Chapter 6: El revuelo tras los Campeones

Harry permaneció sentado, consciente de que todos cuantos estaban en el Gran

Comedor lo miraban. Se sentía aturdido, atontado. Debía de estar soñando. O no había

oído bien.

Nadie aplaudía. Un zumbido como de abejas enfurecidas comenzaba a llenar el

salón. Algunos alumnos se levantaban para ver mejor a Harry, que seguía inmóvil,

sentado en su sitio.

En la mesa de los profesores, la profesora McGonagall se levantó y se acercó a

Dumbledore, con el que cuchicheó impetuosamente. El profesor Dumbledore inclinaba

hacia ella la cabeza, frunciendo un poco el entrecejo.

Harry se volvió hacia Ron y Hermione. Más allá de ellos, vio que todos los demás

ocupantes de la larga mesa de Gryffindor lo miraban con la boca abierta.

—Yo no puse mi nombre —dijo Harry, totalmente confuso—. Vosotros lo sabéis.

Uno y otro le devolvieron la misma mirada de aturdimiento.

En la mesa de los profesores, Dumbledore se irguió e hizo un gesto afirmativo a la

profesora McGonagall.

—¡Harry Potter! —llamó—. ¡Harry! ¡Levántate y ven aquí, por favor!

—Vamos —le susurró Hermione, dándole a Harry un leve empujón.

Harry se puso en pie, se pisó el dobladillo de la túnica y se tambaleó un poco.

Avanzó por el hueco que había entre las mesas de Gryffindor y Hufflepuff. Le pareció

un camino larguísimo. La mesa de los profesores no parecía hallarse más cerca aunque

él caminara hacia ella, y notaba la mirada de cientos y cientos de ojos, como si cada uno

de ellos fuera un reflector. El zumbido se hacía cada vez más fuerte. Después de lo que

le pareció una hora, se halló delante de Dumbledore y notó las miradas de todos los

profesores.

—Bueno... cruza la puerta, Harry —dijo Dumbledore, sin sonreír.

Harry pasó por la mesa de profesores. Hagrid, sentado justo en un extremo, no le

guiñó un ojo, ni levantó la mano, ni hizo ninguna de sus habituales señas de saludo.

Parecía completamente aturdido y, al pasar Harry, lo miró como hacían todos los demás.

Harry salió del Gran Comedor y se encontró en una sala más pequeña, decorada con

retratos de brujos y brujas. Delante de él, en la chimenea, crepitaba un fuego acogedor.

Cuando entró, las caras de los retratados se volvieron hacia él. Vio que una bruja

con el rostro lleno de arrugas salía precipitadamente de los límites de su marco y se iba

al cuadro vecino, que era el retrato de un mago con bigotes de foca. La bruja del rostro

arrugado empezó a susurrarle algo al oído.

Los Elegidos anteriormente estaban junto a la chimenea. Con

sus siluetas recortadas contra las llamas, tenían un aspecto curiosamente imponente.

Krum, cabizbajo y siniestro, se apoyaba en la repisa de la chimenea, ligeramente

separado de los otros. Cedric, de pie con las manos a la espalda, observaba el fuego.

Fleur Delacour lo miró cuando entró y volvió a echarse para atrás su largo pelo

Plateado, Uzumaki Naruto hablaba con la chica llamada Alex Ruso y con la chica pequeña que había sido llamada anteriormente.

—¿Qué pasa? —preguntó, creyendo que había entrado para transmitirles algún

mensaje—. ¿«Quieguen» que volvamos al «comedog»?

Harry no sabía cómo explicar lo que acababa de suceder. Se quedó allí quieto,

mirando a los campeones, sorprendido de lo altos que parecían, a excepción de la niña.

Oyó detrás un ruido de pasos apresurados. Era Ludo, que entraba en la sala. Cogió

del brazo a Harry y lo llevó hacia delante.

—¡Extraordinario! —susurró, apretándole el brazo—. ¡Absolutamente

extraordinario! Caballeros... señorita —añadió, acercándose al fuego y dirigiéndose a

los otros —. ¿Puedo presentarles, por increíble que parezca, al noveno campeón del

Torneo de los magos?

Viktor Krum se enderezó. Su hosca cara se ensombreció al examinar a Harry.

Cedric parecía desconcertado: pasó la vista de Bagman a Harry y de Harry a Bagman

como si estuviera convencido de que había oído tres reunidos miraban con cara con la misma confucion . Fleur Delacour, sin embargo, se

sacudió el pelo y dijo con una sonrisa:

—¡Oh, un chiste muy «divegtido», «señog» Bagman!

—¿Un chiste? —repitió Bagman, desconcertado—. ¡No, no, en absoluto! ¡El

nombre de Harry acaba de salir del cáliz de fuego!

Krum contrajo levemente sus espesas cejas negras. Cedric y los otros tres seguían teniendo el

mismo aspecto de desconcierto. Fleur frunció el entrecejo.

—«Pego» es evidente que ha habido un «egog» —le dijo a Bagman con desdén—.

Él no puede «competig». Es demasiado joven mientras curiosamente veia a la pequeña de la academia asiática que claramente era más joven que Harry.

—Bueno... esto ha sido muy extraño —reconoció Bagman, frotándose la barbilla

impecablemente afeitada y mirando sonriente a Harry—. Pero, como sabéis, la

restricción es una novedad de este año, impuesta sólo como medida extra de seguridad y que ya ha sido rota ya por las señorita Sendo y la señorita Russo.

Y como su nombre ha salido del cáliz de fuego... Quiero decir que no creo que ahora

haya ninguna posibilidad de hacer algo para impedirlo. Son las reglas, Harry, y no

tienes más remedio que concursar. Tendrás que hacerlo lo mejor que puedas...

Detrás de ellos, la puerta volvió a abrirse para dar paso a un grupo numeroso de

gente: el profesor Dumbledore, seguido de cerca por el señor Crouch, el profesor

Karkarov, Madame Maxime, El profesor Crumbs, los tres asiáticos, la profesora McGonagall y el profesor Snape. Antes de

que la profesora McGonagall cerrara la puerta, Harry oyó el rumor de los cientos de

estudiantes que estaban al otro lado del muro.

—¡Madame Maxime! —dijo Fleur de inmediato, caminando con decisión hacia la

directora de su academia—. ¡Dicen que este niño también va a «competig»!

En medio de su aturdimiento e incredulidad, Harry sintió una punzada de ira:

«¿Niño?»

Madame Maxime se había erguido completamente hasta alcanzar toda su

considerable altura. La parte superior de la cabeza rozó en la araña llena de velas, y el

pecho gigantesco, cubierto de satén negro, pareció inflarse.

—¿Qué significa todo esto, «Dumbledog»? —preguntó imperiosamente.

—Es lo mismo que quisiera saber yo, Dumbledore —dijo el profesor Karkarov.

Mostraba una tensa sonrisa, y sus azules ojos parecían pedazos de hielo—. ¿Dos

campeones de Hogwarts? No recuerdo que nadie me explicara que el colegio anfitrión

tuviera derecho a dos campeones. ¿O es que no he leído las normas con el suficiente

cuidado?

Soltó una risa breve y desagradable.

C'est impossible! —exclamó Madame Maxime, apoyando su enorme mano llena

de soberbias cuentas de ópalo sobre el hombro de Fleur—. «Hogwag» no puede «teneg»

dos campeones. Es absolutamente injusto.

—Creíamos que tu raya de edad rechazaría a los aspirantes más jóvenes,

Dumbledore —añadió Karkarov, sin perder su sonrisa y viendo tambien a los mas jovenes, aunque tenía los ojos más fríos

que nunca—. De no ser así, habríamos traído una más amplia selección de candidatos de

nuestros colegios.

—No es culpa de nadie más que de Potter, Karkarov —intervino Snape con voz

melosa. La malicia daba un brillo especial a sus negros ojos—. No hay que culpar a

Dumbledore del empeño de Potter en quebrantar las normas. Desde que llegó aquí no ha

hecho otra cosa que traspasar límites...

—Gracias, Severus —dijo con firmeza Dumbledore, y Snape se calló, aunque sus

ojos siguieron lanzando destellos malévolos entre la cortina de grasiento pelo negro.

El profesor Dumbledore miró a Harry, y éste le devolvió la mirada, intentando

descifrar la expresión de los ojos tras las gafas de media luna.

—¿Echaste tu nombre en el cáliz de fuego, Harry? —le preguntó Dumbledore con

tono calmado.

—No —contestó Harry, muy consciente de que todos lo observaban con gran

atención. Semioculto en la sombra, Snape profirió una suave exclamación de

incredulidad.

—¿Le pediste a algún alumno mayor que echara tu nombre en el cáliz de fuego?

—inquirió el director, sin hacer caso a Snape.

—No —respondió Harry con vehemencia.

—¡Ah, «pog» supuesto está mintiendo! —gritó Madame Maxime.

Snape agitaba la cabeza de un lado a otro, con un rictus en los labios.

—Él no pudo cruzar la raya de edad —dijo severamente la profesora

McGonagall—. Supongo que todos estamos de acuerdo en ese punto...

–y que pasa con las otras dos señoritas – dijo Karkarov con un todo de desden

Dumbledore, fue hacia la niña y le pregunto:

—¿Señorita, Echo su nombre en el cáliz de fuego? —le preguntó con el mismo

tono que a Harry.

—No —contestó Yukari, pero continuo diciendo— pero le dije a una de mis compañeras mayores que lo echara por mi— dijo mientras el director de su escuela daba una pequeña risa, mientras Dumbledore, iba asía Alex y le repetía la pregunta

—No, pero hise lo mismo que ella, le dije a otra persona que echara mi nombre- Dijo esta con un poco de soltura.

—Señor Crouch... señor Bagman —dijo Karkarov, de nuevo con voz afectada—,

ustedes son nuestros jueces imparciales. Supongo que estarán de acuerdo en que esto es

completamente irregular.

Bagman se pasó un pañuelo por la cara, redonda e infantil, y miró al señor Crouch,

que estaba fuera del círculo iluminado por el fuego de la chimenea y tenía el rostro

medio oculto en la sombra. Su aspecto era vagamente misterioso, y la semioscuridad lo

hacia parecer mucho más viejo, dándole una apariencia casi de calavera. Pero, al hablar,

su voz fue tan cortante como siempre:

—Hay que seguir las reglas, y las reglas establecen claramente que aquellas

personas cuyos nombres salgan del cáliz de fuego estarán obligadas a competir en el

Torneo.

—Bien, Barty conoce el reglamento de cabo a rabo —dijo Bagman, sonriendo y

volviéndose hacia los directores, como si el asunto estuviera cerrado.

—Insisto en que se vuelva a proponer a consideración el nombre del resto de mis

alumnos —dijo Karkarov. La sonrisa y el tono afectado habían desaparecido. De hecho,

la expresión de su rostro no era nada agradable—. Vuelve a sacar el cáliz de fuego, y

continuaremos añadiendo nombres hasta que cada colegio cuente con dos campeones.

No pido más que lo justo, Dumbledore.

—Pero, Karkarov, no es así como funciona el cáliz de fuego —objetó Bagman—.

El cáliz acaba de apagarse y no volverá a arder hasta el comienzo del próximo Torneo.

—¡En el que, desde luego, Durmstrang no participará! —estalló Karkarov—.

¡Después de todos nuestros encuentros, negociaciones y compromisos, no esperaba que

ocurriera algo de esta naturaleza! ¡Estoy tentado de irme ahora mismo!

—Ésa es una falsa amenaza, Karkarov —gruñó una voz, junto a la puerta—. Ahora

no puedes retirar a tu campeón. Está obligado a competir. Como dijo Dumbledore, ha

firmado un contrato mágico vinculante. Te conviene, ¿eh?

Moody acababa de entrar en la sala. Se acercó al fuego cojeando, y, a cada paso

que daba, retumbaba la pata de palo.

—¿Que si me conviene? —repitió Karkarov—. Me temo que no te comprendo,

Moody.

A Harry le pareció que Karkarov intentaba adoptar un tono de desdén, como si ni

siquiera mereciera la pena escuchar lo que Moody decía, pero las manos traicionaban

sus sentimientos. Estaban apretadas en sendos puños.

—¿No me entiendes? —dijo Moody en voz baja—. Pues es muy sencillo,

Karkarov. Tan sencillo como que alguien eche el nombre de Potter en ese cáliz sabiendo

que si sale se verá forzado a participar.

—¡Evidentemente, alguien tenía mucho empeño en que «Hogwag tuviega» el doble

de «opogiunidades»! —declaró Madame Maxime.

—Estoy completamente de acuerdo, Madame Máxime —asintió Karkarov,

haciendo ante ella una leve reverencia—. Voy a presentar mi queja ante el Ministerio de

Magia y la Confederación Internacional de Magos...

—Si alguien tiene motivos para quejarse es Potter —gruñó Moody—, y, sin

embargo, es curioso... No le oigo decir ni medio...

—¿Y «pog» qué «tendgía» que «quejagse»? —estalló Fleur Delacour, dando una

patada en el suelo—. Va a «podeg pagticipag», ¿no? ¡Todos hemos soñado «dugante»

semanas y semanas con «seg» elegidos! Mil galeones en metálico... ¡es una

«opogtunidad pog» la que muchos «moguiguían»!

—Tal vez alguien espera que Potter muera por ella —replicó Moody, con un

levísimo matiz de exasperación en la voz.

A estas palabras les siguió un silencio extremadamente tenso.

Ludo Bagman, que parecía muy nervioso, se alzaba sobre las puntas de los pies y

volvía apoyarse sobre las plantas.

—Pero hombre, Moody... ¡vaya cosas dices! —protestó.

—Como todo el mundo sabe, el profesor Moody da la mañana por perdida si no ha

descubierto antes de la comida media docena de intentos de asesinato —dijo en voz alta

Karkarov—. Por lo que parece, ahora les está enseñando a sus alumnos a hacer lo

mismo. Una rara cualidad en un profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras,

Dumbledore, pero no dudo que tenías tus motivos para contratarlo.

—Conque imagino cosas, ¿eh? —gruñó Moody—. Conque veo cosas, ¿eh? Fue

una bruja o un mago competente el que echó el nombre del muchacho en el cáliz.

—¡Ah!, ¿qué prueba hay de eso? —preguntó Madame Maxime, alzando sus

enormes manos.

—¡Que consiguió engañar a un objeto mágico extraordinario! —replicó Moody—.

Para hacerle olvidar al cáliz de fuego que sólo compiten ocho colegios tuvo que usarse un

encantamiento confundidor excepcionalmente fuerte... Porque creo estar en lo cierto al

suponer que propuso el nombre de Potter como representante de un noveno colegio, para

asegurarse de que era el único en su grupo...

—Parece que has pensado mucho en ello, Moody —apuntó Karkarov con

frialdad—, y la verdad es que te ha quedado una teoría muy ingeniosa... aunque he oído

que recientemente se te metió en la cabeza que uno de tus regalos de cumpleaños

contenía un huevo de basilisco astutamente disimulado, y lo hiciste trizas antes de darte

cuenta de que era un reloj de mesa. Así que nos disculparás si no te tomamos demasiado

en serio...

—Hay gente que puede aprovecharse de las situaciones más inocentes —contestó

Moody con voz amenazante—. Mi trabajo consiste en pensar cómo obran los magos

tenebrosos, Karkarov, como deberías recordar.

—¡Alastor! —dijo Dumbledore en tono de advertencia.

Por un momento, Harry se preguntó a quién se estaba dirigiendo, pero luego

comprendió que Ojoloco no podía ser el verdadero nombre de Moody. Éste se calló,

aunque siguió mirando con satisfacción a Karkarov, que tenía el rostro encendido de

cólera.

—No sabemos cómo se ha originado esta situación —continuó Dumbledore

dirigiéndose a todos los reunidos en la sala—. Pero me parece que no nos queda más

remedio que aceptar las cosas tal como están. Tanto Cedric como Harry han sido

seleccionados para competir en el Torneo. Y eso es lo que tendrán que hacer.

—Ah, «pego, Dumbledog»...

—Mi querida Madame Maxime, si se le ha ocurrido a usted una alternativa, estaré

encantado de escucharla.

Dumbledore aguardó, pero Madame Maxime no dijo nada; se limitó a mirarlo

duramente. Y no era la única: Snape parecía furioso, Karkarov estaba lívido. Bagman,

en cambio, parecía bastante entusiasmado.

—Bueno, ¿nos ponemos a ello, entonces? —dijo frotándose las manos y sonriendo

a todo el mundo—. Tenemos que darles las instrucciones a nuestros campeones, ¿no?

Barty, ¿quieres hacer el honor?

El señor Crouch pareció salir de un profundo ensueño.

—Sí —respondió—, las instrucciones. Sí... la primera prueba...

Fue hacia la zona iluminada por el fuego. De cerca, a Harry le pareció que se

encontraba enfermo. Se lo veía ojeroso, y la piel, arrugada y reseca, mostraba un

aspecto que no era el que tenía durante los Mundiales de quidditch.

—La primera prueba está pensada para medir vuestro coraje —les explicó a Harry,

Cedric, Fleur , Krum, Naruto, Yukari y Alex—, así que no os vamos a decir en qué consiste. El coraje para

afrontar lo desconocido es una cualidad muy importante en un mago, muy importante...

»La primera prueba se llevará a cabo el veinticuatro de noviembre, ante los demás

estudiantes y el tribunal.

»A los campeones no les está permitido solicitar ni aceptar ayuda de ningún tipo

por parte de sus profesores para llevar a cabo las pruebas del Torneo. Harán frente al

primero de los retos armados sólo con su varita. Cuando la primera prueba haya dado

fin, recibirán información sobre la segunda. Debido a que el Torneo exige una gran

dedicación a los campeones, éstos quedarán exentos de los exámenes de fin de año.

El señor Crouch se volvió hacia Dumbledore.

—Eso es todo, ¿no, Albus?

—Creo que sí —respondió Dumbledore, que observaba al señor Crouch con algo

de preocupación—. ¿Estás seguro de que no quieres pasar la noche en Hogwarts, Barty?

—No, Dumbledore, tengo que volver al Ministerio—contestó el señor Crouch—.

Es un momento muy dificil, tenemos mucho trabajo. He dejado a cargo al joven

Weatherby... Es muy entusiasta; a decir verdad, quizá sea demasiado entusiasta...

—Al menos tomarás algo de beber antes de irte... —insistió Dumbledore.

—Vamos, Barty. ¡Yo me voy a quedar! —dijo Bagman muy animado—. Ahora es

en Hogwarts donde ocurren las cosas, ya lo sabes. ¡Es mucho más emocionante que la

oficina!

—Creo que no, Ludo —contestó Crouch, con algo de su sempiterna impaciencia.

—Directores ¿una bebida antes de que nos retiremos a

descansar? —ofreció Dumbledore.

Pero Madame Maxime ya le había pasado a Fleur un brazo por los hombros y la

sacaba rápidamente de la sala. Harry las oyó hablar muy rápido en francés al salir al

Gran Comedor. Karkarov le hizo a Krum una seña, y ellos también salieron, aunque en

Silencio, solo quedaron los profesores extranjeros que delicadamente se negaron y salieron de la sala con sus campeones.

—Harry, Cedric, os recomiendo que subáis a los dormitorios —les dijo

Dumbledore, sonriéndoles—. Estoy seguro de que las casas de Hufflepuff y Gryffindor

os aguardan para celebrarlo con vosotros, y no estaría bien privarlas de esta excelente

excusa para armar jaleo.

Harry miró a Cedric, que asintió con la cabeza, y salieron juntos.

El Gran Comedor se hallaba desierto. Las velas, casi consumidas ya, conferían a las

dentadas sonrisas de las calabazas un aspecto misterioso y titilante.

—O sea —comentó Cedric con una sutil sonrisa— ¡que volvemos a jugar el uno

contra el otro!

—Eso parece —repuso Harry. No se le ocurría nada que decir. En su cabeza

reinaba una confusión total, como si le hubieran robado el cerebro.

—Bueno, cuéntame —le dijo Cedric cuando entraban en el vestíbulo, pálidamente

iluminado por las antorchas—. ¿Cómo hiciste para dejar tu nombre?

—No lo hice —le contestó Harry levantando la mirada hacia él—. Yo no lo puse.

He dicho la verdad.

—Ah... vale —respondió Cedric. Era evidente que no le creía—. Bueno... hasta

mañana, pues.

Academia Konoha

Kakashi e Iruka habían vistos divertido todo el "Acontecimiento", A un no congeniaban con la idea de que los otros se amargaran por que salía un niño como seleccionado, ¿Qué ellos no tienen prodigios?; Ellos se habían alegrado cuando salió Naruto, Ninguno se sorprendió, el demostró muchas veces tener mucho valor.

Cuando entraron a la sala se alejaron de la disputa que hicieron los otros directores, Mientras Kakashi veía de reojo como Naruto conversaba con una chica , y cuando vio que a esta la interrogaban Naruto sonrio, por lo que Kakashi intuyo que Naruto tuvo algo que ver con su participación.

Luego que el lio se aclarase, denegaron cortésmente la invitación del Director de Hogwarts, para ir a sus habitaciones con Naruto, y llegar a donde estaban los demás de Konoha.

Tech de Magia

El director Crumbs estaba un alarmado, Alex Russo había logrado filtrarse al concurso que claramente habían prohibido para menores de edad, se dio cuenta que los otros profesores no se habían dado cuenta del hecho pues Russo, podía pasar como una chica de 17, pero cuando ocurrió lo de la niña asiática y lo del niño de esa escuela, menciono a Dumbledore el hecho de que la Señorita Russo era menor de edad pues al fin y al cabo, igual se iban a dar cuenta en algún momento.

Alex al llegar donde estaban sus compañeros del tech, Justin fue furioso hacia ella y le increpo haber entrado, pero esta se rio en su cara y le dijo

–Al parecer soy mas valiente que tu Hermanito– le dijo con un tono gracioso al final que a Justin no le gusto, y amargado se fue a su habitación pues estaba furioso, pues él quería entrar al concurso y aparte Alex no tenia por que participar.

Academia Yokai

Yukari estaba Emocionada, había logrado entrar al Torneo, Alli dentro de esa pequeña habitación supo que no era la única menor de edad pues al parecer la chica que era de Ameriaca había echo el mismo truco que ella en complicidad de chico de al parecer su mismo país; Ella comberso con ellos y vio que tenían bastante en común y se alegro pues a ellos también le gustaban las bromas, y ella se podía llevar bien con ellos pues sabia que ambos eran magos como ella.

Luego cuando llego a su habitación fue recibida por algunos gestos amargos de las demás brujas, pues ellas querían entrar; pero luego fue levantada del piso por la Sucubuco, quien estaba furiosa que la haya engañado para que eche su nombre al cáliz; Yukari ya habiendo pensado en como calmarla le dijo que lo hiso para vencer a la Veela que había ingresado al concurso, Kurumu cegada por su desprecio a la Veela, acepto la explicación y prácticamente le obligo a que gane, pues ella al no ser bruja no podía entrar para ganarle.

Mizore se abstuvo de hacer comentario alguno sobre el tema; Aunque Moka y Tsukene veían preocupados ha Yukari, es cierto que Yukari es la mejor alumna bruja del Yokai Garden, pero aun es muy pequeña y el concurso había estado prohibido para chicos como ella; Pero a la pequeña bruja no le importaba, ella estaba feliz de haber entrado al torneo y demostraría que era capaz de ganarlo o no se llamaría Yukari Sendo.