¡Hola a todos! Sí, seguro quieren atravesarme con una lanza por mi retraso olímpico pero aquí les traigo el tan esperado cap. No he tenido tiempo de subirlo por múltiples causas y una de ellas fue comprar los útiles para la escuela. Sin más espera les dejo el cap espero que les guste.

ÁTENCIÓN: Cap no apto para nefilims (si se arriesgan, verán porque).

Capítulo 7: Los empleados del hotel tratan de matarnos.

El día no mejora. Los problemas respiratorios de Orlando le impiden hacer cualquier cosa por más simple que sea, la piel de Galaxión se tiñe de rojo si pasa veinte segundos bajo el sol y usamos chaquetas y papeles para crearle un espacio cerrado después de que la idea de usar un paraguas fracasara, Max y África se ven bastante pálidos y no me siento con muchas fuerza para caminar sin apoyarme en mi amigo. El atardecer está cerca y todavía no salimos de la ciudad.

-¿Qué hacemos ahora?—pregunta Max con bastante esfuerzo.

-Podríamos esperar a que anochezca y así evitamos el sol pero Orlando no mejoraría—responde Obadías, y tiene razón ya que hay mayor actividad automovilística de noche-. Ahora definitivamente no tengo idea de qué hacer.

-Miren allá—dice Percy señalando hacia un hotel-. Podemos quedarnos a pasar la noche y partir antes del alba.

Sus compañeros están de acuerdo y lo apoyan. Cualquiera de nosotros le podría decir que se fuera al Tártaro junto con su idea pero no podemos. Dentro de aquel hotel el aire debe estar limpio, los rayos solares no llegan y antes del amanecer, a eso de las cuatro o cinco de la mañana, la actividad automovilística era casi inexistente. Pero las desventajas son que los hoteles producen grandes cantidades de aguas sucias y no digamos en donde están construidas.

-¿Ustedes qué dicen?—nos pregunta nuestro líder, refiriéndose a los que tenemos problemas.

-Por mí no hay problema—responde África.

-Yo diría que ese sirenito se fuera al Tártaro pero es más importante que Orlando y Galaxión se sientan mejor—dice Max.

-Orlando y Galaxión son más importantes, yo puedo seguir en pie—respondo.

-Bien—y Obadías se dirige a Percy-. Iremos.

Empezamos el camino hacia el hotel mientras Sabás y Eleazar ayudan a cargar a Orlando, este poniendo un brazo en los hombros de ambos con una cara de agonía, y Akemi y Kristen sostienen el pequeño techo sobre Galaxión, el pobre tiene suerte de llevar pantalones largos ya que la sombra le llega a la mitad del torso. Cuando toda la emoción del día se esfuma, una jaqueca me ataca la cabeza y el estar en la ciudad sólo ayuda a que aumente.

En cuanto cruzamos la puerta (nosotros agachando la cabeza porque somos bastantes altos, no lo olviden) la jaqueca y esa sensación por estar en la ciudad se esfuma. También parece que Max y África se mejoran, ya que dejan de estar pálidos. Orlando se para derecho y respira profundamente.

-Hermoso aire puro—dice con alegría.

-Suertudo—le dice Galaxión y se mueve con cuidado. Veo su piel increíblemente quemada por el sol.

Obadías los reprende pero se ve feliz, aliviado de que dos amigos suyos se encuentren a salvo y bien. Él junto con Percy va a pedir cuartos. Seguro que los empleados se quedarán perplejos al ver que veintiocho jóvenes ocuparán cuartos y que quince de ellos tienen una estatura anormal.

Me dedico a ver el vestíbulo. Es bastante grande, de paredes blanco puro, con unas lámparas en forma de flores hechas de oro, un enorme candelabro magnífico cuelga sobre nuestras cabezas y hay muchas macetas grandes con helechos bien cuidados. Para mi sorpresa, no hay ningún empleado que estuviera parado esperando el momento en que le llamen para llevar las maletas a los cuartos.

-Bien, chicos, vamos a nuestros cuartos—dice Obadías volviendo con varias llaves.

-¿Y en dónde nos quedaremos?—pregunta Sabás.

-En el piso 6.

Los mestizos deciden usar el elevador. Nosotros no podemos porque apenas cabrían tres, así que usamos las escaleras. Ni siquiera sentimos cansancio al llegar.

-Obadías, pásame las llaves—dice Percy. Nuestro líder separa tres llaves y se las arroja sin cuidado-. Oye, no alcanzan para el grupo completo.

-¿Y a mí me importa? Ni que fuéramos a dormir con ustedes. Si son inteligentes, podrán ocupar las tres habitaciones sin problemas—le dice con desprecio.

Obadías abre una puerta ignorando sus quejas. La habitación es bastante grande, de paredes del mismo color que las del vestíbulo, con una gran ventana que tiene cortinas color vino, un armario de puertas que adivino son de caoba, una puerta que seguro da al baño y lo mejor de todo, cuatro camas de sábanas blancas y almohadas blancas y mullidas. Varios se quedan viendo embobados la magnífica habitación.

-Todos organícense para sus habitaciones—dice Obadías-. Les aviso que en una habitación dormirán dos, no les abran a los mestizos que les hace falta cama a menos que quieran.

Obviamente nadie hará eso. Todos comienzan a moverse en todas direcciones para elegir a sus compañeros de cuarto. Cuando todos logran organizarse, Obadías reparte las llaves.

Un grupo lo conforman Orlando, Sabás, Tadea y Akemi; otro lo conforman Obadías, Kristen, África y Eleazar; el tercero lo conformamos Max, Galaxión, Shaun y yo; y el grupo de dos son Daiana y Raquel.

-Nivel de comodidad al extremo—comenta Max arrojándose a su cama.

-Vayas que tienes razón—dice Galaxión sentándose con cuidado.

Entonces Shaun toma una de sus almohadas y le pega en la cara a Max. Él le mira con cara de "Con que en esas andamos, ¿eh?", toma una almohada y le pega aún más fuerte. Pongo los ojos en blanco mientras me rio. Ellos, cuando se lo proponen, actúan como si tuvieran dos años.

-¿De qué te ríes?—me pregunta Shaun pegándome en la cabeza.

-¿No sabes que a las damas no se les pega?—pregunto entre risas mientras tomo una almohada y le pego en la cara.

Y Galaxión toma una almohada y se une a la pelea. Todos nos golpeamos entre risas. Supongo que nunca habíamos tenido un momento tan divertido desde que recibimos la primera noticia de los mestizos.

-Alto al fuego—dice Max cuando alguien toca la puerta. Se dirige hacia ella, la abre y después de unos momentos la cierra-. Obadías dice que vayamos a cenar.

El comedor es una sala grande (¿por qué todo en este lugar es grande?) de paredes de madera que pintaron de blanco y muchas mesas redondas con seis sillas, un mantel blanco y un florero en el centro. Cuando entramos al hotel no había nadie pero ahora veo unas veinte personas que no se inmutan al vernos. Eso es raro.

Pero es más raro que los meseros tampoco se inmutan al vernos. ¿Cómo alguien se quedará tan tranquilo si ve a catorce jóvenes con una estatura descomunal? Seguro que algún mestizo está manipulando la Niebla o esta tal vez está ocultando nuestra altura.

Al poco rato llegan los mestizos y mantenemos nuestras distancias. Conforme pasan los minutos, los demás huéspedes dejan el comedor y sólo quedan dos.

-Miren qué asqueroso es eso—dice Max señalando a una mesa con su tenedor. Volteo hacia donde está señalando y veo que Percy y Annabeth están sentados en una mesa.

-¿Quieres dejarme ciego?—pregunta Shaun desviando la vista.

-Debería existir una ley que prohíba eso—comento mientras termino mi ensalada.

-¿Qué piensan si arruinamos su momento?

Max y yo lo volteamos a ver y la sonrisa maliciosa de Shaun indica que tiene una buena idea en mente. Nos murmura en voz casi inaudible su plan. Tras terminar nuestra cena y asegurarnos de que nadie nos observa, Max llena un vaso del baño agua y yo tomo un puñado de tierra de las macetas. Los tres nos encontramos en un balcón que se encuentra justo encima de la mesa de los enamorados.

-¿Traen los preparativos?—pregunta Shaun y los dos asentimos-. Bien, manos a la obra.

-¿Y cómo lo haremos?—pregunta Max.

-Déjalo todo a mí.

Mi amigo me indica que suelte la tierra. Tengo bastantes dudas pero decido hacerle caso. Suelto la tierra y antes de que tocara el piso, se queda suspendida en el aire. Max deja caer el agua y pasa lo mismo. Él manipula el agua y la mezcla con la tierra hasta formar un espeso lodo. Luego yo lo controlo haciéndolo flotar sobre el suelo.

-Espera—dice Shaun-. Escuchemos qué se dicen.

Los tres nos acercamos al borde, agachados para que no nos vieran. Tenemos suerte de que el comedor esté casi vacío y los huéspedes más cercanos a nuestras víctimas están a ocho mesas de distancia.

-Percy, no sé por qué estamos haciendo esto—dice Annabeth.

-Yo tampoco estoy muy seguro de por qué lo hacemos, si no fuera porque son un elemento importante en esta futura guerra, me habría desquitado con ese hijo de Océano—tenemos que controlar a Max para que no vaya a atacar a Percy.

-Yo también me desquitaría con el hijo de Ceo y tal vez con los hijos de Gea, por todo lo que su madre nos hizo.

-Recuerda que al final de esto podremos olvidarlos y pasar el resto de nuestra vida juntos.

La cosa se pone empalagosa. Vemos que ambos se disponen a levantarse. Shaun manipula el tiempo para evitar que se vayan. Pongo el lodo sobre ellos y lo hago caer. Cuando el tiempo vuelve a la normalidad, ambos se quejan por el desastre. Entonces Percy voltea hacia arriba y nos ve riéndonos. Los tres nos levantamos y corremos hacia nuestra habitación. Cerramos la puerta con llave. Nos partimos de risa cuando lo escuchamos golpear la puerta y gritarnos que saliéramos.

-¡Cállense!—nos grita Galaxión mientras se levanta con el pelo revuelto-. Ya no puede dormir a gusto.

Nos aparta de su camino y le dice a Percy que se largue o saldrá, lo atravesará con su espada y lo usará de almohada. El mestizo se retira después de un rato. Galaxión vuelve a su cama, se pone una almohada sobre la cabeza y lo oímos roncar a los pocos minutos.

-No sé ustedes, pero yo me bañaré—dice Max, toma algo de ropa y se mete en el baño-. Y ni se les ocurra hacerme una broma, no es conveniente si le haces una broma a un hijo de Océano.

Oímos que le pone seguro a la puerta.

-Tengo sueño—digo mientras muevo las sábanas.

-Tú siempre tienes sueño.

Tomo una almohada y se la aviento. La almohada se detiene antes de que le pegue en la cara y vuelve a mis manos.

-Tramposo.

Acomodo la almohada, cierro los ojos y me quedo dormida.

Lo que me despierta horas después es la voz de Shaun.

-Tierra, despierta rápido.

Me sacude frenéticamente hasta que abro los ojos. Veo que Max pone las mesitas de noche en la puerta y que Galaxión blande su espada en posición defensiva.

-¿Qué pasa?—pregunto.

-Hay un monstruo tratando de entrar—me responde Max tomando su espada-. Debimos saber que este lugar era demasiado bueno para ser verdad.

Alguien o algo golpea la puerta, derribando una mesita. Me levanto rápidamente y tomo y mi arco y flechas. Lo que dijo Max me hace darme cuenta de que ese lugar parecía sospechoso por el hecho de que nadie se inmutara por nosotros y de que al entrar todos nuestros problemas se desvanecieran.

-Tenemos que escapar junto con los otros—dice Shaun.

Max y Galaxión se preparan para retirar la mesita mientras mi amigo y yo nos preparamos para atacar a lo que sea que trate de entrar. La puerta se abre de golpe y entra un empleado del hotel. Pero no es humano, su piel es de un metal dorado. Shaun empuña su guadaña y trata de cortarlo pero el autómata detiene su golpe, con su mano libre forma un puño y lo golpea en el estómago. Le disparo una flecha que detiene con una mano. Max se lanza y le corta un brazo, de la herida le sale un chorro de aceite pero sigue dispuesto a atacar. Galaxión toma su lanza y lo atraviesa, el autómata rompe la punta y el resto de la lanza. Entonces un chorro de agua le cae encima. Varias chispas salen y cae al piso con humo saliendo.

Los cuatro tomamos nuestras mochilas y salimos de la habitación. Un autómata intenta entrar en la habitación de Daiana y Raquel hasta que una lluvia de cuchillos rompe la puerta y lo atraviesa. El robot no tarda en recuperarse hasta que sale Raquel y le rebana la cabeza.

Obadías sale de su habitación rompiendo la puerta y derribando a un autómata. Eleazar sale después de él y destruye los circuitos con su cuchillo. Después sale Orlando debido al alboroto.

-¿Qué rayos acaba de pasar?—pregunta.

-Lo que pasa es que los empleados de este condenado hotel tratan de matarnos—responde Obadías levantándose-. Ahora, ve a avisarles al resto que tenemos que largarnos rápidamente de aquí.

Orlando le avisa a sus compañeros de cuarto de la situación y el resto va a avisarles a los mestizos. Por el pasillo llegan cinco autómatas que intentamos contener lo mejor que podemos. Descubrimos que las únicas maneras de inutilizarlos es rebanarles las cabezas, ocasionándoles un cortocircuito o destruyendo por completo sus circuitos.

-¿Qué está pasando?—pregunta Percy saliendo seguido de Annabeth, Malcolm, Leo, Jason y Tyson.

-¿Tú qué crees? Nos están atacando—le responde Obadías-. Trae a tus amigos y vámonos.

Cuando todos los mestizos están listos para partir, corremos por el pasillo para dirigirnos a las escaleras. Entonces vemos que un ejército de quince autómatas está subiendo.

Entonces Leo prende sus manos en fuego e incendia a los robots. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Max y Percy hacen estallar las tuberías. El agua cae y apaga las llamas y solidifica el metal derretido. Todos bajamos corriendo las escaleras con cuidado de no caer por el agua.

Cuando llegamos al vestíbulo, una multitud de autómatas llegan para bloquear las puertas y más autómatas se acercan. Todos son empleados del hotel: recepcionistas, tipos que llevan el equipaje, amas de llaves, técnicos, chefs, meseros, conserjes, incluso huéspedes. ¿Cómo no lo supimos?

-¿Y ahora qué hacemos?—pregunta Kristen-. Son demasiados.

-Despachemos a los de la entrada y escapemos—responde Percy.

-Tengo una idea—dice Leo.

Nosotros vemos el misterioso brillo de sus ojos sin entender qué quiere hacer pero sus compañeros parecen entender o al menos la gran mayoría. Entonces se lanzan contra los autómatas de las puertas y decidimos seguirles la corriente.

Entonces, justo como en las escaleras, Leo prende sus manos en fuego. Comienza a quemar todo el lugar y no parece que esta vez vayan a apagar el incendio. Justo cuando tenemos un charco de aceite a nuestros pies, el aire se vuelve casi irrespirable. Salimos corriendo del hotel y varios caen en la calle tosiendo. Vemos como las llamas comienzan a consumir el edificio. "Ese chico es todo un pirómano" pienso mientras toso.

Alcanzamos a ver sombras de autómatas que tratan de escapar antes de caer derretidos. Espero que no hubiera mortales ahí dentro. Obadías se levanta tosiendo y con la cara manchada de aceite.

-Vámonos antes de que lleguen los bomberos—dice.

Decidimos hacerle caso. Apenas el cielo comienza a clarear y no hay un solo auto en la calle. En el camino nos pasamos pañuelos húmedos para limpiarnos las caras. Comienzan a llegar los camiones de bomberos, ambulancias y autos de policía para contener a los curiosos.

-Saldremos de esta ciudad y después continuaremos en Indiana—dice Obadías y apresuramos el paso antes de que algún monstruo nos ataque suponiendo que nosotros tuvimos que ver con el incendio.

Ya sé, está muy… raro. Es que la inspiración se dividió en varias personitas y todas huyeron y solo logré recuperar unas cuantas, estoy escasa de imaginación. Espero que les haya gustado el cap y me dejen un review diciendo que les gustó y agréguenme a Favoritos. Si tienen alguna idea para los siguientes caps, mándenmela por Inbox, y si me gusta haré el cap y les daré crédito (ya sueno como youtuber). Los espero en el siguiente cap.