No te dejaré! —Gritó en el instante en que sus dedos lograron hacer contacto con los de la chica; Cuando creía que ya la tenía, Tsukishima recuperó el control jalándola bruscamente al interior de la nave al tiempo que la puerta de la misma se cerraba.

—¡Yo te salvaré, te lo prometo! —Ichigo sintió como el dolor y la furia lo invadían al ver los ojos llenos de terror de Orihime a través de la ventana de la nave. En ese momento dejó de pensar en la Tierra, las espadas, los templos y todas esas estupideces. Lo único que valía la pena salvar y proteger, lo más importante en su vida le acababa de ser arrebatado y debía recuperarlo.

—¡Orihimeeee! —Gritó viendo como la nave desaparecía, dejándose caer al suelo lleno de impotencia. ¿Lograría salvarla a tiempo?

XoXoXoXoXo

¿Qué les pareció? En verdad espero que les haya gustado, sobre todo la elección del guardián. Ya que no recuerdo haber visto una zanpakuto de agua en la SS, creo que Hitsugaya es lo que más se le aproxima con el hielo ;) Sobre los capítulos, creo que el próximo será el último extra jeje y ya volveremos a la línea original de la película, ¡con la parte IchiHime más emocionante! Por favor, no duden en dejar sus comentarios, dudas, quejas o sugerencias, ¡es lo que me permite mejorar y me motiva a seguir!

Les agradezco haber leído y trataré de no tardarme tanto. La próxima historia que actualizaré será Quisiera Olvidarte ;)

¡Please dejen Review! Besos.