Reencontrando el Pasado.
Capítulo 7
Candice se había vuelto de piedra, escuchaba a lo lejos la voz de un hombre que le hablaba de sus planes.
sé que ha pasado mucho tiempo y que jamás hice el intento de acercarme a él, pero ahora que estoy viejo y quizá no me quede mucho por andar, quiero hacer las paces con él.
Candice no respondió nada, siguió en la misma postura que había adquirido desde que se sentó junto al Duque, mirando al frente. Dejando que todos sus sentidos la abandonaran.
- Candice….Candice- la llamo incesante el Duque
- ¿Cómo? – respondió finalmente, volviendo a sus sentidos.
- ¿usted ha mantenido algún tipo de contacto con Terruce?
- no, yo no sé nada de el- respondió nerviosa, poniéndose de pie - discúlpeme Duque, pero no me siento bien.
Salió del jardín a prisa, sus pasos largos casi se habían convertido en una carrera, que la llevo nuevamente hasta la habitación donde Dominic, la esperaba recostado en la cama.
Sin detenerse, fue hasta el cuarto de baño donde se encerró, para derrumbarse en el suelo y comenzar un mar de lágrimas que no tenía intenciones de detener.
Afuera, Dominic ya se había puesto de pie y llamaba a la puerta una y otra vez sin respuesta alguna. Los minutos pasaron y el silencio que se imponía en la mansión, limitaba a Dominic para seguir golpeando la puerta y llamar a Candice, que recostada en el frio suelo, se negaba a seguir llorando, pero permanecía inmóvil intentando levantar sus barreras internas.
Tras forzar la cerradura, Dominic finalmente pudo abrir la puerta del baño, encontrando a la rubia, en el suelo, con los vestigios de haber llorado.
No le dijo nada, solo la tomo en sus brazos y la llevo hasta la cama, la arropo y se acostó junto a ella abrazándola con fuerza.
A pesar del cansancio Candice no durmió, a diferencia de Dominic que cayo exhausto, liberando a su presa de su abrazo.
Temprano por la mañana, Candice se puso de pie y tras tomar un baño y arreglarse salió de la habitación hasta la de Serge.
- ¿Qué sucede? - pregunto Serge, aun en pijama. Asomándose apenas por un resquicio de la puerta.
-tenemos que hablar.
-dame un minuto.
-no puedo esperar aquí, dejame entrar.- respondió Candice murmurando.
-no estoy listo, dame un segundo
El pestillo de una puerta sonó en el pasillo, logrando que Candy empujara a Serge, obligándolo a abrir la puerta, entrando así a toda prisa, para cerrar detrás de ella.
-Candy no me mires – le exigió Serge, casi en un grito
-está bien, dime cuando me pueda girar. – respondió la rubia dándole la espalda a Serge, mientras miraba a detalle el labrado de la puerta de caoba.
Serge fue hasta la silla donde tenía todo lo que utilizaba para cubrirse el rostro, poniéndoselos con las manos temblorosas por los nerviosos a toda velocidad.
- ¿Qué te trae aquí tan presurosa? – pregunto Serge, en un tono molesto.
- vine a ti, porque eres la única persona a quien puedo acudir – respondió Candy en un tono lleno de frustración. Igual que Serge.
- ya puedes voltear – Candy se giró lentamente, para mirarlo aun en pijamas, solo que con su habitual cobertura en la cara y la mano. - ¿Qué sucede? ¿Qué es lo que te puso en ese estado?
- Dominic quiere ayudar al Duque a encontrar a su hijo y…. el Duque también me ha recordado, ayer me pregunto si aún mantenía contacto con el… no puedo seguir aquí, me tengo que ir.
-entiendo, salgamos después del desayuno, cuando se ocupen en cualquier estupidez que hagan. Estaré listo.
Candy salió de la habitación de Serge y volvió a la suya, donde encontró a Dominic ya de pie.
-¿en dónde estabas?
-Salí a caminar – respondió cortante
-¿Qué está sucediendo Candice? – Pregunto Dominic acercándose a ella, para tomarla por los hombros - estas actuando muy extraña.
Candice guardo silencio, comenzando a recoger sus cosas para guardarlas en la maleta.
-Candice mirame – le hablo el doctor duramente -¿Qué está pasando contigo?
-no sucede nada doctor.
-no sucede nada y de repente actúas en contra del Duque y vas y vienes de la habitación con desespero.
-te dije ayer que quería irme de aquí y tu simplemente no estas de acuerdo, así que es obvio que no compartimos ideas ni prioridades, lo mejor es que cada quien trabaje en lo que necesita.
-¿Qué me estás diciendo Candice?
-lo que estas escuchando, te presente mis deseos y mis necesidades, las escuchaste y fuiste claro en decir que tu interés está en cultivar tu amistad con el Duque, así que yo seguiré por otro rumbo, no solo no me interesa sino que no quiero estar cerca del Duque Granchester.
-no seas absurda Candice, nadie está por encima de ti, simplemente quería ayudar al Duque a encontrar a su familia, pero si prefieres irte de aquí, nos iremos.
-yo me iré hoy mismo.
-deberíamos de mostrar un poco más de prudencia, no podemos irnos dejando a su suerte a quien nos ayudó.
-Dominic, Serge y yo nos vamos hoy, tú puedes venir cuando quieras.
-eres testaruda.
-lo soy, gracias a eso he sobrevivido, no voy a parar ahora.
-dame un par de días y nos iremos.
-Serge y yo nos iremos hoy, tú puedes encontrarte con nosotros en un par de días, lo único que te pediré es que no compartas con nadie en donde estaremos.
-¿te iras sin despedirte del Duque? Por qué seguro el querrá saber dónde estarás
-no, no me despediré y te agradecería que después del desayuno lo distrajeras para que Serge y yo nos podamos ir.
-no estoy de acuerdo en nada de lo que estas haciendo.-dijo Dominic molesto.
Candice ya no respondió, se limitó a alistar su pequeña maleta y cepillar su cabello, algunos minutos después, la servidumbre los llamo para que bajaran a desayunar.
Dominic fue hasta Candice y tomo su mano,
-¿necesito saber dónde estarás?
-Dominic, en dos días saldré de Nueva York, mientras tanto estaré en un hotel cerca del muelle.
-está bien Candice, no entiendo lo que está sucediendo, pero prometí hacerlo a tu modo, solo te pido que no salgas de Nueva York sin mí. Tratare de deshacerme del compromiso tan rápido como pueda.
Con un beso apenas si ligero, los dos salieron de la habitación, encontrándose con Serge afuera de la habitación.
Abajo en el comedor, ya los esperaban los Duques de Granchester y de Loreto. En silencio los tres se acercaron, una vez frente a ellos saludaron muy serios.
-Candice me alegra ver que ya se encuentra mejor, ayer me quede preocupado por su intempestiva salida- comento El Duque mirándola fijamente.
-estoy mejor gracias. – respondió escondiendo la mirada en los platos que había sobre la mesa.
-pues me alegra que este mejor, porque me gustaría que pudiéramos hablar y quizá….
-lamento no poder serle de ayuda – respondió Candice tajante, interrumpiendo al Duque. - yo no tengo ningún tipo de contacto con la gente de mi pasado y… no creo serle de utilidad.
Todos en la mesa, miraron a la rubia sorprendida, especialmente Dominic, que en ese momento comprendió el proceder de su mujer.
-lamento haberla molestado, no fue lo que quería conseguir.- respondió El Duque mirando fijamente a la rubia, que le sostuvo la mirada.
-no me ha molestado, pero creo que no debería mantener sus esperanzas en una situación muerta.
-insisto en que deberíamos encontrarnos después del desayuno.
Candice no respondió, tan solo se limitó a mirar penetrante los azules ojos del hombre que de alguna manera lo retaba. Su quijada se mantenía trabada ante los nervios que comenzaba a sentir. No quería arrepentirse de la decisión que había tomado al dejarse llevar por la iniciativa de huir de la guerra, pero el libro de su vida se había abierto y tenía tendencias de recorrer una vida pasada, que ella se había esmerado en borrar.
El desayuno paso tenso en la mesa. A pesar que el tema se había desviado y el Duque de Loreto, mantenía el liderazgo de la conversación.
Candice apenas había podido masticar la fruta que le habían servido, sentía el estómago a punto de explotar por la ansiedad. Tomo algunos tragos de té, que le ayudaron a abrir su garganta. Dominic no perdía su vista de ella, no entendía que era exactamente lo que sucedía, pero sabía que estaba incomoda y con el rostro petrificado.
Apenas el desayuno fue dado por terminado, se pusieron de pie. Serge al lado de Candice, trataron de retrasarse con algo de disimulo. Pero de nada les sirvió, el Duque de Granchester fue hasta ella sin recato.
- Candice, ¿me acompañaría a dar un paseo por la ciudad?
- no – respondió con fuerza - … no me siento bien, quizá pesque un virus en el barco – quiso excusarse- lo mejor será que vaya al hospital. Además no quisiera ser un foco de contaminación en la mansión del Duque de Loreto que tan amablemente nos ha recibido.
-no tienes nada de qué preocuparte, yo mismo te acompañare al hospital, quizá yo mismo me haga checar. – respondió el Duque insistente.
-quizá yo podría checarlo Duque – se ofreció Dominic intentando liberar a Candice.
-Gracias doctor, pero será mejor ir al hospital. Ahí tienen lo necesario para determinar con más exactitud y rapidez lo que pudiera suceder con la salud de su… esposa.
-si es necesario ir al hospital, entonces iremos. – respondió Dominic, perdiendo la amabilidad.
-no es necesario que venga con nosotros.
-pero lo es, no dejare a mi esposa sola.
-yo me hago responsable de la seguridad de su esposa, yo preferiría que consultara a la esposa del Duque de Loreto. – respondió mirando a Dominic de forma retadora, mientras se acercaba a el, para bajar darle unas recomendaciones en voz tenue - no quisiera que tomara como pago lo que le pido que haga por mi amigo, el Duque de Loreto, pero creo que el favor que les hice merece una retribución. ¿Cierto? –la mirada retadora del Duque, le dijo todo a Dominic, que se sintió vulnerable por un minuto.
-entiendo, veré a la esposa del Duque, igual Serge los acompañara.
-me alegra ver que es usted un doctor muy inteligente y sensato, veré que atiendan a su esposa como ella merece.
Candice miro a Dominic que pálido al verla partir del brazo del Duque de Granchester, seguidos de Serge.
En el amplio recibidor, encontraron el auto del Duque de Loreto, junto a su chofer que en total rectitud los esperaba con la puerta abierta, detrás Serge había sido detenido por un hombre de la servidumbre alejándolo de Candice y del Duque de Granchester.
-suba Candice - la invito el Duque a entrar al auto.
-prefiero esperar a Serge, el vendrá con nosotros.
-por supuesto, pero podemos esperarlo en el auto, no vamos a permanecer aquí de pie.
Muy en contra de su voluntad Candice se acomodó en el asiento trasero, junto a ella el Duque Granchester tomo su lugar. El chofer entro en el auto, y tras ver por el retrovisor la señal del elegante hombre, hecho el auto a andar.
-espere no podemos irnos, Serge vendrá en un momento, yo no iré a ningún lado sin el o sin Dominic.
-tranquilícese Candice, no corre ningún peligro y ellos tampoco. Tan solo quiero que podamos tener una conversación privada, sin la necesidad de que su … esposo tenga que estar presente.
-no veo cual sea el problema,
-no hay problema alguno, es simplemente que es personal lo que quiero hablar con usted.
-veo que no se dará por vencido, así que lo mejor será que me diga de una vez por todas que es lo que quiere de mí.
-lo único que busco es tu ayuda para encontrar a Terruce – el simple hecho de escuchar ese nombre nuevamente fue un golpe para Candice, que se sostuvo de la manija del auto, tras el mareo que sintió. Ella misma se había negado a repetir el nombre en su mente.
-yo no sé nada de él. – respondió titubeante.
-ya me lo has dicho, pero creo que no sea muy difícil encontrarlo, y una vez que lo localice, te necesitare para acercarme a el.
-¿Cómo? - La palidez de Candice la dejo al descubierto.
-sé que Terruce no querrá verme o si lo hace será muy cortante conmigo, y no lo culpo. Sé que así debe ser después de la relación tan tirante que tuvimos al principio y la nula comunicación que mantuvimos una vez que él se fue. Pero…. Quisiera poder acercarme a él, para al menos legarle todo lo que le pertenece.
-es muy loable de su parte, pero no creo ser la persona que busca, para acercarse a su hijo.
-tu siempre fuiste una gran influencia para él.
-eso fue hace muchos años, éramos unos adolescentes y no sabíamos lo que hacíamos, tan solo nos dejábamos llevar por la llama de la juventud. Nuestras vidas se separaron hace mucho tiempo y ….. No creo que a él le interese saber de mí.
-yo no creo que a el no le interese saber más de ti- respondió el Duque con seguridad – no se cuales fueron los términos de su separación, pero sí puedo decir que aun en el tiempo él no ha dejado atrás tu recuerdo.
La mirada de interrogación de la rubia, hablo mucho más que las palabras que pudo haber pronunciado.
-vi a Terruce hace algún tiempo ya, - rememoro el Duque cerrando los ojos para recolectar los recuerdos que lo asaltaban – …fue en un invierno varios años atrás que visito Londres y ... Quiero pensar que también tuvo la intención de visitarme a mí y que no solo nos encontramos por casualidad.
Candice quiso hablar, para detener el relato del hombre, pero estaba entumida, no podía moverse y menos aún detener lo que serían las ultimas noticias de esa persona a quien había abandonado en el olvido.
lo encontré en una calle cerca del parlamento, miraba a lo lejos, yo en realidad creo que me estaba esperando. Cuando me detuve para enfrentarlo, me di cuenta que su rostro estaba lleno de frustración, sin embrago me anime y lo llame por su nombre, sus ojos fríos se dirigieron a mí. Lo hice subir al auto y de ahí todo se rompió.
Flash Back.
- me sorprende verte por aquí.- ese fue el saludo que el Duque dirigió a su hijo, después de no verlo por años.
- ¿por eso me hiciste subir al auto? Te avergüenza mi presencia por aquí…
- al menos veo que tu carácter difícil y tu resto hacia mi, no ha cambiado.
-tienes razón, fue un error el que me hayas invitado a subir a tu auto y peor aún que yo haya aceptado. Lo mejor será que baje.
-no seas ridículo, vamos a casa.
-a su casa es el último lugar al que quiero ir. El menor de mis deseos es ver a su esposa y sus hijos.
-no te preocupes ellos no están en casa… ya no viven ahí, y vienen poco a visitarme.
-finalmente se quedo solo.
-quizá podrías dejar tus actividades en América y volver aquí, tomaras el Ducado en el futuro.
-me fui de Londres hace muchos años, renunciando a todo. No volveré a su yugo ahora.
-no quiero que pierdas las oportunidades que pudiera legarte.
-no se preocupe por legarme nada, ya hizo suficiente en mi vida. Ya me lego la soledad, me lego la desdicha de perderme la compañía y cuidados de una madre.. Me lego una niñez y adolescencia seca y bacía, me lego la desdicha de perder a la única chica que me ha importado.
- ¿que tengo yo que ver con ninguna chica en tu vida? – lo interrumpió el Duque, había guardado silencio ante los reproches de su hijo, porque sabía que eran verdad. Pero no estaba dispuesto a aceptar lo que no era cierto.
- debería recordarlo bien, es el único favor que le he pedido en la vida y me lo negó, por eso me vi forzado a dejar el colegio San Pablo y a mi chica ahí.
- por dios Terruce, eso fue un capricho de adolescente.
- lo es a sus ojos, pero no lo es para mí. Ese día marco mi vida y mi separación con la persona con la que hubiera sido feliz.
- si de verdad esa chica era tu felicidad, estarías con ella. No me culpes de no haberla retenido
-… si no hubiera cambiado el rumbo de nuestras vidas, todo habría sido muy distinto.
-tienes razón, ahora estarías trabajando en el parlamento, sin el recuerdo de un amor frustrado de adolescencia.
Terruce miro a su padre con resentimiento, le dolían sus palabras. Le dolía enfrentarse con la realidad. Su vida no era lo que había deseado y no podía culpar a nadie más que a el mismo.
-detenga el auto ahora mismo – ordeno en un grito, logrando que el chofer se detuviera.
-Terruce, espera – grito el Duque al ver bajar a su hijo con premura.
Fin Flash Back.
-sé que sus palabras de reproche son ciertas, inclusive las que se refieren a usted Candice, si yo hubiera intervenido como el me pidió, en aquél entonces. Sus vidas serian distintas, no sé si seguirían juntos, pero al menos yo no sería el villano en la vida de mi hijo.
Candice seguía en silencio con la mirada perdida al frente, había escuchado cada palabra que le taladro el pecho. Sus recuerdos se habían perdido en un mundo lleno de telarañas y polvo. Había guardado las imágenes y las vidas de todas aquellas personas que habían pertenecido a su vida pasada.
-¿me ayudaras Candice? Yo sé que si hablas con mi hijo, el me escuchara. Eres una fuerte influencia para él.
-…..yo creo que se equivoca, su hijo y yo no hemos tenido ningún contacto por alrededor de 20 años, no somos amigos, las situación no es como la de antes, por el contrario a lo que usted cree, yo pienso que él no querrá verme.
-entonces nada pierde con intentarlo.
-yo no quiero ver a su hijo.- respondió con amargura, pero el Duque no lo noto, él estaba concentrado en su propósito de convencerla.
-por favor Candice, será cuestión de hablar con él, después de eso no le pediré nada más.
-… déjeme pensar cómo puedo ayudarlo, por ahora no estoy lista para verlo.
-no se preocupe, aun no lo localizo, pero ya estoy sobre la pista, en cualquier momento es que tendré toda su información.
-¿entonces qué hacemos aquí? – pregunto Candice con el rostro marcado por la tensión, al ver las calles de Broadway.
-buscando un golpe de suerte.
Los dos guardaron silencio al verse rodeados de la vida en las calles de Broadway. Candice cerró los ojos y pudo revivir su primera visita a ese lugar. Ante ella se posó la figura espigada y elegante de un joven de no más de 20 años.
El escalofrío que sintió, fue acompañado de un espasmo estomacal, finalmente había salido del fondo de sus recuerdos, la melena castaña enmarcaba de forma perfecta el brillo de los azul zafiro que iluminaba su rostro.
Tras veinte años de censura, estaba de regreso en su mente, la sonrisa irónica de aquel quien fuera su primer amor.
