El castillo de Fanelia, mantiene a todos los que laboran dentro de él, ocupados la mayor parte del día. A pesar de ser una invitada, me disgusta sentirte inservible, así es como he logrado que mi madre exprese el hecho de que soy necia para esto del reposo absoluto. Tal cual es mi fuerza de voluntad, que he logrado llegar brincando hasta la habitación de huéspedes, la cual sospecho será mi sitio por las siguiente semanas, hasta que los médicos decidan confirmarle a su rey, que yo puedo caminar libremente. Con lo que ellos no cuentan, es que yo siempre me las ingenio para exentarme del encierro total.

Al llegar a la habitación, percibo que han realizado minuciosamente el aseo, el aroma a madera húmeda y sábanas limpias lo confirma. Permito que mi cuerpo descanse en la cama, la cual no es suave ni amplia como la del rey. Visualizo las cuatro paredes que me rodean intentado encontrar cierta similitud con mi habitación en Japón, sin embargo no existe. El material de las paredes es frío y tiene un tono grisáceo, la mitad de éstas, se encuentran recubiertas por madera. La pequeña ventana en frente de la puerta, la han dejado abierta permitiendo el paso del aire puro que se respira en Fanelia. Quisquillosa, me acerco a ella y asomo mi cabeza, el paisaje de aquí indudablemente es hermoso. La altura del castillo no es de admiración, comparándola con mi Universidad, luce tan solo como un cubículo más sin embargo alcanza mayor dimensión, pese a esto, las casitas de los pobladores lucen tan diminutas y acogedoras. Hay algunos niños jugando entre sus callejones, personas llevando en canastos artículos para el hogar. Me causa nostalgia recordar como reconstruían de apoco Fanelia, pensando que fui parte de tal proceso. Muchos pobladores son nuevos, y los que yo conocí en aquel entonces, seguramente no me recordarán. Más allá de sus hogares, se encuentran los pastizales, trabajadores de campo conviviendo con sus conocidos, denotan el gusto por lo que realizan.

Acostumbrada a no depender de nadie, vuelvo a la misión, la cual consiste en recorrer la mayor parte del castillo sin que sea descubierta en el proceso. Al entrar al pasillo, me encuentro indecisa, ya que si prosigo hacia delante topare con las escaleras para llegar a la planta baja, si regreso por donde se encuentra el cuarto de Van, me ubicare en la bifurcación, la cual me gustaría saber a donde lleva. Por decisión rápida, me encamino hacia las escaleras, deseando no rodar y terminar en peor estado. Sujetada fuertemente del pasamano logro llegar al enorme recibidor, en donde me encuentro cara a cara con distinguido personaje.

-Muy buen día tenga usted, Srita. Nuestro rey Fanel ha puesto sobre aviso a todos los que laboramos en el castillo. Permítame presentarme, mi nombre es Toshi hijo de Balgus, siéntase en confianza. Le anticipo que el Rey prohibió estrictamente, el que se le dejase sola, presagiando el hecho de que no reposaría como se le indico.- Su sonrisa no me termina de convencer, esta no concuerda con el tono de voz que utiliza para dirigirse hacia mí.

-Lo lamento pero su majestad sabe lo obstinada que es nuestra invitada, él debería de ocuparse de sus propios asuntos en lugar de nimiedades como esta. Dígale a su rey, que le fue imposible utilizar la fuerza contra una dama y no existió poder humano que me mantuviera en reposo.- Durante segundos, pensé en las distintas formas de ofrecerle una respuesta, cualquiera de ellas encaminadas por mi falta de sensibilidad, hubiera encaminado una ligera discusión incesante, en la que posiblemente terminaría perdiendo los estribos.

Siento su mirada retadora, Toshi a pesar de ser tan joven, probablemente tendrá un poco más que nuestra edad, sin duda es un sujeto que se toma muy en serio su trabajo. No es la clase de personas que se intimidan ni mucho menos aceptan opciones a soluciones ya establecidas. Él sin duda alguna es muy parecido a mí. Esto solo aumenta mi ansiedad por retarle.

-Srita. Kanzaki me temó que las excusas no sirven para un Rey. Si yo decido explicarle lo que usted me aconseja, el que tendrá culpa será un servidor puesto que la responsabilidad recae sobre mí, y sobre cada persona que labora en este lugar. Agradecería nos evitara malentendidos, por favor tome asiento, llamare a alguien para que le acompañe a su habitación.- Toshi realiza una reverencia, mientras me indica el lugar que debo tomar.

-¿De verdad tengo que seguir las reglas como están establecidas? Es tan nostálgico y aburrido permanecer cautiva en la habitación, si tan solo me permitiera reposar en las afueras del castillo, prometo no causar ninguna clase de molestia, tan así es que mi presencia pasara desapercibida.- Intento persuadirlo sobre mi lamentable situación, esperando una respuesta positiva de su parte. En tanto se pone a pensar sobre que decidir, alguien logra sorprenderme al punto del susto, en el momento en que toca mi cabeza, me percato de quien se trata. Solo alguien como Allen Schezar podría acariciar mi cabellera con ternura y devoción como él lo hace.

-¡Vaya, vaya! Así que por fin nos permite verle Srita. Kanzaki. La invitada del rey ha decidido salir de sus aposentos, dejar los berrinches y tomar algo de aire fresco para sanar, ¿no es así?- La forma en que lo dice me hace pensar que esta de mi lado e intenta cooperar para que, logré escabullirme de la vigilancia de Toshi y los demás. El apretón de su mano sobre mi hombro lo corrobora.

-Allen, es exactamente lo que trato de explicarle a este joven. El aire del cuarto y su luz, no me sirven para nada. Si nuestro Rey desea que mejore pronto, debemos de optar por las situaciones que encaminen a la enmienda. Dile por favor que confié en que no causare problema alguno.-

-Yo le cuidare, tenga por seguro que no permitiré que se lastime. Así el Rey no tendrá que preocuparse por que otros vean por ella. En cuanto tenga tiempo yo mismo se lo aconsejare, seré su guardián. ¿Verdad Srita. Kanzaki?-

A pesar de tanto tiempo, Allen siempre será Allen, ese sujeto caballeroso, amable, de bondadoso corazón y un gran cautivador de mujeres, tan simples sus palabras pero que a cualquiera hace estremecer. Supongo que su efecto nunca desaparecerá, siempre provocara en mí, gran timidez al mirarle; es tan solo que él me gusta de una forma distinta a la que me gusta Van. Es el prototipo de hombre que te protege hasta en tus sueños, pero nunca logras visualizarte a su lado, sencillamente porque es algo platónico.

-Me parece ésta, la mejor solución a su estado Srita. Kanzaki. Afortunada es usted al tener a su disposición al mejor caballero de Asturias. Si me disculpan, proseguiré con mis deberes. Buen día.- Toshi estrecha la mano de Allen, realiza una reverencia a ambos y se aleja.

Me quedo pasmada, mirando perdidamente la silueta que se desvanece ante nuestros ojos, el estar con Allen me pone nerviosa, mi cuerpo rígido y mi silencio, hacen que él piense que estoy molesta por las decisiones que se tomaron.

-Hitomi, yo pensé que realmente querías alejarte de ese sujeto, es por eso que me acerque a ti, lo siento no quise incomodarte.-

-¿Ah? No, de que hablas Allen, no es eso, es solo que me perdí en mis pensamientos. Gracias, te debo una, bueno dos contando lo del bosque; así que dime ¿es cierto que cuidaras de mí? Porque honestamente no quiero traerte como una niñera a mi lado, eso degradaría tu imagen masculina.- Allen reacciona con tremendas carcajadas.

-Vamos Hitomi, tu sabes que cuidar niñitas no es mi estilo, prefiero rescatar mujeres mayores, que tengan…ya sabes más atributos.- Definitivamente su humor mejora mi día.

Le pido a Allen que no me cargue sobre sus brazos como típicamente suele hacerlo, le explico que en Japón, los amigos se cargan en la espalda como símbolo de apoyo y unión, y esta forma me causa menos conflicto. Él no encuentra la coherencia pero sin embargo accede, así es como me lleva a recorrer los alrededores del castillo, presentándome con algunas personas que en su momento se detienen a saludarlo. Parece que el tiempo pasa demasiado rápido, el sol comenzó a teñirse algo rosáceo, y no nos percatamos de lo tarde que era hasta que nuestros estómagos comenzaron a gruñir por alimento, algo que a ambos nos causó risa. Después de haber recorrido los andenes de los patios, jardines y el mercado zonal, en el cual logré persuadirle el préstamo de dinero para comprar una linda pulsera artesanal, decidimos por último, ir de regreso al castillo.

En la entrada principal, Merle nos esperaba con cara de furia, incapaz de contenerse mantenía su cola esponjada, zapateando contra el suelo de vez en vez. Desde lejos nos dimos cuenta que algo le había disgustado, pero ni Allen ni yo entendíamos la razón. Antes de acércanos a ella, me pidió dejar que él manejara la situación y yo solo tenía que asentir.

-Te he buscado por todas partes, Toshi me dijo que andarías al cuidado de Allen por los alrededores del castillo, y jamás te encontré. Que pasa contigo Hitomi, de verdad que eres tonta o que, ¿entiendes la gravedad de tu situación? Y tu Allen, que no sabes que esta mujer debe de permanecer en reposo, entiendo que hayas querido ayudarle a salir, pero responsabilízate de tus actos, y si has dicho en los alrededores, entonces, ¡ahí se les debe de encontrar! ¿Entendieron?- Visualizar la cara amargosa de Merle en su estado más puro de coraje, me provoca reír inconscientemente. Allen parece controlarse, pero mi risa lo descarrila de su aparente seriedad, y ambos nos soltamos a carcajear.

-Te dije Hitomi que lo dejaras en mis manos, no sabes callar.- Su voz entrelazada con su risa es sumamente graciosa causándole mayor enojo a nuestro esponjada amiga.

-¡Ya basta! No es para nada gracioso, existen normas en este castillo, las cuales han desacatado los dos, los cocineros han tenido que extender su horario de trabajo por culpa de ambos, ya que de otra forma se quedarían sin alimento.-

-¡Vaya Merle! De verdad eres toda una señora amargada, te vendría bien relajarte un poco, las reglas fueron hechas para romperse. No fue intención ni de Allen ni mía el traspasarnos, el día se nos fue sin pensarlo, recuerda que en mi última visita no tuve la oportunidad de conocer lo sustancial de Fanelia.-

Después de un tendido y molesto regaño por parte de Merle, nos colocamos en la mesa para por fin degustar los suculentos platillos recién cocinados exclusivamente para los "desagradables invitados" que han llegado tardíamente, apodo que por supuesto yo he colocado. Aun sentados en la mesa seguíamos murmurando de las muecas tan simpáticas de nuestra amiga, a expensas de sus oídos. Fueron tan solo algunos segundos que nuestro show infalible tuvo duración, basto escuchar las fuertes pisadas para darnos cuenta de quien se trataba acercándose a nuestro costado. Allen y yo guardamos silencio, el comedor parecía enmudecido por su presencia, aun con alimento entre las manos, volteamos a verle. Efectivamente ahí se encontraba el rey, con su aspecto sombrío, buscando nuestra mirada.

-Me alegro que hayan aparecido. Allen en cuanto finalices el consumo de tus alimentos, te agradecería encontrarte conmigo en mi habitación. Prosigan por favor y buen provecho.-

Había sido suficientemente bueno mi día como para tomarle importancia a su presencia, no permitiría que, el hecho de que para él soy transparente, al grado de indiferencia, afecte mi estado de ánimo, trato de comprender cada una de sus actitudes sin decaer, asimilando que sus conversaciones nunca irán dirigidas a mí, tal como en estos momentos. Van aparto su mirada de Allen, posándola en mí, arqueando una de sus cejas, denotando molestia injustificada, para después retirarse hacia su dormitorio. Ignore nuevamente ese signo que me expreso, no viviría pensando cual fue el significado real, ya que de cualquier forma soy una extraña para él, ¿o me equivoco?

Allen finalizo prontamente el consumo de los platillos, encaminado por la petición del Rey. Por mi parte saboreé extendidamente el sabor y aroma de estos, permitiéndome picotear de vez en vez los postres que nadie había decidido probar. Merle espero hasta no escuchar a nadie cerca del lugar; entonces abrió la plática hacia mí:

-¿Hitomi, puedo saber qué demonios hacías con Allen?- La agresividad en su pregunta me saca de lugar.

-¿Que no te resulta obvio? Paseábamos. Vamos Merle, no me digas que no pusiste atención a mi explicación. Conocer Fanelia es tan divertido, olvide que me sentía mal, gracias a Allen…- Soy interrumpida bruscamente por el agitamiento de sus manos sobre mi dorso. Su voz es leve pero precisa.

-¡Escucha! ¡No te comportes infantilmente, ya no eres una niña! ¿Entiendes lo que acabas de hacer?-

-Ahm, creo que te refieres a que salí del castillo pese a las órdenes del rey, pero verás Merle yo realmente estaba aburrida…-

-Es inútil, eres despistada y tonta, no sé cómo puedes gustarle. No puedo ayudarte todo este tiempo si tú no cooperas.-

-Merle tienes que ser clara, no logro entender ni tu molestia de hace algunos minutos ni el reclamo de ahora, salir a recorrer Fanelia no es nada grave, que les pasa a ustedes.- Sin prestarle mayor atención a sus frases, continuo masticando mi postre final, una fresca, tierna y dulce fruta similar a la manzana, su sabor acapara mi sentido gustativo, permitiéndome solo abrir la boca para responder a los reclamos.

-El amo Van estuvo preguntando por ti toda la mañana, cuando Toshi le explico lo que Allen había propuesto, simplemente le ignoro, así que salió a buscarte entre los jardines, donde se suponía te encontrarías. Ni siquiera exclamo nada, pero lo conozco bastante bien para asegurar que estaba celoso.-

-¿Van celoso? Si claro como si pudiera creer en eso. Ese muchacho seguramente estuvo furioso por que no acate sus órdenes, si…si seguramente fue eso, o cualquier otra tontería producto de su testarudez, excepto los celos.-

Merle se aparta, incorporándose con ambas manos apoyadas sobre el comedor, acto por el cual comienzo a creer que esto realmente es algo serio; por lo menos para ella. Me limpio las manos sobre una delicada tela de algodón, bebo de un sorbo el restante de mi vasija, para poder conversar finalmente con ella.

-Puedo ver que te alteras por temas que no te conciernen. Antes de que repeles, permíteme explicarte el otro lado de la historia, entiendo a la perfección que tu inclinación por los sentimientos de Van sea mayor, anteponiéndolos ante los tuyos. Pero ese chico, no es el único que ha padecido este mal. Si él siente repentinamente celos, si él se molesta por que no le acato o si tan solo es egoísta al punto que no tolera verme sonriendo, lo siento por él, yo no le rogare para que su egocentrismo incremente pensando que siempre obtendrá lo que desee. Si deseas tomar una postura más neutral, te estaré esperando mañana en el vestíbulo después del desayuno. Buenas noches y gracias por la comida.-

Al final del día, recostada sobre mi fría cama, me percato que Fanelia tiene siempre guardada su última carta bajo la manga, demostrando que hasta el rey más frívolo, puede responder a insignificantes estímulos sentimentales.