Perdón por la demora, no me maten, no tengo escusa, la verdad.

Acá verán algunas pistas que les dejare para lo que se viene más adelante.

Solo decirles: disfruten del capítulo, espero les guste besotes.

El ataque

Un mes, un maldito mes de búsqueda y ni rastros, los reinos vecinos no sabían del paradero de su mujer, la rabia que tenía era vista a kilómetros. Nadie se atrevía a decir nada, pero el silencio era aún más mortífero que él mismo señor.

-Ichigo volvamos-pidió su mejor amigo, nadie más que el peli rojo entendía la situación, pero dejar tanto tiempo el reino solo era una verdadera locura.

-Cuando vea a esa hechicera-dejo el resto en el aire, todos ahí presentes sabía el destino de la mujer-recojan todo volvemos al reino-aviso mientras tomaba a su poderoso corcel negro y acomodaba sus cosas.

-Tranquilo ella estarán allá cuando volvamos-intento animar el peli rojo.

-De ser así me habrían avisado-menciono más molesto.

El camino de regreso fue peor que cuando se fueron, al llegar al palacio todos se retiraban del camino de el gran señor, la mirada acecina que se cargaba daba miedo, una vez en el palacio todos miraban con cierta ansiedad al peli naranjo, llamando la atención de los hombres.

-Bienvenidos-anuncio la hechicera sonriéndoles, logrando la sorpresa de todos.

-¿Cómo es que tú?-pregunto aún en trance, pero eso no importaba luego arreglaría cuantas con esa mujer, miro a todos lados y no vio lo que buscaba, cerró los ojos y trato de concentrarse, busco por todo el castillo hasta que lo encontró, ese inconfundible reatsu, sin decir nada desapareció de la vista de todos.

La encontró en el jardín prohibido, miro con asombro el nuevo jardín que se mostraba ante él, lleno de vida y orgulloso de volver del olvido, como si un golpe se tratara se acercó a una de las columnas para apreciar el trabajo de su mujer.

La antigua fuente estaba llena de agua pura y cristalina, sin ese moho maloliente, hasta varios peces ko ya habitaban el lugar nadando de forma elegante, los árboles, antiguamente secos rebosaban de vida, llenos de un verde puro y flores de colores, hasta los pájaros se atrevían a cantar frente a él sin temor alguno.

Un hermoso camino de piedra lo guiaba a un banco de material (cemento o como quieran llamarlo), donde se encontraba su mujer descansando en la cálida sombra de un árbol de sakura, ella portaba un suave y sedoso kimono azul eléctrico, con flores en bordo, un suave obi adornaba su cintura, de color negro. Su adorado pelo naranjo, estaba armado en una media cola, la cual era a sujetada con unos palillos de plata, en forma de torniquete hasta la punta donde era más gruesa y descansaba un pez ko, en miniatura, de esta punta un fina cadena, larga hasta los seis centímetros, la cual tenía en la punta un zafiro y nuevamente unas pequeñas cadenas dando el fin del accesorio, parte del largo pelo descansaba en su suave y esponjoso pecho.

La encontró leyendo un pergamino, estaba tan concentrada que no noto la presencia de su esposo, el cual embelesado por la imagen, no se atrevió a interrumpir gran espectáculo, el cual sabía que había quedado en su memoria.

Despacio y sin mucho apuro se fue acercando, con temor de que la imagen se esfumase, al estar a dos pasos de ella, se detuvo.

Estaba tan encerrada en su mundo que no noto la presencia, cuando lo hizo ya estaba a su lado.

-¿Tú, cuando…?- miro asustada a todos lados, inconscientemente se paró y se alejó unos pasos de él.

-Acabo de llegar-respondió examinadora mejor-¿Dónde estuviste?-pregunto enojado.

-Aquí-respondió retrocediendo, cada paso que él daba ella retrocedía.

-Mientes-le respondió acercándose un paso más-estuve aquí dos días y no estabas por ningún lado-comunico.

-Yo estuve aquí todo el tiempo-se defendió, de pronto sintió algo frío en su espalda al mirar noto que era la pared, aterrada noto como él ya estaba a su lado, colocando ambas manos a cada lado de su cabeza.

-Esa maldita-susurro sabiendo que pasaba-mírame mujer-ordeno molesto al ver que ella huía de su mirada.

-N-no-susurro tratando de sacárselo de encima, pero él era más fuerte.

-¿Por qué me huyes?-pregunto molesto, y como si de un rayo se tratase, la noche en donde la tomo a la fuerza vino a su mente-aún no superas eso-menciono sin decir más.

-Aléjate-ordeno con la voz quebrada-por favor-susurro.

-¿Cómo pretendes darme herederos si me mantengo lejos de ti?-pregunto con el ceño fruncido.

-No habrá-aclaro-yo me iré antes de que eso pase-menciono viéndolo a los ojos, los cuales les transmitió una seguridad que él no esperaba.

-Aún sigues con lo mismo-menciono más para él que para ella-deja tú terquedad mujer-pidió mientras se acercaba, pero un empujón lo alejo de ella.

-No te me acerques-advirtió molesta, noto que con ayuda del pergamino, el cual aún tenía en sus delicadas manos, cubría el pequeño y discreto escote, el cual él noto.

-¿Qué demonios?-pregunto para luego arrancarle el pergamino y ver la parte delantera del kimono y ver el escote, no era muy escotado, como el de Senna, pero para ser un pequeño escote en el cuerpo de ella era muy notorio-con un demonio mujer cúbrete-ordeno molesto colocándole su capa-eras una mujer casada-le recrimino atando la capa.

-P-puedo hacerlo sola-exclamo sonrojada.

-Lo sé pero quiero asegurarme de que no se suelte y mis hombres vean a mi mujer-de solo pensarlo frunció el ceño-¿en qué demonios estabas pensando?, eres una mujer casada-le recordó alejándose de ella.

-No tiene nada de malo-se defendió sonrojada.

-¿Qué no tiene nada de malo?- le pregunto girándose para encararla-mujer andas mostrando tus atributos, que solo tú esposo, o sea yo, puede ver-hablo fuerte, dejando ver las venas de su cuello tensarse y comenzar a quedar rojo-¡estás dando a entender que estas disponible para tener amantes!-grito totalmente con la cara roja.

-Yo no soy de esa clase de mujer- se defendió molesta por la acusación.

-Si me entero de un amante, lo mato-advirtió, mientras la agarraba de las manos y la pegaba a su pecho-a él lo mato delante de ti y de la peor forma y a ti-respiro hondo antes de seguir-lo que paso la otra noche será como el pan de cada día-amenazo mirándola muy fijamente-y te juro que tendré un hijo detrás del otro y aun así no dejare de tomarte-advirtió, con sus ojos chocolates siguieron cada movimiento de los plata, los cuales comenzaron a aguarse.

-Eres un monstruo-susurro dolida.

-Seré peor que eso si me entero de una infidelidad tuya-advirtió enojado.

-¡No soy como tú!-le grito separándose de él de un movimiento brusco, tomo la capa y se cubrió de él-se dé tú infidelidad con Senna-menciono dolida, de cierta manera era entendible, en su época, su Kurosaki-kun estaba con Kuchiki-san, y en esta, si bien se casaron él le engañaba con Senna.

-Soy hombre-se defendió como si fuese lo más normal del mundo.

-Y yo mujer y no por eso te engaño-respondió limpiándose las lágrimas

.Tú no me cumples como mujer, te tome y me echaste de mis aposentos-le recrimino.

-¡Me violaste!-grito dolida.

-Tome a mi mujer-se defendió, molesto por ver esos hermosos ojos color plata llenarse de lágrimas-joder, quería estar contigo y tú te negaste-menciono un poco más calmo.

-No quiero que me vuelvas a tocar, sin mi permiso-pidio dolida, ante tal confesión.

-No me pidas eso-menciono viéndola de forma penetrante.

-Si me vuelves a tocar sin mi permiso-respiro hondo, se abrazó a ella misma ya que sentía que todo el cuerpo le iba a fallar-desapareceré y esta vez para siempre-advirtió.

-Recuerda que dormimos en la misma cama, se tendrá que dar-advirtió acercándose nuevamente a ella.

-Ya no-comunico seria y dando un paso atrás-dormiremos en camas separadas, de hecho la vez que te fuiste y me tomaste contra mi voluntad, no volví a ese cuarto-informo dolida.

-No puedes hacer eso sin mi permiso-gritó molesto.

-Ya lo hice-respondió en igual tono-no me tocaras, no compartiremos la cama y ¡no me usaras jamás!-grito fuera de sí.

-Escúchame mujer tú…

-¿Interrumpo?-pregunto la hechicera cerca de ellos.

-Maldita mujer-rugió volteándose para encararla-tú eres la principal culpable de todo esto-acuso furioso.

-Mi señor ¿Por qué me acusa?-pregunto con falso pesar- yo en ningún momento le dije que tomara a su esposa contra su voluntad, ni que tuviera una aventura con la servidumbre-escupió con veneno.

-Tú le lavaste el cerebro-acuso enojado.

-Ella tiene mente propia-respondió seria.

-Aléjate de mi mujer-amenazo.

-Ella no es de usted, ni de nadie-encaro, dando un paso a él, demostrando que no le temía, ya no, su deber era proteger a esa mujer y lo haría.

-Hana-chan-llamo con voz suave la peli naranjo -retirémonos- pidió pasando por su esposo sin mirarlo, siguió caminando sin mirar atrás, siendo seguida por su fiel compañera.

-Esto no quedara así-susurro al viento.

Camino con tal enfado que las personas se fundían con la pared con tal de evitar un roce con el señor del palacio. Al entrar en su cuarto noto con desagrado que las pocas cosas de su mujer ya no estaban, si bien el cuarto se mantenía limpio y ordenado, toda cosa o pertenencia de su adorada esposa no se encontraba. Molesto salió del cuarto buscando los aposentos de su mujer.

-Mi señor me alegra tanto verlo-susurro de una manera provocadora la peli negra.

-Senna no estoy de humor quítate-ordeno, la mujer no dudo ni un segundo en separarse de su lado y dejarlo seguir.

Se podía sentir el fuerte reatsu del peli naranjo, y por supuesto no iba a molestarlo, lo conocía y sabía los riesgos.

Cada empleado trataba por todos los medios no cruzarse con él, cosa que no sirvió de mucho, una pobre muchacha tuvo la mala suerte de no verlo y chocar con él, tirando en el proceso las sabanas sucias al suelo.

-D-disculpe mi señor-se arrodillo al piso pegando la frente al suelo rogando en su interior que el joven no la matara.

-¿De quién es este aposento?-pregunto curiosos.

-D-e la s-señora-susurro con voz temblorosa.

-Retírate-ordeno-espera, que mi mujer no sepa, que se dónde duerme-ordeno.

-S-si señor-respondió, ya que sabía lo que le esperaba si no guardaba silencio.

Un poco más tranquilo se retiró a su adorado estudio y se encerró, el golpe de la puerta fue tan fuerte, que varias personas lo escucharon.

Los días pasaron y la situación no cambio, la peli naranja se dedicaba a los jardines y los deberes del palacio, mientras su esposo prácticamente vivía en el estudio, saliendo solo para recorrer sus tierras, ver a su gente y volver al estudio, prácticamente dormía ahí. Era tal la situación que varios sirvientes comenzaban a murmurar.

Orihime creía que la situación estaba bien, pero la tensión que había entre su esposo y ella, era tan palpable que las personas presentes al encuentro, casual de esos dos, eran paralizados por el terror a lo que pasaría.

Él peli naranjo ya no busco a su esposa para tener intimidad, ni tampoco a otra mujer, el susto de la hechicera fue tal, que le dejo un mal sabor en la boca, ni con todo el sake que ha tomado se le ha quitado. Se encontraba en el estudio como siempre hasta que una elevación de reatsu llamo su atención, dejo la pluma a un lado y levanto la cabeza. Cerro los ojos tratando de encontrar la fuente, una vez que lo hizo su piel se erizo, esa criatura estaba cerca de su esposa. A toda prisa se dirigió al lugar donde se encontraba, rogando por el bien de ella.

Orihime no soportaba más la tensión en el palacio, los murmullos que escuchaba cuando pasaba eran evidentes, el hecho de dormir en cuarto separados, siendo recién casada dejaba muchas dudas, el palacio se dividía en tres opiniones, algunos creían que él señor de ese lugar ya se había aburrido de su esposa, otros que ella no soportaba sus infidelidades, aunque fue sola una, y la última, la que la mayoría apostaba. Por fin habría heredero.

No sabía cuál de todas era la más herrada, la última era segura, su periodo había hecho presencia cuando menos se lo espero, y las otras tenían mejor base.

Molesta con el barbullo, las miradas de lastima y vergüenza decidió ir a la estatua, su origen, como le había puesto, se arrodillo y comenzó a quitar la maleza que amenazaba con cubrir la hermosa estatua. Su cabeza era un lío, emociones encontradas, enredos por los antepasados de las personas de su época confundiéndola, misma cara pero distinta personalidad, sin saber en qué momento su cabeza se apoyó en los pies de la hermosa diosa suspiro cansada, de golpe sintió un ruido, al voltearse no vio a nadie. Cerró los ojos y nuevamente el ruido hizo acto de presencia, algo, asustada se paró.

Miro a todos lados y no encontró a nadie retrocedió hasta que su espalda golpeo con la estatua, dejá vú, sentía movimientos cada vez más fuertes cerca de ella el ruido cada vez se acercaba más hasta que de golpe paro, una suave brisa meció las hojas del lugar dándole un toque más macabro.

Jamás sintió esa presión en su pecho, como que le faltaba el aire, cayó al piso de rodillas sujetándose el pecho, mientras tenía la boca abierta tratando de respirar, trato de entender que pasaba, de golpe esa presión se retiró, levanto la cabeza y vio una cabeza anaranjada, con temor y con el cuerpo temblando pudo notar que se trataba de un niño, un niño de uno seis años, el cual vestía con ropa de seda de color verde oscuro, una cabellera naranja muy familiar a la de su esposo, pero los ojos del niño eran suyos, ese color plata era inconfundible, esa mirada y esa sonrisa que le dedicaba era su marca ahí, aterrada intento pararse, pero el niño como apareció se esfumo entre la maleza.

Asustada y con el cuerpo temblando, se paró como pudo y fue tras el niño, se guiaba por la suave risa del infante, el cual parecía que estaba por todos lados, por un momento creyó estar loca, su cabeza daba vueltas y un dolor en la sien le avisaba de una muy próxima jaqueca.

Cuando creyó haberlo perdido de visto noto que él, la miraba con esos inocentes ojos.

-¿Q-quien eres…?-dejó la pregunta a medias porque el niño señalo algo detrás de ella, algo asustada voltio pero no vio nada, cuando volvió a ver al niño este ya no estaba, confundida volvió a girar pero un grito escapo de sus labios al ver una criatura con una forma extraña de color negro, la cual poseía un rostro blanco, o mejor dicho una máscara blanca. Y unos terroríficos ojos amarillos, la miraba como si fuese la mejor carne, la criatura abrió un poco la boca y dejo que algo de saliva pasara por esos enormes dientes, aterrándola más-corre-susurro su conciencia y sin dudarlo lo hizo.

Corrió con todas sus fuerzas, la maleza y su kimono no le ayudaba, como podía se quitaba algunas capas y las iba tirando, a medida que se quitaba las prendas se sentía más ligera, llegó hasta el punto de quedar solo con una yukata fina de color blanca.

Esa cosa, sea lo que fuese, corría muy rápido, hasta creyó que estaba jugando con ella. Como si quisiera cazarla, peor antes se divertía con la presa. Cayó en varias ocasiones pero como podía se levantaba. Tenía miedo, ¡no!, estaba en pánico sea lo que fuese esa cosa la quería muerta, esquivo otro ataque como pudo, por un momento creyó perderla, pero la criatura salto de la nada haciéndola caer y golpear su cabeza, provocando el sangrado lo vio acercarse de forma lenta, la presa era segura.

Con lágrimas en los ojos vio cómo se acercaba y comenzaba a abrir la boca, su destino ya estaba marcado, cerró los ojos y espero, espero hasta que el silencio fue interrumpido por un desgarrador grito, al abrir los ojos lo primero que vio fue una hakana negra de seda, al levantar la vista vio la espalda ancha de su esposo, sin saber si sentir alivio o no se permitió cerrar los ojos, el dolor de cabeza cada vez era peor, de momentos escuchaba los gritos de la criatura hasta ya no escuchar nada, más que murmullos lejanos, sintió su cuerpo ser elevado, entre abrió los ojos y noto a su esposo con la mirada fija al frente, su ceño fruncido muy marcado, de alguna forma se sentía segura y se permitió descansar.

Había llegado justo a tiempo, de solo pensar que hubiese tardado un poco más, las cosas no habrían salido como salieron. Molesto por la violación del tratado y el ataque a su mujer, juró tomar las medidas necesarias como venganza, la miro descansar entre sus brazos, aliviado, solo el golpe en la cabeza daba señal como única herida, pero de todas formas el curandero la revisaría.

Sus hombres se dedicaron a recorrer la zona, hasta que su mejor amigo se presentó frente a él.

-No sé de donde salieron, pero estos infelices pagaran por esto-comunico a su señor- ten, pónselo-extendió parte del atuendo de su esposa-lo encontré en varias parte del bosque, como si lo tiro mientras huía-comunico, sin darse cuenta que el peli naranjo se enojaba aún más.

-Averigua todo Renji, quiero saber cómo demonios entraron, quien carajos tenía que hacer la guardia y quiero que te pegues a mi mujer si no estoy cerca-ordeno molesto.

-Entendido-respondió, coloco el kimono sobre el cuerpo de su señora y se retiró.

Mientras el peli naranjo se iba rumbo al palacio con una mal herida peli naranja, la miro para asegurarse que se encontraba descansando, cuando su duda fue aclarada continuo con el camino, haciendo una promesa.

Vengarse por ese ataque.